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                    <text>Anuario del
Centro Cultural de
la Cooperación
“Floreal Gorini”
2024
Secretaría de Investigaciones

Gabriela Nacht, Marcelo Barrera, Natacha Koss, Pamela Brownell

© Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini
Av. Corrientes 1543 (C1042AAB) - Ciudad de Buenos Aires - [011]-5077-8000
- www.centrocultural.coop
© De los autores
Todos los derechos reservados.
e-ISSN: 3008-9891

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�Anuario del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini” 2024 / Edita
Secretaría de Investigaciones: Gabriela Nacht, Marcelo Barrera, Natacha Koss,
Pamela Brownell – 2a ed.- Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Editorial del
Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini”
2024. 206 pp.
e- ISSN 3008-9891

Autoridades del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini”
Director General: Juan Carlos Junio
Subdirector: Horacio López
Director Artístico: Juano Villafañe
Secretario de Formación e Investigaciones: Pablo Imen
Secretario de Comunicaciones: Luis Pablo Giniger
Secretaria de Planificación Institucional: Natalia Stoppani
Secretaria de Programación Artística: Antoaneta Madjarova
Consejo de Dirección
Walter Alegre – Atilio Boron - Martín Burgos - Daniel Campione - Mirta Villalba Susana Cella - Martín Cortés – Jorge Dubatti - Gabriel Fajn – Christian Forteza –
Ana Grondona - Carlos Juarez Aldazabal – Ianina Lois - Brenda Maier - Javier
Marín - Juan Francisco Martínez Peria - Valeria Mutuberria Lazarini - Gabriela
Nacht – Pablo Perel – Juan Pablo Pérez – Mariela Ruggieri – Luis Sanjurjo Manuel Santos Iñurrieta - Lucía Salatino - Mariano Ugarte – Luis Wainer – Juan
Pablo Russo - Alan Baichman

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�TABLA DE CONTENIDO

DEPARTAMENTOS Y ÁREAS DE ARTES
Artivismo y arte en las calles, teatro popular como formas de resistencia a gobiernos
autoritarios, por Artesi, Catalina Julia………………………………………………..5
La dramaturgia de Esteban Bresolin, por Dubatti, Jorge………………………………...15
El teatro independiente en la Provincia de Buenos Aires, por Fukelman, María……….21
El teatro y las representaciones de la violencia hacia las mujeres. Cuatro casos
argentinos, por Koss, María Natacha……………………………………………….28
Avances en el estudio de la dramaturgia inédita de Luis Ambrosio Morante (1780-1837),
por Landini, María Belén……………………………………………………………..40
Archivos en danza: la historia de Freddy Romero, por Segura, Dulcinea………………67
Elegía a Lola Mora. El cuerpo afectivo y el poder, por Segura, Dulcinea………………78
La chancha, el hacha y el helado: erotismo y violencia en Todos contentos, por Segura,
Dulcinea………………………………………………………………………………..86
El despertar de los demonios, por Toloza, Joaquin; Toloza, Mauro; Toloza, Luana
García y Ciccotelli, Florencia………………………………………………………96
30 de noviembre: día del Teatro Nacional, por Villar, Rocío……………………………105

DEPARTAMENTOS Y ÁREAS DE CIENCIAS SOCIALES
Informe de la trayectoria del espacio de Comunicación, Géneros y Diversidad del
Departamento de Comunicación, por Aymú, Alejandro; Farias, Jesica y
Mignoli, Luciana………………………………………………..…………….……..114
“No existe una escuela que enseñe a vivir”. Experiencias escolares y su vínculo con el
futuro, por Baichman, Alan; Stoppani, Natalia; Santiago, Lucía; Palazzo,
Carola y Gallo, Maximiliano…………………………………………………...…..119
La batalla de Ayacucho y su importancia histórica, por Roberto Deibe……………….132
La Palabrera. Un recorrido por la obra de Laura Devetach, por Minore, Sergio
Ariel……………………………………………………………………………………137
Notas políticas para la lectura del tiempo liminal, por Parodi, Ramiro………………150
El caso zapatista; el empoderamiento de bases autónomas cooperativistas como motor
de fortalecimiento de un proyecto político de pretensión nacional, por Rubertone,
Leandro……………………………………………………………….…..…..………157
Más allá de las urnas: el valor democrático de la universidad y la contrademocracia
estudiantil, por Stratta, Juana……………………………………………………...177

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Los espectros: derrota, teoría, política, por Viedma, Celeste…………………………186

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● DEPARTAMENTOS Y ÁREAS DE ARTES

Artivismo, arte en las calles, teatro popular como
formas de resistencia a gobiernos autoritarios
Catalina Julia Artesi
DEPARTAMENTO DE ARTES

Introducción
Este proyecto de investigación, que dirige el Dr. Jorge Dubatti, coordinador de Artes
Escénicas, se realiza en el marco del AICA-Teatro- Departamento de Artes, del Centro
Cultural de la Cooperación, cuyo título es Teatro y Prácticas Políticas, que no posee
financiamiento institucional. El objetivo es analizar las prácticas artivistas y expresiones
del teatro popular que reflejen problemáticas sociales y políticas actuales.
Como artista-investigadora/investigadora-artista, integrante de dos colectivos teatrales
distintos, hemos realizado una reflexión acerca de nuestras prácticas artísticas y
protestas callejeras en gobiernos recientes. Dentro del primer grupo, Arte en Lucha
Teatro Popular (A en L), grupo comunitario barrial de San Cristóbal, Balvanera y
Barrios del Sur de CABA y otros, integrado por algunos artistas provenientes de grupos
comunitarios anteriores, otros sin experiencia, surgido durante la gestión macrista,
llevamos adelante acciones en contra de la desmemoria y del negacionismo. Utilizando
técnicas del Teatro del Oprimido de Augusto Boal, la coordinadora del grupo había
dictado un curso sobre estas herramientas actorales, en la Plaza Martín Mariano Boedo,
en los inicios del año 2017, durante la presidencia de Mauricio Macri. Hemos volcado
los resultados de nuestra investigación en nuestra ponencia: Identidad y memoria
histórica en acciones escénicas de un grupo de teatro barrial, presentada en la Mesa
44: Prácticas socio estéticas y políticas: “El debate en torno a la memoria y la identidad”,
en el marco del XIII Seminario Internacional, “Políticas de la Memoria, Memorias y
Derechos Humanos”, Centro Cultural Haroldo Conti, Buenos Aires, año
2022(Artesi,2022).
Posteriormente, focalizamos en el segundo grupo, ¿Justicia o Poder Judicial?
(¿JoPJ?), que también integramos, formado durante la gestión reciente del presidente
Alberto Fernández (2019-2023). Desarrollamos protestas callejeras en la Plaza Lavalle
y en otros espacios urbanos, en contra del accionar del Poder Judicial, su acoso en el
marco del llamado lawfare, utilizan el aparato judicial y los medios de comunicación
contra figuras notables de la democracia (Baltazar Garzón, Gisele Ricobom y Silvina
Romano,2023).
En el lawfare, notamos la utilización de la teatralidad (Josette Féral, 2004) con el fin de
ocultar su ataque, utilizando diversas estrategias escénicas, perfomáticas en formatos
digitales dentro de los medios de comunicación, ocultando dichas estrategias de
manipulación. Esta guerra judicial, encarada junto con los medios de comunicación
concentrados, actúa sobre las falencias e inconsistencias de la democracia: contratos
sociales rotos, baja representatividad de muchos sectores, interpretaciones de leyes y
derechos que los esterilizan.

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Consideramos que las acciones que realizamos se encuadran en lo que el estudioso
catalán, Antoni Gutiérrez- Rubí, define como artivismo: “Entendemos al artivismo como
acciones realizadas en el espacio urbano y/o digital, que intervienen en lo social a través
del arte, empujando la agenda política o dando visibilidad a demandas urbanas”
(Gutiérrez Pérez- Rubí, 2021:66). Consideramos que estas acciones artivistas no sólo
reflejan las problemáticas sociales, una memoria viva del presente, también
contravienen el sentido común sobre sus causas y proyectan otro futuro posible, o sea
una manera distinta de imaginar nuestro futuro.
En nuestras prácticas artivistas de denuncia hemos desenmascarado estas acciones
del Poder Judicial y los medios de comunicación. Una parte del grupo comunitario Arte
en Lucha Teatro Popular ha realizado algunas intervenciones callejeras donde
protestamos contra el lawfare, incluso algunos formamos el nuevo grupo con artistas
que no pertenecían a ninguna agrupación. Se trata de un colectivo artístico que
activamos y nos autoenunciamos como pregunta para fomentar la reflexión: ¿Justicia
o Poder Judicial? nos movemos por fuera de las prácticas políticas tradicionales, por
lo tanto, no adscribe a una identidad política partidaria determinada. Hemos volcado
nuestra investigación en la ponencia: Teatralidad usada para quebrar la democracia
versus teatralidad usada para desenmascarar el acoso político, presentada en la Mesa
48: “Artes escénicas y trama política: la democratización en disputa”, en el marco del
XIV Seminario Políticas de la Memoria, Centro Cultural Haroldo Conti, Año 2023 (Artesi,
2023).

Desarrollo
En nuestro trabajo actual, nos encontramos en un nuevo contexto democrático de baja
intensidad, con una gestión gubernamental caracterizada por una ideología ultra
neoliberal, con una política de entrega al capital extranjero, que ejerce una violencia
política muy fuerte sobre las clases populares. Observamos que ¿JoPJ?, debido a esta
nueva situación política, ha debido acrecentar su militancia en los espacios públicos.
En esta ponencia, analizamos sus intervenciones recientes, donde afloran nuevas
estéticas que este grupo debió incorporar en sus teatralidades de denuncia, modificó
sus poéticas escénicas, incorporando otras disciplinas artísticas, donde lo artístico se
mezcla con lo cotidiano, la imaginación con la acción política. Nuestra metodología de
análisis se basa en un encuadre comparatístico, donde confrontamos dos períodos que
constituyen todo un proceso de autoaprendizaje: por un lado, La Primera Etapa, donde
analizamos las herramientas iniciales en nuestras intervenciones artivistas con el grupo
comunitario Arte en Lucha Teatro Popular; por el otro lado, La Segunda Etapa: las
intervenciones recientes de ¿Justicia o Poder Judicial? dentro del nuevo contexto
político. Previamente, estudiamos el contexto, en función de comprender las
problemáticas sociales y políticas nacientes, que han generado un alejamiento de la
población respecto de su comunidad, una disminución de su participación activa en su
desarrollo , tendientes a contribuir a su bienestar en el barrio , en un grupo social formal
o informal .
Dado que es una investigación-acción la nuestra, inscrita en un proceso de
transferencia, nos basamos en las preguntas que actúan como disparadores: ¿Cuál es
la relación entre artivismo y praxis política? ¿Qué nuevas poéticas ingieren en la acción
política?

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Las conclusiones o reflexiones provisorias que enunciamos en el final de este trabajo
coinciden con los que expresa Antoni Gutiérrez- Rubí (Gutiérrez- Rubí, 2021): que el
artivismo busca acortar la actual distancia entre la ciudadanía y la práctica política.

Artivismo y praxis política
Señalamos anteriormente que el nombre de este nuevo grupo se enuncia como
pregunta: ¿Justicia o Poder Judicial? Según lo expresamos anteriormente, en este
nuevo contexto notamos una distancia del pueblo respecto de la política- pues los
medios de comunicación hegemónicos la han desprestigiado con sus operaciones y
discursos de odio- hemos observado que es necesario utilizar otras herramientas, como
señalaba el director brasileño Augusto Boal en La estética del oprimido “Palabra,
Imagen y Sonido , que hoy son canales de opresión, deben ser utilizados por los
oprimidos como formas de rebeldía y acción, y no como pasiva contemplación absorta.
No basta con disfrutar del arte: ¡es necesario ser artista! No basta con producir ideas:
hace falta transformarlas en actos sociales, concretos y continuados” (Boal,2016: 21).
Siguiendo esta propuesta, nuestra idea consiste en- mediante herramientas corporales,
teatrales, visuales, y otros lenguajes artísticos- generar una teatralidad que interpele al
auditorio, lograr así su participación activa y espontánea como espectador atento , su
reflexión durante nuestras acciones artivistas, incluso posteriormente en su praxis
política comunitaria. Las hemos realizado, en forma presencial, dentro del espacio
público urbano- también en las redes digitales- en pleno centro de la Capital Federal,
donde iniciamos nuestro activismo artístico: la Plaza Lavalle, frente a la cual se halla el
Palacio de Justicia de la Nación, ámbito donde funcionan los tribunales y la Corte
Suprema de la Nación.
También mencionamos en nuestra introducción un fenómeno reciente de nuestro país
y en América Latina definida como el lawfare, definición que tomamos de una edición
realizada por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, Ministerio de Justicia y
Derechos Humanos de la Nación:
El lawfare es una práctica irregular que consiste en el uso abusivo y desvirtuado de
instrumentos jurídicos para impugnar y deslegitimar a dirigentes y referentes políticos y
sociales, mediante su persecución por vía judicial-mediática bajo la apariencia de una
supuesta legalidad. Aunque el objetivo inmediato del lawfare es el ataque a ciertos
liderazgos políticos, su efecto a mediano y largo plazo es la creación de condiciones
propicias para la imposición de políticas económicas, sociales y laborales regresivas que
perjudican a amplias mayorías de la sociedad (…) responde a intereses concretos de
sectores de poder que permanecen, en mayor o menor medida, ocultos ante la opinión
pública (Secretaría de Derechos Humanos de la Nación,2023: 7).

Resulta necesaria la introducción de esta definición, porque determinados sectores del
Poder Judicial son los que ejercen este acoso, accionando junto con los medios de
comunicación hegemónicos y otras corporaciones del poder político, económico y
financiero. El término constituye un neologismo, compuesto por palabras en inglés: law
(ley) y warfare (guerra), y cuando se ejerce:
(…) se vale del abuso de herramientas jurídicas como la prisión preventiva, la delación
premiada de “arrepentidos” en causas de presunta corrupción o la designación arbitraria
de funcionarios judiciales para conformar tribunales y acusaciones afines. Apela a
acciones coactivas e intimidatorias como el allanamiento de locales públicos y viviendas
particulares de las figuras perseguidas o el espionaje de sus comunicaciones privadas
(7).

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Estas acciones contra figuras políticas y referentes populares de nuestro país, se han
recrudecido a partir de la presidencia de Mauricio Macri (2015-2019) de ideología
neoliberal; continuaron durante la presidencia de Alberto Fernández (2019-2023) de
signo contrario a la gestión anterior; se mantiene en la actual presidencia de Javier
Milei, que asumió a finales del año 2023, con una ideología libertaria de extrema
derecha y un plan económico conservador , con ajuste y entrega a las corporaciones
económicas de capital nacional e internacional, especialmente las estadounidenses.
Los autores de este material señalan que: “El uso del concepto de lawfare adoptó
sentidos específicos en América Latina, donde el término se asocia a la judicialización
de la política, la politización de la justicia y el impacto nocivo de ambos fenómenos para
el Estado democrático y la vigencia de los derechos humanos” (Secretaría de Derechos
Humanos de la Nación,2023:9).
El estudioso catalán, Gutiérrez- Rubí, de alguna manera coincide con las ideas de
Augusto Boal que citamos más arriba: “(…) la política necesita una nueva creatividad
para generar memorabilidad (…) se necesitan nuevas formas de comunicación que
llamen la atención e impacten en la ciudadanía” (Gutiérrez- Rubí,2021: 66).
Frente a esta situación, durante la presidencia de Mauricio Macri, creamos ¿JoPJ? que
al principio inició sus protestas callejeras en dicho espacio judicial, tratando de buscar mediante una teatralidad artivista innovadora- fomentar en la ciudadanía urbana la
memoria colectiva y el reconocimiento de dichas situaciones injustas y nocivas que
debilitan la democracia; lograda en los últimos cuarenta años, luego de la resistencia
contra la última dictadura cívico-eclesial- militar (1976-1983). Si bien la interrogación en
nuestro nombre no sólo intenta generar una toma de conciencia en los /las
espectadores, también la génesis de acciones en un futuro cercano que permitan
restablecer una verdadera justicia democrática.
Junto con este activismo en el espacio urbano, acudimos al artivismo digital, a las redes
sociales, realizamos convocatorias invitando a la unión de nuevos integrantes en
nuestro grupo, también reprodujimos los videos que habíamos realizado en cada
intervención. De esta manera, empujábamos la agenda política de las organizaciones
sociales y dábamos visibilidad a demandas ciudadanas que los Medios hegemónicos
ocultan. De esta manera, podríamos quebrar la mirada negativa respecto de la política
por parte de muchos periodistas que responden al lawfare.

Primera etapa: las herramientas iniciales
Al principio, un grupo pequeño conformado por artistas de Arte en Lucha Teatro
Popular y otros provenientes de colectivos artísticos o bien personas sueltas
interesadas en activar presencialmente en el territorio, hicimos rondas una vez por
semana en la Plaza Lavalle, similares a las de las Madres de Plaza de Mayo. Se
repensaba así los modos de la memoria. Vestidos los /las actuantes de negro, con
carteles alusivos, encabezaba la ronda una mujer, que en cada presentación variaba
porque diferentes artistas querían encarnar un personaje tan importante como lo es la
figura alegórica de la Justicia. Su caracterización física era la clásica: con una túnica
blanca, llevando los ojos vendados, algunas veces portaba una balanza. Como había
algunas artistas plásticas en el grupo, también la seguían portando cuadros que alguna
artista plástica había realizado, cada uno realizado con estéticas distintas, diferentes
modos de representación según el imaginario de cada artista respecto de dicha imagen
simbólica. Además, una titiritera había confeccionado un títere gigante movido por los
brazos y las piernas de los/las actuantes; visualmente representaba a los cuatro jueces

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de la Corte Suprema, tenía cuatro cabezas, cuyos rasgos faciales expresaban figuras
caricaturescas (Ver Imagen 1).

Imagen 1: La Justicia acompañada por la figura de cuatro cabezas
Flyer publicado en redes: Fuente A en L

Esta protesta callejera en un principio era sencilla, no requería mucha preparación. A
medida que se lograba la difusión en las redes sociales, se fueron incorporando más
integrantes de manera espontánea. En dichas presentaciones, Arte en Lucha Teatro
Popular acompañó al padre Paco Olveira de la Opción por los Pobres en una huelga
de hambre que realizó en dicha plaza en el mes de la Memoria del año 2023, el colectivo
artístico recreó allí la perfomance “Encuentro Homenaje a Azucena Villaflor” que había
realizado en la Plaza Martín Fierro de la Comuna 3, el 8 de diciembre del año 2019.
También intervino con su ronda justiciera en la Plaza Lavalle, durante las protestas de
los pueblos originarios de Jujuy, que arribaron a ese espacio el 8 de agosto del año
2023 para visibilizar la represión en dicha provincia.

Segunda etapa: nueva modalidad en la práctica artivista
Observamos que frente a los cambios sufridos en la realidad argentina, la nueva gestión
presidencial de Javier Milei, la praxis política también se complejizó. Gutiérrez-Rubí
considera que: “Una de las características principales del artivismo es que el elemento
atractivo de la acción radica en el conjunto del proceso creativo, no solamente en el
resultado final” (67). Teniendo en cuenta la importancia que cobra la totalidad del
proceso creativo en el activismo artístico, buscamos otras herramientas que posibilitaran
un crecimiento del grupo, nuevas formas para interpelar al público en los espacios
públicos que sufría la pérdida de derechos, por la implementación de un DNU
presidencial, que desregulaba Estado, destruyendo así el Estado de Bienestar que se
había recuperado en la democracia a partir de la postdictadura.
Hubo que investigar y mejorar la calidad estética y la poética escénica. Debíamos
explorar acciones mediante diferentes lenguajes artísticos que expresaran una alta
dosis de creatividad. Una artista nos fabricó títeres gigantes que representaban los
cuatro jueces de la Corte Suprema. Esto permitía una mayor visibilidad en los territorios

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cotidianos de la ciudad. Era necesario sacar al transeúnte callejero de la zona de confort,
que lo hiperbólico, en el diseño de los títeres, le resultara atractivo.
También, precisábamos que los demás recursos escénicos- utilizados en las acciones
callejeras- no perdieran notoriedad. Consultamos a una pareja de titiriteros de la Ciudad
de La Plata, Gerardo Capobianco y Roxana Beldarrain, para que nos asesorasen
respecto de los desplazamientos y la dinámica de la puesta en escena que estábamos
armando colectivamente. Cada actuante manejaba un títere gigante, introduciéndose
adentro del mismo, manipulándolo con su cuerpo, las manos y los pies, utilizando
desplazamientos lentos durante la puesta, para que el público comprendiese el sentido
de sus acciones dramáticas (Ver Imagen 2).

Imagen 2: Títere gigante manipulado por actuante
Fuente:¿JoPJ?

Fueron los titiriteros quienes sugirieron la confección de otros signos de escenario, que
aumentaran excesivamente su tamaño normal para equilibrar en lo compositivo la
preeminencia de los muñecos: lápiz, martillo, una jeringa y pan de dimensiones
exageradas, que los/las actuantes tenían que portar, elementos metonímicos que los
caracterizaba como personajes representativos de diversos oficios.
También se incorporaron nuevos personajes en la secuencia dramática que
interpretamos ante el público, ya no nos circunscribimos a la Plaza Lavalle, sino que nos
desplazamos a otros territorios de la ciudad.
Utilizamos una técnica básica del satírico: la reducción (Matthew Hodgart, 1969), en
nuestro caso enfatizamos la articulación que el títere posee, para desplegar un relato
donde se parodiaban las conductas y las acciones de las nuevas figuras políticas
representadas por los muñecos, cuyas excesivas dimensiones e hiperbólicos
desplazamientos en los espacios públicos ridiculizaban farsescamente sus “hazañas”
políticas. Si bien la secuencia dramática se hallaba teñida de un humor sarcásticodonde la pareja protagónica portaba coronas como figuras extrapoladas del pasado, un
virreynato absurdo, junto con los Jueces y otros personajes representativos del poder
político y financiero- el público podía reconocer la farsa política en la primera parte.
Pero en la segunda secuencia narrativa, la tonalidad farsesca cambiaba, trasladándose
la acción dramática a una tonalidad épica, donde el protagonismo se trasladaba a los
personajes que colectivamente representaban al pueblo argentino (obreros, maestros,
enfermeros, etc.), el colectivo junto con una de las Madres de Plaza de Mayo defendían
a la La Patria, representada icónicamente con túnica blanca (Ver Imagen 3).

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Imagen 3: La Patria, defendida por el Pueblo y Las Madres
Fuente: ¿JoPJ?

La mano de este personaje, que representaba al poder del capital imperial, poseía
dimensiones gigantes, daba órdenes a los políticos locales, también se ocupaba de
atacar a La Patria, pero huía cuando el Pueblo la defendía en el final (Ver imagen 4).

Imagen 4: El Tío Sam y su gran mano dando órdenes
Fuente: ¿Jo PJ?

En esta batalla final, ambos bandos se enfrentaban: los personajes que encarnaban lo
poderes políticos (los títeres) y el Pueblo defendiendo a La Patria utilizaba sus útiles del

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trabajo como armas durante la contienda. El público veía cómo el Pueblo ganaba, junto
con la Patria que portaba una edición gigante de la Constitución Argentina, elemento
simbólico que también le servía para vencer a los poderosos. Gutiérrez Rubí señala que
el objetivo del artivismo es “Crear una alta emotividad (…) provocar un pensamiento.
Pensamos lo que sentimos” (71) Y esto lo verificamos en el proceso de identificación de
los/las espectadores en el episodio de la batalla final, cantaban a coro, junto con los/las
actuantes: “La Patria no se vende, se defiende”.
Esta puesta en escena la presentamos en diferentes marchas populares durante el
primer trimestre del año 2024, antes que el Congreso votase la Ley Bases, proyecto
gubernamental que encerraba la pérdida de la soberanía nacional en el manejo de los
recursos energéticos (el litio, el petróleo, el gas) y la privatización de empresas
argentinas básicas.

A Modo de Reflexión
Dado que en esta investigación- acción nos hallamos en un proceso de revisión
constante, por el cual observamos la eficacia lograda o no en cada etapa de nuestra
activación artística, consideramos que estas conclusiones revisten un carácter
provisorio. De este modo, nuestro proceso de autoaprendizaje y reflexión sobre la propia
práctica se convertirá en un insumo muy importante en función de lograr una mejora en
nuestras futuras intervenciones.
Según vimos, pudimos establecer las relaciones entre artivismo y práctica política. Los
medios de comunicación hegemónicos han contribuido al fenómeno del lawfare - en
nuestro país y en otros países latinoamericanos- funcionales a proyectos económicos
neoliberales (de Mauricio Macri y otros antecesores). En la última década del siglo XXI,
por sus discursos muy violentos hacia referentes políticos fundamentales de nuestra
sociedad, desprestigiaron la política, provocando así un debilitamiento de la democracia.
En consecuencia, esta situación desencadenó una disminución en la participación
ciudadana dentro de sus comunidades. Frente a dicho contexto, en cada etapa, ambos
colectivos de prácticas artivistas, A en L y ¿JoPJ? decidimos intervenir en los territorios
en forma presencial y en las redes digitales, utilizando diferentes herramientas artísticas,
con el fin de generar una teatralidad que interpele a los espectadores en el espacio
urbano.
Como hemos observado, en la Primera etapa, el grupo de teatro comunitario Arte en
Lucha Teatro Popular incorporó las experiencias de varios de nuestros integrantes,
que en su trayectoria artística y de militancia habían integrado grupos famosos del teatro
comunitario de la zona sur de esta Capital Federal. Incluso, aplicamos técnicas artísticas
y escénicas que habíamos utilizado en la dramaturgia colectiva, en particular Técnicas
del Teatro del Oprimido que la coordinadora del colectivo había trabajado en los inicios
del grupo (año 2017). Por supuesto, la experiencia de las Madres de Plaza de Mayo en
sus rondas de los jueves en la plaza homónima. Este bagaje lo tuvimos en cuenta en
las rondas, durante las protestas callejeras contra la Corte Suprema. Incluso, nos
habilitó una sinergia en la activación con diferentes organizaciones sociales opositoras
al gobierno.
Si bien la Primera Etapa resultó muy productiva, nos dimos cuenta de que la nueva
situación política, con la asunción de Javier Milei a partir del mes de diciembre del año
2023, de signo contrario al presidente anterior, nos condicionaba en nuestra praxis
política, pues se trataba de un contexto muy complejo. Resultaba fundamental en la
Segunda Etapa, trabajar con más herramientas artísticas que permitieran un salto

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cualitativo en nuestras acciones artivistas. Fuimos experimentando con diferentes
lenguajes artísticos- teatro- arte visual- títeres gigantes- expresión corporal- buscando
su eficacia en las secuencias escénicas que debíamos crear en función de esta nueva
trama política. También debíamos cambiar los escenarios para nuestras intervenciones
en protestas masivas y en espacios públicos significativos que incentivaran nuestra
memoria histórica. El hecho de tener títeres y objetos escenarios de grandes
dimensiones, nos llevó a incorporar elementos satíricos que equilibraran la composición
general de la puesta. Estas mejoras las obtuvimos gracias a la consulta con titiriteros de
gran experiencia y a la intensificación de los ensayos, con un discurso de puesta distinto
al logrado en la Primera Etapa, que tuviera mayor impacto. De esta manera, logramos
una alta emotividad en el público en las diferentes manifestaciones callejeras, la
notábamos en los procesos de identificación que el auditorio expresaba en cada
presentación.
En suma, retomando lo expresado por Antoni Gutiérrez- Rubí (2021), verificamos que el
artivismo busca acortar la actual distancia entre la ciudadanía y la práctica política, pues
en cada intervención los/las espectadores/as ocasionales participaban activamente- con
sus cuerpos, sus voces y sus deseos. Especialmente en la situación de desenlace
donde planteábamos colectivamente una manera de imaginar, en un futuro cercano,
otra realidad para nuestro país.

Bibliografía
Artesi, Catalina Julia (2023), “Teatralidad usada para quebrar la democracia versus teatralidad
usada para desenmascarar el acoso político”, ponencia presentada en la Mesa 48: “Artes
escénicas y trama política: la democratización en disputa”, (Buenos Aires, XIV Seminario
Políticas de la Memoria, Centro Cultural Haroldo Conti, Año 2023 Actas del Seminario en
prensa.
----------------------------(2022), “Identidad y memoria histórica en acciones escénicas de un grupo
de teatro barrial”, ponencia presentada en la Mesa 44: Prácticas socio estéticas y políticas:
“El debate en torno a la memoria y la identidad”, (Buenos Aires, XIII Seminario
Internacional, “Políticas de la Memoria, Memorias y Derechos Humanos”, Centro Cultural
Haroldo Conti, Buenos Aires, año 2022). Actas del Seminario en prensa.
Boal, Augusto (2016). La estética del Oprimido. Buenos Aires: Interzona.
Feral, Josette (2004). Teatro, Teoría y Práctica: más allá de las Fronteras. Buenos Aires: Galerna.
Hodgart, Mattew (1969). La sátira. Madrid: Guadarrama.
Garzón, Baltazar; Ribocom, Giselle, Romano, Silvina (2023), “Instrumentalización del aparato
judicial con fines políticos: del lawfare a la Causa Vialidad. En Objetivo Cristina. El lawfare
contra la democracia en la Argentina. Coordinadores: Baltasar Garzón, Gisele
Ricobom, Silvina Romano, Buenos Aires: Escuela de Estudios Latinoamericanos y
Globales, ELAG / Grupo de Puebla, Consejo Latinoamericano de Justicia y Democracia,
CLAJUD / Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica, Geopolítica- CELAG.
Disponible
en
https://americalatina.global/biblioteca/Objetivo_Cristina_El_lawfare_contra_la_democraci
a_en_Argentina.pdf (Consultado, 20-6-24)
Gutiérrez -Rubí, Antoní (2021). ARTivismo. El poder de los lenguajes artísticos para la
comunicación política y el activismo. España. Editorial UOC.

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Secretaría de Derechos Humanos de la Nación (2023). Lawfare: democracia en peligro/ 1ª
edición. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Ministerio de Justicia y Derechos Humanos
de
la
Nación.
Edición
digital.
Disponible
en
https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/2023/06/lawfare_edicion_digital.pdf
(Consultado, 2 de agosto de 2024)

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La dramaturgia de Esteban Bresolin
Jorge Dubatti
DEPARTAMENTO DE ARTES

Esteban Bresolin (San Fernando, Provincia de Buenos Aires, 1967) viene desarrollando
una amplia tarea de creación teatral (dramaturgia, actuación, dirección), docencia y
gestión desde los años noventa, con especial epicentro en los territorios de su ciudad
natal y del Norte de la Provincia de Buenos Aires.
En diciembre de 2024 lo entrevistamos para preguntarle por su vocación por la
dramaturgia, y nos contestó:
Comencé a dar clases de teatro muy temprano. El propio trabajo docente, y mi naturaleza
curiosa, me llevaron a explorar primero las posibilidades que daba la dirección teatral, y
posteriormente, a desarrollar la idea de contar historias que nacieran colectivamente.
Entendí que era un juego que se podía llevar a cabo de diferentes modos; y que hay un
modo que conjuga algo que me apasiona, que es escribir con otra cuestión que me
obsesiona que es la propuesta a futuro de saber que eso va a cobrar vida y volumen en
un escenario.
Entiendo que mi universo creativo se apoya en distintos lugares que se van moviendo.
En estos últimos años, definitivamente la escritura fue el sostén de la praxis teatral y la
forma de anclar algo de lo inevitablemente efímero que tiene nuestro arte.1

En breve síntesis biográfica, pueden destacarse las siguientes aristas y acontecimientos
de su trayectoria. Bresolin egresó del Profesorado de Teatro del Instituto Superior
Municipal de Formación Docente y Técnica N.° 8034 (2023) y de la Diplomatura en
Dramaturgia de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires (20162017). Realizó, además, estudios en teatro de calle, circo, música, dramaturgia y
dirección con numerosos maestros. Como actor interpretó cerca de treinta obras y
montó otras tantas como director, algunas de su propia autoría. Ha escrito más de veinte
textos dramáticos, todos estrenados. En materia de gestión teatral, dirigió entre 20092010 y 2018-2020 el elenco oficial de la Municipalidad de San Fernando, y entre 20132016 presidió Norestada, Agrupación de Trabajadores del Teatro Independiente del
Conurbano Norte. Sus textos dramáticos y puestas en escena han recibido numerosas
distinciones. No antes del mediodía fue publicada por la Facultad de Arte de la UNICEN
en el tomo El Teatro y la Historia Volumen 1 (2023). Su pieza Los restos de la Navidad
integra el tomo Teatro del conurbano Norte Vol. 1 (2014), publicado por Ed.
Funda/Mental para Norestada.
En más de tres décadas de trabajo teatral, Bresolin ha atravesado transformaciones en
sus prácticas dramáticas y escénicas. Al respecto, en la entrevista citada nos refirió
algunos momentos internos de su desarrollo creador:
Tengo toda una primera etapa en que el arte se manifestó en mí a través de la música.
Fundamentalmente desde el costado compositivo. Fue en ese caldo donde empecé a
escribir y a comprobar el placer de jugar con las palabras y los sonidos.

1

En adelante, todas las declaraciones del dramaturgo corresponden a fragmentos de esta
entrevista.

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Luego, apareció el teatro, y toda mi formación más vinculada con el trabajo comunitario
y callejero. En ese momento, transité muy fuerte el proceso de entender la expresión
artística a través de mi cuerpo de actor, y de ser un engranaje creativo de un grupo donde
trabajamos básicamente sobre composiciones colectivas.
Vino luego, un lapso en donde me alejé completamente del arte y puse mi mirada en la
empresa familiar, pero definitivamente no era ahí.
Cuando volví, necesitaba ir por otros caminos. Comencé a trabajar entonces en soledad
sobre la idea de mixturar mis escritos con textos de otros autores y comprometer mucho
mi cuerpo para construir el discurso teatral que pretendía. Esto dio por resultado una
estética fragmentada, tanto desde lo discursivo como desde lo estético.

Finalmente, en una etapa actual (a la que pertenece la escritura de las dos piezas
incluidas en el presente volumen), se integran los saberes de las experiencias anteriores
con la formación y la investigación sistemática en escritura dramática y la práctica de
dramaturgia de autor o de gabinete:2
Pasado un tiempo (y algunas obras), entendí que era el momento de incorporar nuevas
herramientas en el campo dramatúrgico y comencé a estudiar con distintos maestros,
hasta que se abrió la Diplomatura en Dramaturgia en la UBA. A partir de ahí, volvió a
renacer mi voracidad por el estudio y seguí formándome en diferentes áreas. En eso
sigo, estudiando ahora Dramaturgias de Archivo (con Gastón Marioni). Hoy escribo teatro
que bien monto como director (Bagna Cauda, Los restos de la Navidad, Justicia poética)
o busco alguien que dirija y actúo (Pájaros de otros, Intermitencias).

Las obras aquí analizadas se reparten esas modalidades de trabajo: escribir para actuar
y escribir para dirigir. Ambas automodélicas (aunque en grado diferente), 3 manifiestan
poéticas diversas en sus principales artificios de composición: Pájaros de otros tiene
como base estructural el expresionismo; Bagna cauda, el realismo crítico. Pero también
poseen procedimientos en común que remiten a la personal unidad de la producción de
Bresolin en su aparente diversidad: los narradores presentadores que se dirigen
directamente al público, la auto-referencialidad (la enunciación teatral que se transforma
en enunciado en boca de los personajes), la convención consciente compartida
explícitamente con el espectador (el “Mostrar que se está mostrando”, impulsado por
Brecht, 1963), el tema de la sociabilidad distópica y de la crítica al capitalismo, frente al
que se despliega un posicionamiento alternativamente pesimista o esperanzado (como
veremos).
Reflexiona Bresolin sobre el aspecto procedimental de su escritura:
Voy referirme a lo que considero es el sistema dramatúrgico de las dos obras, ya que
creo que más allá de los matices lógicos de cada una, hay algo que está presente en
ambas y que tiene que ver con una idea (algo brechtiana) sobre la que vengo trabajando
hace un tiempo.
Me interesa tomar determinados momentos del devenir dramático y llevar a la escena
hacia una “capa” más cercana al espectador. Sin llegar a sentarse en la butaca, hablarle
al oído a quien vino a ver. Desde el mismo personaje, secretear con la platea. Crear un
tiempo alterno dentro de la misma obra, que exponga a la vez su carácter ficcional y la
lleve hacia un sitio que no es ni acá ni allá.

2

Para la distinción de tipos de dramaturgia (de autor, de director, de actor, de grupo, etc.; preescénica, escénica, post-escénica, etc.), Dubatti, 2020.
3

Concepto de Juri Lotman, a partir del análisis de Hugo Mancuso (2024).

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Me interesa pensar maneras de “estirar” esa frontera sin que se rompa la magia.
Sostener el cuento que el público ha venido a ver, y que lejos de resquebrajar, el sistema
funcione para nutrir ese universo ficcional tan íntimo de cada espectador.

Pájaros de otros fue estrenada el 31 de agosto de 2019 en el teatro Martín Fierro, de la
Ciudad de San Fernando, con dirección de Octavio La Iacona y un elenco en el que
participó el dramaturgo: Esteban Bresolin (Frenillo), Augusto Martins (Caripela), Sol
Belástegui (Tres), Daniel Hendler (Salchichón), Rosario Blasco (Escofina) y Rodrigo Rey
(El Pibe).4 Le preguntamos a Bresolin por el origen de la escritura de Pájaros de otros y
observó:
El planteo central surge en el taller final de la Diplomatura en Dramaturgia del Centro
Cultural Paco Urondo UBA, bajo la coordinación de Javier Daulte. Luego de meses de
pensar, analizar, debatir y escribir teatro, me propuse jugar con la idea de crear una regla
arbitraria que regule el acontecer dramático de la obra, establezca su propia lógica y
construir universo a partir de ella. Establecí entonces la premisa de que un aparente
“empleador” firma con dos payasos un contrato que dice que uno de ellos debe quitarse
la vida si es que quieren seguir trabajando en su empresa. Apareció ahí, todo un mundo
de personajes que de alguna manera estaban “condenados” a esa condición payasesca.
Desde ese lugar definitivamente lúdico, comencé a parodiar mi vida y mis inicios en el
teatro.

Bresolin imagina un mundo distópico de payasos, de sociabilidad negativa, con su plano
terreno, su exilio degradante (en mimo o estatua viviente) y su trascendencia infernal.
Ese universo tiene reglas propias, inmanentes, las de los acuerdos voluntarios entre
payasos: “Ustedes firmaron el contrato, nadie los obligó”, explicita Tres). Pero el
espectador advierte, por anamorfosis,5 que esas reglas insoportables de “vivir o morir,
[de] supervivencia” refieren simbólicamente, a su manera, al sistema de relaciones de
nuestra sociedad contemporánea o las de las negociaciones en el campo artístico. Por
extensión, representan cualquier campo de poder y su sistema de fuerzas y relaciones
desiguales, donde lo aparentemente “voluntario” es coercitivo, donde la distribución de
roles jerárquicos (en este caso, payaso blanco jefe de pista que ostenta el poder y lo
ejerce, payaso tonto que lo padece) se impone al mismo tiempo que sufre sus
desplazamientos. Como alguna vez escribió Federico Fellini (1998), según con quién
nos vinculamos somos payaso blanco o payaso tonto. De ahí una posible interpretación
del título de la obra: “Todos somos pájaros de otros que son pájaros de otros y así...”.
Todos tenemos quien nos encierra en nuestra jaula y nos contempla desde afuera. El
Pibe, payaso blanco, explicita la lógica del poder:
EL PIBE: El poder se ejerce o se pierde. Violencia y miedo son parte de ese juego; se
utilizan para demostrar la superioridad. [...] El poder se sostiene si se ejerce cueste lo
que cueste. Si no de alguna u otra forma se termina perdiendo tarde o temprano. No
quiero eso, nadie quiere perder lo que ha construido.

Según Pájaros de otros, el poder siempre triunfa, contra toda ilusión momentánea de
autoafirmación alternativa:
EL PIBE: ¿Pensaste que estabas en uno de esos mundos utópicos en que al final todo
se resuelve a favor de los buenos y que se salvan de su destino trágico gracias al amor?

4

La ficha artístico-técnica de Pájaros de otros se completa con el vestuario de Clara Hecker; la
escenografía de Trasto; la realización de narices de Ramiro Prieto; la música de Augusto Martins
/ Rodrigo Rey; el diseño gráfico de Fernando Gómez.
5

En artes visuales, deformación reversible de una imagen producida mediante un
procedimiento óptico (por ejemplo, a través de un espejo curvo). Un ejemplo clásico: la
calavera pintada en la base de “Los Embajadores”, el cuadro de Hans Holbein el Joven.

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La mirada distópica expresionista (en este caso, en su variante de expresionismo de
mundo o expresionismo objetivo, que permea el mundo representado desde un
posicionamiento trans-subjetivo compartido)6 atraviesa los vínculos con una saturación
de violencia que exacerba la violencia propia de la rutina de los payasos. Su teatralidad
es vehiculizada gracias a los múltiples matices de una comicidad que oscila entre la
ingenuidad y lo feroz. A partir de la interacción de los payasos, Bresolin expone con
inteligencia dramática un arsenal de trazos de grotesco, grand guignol, humor negro,
farsa, parodia, sarcasmo, sátira, y especialmente el chiste políticamente incorrecto. El
dominio de este espectro de matices cómicos violentos, su ambigüedad o ambivalencia
(según el caso), es sin duda uno de los componentes más disfrutables de esta poética,
en la que Bresolin sintetiza aportes de todos sus aprendizajes teatrales de treinta años:
desde la escritura, la actuación, la dirección, la docencia y la gestión. Sin duda, Pájaros
de otros es un texto de relevante consolidación en su historia creadora.
La conciencia de Bresolin sobre estos efectos cómicos se evidencia en la recurrente
auto-referencialidad: brechtianamente, los personajes analizan la poética de la obra,
incluso en la toma de decisiones por vía negativa, por lo que la poética decide no hacer.
Se lo comunican los personajes entre sí o directamente hablan al espectador (como
plantea Bresolin en la entrevista citada):
ESCOFINA: Aunque resulta muy tentador ir a un flashback y rememorar el momento
aquel, no va a ser así, no vale la pena. [...] Vengo a esta historia a aportar un poco del
color local y melancólico del tango, además de mi energía femenina, que van a ver que
refresca y hace bien. Llego al argumento para potenciarlo con un triángulo amoroso.

La anamorfosis le otorga a Pájaros de otros una nítida dimensión política. Nuevamente
la auto-referencialidad, ahora por la producción de sentido. “Triste mueca del capitalismo
que picotea la carroña como metáfora de esta historia”, comenta Frenillo
metateatralmente a público. O también Tres: “Somos piezas de un juego cuyo único
sentido es hablar de cómo la sociedad capitalista ejerce despóticamente el poder y se
ha lentamente transformando en destino del hombre y en su propio verdugo al mismo
tiempo”.
Creemos que Bresolin no expone una sociabilidad insatisfactoria para hundirnos en el
pesimismo de lo que no tiene arreglo, del fracaso sin salida como profecía autocumplida,
sino –tal vez– con el objetivo de generar conciencia sobre ella y modificarla al menos en
lo micropolítico. Ese efecto produce en nosotros Pájaros de otros: una feroz,
desesperante lucidez esperanzada.
Bagna cauda fue estrenada el 6 de agosto de 2022 en la Sala Ensueños de la Ciudad
de Escobar, con dirección general de Bresolin y un reparto integrado por Paula
Pratolongo (Silvia), Fabián Ganduglia (Ariel), Julia Campos (Maru), Graciela Méndez
(Coty), Gabriel Faversani (Alex).7 Interrogado sobre la génesis de la composición de
Bagna cauda, Bresolin reflexionó:
Es un espectáculo que surge desde la praxis teatral. En agosto de 2021, apenas
comenzábamos a salir de la pandemia, inicié un taller de teatro en un jardín de la ciudad
de Ingeniero Maschwitz, para un grupo de actores que necesitaban vincularse (al igual
que yo) nuevamente con el teatro como hecho vivo.
Comenzamos un proceso de entrenamiento. Al cabo de un tiempo, ya estaba instalada
en nosotros la idea de “hacer” una obra. Cenamos una noche hablando del proyecto, y

6

Sobre la distinción entre expresionismo objetivo y subjetivo, J. Dubatti, 2021.
La ficha artístico-técnica de Bagna cauda se completa con la técnica de luz y sonido a cargo
de Maximiliano Russo y el vestuario de Mariela Condró.
7

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de lo rico que es comer Bagna cauda. Me quedé reflexionando en que si un grupo de
personas, en la postpandemia, hablaban de comer Bagna cauda, era porque que,
seguramente, muchos problemas debían tener resueltos o, sencillamente, había una
superficialidad algo falsa en aquella fría sobremesa.
Era verdad; yo jamás probé esa comida de la que tanto hablamos esa noche. Era el
primer hipócrita.
Al siguiente encuentro con el grupo de entrenamiento, les dije que quería escribir e ir
montando el texto en el proceso. Por suerte aceptaron.
Trabajé entonces a partir de la hipocresía de la clase media y de cómo sus vínculos se
transforman públicamente en pos de las apariencias.

Bagna cauda trabaja también sobre una sociabilidad distópica, pero en este caso desde
una poética del realismo crítico. La historia de las parejas amigas que vuelven a reunirse
en una cena está compuesta desde el artificio de la ilusión de contigüidad entre el mundo
ficcional representado y el mundo real empírico (nuestro mundo social contemporáneo
compartido). La matriz estructural de la historia está armada sobre el encuentro
personal:8 la interacción conduce a la revelación de una verdad por la que nada volverá
a ser igual en la relación entre los personajes. Bresolin expone, en acelerada gradación
de conflictos, el pasaje del fingimiento inicial de la amistad a la develación de un cruel
sinceramiento (que ilumina una sociabilidad negativa: el odio, los prejuicios, el clasismo,
el miedo, la banalidad). Teatro político, Bresolin desenmascara la subjetividad de la
clase media (hoy principal soporte de los procesos de derechización política en la
Argentina) en su misma generación. Crítica, otra vez, a la cosmovisión capitalista. Bagna
cauda plantea una tensión entre la exposición de una verdad social y su ocultamiento
en un perverso minimalismo. Amigos y amigas no tienen empacho en declarar que se
sale de toda situación de tensión o desequilibrio hablando “zonceras”. Una de ellas, de
allí la relevancia de este aspecto, enunciada en el título de la pieza.
COTY: (Con una acidez que se va transformando en cotidianidad) Decía mi padre:
“Saber zonceras, es algo muy importante a la hora de salir de un momento incómodo en
una reunión social”. Y eso es lo que es esto, ¿no?

Pero Bresolin dinamiza críticamente la convención realista (nuevamente como quería
Brecht) con recursos teatralistas. Así el realismo se torna una poética más pregnante
para el espectador actual. Incluye el mencionado procedimiento del personaje que habla
a público y se autopresenta (lo hacen sucesivamente todos los personajes en escena),
así como el del expresionismo subjetivo (o expresionismo de personaje)9 en el final
(cuando se objetiva escénicamente que Coty imagina que asesina a Alex asfixiándolo
con la almohada mientras duerme). Un realismo ampliado con artificios de otras
poéticas, al que se suma también la auto-referencialidad, la enunciación teatral
transformada en enunciado, el grupo independiente que habla de sí mismo en el texto
dramático:
SILVIA: Especie cruel y fascinante, capaz de subir a un tablado y hablar de sus
porquerías más profundas convertidas en una pieza de ficción.

Los diferentes espacios simultáneos se teatralizan desde la mirada de Silvia, quien
observa a sus amigos en sus camas (la didascalia explicita que, desde su espacio, “Los
mira dormir”). Por otra parte, Silvia acentúa la identificación con el público cuando se
8
9

Sobre este procedimiento característico del realismo: Eric Bentley, 1964.
Véase al respecto Dubatti, 2021.

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autodefine con una imagen de espectador representado: “Yo como siempre; triste
espectadora”.10
Pero el espectador tiene su alternativa: o hundirse, como Silvia, en la tristeza de lo que
no tiene remedio y hay que aceptar resignadamente bajo protesta, o transformar la
experiencia teatral en una lúcida y esperanzada herramienta para hacer algo con ella
en su existencia y transformarla. Espontáneamente, la lectura del teatro de Bresolin nos
conduce a esta última opción.

Bibliografía
Bentley, E. (1964). La vida del drama. Barcelona: Paidós.
Brecht, B. (1963). Breviario de estética teatral. Buenos Aires: La Rosa Blindada.
Dubatti, J. (2020). “Las literaturas (así, en plural) del acontecimiento teatral”. Confabulaciones.
Revista de Literatura Argentina, Instituto Interdisciplinario de Literaturas Argentina y
Comparadas, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional de Tucumán, N° 4 (juliodiciembre),
37-45.
http://ojs.filo.unt.edu.ar/index.php/confabulaciones/issue/view/32/showToc
Dubatti, J. (2021). “Para una relectura del teatro de Griselda Gambaro desde la poética
expresionista”. En Morales Ortiz, Gracia (coord.), Griselda Gambaro. El desafío de la
lucidez (pp. 53-64). Sevilla: Editorial Universidad de Sevilla (Colección Escritores del
Cono Sur, nº 11).
Dubatti, J. (2023). “Siete formas de pensar a las/los espectadores”. Actas VII Jornadas de
Investigación del Instituto de Artes del Espectáculo (pp. 1-7). Universidad de Buenos
Aires, Facultad de Filosofía y Letras, Instituto de Artes del Espectáculo “Dr. Raúl H.
Castagnino”. http://iae.institutos.filo.uba.ar/publicacion/actas-vii-jornadas-2023
Fellini, F. (1998). Hacer una película. Buenos Aires: Perfil Libros.
Mancuso, H. (2024). Arte como texto y contexto. Juri Lotman y la escuela de Tartu. UBA,
Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras, Serie del IAE (en prensa).

10

Sobre el procedimiento de la interacción entre el espectador representado en la ficción
dramática o espectacular y el espectador real (que forma parte del acontecimiento teatral),
puede verse nuestro “Siete formas de pensar a las/los espectadores” (Dubatti, 2023).

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El teatro independiente en la Provincia de Buenos
Aires11
María Fukelman
DEPARTAMENTO DE ARTES

Palabras preliminares
En líneas generales, mi trabajo es investigar acerca de una historia integral del teatro
independiente. Hice mi tesis de doctorado sobre la historia del teatro independiente en
la ciudad de Buenos Aires entre 1930 y 1944, y ahora como investigadora del Conicet
sigo trabajando ese tema pero extendiéndome hasta el año 1969 (aunque muchísimas
veces hago saltos en el tiempo y el lugar, no es todo lineal). Además de la utilización de
bibliografía específica, una de las formas que tengo para llevar adelante mi trabajo es la
observación de fuentes, documentos, programas de mano, libros de actas, etc. Para
este encuentro, me propuse trabajar sobre el teatro independiente en la Provincia de
Buenos Aires, tal como dice el título, pero haciendo foco en un momento histórico
particular: el período 1962-1964. Mi idea es mostrar una pequeña cartografía de algunos
teatros independientes que existieron en la Provincia de Buenos Aires en aquellos años
y que entablaron algún tipo de vínculo con la Federación Argentina de Teatros
Independientes (FATI). ¿Por qué digo esto? Porque a estos grupos que voy a mencionar
llegué a través de lo que pude reconstruir observando y analizando un libro de actas de
la FATI.
Voy a arrancar haciendo una pequeña introducción sobre la historia del teatro
independiente, sobre la FATI y sobre las actas encontradas.

Consideraciones preliminares sobre el teatro independiente, la FATI y las actas
encontradas
El teatro independiente surgió en la ciudad de Buenos Aires a raíz de la fundación del
Teatro del Pueblo, el 30 de noviembre de 1930, impulsada por el escritor y periodista
Leónidas Barletta (1902-1975). Si bien ya desde mediados de la década del 20 se
habían llevado a cabo algunos intentos por conformar un teatro independiente, el Teatro
del Pueblo fue la primera tentativa que alcanzó continuidad en el tiempo. De esta
manera, la crítica especializada coincidió en considerarlo el primer teatro independiente
de Buenos Aires.
Los motivos de la iniciación del movimiento de teatros independientes fueron varios, no
hubo una única razón, sino que se dio una combinación de factores. Uno de los más
importantes fue el objetivo de distanciarse de la escena del teatro profesional, de gestión
empresarial, de los años veinte, cuyas características no agradaban a Barletta ni a
muchos de los intelectuales de la época (eran obras del denominado género chico:
revistas, sainetes, vodeviles).
Considero al teatro independiente como un modo de producir y de concebir el teatro que
pretendió renovar la escena nacional a partir de, principalmente, dos características:
11

Una primera versión de este trabajo fue expuesta el 16 de noviembre de 2024 en el 22º
Encuentro Internacional de Teatro Del Borde, Del Borde Teatro, realizado en Las Flores,
Provincia de Buenos Aires.

21

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realizar un teatro de alta calidad estética y hacerlo sin fines lucrativos. En este sentido,
se constituyó como una práctica colectiva y contestataria —dado que se opuso al statu
quo del teatro de aquellos años e impulsó una organización anticapitalista—, pero
también heterogénea, ya que se mostró como un enraizado complejo y rico en su
diversidad. No todos los teatros independientes fueron iguales.
A lo largo de los años, la cantidad de grupos de teatro independiente en la ciudad de
Buenos Aires creció exponencialmente. Además, el movimiento se fue expandiendo
desde allí hacia otras provincias y ciudades populosas del país, como Córdoba,
Mendoza, Salta, Santa Fe, Rosario y la Provincia de Buenos Aires. Así, el teatro
independiente se convirtió, en palabras de Enric Ciurans, en la “columna vertebral del
teatro argentino contemporáneo” (2004, 89).
Desde sus inicios, los conjuntos que integraron el movimiento de teatros independientes
se asociaron en varias oportunidades para trabajar juntos. A lo largo de los años, las
actividades colectivas surgieron por tres vías diferentes: por iniciativa de uno o varios
grupos; por iniciativa de un organismo estatal convocante; o por iniciativa de una
institución que nucleara a diferentes espacios. En este sentido, fue un hecho
fundamental la conformación de la Federación Argentina de Teatros Independientes
(FATI), una entidad gremial que tenía el propósito de agrupar a todos los teatros
independientes del país. La FATI nació a fines de 1944 y se mantuvo en actividad hasta,
por lo menos, 1964. Sin embargo, su organización no fue tarea sencilla. No me voy a
meter en esto para no desviarme demasiado de adonde quiero llegar pero hay
numerosos testimonios de figuras vinculadas al teatro independiente (como Bernard
Marcel Porto, 1945; José Marial, 1955; Luis Ordaz, 1957; y Víctor Kon en Fukelman,
2014) que expresaron que la FATI no estaba teniendo los resultados esperados.
Más allá de que este agrupamiento no haya cumplido con las expectativas de sus
contemporáneos, es interesante destacar su existencia, y analizar sus intenciones y
acciones concretas. En este caso particular, como decía antes, pude trabajar sobre una
porción de su documentación interna: un libro de actas que la institución mantuvo entre
el 26 de marzo de 1962 y el 23 de marzo de 1964, del que dispuse gracias a las
investigadoras que lo encontraron, Paula Ansaldo y Nerina Visacovsky, y que hace unos
meses fue donado al Instituto Nacional de Estudios de Teatro (INET).
¿Por qué es importante estudiar documentos originales? Por varias razones. Entre ellas,
para evitar la reiteración de datos que no son ciertos (muchas veces se puede ver cómo
un error se traslada y hasta llega a constituirse en un mito de la crítica). También para
evitar la reproducción de análisis o interpretaciones caracterizados, erróneamente,
como fácticos. Poder observar las actas de una institución permite conocer no
solamente las acciones que esta llevó a cabo (sean muchas o pocas), sino también qué
está pensando, es decir, cuáles son los debates internos que se dan sus integrantes y
los debates de época que están circulando.
El libro de actas de la FATI tiene 300 páginas foliadas, de las cuales hay escritas hasta
la hoja 195 y se agrupan en 55 actas: 32 se escribieron en 1962; 22, en 1963; y 1 en
1964. En general, las reuniones semanales de la mesa directiva ―que duraban
alrededor de dos horas, y hasta a veces tres o cuatro― se hacían en el teatro IFT, en
la ciudad de Buenos Aires.

Actitudes federales de la FATI
Antes de meterme en los grupos de la Provincia de Buenos Aires que entablaron
contacto con la FATI en el período 1962-1964, quiero destacar cierta pretensión de

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federalismo que pude rastrear en las actas de la FATI, independientemente de que esta
haya podido cumplirse o no.
En principio, la federación mantuvo vínculos con conjuntos o asociaciones de seis
provincias: Provincia de Buenos Aires, como ya dije, pero también Santa Fe, Córdoba,
Jujuy, Misiones y Salta.
Además, en reiteradas oportunidades, los integrantes de la Comisión Directiva
manifestaron la intención de realizar un boletín interno que incluyera las visitas a los
teatros federados de Capital Federal (aún no se denominaba Ciudad Autónoma de
Buenos Aires) y de Gran Buenos Aires. El objetivo de federalizar la federación, más allá
de ―valga la redundancia― el nombre elegido, también se advierte a partir de las
consultas que le llegaban a la FATI, donde algunos grupos solicitaban, entre otras
cosas, nombres de clubes e instituciones culturales de Capital Federal y Gran Buenos
Aires para presentar espectáculos, evidenciando que estaba dentro del sentido común
que la FATI debía tener conocimientos más allá de la General Paz.
A su vez, cuando se estaban organizando las asambleas de finales de 1962 (se
programó una asamblea general extraordinaria para el domingo 2 de diciembre y una
asamblea general ordinaria para el lunes 3), estaba la preocupación porque los teatros
de las provincias participaran. Incluso se consideraron las posibilidades de solventarles
los gastos de estadía y de que pudieran enviar ponencias por escrito quienes no
lograran acercarse. De la asamblea del 3 de diciembre (de la del 2 no quedó el acta
plasmada en el libro), participaron al menos dos teatros de la Provincia de Buenos Aires:
Juvenilla (Lomas de Zamora) y El Retablo (Paso del Rey). En el encuentro, una de las
resoluciones que se tomó fue que, en una próxima asamblea, se tratara la constitución
de las Federaciones Zonales Regionales.
Después de muchas idas y venidas, se realizaron dos reuniones zonales: una en Rojas,
en mayo de 1963 y otra en octubre de 1963 en Chivilcoy, donde se redactó una
Declaración de Chivilcoy (no transcripta al libro). Del primer encuentro, surgió la idea de
realizar los siguientes cursos: 1) escenotécnica, 2) literatura dramática, 3) iluminación,
maquillaje y peluquería, y 4) dirección. El Chasqui de Chivilcoy y el Teatro Popular de
Lanús iban a ser las sedes de los mismos. Hacia el final del año 1963, cuando la
Comisión Directiva estaba poniendo de relevancia los hechos trascendentales de cara
a una nueva asamblea extraordinaria, estas reuniones zonales se destacaron como uno
de ellos.

La FATI en contacto con los teatros de la Provincia de Buenos Aires
Por obvias razones de cercanía con la ciudad de Buenos Aires, los teatros de la
Provincia de Buenos Aires fueron aquellos con los que la FATI más articulaciones pudo
entablar. Por un tema de tiempo y espacio, lo que voy a hacer es mencionarlos a todos
y luego analizar con mayor profundidad el contacto que se desarrolló entre la FATI y
uno de ellos, El Chasqui de Chivilcoy.
Los teatros de la Provincia de Buenos Aires a los que se hace referencia en las actas
de la FATI y, en menor o mayor medida, se articula (incluso, en algunos casos sus
integrantes también participaron de asambleas y reuniones) son Teatro Popular de
Lanús; Juvenilla, de Lomas de Zamora; Isaac Leib Peretz, de Villa Lynch; Teatro
Escuela Municipal de San Isidro (TEMSI); El Retablo, de Paso del Rey; Teatro Escuela
de Zárate; Grupo del Noroeste de San Miguel; El Chasqui, de Chivilcoy; Teatro Florencio
Sánchez, de Rojas; y El Mangrullo, de Bolívar. A su vez, en los encuentros semanales
se recibieron algunas visitas y se comentaron numerosas actividades desarrolladas en

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diversos territorios de la provincia, como el Festival Teatro Select de La Plata, la función
a beneficio de la Sala de Primeros Auxilios y Maternidad en el Club Social y Deportivo
de Claypole, el desfile del teatro Ensayo en el Club Güemes de Florida, los festejos por
el Cincuentenario de la fundación del partido Esteban Echevarría, y el pedido de
programación del Club Social y Deportivo América de Campana. De Saladillo (ciudad
vecina a Las Flores), por su parte, salió uno de los delegados representantes de la FATI
para un encuentro a realizarse en Europa en 1962. Este caso fue curioso porque el actor
bonaerense que tomó esta labor, José Di Zeo, cambió su estilo de vida a partir de esta
propuesta de la FATI. Muchos años más tarde, el diario Clarín publicó: Di Zeo (…) nació
en Saladillo. (…) le gustan los desafíos. Una invitación de la Federación Argentina de
Teatros Independientes lo llevó a Polonia. “Fui por tres días y me quedé trece años”, se
ríe (2002, s/p)12.
Para avanzar ya en la historia del grupo elegido, El Chasqui, les cuento que el 3 de
noviembre de 1959, se registró el nacimiento institucional del Teatro Independiente del
Oeste “El Chasqui”, impulsado “por un entusiasta y activo grupo de jóvenes de la época,
colmados de bríos, muchos sueños, y un claro espíritu realizador” (Archivo literario de
Chivilcoy, s/f, s/p). El encuentro fundacional se llevó a cabo en el local de fotografía de
Horacio A. Cerani (quien luego se desempeñaría como director del elenco), y
participaron del mismo el nombrado Horacio A. Cerani, su hermano Juan Carlos Cerani,
Líber Navarro, Horacio Navarro, Héctor Manuel Antuña, Eduardo Salomón Cohen, Justo
Morel y Antonio Posik. Luego de la fundación, inició su labor específica organizando
cursos de enseñanza escénica y expresión corporal que se dictaron en la Escuela de
Educación Técnica Nro. 1 “Dr. Mariano Moreno”. Breve tiempo después, el “juvenil y
fervoroso” (Archivo literario de Chivilcoy, s/f, s/p) elenco del teatro El Chasqui efectuó
su ansiado debut, el 4 de junio de 1960, presentando en el Club Racing Historia de mi
esquina, la obra de Osvaldo Dragún. Esta obra había sido estrenada en 1957 por el
teatro Fray Mocho, del que el propio Dragún formaba parte. No es casualidad que se
realizara una obra que tan poco tiempo antes había sido estrenada por Fray Mocho,
dado que el grupo se había dado a conocer en muchas partes del país a través de la
gira nacional que llevó a cabo en 1958 y que había incluido Chivilcoy (cfr. Bettendorff,
2024).
Con posterioridad, El Chasqui se abocó a la tarea de contar con una sala propia. Para
tal fin, se conformó un “Círculo de Amigos” de la entidad, cuyos integrantes brindaron
significativo apoyo a la institución. El Chasqui logró adquirir un antiguo galpón, ubicado
en la calle General Rodríguez 70, que se convirtió, merced a la “sostenida e intensa
laboriosidad” (Archivo literario de Chivilcoy, s/f, s/p) de todos sus miembros, en una
moderna sala. La inauguración de la misma se realizó el 19 de mayo de 1962, con la
representación de la pieza El crack, de Solly [Schroder], situación que, como contaré en
breve, también quedó plasmado en las actas de la FATI.
12

No tengo demasiadas precisiones acerca de dónde y para qué fue el viaje. Puedo hipotetizar
sobre una “invitación del C. del Desarme” (FATI, 1962, 7) de la que se dio cuenta en la reunión
del 4 de junio de 1962, para la cual había que designar un delegado en la delegación argentina
(que iba a ser integrada por 150 personas). A su vez, el 25 de junio, quedó registrado en las
actas que se le confería “la representación de la Federación, a los efectos de toda gestión en
Europa y países que visiten, a los representantes de los teatros Fray Mocho, IFT y de
Saladilllo, sres. Benjamín Zeider, Berta Dreschler [Drechsler] y José Di Zeo, respectivamente”
(FATI, 1962, 20) y, por la letra manuscrita, que no está muy clara, pareciera que el encuentro
se iba a realizar en la ciudad de Helsinki (Finlandia). Sin embargo, el Congreso Mundial por el
desarme general y la Paz se realizó ese año en Moscú (Rusia), entre el 9 y el 14 de julio; a su
vez, el país al que se refirió Di Zeo en Clarín fue Polonia (de todas maneras, hay que recordar
que para ese entonces, aunque más débil que en años anteriores, existía control soviético
sobre la República Popular de Polonia).

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En la noche del 17 de diciembre de 1975, cuando se produjo el secuestro y posterior
asesinato de dos jóvenes abogados chivilcoyanos, se registró un atentado incendiario,
con artefactos explosivos, contra El Chasqui, hecho que destruyó gran parte de la sala.
Después de una férrea etapa de reconstrucción, el teatro se reinauguró el 9 de octubre
de 1982. En 2009, a su vez, El Chasqui obtuvo ayuda estatal mediante un programa
que colaboraba con instituciones que habían sido víctimas del terrorismo de Estado, en
el marco del segundo gobierno de la entonces presidenta Cristina Fernández de
Kirchner. Estuvo cuatro años en obra para ampliarse y remodelarse, y el 17 de diciembre
de 2013, se efectuó la ceremonia inaugural de la actual sede de la institución,
emplazada en el mismo lugar que cincuenta años atrás. Este espacio sigue vivo hasta
hoy.
En las actas de la FATI, el primer contacto con El Chasqui se da en mayo de 1962,
cuando José Armagno Cosentino, entonces vicepresidente de la institución, informó,
dos días después de la inauguración de la sala, que él había estado presente en el acto
y que había hecho uso de la palabra como responsable de la federación. Asimismo,
mencionó que el conjunto aún no estaba afiliado y que había que llevarles una ficha.
Un mes y medio después, el 2 de julio, se destacó en la reunión la presencia de los
delegados del teatro El Chasqui de Chivilcoy. Allí primero tomó la palabra Cosentino,
para hacer referencia a la importancia de la creación de un teatro convertido “en Casa
de Cultura de Chivilcoy” (FATI, 1962, 24), y a continuación habló el director del teatro
mencionado (no se lo nombró pero asumo que se trataba de Horacio Cerani) para
brindar un panorama general sobre la respuesta del público a la labor que efectuaban.
Para el 8 de octubre del mismo año, el delegado de El Chasqui volvió a presentarse en
una reunión y les contó a los integrantes de la mesa directiva que habían podido comprar
el local que estaban ocupando (es decir, el espacio de General Rodríguez 70).
A diferencia de la última mención, el 4 de marzo de 1963 las noticias sobre el teatro de
Chivilcoy no fueron buenas. Jorge Pinasco, secretario general de la FATI y delegado del
teatro Fray Mocho, informó en la reunión que los compañeros de El Chasqui habían
tenido un accidente con el coche que estaban rifando para obtener fondos, falleciendo
uno de ellos. Mario Pinasco, delegado de El Barrilete y a cargo de la Secretaría Gremial
de la FATI, propuso realizar funciones en Chivilcoy a total beneficio del teatro afectado.
Si bien se acordó que los teatros debían prestar conformidad a su concurrencia al
término de esa misma semana, el tema no volvió a tratarse, o al menos no quedó
plasmado en las actas.
El 19 de mayo de 1963 se realizó la ya mencionada reunión zonal en la ciudad de Rojas
y, tal como manifesté más arriba, tanto El Chasqui de Chivilcoy como el Teatro Popular
de Lanús habían sido seleccionados como sedes de los cursos que se propusieron.
Dos meses después, el 29 de julio, Víctor Kon, delegado del IFT quien para ese
entonces ya había asumido la Secretaría General de la FATI en un recambio de
autoridades que se había realizado a finales del año anterior, informó sobre una
entrevista que había tenido con los compañeros de El Chasqui. Este teatro había sufrido
una considerable pérdida de sus bienes (no se indica el motivo), problema que
repercutió en la marcha normal de las actividades. Ante esto, manifestó que la FATI
debía actuar como organismo didáctico y reiteró la conveniencia de solicitar apoyo a los
nuevos mandatarios en el orden nacional y provincial. En este sentido, hay que recordar
que tan solo tres semanas antes se habían llevado a cabo las elecciones presidenciales.
Las mismas tuvieron como resultado la elección de Arturo Illia, de la Unión Cívica
Radical del Pueblo, quien venció al también radical, Oscar Alende, de la Unión Cívica
Radical Intransigente. Las elecciones habían sido organizadas por el gobierno de facto,
encabezado por José María Guido, que había derrocado al presidente Arturo Frondizi
mediante un golpe de Estado y asumido ilegalmente el poder legislativo y los poderes

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provinciales. Se realizaron con Frondizi detenido e impedido de participar en las mismas
y todos los ciudadanos peronistas proscriptos para presentar sus candidaturas,
incluyendo al ex presidente Juan Domingo Perón que había tenido que exiliarse.
Otras menciones en las actas de la FATI referidas a Chivilcoy se dieron de cara al
segundo encuentro zonal que, tal como manifesté anteriormente, se terminó realizando
en dicha ciudad y el 21 de octubre de 1963 se leyó la Declaración de Chivilcoy. Mi
hipótesis es que los anfitriones del evento fueron precisamente los integrantes de El
Chasqui, por ser el único teatro de esa ciudad referido en la documentación.
La última alusión que hubo en las actas a El Chasqui y, con él, a la ciudad de Chivilcoy
fue el 23 de marzo de 1964, cuando se registró la llegada de correspondencia remitida
por este elenco, con fecha del día 4 del mismo mes, que contenía dos textos dramáticos
(referidos en las actas como libretos) de El crack de Solly, con destino al banco de obras
que tenía la federación.

Palabras finales
A lo largo de este trabajo, realicé una introducción acerca de la historia del teatro
independiente, de la Federación Argentina de Teatros Independientes y de las actas
que redactó la comisión directiva entre 1962 y 1964. Luego, a partir del material
analizado, presenté una pequeña cartografía sobre los teatros o espacios de la Provincia
de Buenos Aires con los que la FATI estableció algún tipo de relación. Por último, me
referí especialmente a la historia de El Chasqui, teatro situado en Chivilcoy que tiene
vida hasta hoy, y a los distintos momentos en los que mantuvo vínculo con la FATI.
Quiero terminar esta exposición ofreciendo una serie de conclusiones. La primera es
ratificar la centralidad de volver a las fuentes, un punto fundamental en el que se basa
mi investigación. Analizar documentos originales de primera mano es importante porque
estos continúan aportando nuevas lecturas a pesar, y a través, del paso del tiempo. La
segunda es que lo aquí expuesto aporta un granito de arena para entender qué tipo de
federación se estaba pensando, que en este caso era plural y federal, dado que la
conexión con los teatros que no estaban en CABA era un tema que se conversaba
asiduamente en las reuniones y que, aún sin ningún tipo de recursos económicos, se
pudieron hacer lazos con teatros provenientes de al menos seis provincias. Esto es
independiente de que la mayoría de las intenciones no pasaban del plano de las ideas,
es decir, una cosa era lo que se quería hacer y otra lo que se hacía. La tercera
conclusión tiene que ver con la importancia de conocer cuáles eran los teatros
independientes que estaban funcionando en la Provincia de Buenos Aires. Si bien acá
solo indagué con un poco más de profundidad sobre El Chasqui (Chivilcoy), pienso que
lo tratado en las actas y lo presentado en esta exposición puede servir como punto de
partida para ser ampliado en próximos trabajos, tanto por mí como por otros
investigadores e investigadoras que quieran hacerlo, dado que el material se encuentra
en el INET, un lugar público que puede ser consultado por todos y todas. Por último,
considero que dar cuenta de las historias particulares de los teatros independientes
―sean famosos o relegados, de grandes capitales o de pueblos recónditos― y conocer
las articulaciones que se han dado entre ellos representan pasos ineludibles a la hora
de transitar el complejo camino hacia una historia integral del teatro independiente.

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Bibliografía:
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http://www.archivoliterariochivilcoy.com/fundacion-del-teatro-independiente-chasqui1959/.
Bettendorff, Paulina (2024). “Espectáculos bajo vigilancia. El discurso de la inteligencia sobre el
teatro y el cine en un archivo de la represión”. Tesis de doctorado. Facultad de Filosofía y
Letras, Universidad de Buenos Aires.
Ciurans Peralta, Enric (2004). “Entrevista a Osvaldo Pellettieri”. Assaig de teatre: revista de
l’Associació de Investigació i Experimentació Teatral n° 43, pp. 8797, raco.cat/index.php/AssaigTeatre/article/view/146019/249693.
FATI. Libro de actas de la Federación Argentina de Teatros Independientes: 195 hojas
consecutivas de las actas llevadas por los integrantes de la federación entre el 26 de marzo
de 1962 y 23 de marzo de 1964.
Fukelman, María (2014). Víctor Kon: “No había real conciencia de la misión de la FATI”. La revista
del CCC [en línea] n° 21, https://www.centrocultural.coop/revista/21/victor-kon-no-habiareal-conciencia-de-la-mision-de-la-fati.
Fukelman, María (2022). Hacia una historia integral del teatro independiente en Buenos Aires
(1930-1944). Los Ángeles: Ediciones KARPA, California State University,
https://www.calstatela.edu/al/karpa/hacia-una-historia-integral-del-teatro-independienteen-buenos-aires-1930-1944.
Marial, José (1955). El teatro independiente. Buenos Aires: Ediciones Alpe.
Ordaz, Luis (1957). El teatro en el Río de la Plata. Buenos Aires: Ediciones Leviatán.
Porto, Bernard M. (1945). “Existencia y dinamismo del teatro independiente”. Histonium n° 77,
pp. 695-698.
Sin firma (26 de abril de 2002) “Actores de la Casa del Teatro, en una obra para juntar fondos”.
Clarín,
https://www.clarin.com/sociedad/actores-casa-teatro-obra-juntarfondos_0_HyBf7VrxRKg.html.
United Nations Audiovisual Library of International Law. “Tratado sobre la no proliferación de las
armas nucleares, 1968”, https://legal.un.org/avl/pdf/ha/tnpt/tnpt_ph_s.pdf.

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El teatro y las representaciones de la violencia hacia
las mujeres. Cuatro casos argentinos
Natacha Koss
DEPARTAMENTO DE ARTES

Como ha sucedido de los griegos a esta parte, el teatro se vincula con el pulso social.
Dialoga con las concepciones, las inquietudes y las necesidades de la cultura en la que
se desarrolla, tanto sean metafísicas, ideológicas, políticas o de cualquier otra índole.
Desde hace poco más de una década, los temas de género y disidencias sexuales se
han instalado en la agenda internacional con especial fuerza. Esto ha conllevado
cambios en la legislación, como el caso del matrimonio igualitario, cambios en las
promociones de investigación y en los planes de estudio, cambios en los criterios
vinculados al derecho tanto material como simbólico y, en definitiva, cambios en relación
a las construcciones imaginarias.
En este contexto y en el marco del pensamiento en torno a lo criminal, las figuras del
femicidio, travesticidio y transfemicidio han puesto en evidencia la concientización
respecto de la violencia patriarcal y su ejercicio en el campo de lo disidente. Y el teatro,
histórico portavoz de los Derechos Humanos en Argentina, funciona hasta la actualidad
como una caja de resonancia de la coyuntura.

En 2022, la Justicia argentina registró un femicidio cada 35 horas
Las víctimas directas de femicidio fueron 226 (219 mujeres cis y 7 mujeres
trans/travestis), arrojando un promedio de 1 víctima directa cada 39 horas; y al menos
26 fueron femicidios vinculados (20 varones cis y 6 mujeres cis), con un promedio de 1
víctima de violencia letal cada 35 horas si se incluyen tanto víctimas directas como de
femicidio vinculado.
Las víctimas directas de femicidio tenían vínculo previo con el sujeto activo en el 88%
de los casos: 59% eran pareja, expareja o tenían otro tipo de relación sexo-afectiva;
13% eran familiares y 16% tenían otro tipo de vínculo. Entre quienes se conocían, el
42% convivía al momento del hecho. Sólo el 5% eran desconocidos entre sí (sin vínculo
previo) y del restante 7% no hay datos.
El 18% de los perpetradores se suicidaron. El 73% de los hechos tuvieron lugar en
viviendas.
En vínculo con este campo temático, en la sala independiente El Extranjero se presentó
Yo me quería morir antes que vos13, de Magalí Meliá, con dirección de Lorena Romanin.
Con esta pieza, de formato austero y sencillo, el teatro recupera plenamente su sentido
13

FICHA ARTÍSTICA. Dramaturgia: Magalí Meliá. Actúan: Sebastián Blanco Leis, Debora
Longobardi, Magalí Meliá. Diseño de vestuario: Gabriella Gerdelics. Diseño de escenografía:
Gabriella Gerdelics. Diseño sonoro y música en escena: Pina González. Diseño De
Iluminación: José Binetti. Diseño gráfico: María Forni. Asistencia de dirección y fotografía:
Gustavo Gorrini. Prensa: Giacani-lauro Comunicación. Dirección: Lorena Romanín

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social pues la historia que se cuenta nos sumerge en la cabeza de un femicida y cómo
éste procede criminalmente.
Meliá parte de una historia familiar, personal, pero reelaborada a través de la ficción.
Leia es asesinada por su marido Javier; y su hermana Irina (en sentido, al mismo tiempo,
biológico y de sororidad) intenta desandar el camino que desató ese horror. La misma
Meliá, en rol de actriz, tiene a su cargo el personaje de Irina.
La obra se inscribe entre las poéticas del nuevo teatro documental (a la manera del
biodrama, basado en personas y hechos reales) y la autoficción (que reelabora
imaginaria, poéticamente dicha base real), según la misma Meliá afirma:
Este proyecto surgió en 2020, durante la pandemia. Quería trabajar sobre este tema
como actriz y empecé a buscar material. Y a raíz de un caso cercano, sentí una mayor
necesidad de hablar de esto. Por eso, a fines de ese año, empecé un curso de
dramaturgia con Lorena con la intención de escribir esta obra. Primero apareció la
posibilidad de hacerlo a través de un formato de biodrama; pero después opté por
ficcionar la historia a partir de ese hecho puntual y también de situaciones vividas por mí
y distintas mujeres que conozco.
Me interesaba poder visibilizar esas pequeñas cosas que naturalizamos en las relaciones
y que no está bien que sucedan. A veces, la pareja ejerce un control en cuestiones
mínimas y cotidianas y eso lo dejamos pasar. El personaje que interpreto, Irina, se hace
muchas preguntas y, entre ellas, se cuestiona: ¿Cómo se llegó a esto? ¿Qué cosas
pasaron que como hermana no pude ver? Y la reconstrucción de lo vivido es,
precisamente, para hacer una revisión de lo que no estaba bien en esa pareja. (s/d, 2023)

Yo me quería morir antes que vos pone en evidencia cómo necesitamos de la ficción,
cómo nos valemos de ella en nuestras existencias. El personaje encarnado por Meliá
opera como una narradora presentadora (como en el teatro épico brechtiano) que
cuenta al espectador lo sucedido, que muestra que está mostrando, y su palabra se
combina con la actualización de las escenas representadas, en las que la misma Meliá
también participa.
La alternancia entre relato y escena, así como su cruce y superposición, juega con un
entretejido de distanciamiento crítico e identificación emocional. La obra despierta plena
conciencia en el público, a la par que lo conduce directamente al llanto. De esta manera
los espectadores van asistiendo, a la vez lúcidos y conmovidos, al dispositivo aniquilador
que el esposo va desplegando en una imparable escalada de violencia.
La directora Lorena Romanin equilibra, como querría Brecht, la intensidad de las
actuaciones con la visibilización del sistema de fuerzas entre los personajes. “Este
espectáculo está dedicado a la memoria de las víctimas de femicidio y a sus
sobrevivientes”, se lee en el programa de mano. Se trata de un teatro de necesidad
acuciante, esencial. Y poderosamente emocionante.
Un segundo y muy incómodo caso es el de Rota14, unipersonal de Natalia Villamil (obra
ganadora del Primer Premio de Autoras del Instituto Nacional del Teatro) protagonizado

14

FICHA ARTÍSTICA: Dramaturgia: Natalia Villamil. Actúa: Raquel Ameri. Vestuario y
escenografía: Magali Acha. Diseño de luces: Julio López. Diseño sonoro: Rafael Sucheras.
Realización de video: Paula Coton. Música original: Rafael Sucheras. Producción general: El
Balcón De Meursault. Dirección: Mariano Stolkiner. Estrenada en el teatro El Extranjero en
2022.

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por Raquel Ameri y dirigido por Mariano Stolkiner, que fue estrenado en febrero de 2022
en el teatro El Extranjero.
La pieza narra en primera persona la historia de una mujer que busca reconstruir su
existencia tras la muerte de su hijo. A medida que la obra avanza, nos enteramos que
este hijo se suicidó luego de matar a su novia. En su soledad, intentará rearmar el
rompecabezas que significa su estado de madre sin hijo pero también el de madre de
un femicida. En el camino, intentará encontrar algo de amor, de comprensión, como
cualquier otra mujer.
Comenta Stolkiner que
Rota surge del deseo que encontramos con Raquel Ameri, actriz de la obra, de llevar
adelante un trabajo que nos uniera. Ya lo habíamos intentado hace unos años pero, justo
en el momento en el que íbamos a iniciar aquel proceso, Raquel quedó embarazada,
razón por la cual la posibilidad de hacerlo iba a tener que esperar algún tiempo.
Algunos años después, recibo su llamado. Me dice que tenía ganas y que consideraba
que era el momento de concretarlo. No dudé en decirle que estaba de acuerdo. Junto
con su propuesta llega la iniciativa de convocar a Natalia Villamil para que fuera la
encargada de escribir el texto. Me seducía enormemente la idea de trabajar con estas
dos mujeres talentosas y a quienes admiro, es fundamental para quienes dirigimos contar
con esa motivación. (Stolkiner, 2022).

En dos obras anteriores (Biolenta -delicado emparche femenino-, de 2015 y Zoraida la
reina del Abasto, de 2019) Stolkiner había trabajado desde la voz de la mujer violentada.
Para no repetirse, pidió colaboración a Villamil y Ameri, quienes vienen de años de
militancia en el campo de la defensa de los derechos de la mujer, particularmente
comprometidas e involucradas en cuestiones relativas a la violencia de género. De
hecho, Natalia Villamil trabajó atendiendo la línea 144, que es el número asignado para
la atención, contención y asesoramiento en situaciones de violencia de género con lo
cual, su conocimiento del tema, es de primera mano. El novedoso punto de vista que
surgió fue, entonces, llevar a escena la voz de la madre de un femicida, sus
contradicciones, la mujer que ha criado al “monstruo”, su propio hijo, a quien más ama.
El deafío consistió entonces en “trabajar sobre esa contradicción, el lugar que le tocaba
ocupar como mujer en una sociedad, todavía dirigida por lineamientos machistas, y por
otro su rol de madre en torno al amor que podía sentir por su hijo, incluso frente a las
circunstancias abominables a las cuales se había tenido que enfrentar” (Stolkiner, 2022).
Trabajaron algunas ideas en común y Villamil, en 3 meses de escritorio, escribió la obra.
En este particular punto de vista que la pieza propone, la mirada materna cuela el horror
del femicida y del femicidio. Todo el tiempo entendemos la mirada de la madre, pues
ella es quien organiza el relato.
El texto no es evidente ni adoctrinante. No se trata de una denuncia sino que, por el
contrario, y siempre según Stolkiner:
La obra se instala en el suceso vivo del momento a momento de lo que está transitando esta
mujer que perdió un hijo y trabajamos mucho sobre una zona de lo no dicho, ya que la puesta
no transita sólo por lo que se expresa desde la textualidad plena del texto escrito sino que
va construyendo una emocionalidad a partir del trabajo de Raquel [Ameri] (Fernández
Mouján, 2022).

Se trata de poner el eje en un aspecto dilemático que también es consecuencia de la
violencia machista; nos referimos, claro está, al dolor de la pérdida de la madre. Dice
Raquel Ameri

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Yo siento que cuando ingresa el público es como invitarlo a un viaje por la noche oscura
del alma pero creo, al mismo tiempo, que encontramos la manera de crear, convocar y
despertar el coraje de adentrarnos en ese lado b de algunas historias (Fernández
Mouján, 2022).

El duelo, entonces, se presenta como uno de los grandes temas que acompaña al
femicidio y que deviene central en esta puesta. Vir/ginia Cano en Dar (el) duelo, afirma
que “los duelos nos hacen calcular lo incalculable y cartografiar lo imposible: el territorio
borroso de lo que no pudo ser” (2021:23). El duelo en esta obra acompaña a la
estructura, la historia que se va armando por retazos gracias a una muy dosificada
gradación de conflicto. La percepción de esta mujer y sus conflictos muta a medida que
se va aportando información al relato ¿Esta mujer es víctima de violencia? “Guarda que
ahí viene la loca”, dicen las voces del barrio cuando la ven venir. Luego nos enteramos
de que su hijo se suicidó. “Mi hijo se voló los pensamientos”, dice. Y recién en el último
tercio de la obra caemos en la cuenta de que se trató de un femicidio/suicidio. El hombre
mató a su mujer y luego se quitó la vida, dejando a una madre absolutamente
desconcertada respecto del exacto momento “en el que mi hijo se transformó en un
monstruo”.
La puesta se articula sobre dos ejes: por un lado, la dramaturgia escrita. Por otro, el
trabajo de la actriz y su abrumador desempeño para llevar adelante la escena. Porque
hay algo de las circunstancias particulares que llevan a la pérdida de este hijo que, si
bien no son explicitadas en el comienzo de la obra, ella sí las lleva como potencia para
cargar al personaje. Por lo tanto, si bien el público no recibe esa información desde la
palabra, entiende igualmente que hay algo más que está sucediendo a través del cuerpo
de Ameri.
En términos lingüísticos, en el texto hay un modo del habla y una particularidad que
remite a un espacio alejado del entorno urbano de Buenos Aires. No es un modo de
habla al que estemos habituados sino que, por el contrario, nos ancla en un imaginario
pueblerino. Esto se debe a que Natalia Villamil es de la ciudad de Lobos, una ciudad
importante pero a la vez muy alejada del centro neurálgico de CABA. La historia
entonces tiene la doble inflexión de la cercanía y la lejanía que se multiplica en el
personaje.
La extrañeza, la inquietud permanente, la sensación de que manejamos menos
información de la que deberíamos, se trabaja también en la escenografía. Se trata de
un trabajo casi abstracto que incluye una tarima que encierra un par de zapatillas viejas.
Sostiene el director que “sabía que había una dureza muy difícil de soportar si (la obra)
no acompañaba desde un dispositivo artístico aquello que estaba sucediendo desde la
palabra” (Página/12 Digital).
La escenografía contribuye a esta suerte de Ópera Punk, recordando a los viejos
escenarios del under porteño, con las zapatillas que remiten irremediablemente a la
tragedia de Cromañón15. Asimismo, la obra sostiene una estructura musical en la que
15

La tragedia de Cromañón fue un incendio producido la noche del 30 de diciembre de 2004 en
el local “República Cromañón”, establecimiento ubicado en el barrio de Once de la Ciudad de
Buenos Aires en Argentina. En ese momento tenía lugar un recital de la banda de rock
Callejeros y el desastre se desató por una bengala que quemó los techos. Este incendio
provocó una de las peores tragedias en nuestro país, pues todas las salidas de seguridad
estaban bloqueadas dejando un solo punto de acceso. Asimismo, se había habilitado un baño
a modo de “guardería infantil” lo que puso en riesgo la vida de mucho niños y bebés. El saldo
fueron 194 muertos y al menos 1432 heridos. El recuerdo de las víctimas se simboliza dejando
sus zapatillas colgadas.

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se incluyen 2 canciones recitadas: “Ya no sos igual” de 2 Minutos y “Mujer amante” de
Rata Blanca. Las luces tenues y en la paleta de los rojos, los materiales como la chapa
y la madera, el entarimado, dos líneas lumínicas en el suelo que conducen a proscenio,
el uso de un micrófono de pie… todo lleva al campo semántico del recital, cosa que
contrasta abiertamente con el texto y el decir de la actuación.
Pero también comprendemos que sólo cuando el personaje baja del entarimado es que
puede cambiar el punto de vista, sentarse con los espectadores y cambiar las palabras
escritas en la pared del fondo.
Ambas obras suponen el ingreso a la tragedia por múltiples vías.
Por un lado, recuperando la noción de tragema de Kott (1974), podemos decir que
tragedia se identifica con aquel relato en el que se transgreden las dos prohibiciones
fundantes de la cultura: el incesto y el crimen dentro del clan de sangre. En Rota y en
Yo me quería morir antes que vos, este segundo componente está presente por la doble
vía del uxoricidio y del suicido perpetrados por los varones. Pero, al mismo tiempo, la
madre de Rota se reconoce como culpable de ese crimen: “Yo lo vi y no hice nada”,
dice, “mi hijo mató a su mujer y yo lo crié”. Y más adelante pregunta: “Y mi culpa ¿y si
no fui buena?”. Como sucede en la tragedia, el mal se encuentra dentro del mismo
personaje (Bentley) y ya no (o ya no solamente) en el exterior. El pathos desplegado en
escena por esta madre sin hijo, pone en evidencia que su dolor ya no tiene reparo
posible, se trata de un dolor sin paliativo (Steiner) que nos recuerda también nuestra
propia mortalidad.
Asimismo, en tanto víctima y victimaria, la complejidad del personaje y de la historia
plantea multiplicidad de temas sociales y éticos. Por eso Stolkiner afirma que
Como hombre, para mí supone toda una responsabilidad tratar una temática como la que
contiene esta obra. Fueron la crianza de mi madre, el amor por mis dos hermanas, el sol
que es mi hija, lo más importante que tengo en mi vida, las mujeres que tuve la fortuna
que me acompañaran como parejas, tantas amigas y las mujeres con quienes inicié este
proceso más las que se sumaron después que me dejé guiar; si no, quizás no me hubiera
atrevido (Stolkiner, 2022).

La catarsis, tanto aquí como en Yo me quería morir… favorece la posibilidad del duelo:
las piezas le dan voz a los muertos (prosopopeya) y permiten así transformar la relación
con la muerte. Como dice Allouch, se trata de una «muerte a secas», irreparable, sin
compensación, pero el teatro transforma nuestra relación con ella. Es que "el duelo no
es solamente perder a alguien (…) es perder a alguien perdiendo un trozo de sí" (2006:
300).
Podemos pensar a ambas piezas como parte de las poéticas del “teatro aplicado”, en
tanto ponen en primer plano los vínculos entre el teatro y la transformación social.
Recordemos que estas relaciones se han desarrollado de muy diversas maneras a lo
largo de la historia y encuentran, desde el siglo XVIII, un renovado y múltiple impulso.
Desde el drama de tesis, pasando por el agitprop o el teatro proletario, hasta llegar a
finales del siglo XX con el teatro comunitario o los teatros relacionados con derechos
humanos (entre muchos otros), podemos observar una productividad que encuentra
reconocimiento e institucionalización no solamente en el campo de las artes, sino
también en el de las ciencias médicas, las ciencias humanas y las ciencias sociales. Las
derivas del teatro útil atraviesan nuestros últimos dos siglos de historia teatral, entre las
que se encuentra el “teatro aplicado”, un teatro puesto al servicio del bien social, de la
vida, de la salud, de la humanidad. De ahí la premisa de que el teatro aplicado es un
devenir del teatro útil. Si en el siglo XIX la escena estaba puesta al servicio de la
discusión de los problemas de la burguesía (la moral, el trabajo, los roles sociales, etc.),

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en este nuevo siglo el teatro va a incorporar explícitamente los procedimientos que las
revoluciones artísticas del comienzo de la centuria nos legaron.

Las reglas del sistema judicial
Si la situación era delicada a comienzos de la década del 20, a partir de la asunción del
actual presidente Javier Milei en diciembre de 2023, se sumó una violencia institucional
que hizo retroceder los derechos adquiridos y habilitó la violencia social.
Uno de los primeros actos de gobierno fue cerrar el Ministerio de la Mujer y desfinanciar
todos los programas que contribuían a la protección de mujeres e infancias. Sin ir más
lejos, en el Foro de Davos 2025, nuestro Presidente aseguró que
El feminismo radical es una distorsión del concepto de igualdad y aún en su versión más
benévola es redundante, ya que la igualdad ante la ley ya existe en Occidente. Todo lo
demás es búsqueda de privilegios, que es lo que el feminismo radical realmente
pretende, poniendo a una mitad de la población en contra de la otra cuando deberían
estar del mismo lado. Llegamos, incluso, al punto de normalizar que en muchos países
supuestamente civilizados, si uno mata a la mujer se llama femicidio; y eso conlleva una
pena más grave que si uno mata a un hombre sólo por el sexo de la víctima.
Legalizando, de hecho, que la vida de una mujer vale más que la de un hombre,
enarbolando la bandera de la brecha salarial de género. Pero cuando uno mira los datos
es evidente que no hay desigualdad para una misma tarea, sino que la mayoría de los
hombres tienden a profesiones mejor pagas que la mayoría de las mujeres. Sin embargo,
no se quejan de que la mayoría de los presos son hombres, ni que la mayoría de los
plomeros son hombres, ni que la mayoría de las víctimas de robo o asesinato son
hombres y ni qué hablar de la mayoría de las personas que murieron en guerras.
(...)
Vaya tarea que se mandaron con estas aberraciones del aborto. Desde estos foros se
promueve la agenda LGBT, queriendo imponernos que las mujeres son hombres y los
hombres son mujeres sólo si así se autoperciben y nada dicen de cuando un hombre se
disfraza de mujer y mata a su rival en un ring de boxeo o cuando un preso alega ser
mujer y termina violando a cuanta mujer se le cruce por delante en la prisión.
Sin ir más lejos, hace pocas semanas fue noticia en todo el mundo el caso de dos
americanos homosexuales que, enarbolando la bandera de la diversidad sexual, fueron
condenados a cien años de prisión por abusar y filmar a sus hijos adoptivos durante más
de dos años. Quiero ser claro que cuando digo abusos no es un eufemismo, porque en
sus versiones más extremas la ideología de género constituye lisa y llanamente abuso
infantil. Son pedófilos, por lo tanto, quiero saber quién avala esos comportamientos.
Están dañando irreversiblemente a niños sanos mediante tratamientos hormonales y
mutilaciones, como si un menor de cinco años pudiera prestar su consentimiento a
semejante cosa. Y si ocurriera que su familia no está de acuerdo, siempre habrá agentes
del Estado dispuestos a interceder en favor de lo que ellos llaman el interés del menor.
Créanme que los escandalosos experimentos que hoy se realizan en nombre de esta
ideología criminal serán condenados y comparados con aquellos ocurridos durante las
épocas más oscuras de nuestra historia. Y cubriendo esta multitud de prácticas abyectas
está el eterno victimismo siempre dispuesto a disparar acusaciones de homofobia o
transfobia y otros inventos cuyo único propósito es intentar callar a quienes denuncian
este escándalo del que las autoridades nacionales e internacionales son cómplices16.

16

El discurso completo puede verse en el canal de la CNN en
https://www.youtube.com/watch?v=FKBdjR6CL3I

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Si realizamos una cita tan extensa, es porque consideramos que los dichos son tan
aberrantes que requieren un desarrollo de las ideas para no suponer que han sido mal
interpretados o sacados de contexto.
La oleada feminista de principios del siglo XXI trajo fortísimas reacciones adversas que
comenzaron a manifestarse abiertamente a partir de la segunda década y que, en la
tercera década, encontraron espacios de poder gubernamental para acompañar la
mirada reaccionaria desde la acción estatal.
Este estado de situación produjo en las artes escénicas un repudio (casi) unánime, que
fue acompañado por diversidad de producciones de gran éxito (es decir, acompañadas
por el público) que permanecen en cartel o son repuestas asiduamente.
En este apartado nos remitiremos a dos casos testigos: por un lado, un proyecto
transnacional de teatro comercial. Por el otro, un proyecto estatal comandado por el
Teatro Nacional Cervantes (único teatro nacional del país) en su gestión 2021-2023.

El testimonio en el arte
Podemos remontar el carácter testimonial del teatro al giro copernicano que la
“dramaturgia del yo” de Strindberg introdujo en la dramaturgia occidental (Szondi, 1994).
Poniendo en primer plano la subjetividad del artista, promoviendo un “drama de la
mente” (Innes, 1992), la segunda mitad del siglo XIX se abre en el mismo movimiento a
un teatro expresionista y a un teatro testimonio. Ambas poéticas serán capitalizadas
principalmente por las dramaturgias vinculadas a las políticas e ideologías de izquierda,
desde Bertolt Brecht y Peter Weiss hasta Vivi Tellas y Lola Arias.
Considerada hoy como parte de las poéticas de lo real (Brownell, 2021), la dramaturgia
testimonial se organiza a través de un pacto de verdad, aún en la apelación al yo lírico
de la poesía (Huamán Andía, 2023), que habilita un diálogo social y un salto ontológico
hacia el campo de la metáfora, creando tensiones pero sin nunca anularse mutuamente.
El testimonio abre espacios de enunciación y promueve al arte en su carácter
transformador, ya sea como medio o en sí mismo. De esta manera, el teatro sobrevive
a la voluntad de silencio de los poderes políticos y supera la coyuntura.
Este es el sentido que se le atribuye a Prima Facie17, obra de la australiana-británica
Suzie Miller que actualmente se está representando en muy diversas capitales de
Europa y América. Antes de convertirse en dramaturga, Miller ejerció durante décadas
como abogada y, en una reciente entrevista, comentó que cada semana tomaba
alrededor de seis declaraciones de mujeres y chicas menores de 25 años como parte
de un proceso de solicitud de compensación para las víctimas y los detalles de cada
caso eran diferentes:
algunas de las mujeres habían sido agredidas mientras estaban en una cita, otras habían
sido atacadas por alguien de su propio círculo social; algunas chicas habían sido
agredidas en hogares de cuidado y otras por miembros de su familia (en Gómez, 2025).

17

FICHA ARTÍSTICA: Dramaturgia: Suzie Miller. Intérprete: Julieta Zylberberg (Romina).
Dirección y adaptación: Andrea Garrote. Asistente de dirección: Luna Pérez Lening.
Escenografía e iluminación: Santiago Badillo. Vestuario: Betiana Temkin. Música original: Ian
Shifres. Producción general: Valentina Berger, Sebastián Blutrach y Tomás Rottemberg.

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Todas esas declaraciones eran, según Miller, “horrendas”; pero, en algún punto, los
relatos de esas mujeres empezaron a coincidir: había una reacción instintiva, se
congelaban o intentaban ser educadas para convencer al agresor de que no llevara a
cabo su plan y las dejara huir. Sobre la base de estos testimonios nuestra autora
organizó una obra en la que, sin referirse a un caso en particular, aúna lo que todos
tienen en común. La pieza se estrenó en 2019 en Sidney, y la repercusión fue tan grande
que en 2022 desembarcó en Londres, en 2023 llegó a Nueva York y a Madrid y en 2024
a Chile y Argentina, entre otros destinos.
La obra le da voz a nuestra protagonista (Romina en la versión argentina), joven
abogada con un futuro brillante que trabaja en un estudio que, estratégicamente, le
deriva a ella la defensa de todas las demandas por abuso. El amparo en la ética jurídica
bajo el lema de “la verdad real no existe. Existe la verdad legal”, hace que el personaje
pueda sostener sin problematizar que “El sistema funciona porque cada uno cumple su
rol: mi rol es la defensa, el fiscal inicia el proceso, el juez y el jurado van a decidir. Cada
uno de nosotros cuenta una historia, una buena versión de la historia de nuestro cliente
y, después, el juez y el jurado deciden cuál es la historia que van a creer”. Esta manera
de trabajar produce en Romina una absoluta falta de empatía con las víctimas; hasta
que, como es de esperar, ella misma se transforme en víctima y viva una demanda por
abuso desde el otro lado del mostrador. La obra acompaña estos dos momentos de
Romina (abogada defensora de abusadores / víctima de abuso) organizando la narrativa
en dos actos que facilitan, a la vez, cambio de escenografía y vestuario.
Si el teatro es por definición un fenómeno territorial, con esta obra estamos claramente
en el terreno del teatro transnacional. Vale decir, una producción que apela al carácter
global del arte en términos de temáticas de interés transfronterizo, sumado a un lenguaje
poético decodificable en las múltiples localidades. Como mencionamos anteriormente,
la agenda feminista se ha instalado con fuerza en occidente en las últimas dos décadas,
por lo que la relevancia temática de la obra funciona como interpelación transparente
con la coyuntura. En cuanto a la poética, este monólogo que confía fuertemente en la
palabra como medio de comunicación, que utiliza un lenguaje cotidiano atravesado por
la especificidad legal, que establece un campo de referencia transparente y que pone la
totalidad de la puesta al servicio de la elucidación de la tesis, se evidencia como una
ampliación del drama moderno y, por lo tanto, como una poética conocida en todas las
capitales teatrales e, incluso, irradiada hacia la producción audiovisual hegemónica.
Analizando simplemente el campo semántico del título, podemos saber que “prima facie”
se refiere a la apariencia inicial de una cierta situación, algo que se establece “a primera
vista” y que luego debe ser ratificado o refutado. Pero ¿qué sucede en el caso de la
violencia sexual, cuando un sistema judicial no es concebido para admitir sino para
poner en duda la palabra de la denunciante? El límite del derecho se trasciende en el
teatro, demostrando que ley, verdad y justicia no son cuestiones que vayan siempre de
la mano.
La obra muestra ese gran vacío que deja desamparadas a muchísimas mujeres:
insistimos en no cuestionar la ley pero seguimos cuestionando a las víctimas. Tiene que
declarar una y otra vez la persona que fue violada. Prima Facie es re interesante porque
pone sobre la mesa, no hace una bajada de línea sino que muestra una problemática. Y
también aparece la cuestión de la clase social: se trata de un sistema delineado por
hombres y por ricos. Ella es una mujer que viene de una situación económica mucho
más humilde, se abrió paso y es la mejor (Zylberberg en Gómez, 2025).

Y que esta obra haya sido estrenada en un circuito comercial (aunque en día
alternativo), deja entrever que el “horizonte de expectativa” (Jauss, 2000) de los

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espectadores no será excesivamente violentado. Andrea Garrote, la directora de la
versión argentina, afirma:
Me parece muy saludable. Quiere decir que hay un teatro que está conquistando la calle
Corrientes, se está colando por ahí, funciona y hay público para ese tipo de teatro que
prioriza más la obra que las figuras, aunque Julieta [Zylberberg] es una actriz
impresionante y muy popular. Cuando leí el material, me atrapó inmediatamente (en
Gómez, 2025).

Asimismo, la obra necesitó un proceso de relocalización tanto por el lenguaje como por
la tradición judicial del país, aunque se permitieron una serie de inexactitudes en relación
a nuestra realidad, en favor de un verosímil teatral:
En la adaptación decidimos dejar la mención al jurado porque, aunque no sea algo muy
habitual, en Argentina empezó a haber algunos juicios con jurado y además es una
convención teatral fantástica, como los alumnos en una clase. Los espectadores están
ahí y se transforman en ese jurado al que ella le habla en su alegato final (…) el problema
en Prima Facie y en los crímenes de agresión sexual reside en la dificultad de conseguir
la prueba que establezca que el victimario desconocía el no consentimiento. Es
complicadísimo para la justicia, con su sistema de prueba y contraprueba (Garrote en
Gómez, 2025).

Abrazando la complejidad, los dos actos que organizan la obra divididos por un contador
de días entre la denuncia y el inicio del juicio (782 días), configuran dos momentos muy
diferentes. El primero recurre al humor, a la fascinación por observar el comportamiento
de aquel con quien no coincidimos, aquel que está en las antípodas de nuestras ideas;
por eso el personaje de la abogada penalista es más atractivo teatralmente que el de la
víctima. Pero es en el segundo acto en el que nos toma la emoción. El alegato final de
Romina en donde nos recuerda que una de cada tres mujeres ha sufrido abuso y, luego,
nos interpela con un “señoras, miren a la persona sentada a su izquierda, miren a la
persona sentada a su derecha: es una de nosotras” obliga a la platea a trasladar esta
afirmación, si no a la vida cotidiana y a la propia experiencia, por lo menos al convivio
de la sala.
Con una escenografía mínima, la obra se sostiene en la interpretación que, gracias a
Julieta Zylberberg (en el caso argentino), organiza a un personaje lleno de claroscuros
Todos estamos plagados de contradicciones porque evolucionar en la vida y crecer
supone cambiar de opinión, de punto de vista. Necesariamente debe ser así y, en este
caso, lo que sucede es muy radical. Creo que el arte y la poesía de una obra de arte
hacen que uno no juzgue ni señale a un personaje sino que encarne. Yo como actriz
hago eso, me pongo a la par. No digo “ah, mirá qué hija de puta que era al principio”. No
me sirve y no lo creo así, cada uno es sus circunstancias y ésta es una persona que
luchó a capa y espada para hacerse respetar en un sistema dominado completamente
por los hombres. Es otra ética, una moral diferente a la que puedo tener yo, pero por eso
soy actriz y no abogada; también hay un sistema de defensa que tiene que existir para
todos (Zylberberg en Gómez, 2025).

La búsqueda de Miller es claramente hacia la transformación social. Ella asegura que
no pudo generar ningún cambio durante las décadas en las que se desempeñó como
abogada pero que sí logró producirlos a partir de la escritura de esta pieza. A donde la
Justicia no llega, llega el Teatro.

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La violencia de la mirada
Reina en el Gondo18 formó parte de la trilogía “El Hotel es un Cuerpo”, ciclo comandado
por el Teatro Nacional Cervantes a tres dramaturgias y directoras para trabajar a partir
del volumen testimonial Reunión: Cuatro Legendarias en el Gondolín, de Dani Zelko,
Marlene Wayar, Marisa Acevedo, Zoe López y Viviana Borges.
El Gondolín es un mítico hotel de la Ciudad de Buenos Aires ubicado en el barrio de
Villa Crespo al cual, desde hace décadas, llegan chicas trans desde diferentes lugares
de la Argentina. En ese espacio, transcurren las tres obras que conforman el ciclo: tres
monólogos ficcionales que narran la experiencia y el paso por "El Gondo".
El proyecto incluyó entre sus objetivos la visibilización de la identidad travesti trans y
estuvo conformado por Divina, con Daniela Ruiz y dramaturgia y dirección de Ana María
Bovo; Lorena, protagonizado por Payuca, con libro de De Felicitas Kamien y Federico
Liss y dirigida por Kamien y ReInA, con la actuación de Maiamar Abrodos y dramaturgia
y dirección de Natalia Villamil.
La obra que nos convoca en esta escritura tematiza la vejez trans, cuestión
escasamente trabajada en el teatro pues según el CIPPEC (Centro de Implementación
de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento) la edad promedio de la mujer
trans en Argentina rondaba en 2020 los 37 años19. Comenta Natalia Villamil que
Cuando nos encontramos con el libro, las directoras observamos que había que teatralizar
todo porque eran voces, anécdotas y experiencias aisladas (…) ya sabía que iba a trabajar
con Maiamar Abrodos y ahí fue que decidí tomar la edad de ella para hacer de la vejez trans
la temática de la obra (...) La obra busca pensar qué le pasa a ese personaje de sesenta
años que vive en el Gondolín, que tuvo una historia de violencia y que logró sobrevivir (en
Mendez Casariego, 2024).

Las temáticas de género son una constante en la obra de Villamil, de quien ya
comentamos Rota en párrafos anteriores. Y su escritura monologal parece tender hacia
un universo expresionista que nos sumerge en la subjetividad de los personajes.
En ReInA, por ejemplo, ella tiene un conflicto de identidad y se pregunta qué pasaría si
volviera a ser un jovencito. Es un tema un poco controvertido, pero ahí es donde entran
la imaginación y la ficción para desprenderse de lo que podría ser un trabajo de campo
e introducir el conflicto en los personajes (Villamil en Mendez Casariego, 2024).

Maiamar Abrodos es, asimismo, un ejemplo de esa supervivencia trans. Una artista que
es una institución en sí misma, con un recorrido de más de treinta años en el teatro
argentino. Si bien sus comienzos “oficiales” en el campo fueron como asistente de
vestuario y escenografía en Drácula de Cibrián – Mahler (1991), hubo que esperar a
2008 para asistir a su primera obra con su nombre elegido, Maiamar, en Brindemos
Amor de Mina Battista. Ella se asume hoy en una situación de privilegio y sostiene que
vivir en la ciudad de Buenos Aires es como vivir en un bunker, ya que es donde más se

18

FICHA ARTÍSTICA: Dramaturgia y dirección: Natalia Villamil. Actúa: Maiamar Abrodos.
Vestuario: Paola Delgado. Escenografía: Rodrigo González Garillo. Iluminación: Gonzalo
Córdova. Asistencia de dirección: Juan Doumecq. Producción: Anabella Iara Zarbo Colombo. A
partir del libro Reunión: Cuatro Legendarias en el Gondolín, de Dani Zelko, Marlene Wayar,
Marisa Acevedo, Zoe López y Viviana Borges.
19

Cf https://www.cippec.org/textual/40-anos-menos-de-vida-el-precio-de-ser-una-misma/

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ha podido cambiar la mirada, aunque todavía falta mucho para que el cambio sea
profundo.
La obra trabaja entre el monólogo y el diálogo con personaje ausente; con un lenguaje
poético y a la vez disparatado, el personaje nos sumerge en sus recuerdos desde el
patio de El Gondo para llegar a preguntarse, una vez más, por su propia identidad.
La obra trabaja en una dimensión liminal (Diéguez Caballero, 2007) que aúna la ficción
testimonial y los rasgos biográficos, la construcción poética y el cuerpo que enuncia.
Narrado al público, con una media voz muy íntima y muy lograda, la puesta deviene en
un teatro rapsódico que da cuenta del presente pero también de la cultura argentina de
los ´80, con referencias absolutamente locales (Marilina Ross, los australes, Alberto
Olmedo en la TV, el desodorante Axe), dejando en evidencia cierta tristeza profunda, un
desencanto. Algo así como una promesa no cumplida que se arrastra hasta el presente
con la carga de los treinta años transcurridos.
A diferencia de otras propuestas, esta docuficción transcurre en el patio de El Gondo,
entre lo público y lo privado, entre lo íntimo y lo colectivo. Por lo tanto, este testimonio
individual que le da origen es también, en cierta forma, comunitario. La voz es, como en
Prima facie, una suma de voces que trasciende lo estrictamente personal.
Pero, además, en el patio habitan formas de belleza inesperadas: las decenas de
plantas que el personaje cuida y riega, la música que sintoniza desde la radio, sirven
como contrapunto de una historia llena de pérdidas. Es cierto que los grandes temas
que la pieza transita tienen que ver con la prostitución, la vejez y el cuerpo. Pero no es
menos cierto que en el ojo del huracán se encuentra la mirada social y familiar que
condena, estigmatiza o “tolera”. Está la violencia explícita, pero los ojos son también un
arma poderosa contra la construcción identitaria.

Bibliografía y fuentes
Allouch, Jean (2006) Erótica del duelo en tiempos de la muerte seca. Córdoba: El cuenco de
plata.
Bentley, Eric (1992) La vida del drama. México: Paidós.
Brownell, Pamela (2021) Proyecto Biodrama : el teatro biográfico-documental de Vivi Tellas y lo
real como utopía en la escena contemporánea. Buenos Aires: Red Editorial.
Cano, Vir/ginia (2021) Dar (el) duelo. Notas para septiembre. Buenos Aires: Galerna.
Diéguez Caballero, Ileana (2007) Escenarios liminales: teatralidades, performances y política.
Buenos Aires : Atuel.
Fernández Mouján, Pedro (2022) "Rota: una particular odisea del dolor”, en Télam Digital, 18 de
marzo.
Fukelman, María (comp.) (2019) Teatro aplicado. Teoría y práctica. Buenos Aires: Ediciones del
Centro Cultural de la Cooperación.
Gómez, Laura (2024) “El tratamiento judicial de los casos de violencia de género llega al teatro”
en diario Página/12, Buenos Aires, 25 de junio de 2024.
Huamán Andía, Bethsabé (2023) Hijas del horror: Rocío Silva Santisteban y Regina José
Galindo. Mujer, testimonio y violencia en la poesía y la performance. Lima: Hipatia
ediciones.
Innes, Chistopher (1992) “August Strindberg”, en su El teatro sagrado. El ritual y la vanguardia.
México: Fondo de Cultura Económica.

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Jauss, Hans Robert (2000) Historia de la literatura como una provocación a la ciencia literaria.
Barcelona: Península.
Kott, Jan (1974) The eating of the gods. An interpretation of Greek Tragedy. Nueva York: Random
House.
Mendez Casariego, Felipe (2024) “Diálogo con Natalia Villamil, dramaturga y directora de ReInA
en el Gondo” en diario Página/12, Buenos Aires, 12 de enero de 2024.
s/d (2022) Mariano Stolkiner y Raquel Ameri sobre "Rota": "Tiene algo de punk", en Página/12
Digital, 29 de mayo.
s/d (2023) Magalí Meliá y Lorena Romanin: "En las relaciones hay microviolencias instaladas",
en Página/12 Digital, 27 de junio.
Steiner, George (1991) La muerte de la tragedia. Caracas: Monte Ávila.
Stolkiner, Mariano (2022) “Algunas ideas sobre “Rota” y cómo enfrentar el drama siendo la madre
de un femicida”, en diario Infobae, Sección Cultura, 23 de junio.
Szondi, Peter (1994) “Strindberg”, en su Teoría del drama moderno. Barcelona: Destino.

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Avances en el estudio de la dramaturgia inédita de Luis
Ambrosio Morante (1780-1837)
María Belén Landini
DEPARTAMENTO ARTÍSTICO

La ánima en pena de Luis Ambrosio Morante: una muestra de dramaturgia gótica
con fines independentistas.20
La Historia del teatro latinoamericano es también la historia de nuestras independencias.
Es por eso que en este trabajo me detengo en el estudio de una comedia porteña de
1819-1820 con el objetivo de conocer y reconocer de qué modo el Buenos Aires
decimonónico reescribe la cultura occidental y de qué modo se apropia de ella en un
contexto caótico de conformación del Estado nacional.
La ánima en pena se encuentra conservado en el Archivo General de la Nación
Argentina en muy buen estado, consta de cuarenta y ocho folios manuscritos a doble
cara. En línea con los claroscuros característicos de la estética gótica, el papel
amarillento sobre el que se imprime la letra negra manuscrita reposa en el fondo oscuro
de una caja en el lugar más recóndito de un inmenso archivo. Tan recóndito que hasta
hace poco no existían sus señas ni siquiera en el catálogo oficial.
En la portada se lee “La ánima en pena. Comedia en cinco actos. Por Laureano
Mortisombis. L.A.M.” Se le atribuye a Morante porque “Laureano Mortisombis” es un
anagrama de “Luis Ambrosio Morante” y porque debajo de esta firma figura “L.A.M.”,
sus iniciales. Además, la obra está aprobada por Esteban de Luca el 17 de diciembre
de 1819 y por Francisco Doblas al día siguiente, lo que señala que fue representada en
el Coliseo porteño en ese tiempo, año en el que Morante se encontraba muy activo en
el ámbito teatral de Buenos Aires. Tradujo ese mismo año Le Jaloux y otras piezas
extranjeras en los años circundantes, en las cuales consignó los nombres de sus
autores, por lo que no debería pensarse que La ánima en pena se trate de una
traducción o que Laureano Mortisombis sea otra persona.
Esta pieza tiene cinco actos, se trata de una comedia que, a diferencia de otras del
mismo estilo que se representaban en la época (El valiente y la fantasma, de 1818, por
ejemplo), es muy extensa. Se finge en una quinta del Coronel “no muy distante de
Buenos Aires” y la primera escena encuentra a Ramada, Nicolás y Perucho bebiendo
mientras los dueños de casa no están: “por ahora no hay nadie más que nosotros y la
ánima en pena” (Morante, 1819, f2v).
La intriga consiste en el engaño que urde Lisandro, pretendiente de una coronela viuda,
para espantar a un conde que quiere cortejarla. Con la complicidad de Paula, el ama de
llaves, Lisandro se esconde detrás de una pared tocando un tambor para hacerle creer
al conde de la Mirandilla, segundo pretendiente, que el espíritu del coronel muerto está
disconforme con su cortejo. Entre los sustos repetidos de los empleados de la casa y
mientras Isabel, la coronela, intenta sacarse de encima al conde, reaparece el coronel,
que había sido dado por muerto en batalla peleando por la independencia. Ayudado por
Paterna, el mayordomo, se disfraza de astrólogo y adivino para entrar en la casa sin ser

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Este trabajo fue publicado en la Revista Panambí de Valparaíso, N°17, Diciembre de 2023.

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advertido y mediante un engaño astuto logra espantar a los dos pretendientes y
recuperar su lugar.
El único estudio que se conoce acerca de La ánima en pena es un capítulo que Carlos
Abraham le dedica a Morante en su libro La literatura fantástica argentina en el siglo XIX
(Ciccus, 2015), en el que se detiene específicamente a comentar esta obra y Tediato y
Lorenzo (1824) como representaciones del género fantástico. Si bien el aporte de
Abraham es valioso desde el punto de vista documental, porque recupera allí estas
piezas desconocidas, es necesario aclarar que en ninguno de los dos casos se observan
ejemplos de literatura fantástica. Todorov define el fantástico del siguiente modo:
Llegamos así al corazón de lo fantástico. En un mundo que es el nuestro, el que
conocemos, sin diablos, sílfides, ni vampiros se produce un acontecimiento imposible de
explicar por las leyes de ese mismo mundo familiar. El que percibe el acontecimiento
debe optar por una de las dos soluciones posibles: o bien se trata de una ilusión de los
sentidos, de un producto de imaginación, y las leyes del mundo siguen siendo lo que
son, o bien el acontecimiento se produjo realmente, es parte integrante de la realidad, y
entonces esta realidad está regida por leyes que desconocemos. O bien el diablo es una
ilusión, un ser imaginario, o bien existe realmente, como los demás seres, con la
diferencia de que rara vez se lo encuentra. Lo fantástico ocupa el tiempo de esta
incertidumbre. En cuanto se elige una de las dos respuestas, se deja el terreno de lo
fantástico para entrar en un género vecino: lo extraño o lo maravilloso. Lo fantástico es
la vacilación experimentada por un ser que no conoce más que las leyes naturales, frente
a un acontecimiento aparentemente sobrenatural. (Todorov, 1981,14)

No hay una vacilación ni de parte de los personajes ni de los lectores o espectadores
en esta pieza, sino que más bien se trata de una intriga cómica. Desde el comienzo de
la acción se sabe que es Lisandro quien está escondido detrás de la pared con su
tambor y toda la intriga se reduce a descubrirlo, pero con plena conciencia de los
espectadores de lo que en realidad allí sucede.
El tópico del alma en pena era recurrente en estos tiempos de Romanticismo incipiente
y no puedo dejar de mencionar un antecedente muy cercano de La ánima en pena: se
trata del sainete anónimo El valiente y la fantasma. Este sainete consiste en el engaño
que arma un joven disfrazándose de fantasma para conquistar a la criada de la casa,
Chola. A diferencia del sainete de Morante, los personajes pertenecen exclusivamente
al grupo de los criados de distintas casas, no se nos presentan los dueños de casa en
ningún momento de la intriga. Se cierra el texto con la denuncia y el encarcelamiento
del supuesto fantasma. Este sainete es de 1818, no posee firma y se encuentra
conservado en el archivo del Instituto Nacional de Estudios de Teatro.
Lamentablemente, no he podido acceder más que a una copia, por lo que desconozco
en qué estado se encuentra el manuscrito. Lo que sin dudas puedo afirmar es que el
texto posee numerosas enmiendas y tachaduras, además de fragmentos enmarcados
en recuadros.
Como es posible observar en la narración del argumento, la intriga es similar a la de la
pieza de Morante. No puedo omitir que El valiente y la fantasma es una obra mucho
más breve y más simple, mientras que La ánima en pena es extensa, posee parlamentos
cuidados y minuciosas didascalias. En el caso de El valiente y la fantasma creo observar
una cercanía mayor al género fantástico porque la intriga se mantiene hasta el final: ni
los personajes ni los espectadores o lectores saben de qué se trata esta aparición que
se menciona allí, todos se desayunan al mismo tiempo con la noticia. La definición de
Todorov aplica aquí: la duda se mantiene durante toda la intriga y finalmente se resuelve
hacia el género extraño cuando se sabe que quien estaba detrás del ruido de cadenas
era el hijo de Piltrafa.

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Ahora bien, estos elementos extraños o fantásticos se vinculan con la incipiente
aparición del género gótico. Esta archipoética comenzaba a aparecer en Inglaterra como
respuesta al realismo extremo del Iluminismo y, como Morante solía estar al día con la
cultura occidental, la incluye no solamente en esta pieza cómica sino también en Tediato
y Lorenzo, donde la oscuridad se ve en el espacio del cementerio y el juego cercano
con la muerte, que se sostiene hasta el final de la acción. Los claroscuros, el tema de la
muerte, los espíritus que regresan del más allá y las habitaciones o recintos escondidos
de las grandes casas de ricos son cuestiones recurrentes.
Fred Botting, en The handbook to Gothic literature (Routledge, 2014), sostiene que lo
sublime mezcla el terror y el placer, la estética negativa trabaja con la ausencia y el
exceso poniendo en evidencia lo monstruoso, cuya visibilización permite entrar en
contacto con eso y combatirlo. En ese sentido, combatir lo que se considera monstruoso
es mostrar la forma en que una comunidad pone sus límites, qué considera legítimo y
qué no. Por otro lado, para Botting, el gótico es un “Romanticismo oscuro” y este sainete
no solamente toma los temas “oscuros”, sino que además presenta creencias populares
vinculadas a lo esotérico, como la aparición de espíritus. El surgimiento del
Romanticismo, el fantástico y el gótico como respuesta al Iluminismo demuestra que es
necesario conocer la oscuridad para poder acercarse a la luz. No notaríamos su brillo si
no existieran las sombras. El contraste hace evidente la esencia.
De cierta manera, con el surgimiento del Romanticismo oscuro o del gótico, aparece en
el arte la posibilidad de existencia de una otredad, esa dimensión propia del ámbito de
lo privado, de lo íntimo, de lo incorrecto, de lo “unheimlich”, en términos de Freud (Freud
total, sin dato de fecha, versión electrónica). En la dramaturgia porteña de Morante
puede pensarse la casa de campo o quinta de un coronel como un espacio alternativo.
Es un espacio que no corresponde a su cotidiano, donde las dimensiones del hogar y
las personas que allí moran dejan en claro que el movimiento habitual es diferente, es
otro. Podemos pensar estos espacios como heterotopías, en el sentido en que define
este término Michel Foucault (1999:16).
Entonces, si tomamos en cuenta que lo siniestro o “unheimlich” describe aquello que
produce una emoción o una conmoción antes que un pensamiento o un conocimiento
(Botting, 2014), si consideramos que la conformación de los territorios implica un
proceso deseante, de apropiación del espacio, es así que la creación de heterotopías y
de territorios o espacios “otros”, el espacio o el territorio de la otredad, aparece en primer
plano en La ánima en pena. El deseo que aquí se revela es el deseo amoroso que
implica el cruce o el puente entre dos dimensiones: es el coronel queriendo recuperar a
su esposa, es Lisando desde “el más allá” pretendiendo a su prima. Estos deseos ponen
en juego también la posesión del espacio porque quien sea correspondido por Isabel
será dueño de la quinta.
Si bien en La ánima en pena no se observa una representación del espacio significativa
sino que la acción transcurre respetando la unidad de lugar, la mención de la muerte y
el regreso del Coronel de la batalla de Sipe Sipe y el hecho de que la quinta se encuentre
cerca de Buenos Aires constituyen un elemento fundamental para situar la acción. En
1819 hacía ya tres años que se había declarado la independencia de las Provincias
Unidas del Río de la Plata y el año anterior se celebraba la victoria de Maipú, pero
todavía era imperioso sofocar los avances realistas en el norte del país. Estos hechos
se muestran en la dramaturgia de Morante, aunque el tema patriótico ya no constituya
el eje central.
A diferencia de lo que ocurre con Pataleta en El valiente y la fantasma, donde el
personaje regresa de una victoria, el Coronel viene de una derrota y eso justifica que
haya estado desaparecido el tiempo previo a la acción dramática. Su desaparición y su

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repentina aparición, que genera la conmoción del regreso de un alma en pena, y la
ubicación de la quinta como un espacio otro respecto del urbano son elementos que
acentúan la estética “negativa”, la polarización entre lo luminoso y lo oscuro, lo aceptable
públicamente y lo que debe permanecer en la intimidad de lo privado. El anclaje
territorial se lee no solamente en la mención de la ciudad porteña y de la batalla de Sipe
Sipe, sino también en las consecuencias que los personajes sufrieron a causa de esta
coyuntura.
El territorio se define como una unidad espacial habitada y vivida por una colectividad
que se percibe como tal, que acciona sobre el espacio y se relaciona a través de un
marco institucional o estatal que garantiza la igualdad de ciertos derechos. Esa
colectividad genera formas de producción, consumo, intercambio y organización que
implican indefectiblemente relaciones de poder. En este entorno se genera la
apropiación de esa porción de espacio a través de un sentido de identificación con el
suelo y con los demás sujetos. Estas variables en movimiento a lo largo del tiempo son
acompañadas por un deseo, la pulsión y el estímulo que las hace nacer, las mueve, las
rompe y las vuelve a construir. En ese mismo proceso se incluyen las utopías, en el
sentido foucaultiano. En este sentido, la territorialidad se define como el conjunto de
valores atribuidos a ese territorio y la territorialización es el conjunto de acciones que se
hacen sobre el espacio material fundamentadas en la territorialidad. Implica los límites
y el control del espacio reconocidos por los habitantes y las prácticas socio-espaciales
en la que se involucra una dimensión afectiva y deseante, aquella que permite “ficcionar
un mundo como espacio vital” (Fabri, 2016, 80). Esta dimensión colectiva y pública es
representada por el ámbito privado, doméstico y particular en el teatro de Morante.La
identidad de los porteños de la coyuntura que me ocupa era aquella de los soldados que
morían, los que regresaban abatidos o triunfantes, las viudas que quedaban a merced
de aquellos que buscaban heredarlas o de quienes las engañaban para quedarse con
sus bienes. La identificación con el espacio, el lugar y el territorio estaba directamente
atada a los resultados de aquellas victorias o derrotas que podían determinar o cambiar
de un momento a otro la nacionalidad del terreno y de quienes en él moraban. La
territorialidad es móvil aquí porque la posesión de la tierra también lo es: lo que era del
Coronel podría rápidamente pasar a ser de Mirandilla o de Lisandro y es Isabel quien
debe atenerse a que su territorio cambie para sentirse o no dueña del suelo que pisa.
Lo oscuro del duelo se ve intensificado por la manipulación de los hombres hacia esta
mujer que transita una situación angustiosa. Del mismo modo, el duelo de la derrota de
Sipe Sipe tiñe de un tono más macabro la voluntad oportunista de los pretendientes.
Sus actitudes se vuelven perversas. Todo esto se ve teñido de una atmósfera de amplia
superficialidad y de suspicacia del personaje del coronel, de manera que la comicidad
aplaca lo horroroso. Las representaciones de otros planos u otras dimensiones en el
sainete son equiparables a aquellas que vendrán luego de la vida inmigrante cuando se
conforme el grotesco criollo en el Río de la Plata. ¿Quizá si nos reímos de nuestro
proceso de territorialización este dolerá menos? ¿Será más sencillo transitarlo?
La lucha por la Independencia, el deseo de salir del sometimiento colonial o incluso la
voluntad de hacer efectivo o de procesar internamente lo que significa ser
independientes, hacen que el arte ponga en primer plano esa temática y la aborde desde
la oscuridad y desde el humor. No logra desprenderse del verosímil porque todavía la
sensibilidad romántica no ha calado tan hondo, pero de todas formas reformula, le da
vueltas, y pone en escena el proceso deseante y doloroso de una comunidad en proceso
de territorialización. Vuelvo entonces a lo sublime: “Se trata de un hacer con lo
insoportable, un trabajo que permita establecer un borde a lo real imposible” (Manfredi
y otros, 2015, 425).

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El Sueño: entre la adivinación y el engaño. Una comedia decimonónica de Luis
Ambrosio Morante.
En esta oportunidad me detendré en el período en el que Morante ya era reconocido
como hombre de teatro y su trayectoria lo encontraba compartiendo escenario con
Trinidad Guevara. La pieza que me ocupa es El sueño, una comedia en cuya portada
no se consigna la fecha de escritura, pero sí porta un sello en tinta negra que reza
“Coliseo de Buenos Aires. Año de 1825”. En mi tesis doctoral esbozo la hipótesis de que
probablemente un conjunto de manuscritos anteriores a 1825 fueron reunidos y
guardados en el Coliseo ese año y se los selló con esa fecha, lo que no indicaría que
su representación hubiera necesariamente ocurrido en ese momento. Sin embargo, este
manuscrito presenta al lado de la nómina de personajes los nombres de los actores que
interpretaron cada uno de los roles. De ahí que sea posible saber que fue en un período
cercano a la fecha que indica el sello que esta pieza fue representada.
Morante era entonces un personaje famoso y reconocido en toda Sudamérica. Se
encontraba de vuelta en Buenos Aires después de un período de estadía en Chile,
adonde se dirigió con el fin de poner en escena Hamlet, príncipe de Dinamarca y TúpacAmaru. Es posible que haya representado alguna otra pieza como El hijo del Sud, por
ejemplo, pero no tenemos certeza de ello. En su producción teatral, Morante oscila entre
la solemnidad de lo neoclásico que no abandona el objetivo político-pedagógico del arte
y la comedia jocosa o el sainete. En algunos casos mezcla también el drama con el
programa político, tal es el caso de Tediato y Lorenzo, por ejemplo.
El sueño es una comedia de intriga amorosa, similar a todas las comedias del siglo XVII
francés que Morante tradujo en este período de auge. Sin embargo, aún no he podido
dar con un posible original de la obra. Se trata de la historia de la señorita Isabel, quien
había prometido su mano a Don Pascual, navegante español y mentado interpretador
de sueños. Durante la ausencia de su prometido, Isabel entra en amoríos con Carlos,
sobrino de Pascual y coetáneo de la joven. Después de un cierto tiempo, Pascual
escribe para avisar que regresará a casarse con Isabel. Es entonces cuando Rosa, la
criada de Isabel, planea un ardid para que la joven pueda casarse con su amado. Para
lograr su cometido, le pide ayuda a Simón, el criado de Pascual. Pero Simón es muy fiel
a su amo y no quiere engañarlo, le cuenta acerca del soborno que le ofreció Rosa.
Con el objetivo de saber con certeza a quién corresponde Isabel, Pascual decide espiar
a los jóvenes una noche. Escucha entonces que Isabel, alegando la responsabilidad de
su compromiso, rechaza con tristeza el ofrecimiento de Carlos de huir juntos. El tío
empatiza con la situación y, para observar la reacción de los jóvenes, decide contarles
un supuesto sueño que ha tenido en el que sucedía lo mismo que en aquella
conversación que escuchó. La diferencia con la situación real era que en el final del
sueño el tío perdonaba a su sobrino y a su prometida y bendecía su futura unión.
En un artículo publicado en este boletín en 1935, Mariano Bosch escribe:
El sueño, C. en un acto, cuyo manuscrito de su puño y letra está en la Biblioteca Nacional.
Acaso en esta obra, Morante, lector asiduo de Voltaire, se inspiró en la encantadora
epístola de El sueño que escribió para la princesa UIrica, en 1743, cuando, como enviado
de Francia ante el Rey de Prusia, acudió a Berlín, desde La Haya, donde permanecía,
llamado por Federico, (alguno puede verificar este dato que no aseguro).

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Si bien el dato de referencia de Bosch no es correcto, no es de extrañar que Morante se
inspirara en Voltaire. Sin embargo, la autoría de la pieza es de su puño y letra, dado que
ningún estudioso ha dado hasta la fecha con un posible original.
Me he referido ya referencia a las algunas comedias que Morante traduce del siglo XVII
francés o italiano. Es importante resaltar que El Zeloso (1819), El ciego con vista (1820),
Amor es un gran maestro (1821), El nuevo Tartufo (no existe dato de fecha) y La familia
del anticuario (1817) conforman un conjunto de comedias que coloca al teatro de
Morante en la línea de Goldoni y de Molière. Si bien son textos con algunos años de
antigüedad y las traducciones corresponden a un período en el que Europa se adentraba
ya en el romanticismo, Buenos Aires descubre el humor de la comedia intimista. Las
situaciones cotidianas son traídas a la escena para mostrar por un lado la decadencia
de las clases nobles y, por el otro, su carácter humano: la ridiculización, las intrigas
domésticas y los vaivenes de una casa ponen a las clases sociales elevadas al mismo
nivel que el resto de la humanidad. A través de la risa es que se empieza a generar
cierta conciencia de que ahora todos son parte de la misma comunidad. Si bien Morante
mantuvo a lo largo de su carrera un interés por el drama neoclásico o por la tragedia,
La naturaleza díscola e inquieta del siglo se prestaba más al juego movedizo de la
comedia que a la lentitud y gravedad trágica; sin una herencia tan recargada ni llena de
blasones, la comedia pudo circular con más holgura, y puede decirse que es ella
verdaderamente quien elabora con su sátira, movimiento y amargo humorismo los dos
grandes episodios que rematan el siglo: la revolución y el hallazgo romántico (Berenguer
Carisomo, 1947, 84)

El sueño retoma, como las demás comedias clásicas que Morante puso en escena, la
oposición entre personajes de clase alta y personajes de clase baja, entre los amos y
los sirvientes. A estos últimos se les reservan los papeles cómicos, mientras que los
“dueños” se quedan con la capacidad de tomar decisiones. Podemos plantear, también,
una oposición entre los jóvenes y los adultos, siendo estos últimos quienes determinan
cómo se deben hacer las cosas, conservan en sus manos y en su palabra la capacidad
de perdonar y de dar el visto bueno frente a los deseos de los jóvenes, que siempre son
considerados “demasiado impulsivos”.
En este sentido, Rosa y Simón son protagonistas de todos los apartes de la pieza,
elemento fundamental de la comicidad del teatro de ese momento. Mientras que Isabel
y Carlos se relacionan con ellos con confianza y amistad, pero al mismo tiempo los usan
como herramientas de comunicación y de resolución de conflictos entre ellos y con otros
personajes. En el caso de Pascual, vemos también que se trata de quien debe autorizar
las decisiones que se tomen, pero además es objeto de burla. Todos saben que no se
cansa nunca de hablar de su capacidad de interpretar los sueños.
A esta perspectiva se le añade el gusto por las unidades de acción, tiempo y lugar que
proponía el neoclasicismo imperante, un gusto que respondía a la voluntad de
verosimilitud de parte de los hacedores del teatro. Si bien Morante fue un neoclásico por
excelencia (y me remito al análisis de El refugio de amor en Chile como la obra
emblemática de esa archipoética), el neoclasicismo fue para el Río de la Plata el
puntapié ideal para el advenimiento del Romanticismo, que hará estallar la literatura
nacional. Berenguer Carisomo afirma:
El virreinato importa al Plata una forma deshecha –la neo-clásica- una corteza sin pulpa
que, además, falsificaba su propio contenido: bajo ella, enmascarada, la futura actitud
romántica, revolucionaria, realista era el fondo auténtico que tratando de expandirse
viciaba todo aquel pseudo-clasicismo resquebrajado y sin dignidad.

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El Telémaco de Morante: la (in)madurez del héroe mítico.21
En este trabajo se abordará un manuscrito inédito de Luis Ambrosio Morante (17801837) titulado El Telémaco. El objetivo es un estudio comparativo entre este texto
dramático y la Telemaquia con el fin de observar la construcción de los personajes y el
devenir de la acción narrativa. En este sentido, se verá que el dramaturgo se aleja del
mito para componer una obra melodramática que gira en torno a un triángulo amoroso
entre el héroe y dos deidades.
El Telémaco es una “pieza heroica en un acto” escrita por Luis Ambrosio Morante y
conservada en el Archivo General de la Nación Argentina. El manuscrito se encuentra
en buen estado y si bien no posee una fecha manuscrita, porta un sello del Coliseo de
Buenos Aires de 1825. Varios de los manuscritos de Morante presentan este sello, que
atribuyo al ordenamiento o incipiente trabajo de archivo de las piezas teatrales
disponibles en el Coliseo. Todos los manuscritos poseen una numeración manuscrita
que se agrega a este sello. Sin embargo, la pieza está firmada al final por Domingo
Belgrano, quien fuera censor del Coliseo entre 1804 y 1806, lo que indicaría que nos
encontramos en este caso con el manuscrito más antiguo de Luis Ambrosio Morante
conocido hasta el momento. Considerábamos como primer texto Idamia o la reunión
inesperada de 1808, pero la fecha de censura de El Telémaco lo ubica como primer
ensayo dramatúrgico, a pesar de que el reparto indicaría que la representación fue
posterior.
La pieza se encuentra en muy buen estado de conservación y con algunas enmiendas
de puño y letra de Morante, que se observan con mayor nitidez que el texto original y
ponen en evidencia la distancia entre este y sus enmiendas. Además, la portada nos
ofrece el reparto bajo el título de “Personas”, lo que indicaría que la obra fue
representada en el Coliseo porteño. Entre estas personas, se cuenta el nombre de “Sra.
Trinidad”, Trinidad Guevara, quien trabajó junto a Morante durante algunos años en
Buenos Aires y en Montevideo.

El argumento
La obra comienza en una playa “en la isla de Ogigia”. Telémaco se lamenta porque debe
dejar la isla y con ella a Éucaris, su amante. Frente a sus palabras, Mentor reacciona
reprendiéndolo y reprochándole su ingratitud hacia sus padres Ulises y Penélope y hacia
su tierra, Ítaca. Entra en escena Éucaris para manifestarle al joven su enojo porque él
pensaba irse sin una despedida. Discuten y ella le dice que se irá sin ningún sentido
porque Ulises está muerto y Penélope ya eligió amante.
En esta isla habita Calipso, quien se había enamorado de Telémaco y al verlo con otra
mujer, lo echa por ingrato y le dice que Neptuno vengará su amor. Lo condena a morir
sin sepultura y a Éucaris a verlo muerto. Manda a las ninfas a buscar a Mentor.
Telémaco le explica a Calipso que había creído que el recibimiento y los placeres que
le habían brindado se debían a la piedad y a la hospitalidad, pero no a la pasión y que
él no es culpable de haber despertado su amor. Calipso le pide entonces que huya.
Mentor, en su lugar, le asegura a Calipso que Telémaco ya detesta a Éucaris y que la
nave está lista en la playa para su partida. Calipso pregunta si aún puede ser amada,
pero Mentor había jurado permitir el regreso de Telémaco. Durante esta conversación,

21

Este trabajo fue presentado en las VIII Jornadas de Investigación del Instituto de Artes del
Espectáculo “Raúl H. Castagnino” en marzo de 2024 y publicado en las Actas correspondientes.

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se incendia la nave. Éucaris se confiesa como el instrumento de amor para el incendio
y Telémaco, al ver perdida su nave, se contenta con la idea de quedarse en la isla.
Pero Mentor lo lleva a ver el desastre que ocasionó, lo empuja al mar y luego se avienta
él mismo. Las ninfas salen entonces a socorrerlos y surge una tormenta, mientras
Calipso invoca a Júpiter, quien ordena que Telémaco vaya en busca de su padre. Frente
a su ira, las ninfas piden que su dolor sea breve.

La investigación
Como es de conocimiento que Morante se dedicó a traducir y adaptar textos teatrales
europeos a lo largo de toda su carrera, mi investigación sobre El Telémaco me llevó a
buscar fuentes directas para esta pieza: no me parecía verosímil que el dramaturgo
hubiera adaptado este relato con el solo conocimiento de la Telemaquia atribuida a
Homero. En efecto, me encontré en primer lugar con Telémaco en la isla de Calipso de
José Bermúdez de la Torre y Solier, un poeta limeño que vivió entre 1661 y 1746. Este
poema tiene más de quinientas estrofas y trata la materia de la Telemaquia. Si bien
hubiera sido una fuente posible para Morante, tomé conocimiento de otra obra de alta
circulación en el siglo XIX rioplatense: se trata de Les aventures de Télémaque de
Fénelon, el preceptor de Luis de Francia, Duque de Borgoña. Esta obra tiene dieciocho
libros y fue escrita para enseñar a los príncipes cómo comportarse. Estos libros sirvieron
a muchas generaciones como modelos de aprendizaje del francés y, tratándose de una
obra temprana de Morante y conociendo su corpus de traducciones, podemos inferir
que haya tomado el libro VI de Fénelon para transformarlo en la materia de El Telémaco.

Transposición del mito
Frente a la sucesión de fuentes encadenadas que se presentan en la génesis de esta
obra, es fundamental pensar en el estatus del mito. Fénelon toma el comienzo de la
Odisea para transformarlo en un relato ejemplar que sirva de guía pedagógica para
nobles y príncipes. Esto modifica la sacralidad del mito, ya no se trata de un relato
perteneciente a una cosmovisión o a una mitología religiosa, sino que se lo ubica en el
lugar de la herramienta pedagógica. “En los ambientes feudales del Medioevo las
leyendas míticas fueron acogidas como materia novelesca para divertimiento de la clase
cortesana, con lo que se produjo una mundanización de esos relatos” (Bauzá, 2000,
10). Morante, por su lado, realiza una adaptación al género dramático de esa materia y
de ese relato, sosteniendo la psicología de los personajes construidos por Fénelon, pero
ya no como relato ejemplar, sino como representación de una materia culta. Se intenta
instruir en los temas del clasicismo a un público alejado de estas historias. Vidal-Naquet
explica muy bien el proceso que realiza Telémaco en la Odisea:
El único personaje que llega a la edad adulta durante el tiempo del relato es Telémaco,
cuyo nombre, ‘Aquel-que-combate-de-lejos’, sugiere a un arquero… (…) Telémaco tiene
algo más de veinte años, ya que era bebé cuando su padre partió del Ítaca. Los
pretendientes lo tratan como a un niño… (…)
Veinte años, precisamente la edad en la que el joven ateniense de la época clásica se
convertía en miembro de la asamblea. Ahora bien, Telémaco no solo afirma su identidad
de adulto sino que refunda la ciudad al convocar por primera vez a la asamblea y el
consejo. Se presenta con una indumentaria curiosa, llevando una pica (…) de bronce y
acompañado por dos perros. No es una vestimenta de joven ciudadano sino de cazador.
(…)

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La hazaña del efebo Telémaco será ese viaje, iniciado y finalizado con ardides, una fuga
y un regreso clandestinos. Su primer combate será junto a su padre en la batalla contra
los pretendientes. En el canto XXI, cuando se tiende el arco, Telémaco es el único, aparte
de Ulises, capaz de realizar esa hazaña. Sin embargo, su padre le impide intentarlo. Al
final de La Odisea, cuando se reúnen tres generaciones – el anciano Laertes, Ulises y
Telémaco-, este ya es plenamente adulto.” (Vidal-Naquet, 2001, 75-76)

En cuanto a la adaptación que Fénelon hace de la Telemaquia, debemos explicar que
no respeta la narración original homérica, sino que pone a Telémaco en el lugar de un
joven mancebo que logra conquistar los corazones de las ninfas habitantes de la isla de
Ogigia. En ese contexto, Telémaco es presentado como un hedonista, quien disfruta
libremente de los placeres de habitar esta isla, sin pensar en su objetivo original, que es
ir en busca de su padre Ulises. Frente a los consejos morales que Mentor le da,
Telémaco se rebela y se niega a partir. Eúcaris, su amante, le pide que no se vaya,
mientras que Calipso, despechada por no haber logrado ser amada por él, lo echa de
su territorio. Mientras tanto, Cupido da la orden a las ninfas de quemar la nave para
evitar la partida. Mentor, para darle una lección a Telémaco, lo lleva a la costa, lo
precipita al agua, se arroja él mismo e intenta alcanzar otra nave. Este libro sexto
concluye así.
La versión teatral de Morante sostiene este argumento, pero no nombra nunca a Cupido
y atribuye a Eúcaris la autoría del incendio. El teatro de Buenos Aires mantuvo una
leyenda encima de sus puertas durante mucho tiempo: “Es la comedia espejo de la vida”
y el teatro sirvió durante el virreinato del Río de la Plata y durante el siglo XIX como
herramienta de instrucción para todos los sectores sociales. La comunicación en forma
de representación y con textos orales era la única forma de acercar el conocimiento a la
población que no estaba alfabetizada. Quizá este es el motivo de que Telémaco sea
presentado como un joven mancebo a merced de sus caprichos, quizá es esta imagen
de los jóvenes más verosímil que aquella del Telémaco maduro que conocemos al final
del canto IV de la Odisea. Sostiene Denis De Rougemont:
La invasión de nuestras literaturas, tanto burguesas como ‘proletarias’, por la novela, y la
novela de amor, entendemos que traduce exactamente la invasión de nuestra conciencia
por el contenido totalmente profanado del mito. Deja de ser un verdadero mito a partir del
momento en que se encuentra privado de su marco sacro y en que el secreto místico que
expresaba velándolo se vulgariza y se democratiza. El derecho a la pasión de los
románticos se convierte entonces en la vaga obsesión de lujo y de aventuras exóticas que
las ‘noveluchas de quiosco’ bastan para satisfacer simbólicamente. (De Rougemont, 2006,
238).

En este sentido, me atrevo a aventurar que la desacralización del mito clásico en esta
cadena de adaptaciones radica, entre otras razones, en la influencia del melodrama en
el teatro de los siglos XVIII y XIX. El patetismo creciente en las representaciones
teatrales radica en la voluntad de impactar más fuertemente en un público iletrado. Más
fácil resultaría entonces mostrar a un Telémaco caprichoso y castigado ejemplarmente
por su tutor que poner en escena el paulatino proceso de madurez que se observa en
la Telemaquia y que respeta una serie de sucesos y reflexiones que difícilmente
entretengan a un público en busca de mensajes más directos e inmediatos.
No podemos afirmar que El Telémaco sea un melodrama en sí mismo, pero tanto su
argumento y su estilo como los del texto de Fénélon que le sirve como fuente, dejan ver
rasgos de esta poética. En principio, se respeta las reglas de las tres unidades que
Morante manejó muy bien durante toda su carrera. Por otro lado, si bien no se presenta
una intriga maniquea con héroes y villanos o perseguidores y perseguidos, Telémaco

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se convierte en una víctima o en un objetivo primero de Éucaris y su deseo de venganza,
luego de Calipso y su despecho y finalmente de Mentor y su deber de reprender al joven.
Si consideramos viable que la persecución consiste en esta red de actantes, entonces
el elemento melodramático sale a la luz y se expresa en todo su patetismo. La
persecución y su resultado se traducen en esta obra como la corrección de las malas
acciones del joven mancebo. El héroe no es tanto el personaje sino su propia moralidad.

A modo de cierre
Morante recibe entonces a través de Fénélon, de la influencia romántica venida de
Europa y de los intercambios culturales de los ilustrados sudamericanos una herencia
narrativa que, como todo lo que toca, logra transformar en un teatro convocante para su
público contemporáneo. La cercanía de la emotividad y la psicología de los personajes
con aquellas realidades vividas en el cono Sur por la población que asistía al teatro es
fundamental para construir lo que será luego el éxito implacable de su labor teatral.

El espectador implícito en las traducciones y adaptaciones de Luis Ambrosio
Morante: un modelo “a la altura de Europa”.22
En este trabajo se pone en relevancia que las obras de Luis Ambrosio Morante
estudiadas hasta ahora configuran un espectador implícito al mismo tiempo que un
lector implícito. Que Morante fue dramaturgo y actor, pero también traductor. Es
fundamental además tener en claro que este espectador implícito decimonónico y
rioplatense está involucrado con un sentimiento patriótico que atraviesa su existencia y
es un vector de la conformación de territorialidades en Buenos Aires. De la misma forma,
la idea de otredad opera en todas piezas pasando por la exclusión del indio y el gaucho,
para llegar al español, figura otra por excelencia en esta dramaturgia neoclásica. Por
último, se registra un espectador implícito que conoce el teatro europeo, lo entiende y lo
disfruta, al tiempo que logra salvar anacronismos y distancias referenciales con el fin de
sostener la lucha por su patria.
Es sabido que el siglo XVIII se caracterizó en Europa por el auge del pensamiento
racional, que puso en primer plano el conocimiento. Ser intelectual era tomar
protagonismo en los ámbitos de poder. Para los territorios anexos, las colonias, este
mensaje se transformó en un mandato que los privilegiados se esmeraron en reproducir:
quienes podían costear un viaje a Europa lo hacían con el fin de estudiar. En estos
recorridos, los libros iban y venían entre ambos continentes. Y las noticias sobre el
ámbito del espectáculo también. Es así que un hombre como Luis Ambrosio Morante,
cercano al teatro desde su temprana juventud, pudo tener conocimiento sobre las
puestas en escena europeas y los autores que eran llevados a las tablas.
Morante, nacido en Buenos Aires en 1780, se vinculó por primera vez con el teatro en
su adolescencia (si cabe esta palabra para la época), cuando fue contratado para servir
de apuntador y consueta en el Coliseo de Montevideo, donde su familia se instaló
durante unos años. Rápidamente aprendió los oficios y en pocos años ya escribía y
protagonizaba sus propias obras. En la culminación de su carrera, fue designado
director artístico del Coliseo de Buenos Aires: bajo su dirección, el teatro porteño fue
muy prolífico. Como Morante no venía de una familia acomodada, era mestizo y, según
22

Este trabajo fue presentado como conferencia en las VI Jornadas Internacionales de Teoría,
Historia y Gestión de la Expectación Teatral, en julio de 2024.

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dicen, no muy agraciado, tuvo que esforzarse para pertenecer a la élite intelectual de la
ciudad. Aprendió inglés, italiano y francés y tradujo más de veinte obras en estos
idiomas, que logró llevar a escena. En este aprendizaje, supo que el neoclasicismo
imperaba y que escribir teatro significaba cumplir con ciertas reglas. En este sentido, la
alegoría estuvo muy presente en las obras de su puño y letra, por ejemplo, en El hijo del
Sud o El refugio de amor en Chile.
En la obra de Morante es importante destacar dos movimientos que se dieron
simultáneamente y que reflejan el pasaje entre dos archipoéticas: primero, su proceso
personal y dramatúrgico se fue moviendo de la forma al sentido, es decir que, si bien
nunca abandonó su objetivo pedagógico-político a la hora de hacer teatro, la alegoría
(con personajes como la Libertad, la Virtud o el Sud) fue dejando lugar al drama o a la
tragedia, en los que la voz de los personajes y sus emociones o sentimientos reflejaban
el amor por la patria; segundo, su poética de actuación fue poco a poco virando hacia
la naturalidad y el desparpajo, al punto que debió irse de Buenos Aires por un ex abrupto
con Trinidad Guevara en pleno escenario. Estos dos movimientos acompañan un pasaje
del Neoclasicismo al Romanticismo que se evidencia en la inclinación hacia la libertad
de expresión de emociones y sentimientos, así como a la reivindicación de la patria.
Jorge Myers (2005, 30-39) enumera las condiciones de posibilidad del Romanticismo
rioplatense: la autorrepresentación del artista; la revuelta en contra de la forma o el
deseo de subordinar la forma al fondo del asunto tratado; la aguda conciencia de la
experiencia inmediata y profunda de la historia; la nueva definición cultural de “nación”;
y la creencia en la capacidad profética de los poetas a la hora de inventar una literatura
nacional allí donde no existía.
Quien quisiera, entonces, seguir inmerso en el ámbito cultural y en particular en el
circuito teatral debía acomodarse y abrirse a expectar estos cambios. El espectador
ideal o implícito que se construye a lo largo de la obra de Morante es aquel que puede
adaptarse a los cambios y a las circunstancias. En este sentido, el dramaturgo desarrolla
la capacidad de circunscribirse al molde neoclásico cuando la ocasión así lo requiere
(por ejemplo, en el tercer aniversario de la Revolución de Mayo, cuando pone en escena
El hijo del Sud) y al mismo tiempo acostumbra a su público poco a poco a su poética de
actuación más natural y menos declamatoria, no sin ocasionar cierto escándalo en
algunas oportunidades.
Jorge Dubatti explica que el espectador implícito es el espectador modelo que se
desprende de las exigencias de cada poética teatral (2024, 9) y sostiene que:
Cada texto dramático y/o espectacular, cada poética de actuación, de vestuario, etc.,
diseñan su espectador “ideal” a partir del diseño inmanente de competencias, que desde
ya no necesariamente encontrarán su correlato en los espectadores reales o históricos.
Podemos preguntarle a un texto escénico por sus características poéticas desde los
diferentes ángulos de análisis de las metodologías (ángulos de la historia, sensorial,
referencial, lingüístico, semántico; ángulos de la palabra, el movimiento, el espacio, el
vestuario, los accesorios, etc.) y observar qué modelo de espectador reclaman
complementariamente (2023).

En el trabajo de análisis realizado para mi tesis doctoral (El teatro de Luis Ambrosio
Morante [1780-1837]: configuración de territorialidades en torno al proceso
independentista, 2022), decidí agrupar las obras halladas de Morante en cinco capítulos,
que responden a la forma en la que cada una construye territorialidades a partir de su
contenido y del acontecimiento que genera.
En esta construcción de territorialidades, la imbricación entre el dramaturgo, el texto
dramático, la representación y sus destinatarios es fundamental. El acontecimiento
construye territorialidad y el rol del espectador no solo es recibir el mensaje programático

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que el dramaturgo desea transmitir (explícita o implícitamente, según la obra), sino que
además debe involucrarse desde su sentir y por qué no desde su hacer voluntario para
que sea efectiva la territorialización que la obra pretende. Cada uno de estos grupos de
obras pide un espectador implícito con muchos elementos en común, pero también con
ciertas particularidades.
Desde la concepción del teatro como acontecimiento, decimos que el espectador es un
componente fundamental. Si no hay expectación, no hay teatro. Si no hay convivio, no
hay teatro. En este sentido, la construcción de las territorialidades que propone el siglo
XIX rioplatense involucra la reflexión acerca del espectador, que es quien observa la
representación, pero además quien vive los procesos históricos, sociales y políticos
(podemos pensar acá en lo que Dubatti llama “espectador histórico” [2024]) que
modifican y determinan lo que sucede en la escena. Es imposible dilucidar si la
coyuntura determina a la escena o la escena a la coyuntura. El arte y los procesos
políticos son inseparables en nuestro siglo XIX. En el caso de la obra de Morante,
podemos observar un ejemplo de acontecimiento que involucra vivamente a actores y
espectadores.
En La semana de mayo de 1810 de Vicente López (comp.) y Larran de Vere (glosas)
(1960, 40-48), se reproduce una carta de Buena Ventura Arzac a Mariano Orma en la
que se narran los sucesos ocurridos en el Coliseo de Buenos Aires el domingo 20 de
mayo de 1810: Morante, contra las órdenes recibidas, decide representar Roma
Salvada, encarnando el personaje de Cicerón. El cuerpo de patricios copó la sala para
dar por terminada la función, pero los actores no sólo siguieron en escena, sino que
luego de terminada la tragedia, salieron del teatro llevando a Cicerón (Morante) en
andas y festejando los revolucionarios parlamentos que acababan de sucederse.
En el primer grupo de obras que analicé en mi tesis doctoral, me refiero a aquellas piezas
que tienen como eje el conflicto de la otredad, aquellas que problematizan la conquista
y la colonización. Se trata de Idamia o la reunión inesperada (1808) y Tupac-Amaru
(1821). El primer caso es una traducción de una comedia napolitana de Francesco
Cerlone, que Morante decide transformar en un extenso drama. Se trata de una de las
traducciones más tempranas del dramaturgo y se enfoca en dejar en claro que la cultura
y la educación europeas deben ser valoradas por encima de cualquier virtud que un
nativo americano pueda tener. En este texto reina el prejuicio disfrazado de buena
intención cuando se demuestra que Indatiro, el joven cacique de una tribu local, es
bondadoso, sensato y amable, pero aun así la mejor vida para su amada está en Europa.
En el segundo caso, el personaje de Tupac-Amaru es reivindicado por Morante como
revolucionario, pero además como intelectual que, aunque defiende a los suyos,
también se diferencia de ellos por su cultura y su formación privilegiada. ¿Qué
espectador se construye entonces a partir de estas obras?
Queda claro que el ciudadano porteño asume sin cuestionar la validez y el poder de la
letra escrita frente a la oralidad: el poderoso lee, escribe, estudia, así lo plantea la
sociedad iluminista. Es entonces esta idea la que debe compartir el espectador de estas
obras, un espectador de la ciudad. Desde las didascalias, el paisaje natural es un lugar
que hay que dejar, del que hay que irse, se debe salir de allí lo más rápido posible. De
la misma forma, un ámbito urbano y europeo será siempre la mejor opción para una
joven hermosa, que merece un marido leído. No compartir este “prejuicio” podía costarle
socialmente muy caro a cualquier artista o espectador. Porque ¿a qué va la gente al
teatro en el siglo XIX colonial? A mirar y ser mirada, a saber de otros, a incluirse en la
sociedad. Para eso, debe compartir el punto de vista y aceptar el mensaje que se le
impone en la escena.

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El segundo grupo de obras que trabajo responde a la omnipresencia de la causa
patriótica y creo que es el conjunto más rico en cuanto a la conformación de
territorialidades y por consiguiente de un espectador implícito. Las obras que trato aquí
son El hijo del Sud, Defensa y triunfo del Tucumán por el General Manuel Belgrano,
Hamlet, príncipe de Dinamarca, El refugio de Amor en Chile y Tediato y Lorenzo. Quien
acudiera a ver estas representaciones debía estar a favor de la causa independentista.
Ninguno de estos textos admite lugar para quien no quisiera un territorio independiente
de España. Las dos primeras de estas obras son de autoría de Morante, al igual que la
loa El refugio de amor en Chile y proponen un ideario sin tapujos. En El hijo del Sud, los
personajes alegóricos convocan a la celebración de la libertad en una obra
perfectamente neoclásica. Esta obra propone un espectador implícito familiarizado con
las reglas de las tres unidades y con un tipo de puesta en escena simbólica, musical y
acartonada. Por eso, podemos imaginar un teatro colmado de representantes de las
clases acomodadas o de la nobleza, que acuden al acto formal de conmemoración de
una efeméride. Se asemeja más al espectador de un acto escolar que a un espectador
que desea disfrutar de una buena representación.
De hecho, Berenguer Carisomo (1947, 111-127) manifiesta abiertamente su desagrado
frente a todos aquellos dramas que emulan las formas neoclásicas. El teatro de la
revolución, dice, necesita despegarse de lo español y, para esto, encuentra el teatro
jacobino francés como ejemplo de los ideales de libertad y revolución contra la tiranía.
Se indigna porque los intelectuales porteños no logran encontrar una forma propia. La
emulación de retóricas ajenas, sostiene, no produce ningún resultado artísticamente
feliz en nuestro territorio. Por otro lado, observa que la Sociedad de Buen Gusto de
Teatro “se equivoca” cuando propone un teatro anti-español porque instala una censura
y ninguna censura genera productividad en las formas artísticas. “La censura española,
caída en 1813 [año de estreno de El hijo del Sud] con la Asamblea famosa, se convierte,
a poco andar, en una censura inversa: el teatro ‘debe’ ajustarse al canon revolucionario”
(Berenguer Carisomo, 1947, 159). Por eso, esta censura inversa implica que el
espectador asistente al Coliseo porteño comulgue con el canon revolucionario.
El caso de Defensa y triunfo del Tucumán por el General Manuel Belgrano es diferente:
nos muestra un texto propio de un dramaturgo más avezado al oficio de la tabla y
conectado con las expresiones artísticas locales. Aunque no deja de lado el tema de la
independencia, dado que se trata de interacciones de Belgrano con sus soldados del
Ejército del Norte, nos muestra aquí su habilidad para la creación de los personajes
cómicos que representan tipos sociales conocidos y aceptados por la comunidad. Es la
primera muestra incipiente de teatro popular gauchesco en Buenos Aires porque pone
en escena un grupo de gauchos conversando en una pulpería y peleándose por el amor
de una muchacha. Morante intenta aquí no solo reproducir el ambiente rural, sino
también remedar una forma de hablar propia del campo.
El espectador implícito entonces requerirá el conocimiento necesario para identificar el
habla rural frente al habla urbana y la tolerancia para aceptar que se coloque a los
personajes del campo en el lugar de cómicos. Podemos pensar que esto último no sería
difícil, teniendo en cuenta que el teatro español o europeo de los siglos XVI o XVII ponía
en los sirvientes el rol de cómicos o graciosos de una obra. En este caso, además, por
la prevalencia del sentido frente a la forma, toma prioridad la necesidad de diferenciar a
Manuel Belgrano, serio, responsable y líder, de un grupo de gauchos que solo saben
apostar, beber y cumplir órdenes.
Si bien hay disidencias respecto de la fecha de estreno de esta obra (Groussac sostiene
que está inconclusa y por eso infiere que no se estrenó, mientras que Bosch y Binayán
sostienen que se estrenó en 1821 y se repitió en 1833), es seguro que para la fecha en
que surgió, Morante ya tenía a sus espectadores acostumbrados a la comedia burguesa

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y a la proliferación de traducciones del italiano y del francés que colocaban al Coliseo a
la altura de un teatro europeo. Es interesante entonces pensar que el estreno de
Defensa y triunfo… plantea la ruptura de un patrón de espectador implícito porque
propone un estilo y una temática locales que no eran habituales hasta entonces. Ese
espectador implícito es aquel que logra adecuarse a la localización (y lugarización) de
la poética dramatúrgica y por qué no identificarse con una idea de individuo local que
lucha por su patria pero que no por eso se mantiene en el ámbito de lo formal y lo
solemne. Más allá del espectador implícito como aquel “ideal” que responde a las
matrices presentes en el texto dramático o en el acontecimiento, me aventuro a sostener
que Morante fue quien creó un público que pudiera despegarse de lo europeo, tanto en
su temática como en su forma.
En Defensa y triunfo del Tucumán se ve claramente la conciencia histórica porque se le
da un lugar de privilegio a la narración de las batallas en las que participó Belgrano. El
deseo de Morante de reafirmar cierto fervor patrio y cierta identidad nacional fue tan
fuerte e implacable que logró crear un teatro propiamente rioplatense y quizá
propiamente argentino dándole anclaje local a todo aquello que puso sobre la escena.
Si bien no es posible denominarlo “dramaturgo romántico”, se ubica en la bisagra entre
el neoclasicismo y el romanticismo, habiendo formado parte de las rupturas del primero
y de los esbozos más incipientes del segundo.
Dentro del grupo de obras que responden a la causa patriótica y que se cuentan como
adaptaciones y traducciones, contamos con Hamlet, príncipe de Dinamarca y Tediato y
Lorenzo, ambas obras muestran la voluntad de Morante de acercar el teatro europeo al
público rioplatense y de transformar ese teatro en propaganda política, cueste lo que
cueste. Entonces, tal como expliqué anteriormente, Morante es un puente entre el
acceso a la cultura legitimada del viejo continente y la explosión y expansión de un teatro
nuevo al servicio de la revolución y la independencia. Entre estas dos patas se ubica
también su espectador ideal o implícito: alguien que pueda conmoverse con las
desgracias de Hamlet, pero sin dejar de lado el objetivo central de reivindicar la
independencia.
Morante reconoce a Shakespeare como creador original de la tragedia de Hamlet, según
lo explica en su prólogo, en el que narra la historia danesa y aclara qué detalles quitará
o agregará con el fin de que su pieza no solo sea verosímil y ajustada a los cánones
neoclásicos, sino que además sea lo más teatral posible. Explica también las razones
por las que preferirá traducir la versión de Jean Francois Ducis y no la original. En su
recorrido como figura de la cultura sudamericana, Morante se ocupa de cumplir con los
mandatos literarios de la élite local, que implican el manejo de las traducciones y de los
textos documentados y legitimados. Sin embargo, siempre aparece, voluntaria o
involuntariamente, su cariz de hombre de teatro que lo lleva a pensar las acciones y los
parlamentos desde el cuerpo y la escena. Porque antes que dramaturgo o director
artístico o traductor, es actor. En este sentido, el espectador implícito de Morante es
aquel que está entrenado en la experiencia del acontecimiento y que no se queda con
el texto o con la literalidad de lo que se dice.
Al igual que en Idamia o la reunión inesperada, Hamlet plantea la problemática del ser:
¿quiénes somos? ¿cuál es nuestro propósito? En la obra de 1808 está claro que es
mejor ser letrado, europeo y blanco, porque el otro es el indio, el nativo, el salvaje. En
Hamlet, en cambio, si bien las reminiscencias renacentistas nos acercan a esa pregunta,
se pretende contar una historia verosímil en la que el sentido de la existencia humana
sea pura y exclusivamente político. Quizá el espectador implícito de este Hamlet
decimonónico deba ser ingenuo y poco avezado en la cultura del Renacimiento para
poder tolerar el anacronismo que Hamlet profiere al final de la obra:

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¡De los míos privado, para siempre, mis desgracias han llegado a su colmo! Mas me
queda mi virtud: mas me queda mi constancia: reservado a sufrir, sabré en silencio
soportar una vida tan amarga: y hago más que morir, porque la vida no es del hombre,
que es solo de la Patria (Morante, 1821, f56r).

Hauser explica perfectamente cómo funciona el parlamento final de Hamlet en la versión
de Morante: el neoclasicismo de la Revolución Francesa transforma el arte en programa
político. De esta manera, crea no solamente la norma para que el mensaje llegue al
espectador de una forma pedagógicamente efectiva sino que además da lugar a la
libertad y a la flexibilidad del pensamiento político, movimiento que dará paso por
contigüidad y a la vez por antítesis, al Romanticismo:
El siglo XVIII usa todavía del arte para la consecución de sus fines prácticos de manera
tan carente de escrúpulos como lo habían hecho los siglos precedentes; pero hasta la
Revolución [francesa] apenas si los artistas se habían dado cuenta de esta práctica y
mucho menos habían pensado convertirla en un programa. Con la Revolución el arte se
convierte ya en una confesión de fe política, y entonces por vez primera se encarece de
manera bien expresiva que el arte no debe ser un “mero adorno en la estructura social”
sino “una parte de sus fundamentos” (Hauser, 1998,160-1)

En este caso, es oportuno decir que su versión de la tragedia shakespeareana es un
pasaje al Neoclasicismo. Ya no hay una pregunta sobre lo humano como sí permite y
plantea la cosmovisión isabelina, ya no está en el eje de la percepción la novedad del
nuevo mundo, sino que esa situación se traslada a la construcción de las nuevas
naciones. En ese contexto, explica Hauser (1998, 156), el culto a lo clásico y a sus
formas y estructuras va de la mano de la mirada rousseauniana del “buen salvaje”,
según la cual aquellos tiempos pasados representaron la plenitud de la humanidad
entera. Entonces, se ve en esta versión de la tragedia aquella necesidad iluminista de
poner un marco político a la acción dramática, sin dejar de lado aquello que encanta al
público y que hace universal la materia de la que se trata: el efecto se busca en la
combinación entre el programa político explícito y la turbación del alma que, aún
devastada por el dolor de la muerte y el desamor, se sostiene por aquella misma causa.
La sola mención de la palabra “patria” dispara una multiplicidad de significados
estrechamente vinculados al momento histórico que se ha vivido recientemente y
delimita un espectador implícito directamente afectado por esa evocación. Aunque nada
de esto se adelanta en el resto de la obra y nada hace pensar al espectador que Hamlet
tuviera alguna devoción por la patria, es imposible desafectivizar el significante. Explica
Hauser:
El verdadero designio del programa artístico de la Revolución no era extender la
participación del disfrute del arte a las clases excluidas del privilegio de la cultura, sino
modificar la sociedad, hacer más hondo el sentimiento de comunidad y despertar la
conciencia de las conquistas revolucionarias (1998,161)

Por eso, el espectador pretendido en este grupo de obras es aquel que se siente
involucrado en la causa patriótica, que se proclama anti español, que aunque en la
década de 1820 no quede del todo claro cómo está compuesto el mapa, sostiene el
sentimiento y lo defiende de todas maneras.
Por otro lado, Tediato y Lorenzo es una adaptación de Las noches lúgubres de José
Cadalso, cuya característica principal es el pasaje de un texto literario a un texto
dramático y cuyo argumento se inspira en la vida personal del autor, quien perdió a su
amada y, a causa de su profundo dolor, desea desenterrarla, llevarla a su casa y prender
fuego la propiedad con ambos dentro. Morante le da un giro al final de la pieza en el que

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Tediato abandona su idea suicida para sumarse a la lucha por la patria a pedido de su
padre: “¡Hijo querido! La tiranía y el poder se alampan por sofocar la libertad naciente
del orbe americano… Yo te dejo otro padre en nuestro juez y amigo: conozco su opinión
y su entusiasmo sobre nuestros derechos… ten presente… Tu honor, tu vida y todo es
de tu patria.” (Morante 1824, 79). Por más dolor que se haya sufrido, por más desgracia
que exista en la vida humana, la patria será causa suficiente para seguir en este plano,
la patria necesita al ciudadano vivo. Ningún espectador de la década de 1820 en Buenos
Aires cuestionará esta afirmación.
Tediato y Lorenzo es un ejemplo perfecto de la bisagra entre la manifestación del
Neoclasicismo y la del Romanticismo, porque busca la libertad y sostiene la forma, pero
valora el terruño. Sin el giro local que da Morante a la obra de Cadalso, esta deja de
tener sentido y si deja de tener sentido es porque la mirada cultural del Río de la Plata
en 1824 se apoyaba sobre un pensamiento a la vez neoclásico y romántico, de
búsqueda de libertad, pero de anclaje en el territorio. El espectador implícito que plantea
esta pieza será totalmente diferente al del original de Cadalso, porque requerirá el
sentimiento patriótico sudamericano como principal condición.
La última pieza de este grupo es una loa: El refugio de amor en Chile. Se trata de la loa
que precedió a la representación de Hamlet en Santiago de Chile en 1824. Así como
siempre sucedió en el Río de la Plata, en este caso Morante también decide acercar la
obra a su público y para eso ubica un diálogo entre dioses del Olimpo en la orilla del río
Mapocho. El público una vez más debía estar avezado en cuestiones simbólicas y
alegóricas propias del neoclasicismo para poder comprender por qué los dioses
olímpicos se encontrarían en Santiago de Chile y para que esto mismo no pareciera
descabellado. Hay algo de lo forzado en la alegoría neoclásica que requiere de un
espectador implícito muy voluntarioso. Si la verosimilitud necesaria no permitía
fantasmas o elementos sobrenaturales, sí necesitaba de la decisión determinada de
aceptar el símbolo en un contexto inverosímil.
En este sentido trabajan a la par el neoclasicismo y el romanticismo: lo personal y lo
público, la causa patriótica y el duelo amoroso. La libertad del artista desplegada gracias
a la libertad revolucionaria da espacio al drama personal, que solo permite al
protagonista sobreponerse si se conecta con un objetivo mayor, la lucha por la
independencia. Para acompañar este proceso, el espectador implícito requiere
empatizar con lo particular del duelo y al mismo tiempo entender que la lucha colectiva
es la herramienta adecuada que le da sentido a la existencia.
El tercer grupo de obras al me avoqué es de autoría de Morante y pone en primer plano
escenas cotidianas tratadas desde un código humorístico. Es posible afirmar aquí que
el espectador implícito ideal será aquel que acude al teatro para verse a sí mismo. Se
trata de piezas cuyos conflictos interpelan directamente al espectador de su época: cada
asistente al teatro está viviendo la misma situación que fue a expectar. Esto implica que
reconozca el código del distanciamiento y pueda reírse de aquello que ve y reconoce
como cotidiano.
La innovación que encuentra Teodoro Klein (1994), el primero en mencionar Al que le
venga el sayo que se lo ponga, es la introducción del hombre urbano, el hombre común
de la ciudad y del estilo coloquial de personajes de distintas nacionalidades que hablan
español con todas sus particularidades y sus acentos. Esto no sólo va en consonancia
con el incipiente crecimiento de la aldea porteña, sino también con la conformación de
una clase trabajadora a partir de la actividad comercial, del mestizaje, los mulatos, los
libertos y los esclavos. Definitivamente, cuando leemos el sainete de Morante lo
reconocemos más cercano a Babilonia de Discépolo que a El amor de la estanciera.

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En segundo lugar, La ánima en pena, si bien no es un sainete, plantea un tipo de humor
similar, con personajes urbanos y populares, que se asimilan a los del sainete y que
crean una atmósfera propia de la época, similar a aquella que se verá representada
posteriormente en el género. El espectador de estas obras es fundamentalmente un
espectador urbano, quien reconoce en la escena los tipos sociales de todos sus días.
Al que le venga el sayo que se lo ponga se trata de un día en la vida de Alexandro y
Anastasia, una pareja porteña que sufre la escasez causada por el bloqueo portugués
al puerto de Buenos Aires. En una casa despojada de muebles que han sido vendidos
para subsistir, Alexandro recibe al panadero, a la lavandera, al médico y a quienes
prestan servicios para posponerles sus pagos. En todos los parlamentos se observan
referencias a la falta de productos y al aumento de los precios. La obra concluye con
todos los personajes en escena y con Alexandro dándoles a cada uno un hijo de los
siete que tiene como forma de pago. La exageración de este final causa el efecto
cómico, mientras que la progresión de la obra remite directamente a un conflicto
cotidiano para todos los presentes en el teatro. El espectador implícito de este grupo de
obras está necesariamente familiarizado con las situaciones de hambre y de guerra, sea
porque las sufre o porque ve a otros sufrirlas.
En La ánima en pena, la mención de la muerte y el regreso del Coronel de la batalla de
Sipe Sipe y el hecho de que la quinta se encuentre cerca de Buenos Aires constituyen
un elemento fundamental para situar la acción. En 1819 hacía ya tres años que se había
declarado la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata y el año anterior
se celebraba la victoria de Maipú, pero todavía era imperioso sofocar los avances
realistas en el norte del país. Estos hechos se muestran en la dramaturgia de Morante,
aunque el tema patriótico ya no constituya el eje central. Si Al que le venga el sayo que
se lo ponga convoca porque el espectador puede reírse de su situación, en La ánima en
pena esta risa es provocada por el miedo irracional de los personajes. Se trata entonces
de un espectador implícito que asume que las historias de fantasmas son fábulas y que
están lejos de cualquier verosimilitud. La época no es tolerante con los universos
mágicos o alternos.
El cuarto grupo de textos dramáticos que abordo corresponde a la comedia burguesa,
la comedia de costumbres. El neoclasicismo, según Berenguer Carisomo (1947, 79)
encontró en la tragedia “su vehículo más adecuado” porque ya venía regulada desde la
Antigüedad y resolvía en muy poco espacio los conflictos entre las pasiones y el deber.
Sin embargo, como ya he citado anteriormente, la comedia fue el vehículo de las ideas
revolucionarias y románticas.
Es importante resaltar que El Zeloso, El ciego con vista, Amor es un gran maestro, El
nuevo Tartufo y La familia del anticuario conforman un conjunto de comedias que coloca
al teatro de Morante en la línea de Goldoni y de Molière. Si bien son textos con algunos
años de antigüedad y las traducciones corresponden a un período en el que Europa se
adentraba ya en el Romanticismo, Buenos Aires descubre el humor de la comedia
intimista. Las situaciones cotidianas son traídas a la escena para mostrar por un lado la
decadencia de las clases nobles y, por el otro, su carácter humano: la ridiculización, las
intrigas domésticas y los vaivenes de una casa ponen a las clases sociales elevadas al
mismo nivel que el resto de la humanidad. A través de la risa es que se empieza a
generar cierta conciencia de que ahora todos son parte de la misma comunidad.
Ninguna de las comedias que menciono muestra un anclaje territorial americano claro,
sino que aportan la posibilidad de la risa, del distanciamiento como forma de tomar una
perspectiva humana. Esta perspectiva era funcional a la ideología de la Revolución
Francesa justamente porque respondía al criterio de igualdad.

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No es casual, entonces, que obras propias del siglo anterior se representaran ahora
tanto en Francia como en España. A esta perspectiva se le añade el gusto por las
unidades de acción, tiempo y lugar que proponía el neoclasicismo imperante, un gusto
que respondía a la voluntad de verosimilitud de parte de los hacedores del teatro. Si
bien Morante fue un neoclásico por excelencia (y me remito al análisis de El refugio de
amor en Chile como la obra emblemática de esa archipoética), el neoclasicismo fue para
el Río de la Plata el puntapié ideal para el advenimiento del Romanticismo, que hará
estallar la literatura nacional.
En este sentido, podemos pensar un espectador implícito de estas comedias educado
para expectar teatro italiano y francés, pero no español. Este espectador considerará la
cultura francesa, republicana y liberal como una guía y podrá reírse de la nobleza en
decadencia. Es un espectador que además reconocerá que el ser humano no tiene la
vida resuelta aunque sea rico, noble y poderoso, porque esas bondades no son eternas,
sino que la humanidad entera es frágil y vulnerable.
En este apartado considero cinco comedias ágiles y con mucho humor que Morante
decide traducir casi literalmente. Es interesante ver que las traducciones no solamente
están pensadas para la escena, sino como espacios textuales, ya que incluyen noticias
sobre los autores, referencias o notas al pie, que constituyen un manuscrito destinado
a la lectura y no solo como herramienta para la escena. Si la teatralidad es la posibilidad
de organizar la mirada del otro, aquí el cuidado en la construcción del objeto textual
busca también el desarrollo de ciertas competencias de parte del receptor. En la
dedicación que Morante deposita en su objeto, queda en evidencia que pretende que
su receptor no solamente disfrute de su representación sino que además pueda conocer
quién es el autor de la obra, a qué genealogía artística pertenece y qué importancia
tiene cada texto para la historia artística mundial. Este movimiento no es menor: Morante
ubica al teatro de Buenos Aires a la altura de los teatros de París o de Roma, un lugar
que nuestras tablas no perderán nunca más.
Finalmente, me detengo en una tragedia neoclásica que Morante traduce con cuidado
y detalle: Los caballeros templarios de Raynouard. La traducción de esta obra, que
incluye un anexo con documentos referentes al período histórico tratado y que Morante
también traduce, se realizó con sumo cuidado y dedicación, pero a pesar de que el
traductor cambia el verso por la prosa, el texto no se vuelve accesible para la
representación. De hecho, no se tiene noticia clara de que esta tragedia se haya puesto
en escena en Buenos Aires. El espectador implícito de una pieza de estas
características debería ser un receptor interesado en asuntos religiosos y en la
estructura trágica. Debería soportar, además, una extensa representación y cumplir con
la capacidad de atender a un texto complejo y bastante hermético. Creo inverosímil la
posibilidad de que se haya puesto en escena esta pieza traducida en 1819 porque en
ese año proliferaron las comedias en el teatro porteño, que acostumbraban a su público
a otros movimientos y a otros intereses.
A modo de cierre de este apartado, creo importante poner en relevancia que las obras
de Luis Ambrosio Morante estudiadas hasta ahora configuran un espectador implícito al
mismo tiempo que un lector implícito. Que Morante fue dramaturgo y actor, pero también
traductor. Es fundamental además tener en claro que este espectador implícito
decimonónico y rioplatense está involucrado con un sentimiento patriótico que atraviesa
su existencia y es un vector de la conformación de territorialidades en Buenos Aires. De
la misma forma, la idea de otredad opera en todas las piezas pasando por le exclusión
del indio y el gaucho, para llegar al español, figura otra por excelencia en esta
dramaturgia neoclásica. Por último, resalto un espectador implícito que conoce el teatro
europeo, lo entiende y lo disfruta, al tiempo que logra salvar anacronismos y distancias
referenciales con el fin de sostener la lucha por su patria.

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La comedia francesa en las traducciones de Luis Ambrosio Morante: una
cartografía particular.23
En el contexto del estudio de la obra completa de Luis Ambrosio Morante, me detengo
en este trabajo en las traducciones de la comedia francesa del siglo XVIII. En el proceso
de traducción, Morante realiza modificaciones que implican un cambio importante del
lugar de enunciación de los textos dramáticos. Propongo entonces observar el mapa del
recorrido que estos textos hicieron hasta llegar al Río de la Plata, así como aquel que
marcan en el territorio sudamericano y cómo esto determina la conformación de
territorialidades culturales a partir del acontecimiento teatral.
Estar perdido o perdida a veces implica no encontrar el camino o no tener un lugar de
pertenencia. Los mapas se vuelven indispensables para definir nuestra dirección y para
nuestra concepción simbólica del espacio en el que nos paramos. ¿Qué pasa cuando
no está claro el mapa del suelo que se habita? ¿Qué pasa cuando no podemos nombrar
nuestro lugar de origen con claridad?
La dramaturgia de Luis Ambrosio Morante se ancla en un suelo convulsionado, se erige
sobre columnas endebles, que algunas veces sostienen con firmeza desde el valor de
lo simbólico, pero otras veces se quiebran y llevan a mirar hacia afuera. La identidad
porteña de principios del siglo XIX todavía se hallaba en conformación, entre ser y no
ser España, entre ser y no ser libres. La definición por la negativa era mucho más certera
que la posibilidad de afirmar una identidad nacional.
En esta ocasión, me voy a detener en las traducciones de la comedia francesa que
Morante realizó entre los años 1817 y 1821. No es casual que en este período de
reciente independencia y gran desorden institucional, Morante prácticamente no
publique ninguna obra propia, pero sí traduzca y ponga en escena una numerosa serie
de comedias francesas. De acuerdo con los manuscritos que todavía se conservan entre
Buenos Aires y Santiago de Chile, antes de 1817 y después de 1821 Morante saca a la
luz un promedio de una obra propia cada dos traducciones o adaptaciones. Quizá el
ejercicio de la escritura en español generaba en los letrados iluministas ciertas
contradicciones, que se resolvían accediendo a textos franceses.
¿Será que la independencia obliga a sostener un anti-hispanismo aún más fuerte que el
que ya se venía imponiendo? ¿Será que una vez cumplida la causa por la que escribía
y actuaba, entonces Morante decidió sentarse a traducir un teatro que hasta entonces
no le había servido como arma de batalla, pero que reconoce como ejemplo y faro? No
sabemos.
La entrada de la comedia francesa en España determinó sin dudas el repertorio que
subió a escena tanto en la península como en las colonias. A mediados del siglo XVII,
Carlos III, en un afán moralizador, prohíbe las representaciones teatrales religiosas. La
razón de esta decisión es que la puesta en escena de lo sobrenatural, los errores en el
relato bíblico y los entremeses o entreactos distaban cada vez más de su cometido
pedagógico. Es así que dispone que el teatro sea escuela de las costumbres. Esta
modificación había sucedido ya en Francia, donde seguía en auge la comedia de

23

Este trabajo fue presentado como conferencia en las XXX Jornadas Nacionales e
Internacionales de Teatro Comparado, en noviembre de 2024.

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caracteres y Molière comenzaba a despuntar con su renovación del teatro en varios
subgéneros.
Las diferencias entre legisladores y eclesiásticos surgieron de que una parte de estos,
llevados por un exceso de celo y continuando una tradición secular, no se conformaban
con una reforma del teatro, sino que pretendieron –y a veces lo lograron- su total
supresión. Los enfrentamientos crecieron en el reinado de Carlos III porque fue cuando
realmente se planteó un programa reformista profundo que hacía colisionar los intereses
del Estado legalista con la Iglesia, que no se resignaba a perder sus privilegios de control
ideológico. Lo que se propusieron Campomanes y Aranda iba mucho más lejos que las
tibias reformas anteriores. Se trataba de imponer definitivamente la jurisdicción civil sin
olvidar, antes bien potenciándola, la utilidad educativa del teatro (Rubio Jiménez, 1994,
177).
El Conde de Aranda, presidente del Consejo de Castilla entre 1766 y 1773 y secretario
de Estado en 1792, implementó una reforma reguladora que incluía al teatro y a los bailes
de máscaras: todo se desarrollaría bajo el control del Estado. Reunió las compañías de
los dos teatros que funcionaban entonces en Madrid y creó escuelas de declamación
que enseñaran a los actores el modo decoroso de la actuación. En este sentido, la
escuela de Sevilla tuvo una gran importancia porque fue también un centro de traducción
del teatro francés que se quería reproducir en España (Rubio Jiménez, 1994).
…es interesante constatar que, a raíz de la reforma -o del inicio de reforma promovida
por el conde de Aranda con la creación del teatro de los Reales Sitios, se encargó la
traducción de varias piezas francesas que iban a constituir la parte más importante del
nuevo repertorio. Algo más de la mitad de esas piezas son comedias, con títulos como:
Le malade imaginaire (1673) de Molière, Le joueur (1696) de Regnard, Le philosophe
marié (1727) de Destouches, L'école des mères (1732) de Marivaux, Le glorieux (1732)
de Destouches, La pupille (1734) de Fagan, Le dissipateur (1736) de Destouches, Le
méchant (1747) de Gresset, Le marchand de Smyrne (1770) de Chamfort.
Si nos fijamos en la cronología, observaremos que solo una de las comedias
seleccionadas, la de Molière, pertenece al período clásico: curiosamente, fue la última
de sus producciones. En el otro extremo de la lista, podemos advertir igualmente que
solo una es estrictamente contemporánea, Le marchand de Smyrne. El resto pertenece
casi enteramente a una línea molieresca, la comedia de carácter, tenida en el XVIII de
leve crítica social y con alguna dosis de moralidad: es notable, por otra parte, la presencia
en este grupo de hasta tres piezas de Destouches. Es interesante notar también que la
única obra de Marivaux no es precisamente de las más características de este
dramaturgo, sino que enlaza con el resto de las seleccionadas por su carácter educativo
y moralizador.
En cuanto a la cronología, uno puede preguntarse por qué recurrir a obras con más de
treinta o cuarenta años de existencia (dejando aparte a Molière por su figura de maestro
y modelo). Tal vez porque algunas de ellas (sobre todo las de Destouches) seguían
permaneciendo en cartel en Paris: Le philosophe marié fue el mayor éxito del teatro
francés de la primera mitad del siglo (Lafarga, 1997, 88).

Es posible que el motivo por el cual fueron seleccionadas piezas con cierta antigüedad
para el momento sea el mismo por el cual más de medio siglo después Morante las
eligiera para ponerlas en escena en Buenos Aires: la disposición de Aranda fomentó la
circulación de estos textos en España y seguramente su popularidad y accesibilidad fue
extensiva a los territorios de ultramar. La existencia de estas traducciones españolas
explica también probablemente la ausencia de enmiendas en el manuscrito de El ciego
con vista, dado que bien puede tratarse de una copia realizada a partir de alguna
traducción española existente en Buenos Aires.

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Entre los dramas neoclásicos y algunos sainetes, prolifera en las elecciones de Morante
la comedia de costumbres o comedia burguesa francesa, que acompaña a las pasiones
humanas propias del Romanticismo incipiente de la época, pero sin involucrarse en la
causa independentista. En el siguiente cuadro podemos apreciar su dramaturgia
completa, con los datos de origen de los textos fuente en el caso de adaptaciones y
traducciones y las fechas de representación en todos los casos en los que se conoce
dicha información.
Originales
El

hijo

Adaptaciones

del

Sud

(1813)
La ánima en pena
(1819)
Clarisa
(1819/ 1823)

y

Tupac

Bepsi
Amaru

(1821)

Traducciones

Idamia o la reunión
Las tres sultanas
inesperada (Italia, 1808)
de Solimán (Francia, 1817)
Tediato y Lorenzo
(España, 1824)

El comerciante de
Esmirna (Francia, 1817)

El
(Francia)

Los zapatos
seda (Francia, 1817)

Telémaco

Napoleón
(Francia)

Defensa y triunfo
Marica
la
del Tucumán (1821)
puchero (España)

de

I

El
galán
de
aventuras (Italia, 1817)

del

Las amazonas de
Lemnos (Italia, 1817)

El matrimonio en
El
señorito
Los
pescadores
concurso (1822)
enamorado (España)
(Francia, 1818)
El más plausible
Donde las dan las
El celoso (Francia,
homenaje (1823)
toman (España)
1819)
El refugio de Amor
en Chile (1824)
Los

Los
caballeros
templarios (Francia, 1819)

araucanos

El ciego con vista
(Francia, 1820)

Al que le venga el
sayo que se lo ponga
(1827)

El nuevo Tartufo
(Francia, 1820)

(1826)

El sueño
Adulación
fingimiento

El
galán
de
aventuras (Francia, 1820)
y

El
visir
y
el
zapatero de Damasco
(Francia, 1820)
La madre y la hija
(Francia, 1820)
Hamlet, príncipe de
Dinamarca (Francia, 1821)
Amor es un gran
maestro (Francia, 1821)

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El cómico Juan
Bautista
Poquelin de
Molière (Italia)
Cardillac (Francia)
Ericia
(Francia)

vestal

Me interesa consignar este listado de obras con el fin de poner en evidencia la
supremacía de la traducción del francés frente a la composición original o la adaptación
de textos españoles o italianos. ¿Qué mapa tenemos que pensar entonces? ¿Un mapa
de cómo el teatro francés llega a Buenos Aires a partir de las disposiciones del Conde
de Aranda? ¿Un mapa del teatro pedagógico en Occidente? ¿Un mapa de traductores
o traducciones? Probablemente todos son pertinentes para determinar la importancia
de la dramaturgia elegida en Buenos Aires y su evolución.

¿Por qué una cartografía?
La cartografía es una representación visual del espacio que incluye relaciones de poder,
todo mapa se traza desde un lugar, con determinadas condiciones, es un lugar de
enunciación. Entonces, si bien Morante elige traducir obras francesas e italianas y
adaptar algunas españolas o sencillamente ponerlas en escena, esta “reescritura”, esta
vuelta a enunciar implica un punto de vista americano. ¿La inestabilidad política y la
caída de España hicieron que se buscara la referencia cultural en el resto de Europa?
¿Es el anti-hispanismo el que genera esta exploración? ¿Si las disposiciones de la
dirigencia española respecto de la escena son anteriores, por qué las traducciones de
Morante abarcan casi exclusivamente el período 1817-1821?
Jean-Marc Besse, en “Cartographie et pensée visuelle. Réflexions sur la schématisation
graphique” (en Laboulais, Isabelle, éditeur. Les usages des cartes (xviie-xixe siècle).
Presses universitaires de Strasbourg, 2008), sostiene:
Tradicionalmente, la epistemología que sostiene el uso de la noción de exactitud
cartográfica es una epistemología de la representación o de la reproducción: es la idea
del mapa como espejo de la realidad territorial. Si nos ubicamos en esta perspectiva
epistemológica, entonces debemos aceptar que todo mapa es inexacto y que no es
posible reproducir cartográficamente el territorio.
El mapa puede ser exacto, desde un punto de vista pragmático, si permite el desarrollo
de un cuestionamiento, es decir, si “responde” al cuadro problemático en el cual fue
puesto en marcha. Dicho de otro modo, el mapa se inserta en una red o una serie de
operaciones orientadas hacia el territorio, es decir, en un proyecto, y es en el marco de
ese proyecto territorial (cualquiera sea) que adquiere él mismo su operatividad.
[Traducción propia]

En este sentido, queda claro que solo podríamos pensar una cartografía del teatro de
Morante en tanto operación territorial: volver a enunciar cada pieza es resignificarla,
traducir (o incluso poner en escena una obra traducida en Sevilla) también. De este
modo, el mapa se vuelve pragmático.
El territorio se define como una unidad espacial habitada y vivida por una colectividad
que se percibe como tal, que acciona sobre el espacio y se relaciona a través de un
marco institucional o estatal que garantiza la igualdad de ciertos derechos. Esa

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colectividad genera formas de producción, consumo, intercambio y organización, que
implican indefectiblemente relaciones de poder. En este entorno se genera la
apropiación de esa porción de espacio a través de un sentido de identificación con el
suelo y con los demás sujetos. Estas variables en movimiento a lo largo del tiempo son
acompañadas por un deseo, la pulsión y el estímulo que las hace nacer, las mueve, las
rompe y las vuelve a construir.
Entonces, ¿qué significa la búsqueda de una cartografía teatral de la dramaturgia de
Morante? El objetivo será ponerlo en un lugar de preminencia respecto del contexto
teatral local del momento en tanto productor esencial de territorialidades en una
coyuntura en la que el territorio es un asunto vital. Será ponerlo como puente entre la
cultura escénica europea y la sudamericana. Quizá también como encarnación de este
teatro, ya que todo esto aparece en su actuación. La construcción de una cartografía
significa no solamente ordenar a los ojos de los estudiosos todo aquello que se
encuentra disperso en los archivos, sino también construir territorio en la actualidad:
implantar un radicante en la Historia del teatro rioplatense del siglo XIX.
Hay dos formas de pensar el mapa de la dramaturgia de Morante: en primer lugar, como
aquel que sirve de guía en el camino pequeño de las costumbres cotidianas. Desde la
voluntad pedagógica, central para las artes escénicas en el Buenos Aires decimonónico,
la enseñanza de aquellos pequeños pasos que son necesarios para construirse como
sujeto social aceptado y aceptable aparecen en esta dramaturgia como las cruces de
un mapa del tesoro infantil. Con la inexactitud de la falta de escalas y de proyecciones,
pero con la fuerza simbólica necesaria para implantar una emoción y una conducta.
La segunda forma de pensar este teatro es observando el planisferio “desde arriba” para
poder visualizar los terruños donde ha brotado cada una de las comedias que nos
ocupa, para ver cuál y cómo fue el recorrido que hicieron hasta llegar a Sudamérica y
dónde se replantaron estas semillas para que vuelvan a florecer, con los nutrientes del
nuevo suelo. En este sentido, es interesante el concepto de “radicante” que plantea
Nicolas Bourriaud (2009). El radicante, explica Borriaud (2009:57), se desarrolla en
función del suelo que lo recibe, sigue sus circunvoluciones, se adapta a su superficie y
a sus componentes geológicos: se traduce en los términos del espacio en que se
encuentra. Por su significado a la vez dinámico y dialógico, el adjetivo “radicante” califica
a ese sujeto contemporáneo atormentado entre la necesidad de un vínculo con su
entorno y las fuerzas del desarraigo, entre la globalización y la singularidad, entre la
identidad y el aprendizaje del Otro. Define al sujeto como un objeto de negociaciones.
El sujeto radicante es nómada y se presenta como una construcción, su eje es el
movimiento, el itinerario que dibuja en el trayecto de los suelos sobre los que se
desplaza antes de afincarse (si es que lo hiciere) en una identidad. Esa identidad está
en constante movimiento.
De acuerdo con esta mirada, es posible ver “desde arriba” el recorrido que la comedia
hace, en el espacio, desde Francia hacia España y por ultramar y, en el tiempo, desde
el siglo XVII hacia el XIX, pasando por el filtro iluminista del XVIII.
Esta idea de radicante vinculada a los sujetos sociales (que podemos pensar como
actores, espectadores y hombres o mujeres de teatro en general), se transfiere
directamente a las piezas que se representan en Buenos Aires y en el mundo. Es factible
considerar que cada vez que un texto dramático es llevado a escena en algún lugar del
mundo, entonces se planta allí un radicante. Muchas obras de Morante, por ejemplo,
tienen un radicante en Buenos Aires y otro en Santiago. Poseen el mismo texto como
punto de partida, son similares, pero producen un acontecimiento único e irrepetible que
construye territorialidades muy diferentes en cada caso. La unión de estos radicantes

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traza las líneas de un mapa global específico sobre el teatro que se trasplanta desde
Europa occidental a Sudamérica.
Si podíamos pensar un mapa del camino cotidiano en el que las funciones de teatro
sean mojones de una sociabilidad y otro mapa “con vista aérea” que nos muestre el
nacimiento y el recorrido de las comedias, podemos saber también que el punto de vista
del primero es fragmentario, tanto como lo es lo que pueden ver los ojos de quien recorre
ese camino.
Volvamos a la cartografía y al enunciado que dice que el mapa es un modelo. ¿Cuáles
serían las consecuencias para nuestra comprensión del acto cartográfico? ¿Qué es un
mapa desde la base de que consideramos al acto cartográfico como una operación
cognitiva de modelización que pone en relación un sujeto cognoscente y un territorio a
conocer? Podríamos decir esto, que traemos a la discusión: el mapa sería como el
“lugar”, o el laboratorio, o el espacio-tiempo particular en el seno del cual el territorio se
construye como objeto cognitivo. Pero sobre todo, más precisamente, el mapa es el lugar
de la figuración del territorio como mundo de referencia. (Besse, 2008, traducción propia).

Es central esta idea de que el mapa es la figuración del territorio como mundo de
referencia, con todo lo que “territorio” implica. La producción del territorio pone en juego
no solamente el vínculo afectivo de cada individuo con su espacio de pertenencia, sino
también las relaciones políticas de poder que se desenvuelven en ese territorio y que lo
modifican y nos modifican. Pergeñar un mapa del teatro decimonónico es crear para
nosotros, como investigadores e investigadoras actuales, un territorio. Es la manera de
construir territorialidades respecto de nuestro pasado, de nuestra historia colectiva y
nacional.
Tal como reflexiona Besse (2008) en el artículo que he citado hasta ahora, el mapa es
la representación de un territorio posible. En el caso de un Buenos Aires decimonónico
entre los años 1817 y 1821, este territorio posible es una nación en pleno proceso de
construcción, que muestra movimientos constantes no solo en sus fronteras políticas,
sino también en sus límites culturales. Morante realiza pequeñas operaciones en sus
adaptaciones y traducciones que se convierten en claves para observar cómo era
necesario desterritorializar las piezas de su entorno de creación (la escena situada en
París o en Madrid) para que se pueda reterritorializar entonces un teatro que convoque
al espectador local y lo invite a pensarse desde su lugar de existencia.

Conclusiones
En definitiva, la pregunta acerca de por qué Morante se centra en las traducciones de
la comedia francesa entre 1817 y 1821 pausando su producción propia, incluso
pudiendo traducir al menos tres idiomas (italiano, inglés y francés), nos lleva a
considerar indefectiblemente de qué manera esto construyó territorialidades en el
caótico escenario rioplatense de la época y cómo sucedió un derrotero del teatro
europeo que se modificó en Sudamérica y a su vez modificó el ámbito teatral
sudamericano, quizá desde un imperativo colonial, pero quizá también como
herramienta de deconstrucción o reconstrucción del teatro local en tanto heredero de
algunos géneros, temáticas y textos dramáticos.
En este sentido, el concepto de “radicante” pone de manifiesto cómo el lugar de
enunciación de cada objeto artístico o literario lo nutre y lo modifica anclándolo al suelo
en el que se manifiesta como acontecimiento. Por otro lado, la intención de pensar un
mapa involucra no solamente el estudio del género de la comedia como variable
fundamental del recorrido que hace, sino también de la selección del repertorio del

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coliseo porteño (sobre todo mientras Morante fue su director de arte) y las
modificaciones que se realizan para construir un teatro local sudamericano.

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ISSN: 1853-8452 / e-ISSN: 3008-9891

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Archivos en danza: la historia de Freddy Romero24

Dulcinea Segura
DEPARTAMENTO ARTÍSTICO

Introducción
(El texto comparte un adelanto del proyecto de investigación sobre la trayectoria
profesional del maestro, coreógrafo y bailarín Freddy Romero titulado “Pájaro negro que
danzas: biografía de Freddy Romero”.
A través de archivos, entrevistas, notas periodísticas y fotografías, el proyecto recorre
los pasos del artista y propone una posible inserción de su estética en la historia de la
danza escénica latinoamericana.
Si recorremos su carrera artística podemos ver a un venezolano de procedencia humilde
que dejó muy joven su país natal para poder desarrollar una carrera profesional como
artista del movimiento y dedicar toda su vida a la danza. Ese camino se construyó paso
a paso y dejó sus huellas.
Pensamos que los artistas y las obras de danza son huellas que quedan en la historia,
marcas materiales que enuncian, conservan y transmiten determinados acontecimientos
(Groppo, 2002), así como proponen y cuestionan, desde su lugar de enunciación, modos
de ser y estar en el mundo, en un contexto determinado. En este caso, nos referimos al
recorrido artístico de Freddy Romero, bailarín nómade, según su propia definición, que
inició su carrera profesional en México y la concluyó en Argentina, país al que llegó para
formar parte del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, recientemente creado por
Oscar Araiz.
Este trabajo pretende ser archivo de su expresión, su formación, su mirada de la danza,
su corporalidad. En las siguientes páginas, compartimos una primera contribución a la
biografía de Freddy Romero correspondiente a los años de su desarrollo profesional en
México durante la década de 1960, su contacto con Martha Graham y su paso por la
Compañía de Alvin Ailey.

24

Artículo presentado en las I Jornadas de Cuerpo, Memoria y Archivo del IAE-UBA. Parte de
su contenido fue publicado bajo el título “Freddy Romero: un bailarín entre mundos en el libro
Artistas-investigadoras/es y producción de conocimiento desde la escena. Una filosofía de la
praxis teatral. Tomo V, Perú, julio 2024.

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Freddy Romero (1957 - Archivo fotográfico CENIDI DANZA/INBA.
Fondo documental Tulio de la Rosa, México)

El cuerpo es un entramado de memoria, identidad e historia que se encuentra en
permanente relación con su contexto. Como sostiene Groppo (2002), la memoria es el
principal fundamento de la identidad, porque la misma se construye y transmite a través
de la memoria. Freddy Romero fue bailarín y maestro formador de bailarines que tuvo
una impronta particular vinculada a su identidad afrodescendiente. La memoria
constituye parte de la identidad y da sentido de pertenencia (Jelin, 2001). Por tal motivo,
construir su archivo tiene que ver también con esa memoria colectiva de un grupo
mayormente excluido de las fechas conmemorativas de las historias oficiales (la
comunidad afrodescendiente), además de la intención de fortalecer nuestra propia
historia de la danza en Latinoamérica (por no decir Abya Yala25).
Como introducción en el material y a modo de nota de color, agregamos que el título del
proyecto tiene dos fuentes de inspiración relacionadas con Freddy Romero. Por un lado,
y de forma más directa, encontramos un artículo publicado en el año 1983 en el diario
“Estado de Minas” (Brasil), firmado por la periodista Iolanda Pignataro, quien lo tituló de
la siguiente manera: “Pássaro negro que dancas: teu nome é Freddy Romero”. En la
nota, realizada con motivo de la llegada de Romero para dar clases y montar su
coreografía “Terra” con bailarines locales, la periodista hace una descripción de Romero
en la que detalla algunos rasgos físicos con opinión personal. Se refiere al bailarín como
alguien de “estatura media, cuerpo negro, perfecto y musculoso, ojos grandes y
expresivos, gestos largos y naturales”, agregando también “de raciocinio rápido e
inteligente” (Pignataro, 1983). El texto cuenta además con la elaboración de una síntesis
bastante completa de lo mejor de su recorrido profesional.
Lo curioso del artículo es que en relación a la danza, la periodista se refiere a los
movimientos de Romero caracterizándolo como un felino (“siempre rápido y listo para
un salto grandioso”), pero elije un ave para el título. Suponemos que el bailarín se sintió

25

Como explica sencillamente Wikipedia, muchas organizaciones, comunidades e instituciones
indígenas de todo el continente prefieren referirse al continente completo como Abya Yala, en
vez del término América. El uso de este nombre es asumido como una posición histórica y política
por quienes lo usan, explicando que el nombre «América» o la expresión «Nuevo Mundo» serían
propias de los colonizadores europeos y no de los pueblos originarios del continente americano.

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muy identificado con esa denominación, ya que amplificó y plastificó la nota, incluida en
el material que su hija donó para el proyecto.
Posteriormente encontramos que la alusión a un pájaro negro podía tener otras
resonancias. El cantante de ópera Iván García, sobrino de Romero, relata para este
trabajo una experiencia que lo vincula con unos pájaros negros de la familia de los
buitres americanos llamados zamuros en Venezuela. García (Segura, 2022) recuerda
que a los quince años integraba un coro juvenil en el que cantaba este madrigal: “El aire
se ha dormido entre la fronda inclinada / hacia el sur y sobre el suelo. / Un zamuro
volando se ha dormido, /parece que no vuela casi nada, /parece un roto en el azul del
cielo”26. García explica que si bien el zamuro es un ave de rapiña también percibe que
tiene mucho “coraje y fuerza” y que es un pájaro que “prefiere la descomposición, limpia
la podredumbre y tiene a la muerte como hambre”. El cantante indica que,
metafóricamente hablando, puede señalar a aquellas personas que logran una
movilidad desde la ausencia de posibilidades hacia el cumplimiento de los sueños que
se anhelan, como puede ser el caso de Romero cuya ambición en la danza lo impulsó
a moverse de su lugar de origen, donde el sentía que no tenía mucha perspectiva de
crecimiento, hacia otros horizontes para convertirse en un gran bailarín.
A todo esto, García añade una anécdota refiriéndose a la descendencia afro de ambos:
“Soy de familia de negros, como mi tío Freddy. Cuenta mi madre que cuando yo nací
era blanco. Entonces mi abuela Carmen me vio y exclamó: ¡Ese es zamuro!” Dicho esto
nos aclara que los polluelos del zamuro nacen de color blanco y que recién durante el
crecimiento le van saliendo las plumas negras (Segura, 2022).
Identificados ambos con su pertenencia étnica y cultural, no es de extrañar que el tema
del pájaro negro llegara al corazón de Freddy Romero.
Su origen humilde, su procedencia afro y su pasión por la danza lo impulsaron a una
existencia de sacrificios que lo llevó de la pobreza en su Caracas natal a formarse en
las complejas técnicas que adoptó (es sabido que la danza clásica y la danza Graham
tienen una gran exigencia física), para convertirse en un gran bailarín y maestro,
sobrevolando el cielo de un país a otro con su arte.
A pesar de que su vida de novela nos llevó a contar su biografía con tintes de color,
están documentados los pasos de su tránsito profesional en el ámbito de la danza
moderna que formaron parte de la historia de la danza mexicana y de una fracción de
la danza moderna argentina.

26

Poesía: Fernando Paz Castillo - Música: Antonio Lauro

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Primeros pasos en la danza

Primera foto del Ballet Independiente, México. Foto cedida por Valentina Castro. Autor
desconocido

Freddy Romero nació en 1939 en Caracas, Venezuela, donde comenzó su formación
en danza cuando era adolescente, si bien en una entrevista refiere que ya bailaba en la
escuela primaria cuando lo llamaban para representar una danza folclórica en un festival
anual (Pignataro, 1983).
En cuanto a la primera formación sostenida que tiene Romero en la danza, sabemos
que es a través de los bailes folclóricos venezolanos con su inicio en el Retablo de las
maravillas, espacio de formación fundado por Manuel Rodríguez Cárdenas, entonces
Director de Cultura y Bienestar Social de Venezuela. El grupo del Retablo hacía
representaciones en espacios públicos como parte de su política de acercar la danza a
la población y Freddy los vio en una plaza. Parece ser que las danzas lo cautivaron de
tal manera que en ese momento decidió presentarse en el lugar para empezar a tomar
clases.
Uno de sus primeros maestros allí fue Jacinto Jaramillo quien le había asegurado que
iba a convertirlo en un gran bailarín, pero que pronto debió abandonar Venezuela y
emigrar a otro país. En el Retablo de las maravillas, Romero se forma junto a Yolanda
Moreno, llamada “la bailarina del pueblo” (Paolillo, 2017) y quien comienza el desarrollo
de lo que sería Danzas Venezuela, una agrupación que nace con algunos miembros del
Retablo (y continua hasta el día de hoy) con la idea de darle técnica a los bailes
nacionales para convertirlos en danzas más profesionales, pero accesibles a todo
público. “Yolanda Moreno identifica su estilo como nacionalista, el cual define como una
modalidad danzaria que toma los temas del pueblo y los enaltece mediante una técnica
propia para convertirlos en expresiones teatrales de alta calidad universal, sin perder
identidad popular” (Monasterios, citado en Paolillo, 2021)
Junto a compañeros del Retablo de las maravillas van a tomar clases de danza clásica
con el bailarín Getulio Pérez de la Rosa, quien fue su siguiente maestro y quien observó
que Romero tenía cualidades para dedicarse profesionalmente a ese arte. Este maestro

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de danza había estudiado en Buenos Aires con Iris Scacchieri y fue uno de los primeros
en acceder al ámbito profesional de la danza venezolana gracias a la Cátedra de Ballet
del Liceo Andrés Bello creada en 1945.
Tulio (como es conocido Pérez de la Rosa) es quien impulsa a Freddy Romero a estudiar
ambas formaciones, danza clásica y también moderna, con el objetivo de que
aprendiera todas las técnicas. Pero este maestro y mentor tampoco permanece mucho
tiempo en Venezuela, ya que debe emigrar tal como le sucedió a Jaramillo. Una vez
instalado en México y luego de pedirle que le enviara “fotos en acción”, consigue una
beca para que Romero pueda formarse en el Ballet Nacional de México (BNM), al que
también se había incorporado De la Rosa al llegar.
La formación profesional de Romero comienza entonces poco tiempo después en el
Ballet Nacional de México (BNM) bajo la dirección de la maestra Guillermina Bravo,
fundadora y directora de la compañía, que tenía una visión nacionalista de la danza y
las tradiciones mexicanas. Entendemos que el cruce entre la danza moderna y diversos
rasgos folclóricos es algo que va en sintonía con la formación folclórica inicial de Freddy
en el Retablo, porque significaba una vinculación con las raíces de su origen
afrodescendiente, algo que lo acompañaría siempre.
De acuerdo al mexicano Alberto Dallal (2006), Freddy Romero llegó en pleno auge de
lo que el investigador de danza denomina Movimiento Mexicano de Danza Moderna y
muy pronto realizó partes y estructuras enteras de obras que se convirtieron en
paradigmas de la danza moderna de aquel país.
Dallal realiza un recorrido por algunas obras mexicanas en las que participó Romero.
Entre ellas figuran El paraíso de los ahogados de Guillermina Bravo (1960), en la que
desempeñó varios papeles “pero se le recuerda como uno de los ‘perros’ (junto con
Valentina Castro) que conducen a los ahogados al paraíso del Tlalocan (Ballet Nacional
de México)”; La pastorela de Raúl Flores Canelo (1958), Danzas de hechicería de Bravo
(1961), Luzbel de Flores Canelo (1963), La portentosa vida de la muerte de Bravo
(1964), Danzas primitivas de Carlos Gaona (1964), Los bailarines de la legua, de Bodyl
Genkel (1964), Ronda de Flores Canelo (1965), Cuatro en el foro, de Gaona (1965),
Juegos de playa de Flores Canelo (ya en el Ballet Independiente), Canciones de John
Fealy (1967) y “tomó arte en muchas obras de danza clásica” (Dallal, 2006). Además
apunta que se recuerda especialmente su participación en El pájaro azul, junto con
Socorro Bastida, en Cuarteto de Nellie Happee, junto con Raúl Aguilar y Ruth Noriega,
entre otros, y en Encuentro de Happee en dueto con Ruth Noriega. Dallal también señala
que el bailarín poseía un cuerpo imponente cuya versatilidad muscular le permitía
realizar, con pleno dominio, “la enorme gama de papeles que la versátil danza mexicana
de la época ofrecía.” (Dallal, 2006)
Mientras Romero se formaba en danzas clásicas y modernas, se desarrollaba la danza
moderna local que pronto incorporaría la técnica Graham casi como columna vertebral
de la formación, pero que va profundizándose desde la llegada de Xavier Francis al país.
Como relata Dallal al respecto (2013)
El paso hacia una tercera etapa de la danza mexicana lo marcan dialéctica y
sucesivamente dos acontecimientos: la llegada a México de Xavier Francis (1950), que
inicia a los bailarines mexicanos en una técnica más completa de danza moderna, y un
viaje que realizan las compañías existentes por varios países de Europa Occidental, los
países eurosocialistas y la República Popular China. (…) Francis coadyuva a las
enseñanzas esporádicas de algunos profesores visitantes como David Wood y otros.
Asimismo complementa, y en algunos casos descubre, la técnica que algunos bailarines
mexicanos van a desarrollar simultáneamente asistiendo a la escuela de Martha Graham
en Nueva York. (Dallal, 2013:20)

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El BNM se establece como una escuela dedicada a la formación de bailarines que a
partir de 1959 empieza a recibir maestros huéspedes provenientes de la escuela de
Martha Graham en Nueva York y posteriormente decide adoptar esa técnica que
difunden en las escuelas del país, hasta convertirla en la hegemónica.(Dallal, 2013)
Descendiente de la escuela Denis-Shawn, que poseía características étnicas orientales
y expresivas, Graham fundó su movimiento en el par de opuestos de contracciónrelease. Su técnica está basada en el acto de la respiración, entendido como proceso
fisiológico, en el que destacaba la importancia del centro del cuerpo, el abdomen y el
tórax: “la región abdominal era considerada fuente de energía en cuanto zona de
conexión de las dos fuerzas fundamentales creadoras de vida: el sexo y la respiración”
(Tambutti, 2012). La formación de Graham, “la escuela más emblemática de la danza
moderna” (2012), sostenía un control de cada músculo del cuerpo. La técnica era formal
más allá de que Graham entendía que la danza venía de “las profundidades de la
naturaleza humana” (Graham, 1992)27
Freddy Romero es uno de los bailarines que se forma en aquel tiempo y es parte de esa
tercera etapa en el desarrollo de la danza moderna mexicana, que tenía entre sus
características de ese momento la intención de incorporar a la danza el tema mexicano
y que como dijimos anteriormente, asume como parte de su formación la técnica
Graham.. Dallal (2013) recuerda que desde que el BNM entra en contacto con la técnica
de Martha Graham, su directora Guillermina Bravo la adoptó para sí y para el grupo,
“una técnica que la obliga a transitar de lo local y regional, a lo mítico indígena y más
tarde a una concepción universal de la creación coreográfica” (2013: 21)
Posteriormente Romero es uno de los fundadores en 1966 del Ballet Independiente (BI)
junto con Raúl Flores Canelo (pilar de la danza mexicana contemporánea del siglo XX),
John Fealy y Gladiola Orozco. La creación del BI forma parte de la búsqueda de nuevos
lenguajes y formas expresivas a través de coreografías vanguardistas que
experimentaron diversos aspectos técnicos y conceptuales.
En la década de 1960, Romero es convocado por el coreógrafo y director Alvin Ailey
para sumarse a su Compañía (que era la primera compañía afroamericana de
repertorio) y realizar temporadas en Estados Unidos. Inmediatamente después, casi en
paralelo a esta incorporación, viajaría a Buenos Aires para integrar junto a la bailarina
Bettina Bellomo (esposa y madre de su hija mayor), el recién creado Ballet del Teatro
San Martín, de la mano del maestro Oscar Araiz.
A grandes rasgos, podemos decir que en los más de diez años en los que vivió en
México, Freddy Romero formó parte de la danza moderna mexicana en la que abrazó
la técnica Graham con la expresividad de los elementos folclóricos propios de la
idiosincrasia mexicana que además él tenía asumidos desde sus inicios en la danza en
Venezuela, aunque posteriormente se mezcló con la técnica Horton28, que tenía
incorporada el coreógrafo Alvin Ailey, su padrino artístico. El bailarín desarrolló un perfil
en el que las técnicas duras de Graham y Horton, así como la exigencia física de la

27

Citado en Tambutti, 2012
Lester Horton, bailarín, maestro y coreógrafo norteamericano (EEUU, 1906-1953), que
desarrolló una técnica de danza con una fuerte resistencia física en el cuerpo humano. “El torso
en la técnica de Horton es considerado como el origen de todo movimiento. Esta idea es similar
a los conceptos de Graham y de Humphrey-Weidman. Otros impulsos para iniciar el
movimiento emanan del hombro, el esternón, el diafragma y la pelvis” (Bell, Cheryl, Forsythe,
Ana Marie y Perces, Marjorie (1992) The Dance Technique of Lester Horton, Princeton Book
Company, Publishers. Traducción de Nereyda Rey. Tomado de
https://www.danzaballet.com/lester-horton/)
28

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formación clásica, se combinaron con elementos folclóricos en tanto allí estaba la
expresión de sus raíces afro y latinas.
Entendemos que con esas técnicas continuó su tarea docente sin ser demasiado
permeable a los métodos que trajo la danza contemporánea, sin hacer aportes
específicos ni haber realizado algún descubrimiento que desarrollara él personalmente
en la técnica moderna. “Se mantuvo muy purista de alguna manera. Cuando aparecieron
otras técnicas, la gente que buscaba conocer distintos materiales se fue a otros lugares
a probar nuevos lenguajes...y entonces quedó como más cristalizado todo su material”,
cuenta Norma Binaghi, directora del taller de danza contemporánea del San Martín, al
referirse a las clases de Romero en una entrevista personal (Segura, 2010).
Observamos que poseía una visión bastante romántica de la danza en la que el sacrificio
y la técnica debían acompañar y posibilitar la aparición de la expresión profunda del ser
humano. Fue un bailarín para quien la técnica moderna constituyó la base con la que
dar cauce a su expresión apasionada o su dolor, y cuya exigencia lo llevaría a dejar el
escenario muy joven para dedicarse a hacer que otras personas amaran la danza como
él. “Lograr hacer bailar a los alumnos y que se emocionaran era lo que lo hacía más
feliz. Era muy visceral y tenía una gran conexión con la música” destaca Binaghi
(Segura, 2010), quien compartió coreografías con él cuando eran jóvenes, además de
verlo en sus clases.
Respecto a su manera de enseñar, la directora señala que Romero era muy intuitivo,
que en general no hablaba para dar indicaciones, sino que tocaba a los alumnos, a
quienes les metía el dedo en el lugar para que desde ahí supieran lo que tenían que
modificar. “No era intelectualoide, no hablaba mucho ni hacía análisis, iba directo. Para
él la música era como la sangre, bailar era su pasión. Lograba que todos sus alumnos
bailaran.” (Segura, 2010).
De esta manera enfatiza el lugar del maestro Romero como formador de bailarines en
un espacio oficial (el taller de danza del Teatro San Martín) del que sabemos que cada
año esperaba ansioso la confirmación de renovación de su contrato.

Pájaro negro, una biografía que danza

Foto cedida por la familia. Autor desconocido

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Luego de este primer viaje a Venezuela29, donde sueña con formar bailarines y transmitir
todo su aprendizaje a los integrantes del grupo de Danzas Contemporáneas del Instituto
Nacional de Cultura y Bellas Artes (INCIBA)30, regresa a la ciudad de México.
El recorrido en su formación continua, mientras sigue adquiriendo destrezas y creciendo
profesionalmente. Su maestro Tulio de la Rosa, impulsor de su carrera, lo ve como un
bailarín brillante, “un trabajador incansable y dedicado 100% a la danza” (Segura, 2012).
Raúl Flores Canelo, que se encuentra al frente del Ballet Independiente, crea para él la
coreografía Luzbel y La Anunciación, en donde Freddy hace el papel de arcángel.
También es bailarín invitado del Ballet de Cámara y participa en la coreografía que crea
Tulio de la Rosa para la ópera Aída, con mucho éxito. Es una época de bastante trabajo
y como Freddy baila moderno y clásico, también es huésped del Ballet Clásico de
México bajo la dirección de Michael Lland, un gran maestro del American Ballet Theatre;
en este ballet, Freddy baila y, como dijimos, destaca en el Pájaro Azul de La bella
durmiente del bosque, que Lland monta por primera vez en México completa, y también
en Tema y variación de Balanchine, obras donde el bailarín se luce.
“El cuerpo de Romero es capaz de expresar toda la gama de sentimientos del ser
humano, con un vigor, con una plástica, con tal belleza, que el público no tiene más que
romper el silencio obligado por la admiración, y estallar en una cerrada ovación”, dice la
prensa de México que, además, lo describe como un “bailarín ambicioso y nómada”,
(Henares, 1973). En esa misma nota, Romero se describe así:
Soy muy ambicioso, quiero experimentar muchas cosas. Soy nómada por excelencia y
me fui porque no estaba rindiendo lo que yo debía. En Nueva York encontré lo que
siempre quise. En la compañía para la que bailo, hago cosas que realmente me gustan,
que siento...la danza es más que una forma de expresarme, es mi pasión, mi forma y mi
razón de vivir (Henares, 1973).

Freddy Romero se perfecciona e intenta superarse a sí mismo. Como posee una técnica
destacable, puede participar en repertorios de distintos estilos. En una temporada llega
a bailar simultáneamente en el Ballet Nacional, en el Ballet Independiente, en el Ballet
Clásico y en el Ballet Folklórico de Amalia Hernández, cuatro compañías diferentes.
Terminaba las funciones con una y se iba volando a trabajar con la otra. “Eran cuatro
compañías y decidí aceptar la invitación de las cuatro. Salía de casa a las siete de la
mañana y volvía a las tres de la madrugada, y así fue durante un mes y medio, durante
la temporada” (Pignataro, 1983).
En 1968, justamente Amalia Hernández del Ballet Folklórico, realiza dos proyectos. Uno
de ellos, llamado el Ballet de las Américas, consiste en enviar coreógrafos mexicanos a
diferentes países para aprender distintas técnicas. El otro es el Ballet de los cinco
continentes, cuyo plan es llevar a México coreógrafos de todas partes del mundo. Como
parte de este proyecto llega el coreógrafo afroamericano Alvin Ailey a montar su obra
Revelations. Freddy, que apenas conocía al coreógrafo, participa bailando en la pieza.
“Las danzas, cuya intensa ritmicidad, fuerza y colorido constituyen una sola unidad
plástica al través de todo su desarrollo escénico, son imágenes poéticas basadas sobre
las memorias antiguas de los negros como un recuerdo expresivo de su vida en África
29

Romero viaja varias veces a Venezuela en carácter de bailarín para realizar presentaciones y
dar clases, y es ovacionado por la prensa. en 1965, trajo consigo una consideración inédita de
la danza escénica como sector. Fue el primer organismo rector de políticas culturales públicas
en Venezuela
30
Creado en 1965, fue el primer organismo rector de políticas culturales públicas en
Venezuela. Creó además las primeras instancias burocráticas oficiales dedicadas al
tratamiento de la de formación, estímulo a la creación y difusión de la danza artística
venezolana. (Paolillo, 2021)

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y en el sur de los Estados Unidos” (1968). Un periódico del momento describe así el
trabajo coreográfico de Alvin Ailey, donde destaca la figura de Freddy Romero como
uno de los intérpretes que “particularmente sobresalieron” en la obra31.
A veces no es suficiente tener talento o esforzarse, hace falta un golpe de suerte.
Durante las funciones en el Teatro del Bosque, Alvin se fija en Freddy. Al finalizar, se
acerca al camarín a expresarle cuánto le había gustado su manera de bailar. En
realidad, está con la boca abierta, impresionado con la técnica y la fuerza que expresan
sus movimientos, esa potencia en escena parece haberlo embelesado. Romero tiene
una gran presencia en el escenario. Entonces, Alvin lo invita a tomar un café para
conversar con él. “Freddy, te quiero para mi compañía, le dice el coreógrafo, el lunes
que viene te necesito en Nueva York” (Segura, 1992). Estas palabras dejan helado al
bailarín, que asegura que fue la única vez que se puso blanco en su vida.
Formar parte de esa compañía internacional de danza significa un gran salto en la
carrera de Romero, pero él no lo sabe aún. “Yo le dije que tenía contrato con el ballet
hasta finalizar y él me contestó que cuando terminara, al día siguiente, fuera a Nueva
York, que en julio hacíamos temporada” (Segura, 1992).
Cuando finaliza la temporada, Freddy se va a emprender el recorrido internacional que
significó formar parte de esa compañía. Su pasión es bailar y su exigencia interna lo
empuja a superarse. Ahora forma parte de un grupo profesional internacional, con base
en Nueva York (cuna de la danza moderna occidental) y con un sello propio muy
característico que formará escuela. "La compañía Ailey representa una nueva tendencia
en la danza, un enfoque vibrante, libre y fácil de un arte antiguo que se parece más a
un renacer o un renacimiento que cualquier otra cosa"(Bordelon, S/F).
Y la exigencia se hace notar. Un día están en un ensayo de la obra Credos, toda la
compañía tras bambalinas, y Alvin le pide a Freddy que marque la coreografía. Él pasa
y la marca con posiciones pero sin bailarla. Los bailarines lo miraban hacer. Cuando
termina, Alvin le pregunta si quiere pasarla otra vez y Freddy accede, recuerda ese
momento en una entrevista muchos años después:
Los bailarines estaban furiosos, Alvin sabía lo que yo hacía. Llega la hora de la función
y bailo la primera parte, llega Credo y todos me dicen ‘good luck’. Bajan el telón y yo
estaba con las rodillas temblando. Pensé ‘yo tengo que demostrar lo que soy’ y empecé
a bailar, no me falló nada, bailé desde adentro. Bajan el telón y voy a los camerinos
donde todos me felicitan, todos. A partir de ahí me invitaron a una mesa, antes comía
solo, separado, y a partir de ahí me gané el respeto de toda la compañía. (Segura, 1992).

En ese párrafo se observa los esfuerzos no solo físicos que debe hacer Romero para
poder tener un lugar y seguir creciendo profesionalmente en la compañía.
Posteriormente, en una carta que le escribe en 1971 desde Chicago a su amiga y colega
Valentina Castro, relata el trabajo intenso con la compañía de Ailey y el esfuerzo que
tiene que hacer para aprenderse otras coreografías para seguir subiendo y no ‘dormirse
en los laureles’ como otros:
Alvin me montará un ballet especialmente, creo que es un solo, lo cual me da mucho
gusto pero por otra parte sé que me echaré encima de todos los que son mis amigos
ahora, y que me quieren, pues todos aspiran a que Alvin les monte un ballet para ellos;
yo tengo la oportunidad ahora, la cual no pienso desaprovechar. Te diré que hay que
trabajar muy duro pues la montará en una semana que es el único tiempo que nos queda
antes de la temporada en Nueva York (Segura, 2019). Formada en 1958 por Alvin

Ailey, la Alvin Ailey American Dance Theater es una compañía que en un
principio cuenta sólo con bailarines afroamericanos. Sus coreografías son una
31

Recorte sin firma, archivo cedido por la familia.

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celebración de la cultura y el patrimonio de los afroamericanos, y la técnica de
movimiento, atravesada por la Lester Horton Dance Theater (en donde Ailey
había bailado), es muy intensa. Graham, Ailey y Horton. Tres técnicas que
confluyen en Freddy y que le darían ese particular modo de bailar y de enseñar,
que guiarían toda su carrera. Una herencia con mucho peso, como expresa la
prensa norteamericana de la época respecto a las obras que representan:
La compañía es altamente profesional y ofrece actuaciones perfectas, demostrando
todas las disciplinas que deben observarse en la danza contemporánea. Pero más que
esto, la Compañía Ailey tiene una calidad emocionante que hace que sus presentaciones
sean más que solo técnicamente buenas. Tienen un estilo que parece atraer al público
y, a menudo, hace que incluso los espectadores más sofisticados se sienten a través de
una secuencia de baile con sus mandíbulas dignas caídas mientras se concentran en la
acción. (Bordelon, S/F).

Además de los elementos elegantes de la técnica clásica, la compañía incorpora
aspectos del teatro, las danzas étnicas (baile latino y baile africano) y el jazz. La temática
social que desarrolla su obra intenta rescatar la memoria del pueblo africano
constituyendo la primera compañía afroamericana de repertorio. Se vinculan con los
músicos de jazz y colaboran con Duke Ellington. La pieza más reconocida es
Revelations, de 1960, basada en los espirituales negros de Estados Unidos, obras que
continúa haciendo y donde Freddy vuelve a interpretar el solo I want to be ready, entre
otras coreografías.
‘Revelations’ explora la motivación y las emociones de la música religiosa de los negros
americanos en una docena de secuencias que "sacuden mi alma", para tomar prestado
el título de uno de los números. Su primera sección se abre con un tierno pas de deux
llamado 'Fix me Jesus' en el que la confianza de la mujer en su pareja refleja una
confianza en Jesús. Linda Kent y Freddy Romero bailan conmovedoramente. (Lachetta,
1973).

A modo de cierre
Creemos que este recorte del trabajo de investigación puede mostrar las tareas de
reconstrucción de un recorrido artístico y de conformación de un archivo. Los materiales
dialogan con sus contextos de producción y se transforman en otros materiales que
entrarán en diálogo (o discusión) con otros contextos, presentes y futuros.
La memoria no es unívoca, forma parte de recortes parciales en los que algunas cosas
indefectiblemente quedan afuera. Pero también están las marcas que se hacen
presentes para dejar escrita su propia historia, un relato de identidad que busca su lugar
en la memoria de la danza latinoamericana.

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________ (2019) Entrevista personal a Valentina Castro, Ciudad de México.
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Elegía a Lola Mora. El cuerpo afectivo y el poder32
Dulcinea Segura
DEPARTAMENTO DE ARTES

La artista evocada
Dolores Mora Vega (1866-1936) nace en Tucumán y es considerada la primera mujer
escultora argentina, al aparecer como la única artista activa en el período de entresiglos,
a pesar de que existen contemporáneamente diversas artistas (Gluzman, 2012).
Comienza su formación en su Tucumán natal y en 1894 en una kermese realizada por
la Sociedad de Beneficencia de Tucumán, ese “espacio constituido por las mujeres de
la élite tucumana” (Vignoli,2011), expone una obra compuesta por una serie de
retratos de 20 gobernadores tucumanos (actualmente conocida como La Galería
de los Gobernadores de Tucumán), con la que da inicio a su reconocimiento público.
Como señala Vignoli (2011) citando a Celia Terán en una comparación del trabajo de
Lola respecto al de sus compañeras: “[...] en este caso en lugar de los paisajes o
escenas románticas que constituían el argumento de los cuadros presentados por las
otras niñas a la exposición de beneficencia, Lola había elegido una temática
más laboriosa y comprometida” (Pág. 41).
Después de un breve paso de formación en Buenos Aires (en el que no se vincula con
otras mujeres artistas del período), logra viajar sola a Europa para continuar su
aprendizaje primero en dibujo y luego en escultura con los mejores maestros, gracias a
una subvención para continuar sus estudios en Europa del Estado Nacional que ella
misma gestionó ante la Cámara de Diputados de la Nación. “Luego de estudiar los
antecedentes de la artista y recoger testimonios de personas idóneas para
evaluarlos, la Cámara resolvió confeccionar un proyecto a través del cual se le
otorgaría una subvención mensual durante dos años para perfeccionar sus
conocimientos en Europa” (Vignoli, 2011).

32

Este trabajo forma parte del proyecto Filocyt "Las mujeres históricas y sus vínculos con el
poder en las construcciones escénicas desde 2010 hasta la actualidad". Fue parte de las

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Lola Mora con sombrero y sombrilla, en sus primeros años en Italia.
(Archivo Lola Mora de pablo Solá)

De acuerdo a Gluzman, que recorre varias biografías de la artista, su trabajo estuvo
envuelto por el escándalo que suscitó la Fuente de las Nereidas al ser censurada por la
desnudez de sus figuras. La obra iba a ser emplazada frente a la casa de gobierno y la
catedral, en la Plaza de Mayo, pero terminó en la Costanera Sur debido a las denuncias
y las presiones ejercidas por los grupos más conservadores, si bien hay escasos
testimonios al respecto. La autora señala que la figura de Lola Mora cumple una
multiplicidad de roles y señala que es a la vez de artista pionera, “una víctima de los
cambios políticos de las primeras décadas del siglo XX, una criatura fuertemente
sexualizada y una auténtica patriota” (2015) si bien su estatuto como artista es menos
claro.
La fuente fue donada por la artista como manera de agradecer la posibilidad que había
tenido de formarse en Italia, lugar donde solían viajar los artistas de la época para
profundizar su formación. Como advierte Corsani (2007)
Lola Mora no hace más que continuar con el tradicional viaje a Italia que, años
anteriores, habían concretado otros escultores, considerados los primeros argentinos,
como Lucio Correa Morales (1852-1923) y Francisco Cafferata (1861-1890), ambos
instalados en Florencia para cumplir su período de aprendizaje en la Real Academia de
Bellas Artes con Urbano Luchessi el primero y con los maestros Luchessi y Augusto
Pessaglia el segundo. (Corsani, 2007:170)

El mito de su vida recoge que además de ahijada de Nicolás Avellaneda era favrita de
Roca, entonces presidente de la nación, y que gracias a este vínculo consiguió muchos
de los encargos de obras escultóricas para ser emplazados en distintos espacios de la
ciudad incluyendo el edificio del Congreso, en un período que se buscaba el
embellecimiento de la ciudad con obras de arte, siguiendo la corriente europea. Entre
ellos un busto del presidente Julio Roca, una estatua de Aristóbulo del Valle, una
alegoría de la independencia, dos sobrerrelieves para la Casa Histórica de Tucumán y
cuatro estatuas para decorar el nuevo edificio del Congreso Nacional; que
representarían a los presidentes más célebres de los congresos argentinos históricos.
Requeridos por el gobierno de turno -de corte conservador- al momento de emplazar
monumentos conmemorativos y esculturas decorativas en Buenos Aires, Rosario o

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Tucumán, sus trabajos acompañaron los cambios urbanos de estos centros que se
renovaban aspirando al progreso material, y con grandes espacios a los que tomar en
cuenta a la hora de recordar gestas pasadas (Corsani, 2014).

Al cabo de varias décadas e innumerables trabajos realizados, ya reconocida
internacionalmente, los incumplimientos la llevan a endeudarse e hipotecar su taller de
Roma. Posteriormente a la muerte de Julio A. Roca en 1914, Mora queda desplazada
de los encargos del centro de la escena y abandonada a su suerte. Los opositores de
Roca le pasan factura y en 1915 deciden sacar sus obras del Congreso consideradas
como "adefesios horribles". Incluso el diputado Luis Agote afirmó que: "No demuestran
nuestra cultura ni nuestro buen gusto artístico" (Corsani, 2014).
El último dinero disponible lo gastó en la búsqueda de petróleo en las tierras de Salta y
en el intento de inventar una máquina para hacer cine. Para finalizar el mito, muere
pobre, producto de un accidente cerebrovascular, en la casa de sus sobrinas en la
ciudad de Buenos Aires, en el año 1936.

El cuerpo y la circulación de las emociones
Entendemos el cuerpo como una integridad que supera la noción de organismo vivo,
pero que lo incluye como sistema de sistemas en los que la percepción, las sensaciones,
las emociones, los pensamientos, están entrelazados ‘contaminándose’ unos a otros.
Este “medio nutritivo disputado por una pluralidad de fuerzas” que es el cuerpo, en
palabras de Deleuze (1994), se vivencia en relación a un contexto que puede poner en
escena mediante un despliegue simbólico y creativo de su subjetividad, constituyendo
este un acto político de los cuerpos.
En ese sentido, podríamos afirmar que la política está íntimamente vinculada al poder,
que no hay poder sin cuerpos para ejercerlo, y que las emociones están entretejidas
entre el cuerpo subjetivo y el cuerpo social. Como señala Foucault (1979), el poder se
ha introducido y está expuesto en el cuerpo mismo.
El cuerpo recibe información a través de los sentidos, de la porosidad de la piel como
un borde, una superficie que limita y quizás distingue lo que proviene del exterior de lo
que es parte del interior del cuerpo. De acuerdo a esto podríamos pensarlo, siguiendo
a Ahmed (2015), como una superficie sensible que se vincula con el exterior a partir del
contacto con los objetos del mundo y lo que éstos impresionan sobre esta superficie, al
modo de huellas afectivas. La teórica refiere que las emociones son relacionales porque
involucran “(re) acciones o relaciones de "acercamiento" o "alejamiento" con respecto a
dichos objetos” (p.30). Es de esta manera que propone que las emociones circulan entre
los cuerpos en tanto objetos que entran en contacto y dejan impresiones entre ellos. Por
lo que la autora propone entenderlas como prácticas culturales y sociales que se
estructuran a través de circuitos afectivos.
Basándose en la relación entre las emociones, el lenguaje y los cuerpos, Ahmed estudia
distintos estados emocionales a partir del análisis de la emocionalidad de los textos en
debates sobre temáticas actuales que importan a las políticas de estado de diferentes
lugares del mundo, observando cómo las emociones que son nombradas en los actos
del habla, implican sensaciones y éstas refieren a un sujeto y un cuerpo sintiente.
Queremos destacar al cuerpo como protagonista de esta circulación de las emociones
que van y vienen entre lo individual y lo colectivo. En este caso, nos interesa poner el
foco en el cuerpo emocional de la representación escénica de Lola Mora. El cuerpo de
una actriz joven, una mujer que interpreta, “se pone en la piel” de otra mujer. Por lo que

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va a emular la emocionalidad de la figura interpretada en su persona, en su cuerpo, en
sus gestos. Una emoción que circulará entre platea y escena poniendo en relación las
maneras en las que se posicionan afectivamente las personas ante determinados
hechos.
Estas emociones corporales circulan en un ida y vuelta entre las personas, desde los
cuerpos, en un espacio interrelacional que conjuga lo público y lo privado, como dice
Ahmed “las emociones no están ni "en" lo individual ni "en" lo social, sino que producen
las mismas superficies y límites que permiten que lo individual y lo social sean
delineados como si fueran objetos” (p.34).
Proaño (2021) por su parte, señala que “el teatro tiene la corporalidad como su núcleo
fundamental” (p. 153), por eso es el lugar ideal para la expresión de la afectividad, el
espacio propicio para la circulación de las emociones. En este ida y vuelta entre lo
personal y lo social que sucede en el convivio teatral, el cuerpo expresa una emoción
que tiene su recepción en el público y que puede ser diversa. Sin embargo, una
atmósfera afectiva general puede circular de manera común para los participantes que
pertenecen a la misma cultura y comparten el mismo contexto. Tal como expresa
Proaño, esa atmósfera afectiva “puede expresarse en el teatro en forma de imaginarios
alternativos, deseos, pasiones, utopías, frustraciones, que tienen la característica de ser
compartidos como un fenómeno colectivo” (2021:153).
Entonces surge como pregunta, las palabras de Arfuch (2016) en relación a si “podemos
pensar que las reacciones emocionales sean meramente corporales, sin investidura
significante, o a-significantes” (p.252).
En la obra de Gilio, que analizamos a continuación, vamos a reflexionar acerca de qué
atmósfera afectiva podría estar circulando y cómo se podría pensar ese despliegue de
las emociones de la escena como un posicionamiento político.

Elegía a Lola Mora (2004)

Verónica Véliz en Elegía a Lola Mora33

Esta obra dirigida por Eduardo Gilio presenta en escena a una sola intérprete. La puesta
propone una mirada en la que ubica al público a ambos lados de una especie de corredor

33

https://gilioteatroaccion.wixsite.com/gilioteatroaccion/elegiaalolamora

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central, armando un camino con luces en ambos laterales por el que se desplaza la
actriz.
Verónica Véliz es la protagonista de esta obra en la que compone un personaje cuyo
devenir simboliza diferentes momentos de la vida de Mora que son evocados a partir de
la simbología de los objetos con los que se relaciona en escena, tal como expresamos
en un trabajo anterior.
Al tratarse de una actriz joven, suponemos que podría emular a la artista en su momento
de gloria, cuando se encontraba produciendo por encargo innumerables esculturas y se
movía entre su estudio de Roma y Argentina. Digamos que podría estar representando
la cumbre de su vida profesional.
Sin embargo, la actriz entra al espacio y lo primero que hace es prender fuego unos
papeles. Vestida de negro, con una falda, no hay señales del vestuario que usaba Lola
Mora en su taller, por lo que la imagen podría acentuar simbólicamente aspectos
femeninos, por la vestimenta y de duelo (dolor), por el uso cultural del negro en el luto.
Este comienzo de la obra en el que el fuego se hace presente evoca simultáneamente
el final, mientras da inicio al mito que se generó después de su muerte, en el que el acto
de quemar es una clara alusión a los documentos quemados por la familia
inmediatamente después de su fallecimiento. Con esta acción pareciera que la ficción
elige iniciar por el final de la historia, vestida de negro como si estuviera cumpliendo un
luto por ella misma, cargando una valija bien podría representar una vida signada por
viajes.
Entendemos entonces en este inicio simbólico, una despedida y un renacer, como el
ave fénix. Ahí comienza el relato, entre luces y sombras, entre finales y principios.
Véliz aparece en escena con una valija de la que va sacando objetos a lo largo de la
obra. A partir de la utilización de los objetos y cómo se vincula la actriz con ellos, estos
elementos van tomando una carga simbólica que se despliega en distintos instantes.
Las escenas parecen condensar etapas de la vida sin ninguna continuidad temporal. Es
el cuerpo en relación a los objetos el que otorga el simbolismo de cada momento. Desde
una sábana que despliega hasta una urna con cenizas que también remiten a la
anécdota sobre su muerte. Parte del mito sobre la artista relata que la urna que llevaba
sus cenizas se abrió dejando que algunas se las llevara el viento.
A nivel corporal, los desplazamientos de la intérprete son acelerados dentro de ese
marco que establecen las luces como bordes del espacio escénico. Camina de un lado
a otro y se detiene en diversos momentos para decir un texto o extraer objetos de la
valija.
Los parlamentos de Elegía a Lola Mora son metafóricos y poéticos, es un lenguaje
alusivo que elucubra sobre pensamientos o sentimientos con el objetivo de dibujar el
carácter de una mujer rebelde y transgresora que no acepta ser llamada vieja ni loca.
En cuanto a los demás objetos, una galera diminuta y una varita emulan las acciones
de un mago y traen la figura del artista como un creador de magia. Una muñeca alude
a una maternidad que no fue, así como la tela blanca extendida en el suelo delinea el
camino de mármol al que se dedicó en su vida de escultora. Arte al que también
pareciera aludir en una escena en la que se pinta la cara con cenizas, como si fuera una
intérprete de butoh o se transformara ella misma en una escultura.
Un instrumento musical similar a un charango apoya sus palabras que se hamacan en
el ritmo de la música en el que describe la creación de la fuente de Las Nereidas. Véliz
dice el texto mientras toca y ríe como burlándose de las ideas en las que se inspiraron

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las figuras femeninas de la fuente, pero también habla del animarse. Sus gestos son
exagerados en un registro cuya energía implica claramente un uso extra cotidiano del
cuerpo de la actriz. La amplitud de sus movimientos crea una danza en esa pasarela de
luces que es el escenario.
La Mora que construye Véliz es una mujer sola, independiente, cuyas expresiones
oscilan entre la locura y la genialidad a través de la metáfora. Una mujer que aunque ría
o llore, se ve valiente. Su cuerpo erguido, el tono de voz, su mirada, los movimientos de
sus brazos y hasta los cambios de dinámica en los que salta o aplaude rítmicamente,
muestran una persona enérgica, con carácter.
Pero los movimientos disruptivos y los cambios bruscos en el tono de la voz, también
parecen señalar a alguien que ha enloquecido. Y en ese sentido algo de la obra
transmite dolor.
Se podría pensar que construye una Lola Mora solitaria, enloquecida por la
incomprensión de su época y el abandono del poder debido a los cambios del rumbo
político. Una cercanía a la locura que hace tambalear a la figura fuerte de una artista
que en su vida fue también una persona hábil, que siendo mujer en una estructura social
sumamente machista, comprendió cómo moverse para sacar provecho de hombres
poderosos del momento y así poder lograr sus objetivos creativos. Una mujer que supo
accionar en medio del ambiente patriarcal de principio de siglo XX y dedicar su vida a
un arte que pocas mujeres realizaban.

El dolor
Retomando las escenas descriptas, podemos introducirnos en la emocionalidad como
una atmósfera general que crea la intérprete en su gestualidad y relación con los
distintos materiales. No es una obra de teatro de texto, es una obra en la que la
expresión surge de la acción y la construcción simbólica de un universo mediante
retazos no lineales.
Las palabras que expresa la actriz, vestida de negro, no son felices. Las acciones
realizadas en soledad, yendo de un lado a otro con su valija, hablándole a la nada como
quien expresa su sufrimiento, descontento o reflexión sobre la propia suerte, o sobre la
vida y la muerte, mientras se pinta la cara con cenizas, nos hablan de dolor.
La misma soledad de una mujer vestida de negro y deambulando por un espacio
acotado como un pasillo, es una imagen que el público de esta cultura puede interpretar
como dolorosa. Con el conocimiento general respecto de la vida de Lola Mora como
trasfondo cultural afectivo, en la que el saber popular conoce que murió pobre,
prácticamente sola, abandonada por el poder que alguna vez la ensalzó. Una mujer que
también se separó del que fue su marido y que fue criticada por osada cuando se
inauguró la escultura La fuente las Nereidas que la hizo más famosa, tanto que es
conocida como la fuente de Lola Mora.
El conocimiento de la vida de la artista colabora para que la atmósfera afectiva sea de
dolor. Y no solamente se trata del dolor que queda debido al final poco feliz de su vida.
También es el dolor de leer ese abandono como un castigo por atreverse a tanto en un
siglo profundamente dominado por el patriarcado.
Ahora bien, el dolor se siente en el cuerpo, a través de los sentidos. El dolor es definido
en 2020 por la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP, por sus siglas
en inglés) como “una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada o similar
a la asociada con daño tisular real o potencial” . Definición que incluye algunas notas,

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entre ellas una que dice que el concepto de dolor se aprende a través de las
experiencias de vida, lo que lleva a que las personas podamos reconocer de qué se
trata esa emoción a partir de haberla vivenciado.
Como expresa Ahmed (2015) el dolor se describe generalmente como una experiencia
privada e incluso solitaria, aunque ese sentimiento que es intransferible, en tanto dolor
de los otros “se evoca en el discurso público, como algo que requiere una respuesta
colectiva e individual” (p. 47). En la obra, el dolor de Lola Mora que evoca la intérprete,
se transfiere al público que participa de esa atmósfera afectiva triste, por más que la
actriz cante, ría o se burle del eco de las críticas recibidas.
Por otro lado, como continúa Ahmed, el dolor refiere a una herida y en los modelos
políticos de subalternidad esa herida se fetichiza por lo que empieza a ocupar el lugar
de la identidad misma. La identidad “se separa a la herida de la historia de ‘haber sido
herida’ o lastimada. Se convierte a la herida en algo que simplemente ‘es’, en vez de
algo que ha sucedido en un tiempo y espacio” (p.66). Lo que es problemático
políticamente porque corre el eje de lo que se debería discutir. En este caso, el dolor de
Lola Mora, ¿es por haber terminado sola y abandonada o es el castigo por haber sido
una mujer empoderada que se vinculó con el poder político como si fuera un hombre?

El cuerpo afectivo y el poder
Para cerrar este acercamiento desde la teoría de las emociones nos preguntamos cómo
podemos vincular ese cuerpo afectivo que aquí relacionamos con el dolor, con el poder.
El poder se ejerce sobre el cuerpo, dijimos anteriormente, un cuerpo que también puede
revelarse contra el poder. Por otro lado, el dolor tiene una historia. “El dolor no es
simplemente el efecto de una historia de daño: es la vida corporal de esa historia”
(Ahmed, 2015:68). El dolor es un testimonio de aquello que lo produjo. Es una emoción
que hace referencia a la memoria, que trae el evento que lo produjo al presente y lo
presentifica en los cuerpos que intercambian una circulación afectiva en el convivio
teatral.
El efecto político es el de recuperar esa memoria con una perspectiva crítica,
entendiendo el suceso que provocó el daño para posicionarse de tal manera que sea
posible denunciar el hecho y empoderar a otras mujeres también artistas. Esto surge de
la figura de la actriz, también mujer, también artista.
El cuerpo en la escena, con sus múltiples canales de expresión simbólicos puede ofrecer
otros conocimientos a las personas del público, causando un impacto que deviene, en
palabras de Proaño Gómez, en “una comprensión más compleja de la realidad política
expresada en la escena” (2021:154).

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5 / Rosario, 2011)

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La chancha, el hacha y el helado: erotismo y violencia
en Todos contentos34
Dulcinea Segura
DEPARTAMENTO ARTÍSTICO

Introducción
Con el foco en las relaciones humanas que el grupo de danza El Descueve afirmaba
indagar en sus creaciones, desmenuzamos tres escenas que nombramos como la
"chancha", "el hacha" y "el helado" de la obra Todos contentos (1998) en las que
observamos que el cuerpo desnudo parcial o totalmente, y su gestualidad, generan
cierta tensión debido a la relación que mantienen el erotismo y la violencia en esas
escenas.
Tomamos para el análisis la perspectiva teórica de las emociones planteada por Sara
Ahmed (2015) entendiendo que las emociones son corporales y que es desde esos
cuerpos de la danza que les intérpretes expresan su visión respecto a esas relaciones
humanas afirmando un posicionamiento político que podríamos pensar identitario del
grupo y en el que la historia reciente hace cuerpo en las relaciones afectivas que
proponen.
El Descueve fue un grupo de danza-teatro que formó parte de la escena independiente
de la ciudad de Buenos Aires durante la década de 1990. Sus cinco integrantes eran
jóvenes vinculados a la escena más disruptiva de ese momento y cuyas propuestas
irrumpieron en el espacio público con el retorno de la democracia en el año 1983, tal es
el caso de La organización negra, con quienes mantenían contacto en ese momento y
con cuyos integrantes colaboraron años después en De la guarda.
También estaban relacionados con el ambiente del rock al punto que los músicos Diego
Frenkel, vocalista de La portuaria y hermano de una de las integrantes, así como Gaby
Kerpel de La organización negra, o Diego Vainer, realizaron la música para algunas de
sus obras.

El Descueve, 2015 (Foto cedida por Bonard)

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Trabajo presentado en las VIII Jornadas de Investigación del Instituto de Artes del
Espectáculo (Marzo, 2024).

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Por otro lado, las primeras intervenciones de los integrantes del grupo, incluso antes de
conformarse como Descueve fueron en Cemento, punto alternativo del under porteño
que existía por fuera del circuito teatral convencional y que fue, en palabras de la
investigadora Malala González (2015) “parte de un conjunto de lugares alternativos que
emergieron por diferentes barrios de Buenos Aires, principalmente a partir del
advenimiento democrático”, que además, tal como señala González “resultaron claves
para la manifestación de las nuevas tendencias artísticas –musicales y teatrales– de
diferentes grupos emergentes”.
El grupo estaba integrado por Mayra Bonard, Carlos Casella, Ana Frenkel, María Ucedo
y Gabriela Barberio, y su formación se nutría de distintas técnicas de danza, artes
marciales y Contact Improvisation. Su deseo era hablar sobre las relaciones humanas
a partir del cuerpo y su lenguaje, más allá de la disciplina de danza, poder mover al
público de su lugar habitual. “Uno es como un político: quiere modificar la realidad de la
gente, abriendo lugares sensibles que, por ahí, no tienen en cuenta en su vida”, afirmaba
Ana Frenkel en una entrevista (Schanton, 1999).
Consideramos que el cuerpo que danza simboliza y sus metáforas pueden ser
significadas de diversas maneras por parte del público, que de esta manera podrá ser
tocado en su sensibilidad, tal como expresa Frenkel. La danza y el movimiento del
cuerpo evaden significaciones cerradas. En escena, el cuerpo natural-social del
intérprete convive junto al cuerpo poético (Dubatti, 2008), y este cuerpo poético propone
una kinesis que puede verse reflejada en el cuerpo del espectador a través de la empatía
kinestésica, esa resonancia corporal que nos conecta como seres humanos.
Ahora bien, ¿qué pasa con el cuerpo poético y afectivo que se observa en la obra Todos
contentos? ¿Qué identidad construye el grupo a partir de las escenas que despliegan?
¿Qué memoria tienen esos cuerpos que bailan? Para intentar acercarnos a alguna
respuesta vamos a tomar tres momentos de la obra en las que observamos que la
tensión se produce por cierta vinculación entre el erotismo y la violencia, que queremos
pensar desde una perspectiva emocional.

Las escenas
Todos contentos fue una obra cuya estructura se caracterizó como fragmentada, como
“una mezcla de imágenes surrealistas (Durán, 1998), con “escenas concebidas como
cuadros autónomos” (Espinosa, 1998). Una especie de viaje que poseía la
fragmentación de un videoclip. Algo que incluso el propio grupo afirmaba: “El
espectáculo está pensado como un videoclip donde el principio puede no tener nada
que ver con el final” (Cruz, 1998).
Esta cuarta creación del grupo sucede en medio de su colaboración con De la guarda,
con quienes hicieron el espectáculo Período Villa-villa que los llevó a viajar a Nueva
York para posteriormente formar intérpretes y que la obra quedara funcionando allí.
Para la puesta en escena de Todos contentos, las intérpretes tuvieron la mirada
dramatúrgica de Nora Moisenco y la colaboración de Diego Vainer en música y Gonzalo
Córdova en luces, que aportaron a crear la atmósfera cinematográfica de algunas
escenas.
Vamos a recorrer los tres momentos elegidos y acompañar la descripción de las mismas
con algunos comentarios de periodistas en distintos medios de prensa, para luego
ahondar en las emociones violentas y eróticas que observamos se expresan allí.

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La obra inicia con una acción en la que el grupo se encuentra sentado a la mesa
intercambiando palabras triviales, en un espacio cuyo suelo está cubierto de tierra y en
el que también hay una heladera. De repente, esa situación se desarma y queda
solamente una intérprete frente al público, sentada en una silla en la que está atada.
Mayra Bonard es quien está sentada con las manos atrás. Mira al público mientras se
desata y progresivamente comienza a emitir gruñidos como si encarnara un animal.
Desde ese instante, se va a desplazar por el suelo, frotándose contra él y chocándose
con las paredes y todo lo que encuentre a su paso. Entre las sacudidas que da, se
incorpora en un movimiento y gira mostrando que debajo de la falda no tiene ropa, por
lo que queda al descubierto la vagina.
Es la escena que fue conocida como “la chancha” al punto que un medio tituló una
entrevista a Bonard como “Mayra, mujer chancha” (Propato, s/f) y que otros medios
describieron así: “…una de las muchachas, ahora sola en la escena, comienza a
desplazarse con la sensualidad de una animal en celo. Se ha convertido en una
chancha” (Espinosa, 1998) o se refieren a su interpretación, también vinculándola con
el animal, de esta manera: “la adrenalínica irrupción de Mayra Bonard convertida casi
en un ‘cerdo’ que emite sonidos onomatopéyicos y exhibe su primitiva desnudez, posee
impacto y riqueza interpretativa” (Fontana, 1998), o con esta descripción de la escena:
“una joven mujer avanza paulatinamente en una metamorfosis que la convierte en cerdo,
mugriento y desaforado, hostil y exasperante” (Capalbo, 1999).

“La chancha”, Mayra Bonard en Todos contentos (foto cedida por la intérprete)

También en la entrevista que realiza Propato (S/F), la dramaturga hace alusión a la
escena en la que describe la corporalidad de Bonard como una “mujer/animal” que
“transita un estado de excitación y exacerbación corporal”, mientras la intérprete
responde expresando cuál era su intención:
la idea era comunicar algo sexual pero desde un lugar que violentara y encarara al
espectador (…). Esta mujer animalizada está muy caliente, pero es una chancha
insatisfecha que no sabe para dónde ir, qué buscar, que todo le da lo mismo: la tierra, el
palo, la pared, el público. Busca un lugar donde sentir, con quien sentir, pero no lo
encuentra. (Propato).

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Esas son algunas de las referencias a esta escena que se ubica ni bien comienza la
pieza y deja al espectador al borde desde el inicio de la obra, entre un estado de
incomodidad y de adrenalina.
La siguiente escena seleccionada es un pequeño cuadro en el que la iluminación se
cierne sobre la imagen de la bailarina Ana Frenkel, que está comiendo un helado. El
plano cercano que genera la luz le otorga un carácter cinematográfico. Allí simplemente
vemos a una mujer saboreando un helado de crema, pero cuya forma cónica y alargada
entre el cucurucho y la crema, podríamos decir que alude ‘freudianamente’ a un falo.
Al principio Frenkel no realiza ningún gesto agregado a la acción de comer el helado,
chuparlo, pasarle la lengua y meterlo en la boca, y su expresión es bastante seria y
hasta distraída, como si estuviera pensando en bueyes perdidos. Pero en un momento
comienza a pasarse la crema por la cara, manchándose el rostro como si se frotara el
helado, que queda desparramado entre la nariz y los costados de la boca con una
alusión sexual que parece totalmente deserotizada debido a la inexpresividad de la
intérprete, pero que algún periodista supo leer de otra manera como “la
insospechadamente erótica degustación de un helado” (Capalbo, 1999).

“El helado”, Ana Frenkel en Todos contentos (captura de pantalla)

Finalmente, la escena que denominamos ‘el hacha’ viene vinculada a una situación
anterior debido a la participación de los mismos intérpretes. En este cuadro vemos a
María Ucedo subida a un poste de madera en el que se aferra mientras Carlos Casella,
el único hombre del grupo, pega hachazos en la base con la intención de derribarlo.
Ambos vienen de protagonizar otra escena que sucede casi en la oscuridad total salvo
por unos fósforos. Allí las llamas se encienden y apagan iluminando partes de una mujer
desnuda (Ucedo) junto a un hombre vestido (Casella) que la ilumina, la mira y la recorre.
Un momento íntimo que va de lo amoroso a lo sensual en un vínculo que el público
puede identificar como ‘de pareja’, (por su clara alusión heterosexual), y que en la
prensa se leyó como la “escena de los enamorados” en la que “juegan a hacer el amor”
(Irazábal, 1998).
Pero la escena del hacha, a la que Bonard se refiere como una pareja que “está jugando
a la incomunicación” (Propato, s/f), para otras miradas era claramente violenta o al
menos, con una carga de agresión que resultaba inquietante. Así Fontana (1998) señala
que “el hombre hostiga a una mujer trepada a un poste de madera”, o Capalbo se refiere
a “un personaje audazmente encaramado en lo alto de un poste que se está hachando
para ser derribado, [que] incitan a pensar el disgusto y la incomodidad de la experiencia

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psicosocial en un sentido simbólico” (1999). Palabras que aluden a una escena que
muestra claramente niveles de violencia.

Las emociones. Violencia y erotismo
Como expresa Helena López González de Orduña en el prólogo del libro La política
cultural de las emociones: “Que sabemos cuando sentimos y que este conocimiento
está inducido por estructuras sociales es, hay que recordarlo, una de las
reivindicaciones del feminismo de los años setenta contenida en el ya célebre lema: "lo
personal es político" (Ahmed, 2015: 11). Este señalamiento sirve para afirmar que las
emociones son personales y lo personal tiene como hogar el cuerpo, su sentir y su
pensar. Por lo tanto, el cuerpo con sus emociones es político en tanto puede movilizar
con su expresión y posicionamiento afectivo a otros cuerpos, convocarlos a la acción
corporal o a la reflexión, en un contagio colectivo corpoafectivo.
La danza de las escenas seleccionadas en esta obra propone unos cuerpos que, en
movimiento o quietud aparente, se vinculan con otros cuerpos de maneras en donde la
violencia y el erotismo se entrecruzan para generar un lenguaje bastante característico
del grupo. La relación que mantienen con el público también propone perspectivas que
lo tensionan emocionalmente, desde las imágenes que proyectan hasta la relación con
el tiempo, que se acelera o dilata. La danza impulsa a la imaginación alerta porque
genera mundos simbólicos del desborde.
Queremos proponer la violencia y el erotismo como espectros en los que se pueden
incluir o agrupar distintas emociones por fuera de cualquier intento de catalogarlas. Así
podemos pensar emociones violentas en la que puede incluirse el enojo, la bronca, o la
vergüenza, en tanto estas emociones pueden generar violencia en las personas. En ese
sentido, el erotismo es una emoción violenta, o como expresa Bataille (1988) al
respecto: “es la aprobación de la vida hasta en la muerte”.
En la escena titulada “la chancha”, Bonard reflexiona en los términos de erotismo y
violencia que ponen en juego las pulsiones como aquello que es reorganizado por lo
social al referirse al personaje que interpreta de esta manera: “El papel que hago es de
alguien muy desculturalizado, que está al margen de lo social, que está fuera del modelo
de erotismo femenino, ya que esta mujer animal se expone bestialmente y esto asusta”
(Propato, s/f).
Al referirse a alguien ‘desculturizado’, Bonard hace alusión de alguna manera al pasaje
del hombre a la cultura y la vida en sociedad, que se produce a partir de la adecuación
al principio de realidad dejando afuera -o bien sublimando- aquellas pulsiones que
deben ser reprimidas. El caso de ‘la chancha’ se ubica entre aquello reprimido que el
arte se permite expresar para dar cauce a lo reprimido por medio de una representación
artística, sublimada.
“La tensión que produce este primer cuadro, no se pierde a lo largo del espectáculo
puesto que el sustento material del mismo es precisamente el juego bipolar
Tensión/Distensión” (Irazábal, 1998). Ese juego bipolar que indica Irazábal trae otros
pares de opuestos entre los que podrían ubicarse la violencia y el erotismo o las
pulsiones de vida y de muerte.
En un trabajo anterior sobre El Descueve ya nos referimos a las características de
violencia y erotismo del grupo en los términos de las pulsiones que en ese entonces
vinculamos al impulso dionisíaco (Segura, 2018). Allí nos referimos a la propia definición
de Freud de la pulsión como un “concepto fronterizo entre lo anímico y lo somático,

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como un representante psíquico de los estímulos que provienen del interior del cuerpo
y alcanzan el alma” (1986: Vol. XIV, 117). Por otro lado, el único integrante masculino,
Carlos Casella se refiere al trabajo corporal expresivo del grupo y dice que “se trata de
abordar situaciones yendo desde el cuerpo hasta un estado emocional” (Denoy, 1999).
Es decir, entendemos que el cuerpo es emocional, que las pulsiones provienen del
interior del cuerpo y van cargadas de afectividad y que El Descueve trabaja con ese
material sus obras.
Sin meternos a fondo con el tema de las pulsiones en Freud que abarca casi toda la
obra, vamos a decir que pueden agruparse en dos: el Eros o pulsión de vida y el Tánatos
o pulsión de muerte. Podríamos agregar que la pulsión erótica liga, reúne, arma,
conserva, y que la tanática desliga, desarma, disuelve, destruye, entendiendo que
“ambas pulsiones se comportan de una manera conservadora (…) pues aspiran a
restablecer un estado perturbado por la génesis de la vida.” (Vol. XVIII: 41). En ese
sentido, nos preguntamos si las emociones que desprenden las escenas, y que
observamos como eróticas o violentas, no son una puesta en tensión de ambas
pulsiones que en definitiva se subsumen al erotismo en tanto impulso vital que también
encarna su final. Freud también expresa que “Eros persigue la meta de complicar la
vida mediante la reunión, la síntesis, de la sustancia viva dispersada en partículas, (…)
las pulsiones de muerte son, en lo esencial, mudas, y casi todo el alboroto de la vida
parte de Eros.” (Vol. XIX: 47).
En la escena del helado, la aparente inocencia de Frenkel chupando con parsimonia el
helado en la temporalidad propia de la acción, con la lentitud que lleva pasar la lengua
por la crema fría, o ensuciarse la cara con el helado que se derrite, también conlleva un
grado de erotismo contenido que se transforma en un sentimiento violento de
impaciencia y desesperación. Tanto por las imágenes que la situación de chupar pueda
evocar, como por la lentitud y la incomodidad del pegoteo que el dulce produce en la
piel, que es espejado por las sensaciones del cuerpo del espectador.
Lo mismo sucede con la escena de Ucedo y Casella, que por ser identificados como
pareja ficcional debido al vínculo que mantienen en escenas anteriores, se imponen
como un momento violento dentro de la relación. Esa acción de hachar con furia un palo
en el que está aferrada una mujer desnuda, puede llevar a la imaginación a una situación
de forzamiento, acoso o abuso. El hacha se usa para derrumbar el palo y que la mujer
caiga, para así encontrarse a mano del hombre, fácil de agarrar, disponible para que el
hombre, mostrado como un ser fuerte (lo vemos empuñar el hacha y darle con
intensidad al palo), pueda retenerla y hacer lo que quiera frente a la situación de
vulnerabilidad de la mujer desnuda que parece querer escapar (¿por qué está sino
encaramada en lo alto de un palo?).

“El hacha”, Carlos Casella y María Ucedo en Todos contentos (foto cedida por el grupo)

Podríamos referirnos a las emociones de estas tres escenas como una atmsfera
emocional donde prima la violencia de un erotismo tenso.

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Una observación en relación a las emociones
En el campo de la investigación científica, la emoción ha sido considerada inferior a la
razón tanto como las artes lo han sido en el campo de producción de conocimiento. En
el ámbito artístico, la sensibilidad y las emociones son una fuente que nutre la creación.
Por otro lado, como expresa la teórica feminista Sara Ahmed (2015), las emociones
siempre han estado vinculadas a las mujeres porque se las representa como seres más
cercanos a la naturaleza y entonces “menos capaces de trascender el cuerpo a través
del pensamiento, la voluntad y el juicio” (p.22), a la vez de convertirse en atributos de
los cuerpos “en tanto transforman lo que es "más bajo" o "más elevado" en aspectos
corporales. (p.23). Es decir que las emociones, por ser algo vinculado al cuerpo
sensible, estarían emparentadas no solamente con el arte, sino también con la mujer.
En este trabajo no vamos a centrarnos en perspectivas de género, pero cabe destacar
que la mayoría de que quienes interpretan las escenas seleccionadas, son mujeres (más
allá de la obviedad sobre la mayoría femenina del grupo).
La autora desarrolla una mirada sobre la circulación de las emociones entre cuerpos, en
la que va a decir que las emociones son relacionales porque involucran “(re) acciones o
relaciones de "acercamiento" o "alejamiento" con respecto a dichos objetos” (p.30), pero
no deberían considerarse estados psicológicos sino prácticas culturales y sociales que
se estructuran a través de circuitos afectivos.
Basándose en la relación entre las emociones, el lenguaje y los cuerpos, estudia
distintos estados emocionales a partir del análisis de la emocionalidad de los textos en
debates sobre terrorismo internacional, asilo y migración, y reconciliación y reparación
que suceden en diferentes lugares del mundo, observando cómo las emociones que son
nombradas en los actos del habla, implican sensaciones.
Queremos destacar al cuerpo como protagonista de esta circulación de las emociones
que van y vienen entre lo individual y lo colectivo.
El cuerpo, como espacio de constitución de la integridad de la persona, es una superficie
de contacto e intercambio de emocionalidad, es la casa del Yo. Como recupera Ahmed,
Freud sugiere en El yo y el ello, que el yo es antes que nada un yo corporal, por lo tanto
esa formación “está ligada a la superficie, y la existencia de esa superficie depende de
la experiencia de sensaciones corporales como el dolor, el cual se describe como una
‘percepción externa e interna que se comporta como una percepción interna aun cuando
su fuente esté en el mundo externo’ (Freud l 964b: 22 citado en Ahmed, 2015:54). Es
decir que las emociones que circulan entre las personas, lo hacen desde los cuerpos,
desde esas superficies corporales que entran en contacto y en ese intercambio, sienten.
Estas emociones corporales circulan en un ida y vuelta entre las personas en un espacio
interrelacional que conjuga lo público y lo privado, siguiendo a Ahmed “las emociones
no están ni "en" lo individual ni "en" lo social, sino que producen las mismas superficies
y límites que permiten que lo individual y lo social sean delineados como si fueran
objetos” (p.34).
Desde la perspectiva escénica, podemos pensar el convivio teatral (Dubatti, 2003) como
el espacio en el que se produce ese intercambio en el que las emociones atraviesan a
las personas en una empatía kinestésica en la que podemos dudar si el reconocimiento
o la valoración de la emoción están en la escena, en el público o en ese espacio
interrelacional.

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La investigadora propone que las emociones “funcionan como diferentes tipos de
orientaciones hacia los objetos y los otros, lo que moldea tanto los cuerpos individuales
como los colectivos” (p.43). Los vínculos producen efectos en los cuerpos que afectan
a su vez a la manera de relacionarse. La forma cómo nos vinculamos con otros va a
estar influenciada por ese contacto emocional. ¿Es el erotismo violento una posibilidad
de relación en la que se incita a lo crudo del deseo, a la bronca frente a la falta, a lo
aculturizado que anida en el ser humano y que las prácticas políticas neoliberales
exacerban? En las escenas seleccionadas pensamos que la violencia del erotismo (o el
erotismo de la violencia) de las imágenes creadas circula entre los cuerpos que crean y
los que expectan, como parte de un contexto sociocultural compartido en el que los ecos
de la dictadura se oyen en la política neoliberal del momento.

La emoción es política
Sabemos que las emociones son parte del convivio teatral, que circulan en ese espacio
y que parte del arte es generar, provocar, evocar o despertar emociones, que produzcan
corrimientos de lugares habituales y reflexiones respecto a las relaciones, el mundo, las
personas, la existencia.
Desde la emoción, las personas actúan, aprueban o desaprueban situaciones, se
involucran. Por eso, como expresa Ahmed, "las emociones ‘importan’' para la política”,
ejercen una influencia en la toma de decisiones, por eso “las emociones nos muestran
cómo el poder moldea la superficie misma de los cuerpos y de los mundos también”
(2015:38).
Las escenas seleccionadas proponen una circulación de emociones violentas apoyadas
en un erotismo por momentos encubierto -como el caso del helado-, explícito y salvaje
-como en el caso de la chancha-, y crudo en la escena del hacha, que de por sí muestra
una acción violenta.
Esas emociones que fueron leídas en su violencia con descripciones referidas a
espectáculos del grupo en los que se presenta “la violencia de una ceremonia salvaje”
o se propone que el acento está “en la agresividad implícita en toda relación humana”,
que plantean “el efecto es inquietante y dispara por momentos una mezcla de
fascinación, vértigo y temor al desborde, como si se tratase de un culto dionisíaco”
(Espinosa, 1998), ¿desde dónde surgen? ¿Puede ser la lectura del público la que
interpreta la emoción violenta de las acciones e imágenes corporales? ¿Es la práctica
cultural compartida el trasfondo en el que se apoyan estas emociones? O como
sugerimos más arriba, ¿será el contexto político cultural del neoliberalismo en esta
segunda postdictadura el que abona emociones violentas?
Lo cierto es que la emoción sucede en el cuerpo y es allí donde causa aprobación o
rechazo, desde esta individualidad subsumida en lo colectivo (o de la grupalidad anidada
en cada individuo), por lo que permanece en tensión el individualismo del sujeto y la
sensibilización de un capitalismo más humano (Arfuch, 2016)
Para cerrar queremos abrir otra posibilidad de análisis más allá de la emocionalidad
política en relación al contexto. Pensando las escenas desde una perspectiva de género,
podríamos compartir respecto a la obra las siguiente afirmación: “…se utiliza un sentido
de paródica ironía para hablar de conductas sociales que consumen, enfrentan y unen
al hombre y la mujer” (Fontana, 1998), o especular que las escenas dejan esta reflexión:
“Un mensaje abierto parece cubrir la totalidad de la obra: el hombre sustenta el poder
de su especie y la mujer se rebela” (Fontana, 1998). Quedarán para futuras reflexiones
estos señalamientos heteronormativos.

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La historia se mueve en una dialéctica en la que las identidades se transforman, entre
erotismos, luchas y violencias. Los cuerpos de la escena de la danza insinúan, sugieren
o reflejan, incluso antes de que la idea sea consciente. Es parte de la simbolización del
cuerpo.
Estará en la recepción de estas elucubraciones, la posibilidad de desarrollar un
pensamiento que sinteticen, amplíen o cierren estas ideas.

Bibliografía
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Universitario de Estudios de Género.
Arfuch, Leonor (2016) “El ‘giro afectivo’. Emociones, subjetividad y política”. deSignis, vol. 24,
enero-junio, 2016, pp. 245-254 Federación Latinoamericana de Semiótica
(https://www.redalyc.org/pdf/6060/606066848013.pdf).
Bataille, Georges (1988) El Erotismo. España, Tusquets.
Capalbo, Armando (1999) “Escenas proteicas”.El menú 69, Buenos Aires, febrero 1999.
Cruz, Alejandro (1998) “El Descueve, al ataque”. Espectáculos del diario La Nación, Buenos
Aires, 19 de diciembre de 1998.
Denoy, Marina (1999) “Persona: Carlos Casella“. Diario La Nación, Buenos Aires, 21 de febrero
de 1999.
Dubatti Jorge (2003) El convivio teatral. Teoría y práctica de Teatro Comparado. Colección
Textos Básicos. Buenos Aires: Atuel.
__________ (2008) Cartografía teatral: introducción al teatro comparado. Buenos Aires: Atuel.
Durán, Ana (1998) “Una mezcla de imágenes surrealistas”. Vea más, Buenos Aires, 1 de mayo
de 1998.
Espinosa, Patricia (1998) “Perturbadora ceremonia de El Descueve”. Diario Ámbito financiero,
Buenos Aires, 14 de diciembre de 1998.
Freud, Sigmund. (1986) Obras completas (vol. XIV, vol. XVIII y vol. XIX). Argentina: Amorrortu.
Fontana, Juan Carlos (1998) “Animalidad y vigor dramático. Una obra de danza ‘salvaje’ desafía
los comportamientos culturales”. Diario La Prensa, Buenos Aires, 2 de mayo de 1998.
González, Malala (2015) “Escenarios urbanos: a propósito de La Organización Negra y su
trayectoria centrípeta“. Apuntes de Teatro Nº 140 (2015): 26-45 • ISSN 0716-4440 ©
Escuela
de
Teatro
Pontificia
Universidad
Católica
de
Chile.
https://ri.conicet.gov.ar/bitstream/handle/11336/70359/CONICET_Digital_Nro.c8e3b757d030-468b-ba3f8ca9bf9dcfe9_A.pdf?sequence=2&amp;isAllowed=y#:~:text=Melli%2C%20Los%20Macocos%
2C%20Batato%20Barea,%2C%20Los%20Twist%2C%20entre%20otros.
Irazábal, Federico (1998) “El Descueve, excepcional equipo de danza-teatro”. Diario El cronista,
Buenos Aires, 18 de diciembre de 1998.
Propato, Cecilia (S/F) “Mayra, mujer chancha“(sin datos de publicación, material cedido por la
intérprete).

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Schanton, Pablo (1999) “El teatro no fue hecho para aburrir. El Descueve explica por qué Todos
contentos es un oasis en el cartel under del verano”. Suplemento joven del diario Clarín,
Buenos Aires, 12 de febrero de 1999.
Segura Rattagan, Dulcinea (2018) “Erotismo y violencia en las primeras obras de ‘El Descueve‘:
Criatura y La fortuna“. Anuario de investigaciones Publicación Anual - Nº 9, ISSN: 18538452, AICA, Buenos Aires, Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.

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El despertar de los demonios
Joaquin Toloza, Mauro
Toloza, Toloza, Luana
García, Florencia Ciccotelli
DEPARTAMENTO DE ARTES

Palabras preliminares
Este trabajo de investigación se llevó a cabo en el marco del Programa IR
(Investigaciones en Residencia) del Área de Danza coordinada por la Lic. Mariela
Ruggeri. Fue realizado durante el año 2024 en la Sala Solidaridad del Centro Cultural
de la Cooperación.
Momentos trascendentales dejaron marcas… Aquellas que nos construyeron, formaron,
moldearon, para ser quienes fuimos, para ser quienes somos y quiénes seremos.
Lo que consideramos que es malo y lo que consideramos que es bueno ya convive en
cada unx como una posibilidad más dentro de todas las posibilidades que tiene el ser
humano.
No obstante, nosotrxs decidimos qué camino elegir…
LINK a la obra: https://drive.google.com/file/d/1ia0dRzZQX_wp9FZvO6LVpppRWTBSd
3tX/view?usp=drivesdk

El despertar de los demonios
“Para besar a la luz . Seducía la sombra” .
El plan de la mariposa

El despertar de los demonios es una experiencia multimedial que fusiona y entrelaza
la danza, la música, el teatro y los medios visuales tecnológicos en una organicidad
que invita al espectador a ingresar al viaje de sus propias emociones junto con los
intérpretes.
Esta propuesta Artístico Escénica busca identificar y hacer visibles en lo corpóreo el
universo de las sensaciones, percepciones, emociones y sentimientos que habitan
en el ser humano como constantes o patrones, para indagar en la posibilidad de
quebrar esos automatismos, encontrar otras respuestas o justificar la repetición.
Intenta habitar, explicarse aquello que solemos vivenciar, en ocasiones sin un registro
consciente, emociones que desde una pulsión nos hacen actuar de determinada
manera, no en todos igual, siendo observable y extraño a la vez la diversidad de
respuestas que pueden producirse en cada persona frente a un mismo estímulo.
Como una paleta de colores que toma todos los degradé posibles.

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Se abre entonces la posibilidad de generar preguntas sobre las diferentes maneras
de accionar frente a momentos complejos, esos que irrumpen en la cotidianeidad de
lo que consideramos estable.
Por tanto es un trabajo que por medio de la investigación pone en cuerpo, a través
del cuerpo y desde el cuerpo, sensaciones, percepciones, emociones y sentimientos.
Para alcanzar ese fin, la figura del intérprete es intervenida por el sentir y en un
diálogo dialéctico compartido, el mundo de las emociones como consecuencia, se
expresarán a través de este cuerpo sensible transformado por la experimentación.
Se procura que el espectador se vea interpelado por la propuesta, inmerso en las
pasiones humanas, asaltado por las situaciones en la escena y reconociéndose en
ellas.
Para los creadores de esta obra, la devolución inmediata que haga el espectador “in
situ” es parte de su propia investigación, colaborando con el crecimiento y ajuste
subsiguiente de la experiencia.
Si un momento, un movimiento, un clímax puede tocar una fibra profunda, habitarlo
cada vez con más verdad expresiva

Objetivos generales
●

Presentar una obra fruto de una investigación sensible que fusione de manera
armónica los diferentes recursos (la danza, lo multimedial, lo sonoro y lo
teatral) explorando en una experiencia compartida los distintos saberes,
sensaciones, emociones y sentimientos.

●

Propiciar una relación activa con el/la espectador/a.

Objetivos específicos
●

Realizar un análisis del impacto de los sucesos que irrumpen en lo automático
cotidiano y su respuesta individual y social.

●

Afinar la transferencia de la emoción a un cuerpo que la interpreta.

●

Explorar la conexión entre cuerpo, emoción, sonido y espacio intervenido por
la imagen.

●

Profundizar el análisis del proceso compositivo explorando elementos
escénicos y diseños espaciales.

●

Unir contenidos para responder a la necesidad de la Obra propuesta (la danza,
lo multimedial, lo sonoro y el teatro).

●

Compartir saberes, sensaciones, sentimientos y emociones.

Reflexiones para la investigación de las escenas de El despertar de los demonios

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Dicha investigación comienza desde el registro que trae a la conciencia una
experiencia real, algo conmocionante para los que la transitaron, continuando por el
esclarecimiento de esas vivencias y luego la aparición de la PALABRA.
Cuando se llega a la palabra a través de un proceso, se elige lo que se dice y este
hablar aflora como una consecuencia, en coherencia interna entre el sentir, pensar y
decir. Ahí es donde comienza el proceso de transformación. Las elecciones que se
pueden tomar, las posibilidades que se eligen, los caminos que se recorren o no....
Todo esto llevó a pensar y repensar en el verdadero poder de la palabra a los
gestores de esta investigación. La palabra como verbo, el hablar como acción,
las consecuencias de decir y de callar.
La idea surge del bailarín y coreógrafo Joaquin Toloza que convoca a sus dos
hermanos Rocío y Mauro Toloza, diseño y composición musical respectivamente, tras
un suceso que impactó en sus vidas en particular. Entre los tres deciden iniciar este
recorrido de exploración del cuerpo, el sonido y la palabra, sus significados, sus
cargas, sus connotaciones, es decir, lo que apreciamos cada unx del peso de esa
palabra. ¿La palabra mueve, interrumpe, sana, bloquea?
¿Por qué hay algunas cosas que cuesta nombrar? ¿Será por su significado en sí o
por la carga que le damos conforme nuestras diferentes experiencias?. Pareciera que
hay cosas que están destinadas al secreto, porque tan sólo asomándose, no arrojaría
luz sino sombras.
Por otro lado, cuando hablamos de cosas de “sentido común" ¿De qué hablamos?
Es un significado que se atribuye a creencias y conocimientos a los que se arriba en
sociedad, como un saber compartido, algo que se intuye y es socialmente aceptado,
es un saber empírico que se acuñó en la historicidad de las prácticas sociales ¿cómo
se sostiene esa común significancia si cada ser es un universo de posibilidades? La
aceptación natural que se hace frente a situaciones a las que se le aplica el concepto
de sentido común parecen resolver inquietudes, es con ese “sentido compartido” que
por ejemplo no apoyaremos una mano sobre el fuego porque es obvio que todos
sabemos su efecto... ¿Todos?
Aquí viene la reflexión que todas las filosofías desde las milenarias hasta las
contemporáneas investigan ¿Cómo llegamos a reconocer lo que nos hace bien o
mal? Lo que conocemos o percibimos como malo ¿Es realmente malo? y ¿Qué es lo
bueno?; ¿Qué es lo que le da la carga a esas palabras y sus hechos? Quizás, sea
nuestra particular experiencia de vida, o quizás el modelo que repetimos de nuestro
sistema familiar y social. ¿Qué papel juega el arte en este devenir del bien y del mal?
Pensar a la maldad y bondad como compartimentos estancos y puros en sí mismos
acota el análisis, ya los orientales en su signo del yin y yang dan cuenta que dentro
de todo bien, hay algo de malo y viceversa. Pareciera que a través de la maldad, la
bondad se puede ver mucho más clara al distinguirse y la bondad hace que la maldad
se identifique, deje de estar escondida, para identificarla y que no nos lastime… son
muchas palabras, muchas preguntas y muchas respuestas…
El arte, desde sus primeras manifestaciones en la historia, busca resignificar lo vivido,
es una herramienta en manos del creativo para sublimar, poner de relieve, dar alguna
explicación incluso advertencia. Cuestionar, juzgar, dar cuenta de los hechos que
interpelan al artista, tal como lo hizo Picasso en su espectacular obra “Guernica”.
Pararse frente a ella nos transmite el sufrimiento y el dolor, la oscuridad y la brutalidad
de las guerras, pero al mismo tiempo lleva consigo una notable connotación pacifista,

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sólo de sentirla el observador ve nacer un deseo de acabar con el grito de los cuerpos
desgarrados.

De la misma forma, El despertar de los demonios busca resignificar y darle otro valor a
lo que atravesamos, abriendo caminos, generando preguntas, encontrando respuestas
en el transitar de la creación artística. Trazar puentes entre lo vivido, el mundo
fenomenológico que tal vez percibimos y el presente, enlazando así, el sentido mismo
de la existencia de estos seres particulares que habitan la experiencia escénica de la
obra.
Nos permitimos jugar con la idea de una danza de “fantasmas” que están a nuestro
alrededor acechando y bailando con nosotros, buscando la manera de convivir y
aparecer en aquello que nos pasa, con esto que sentimos, porque no podemos negarlos
ni taparlos; no podemos esconderlos ni tampoco ignorarlos, ellos están ahí..
intangiblemente cerca.
Entonces en cuanto a nuestro comportamiento, cuándo decidimos tomar alguno de los
múltiples caminos ¿Por qué lo hacemos? ¿Nos influyen presencias invisibles o sólo son
modelos mentales que repetimos de nuestros antecesores?
La vida es tomar decisiones constantemente. Hasta en las acciones más simples, unx
se encuentra tomando determinaciones, como comer, lavar un vaso, lavarse los dientes,
decir una palabra; y todo, absolutamente todo repercute interna y externamente. Nos
construye y reinventa todo el tiempo. Estamos en constante proceso de cambio,
creación e intercambio con el medio que habitamos.
Esta movilidad y variación constante de las experiencias a través del paso del tiempo
necesita palabras que a veces cuestan ser nombradas, nos traen un fuerte viento de
dolor o debilidad humana, en general parecen llegar en momentos oscuros que te han
tocado vivir alguna vez, quizás con personas y/o situaciones que hacen de escenario
para que esto suceda.
Esos momentos le abren la puerta a los demonios, tus demonios, nuestros demonios.
Demonios presentados como Dioses, personificando el hecho simbólico que
representan. Dioses que existen con un significado y propósito específico. No son malos
ni buenos, no buscan ser algo, solo son.

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Están por encima de todo, como algo divino que no puede morir. Deciden hacerse
presentes a través de personas o hechos para que no nos olvidemos de su existencia,
como si necesitaran vivir a través de nuestras acciones. También haciéndote creer que
no hay otra opción que hacer lo que esa presencia instiga, perdiendo por momentos la
voluntad de poder elegir tu propio recorrido.
Como cualquier Dios están para ayudarte, plenos de todo el poder del amor y el odio a
la vez. Se acercan para acompañar alguno de tus deseos, aunque a veces, no te guste
su manera de hacerlo.

Las preguntas llegan una a una para poblar el cuerpo de los creadores y sus
intérpretes:
●

¿Se puede repensar lo vivenciado para transformarlo? ¿Es posible no repetir lo
aprendido?

●

¿Qué hacemos en los momentos difíciles o complejos que nos tocan atravesar?
¿Qué decisiones tomamos?

●

¿Cómo percibimos la diferencia entre lo correcto y lo incorrecto? ¿Hay bordes
difusos entre uno y otro?

●

¿Transformamos el aprendizaje, lo reproducimos igual, lo mejoramos?

●

¿Qué recibimos? ¿Qué damos?

Nuestros sentimientos, nuestras maneras de ser y de accionar, nuestra personalidad
son producto de nuestras experiencias. ¿Somos lo que vivimos, o vivimos lo que
somos?

Personajes - Caracterología- Interrelación
5 demonios: Frustración - Miedo - Pereza - Envidia – Maldad
Demonio de la Frustración: Es una emoción que sobreviene cuando los resultados no
son los esperados. El que realiza las acciones no puede ver más allá de su descontento
y continúa actuando sin pensar. Tiene una actitud orgullosa, altanera, llevando la
impulsividad como bandera.
Sigue paladeando el disgusto y salta de una frustración a otra, registrando siempre lo
que le falta. No puede hacerse preguntas o redireccionar el rumbo.
Le echa la culpa a los demás de las cosas malas que le suceden y a la vez se
autocastiga. Se siente víctima de las circunstancias y personas, sin alcanzar su propia
fortaleza para realizar las acciones necesarias que hicieran falta para acercarse a su
deseo.
Derrama como una fuente inagotable el fluir de su malestar y mira su entorno con su
único lente, desde su unicidad, donde solo se ve el error.

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Registrando así el mundo, hay que ir contra éste y se justifica en esa lucha toda clase
de conductas desafortunadas.
En este pensamiento se niega a sí mismo y su posibilidad de probar otros caminos,
hacer cambios, incorporar algún aprendizaje y arribar a lo que quiere con sus propios
recursos. No conoce sus potencias, le da toda la responsabilidad de su disgusto a los
otros y bloquea el fluir positivo para quedar en un fango estancado de pestilencia.
“Es tanto lo que me ha pasado, lo que me hicieron sentir, lo que no puedo alcanzar”
Demonio del Miedo: El miedo es una percepción que llega en el aire, a veces ni siquiera
es tangible, una intuición que alerta sobre un posible peligro, algo que se huele, pone
un stop, paraliza.
Es una emoción primaria que surge desde la época de las cavernas, la amenaza
externa, nos permite dos respuestas básicas e inmediatas que eran indispensables y
siguen siendo en determinadas circunstancias : atacar o huir.
Genera respuestas físicas evidentes, dilata las pupilas, aumenta el ritmo cardíaco,
segrega sudoración y adrenalina. Trae una información a la mente “detente”.
Pero el miedo no siempre se manifiesta ante un peligro real como la aparición de una
fiera a punto de abalanzarse sobre vos, puede ser una respuesta desproporcionada ante
la incertidumbre del camino por venir y ese miedo no permite avanzar más allá de lo que
conoces, no permite ver el futuro como un espacio blanco para diseñar. Ese vacío se
presenta y se siente como un abismo.
Aquí aparecen frases como “lanzarse al vacío” “saltar sin pensar tanto”, pero el sentido
común interviene para frenar y avisar que el vacío puede ser la muerte, la desaparición,
el dolor.
Quedar atrapado en ese miedo mental, imaginario e infundado, te hace vivir en una duda
constante, tus pensamientos se asocian a la idea de un cercano fracaso como única
posibilidad, haciéndote sentir que el próximo paso es peligroso.
Con el paso del tiempo, si perdura la quietud, es posible que lo que no se animó a
enfrentar, reconocer, amar o perdonar, sea la razón de su propio desvanecimiento.
Quien esté inmerso en ese miedo tal vez no pierda nada, no habrá resta, pero tampoco
multiplicación.
Demonio de la Pereza: es el que se arrastra en la tierra moviéndose lentamente,
disfrutando de las texturas suaves que invitan a hundirse en lo mullido y esponjoso.
Detiene tu hacer no por alarma sino por placer en la no acción. Todo movimiento parece
excesivo y es una invitación a la procrastinación.
Te pone trabas para que todo aquello que dijiste o pensaste que ibas a hacer, como
aquellas tareas, objetivos y metas. Sin que adviertas que de haber hecho las acciones
necesarias, la rueda de ese movimiento, te hubiera elevado de la tierra para buscar tus
sueños de cara al sol.
El demonio de la pereza parece que odia a ese astro luminoso, pero eso es sólo por el
esfuerzo que representa ir hacia la luz. Espera que llegue sin movimiento alguno de su
parte, prefiere estar entre cuatro paredes que salir a ver la claridad del día.
Padece de una espera endémica, espera y mina la propia voluntad. Confunde placer
con inmovilidad. Se queda apoltronado. Duerme. Escapa.

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La pereza no parece atentar contra nada, se acomoda al placer del descanso pero se
regodea tanto en él que no sale del achatamiento. No tiene frutos ni logros, se enmohece
pegada a las cosas e imagina todo el tiempo que lo que fantasea llegará un día y
entonces se completará su anhelo. No hay nada que ir a buscar.
La dejadez e incluso aburrimiento por las cosas que se deben hacer acaba con la
capacidad del alma de llevar las riendas de su vida. Es un abandono que se manifiesta
en un cuerpo anclado a la tierra y un espíritu que abandonó el esfuerzo de animarlo.
Demonio de la Envidia: él te mira, te observa, de reojo o de frente. Te acecha con
tristeza, con enojo, con ganas de sentir lo que vos sentis, de poseer lo que vos posees.
No entiende cómo alguien ha logrado su deseo, cree ser más merecedor que el otro y
por eso el fuego de la rabia comienza a apoderarse. Es una hoguera que crece y no
puede seguir oyendo las bondades que otro goza y hasta desea que caiga en un
barranco donde no se escuche más de él o aquellos que han triunfado.
Es un demonio que está ciego y no puede parar de oír los aplausos que reciben los que
lo rodean pero a él no. Sufre el incendio interior de la comparación constante, y siempre
dice: “¿porque otros sí y yo no?”
No tiene idea de sus propias habilidades y dones porque se ha pasado el tiempo
distraído en mirar al otro, deseando estar en otro lugar y viendo sólo lo que falta.
Masculla por lo bajo, hace suposiciones oscuras y traza historias maliciosas sobre los
otros para justificar sus sentimientos de enojo. Quisiera borrar el brillo de cualquier otro
con una llamarada, disfrutando de sus caídas.
Es un demonio que padece de ira y ausencia, una ausencia con nostalgia a veces si ha
perdido algo que su entorno no pero más que nada una ausencia de cosas, un faltante
eterno, siente que carece de todo y que cualquier otro tiene más y mejor.
Este personaje suele no ver todo lo que sí tiene, lo mucho que posiblemente haya
alcanzado, porque está aturdido por el zumbido de sus propios pensamientos que le
duelen.
Son cuerpos a los que se vé secos, quemados, con un rictus rígido y una sonrisa velada
poco franca. Hacen esfuerzos denodados para que no se note su desagrado ante las
buenas noticias de los otros, pero resulta inevitable que aflore en alguna zancadilla que
provocan brotando desde el inconsciente.
La envidia corroe, es una brasa que consume el leño del árbol que podría ser frondoso
pero no lo sabe porque está quemada su propia percepción de satisfacción. Nunca
alcanza, nunca es suficiente, nunca es como lo que ve.
Demonio de la Maldad: este demonio de la maldad ve, muestra y tienta.
Como la serpiente del paraíso, es astuto, conoce algo de tus deseos y tus límites,
empujando la balanza para un lado poco satisfactorio al final de los hechos.
Se enmascara, tiene piel de cordero y sonrisa seductora, te hipnotiza, secuestra tu alma.
Sus movimientos son sinuosos e inquietantes, manifiesta gran energía y puede arrojar
el lazo que te dejará atrapado en un segundo.
No es un demonio feliz, trae sensaciones heladas de desamor. No tiene ternura aunque
pueda verse muy bello y lo único que persigue es regar vendavales de dolor, soledad,
juicios negativos y falta de empatía.
~ : “No me conmueve tu llanto y haré que llores más”

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Escena
La obra tendrá un desarrollo desplegado en una Obertura y 5 escenas
Obertura: La aparición de los demonios y sus características
1er Escena: “El despertar”
La representación de sus deseos, sus placeres y sus miedos. Una danza de familia
2da Escena: “El festín”
El contacto incesante de los cuerpos, la desaparición de la gravedad, el poder, el sudor
y la alegría de ser. Se acerca el alimento y vamos a devorarlo.
3ra Escena: “La llegada”
La luz llega al limbo para ser devorada. Perdiéndose entre la maleza de lo desconocido,
hundiéndose en la oscura profundidad.
4ta Escena: “El discurso”
La palabra del representante. La voz y el cuerpo atravesando el vínculo entre la
naturaleza, el destino y su ambigüedad.
5ta Escena: “Ancestral”
Imágenes de la historia. De lo que nos acompañó siempre. De las raíces, de lo
heredado. De las decisiones.
6ta Escena: “Lo natural”
El balance entre el bien y el mal, la transformación, las decisiones, las elecciones, la
convivencia, la humanidad.

Recursos y montaje
El recurso humano representado por los 6 intérpretes en la escena, verá como en la
coreografía sus movimientos y su figura es interpelada por la imagen digital que bañará
el escenario en diferentes momentos.
La banda sonora de la obra será creada con música original a través de sintetizadores.
Seis intérpretes serán coreografiados de manera tal que puedan atravesar cada una de
las particularidades de cada personaje en relación orgánica con lo tecnológico. Esto se
realizará a través de proyectores que estarán tiñendo la escena con reproducciones e
imágenes, generando una interacción continua entre lo físico, lo sonoro y lo multimedial.
La comunicación humana será considerada tal como se presenta en la historia del
lenguaje, en general mucho más gestual que textual.

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Como corolario este proyecto propone un enfoque humanístico y de transformación, con
una perspectiva asociada a la libertad misma del ser humano y sus decisiones.
Para esto analizamos cuestiones relacionadas con la manera de aprender y reproducir
el aprendizaje que vamos adquiriendo a través de nuestras experiencias de vida, sin
desatender los contextos que nos acompañan en nuestra construcción como sociedad.

Conclusión
Sabemos que es el comienzo de un largo recorrido de descubrimiento y reflexión al cual
estamos ingresando.
Como hermanos, es esta búsqueda de transformación nos enfrentamos a muchas
encrucijadas, muchos momentos de silencios y días de sentirnos aturdidos, momentos
de blancos creativos en los cuales no encontrábamos la manera de continuar, y por
momentos nos sigue pasando, pero con la convicción de que es nuestro camino a
seguir.
El arte en nuestras vidas no apareció por mera casualidad, de eso estamos seguros.
Entonces, desde lo artístico, con absoluto enfoque y en comunidad junto a estos
grandes artistas que con empatía y profesionalismo nos acompañan en este transitar,
buscamos visibilizar y trazar un camino hacia la reflexión sobre estos temas, de manera
tal que podamos acompañar a muchas más personas que estén atravesando
situaciones similares. Para que lo individual se transforme en colectivo.
Se proyecta dialogar y compartir la investigación con bailarinxs, actorxs, investigadorxs,
coreógrafxs, compañías de artes escénicas que estén interesadxs en lo
interdisciplinario.

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30 de noviembre: día del Teatro Nacional
Rocío Villar
DEPARTAMENTO ARTÍSTICO

El presente trabajo se centrará en el análisis del Decreto Presidencial N° 1586, con
fecha 3 de julio de 1979, mediante el cual se declara el día 30 de noviembre de cada
año como el "Día del Teatro Nacional". La elección de dicho día responde a que en esa
fecha, pero del año 1783, se inauguró el Teatro de La Ranchería, considerado como el
primer espacio donde se representaron piezas dramáticas en el Buenos Aires.
El interés en dicho Decreto reside en realizar una investigación más amplia que indague
sobre los fundamentos sobre los cuales se construye la identidad del Teatro Nacional.
De acuerdo con Müller el estudio de las políticas públicas trata de responder dos
preguntas. 1)¿Cómo se toman las decisiones que constituyen un programa de acción
gubernamental? 2) Cómo se aplican las decisiones por parte de los organismos
encargados de ejecutarlas. El autor menciona que hay que entender este proceso como
una serie de secuencias, siendo la más relevante la de la puesta en agenda “Porque
corresponde al momento culminante del ciclo político, aquel donde una política pública
desvela su sentido. Lo que nos permite introducir el concepto central de referencial
(Müller: 2002)
En este sentido el análisis del documento tendrá los siguientes objetivos:
●

identificar cuáles son los actores que intervienen,

●

identificar qué institución o grupo cumpliría el rol de mediador,

●

dar cuenta de qué implicancias y efectos tienen el decreto y qué vinculación se
establece con el contexto en el cual se originó.

Antes de comenzar con el análisis, me interesaría dejar plasmado algunos interrogantes
que surgen al poner bajo la lupa el Decreto y que constituirán una guía de abordaje,
aun cuando no se desarrollen en su totalidad en este trabajo.
1)A-¿Por qué un régimen dictatorial que establece listas negras y persecución de
artistas y teatreros decide implementar un día como homenaje al Teatro Nacional? En
este punto hay que preguntarse cuál es el concepto de Nacional que está en juego.
B- ¿En qué medida la determinación que define lo que es el teatro nacional opera como
forma de control sobre las representaciones producidas en este campo y sobre el tipo
de vinculación que el público establece con las mismas? La censura y la prohibición
serían los dos mecanismos tendientes a construir una identidad del Teatro Nacional
con un sentido unívoco y controlado por el Estado.

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2) Cuál es la relación que se establece con el presente al homenajear y tomar como
fecha la creación del Teatro la Ranchería, en 1783, creado en pleno Virreinato ¿Lo
Nacional es español? ¿Es colonial? Tener en cuenta la autodenominación del propio
gobierno dictatorial como “Proceso de Reorganización Nacional”.
3) Qué relación se establece con la comunidad teatral para la cual se supone que este
Decreto tendrá mayor impacto. Será necesario distinguir esa comunidad en términos de
salas oficiales, como el Teatro Nacional Cervantes y el Teatro General San Martín, y por
otro lado el teatro militante y las agrupaciones de teatro independiente.
4) ¿Cuál es el concepto de teatro y el de cultura que se desprende a partir de esta
política? ¿Es posible pensarlo desde el concepto de tradición cultural? ¿Qué se está
dejando afuera?
5) ¿Qué alcance tuvo este Decreto a mediano y corto plazo? ¿Se produjeron cambios
en los repertorios de las salas? ¿Es posible pensar la creación de Teatro Abierto 81
como un reacción frente a la representación de una idea de Teatro Nacional que dejaba
de lado la creación de dramaturgos/as, directores/as y actores / actrices que
cuestionaban el contexto?
Responder a todos estos interrogantes ampliaría poderosamente el análisis, sin
embargo, es muy probable que no pueda hacerlo en este primer abordaje al tema. Me
parecía importante poder dejarlos plasmados para visualizar el objetivo de esta reflexión
y entender el alcance que podría tener pensar el Decreto, no como un hecho aislado
que a simple vista podría resultar intrascendente, sino como parte de una política
cultural emanada desde un Estado dictatorial, lo cual supone una determinada
concepción de la Cultura y del rol del Estado sobre el campo cultural.

Contexto previo al decreto. Clara intervención del campo teatral mediante la
censura y la prohibición.
El grupo parapolicial de extrema derecha, conocido como la Triple A, comienza a operar
desde junio de 1973, sembrando el terror en la sociedad y específicamente en el campo
teatral, a través de amenazas, atentados, secuestros y asesinatos. De acuerdo con el
investigador teatral Jorge Dubatti, durante el período 1976/1983
“Las artes del espectáculo sufren una profunda desarticulación respecto a cómo venían
funcionando en los 60 y la primera mitad de los 70. La consecuente reorganización, de
rasgos inéditos y dolorosos, está signada por el empobrecimiento y el miedo. El campo
teatral perdió densidad y diversidad, se tiñó de horror para siempre. Muchos artistas son
asesinados y otros permaneces desaparecidos; otros se van del país y emprenden la
dura experiencia del exilio. (…) otros se llaman al silencio y se establecen en otras
ciudades y pueblos, dando lugar al “insilio” (el exilio interno, en el propio país), o la cultura
de catacumbas (como la llamó Santiago Kovadloff). Muchos se quedan en buenos Aires
y padecen su inclusión en “listas negras” y encuentran dificultades para trabajar. Los
grupos de teatro militante de izquierda desarticulan sus acciones y las expresiones de
teatro de calle casi desaparecen. También el público padece el miedo: la reunión teatral,
el convivio, sea en el interior del grupo en los ensayos o en la función con espectadores,
es considerada subversiva. Como reacción frente a esta situación va surgiendo
paralelamente una cultura de resistencia y resiliencia (capacidad de construir en tiempos

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de adversidad), cuyo reticulado se irá entramando cada vez más estrechamente y
permitirá la emergencia de fenómenos como Teatro Abierto 81” (Dubatti:2012)

A continuación se enumerarán algunos de los hechos que dan cuenta de esta
cuestión:
●

1977. Incendio del Teatro Argentino de La Plata (teatro creado en 1885). En 1979
la dictadura llama a demolición y a concurso público para su reconstrucción. La
obra comienza en 1980 y termina en 1984- Se estima que el incendio fue
voluntario.

●

Enero de 1979 - La familia del empresario Carlos Rottemberg y los vecinos del
edificio hallaron un volante con amenazas bastante claras y serias. El volante,
escrito en letra cursiva y con algunos destacados en mayúscula de imprenta,
decía así:

●

“Parte de guerra número 622. El señor Carlos Rottemberg está produciendo
espectáculos artísticos en su Teatro de Pinamar que cuenta con la participación
de elementos que hacen la apología marxista. Ellos son Mercedes Sosa, Luis
Brandoni, Marikena Monti y Moncho Mieres. Si continúa con esa actitud,
procederemos a ´volarle´ el departamento como primer (sic) medida. Señor
vecino, no acepte en su edificio a un apañador de subversivos”. (Infobae, 2024)

●

Abril de 1979 - Incendio del teatro Avenida. El Teatro Avenida, perteneciente a
la actriz y cantante Nati Mistral, se re inauguró en 1994 luego de un largo proceso
de reconstrucción, con una función a cargo del cantante Plácido Domingo. (en
línea Cultura Legislatura CABA)

Algunas aproximaciones del análisis
De acuerdo con Rubens Bayardo, las políticas culturales constituyen “la unidad
simbólica de una nación, las distinciones, divisiones y vinculaciones en su interior, así
como con respecto a otras naciones” (Bayardo, 2008) De allí se desprende que las
representaciones del mundo ofrecidas por las políticas culturales constituyan tanto los
modos de ver a los otros como la manera de percibirse de diversos grupos sociales.
En este sentido el Decreto Presidencial N° 1586 no sólo es la instauración de un día de
homenaje, sino que construye sentido al cristalizar determinada idea de lo que debería
ser la identidad de un Teatro Nacional.35 Al mismo tiempo, este Decreto debe
enmarcarse dentro de una propuesta de política pública del Estado, es decir, inscripta
dentro de “un marco general de acción” (Müller) Este marco general de acción será el
que iré construyendo a lo largo del análisis en este trabajo.
Para poder entender un poco más será necesario considerar cómo era la estructura
estatal en ese contexto y analiza el rol que ocupó el Instituto Nacional de Estudios de
Teatro (INET) ya que fue su iniciativa la que originó el Decreto.

35

En 1977 ya se había dispuesto también por Decreto 3781/77 el Día Nacional del Tango.

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En abril de 1979 el encargado de la Secretaría de Estado de Cultura del Ministerio de
Cultura y Educación de la Nación era Julio César Gancedo (1979-1983), antecedido
por Raúl Crespo Montes (1978-1979). Laura Graciela Rodríguez menciona que
“la Secretaría tuvo dificultades para funcionar debido al bajo presupuesto que recibió
durante todo el período, a excepción del año 1978. Con motivo de la realización de la
Copa Mundial de Fútbol, la Secretaría obtuvo una importante partida de dinero, con el
que pudieron organizarse varias acciones que se articularon con campañas de difusión.
Estas hicieron centro en la transmisión de una serie de valores y actitudes vinculadas a
lo más ortodoxo de la religión católica, la promoción de un nacionalismo xenófobo y la
idea de la Cultura alejada de cualquier referencia a la realidad contemporánea”.
(Rodríguez: 2015)

En este sentido la necesidad de darle una identidad clara al concepto de Teatro
Nacional, otorgándole un día que rinda homenaje a un teatro creado en pleno virreinato,
como lo fue el Teatro de la Ranchería, ratifica los valores que la dictadura militar quería
imponer a su concepción de cultura. El origen de nuestro teatro quedaba marcado
dentro del período colonial, treinta y tres años antes que Argentina pudiera
independizarse y era eso lo que se homenajeaba.
“El documento más relevante es el Informe especial número 10, elaborado por el Estado
Mayor del Ejército en octubre de 1977. Allí se concebía a la cultura argentina como
producto del legado recibido de la cultura hispano-americana, que a partir de la
emancipación se habría desarrollado hasta adquirir su fisonomía. Eran sus mejores
valores espirituales lo que amenazaba la subversión con la intención de obtener su
desintegración y reemplazarla.” (Barandiarán: 2016)

Siguiendo con el modelo de análisis propuesto por Muller, el cual plantea un enfoque
secuencial para poder dar cuenta de las decisiones y procedimientos de una política
pública, será necesario indagar sobre el rol que ocupó el Instituto Nacional de Estudios
Teatrales (INET), ya que fue su iniciativa la que propició el Decreto.
Durante el período de dictadura el INET se hallaba en una situación compleja, con un
gran deterioro de su patrimonio y pocas actividades de extensión. Durante este período
la gestión estuvo a cargo de Néstor Suárez Aboy como director (1973-1984). El año
1979 implica un momento crucial para la institución, ya que pudo recuperar su sede en
el subsuelo del Teatro Nacional Cervantes, lo cual posibilitó que al encontrarse en un
lugar estable pudiera establecer allí la Biblioteca, el Archivo de programas y fotografías,
el Museo del Teatro y las oficinas administrativas. Este afianzamiento de la institución
fue quizás el punto de partida para poder proponerle al gobierno la necesidad de contar
con un día al año para homenajear al Teatro Nacional. De acuerdo a esta iniciativa es
que podemos pensar al INET en el rol de mediador, que como lo indica Muller, son los
actores claves en las políticas públicas.
“Se llaman mediadores los agentes que realizan la construcción del referencial de una
política, es decir, la creación de las imágenes cognitivas que determinan la percepción
del problema por parte de los grupos presentes y la definición de las soluciones
apropiadas” Es por eso que ocupan una posición estratégica En el sistema de decisión
ya que son quienes formulan el marco intelectual dentro del cual se desarrollan las
negociaciones, los conflictos o las alianzas que conducen a la decisión” (Muller, 2002)

Por todo lo mencionado podríamos decir que el Decreto va de la mano de un conjunto
de acciones que determinan una política cultural pública llevada a delante por el Estado.

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Esta política estaba apoyada sobre un sistema de valores tradicionales mediante los
cuales se fue construyendo, mediante censura y persecución, una identidad de “lo
Nacional” que ponía como enemigo a los “componentes subversivos”
Dentro de la política interna podemos pensar como destinatarios de este Decreto a la
comunidad teatral que tendría un día de festejo, y también al espectador y la sociedad
en general, la cual tendría una representación clara de lo que el teatro debía ser. Al
mismo tiempo, podemos pensar que esta política tiene de algún modo, también como
destinatario, al propio gobierno militar, ya que sirve como una especie de “lavada de
cara” sobre todo a nivel internacional, para ocultar los horrores de la dictadura.
“En el marco de la llamada “campaña antiargentina” Videla invirtió una gran cantidad de
recursos para mejorar la imagen de los militares en el exterior, ante las reiteradas
denuncias por la existencia de centros clandestinos de detención, violaciones a los
derechos humanos y censura. En la prensa se dio a conocer, detalladamente, cómo
debía gastarse el dinero. Se destinarían 80 millones a las acciones culturales en zonas
de frontera, fortaleciendo las instituciones de las provincias correspondientes; unos 55
millones debían ir a la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos
—presidido en ese momento por Julio César Gancedo— y al Complejo de Museos de
Artes y Ciencia, y otros 50 millones se debían gastar en el transporte de las piezas que
integraban las muestras que se llevarían al interior del país. Unos 33 millones debían
ser para organizar “conferencias y cursillos sobre temas vinculados con la cultura
nacional” (Rodríguez, 2015)
Argentina estaba ligada, desde los años de 1950, a la OEA y a la Unesco, que contaban
con organismos culturales especializados y desde 1968 se administraba el Programa
Regional de Desarrollo Cultural. Dicho programa intentaba ser un plan permanente de
acción cultural interamericana, con actividades como asistencia técnica, capacitación de
recursos humanos para los servicios de administración cultural, protección del
patrimonio monumental, fomento del folklore y las artes populares, promoción del libro,
de las bibliotecas y de los archivos. Además, la Unesco solicitaba a cada país de
América Latina la preparación de informes sobre las políticas culturales.
Es decir, el gobierno militar no sólo afianzaba su idea de identidad cultural con este
Decreto sino que al mismo tiempo le servía para dar cuenta de su “buena voluntad”
para fomentar el desarrollar cultural frente a los organismos internacionales.

Alcances del decreto y reacciones
Para concluir me gustaría mencionar un hecho clave en la historia del teatro argentino,
que puede entenderse como una consecuencia de la política cultural de la dictadura.
Me refiero a Teatro Abierto 81, que fue un movimiento cultural independiente iniciado
por 250 artistas (dramaturgos/as, actores y actrices, directores/as) como reacción ante
la dictadura y que tuvo como disparador dos hechos: Por un lado, la frase de Kive Staiff,
entonces director del Teatro Municipal General San Martín, que al preguntarle por qué
no había autores argentinos en la programación de la sala dijo “es que los autores

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argentinos no existen”, y , por otro lado, la eliminación de la Cátedra de Teatro Argentino
Contemporáneo del Conservatorio Nacional de Arte.
La falta de apoyo a los autores argentinos puede verse reflejada en una nota publicada
en el diario Crónica en 1977, que señalaba:
“Se supo que existe un profundo malestar entre un grupo de destacados dramaturgos
locales cuyas obras fueron defenestradas de la próxima temporada teatral oficial y
privada, determinando que quienes tienen la posibilidad de dar cabida a los autores
nacionales en las distintas salas de la urbe, los reemplazaron por “clásicos” universales,
ignorando al parecer, que existe una corriente creativa muy importante”36

Podríamos pensar que esta es la reacción de aquellos/as que no pertenecían al ideario
de Teatro Nacional que la dictadura proclamaba, muchos de los cuales estaban en las
listas negras. Esto se refleja en el discurso de apertura de Teatro Abierto 81, a cargo
de Carlos Somiglia en el que menciona los motivos de creación de ese movimiento:
“Porque amamos dolorosamente a nuestro país y éste es el único homenaje que
sabemos hacerle; y porque, por encima de todas las razones, nos sentimos felices de
estar juntos”.

La otra cuestión, que simplemente voy a dejar mencionada porque implicaría realizar un
trabajo mucho más extenso, tiene que ver con el repertorio de obras de las salas
oficiales, me refiero al Teatro Nacional Cervantes y al Teatro Municipal General San
Martín. Sólo mencionaré de manera general que en el primer caso, el Teatro Nacional
Cervantes, cuya gestión estuvo a cargo de Rodolfo Graziano,
“El criterio implícito en el sistema de repertorio seleccionado se encuentra en sintonía
con los paradigmas de la cultura legítima valorada por el gobierno militar, orientados
hacia la reivindicación y la vigencia de la “tradición nacional”, y materializados en las
políticas culturales implementada por el Ministerio de Cultura y Educación de la Nación
y por la Secretaría de Información Pública “ (Schcolnicov, 2022)

El éxito de la convocatoria del público fue utilizado por diversos funcionarios del
Ministerio de Cultura para destacar la presunta eficacia de las políticas culturales
desplegadas por el gobierno de facto.

Conclusiones
Este breve análisis sobre el Decreto Presidencial N° 1586, intentó dar cuenta de cómo
el mismo se encuadra dentro de un proyecto de Estado, con una concepción de cultura
determinada y un diseño de políticas culturales que pretende establecer un único sentido
de identidad nacional, y por ende de identidad cultural y teatral, anclada en la tradición,
los valores hispánicos (al homenajear a La Ranchería) y la eliminación de cualquier
elemento cuestionador de la realidad.
El rol del INET como mediador posibilitó establecer un cruce entre la institución ya
vigente, su anclaje en el Teatro Nacional Cervantes, con el resto de la comunidad y la

36

Diario Crónica, 3 de febrero de 1977, p. 24.

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sociedad, al posibilitar un día de festejo y homenaje y cristalizar una representación
determinada de lo que debería entenderse por Teatro Nacional.
El análisis del contexto, de los actores intervinientes y la relación con las políticas
internacionales puede dar cuenta de por qué un gobierno dictatorial que perseguía y
amenazaba a muchos representantes del campo teatral, decide poner foco en el teatro
y darle un día de festejo.
ANEXO
Transcripción del Decreto Presidencial N° 1586: "Día del Teatro Nacional"
Visto el Expediente N° 47.996/77 del Registro del Ministerio de Cultura y Educación,
mediante el cual la Secretaría de Estado de Cultura gestiona la institución de un día
del año para conmemorar el Teatro Nacional y
Considerando
Que es sumamente importante reconocer que el teatro es algo trascendental en la vida
espiritual de un país.
Que nuestro pasado teatral arranca en los albores de nuestra nacionalidad y que son
conocidas las fechas ciertas de los principales hechos teatrales, como para que
constituyan motivos que deban ser recordados en su dimensión histórica.
Que se estima necesario destinar un día en el año para que se recuerde y se rinda
homenaje a nuestro teatro y a todos los que a su servicio y engrandecimiento,
mancomunados en un ideal y en una fe común, han entregado su esfuerzo y aún su
vida a un arte milenario e inmortal.
Que esa fecha debe estar relacionada con un monumento sobresaliente y destacado
en nuestra historia teatral, reflejo además, de sus orígenes y sus primeras
manifestaciones.
Que del estudio realizado por la Secretaría de Estado de Cultura y de la
documentación aportada por la misma surge, incuestionablemente, que el primer
teatro estable construido en la Argentina, dedicado exclusivamente a ese arte, fue el
que popularmente se conoció como "Teatro de la Ranchería"
Que de la investigación que informa dicha Secretaría, es factible concluir que el local
es arrendado, a la empresa encargada de dirigirlo, con fecha 30 de noviembre de
1783, fecha que, a su vez, es la probable de su inauguración, si nos atenemos a la
documentación consultada.
Que el Gobierno entiende que es fundamental proponer y propiciar un mayor y mejor
conocimiento de nuestro patrimonio cultural y que el teatro conforma una expresión
singular y descollante de esa cultura, que merece una rememoración anual que
involucre a todos los hechos y personas que le dieron vida y razón de existir.
Que el "Teatro de la Ranchería" significó el inicio real al teatro de la Ciudad de Buenos
Aires y su creación permitió presentar las obras de nuestros primitivos dramaturgos,

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convirtiéndose así en el primer ámbito estable y construido a ese efecto y en el que se
cumplían representaciones teatrales.

Por ello
El Presidente de la Nación Argentina
DECRETA
Artículo 1°- Instituyese el día 30 de noviembre de cada año como Día del Teatro
Nacional
Art. 2°-En ese día se recordará, como lo disponga el organismo responsable de la
celebración, el nacimiento de nuestra dramática nacional y los hombres que en el
curso del tiempo la hicieron realidad.
Art.3°-Los actos consecuentes a dicha recordación se cumplirán el lunes más próximo
a la fecha indicada en el artículo 1°, sea anterior o posterior a esta última.
Art. 4°- la programación, regulación, organización y coordinación de los actos
conmemorativos previstos en el presente Decreto estará a cargo de la Secretaría de
Estado de Cultura, por intermedio del Instituto Nacional de Estudios de Teatro, bajo
cuya responsabilidad cae la preservación, valoración y divulgación del acervo teatral
argentino.
Art. 5°- Comuníquese, publíquese, dése a la Dirección Nacional del Registro Oficial y
archívese

Bibliografía
Barandiaran, Luciano. “El impacto de la última dictadura sobre la cultura (1976-1983)”,
2016, en línea https://www.unicen.edu.ar/content/el-impacto-de-la-%C3%BAltima-dictadurasobre-la-cultura-19761983#:~:text=El%20documento%20m%C3%A1s%20relevante%20es,desarrollado%20hasta%2
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Bayardo, Rubens, Políticas culturales: derroteros y perspectivas contemporáneas, 2008
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Schcolnicov, Eugenio; “El Teatro Nacional Cervantes y Teatro Municipal General San
Martín durante la última dictadura militar argentina (1976-1983): sistemas de repertorio y
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Mogliani, Laura, “Los ochenta y cinco años del Instituto Nacional de Estudios de Teatro:
su periodización y trayectoria” , en: Koss, M.N. (coord.), El Teatro y la producción de
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Mogliani Laura, Ed, Entre la tradición y la modernidad, HISTORIA DEL INSTITUTO
NACIONAL DE ESTUDIOS DE TEATRO (1936-2022) 2023. Ministerio de Cultura de la Nación.
Muller,Pierre, Las políticas públicas, 2002
Rodríguez, Laura Graciela “Cultura y dictadura en Argentina (1976-1983), Estado,
funcionarios y políticas”, Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura 42.2 (2015): 299325.
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(https://www.infobae.com/sociedad/2024/03/20/teatro-y-dictadura-como-seguir-pese-a-lasamenazas-y-las-listas-negras/)
Ávila,
Analía
consultado
en
línea
14/7/2024
Agencia
Paco
Urondo
https://www.agenciapacourondo.com.ar/cultura/teatro-abierto-la-resistencia-cultural-la-dictadura
Página
Cultura
Legislatura
CABA,
en
línea.
Visitada
el
14/7/2024
https://cultura.legislatura.gob.ar/cultura_posts/3-de-abril-de-1979-se-incendia-en-buenos-airesel-teatro-avenida670.html
Página
Cultura
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CABA,
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14/7/2024
https://cultura.legislatura.gob.ar/cultura_posts/3-de-abril-de-1979-se-incendia-en-buenos-airesel-teatro-avenida670.html

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DEPARTAMENTOS Y ÁREAS DE CIENCIAS SOCIALES

Informe de la trayectoria del espacio de Comunicación,
Géneros y Diversidad del Departamento de
Comunicación
Aymú, Alejandro
Farias, Jesica
Mignoli, Luciana
COMUNICACIÓN, GÉNEROS Y DISIDENCIAS. DEPARTAMENTO DE COMUNICACIÓN

RESUMEN
Nuestro Centro Cultural de la Cooperación viene construyendo un espacio interdepartamental y
multidisciplinario para abordar los géneros y las disidencias sexogenéricas. En ese sentido,
nuestro Departamento de Comunicación, con antelación, de alguna manera marcó un camino en
la institución que contribuye al debate colectivo de nuestrxs compañerxs investigadorxs, tomando
al Sujetxs y Predicados como un ámbito cimbreante al los contextos políticos sociales y culturales
donde nuestras luchas colectivas se traducen en conquistas emancipadoras.
Por todo esto, en 2023 y 2024 nos propusimos trabajar sistematizar las acciones en torno a
nuestros ejes para recuperar la trayectoria que desde nuestro espacio transitamos en materia de
diversidad sexual y géneros en el marco de la comunicación y sus incidencias territoriales.
Es primordial, en este contexto, rastrear todos los aportes a una comunicación no sexista, con
perspectiva de géneros, de disidencias sexogenéricas y derechos humanos y, sobre todo,
ponerla en diálogo con los decires del mundo cooperativo.
Las organizaciones con las que hemos trabajado durante este tiempo son: Campaña Nacional
por el Derecho al Aborto, Yo No Fuí. Defensoría del Público de Servicios de Comunicación
Audiovisual, Campaña Nacional Contra Las Violencias Hacia Las Mujeres, Comunicación Para
La Igualdad, Mujeres Trans Argentina, Reconocer es Reparar, Archivo Provincial de la Memoria,
Ni Una Menos, Suplemento Soy, Editorial Chirimbote, Librería de Las Mujeres, Colectivo La
Mancha de Venezuela, Editorial Tinta y Limón, CONICET, Editorial Ojo de Mármol, UNLP,
Tristana Producciones Futuro, Agencia Prtesentes, Universidad de Costa Rica, Universidad
Autónoma de México, Universidad de Buenos Aires (UBA), TeleSisa, Eulalias, Waika (Perú), Sin
Sentido (Colombia), Colectivo Rangiñtuleufu (Chile), Radio Nacional y Diputados Tv. (Argentina)
Dirección de Diversidad de la Municipalidad de Trelew, Universidad de Flores. Departamento de
Lenguaje y Tecnología (DELTEC) del Centro Federal de Educación Tecnológica de Minas Gerais
(Brasil).

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Este espacio surgió a partir del taller Estereotipos y silencios. La construcción de
una perspectiva de género para los medios de comunicación, que se dictó en marzo
de 2011. Lo delinearon y llevaron adelante Alejandro Aymú, Sol Benavente, Carola
Pardo y Jimena Rodríguez. A partir de entonces, y con apoyo de varias de sus
participantes, fue creciendo. Mirando hacia atrás, quienes seguimos sosteniendo este
grupo, nos preguntamos si era posible rastrear todas las actividades realizadas desde
entonces. A partir de esa pregunta surgió nuestro último proyecto. Pronto comenzamos
a hacerlo: primero pensando dentro del grupo, luego consultando con sociólogas hasta
llegar a nuestro instrumento: un registro simple, pero a la vez completo, que dé cuenta
de las jornadas, rondas y charlas que realizamos en nuestro Centro Cultural de la
Cooperación.

Vista parcial del instrumento para registro. Parte 1

Vista parcial del instrumento para registro. Parte 2

El instrumento de registro cuenta con varias columnas. Entre ellas se destacan las de
las fecha y el nombre de la actividad, los ejes en los que se enmarcó (comunicación
transfeminista, archivo y edición escrita, artivismo, necropolíticas, discursos de odio por
género, identidad de género, expresión u orientación sexual, antirracismo,

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anticapacitismo, descolonial). Pero además, otras que dan cuenta de su tipo (jornada,
charla, mesa, ronda), modalidad (presencial, virtual o mixta) y el registro de lo hecho
(ejemplo, notas periodísticas, posteos, etc). Asimismo, cuenta con varias más que sirven
de agenda: allí se encontrará información relacionada con las personas que participaron
como oradoras. En ese sentido, se detallan pertenencias organizacionales, disciplinas,
residencias, trayectorias profesionales o activistas, además de quienes fueron les
responsables de organizar los eventos.
Pero, ¿por qué hacemos este registro? ¿Por qué armar listas de cada jornada y
actividad realizada? Para hacer memoria, para revisar para atrás cada propuesta -en
clave de géneros y disidencias- que le dieron forma a nuestro espacio. También para
profundizar en quiénes fueron las personas participantes, a las que convocamos por su
trayectoria en los activismos y/o academia, dando prioridad a las mujeres, lesbianas,
travestis, trans, no binaries y marikas sobre una agenda donde, generalmente, abundan
los varones cis, es decir aquellos cuya identidad de género se condice con su sexo
asignado al nacer.
El uso de este instrumento que en principio es de utilidad administrativa, nos permite
concentrar en un documento concreto la trayectoria de este espacio dentro del
Departamento de Comunicación del CCC para luego, tomar decisiones respecto de la
continuidad o finalización de algunas líneas de trabajo.
Lo planteamos como dinámico, ya que puede variar según las necesidades del trabajo
que vayamos dando anualmente. El hecho de generar una sistematización de este tipo,
nos permite hacer lecturas comparativas que nos permitan visualizar las trayectorias de
trabajo que nos vamos dando a través del tiempo.

La comunicación, no sexista; el aborto, legal
A simple vista podemos ver cómo las actividades propuestas por Comunicación,
Géneros y Disidencias tomaron las demandas sociales, políticas y culturales de la
comunidad. En sus primeros años, mientras los feminismos ponían en discusión los
tratamientos y coberturas mediáticas, la violencia simbólica y los roles de género en
redacciones, canales y radios; este espacio ofrecía el taller Construcción de una
perspectiva de género para los medios de comunicación para dar vuelta la tortilla.
Asistieron más de 10 personas, entre ellas comunicadoras, activistas por los derechos
de las personas migrantes y por el aborto legal.

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Blogspot del taller. 2011

Primeros encuentros del taller. 2011

En 2015 aquel primer trabajo se profundizó con la Jornada de Comunicación y Géneros
Sujetxs y predicados, una gran apuesta grupal para analizar la comunicación no solo en
los medios, sino también en el cuerpo como epicentro de prácticas y procesos
comunicacionales.
Al preguntarnos sobre qué hacen los discursos con nuestros cuerpos y qué hacemos
nosotres con ellos, abrimos el diálogo entre la academia, la militancia y la gestión pública
con la idea de problematizar las concepciones tradicionales del campo de la
comunicación y del feminismo para promover una comunicación situada y un feminismo
popular. Por eso decidimos generar ese espacio de encuentro y reflexión, donde el
análisis crítico de medios y discursos sexistas dialogue con experiencias y propuestas
que promueven formas novedosas y creativas de comunicar los géneros. Varios años
después en un contexto completamente distinto porque estaba atravesado por la
pandemia, continuamos con ese análisis junto a comunicadoras y comunicadores de
Argentina, Perú, Chile y Colombia.

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Con la Ronda de comunicación feminista sin fronteras pensamos sobre los desafíos
que presentaba el coronavirus, pero también en antídotos como las coberturas
colaborativas y las agendas propias, esas que amplifican voces.
En cuanto al aborto, en 2014 mientras en las calles sacábamos al aborto del closet, en
el CCC también lo hicimos. Por eso, como podemos ver en el instrumento, realizamos
actividades en torno a ese derecho con la charla Varones discuten sobre el aborto
voluntario y la proyeccción de Yo aborto, tu abortas, todxs callamos, de la directora
Carolina Reynoso, que luego debatimos.

Los discursos de odio
De cara al recrudecimiento de un fenómeno -nada nuevo- que se acrecentó en
pandemia con el uso de las tecnologías y la virtualidad, realizamos la charla Discurso
de odio en perspectiva. Discurso de odio, géneros y sexualidades en América Latina y
el Caribe, en noviembre de 2020.
Los discursos antigénero reafirman la diferencia sexual, las relaciones monógamas y
heterosexuales y las familias mononucleares, rechazando los derechos humanos
vinculados a la salud, la educación, los géneros y las sexualidades, entre otros. Con
recurrente apelación a nociones como “ideología de género”, estos discursos inciden
sobre la gobernanza nacional e internacional, el activismo político, la comunicación
social y la investigación académica.
Y seguimos trabajando sobre ellos en 2023, poco antes de las Elecciones Generales
que cambiarían el rumbo del país: con la Ronda Transfeminista y Antirracista:
Comunicación, géneros y diversidades nos seguimos preguntando sobre qué hacer ante
los discursos de odio y el sostenimiento de todo lo conquistado.

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“No existe una escuela que enseñe a vivir”
Experiencias escolares y su vínculo con el futuro37
Alan Baichman,
Natalia Stoppani,
Lucía Santiago,
Carola Palazzo
Maximiliano Gallo
DEPARTAMENTO DE EDUCACIÓN

1. Introducción
El presente trabajo se inscribe en una investigación en curso desarrollada por el
Observatorio de Políticas Educativas del Departamento de Educación del Centro
Cultural de la Cooperación Floreal Gorini. La misma centra su atención en las
perspectivas y sentidos que jóvenes con trayectorias discontinuas (Briscioli, 2017) le
otorgan a la escuela secundaria. Para ello, se han realizado siete entrevistas en
profundidad, tomando como unidad de análisis el trayecto escolar evocado por cada
entrevistade, en tanto relato biográfico de su recorrido por el nivel secundario.
La intención de desentrañar los sentidos y perspectivas remite a identificar el lugar que
ocupa la escuela secundaria en los imaginarios que estos actores construyen sobre su
propio futuro. Este propósito encuentra su anclaje en el debate sobre las (reformas a
las) escuelas secundarias, donde adquieren un lugar central los interrogantes
vinculados a lo que ciertas corrientes denominan “fracaso” y “abandono” escolar
(Binstock &amp; Cerrutti, 2005), al desgranamiento de la matrícula en años superiores y la
problematización de las trayectorias escolares y educativas (Briscioli, 2017; Terigi,
2009). Asimismo, recupera ciertas líneas de problematización de los significantes
ligados al concepto de juventud (Vommaro, 2015).
Las entrevistas fueron realizadas a finales del año 2022 a una población seleccionada
en función de tres criterios. En primer lugar, que el tránsito por la escuela secundaria
hubiera transcurrido a posteriori de la sanción de la Ley de Educación Nacional N°
26.206, a partir de la cual se establece la obligatoriedad del nivel. En segundo lugar,
que le entrevistade hubiera tenido alguna discontinuidad en su trayectoria escolar. Y,
por último, que fueran residentes de la región del AMBA.
Del total, cuatro personas residían y cursaron sus estudios secundarios en CABA,
mientras que dos, los hicieron en el conurbano bonaerense. La restante, lo hizo en
ambas localidades. La repitencia en nivel primario o secundario, resulta un rasgo
presente en cinco de las siete entrevistas así como también se destaca la cantidad de
cambios de escuela secundaria que se mencionan.
En el análisis aparece, además, la pandemia como una de las causas que contribuyó a
la interrupción del trayecto escolar. Si bien dicha situación resulta de interés, la presente
investigación abarca temporalmente un período mayor y, por ende, incluye a quienes
han interrumpido sus trayectos previo a la irrupción del COVID.

37

Este artículo se encuentra publicado en Vommaro, P. y Perez, E. (comps) (2024), Juventudes
presentes y futuras. V. 1. Grupo Editor Universitario.

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2. Puntos de partida
Las entrevistas muestran distintas relaciones con el futuro, siendo la escuela un
escenario que influye en los modos de imaginarlo. Asimismo, el futuro tiene lugar en una
temporalidad particular: es un tiempo que se piensa desde un presente, el momento de
la entrevista, pero que remite a lo imaginado desde su pasado como estudiantes.
Nos interesa rastrear esos imaginarios en una población específica, aquella que deja
por fuera, en los márgenes y de diferente modo, el proyecto de escolarización masivo.
Al decir de Gabriela Diker (2012):
La identificación de individuos e incluso de sectores importantes de la población que no
asisten o no asistieron a la escuela solo refuerza uno de los principales efectos sociales
de la escuela: la producción de una población escolarizable, es decir, que tiene en común
que puede y debe ser convertida en población escolar.
Ahora bien, el énfasis en la cuestión de lo común no debe hacernos perder de vista que
también es función de la escuela diferenciar para una sociedad diferenciada, de modo
que la «población escolarizable» está lejos de constituir un conjunto homogéneo. La
escolarización misma introduce en ese universo líneas de diferenciación, de calificación
y clasificación de los sujetos, que se sobreimprimen a los efectos comunes que la
escuela, sin dudas, también produce (p. 150).

A la vez, interesa particularmente la autopercepción como estudiantes que tienen les
entrevistades. Tal como recupera
Baquero de Terigi (2013), “las representaciones que poseen los alumnos sobre sí
mismos, sobre su propia posibilidad de aprender, son una condición sine qua non para
producir aprendizajes” (p. 96). Es decir, no sólo se trata de indagar sobre los efectos
que el propio paso por la institución genera en términos de población “escolarizable”,
sino también en la imagen que promueve en cada quien (en virtud de, por ejemplo, la
influencia de estereotipos sobre las infancias, las juventudes y la escuela) sobre sus
capacidades o incompetencias para cumplimentar lo que, paradójicamente, es un
derecho sin condicionalidades.
Comprendemos la cuestión del aprendizaje como “una relación con el saber”, es decir,
no sólo como la transmisión de cierto saber sino como “el modo en que un sujeto se
posiciona frente al saber, a sus posibilidades de aprender y de hacer” (Diker, 2013, p.
227). Este enfoque se preocupa por entender “bajo qué condiciones podría favorecerse
la construcción de nuevas formas con el saber”, a partir de asumir que la posibilidad de
modificar esa relación puede impactar “en la percepción de los chicos sobre sí mismos,
sobre sus historias y sus posibilidades y perspectivas de futuro” (p. 227). Esto implica,
a su vez y retomando a Charlot (en Diker, 2013), un conjunto de relaciones que un sujeto
establece con un objeto, con un contenido de pensamiento, con el lenguaje y con el
tiempo. Finalmente, las reflexiones a las que arribamos indagan sobre los procesos de
transmisión que se promueven en las escuelas en tanto permiten inscribir a las
generaciones jóvenes en el ámbito de lo común. Al concebir la transmisión como un
articulador, como un pasaje entre generaciones, el futuro también se ve interpelado. En
el juego de estas relaciones entre quienes habitan la escuela, emergen diferentes
posibilidades de filiación. Recuperamos aquí los aportes de Graciela Frigerio (2017)
para pensar en los oficios del lazo como conjunto de oficios entre los que se encuentra
el de educadores, “como recepción e inscripción... el intento de perseverar en ofrecer a
‘herederos’ (legítimos y reconocidos) y a los des-heredados, a los que se le niega la
filiación en lo social: un reconocimiento” (p.79).

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3. Dimensiones sobre los sentidos otorgados a las experiencias escolares y su
(complejo) vínculo con el futuro
“No sabemos qué sorpresas nos deparará el pasado” Pascal Quignard

Las entrevistas realizadas indagan sobre los aprendizajes construidos en el marco de
experiencias educativas pasadas, es decir, apelan a la memoria, recuerdos y sentires
que cada persona evocó al momento de responder las preguntas. Esto no sólo aparece
como una advertencia metodológica, sino como una posición sobre el aprendizaje: “el
pasado no está antes ni atrás, siempre es après coup. El sentido de la experiencia
escolar es siempre extraterritorial y extemporáneo” (Frigerio, 2013, p. 329). Tal como
Diker (2013) recupera: “no todo lo que se enseña se aprende, porque se aprenden cosas
que no se enseñan y también porque algunos aprendizajes se registran [...] aprés coup,
es decir, en diferido, en un tiempo distinto al tiempo de la enseñanza” (p. 241). Por lo
tanto, aquello expresado está mediado no sólo por el tiempo transcurrido entre las
trayectorias escolares y sus momentos de discontinuidad, sino por un registro de lo
aprendido, que conlleva su propia temporalidad.
Por otro lado, y como decíamos anteriormente, desde las entrevistas se pueden
vislumbrar distintos modos de proyectar el futuro por parte de eses jóvenes al transitar
sus estudios secundarios y particularmente, al vincular sus experiencias escolares con
la vida luego de la escuela. Desde ya, asumimos que no es posible comprender
acabadamente cómo se veían estos jóvenes a futuro mirando sólo su experiencia
escolar. Esta representación se complementa con la transmisión familiar, el grupo de
pares fuera de la escuela, los consumos culturales, entre otros factores. Por tanto, el
presente artículo constituye un aporte que debe ser leído como parte de una trama más
compleja.
Se presentan así, a modo de hipótesis, tres dimensiones en las que el futuro es evocado
en las entrevistas: el vínculo con los saberes que ofrece la escuela; el sentido que
asume la acreditación del nivel y los vínculos que se establecen en la escuela.

“Cosas que uno tiene que saber para enfrentar la vida”: el vínculo con los saberes
“¿Qué decís? ¿Que es inútil? Ya lo daba por hecho.
Pero nadie se bate para sacar provecho.
No, lo noble, lo hermoso es batirse por nada.”
Cyrano de Bergerac, Edmond Rostand

Al detenernos en la noción de saberes recuperamos, el llamado contenido escolar como
una “formulación especial y necesaria del conocimiento, un conocimiento propio y
específico que, como
cualquier otro, responde a reglas de recontextualización –en función de la situación y
los propósitos– y de representación en función del auditorio” (Feldman, 2010, p. 49). Les
entrevistades caracterizan a los contenidos escolares como irrelevantes, desapegados
de sus vidas diarias y aburridos mediante expresiones tales como: “un embole
realmente”, “innecesarios para mí”, “saberes más generales”, “el cuadrado de la
escuela”, “historias de andá a saber cuántos años”.
En contraparte, y en forma destacada, se reconoce la ausencia de algunos saberes que,
no siendo impartidos por la escuela, sí se consideran necesarios para el futuro. Los
relatos refieren a la adopción de habilidades y conocimientos para distintas actividades

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a realizar en un futuro más o menos próximo. Aquí parece estar en juego cierta
necesidad de adquirir herramientas que no se tienen (y que la escuela debería proveer)
para una parte de la vida en la que se identifican como sujetos más autónomos que en
su presente. Emerge así una relación con la institución escolar que, cuando se termina,
“te deja muy suelto en la vida” en relación a un saber-hacer práctico necesario,
O sea, sí aprendí un montón de cosas que tal vez las tomo como más generales, pero no
aprendí nada de cómo vivir. Yo me lancé a vivir solo y no supe cómo administrar el dinero,
no tuve quilombo, pero bueno, las cosas de tener dinero por primera vez y de la nada no
saber administrarlo, de poder comprarse todos los chocolates que uno quiere y no se puede.
Pero nada, te deja muy suelto en la vida. (Entrevista A, énfasis nuestro)
Yo calculo que por ahí, o lo hacía porque lo tenía que hacer, pero las clases del colegio
eran, no aburridas, sino que innecesarias para mí, por ejemplo, historia. O sea, te dicen
un montón de cosas de años atrás, está bueno saberlo, obvio, pero tampoco es como
que había algo que te ayude en la vida cotidiana. Qué se yo, a pagar una cuota. Salís
del colegio y no tenés idea de cómo pagar las facturas de luz o cómo conseguir trabajo,
cómo hacer un currículum, esas cosas que son necesarias para la vida, no te lo enseñan
¿entendés? Y quizás, si enseñaran esas cosas que te van a ayudar constantemente,
después de salir del colegio… no sé… que sea un poco más informativo, algo que sabes
que te va a ayudar y por eso le prestas atención. Qué se yo… eso que a mi me gustaba
hacer en lengua y te están explicando eso y está bueno saberlo, obvio, pero para qué
me va a servir cuando salga del colegio. (Entrevista B, énfasis nuestro)

Las referencias parecieran mostrar que el “contenido escolar”·se opone o se distancia
del saber necesario para vivir. Asimismo, aquello que gusta o da placer, no se conecta
con esta necesaria utilidad. Incluso, en la última referencia se presenta además un
vínculo de oposición entre la responsabilidad y la utilidad de los saberes académicos,
que puede asociarse con la necesidad de cumplir para acreditar, asunto que se retoma
en el apartado siguiente. El supuesto pareciera ser que si esos saberes fueran
“realmente” útiles para la vida futura, habría mayor interés en estudiarlos y aprenderlos
y dejarían de ser solo un “deber”. Otras referencias refuerzan esta concepción:
[Falta] alguna materia en la que no sólo piensen en cómo resolver problemas o en cómo
fue la historia de tal año, como fue la célula de tal…. No sé, como que salir del cuadrado
de la escuela, buscar una forma distinta para las enseñanzas clásicas de toda la vida,
que es “uno más uno, dos; dos más dos, cuatro”. Entonces como que salir de ese
cuadrado, buscar actividades que te hagan pensar en serio. (Entrevista C, énfasis
nuestro) Se presenta un recorrido en el que la escuela podría “seducir” a les jóvenes al
reconocer sus intereses, que eso les ayudaría a cumplir con las materias y que, por
tanto, así podrían pensar en serio. Asimismo, otras referencias añaden:
me pasó que todas las materias eran un embole realmente. Además, los contenidos
siempre, creo que, son como súper viejos o antiguos en la mayoría de escuelas. De
hecho, había profesores muy viejos, o no sé si muy viejos, pero arriba de 60 años por lo
menos, y de esos profesores que dan las materias así como sentados en un escritorio:
“Bueno, en 1800…”. A veces es como si no quisieran llegar a los alumnos, como si no te
encanta ese tema y no te vuelve loca… es como que no te lo hacen que te llamen la
atención o atraiga. Siento que en general, la mayoría de las materias son así. [...] Como
todo muy matemática, lengua, sociales. Siento que faltan cosas que a uno lo motiven
como más a nivel pasión (Entrevista F)

Aquí no solo aparece una relación lineal entre el interés y los contenidos escolares (el
contenido es lo que debe motivar) sino que, además, se da por supuesto que quienes
pueden (y deben) hacer la diferencia para generar mayor interés son les docentes.
A partir de una lectura transversal, detrás de las demandas que se le hacen a la escuela,
es posible reconstruir algo relativo a transformar en contenido escolar ciertas cuestiones

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de la vida cotidiana. Afirmamos que la experiencia de aprendizaje que se construye en
la escuela incluye y incluye y excede a los contenidos curriculares: En la enseñanza no
se transmite literatura, conocimiento social o ciencia en abstracto, sino algo de todo eso
modelado especialmente por los usos y contextos escolares. En el ámbito escolar se
producen procesos culturales de mediación específicos, por lo que no sirve hablar del
valor del lenguaje, de la gramática, del latín o de la física en abstracto, sino de lo que
son dentro de la enseñanza (Gimeno Sacristán, 2010, p. 26) De hecho, cuando se critica
lo artificial de la escuela en férrea defensa de la experiencia ordinaria, se corre el riesgo
de incorporar “una lógica de desescolarización particularmente nefasta para aquellos
que son ya los más desprotegidos desde el punto de vista escolar” (Rochex, 2012, p.
116).
En especial, en una de las entrevistas, se deja entrever esta idea de curricularizar ciertas
cuestiones al equiparar “aprendizaje” con “información”:
si vos no le brindas la información de qué se va a estar enfrentando después del colegio,
como para ayudarlos más, aparte de tener esa posibilidad y un montón de aristas en el
colegio, estaría bueno que puedan enseñar eso para después no chocarse con algo que
no es. (Entrevista B)

A pesar del diagnóstico crítico, la escuela aparece como medio privilegiado para adquirir
herramientas, capacidades, habilidades que permitan enfrentar un futuro insondable. El
sentido de lo que se aborda en clase, se asocia a cierta falta de utilidad lineal de los
aprendizajes que se despliega de diversas formas en el discurso de estes jóvenes,
traduciendo una demanda de la época:
O sea, si me voy a estar no sé cuántas horas, cuántos años, como que me tenés que
enseñar algo, quizás está dividido, no sé. Los primeros tres años algo que tenés que
saber de años atrás, qué sé yo. O lo simple, sumar, restar y esas cosas. Pero después
que arrancás de 4.º a 6.° y que después vas a salir a la calle, estaría bueno que te enseñe
algo que sepas hacer. O sea, en vez de estar hablando, no sé, de historias, de andá a
saber de cuántos años y esas cosas. (Entrevista B)
Todo lo que es mecánica y nada me llamaba la atención [...] Como que la mecánica para
el día de mañana te sirve, aunque no trabaje de eso porque no quería trabajar de eso.
Pero con tu auto tenés que más o menos tener un poquito de mano, por así decirlo. Te
pasa algo simple, hay que saber qué hacer, por lo menos. (Entrevista C, énfasis nuestro)

Se observa asimismo cierta idea relativa al intercambio o a lo transaccional (cuasi
económico) entre el tiempo y esfuerzo que le joven entrega a la escuela, a partir de los
cuales debería recibir algo útil, pareciera constituirse una relación en la que la escuela
no retribuye lo que les jóvenes le dan.
Además, la representación de ser adulte en estes jóvenes asume unas características
particulares: quien debe “salir a la calle” o, por caso, quien resuelve, quien sabe (por
ejemplo) arreglar su auto. Nuevamente, la adultez se boceta como autónoma. Esa forma
de la autonomía, como decíamos, se muestra arrojada a una realidad futura
absolutamente incierta, siendo posible reconocer allí cierta distancia entre adentro y
afuera. Un afuera pleno de incertidumbre que recibe a personas que salen de una
institución y demandará elementos que el adentro en general no otorga.
Asimismo, otro aspecto relativo a la autonomía es que el futuro se imagina como un
momento en el que se deberán afrontar ciertas cuestiones “solxs”: saber cómo vivir. Se
espera que sea la escuela la que otorgue esos saberes “para después no chocarse con
algo que no es”.
No obstante lo desarrollado hasta aquí, resulta preciso destacar que los relatos no dejan
de reconocer a la escuela como posible proveedora de herramientas para lo que

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podríamos llamar el “proyecto de vida”: aquello a lo que se van a dedicar, la profesión,
el trabajo.
Veía que algunos tenían ya idea de qué hacer en su futuro y yo todavía no tenía nada
en ese momento,me decían “ yo quiero ponerme con el tema del automotor, quiero tener
mi taller mecánico”, y yo digo “pero tienen la misma edad que yo y ya piensan en un taller
mecánico y yo no sé que voy a comer mañana”. O sea, qué le voy a pedir a mi mamá
que cocine mañana y él ya tiene idea de arreglar autos o cosas así… O el otro que tenía
idea de estar en una empresa y trabajar en la computación o fabricar algo. Y yo no tenía
esas ideas y después dije “cómo puedo hacer yo para pensar mis ideas y tener mi plan
de vida…” Y entonces empecé a meterme en el tema de ver qué me gusta a mí
principalmente y aún no lo descubro, pero cuando lo descubra, lo haré. (Entrevista C,
énfasis nuestro)

Une entrevistade reconoce en la escuela algo relativo a la formación para la vida sin
dejar de considerar la poca utilidad de lo que se enseña en términos curriculares:
Y, la escuela está un poco pensada para armarte para lo que se viene en la vida. No sé,
si está súper bien logrado, para mí no tanto, pero sí siento que es como la base de
algunas cosas que uno tiene que saber para enfrentar la vida. Y la mayoría de las cosas
igual nunca más las usas, un montón de información de ciertas materias o de cosas. O
sea, depende de si seguís una carrera puntual que tenga que ver con cierta materia o
no, por ahí quizás alguna información de lo de la secundaria sirve, pero después como
para la vida en general… A nivel práctico, yo nunca más volví a usar cosas de
matemática […] Son cosas que uno por ahí no necesita realmente para la practicidad de
la vida, creo yo. Pero creo que está intentando como generar eso, que tengamos cierta
sabiduría básica para enfrentar las cosas (Entrevista F)

A diferencia de lo que venimos analizando, se identifican aquí sentidos positivos
asociados a la escuela, aunque siempre en relación con la utilidad. Se mantiene la
primacía de la escuela como distribuidora de saberes. Además, se revela que la función
propedéutica de la escuela secundaria mantiene su potencia a la hora de promover
imaginarios relacionados con la formación profesional.
El futuro en estos relatos se encuentra caracterizado por una profunda incertidumbre,
una situación en la que va a ser necesario dominar ciertos saberes para poder vivir. Por
lo general, esto emerge bajo la forma de una demanda insatisfecha hacia la escuela.
Como decíamos, las lecturas sobre lo escolar desde posiciones que reivindican a
ultranza la utilidad, no son en absoluto atributo exclusivo de estes jóvenes sino que
responden más bien a atravesamientos epocales. Vale rescatar aquí el análisis de
Nuccio Ordine (2013) acerca de los efectos del utilitarismo sobre lo educativo, al
destacar la inutilidad de los saberes “útiles” que imperan en épocas de homos
economicus y de búsquedas constantes por generar beneficios económicos inmediatos
y “privilegiar de manera exclusiva la profesionalización de los estudiantes significa
perder de vista la dimensión universal de la función educativa de la enseñanza” (p. 81).

“Sin el secundario es medio imposible todo”: la acreditación como condición
“No llevamos a los niños a la escuela para que tan solo
aprendan a tener éxito en la escuela.”
Frankenstein educador. Philippe Meirieu

El paso por la escuela como estudiantes supone, entre otros aspectos, aprobar materias
y obtener el título que certifique el final de una etapa escolar y la apertura a otras. Las
entrevistas muestran aspectos del clásico asunto tematizado en el campo de la
educación, relativo al oficio de alumno, el cual supone el despliegue de estrategias y

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aptitudes que conduzcan a la acreditación. En esta segunda dimensión, interesa mostrar
que la obtención de la credencial escolar se vuelve condición de posibilidad para otras
vivencias, necesidades o etapas futuras. Fundamentalmente, en las entrevistas aparece
la relación con el trabajo.
Philippe Perrenoud (2006) señala: “Ser alumno y trabajar por ello, es una de las
ocupaciones permanentes más universalmente reconocidas. ¿Hay oficio más
reconocido que aquel que se ejerce por obligación durante casi diez años en la vida?”
(p. 10). Cada uno con su rol, se asume que en la escuela hay quienes enseñan y quienes
aprenden, que se aprueba en un tiempo estipulado bajo cierto formato o se lo hace
luego, en otras condiciones. Demostrar el saber escolar legitimado en exámenes y
recibir una nota por ello, es parte de la escena educativa esperada.
Todas por igual me gustaban, por ahí una no me gustaba pero las hacía igual porque
siempre algo nuevo aprendo. Así que me gustaba aprender y aunque me costaba y me
parecía re complicado o no, lo leía igual y lo practicaba hasta que más o menos me salía
y lo aprobaba. (Entrevista C)
Vivía con muchos nervios la llegada del cierre de notas, porque sacaba las notas yo con
la calculadora más o menos como los profes calculaban la nota promedio, eran como
cuatro exámenes claves y tenías que hacer tus notas “siete más siete, dividirlo por tal,
multiplicarlo”, sacar la cuenta así, como te explicaban ellos. Porque explicaban cómo te
iban a calificar, sacaba las cuentas y decías “ay, pero no me cierra”. (Entrevista C)

En estos fragmentos, se vislumbra cierta imagen fundacional de la escuela moderna,
como “máquina potente y eficaz, centro de irradiación de saberes, aparato clasificador
de poblaciones, dispositivo modernizador, edificio público privilegiado, símbolo de
estatalidad, enclave de la cultura letrada” (Pineau, 2013, p. 34).
Ahora bien, se vuelve importante destacar que la acreditación aparece asociada a la
posibilidad de obtener trabajo y a la conclusión de una etapa se califica como “básica”
pero necesaria:
Y porque hoy en día sin el secundario es medio imposible todo. [...] Son un montón de
años, por eso a veces sé que no tengo posibilidad de muchos otros trabajos sin un
secundario completo. O sea, hace muchos años, por ejemplo, que cuido nenes, es algo
que me gusta, pero a la vez, no sé si quiero toda la vida cuidar nenes. Y sé que para la
mayoría de los trabajos sin un título secundario ni te agarran. Y aparte porque me siento
bastante insatisfecha conmigo misma sin poder completar algo tan básico como eso. Es
una de las cosas básicas que uno tiene que terminar en la vida. (Entrevista F, énfasis
nuestro)

No podemos soslayar aquí que, desde que se estableció la obligatoriedad del nivel, la
acreditación es un derecho y un imperativo para el sistema. Es posible que, en línea con
la mejora de los indicadores de eficiencia interna del sistema (promoción, repitencia,
abandono y egreso), la percepción sobre la necesidad de concluir el nivel también se
haya incrementado. Tal como señalan Dabenigno y Bottinelli (Ministerio de Educación
de la Nación, 2022), si bien “los indicadores de graduación vienen mejorando lenta pero
sostenidamente desde la sanción de la LEN en 2006 (la tasa de egreso mejora a razón
de un punto porcentual por año) [...] se trata de un ritmo de mejora que implicará esperar
varias décadas para lograr que la obligatoriedad del nivel se pueda cumplir en la
totalidad de jóvenes de nuestro país” (p. 3).
Resurge asimismo, la acreditación del nivel como condición de posibilidad, ya que algo
considerado tan “básico” como la secundaria aparece asociado fuertemente al mercado
de trabajo o, en definitiva, al tipo (igualmente complejo) de inserción laboral a la que
habilita el título. Al respecto, Rochex (2002) señala: “La escuela, el diploma, el
bachillerato, se han convertido, casi en un mismo movimiento, en cada vez más

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necesarios pero cada vez menos suficientes” (p.114). Esto es potente, particularmente
en la población entrevistada, cuyas trayectorias de carácter no lineal no han debilitado
el imperativo de la acreditación ni la confianza en que el título permite pensar otras
alternativas en el futuro.
En suma, las entrevistas permiten pensar en torno a dos tipos de trabajo: el de aprender
a ser estudiante y el que se podría conseguir si se obtiene la acreditación. En ambos,
desde nuestro enfoque, se pone en juego un aspecto de la socialización. Como dice
Perrenoud (2006), “ejercer un oficio, tener un trabajo, es una manera de ser reconocido
por la sociedad, una manera de existir dentro de una organización” (p. 12).

“No miraron para un costado” y “antes era muy tímido y ahora no me callo nunca”:
de relaciones, confianzas y afectos
Concebimos la experiencia escolar como “lugar de procesos de subjetivación, de
negociación subjetiva con el otro, con uno mismo y con la historia de la cual uno
proviene” (Rochex, 2002, p. 111). En este sentido, dichos procesos de subjetivación se
apoyan en una serie inacabada de vínculos que se construyen en el marco de la escuela.
En primer lugar, esto se vincula a las relaciones que les jóvenes traman con sus pares.
La escuela es el ámbito donde se vuelve posible la experiencia de encontrar otros
significativos con quienes construir diálogos que, al habilitar el conocer diferencias y
semejanzas, les permite conocerse mejor a sí mismos (Weiss, 2009). Esos encuentros
(incluyen pero) exceden el mero placer de estar juntos, ya que posibilitan la construcción
de un tipo de aprendizajes ligado a lo identitario:
Si, en cuanto a cómo soy yo, la personalidad, mis actitudes, a hablar, a relacionarme con
los demás. Antes era muy tímido y ahora no me callo nunca. (Entrevista C)

En este caso, se destaca que le entrevistade valore no callarse nunca como un aspecto
positivo en su presente adulto. Es posible reconocer aquí ese espacio que ofrece la
escuela para la construcción y el fortalecimiento de la subjetividad.
Asimismo, en otros relatos la cuestión vincular vuelve a emerger como algo que se
reconoce que tuvo lugar en el marco de la escuela:
Pero la verdad es que no siento que a mí la secundaria me dejó como una gran
enseñanza a nivel académico, no. Como por ahí sí otras cosas, vínculos, afectos. Pero
igual sé que yo… en mi adolescencia tuve como una etapa complicada en mi vida. No
es que todo es por culpa de que las materias son aburridas…(Entrevista F, énfasis
nuestro)

Se destaca aquí la disociación entre “nivel académico” y “otras cosas”, de algún modo
articulando la enseñanza escolar con “lo académico” (lo cual es significado como
aburrido) y los vínculos y afectos, con algo que no forma parte de esa categoría. En esta
línea es posible hipotetizar que esas “otras cosas” evaden la mirada utilitarista que se
abordó anteriormente.
Lo escolar académico aparece aquí des-afectado, desprovisto de la posibilidad de
provocar conmoción, como si no fuera en sí mismo una relación que conlleva efectos.
Sin embargo, los vínculos escolares se construyen y sostienen en una trama
institucional que es colectiva y social. Allí se producen una serie de sentidos en torno a
la transmisión, el derecho, la legitimidad, entre otras cuestiones, que caracterizan en
forma singular la experiencia de los sujetos que habitan cada escuela.
Por ello, al detenernos en cómo los sujetos se relacionan en el ámbito escolar, se
registra otra dimensión fundamental para abordar los procesos identificatorios: los

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vínculos entre docentes y estudiantes. El vínculo pedagógico emerge como una
dimensión central a la hora de pensar la relación entre presente y futuro, no solo en
términos individuales. Núñez (2005) lo entiende como “un articulador de las
generaciones; ya que teje finos hilos (anillos) de confianza, necesarios entre éstas” (p.
40). Esto recupera la idea de transmisión como pasaje entre generaciones. Y refuerza,
además, el sentido político de la tarea de enseñar, al reconocer lo fugaz como una
condición, por no ser el vínculo pedagógico algo del orden de lo estable.
Por otro lado, no es posible soslayar la asimetría en estos vínculos, la cual es constitutiva
del vínculo pedagógico, no remite “a una prerrogativa infundada o a la imposición
arbitraria por parte del adulto, sino a su responsabilidad ineludible” (Kantor, 2008, p. 70).
Asimetría, en la que la mirada docente se vuelve clave. Sandra Nicastro (2006) invita a
pensar cómo hacer el justo lugar a la mirada, y reconocer las que se apoyan en la
imposibilidad de traducción literal de aquello que se mira.
En línea con estas concepciones, les entrevistades destacan positivamente aquellos
casos en los que les docentes ocupan un lugar adulto que no es indiferente. Se detienen
especialmente en el hecho de que frente a situaciones que les lastiman, hay profesores
que no “miran a un costado”.
Yo tuve quilombo con un compañero y los profesores desde el primer momento
marcaron que eso no estaba bien. Un compañero en el curso, [ya] no estaba con él, me
había cambiado de grupo a un grupo de chicas donde yo me sentía cómodo y cuando
se enteró, se paró en el medio del curso, me gritó "¡Puto!" y yo me puse re mal y ahí,
los profesores contuvieron, vieron la situación e hicieron algo, no es que miraron para
un costado. Esto fue en primer año. (Entrevista A) Docentes que, al intervenir,
desarrollan un “conjunto de procedimientos que altera fundamentalmente a los sujetos
involucrados en ella” (Duschatzky y Corea, 2020, p. 101). Aparece una autoridad
legitimada en tanto se reconoce y valora su accionar: es une adulte quien debe señalar
que no todo da lo mismo. El deseo de reconocimiento reviste importancia en la
constitución subjetiva, tal como ha sido profusamente estudiado (Sennett, 2003;
Honneth, 2010). Por ello, el reconocimiento se vuelve acción, necesidad y condición
para evitar que se ocasionen ciertos daños y abrir la posibilidad a que las identidades
se afiancen y puedan ser. Asimismo, el futuro también aparece en los relatos cuando
los vínculos expresan algo del presente que es y algo que (todavía) no es, pero puede
llegar a ser.
Las clases de educación física, siempre me gustaban. Una vuelta que vino un practicante
[...] cuando jugamos a la pelota me agarra y me dice “bueno, ¿te gusta jugar a la pelota?
¿qué tenes pensado?”. “Me gustaría jugar a la pelota –le digo– en el futuro, ser jugador
profesional”. Sacó un papel, y me dice “¿no me firmas?” Pero no tengo ni firma yo, le
digo. “Y… por las dudas, –me dice– en una de esas te haces famoso y yo digo que te
tuve cuando era practicante”. Y le tuve que firmar, con mi nombre simple. “Ahora –me
dice– me lo guardo’ y se lo guardó y yo no entendía nada. Era re chico… Y dije “Fa! Re
copado el muchacho”, no me acuerdo el nombre, me hizo sentir como si hubiera llegado,
como si fuera a llegar a ser jugador, me sentía en la nube porque decía “pará, no soy
nada, pero me pidió un autógrafo sin conocerme”. La primera vez que lo veo, me pidió
un autógrafo. (Entrevista C)

Le entrevistade indica que el docente le hizo sentir “como si fuera a llegar a ser jugador”
identificando algo en el orden de la apuesta. Allí se sostienen los vínculos pedagógicos:
la confianza es un elemento constitutivo de ellos. La confianza implica una hipótesis
sobre la conducta futura del otro, como retoma Cornú (1999) de Simmel, y por ende,
remite a un porvenir que desconocemos. La confianza (al igual que la desconfianza) es
poderosa, y no es inocua, produce efectos, va a “poder abrir algo del orden de una
historia”. La demostración de confianza es, desde esta perspectiva, también una forma
de intervención y reconocimiento del otro (ese otro demasiado otro, según Antelo). En

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esta línea, la intervención se vuelve constitutiva de la posición de les educadores, y en
especial, en el trabajo con adolescentes, ya que se trata de edades en las que se
conjugan especialmente procesos de compleja configuración de la propia identidad.
Kantor (2008) afirma en ese sentido:
El trabajo educativo con adolescentes y jóvenes es incompatible con no intervenir.
Podemos, sin embargo, abstenernos de ciertas cosas y privilegiar otras. Abstenernos de
la respuesta moralizante o punitiva, por ejemplo, mientras sostenemos o reforzamos la
oportunidad y la oferta: actividades, responsabilidades, diálogo, reparo. La respuesta es
la apuesta y la propuesta. (p. 94)

La intervención, que se produce sobre un presente que requiere de una posición adultaeducadora que actúe, a su vez, (in)augura la posibilidad de que otra cosa suceda, hace
posible que nuevos senderos, aún desconocidos, sean oportunos y deseosos de ser
transitados.

Primeras conclusiones
En el presente trabajo hemos identificado rasgos que configuran la experiencia escolar
y su relación con el futuro, desde la voz de siete personas con trayectorias escolares
discontinuas a partir de tres dimensiones: el vínculo con los saberes, el sentido que
asume la acreditación y los vínculos en la escuela.
En relación con los saberes, se registra un tenaz sentido utilitario que, mayormente,
pareciera demandar que los mismos sirvan para la vida, representación que en general
alude a la adultez, en vínculo con el trabajo o la autonomía cotidiana. En términos
generales, podemos afirmar que para les entrevistades, lo que la escuela enseña en
términos curriculares “no sirve” para ese futuro y ello, en la mayoría de los casos, se
asocia a la percepción de que los contenidos son aburridos.
Así, encontramos una serie de supuestos respecto del contenido escolar: que la escuela
debe enseñar para la vida; que esos aprendizajes cuando tengan que utilizarlos en el
futuro, los evocarán y podrán apelar a ellos; que todos los saberes deben provenir de la
escuela.
Al respecto, surgen algunas preguntas. Por un lado, teniendo en cuenta las
características de la etapa adolescente, lo incierto de sus pasados como estudiantes o
la imposibilidad de satisfacer ciertas necesidades (como buscar un trabajo) identificadas
al momento de ser entrevistades, nos preguntamos si la certidumbre que se le demanda
a la escuela, no implica algo imposible de cumplir para una institución específica en esta
época. En segundo lugar, se vuelve central la cuestión acerca de si es factible desanclar
esa demanda de utilidad que se realiza a la escuela de lo que la sociedad actual nos
demanda como sujetos, por caso, la (hiper) productividad, el beneficio económico de
cualquier actividad o la regulación del tiempo de ocio. En tercer lugar, nos preguntamos
si las altas expectativas que se proyectan sobre la escuela no representa una forma de
reconocimiento de las posibilidades que aún perviven allí. Es más, aunque la escuela
no cumpla, en efecto, el rol de ser un órgano distribuidor de saberes desde sus voces,
la demanda de utilidad, ¿no evidencia el peso que sigue teniendo como institución? En
cuarto lugar, nos permitimos cuestionar el imperativo de que lo que se enseña en la
escuela responda a los intereses o necesidades que les alumnes expresan,
recuperando las reflexiones de Antelo (2005b) acerca de que educar es ofertar un fondo
cultural común de conocimientos más allá de la demanda. Si bien estamos convencides
de que es deseable y posible mejorar la relevancia de los contenidos escolares a partir
de revisar su conexión con la contemporaneidad (Terigi, 2018), no consideramos dicha
relevancia como sinónimo de utilidad directa o inmediata. Sostenemos, de hecho, que

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los efectos de la experiencia escolar sobre les sujetes no son (del todo) determinables.
Y por ello, se vuelve necesario detenernos en que, al encuentro con quienes educan,
esos otros y otras, “llegan con un mundo de historias previas y sobre todo con un deseo
de otros mundos para historias del después” (Frigerio, 2020).
En línea con la utilidad que se le demanda a la escuela, vale destacar que les
entrevistades identifican que el título secundario es un elemento importante a la hora de
pensar(se) en su futuro. Esto se vuelve potente si consideramos que se trata de una
población que ha desarrollado recorridos no lineales por el nivel.
En relación con los vínculos, puntualmente con sus docentes, les entrevistades
destacan el lugar del reconocimiento (de las particularidades y características
subjetivas), el respeto y acompañamiento a los diversos ritmos de aprendizaje. Así, el
reconocimiento y la acogida parecieran emerger como condiciones para que algo en
torno al conocimiento y al aprendizaje se produzca. Asimismo, la escuela también
aparece en este punto como posibilidad: de fortalecer identidades “que no se callan”,
que permite aprender a expresarse o relacionarse con otres.
Al respecto, no podemos soslayar que los vínculos pedagógicos se ven afectados en
cada época por los modos en que se valora lo escolar, se comprende el rol docente y la
autoridad adulta, se concibe la condición juvenil/adolescente y se sostienen ciertas
condiciones para el trabajo docente, entre otros factores. A la vez y recuperando a
Isabelino Siede (2005), entender a la escuela como un espacio público de construcción
de lo común y de cruce entre géneros y generaciones, repone la importancia de las
marcas que las entrevistas expresan sobre la autoestima, la confianza, la subjetividad y
la identidad. Estas reflexiones acerca de lo vincular en la escuela inauguran la
indagación acerca de aquello que, para estes jóvenes, pareciera evadir la mirada
utilitarista. En virtud de ello, no podemos ignorar que “el mundo de los adultos se
encuentra doblemente cuestionado, en sus formas sociales y en sus formas
personificadas. Por un lado, la precariedad de las perspectivas, el reino del utilitarismo,
las disociaciones sociales propias de un futuro a la vez ofrecido y rechazado, restringen
considerablemente el campo de las identificaciones sociales, particularmente para los
jóvenes que pertenecen a las categorías sociales más afectadas por la crisis social y
económica” (Rochex, 2002, p. 113).
Las personas entrevistadas atravesaron distintas situaciones, experiencias escolares de
entradas y salidas, de huidas y de vueltas. Lejos de la homogeneidad pretendida por la
escuela fundacional, y la que en parte se sostiene normativamente, la heterogeneidad
es la característica principal de los recorridos aquí recuperados. La presente indagación
se funda en la convicción de que es preciso desnaturalizar las lógicas excluyentes que
signaron los orígenes de la escuela secundaria, no sólo por su actual definición como
derecho, sino por la importancia que adquiere la escuela como institución prioritaria en
la transmisión y distribución de la cultura y, en este sentido, la que (puede) brindar a les
jóvenes algunas orientaciones para vivir en el mundo. Al respecto, Frigerio (2014)
reflexiona a partir de la compleja pregunta de Derrida sobre ¿cómo aprender a vivir?:
“Enseñar a vivir… ¿A quién? ¿Dónde se enseña? ¿Se aprende? ¿Se aprende de otros?
¿Con otros? ¿De sí mismo? ¿Hay un tiempo para aprender a vivir? [...] ¿Hay un
contenido específico, transversal, disciplinar que enseñe a vivir? ¿Puede alguien
enseñar lo inenseñable?” (p. 141).
Recuperar las voces protagonistas de estas experiencias no busca revelarlas como
verdades ni establecerlas como representativas, sino reconocerlas como aportes
valiosos para repensar el lugar de la escuela como un espacio donde se pueda abrir el
juego a futuros no pre-decibles.

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La batalla de Ayacucho y su importancia histórica
Roberto Deibe
DEPARTAMENTO DE HISTORIA

En este coloquio que conmemora los 200 años de la batalla de Ayacucho, un evento
decisivo en la historia de Nuestra América, la presente ponencia busca reflexionar no
solo sobre la importancia histórica de esta batalla, sino también sobre los debates que
aún suscita y su vigencia en el presente. Ayacucho, más que un hecho militar, es un
símbolo político y cultural que aún interpela a nuestras sociedades.
Estamos conmemorando el bicentenario de la batalla que marcó un punto crucial en la
lucha por la independencia de Nuestra América no sólo sellando el fin del dominio
español sino también el triunfo de las fuerzas insurgentes y sentó las bases para la
soberanía de nuestros países. Como escribió el cubano José Martí “las revoluciones
son como el café: han de hacerse con agua hirviendo” (1992, 124). Y el agua hirviendo
fueron los hombres y las mujeres en todo el territorio latinoamericano desde la propia
llegada de los europeos. Proceso histórico que se caracterizó por la participación
popular en diferentes etapas y múltiples formas pero siempre en contra de un sistema
de explotación desigual e injusto: el naciente sistema capitalista, o sea la acumulación
de riquezas a costa del ser humano y la naturaleza.
La historia de las luchas por la liberación de los pueblos en Nuestra América no es sólo
del siglo XIX sino desde la propia conquista europea. Los indígenas que resistieron la
dominación y explotación por parte de quienes se vanagloriaba de tener legitimidad de
una religión ajena a la existente en el continente. Una de esas rebeliones tuvo su punto
culmine con los levantamientos liderados por Túpac Amaru II, Micaela Bastida, Túpac
Katari, Bartolina Sisa en la zona del Alto Perú. También los criollos van a rebelarse aún
cuando no sufrían las mismas condiciones que aquellos. La revolución comunera de
Paraguay en 1711 y la rebelión de los comuneros en Nueva Granada en 1781 fueron
apenas dos muestras. Los hombres y mujeres de África esclavizados tuvieron sus
momentos revolucionarios a través de diferentes levantamientos logrando el máximo
triunfo con la revolución haitiana, la primera en que los afrodescendientes triunfaron ante
los blancos esclavistas y la primera en declarar la independencia formal en el territorio
americano. Todos esos mojones históricos fueron antecedentes del proceso de guerra
e independencia que lideraron los hombres y mujeres de Nuestra América que culminó
su etapa con el triunfo en Ayacucho.
Sin embargo debemos refrescar lo que pasó hace doscientos años. Luego del encuentro
de Guayaquil entre los Libertadores Simón Bolívar y José de San Martín en julio de 1822
la situación no era fácil para los patriotas. La oligarquía local no ahorraba gestos de
tibieza frente a los españoles buscando seguir de alguna manera ser el nuevo sector
dominante pero las cosas ya no serán iguales. Luego el Libertador Simón Bolívar llegará
a Lima después de la renuncia de San Martín como Protector del Perú. Allí se encontró
con la traición del designado presidente Torre Tagle, hecho que permitió que el ejército
colonial reconquistara tanto Lima como el puerto clave de El Callao en febrero de 1824
provocando una situación caótica para nuestros patriotas. Entretanto sucedió la batalla
de Junín el 6 de agosto de 1824 con la victoria del ejército latinoamericano integrado
por colombianos, venezolanos, peruanos y argentinos leales bajo los liderazgos de
Bolívar y Antonio José de Sucre. Dicha contienda militar y la victoria patriota no fueron
concebidas como una más tanto por los latinoamericanos como los realistas.

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Luego viene la batalla en la que festejamos su bicentenario. Como lo define el intelectual
Néstor Kohan, la batalla de Ayacucho fue “un combate internacionalista” cuya victoria
“termina de realizar la liberación anticolonial” (2013, 241). El Libertador Bolívar en su
proclama a los soldados victoriosos dice: “la buena causa, la causa de los derechos del
hombre, ha ganado con vuestras armas su terrible contienda contra los opresores;
contemplad, pues, el bien que habéis hecho a la humanidad con vuestros heroicos
sacrificios” (2009, 214).
La batalla de Ayacucho marcó el final de la dominación colonial española en América
del Sur. La lucha patriótica representó un proyecto emancipador que aspiraba a construir
una América Latina unida, basada en los principios de justicia social, libertad y
autodeterminación. La lucha por la independencia definitiva no terminó en Ayacucho. El
Congreso de Panamá, reunido en 1826 se propuso liberar tanto a Cuba como Puerto
Rico, rechazar los intentos de la Europa monárquica de reconquistar las colonias
americanas como también enfrentar las amenazas ya visibles del expansionismo
norteamericano bajo la entonces Doctrina Monroe, proyecto de dominación de América
que quedó sellado en la frase “América para los americanos” (claro está que refiere a
los norteamericanos). El mismo expansionismo que advirtiera tempranamente el
Libertador Bolívar con su célebre frase “los Estados Unidos parecen predestinados por
la providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad”.
Sin embargo, aquel sueño de unidad enfrentó desafíos desde el principio: las tensiones
internas entre las elites oligárquicas de las nacientes repúblicas y las amenazas
externas que buscaban perpetuar formas de dominación. El Libertador Bolívar
acompañó siempre a sus triunfos militares con proyectos de transformaciones sociales
buscando cambiar el orden social heredado de la colonia. Desde su regreso de Haití en
1816 Bolívar promovió la liberación de los esclavos, el fin de la servidumbre indígena y
el reparto de las tierras. Era de esperarse que iba a encontrar resistencias de parte de
las viejas clases dominantes pero también las comunidades indígenas lo vivenciaron
contradictoriamente “que festejaban el fin de la servidumbre pero defendían sus tierras
comunales trabajadas colectivamente y veían como una amenaza la división de la tierra
(por motivos opuestos a los de la oligarquía)” (Kohan, 2013, 243).
Hoy, 200 años después, nos encontramos en una coyuntura histórica que pone en el
centro la importancia de Ayacucho. Frente al avance del fascismo, que amenaza con
socavar las conquistas democráticas y los derechos fundamentales de nuestros
pueblos, y frente a las formas contemporáneas de colonialismo económico y cultural, el
llamado a la unidad es más urgente que nunca. Ayacucho nos recuerda que la
independencia no es un acto consumado, sino un proceso en constante construcción.
Como todas las revoluciones populares.
Entretanto queremos preguntarnos sobre los debates alrededor de Ayacucho. En
Argentina este hecho histórico pareciera no tener la importancia suficiente para ser
mencionado o estudiado en las escuelas o en los libros de best seller. Hay quienes
piensan que es porque está fuera de la llamada historia “nacional”, que es historia del
Perú. Aquello tiene una explicación posible al considerar la vieja historia liberal que
buscó considerar a la Argentina como una “excepcionalidad” en el devenir histórico de
la región. Desde Bartolomé Mitre hasta ciertos actuales académicos dinosaurios buscan
atacar la visión latinoamericanista y popular al omitir la batalla bicentenaria o cualquier
vestigio de unidad continental. La historia liberal del siglo XX va a tener sus pregoneros
que buscaron instalar la idea de la “excepcionalidad argentina” como también justificar
cada acción anti popular a través de elementos del pasado. Argumentan que la visión
latinoamericanista es política como si su posición no lo fuera.
Luego de los festejos por el centenario de la Revolución de Mayo de 1810 buscaron
legitimar el orden establecido. Aún bajo el gobierno democrático del radical Hipólito

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Yrigoyen con su instauración del “día de la raza” para recordar el 12 de octubre de 1492
como “encuentro de dos mundos”. El gran escritor argentino Leopoldo Lugones fue uno
de los intelectuales que aportó a la “excepcionalidad argentina” en contraposición de
una visión latinoamericanista. El mismo autor expresó en un discurso de 1923 su
antipatía por las elecciones como también un odio a la “masa extranjera disconforme y
hostil” mientras incorpora a su proyecto político una evidente admiración por el naciente
fascismo italiano liderado por Benito Mussolini. La esencia del pensamiento lugoniano,
como el de la intelectualidad oligárquica de principio del siglo XX, podemos leerlo en el
discurso del año del centenario de la batalla de Ayacucho en que Lugones demostró su
posición favorable a la exaltación del poder militar y la expansión imperialista que
acompaña a todo país fuerte:
Ha sonado otra vez, para bien del mundo, la hora de la espada. Así como esta hizo lo
único enteramente logrado que tenemos hasta ahora, y es la independencia, hará el
orden necesario, implantará la jerarquía indispensable que la democracia ha malogrado
hasta hoy, fatalmente derivada, porque esa es su consecuencia natural, hacia la
demagogia o el socialismo. Pero sabemos demasiado lo que hicieron el colectivismo y
la paz, del Perú de los Incas y la China de los mandarines (Lugones, 1930, 17).

Ese discurso proclamado en los actos oficiales en Perú abre el libro que con el título de
La Patria Fuerte le publicó el Círculo Militar en el año 1930, muy poco antes del golpe
de estado del General Uriburu, que él mismo acompañó y aportó su pluma literaria para
la gesta golpista.
Cien años después ha resurgido nuevamente la idea de hispanidad en el marco del
debate sobre el rol de Nuestra América en el actual sistema capitalista. Desde España
siempre existió la corriente nacionalista nostálgica del imperio español. Dicha línea de
pensamiento plantea que el imperio británico es el mal fundacional de la llamada
“leyenda negra” que recae sobre el sistema colonial español. Sin embargo, en el
presente no sólo aparece la idea colonizadora en grupo de extrema derecha como VOX
sino también desde una supuesta izquierda europea que levanta la bandera
hispanoamericana para cuestionar todo vestigio de reflexión y praxis originalmente
latinoamericanista.
Además cabe destacar que se replica en grupos intelectuales que sostienen que “nada
por lo que pedir perdón”, frase que lleva por título un libro del historiador argentino
Marcelo Gullo (2022). Dicho libro, perteneciente a una trilogía, recibe elogios de parte
de ciertos intelectuales españoles como Santiago Armesilla 38, quién levanta la bandera
de la hispanidad desde un extraño juego con el marxismo y cierto sesgo antibritánico.
Ellos consideran que el continente se encuentra en una situación de pobreza porque
rompió la “unidad institucional” que había logrado el imperio español, ruptura alcanzada
gracias al interés británico.
Aquella visión colonialista considera que los pueblos de Nuestra América no tuvieron un
interés propio y mucho menos ideas revolucionarias. Una visión que se contrapone al
pensamiento del educador Simón Rodríguez: “o inventamos o erramos”. Lema que
podemos encontrar en cada hombre y mujer que lucharon por la revolución de
independencia americana. Los pueblos tienen memoria y cuando las luchas se
profundizan es cuando emergen aquellos hombres y mujeres del pasado como
antecedentes.

38

Podemos encontrar en el canal de Youtube de Armesilla múltiples videos en conjunto con el
autor argentino refiriendo a la cuestión de la hispanidad como también contra el Libertador
Bolívar.

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Un ejemplo de esto podemos encontrarlo cuando en el bicentenario de la Revolución de
Mayo festejado en el 2010 en Buenos Aires cientos de miles nos sentimos parte de la
patria. En cambio en el bicentenario de la independencia seis años después bajo el
gobierno de Mauricio Macri quien expresó una muestra de cariño al rey español presente
diciendo que los patriotas sintieron “angustia” al independizarse. Fue en un acto
solemne y sin una presencia masiva del pueblo. Otro ejemplo podemos encontrar en la
decisión del gobierno de Javier Milei de borrar todo indicio latinoamericanista en la
efeméride del 12 de octubre restableciendo oficialmente como “día de la raza”. Un
intento de quitar todo barniz de popular a nuestra historia. Parafraseando al futbolista
Diego Maradona, la memoria popular no se mancha.
Desde una perspectiva revolucionaria, de la historia insurgente, la batalla de Ayacucho
puede ser interpretada como el resultado de una serie de contradicciones sociales,
económicas y políticas. La colonización española había establecido un sistema de
dominación basado en la explotación de recursos naturales y mano de obra indígena,
creando desigualdades profundas que llevaron a la resistencia y a la búsqueda de
autonomía por parte de las poblaciones locales. También cabe recordar la presencia de
hombres y mujeres de África esclavizados bajo condiciones inhumanas.
Las figuras de Bolívar y Sucre fueron fundamentales para la batalla que este año
conmemoramos su bicentenario, sin embargo, detrás de ellos se encontraba un vasto
movimiento popular compuesto por indígenas, mestizos, esclavos liberados y
campesinos, cuyas demandas de justicia social y libertad configuraron el telón de fondo
de la lucha independentista.
Es por eso que Ayacucho no sólo representa la independencia política de las naciones
latinoamericanas, sino también un proceso revolucionario que buscó la eliminación de
las estructuras socioeconómicas y culturales impuestas por el imperio español. Los
desafíos de la independencia de Nuestra América continúan y perduran hasta nuestros
días. Vale relacionarlo con los procesos liderados por los gobiernos latinoamericanos
en el presente siglo que buscaron la integración alcanzando su punto cúlmine con la
conformación de la Unasur y la Celac.
En este bicentenario, Ayacucho no solo nos invita a celebrar una victoria del pasado. Es
imperativo reconocer su significado no sólo como un evento histórico crucial sino como
un hito de la revolución emancipadora que llevó adelante las luchas populares por la
soberanía en América Latina. Este evento resuena como un llamado a la unidad regional
y a la autodeterminación y también reflexionar sobre las tareas pendientes de nuestro
presente. Nos recuerda que la lucha por la independencia y la integración no es solo un
capítulo histórico, sino una misión vigente. Es necesario reafirmar la idea de una
segunda y definitiva independencia que trasciende lo político para abarcar lo social,
económico y cultural. Tal como dijera el historiador cubano Francisco Pividal:
…y hoy, como ayer lo previó el Libertador, la unión con todos los pueblos de América
Latina y el Caribe es un imperativo inevitable frente a las agresiones del nuevo imperio.
Revivamos el espíritu de Bolívar y alcemos definitivamente la bandera de nuestra
segunda independencia: la independencia económica (Pividal, 2021, 41).

Es el llamado que nos legaron los comandantes Fidel Castro y Hugo Chávez en este
siglo XXI. Recuperar las experiencias históricas para retomar las banderas de la
integración regional desde abajo. De esta forma Chávez refería en el 2004 a la batalla
bicentenaria vinculándolo con el presente:
El 9 de diciembre próximo estaremos todos los presidentes suramericanos en Ayacucho
(...) allá en las frías montañas en Huamanga, la Pampa de la Quinua, dónde llegó el
Mariscal Sucre con sus sueños a comandar el Ejército Unido Libertador de Suramérica.

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Ahí comandó a mexicanos, centroamericanos, caribeños, venezolanos, colombianos,
ecuatorianos, chilenos, argentinos, uruguayos. ¡Fue la unión! Sólo la unión pudo
hacernos libres (Chávez, 2004).

Es un llamado a resistir el avance del fascismo, a defender la soberanía de nuestros
pueblos y a construir una Nuestra América verdaderamente unida y en paz. En este
coloquio, mientras intercambiamos ideas y perspectivas, esperamos seguir tejiendo ese
proyecto de unidad y soberanía por el que tanto lucharon nuestros antepasados.
Ayacucho nos convoca, 200 años después, a soñar con un futuro más justo y solidario.
Aspiramos que la presente reflexión sirva como punto de partida para el diálogo y el
debate sobre nuestro pasado, presente y futuro compartido

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La Palabrera
Un recorrido por la obra de Laura Devetach39
Sergio Ariel Minore
LITERATURA Y SOCIEDAD

La Palabrera
Laura Devetach nació en la ciudad de Reconquista en 1936, donde vivió toda su
infancia. Al finalizar su secundario se graduó de maestra, y se dedicó a la enseñanza
primaria en una escuela rural del norte de Santa Fe, hasta que en 1957 se trasladó a
vivir a Córdoba, para estudiar la carrera de Letras Modernas, de la que se recibió en
1960.
Como resultado del concurso organizado por “Hoy en la cultura”, en julio de 1965 su
cuento “Piel de asno” salió publicado en el libro XII Cuentistas argentinos, compartiendo
espacio con textos de Isidoro Blaisten, Lubrano Zas, Octavio Gettino y Gustavo Roldán
entre otros. Ese mismo año, la editorial La Rosa Blindada lanzó su primer libro Los
desnudos, conjunto de once cuentos, entre los que se encuentra el mencionado relato.
En 1966, con el apoyo del Fondo Nacional de las Artes, publicó en editorial Eudecor su
libro La torre de cubos, el cual contó con ilustraciones de Víctor Viano y su edición estuvo
al cuidado de Gustavo Roldán.
Pronto sus búsquedas literarias comenzaron a recorrer diferentes caminos. Ese mismo
año, junto al músico Horacio Vaggione y la escritora Canela (quien ofreció su voz para
el relato), grabó el disco Canciones de caramelo (temas con letra de Devetach) y el
cuento El ratón que quería comerse la luna. Al poco tiempo comenzó a escribir obras de
teatro para niños, como El Petirilío y etc., etc., (1967), Bichoscopio (Premio Diario
Córdoba 1970 y Argentores 1972); El Paloliso (1973), y Viva el canguro (1975).
También, durante los años 1972 y 1973, fue libretista e integrante del equipo de TV en
Canal 10 (U.N.C.) para el programa Pipirrulines, con el cual obtuvo el Premio Martín
Fierro (1972) y el Premio Bamba de Córdoba (1973). A su vez, realizó los guiones
de Hola Canela (ciclo de sesenta libretos televisivos, Canal 12 de Córdoba) y
de Historias de Canela (ciclo de treinta libretos radiales para niños, en LW1, Radio
Universidad, Córdoba).
Durante la primera mitad de la década de los 70, su literatura se fue expandiendo a la
par que no descuidó la docencia terciaria. En 1975 su libro Monigote en la arena ganó
el Premio Casa de las Américas.

Ilimitada fantasía
El 24 de marzo de 1976 se produjo el golpe que instaló a la Junta Militar en el gobierno.
Este acontecimiento no solo fue determinante en la sociedad argentina en su conjunto,
sino que a su vez influyó en su vida privada y en la forma de desarrollar su actividad
39

Este texto es una reversión de un capítulo de La literatura infantil argentina en los albores de
la democracia (1983-1989), informe final de la Beca de Investigación 2023 “Hebe de Bonafini”,
organizado por la Biblioteca nacional Mariano Moreno.

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literaria. En principio decidió trasladarse a la ciudad de Buenos Aires, junto a su familia,
para poder continuar ejerciendo la profesión, en diversas redacciones. Otro hecho
gravitante y que la tuvo como protagonista estuvo vinculado a la censura que recibió
uno de sus libros: La torre de cubos.
El día 23 de mayo de 1979, fue emitida en la provincia Santa Fe, la Resolución Nº 480,
mediante la cual se prohibió el uso de dicha obra en todos los establecimientos
educacionales dependientes del Ministerio de la provincia. Entre sus considerandos se
enuncia:
Que del análisis de la obra La torre de cubos, se desprenden graves falencias tales como
simbología confusa, cuestionamientos ideológicos-sociales, objetivos no adecuados al
hecho estético, ilimitada fantasía , carencia de estímulos espirituales y trascendentes;
Que algunos de los cuentos-narraciones incluidos en el mencionado libro, atentan
directamente al hecho formativo que debe presidir todo intento de comunicación,
centrando su temática en los aspectos sociales como crítica a la organización del trabajo,
la propiedad privada y al principio de autoridad enfrentando grupos sociales, raciales o
económicos con base completamente materialista, como también cuestionando la vida
familiar, distorsas (sic) y giros de mal gusto, la cual en vez de ayudar a construir, lleva a
la destrucción de los valores tradicionales de nuestra cultura. (1979: p. 1)

Si bien, en principio, la prohibición era para la provincia de Santa Fe, pronto se
extendería a Mendoza, Córdoba y Buenos Aires. Por este motivo, el libro dejó de circular
en librerías, y comenzó a tener una suerte de recorrido clandestino, propiciado por las
propias maestras y maestros, quienes no dudaban en hacer impresiones con el
mimeógrafo40.
Sobre este título, en Un golpe a los libros, la dupla Invernizzi- Gociol no duda en afirmar:
“Si no fuera porque la frase estaba en un documento de censura, la escritora Laura
Devetach hubiera podido sentirse orgullosa de que su primer libro, La torre de cubos,
resultara destacado por su ‘ilimitada fantasía’”, (2002: p. 311).
Esta característica está presente en los ocho cuentos que forman el libro. En él conviven
un deshollinador desempleado perdido en Buenos Aires; un niño que tras arrojar una
piedra a un tren recibe de este su silbido y no puede expresarse sino con ese sonido;
un chico soñador y su caballo “Nochero”; un barco de papel; y dos relatos donde
aparecen unos singulares personajes que volverán a tener vida en próximos títulos: los
monigotes (“Monigote de carbón” y “El pueblo dibujado”).
Dentro de este universo regido por la imaginación, se destaca el cuento que da nombre
al libro. Irene la protagonista, arma una torre de cubos. Dentro de ella descubre que se
desarrolla un maravilloso mundo con colinas, durazneros, animales y duendes cubiertos
con enormes capuchas de colores. Sin dudarlo, decide meterse. Allí se hace amiga de
ellos, quienes le comentan su trabajo, “Defender a quien lo necesita”:
—Defendemos a los negros, cuando los blancos los desprecian. Les susurramos al oído
“negro, negro, tu cuerpo es brillante como la piel de la manzana, tu cuerpo es bueno y
buena tu cabeza. Tus manos son raíces que fuera de la tierra morirían. Hay que
enterrarlas, aquí, y crecer y transformar los jugos del mundo para dar frutos. Negro,
40

En relación a este antiguo aparato para hacer copias en cantidad y de forma económica,
Devetach expresó: “Los docentes utilizaban el viejo mimeógrafo de pasta; que generalmente sus
papás preparaban en las latas de dulce de batata, ellos lo hacían con cola de pescado (se
compraba en la farmacia) y realizaban una pasta que se utilizaba para sacar las copias (en ese
momento no había fotocopias)”, testimonio tomado de Pesclevi, G. (2014). Libros que muerden.
Buenos Aires: Ediciones Biblioteca Nacional.

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negro —así les decimos—, hay que trabajar y aprender y enseñar hasta que cada brizna
del campo reconozca tu buen cuerpo brillante como una manzana. (2016, p. 19)

Defensa de la igualdad racial, y también de género. Tal como se manifiesta en una
escena donde Irene va a tomar el chocolate y luego de disfrutarlo, sin dejar de cantar y
bailar, ayuda al papá caperuzo a secar las tazas que él había lavado. Esta actitud de la
figura masculina frente a las labores domésticas, llama poderosamente la atención de
Irene:
Cuando regresara a casa le diría a mamá que tratasen de vivir como los caperuzos; así
de contentos, por lo menos. Le diría a papá que de vez en cuando secasen entre los dos
los platos, hiciesen tortas morenas cubiertas de azúcar y echasen a mamá de la cocina,
para luego darle una sorpresa. ¡Tenía tantos papeles en su portafolios, papá! ¡Y hablaba
siempre de cosas tan serias! Así no podían estar contentos. Papá estaba muy poco en
casa. (2016: p.23)

El cuestionamiento a organización de la vida familiar, tal como se presentaba en esa
época (y aún algunos años después), está presente en el relato y genera una ruptura
bastante abrupta en cuanto a lo que, a largo del tiempo se propuso como modelo a
seguir a las niñas, y su futuro rol como mujeres, tanto desde los manuales escolares
como desde las ficciones41.
Más allá de las “distorsas” de este texto, en el libro se encuentra otro que, por su propio
peso, supo ganarse un lugar en el imaginario popular. Según Devetach afirmó en el
artículo “Escribir en dictadura”42:
Quizás el cuento más urticante fue “La planta de Bartolo”, en el que el personaje, al ver
lo costoso que resultaba para los padres reponer los cuadernos de los niños, siembra
uno. Pronto obtiene una bella planta que produce cuadernos y él los reparte a los chicos.
Llega entonces el Gran Vendedor de cuadernos y quiere comprar la planta por todos los
medios. Bartolo se niega. El Gran Vendedor llama a los soldaditos azules de la policía.
Pero Bartolo, junto a los niños, los pájaros y los conejos, los echan a todos. (2008:p. 32)

Este cuento, de alguna manera resume una buena parte de aquello expresado en el
decreto. La crítica a la organización del trabajo y a la propiedad privada, se hace
presente en este relato cuyo personaje no duda en desafiar el orden establecido. Por
fuera del circuito comercial de la compra-venta, Bartolo genera sus propios recursos, de
manera auogestiva (plantado un cuaderno), y además, el excedente de su producto no
lo vende, sino que lo regala a quienes lo necesitan. Este hecho, se convierte en un acto
subversivo para la lógica capitalista. Si bien, en un principio el Vendedor procura tentarlo
con otros bienes para que venda su planta (un tren lleno de chocolates y un millón de
pelotitas de colores; una bicicleta de oro y doscientos arbolitos de navidad, entre las
primeras ofertas), Bartolo no cede ante las propuestas, generando una tensión cada vez
mayor con el Vendedor, quien no duda en llamar a los uniformados. El final, cargado de
humor, vendrá de la mano del accionar de sus amigos humanos y animales. Autogestión
y solidaridad, dos actitudes que, para la visión de los militares, según podemos inferir
por lo que expone el decreto: “En vez de ayudar a construir, lleva a la destrucción de los
valores tradicionales de nuestra cultura”.

41

Sobre este tema existe abundante literatura, entre la que se destaca el libro ¿Mamá amasa la
masa? Cien años de libros de lectura de la escuela primaria, escrito por Catalina Wainerman y
Mariana Heredia.
42
“Escribir en dictadura”, en Educación y Biblioteca Nº 166, julio-agosto 2008.

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Tal como comentamos, en 1975 el libro Monigote de arena ganó en La Habana el Premio
Casa de las Américas. Sin embargo, las copias de esa edición no llegaron a la Argentina,
debido al clima político que se vivía43.
En esta segunda colección de cuentos, muchas de las características ya vislumbradas
en La torre de cubos, permanecen presentes. El que le da nombre al conjunto es un
gran ejemplo de ello. Un monigote recientemente trazado sobre la arena, temeroso de
moverse por miedo a borrarse, al fin cede ante el impulso vital que le ofrece el
movimiento y la diversión. Una pieza que celebra lo efímero de la vida y el disfrute entre
amigos ante la irreversibilidad de la nada.
En clave poética y con un pie en la fantasía también figuran: “Cuento que cuento”, “Puro
cuento del caracol Bu”, “Marina y la lluvia”, e “Historia de ratita”. Esta última es una
versión libre de un tema de Panchatantra44. Una ratita gris que acaba de salir de la cueva
familiar, y empieza a descubrir el mundo pasito a paso. En ese recorrido le vienen “unas
ganas bárbaras de ponerse de novia”. Pero todos los pretendientes que se le cruzan le
ofrecen un mundo agobiante. Finalmente, conoce a Ratón-Ratón, con quien, en relación
de igualdad, comparte la alegría de vivir, casarse y cuidar a sus hijitos en una nueva
cueva tibia, pero con una puerta fácil de abrir para cuando ellos quieran salir a descubrir
el mundo.
A su vez, este libro le da la bienvenida a un personaje bastante inquietante: “El garbanzo
peligroso”. Un día un garbanzo peligroso se cae de la cama. Gracias al ruido que hace,
despierta a varios moradores de la casa, incluida a tía Sidonia (otro personaje que va a
volver a lo largo de su carrera), quien lo encierra en una jaula. Es allí cuando el gato
decide: “Un garbanzo peligroso debe ser enterrado”, y con la ayuda de las gallinas y las
palomas lo meten bajo tierra. Sin embargo, el garbanzo empieza a cantar y a brotar y a
convertirse en planta. Esta alegoría, de la cual se podrían desarrollar unas cuantas
interpretaciones, sobre todo en la época en la que salió publicado, va a tener una
continuidad en el mismo libro “Otra vez el garbanzo peligroso”, como así también en
otros volúmenes que saldrán a lo largo del tiempo, convirtiéndose en un personaje
clásico de la producción de Devetach45.
Dentro del conjunto de ocho cuentos que ofrece este libro, hay uno que por el tema que
toca, resulta particularmente sensible a este análisis. “Guy” narra la historia de un
elefante de circo que un día va al río y mientras estaba mirando su reflejo en el agua,
pisa una piedra redonda y se cae. En ese momento nota que su reflejo no está más en
la superficie y se llena de terror: “¡No me veo en el agua! ¡Desaparecí! ¡Soy un elefante
desaparecido!”, (2008: p. 33). Al incorporarse, vuelve a ver su cara en el río, sin embargo
el terror permanece: “¡Si me caigo desaparezco! (…) Mejor trato de no caerme más. ¡No
tengo ganas de ser un elefante desaparecido!”, (2008: p.33).

43

En una entrevista realizada a su autora en mayo de 2006, en relación a este libro afirmó: “Lo
conocí recién en el 78, cuando viajé a Berlín. De La Habana me lo mandaron varias veces pero
siempre me llegaba el sobre vacío”, (Pesclevi, op. cit., p. 76). El libro se publicó en Argentina
recién en 1984. La práctica de hacer llegar el sobre vacío ya era una “costumbre” extendida entre
los militares de esta y anteriores dictaduras. Según me comentó en alguna charla informal, Alba
Gandolfi (hija de Álvaro Yunque) con los libros de su padre traducidos al ruso que llegaban de la
U.R.S.S. en la década del 60, ocurría lo mismo (Nota del autor).
44
En el artículo “Cuento viejo, cuento nuevo: Historia de Ratita”, publicado en el libro Oficio de
palabrera, la autora ofrece una comparación entre la versión original y la propia.
45
En el año 1990 se editarán los libros Las 1001 de garbanzo peligroso y Las 1002 de garbanzo
peligroso, ambos en coautoría con Laura Roldán, por Libros del Quirquincho. A su vez, en el año
1999 con la misma autora, publicará La marca del garbanzo, por el sello Alfaguara.

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En referencia a este relato, hay un uso reiterado de la palabra “desaparecido” o
“desaparecer” en expresiones como “no me veo en el agua, desaparecí”, “un elefante
ocupa mucho espacio, si se cae de espaldas desaparecerá”. Sobre ello, Arpes y Ricaud
comentan:
No hay una intención de sustitución del término lo largo de la historia y es entonces
cuando no podemos dejar de leerlo como una referencia a los desaparecidos que
efectivamente produjo el terrorismo de Estado. La inmovilidad y el silencio como
opciones más seguras para evitar “ser un elefante desaparecido” completan la referencia
y se constituye en metáfora de cierto comportamiento social, en donde no hacer y no
decir eran protecciones que brindaban invisibilidad para eludir el peligro. (2008: p. 57)

Temor, silencio, inmovilidad, sufridos por el protagonista de esta historia simple y luego
padecido por una parte sustancial del país. El hecho de que su primera publicación haya
sido en 1975, un año antes del inicio de denominado Proceso de Reorganización
Nacional, período en que tristemente se popularizó este término, demuestra la agudeza
y lucidez de la autora, a la hora de entender la realidad argentina.
La segunda mitad de la década del 70 encontró a Laura Devetach y su marido Gustavo
Roldán viviendo en Buenos Aires. Alejada del mundo académico (al que dejó en
Córdoba cuando la Escuela de Artes cerró por cuestiones políticas), se dedicó a escribir
y publicar en diferentes espacios. Uno de ellos fue en la revista Billiken. En esta
publicación intervino en varias columnas, como “De todo un poco” y “Los Juntacosas”,
firmándolas con el sugestivo nombre de Agustina (anagrama de Angustia) 46. A la vez
publicó Los picaflores de cola roja (1977) en Ediciones de la Flor, Historia de ratita
(1977), en Propuesta ediciones, y El abuelo Tatú (1978), en la colección Los Cuentos
del Chiribitril, del Centro Editor de América Latina. Algunos de sus textos formaron parte
de dos antologías: Caramelos surtidos (1976) de la editorial Orion, y Narradores de
Córdoba (1978), publicada por la Dirección de Historia, Letras y Ciencias, de dicha
ciudad. En la primera participó con “El brujo de los tubitos”, y en la segunda con tres
cuentos destinados al público adulto: “Piel de asno”, “Mael y Maela” y “Yeka”.

Los pajaritos remendados de la primavera
Aunque los primeros años ochenta aún se vivieron en dictadura, esta comenzó a mostrar
las fisuras que no tardarían en desencadenar la debacle del gobierno. La llegada de la
democracia en 1983, entre otras aperturas, trajo grandes cambios a la hora de divulgar
la literatura infantil en nuestro país.
La nueva década encontró a Laura Devetach muy activa y con múltiples proyectos a
realizar en un futuro próximo. Entre ellos, la dirección compartida, con su marido
Gustavo Roldán, de dos colecciones infantiles en el sello Colihue: Libros del Malabarista
y Cuentos del Pajarito Remendado47. Esta última resultó ser un emprendimiento de
renombre dentro de la producción de literatura para las infancias en nuestro país, con la
suma de ochenta y dos títulos publicados durante la década del 80, distribuidos en
cuatro series: celeste, rosa, naranja y verde48. Devetach, además de publicar varios

46

Pesclevi, op. cit., p. 76.
Si bien en Los Libros del Malabarista no se la menciona, se puede inferir que en la práctica
era una tarea compartida. Ver: Alonso Castro, Leticia María (2022). Infancias y sujetos lectores
en democracia: el caso Cuentos del Pajarito Remendado. San Martín: UNSAM.
48
Las series estaban divididas en cuatro colores: celeste (autores contemporáneos argentinos);
rosa (clásicos de la literatura popular universal); naranja (cuentos populares argentinos y
47

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libros (tanto propios como compartidos con la autora María Inés Bogomolny), en las
distintas series, editó en otros sellos de importancia, como El Ateneo, Aique y el Centro
Editor de América Latina. A su vez, siguió colaborando con medios como las revistas
Humi (1982-1984) y Vivir (1984-1989). Sumado a eso, junto a otros autores y autoras
dieron vida al Plan Nacional de Lectura, ambicioso proyecto que vino de la mano de la
democracia, a cargo de la historiadora Hebe Clementi.
En estos años fecundos, su producción (que supera la veintena de títulos), no solo va a
guardar una continuidad con los libros de las décadas anteriores, sino que además va
a profundizar algunos temas. Dentro de su estilo conviven estas cinco características:
situaciones cotidianas atravesadas por la fantasía (la famosa imaginación “ilimitada” que
señalaba el decreto); un lenguaje en el que tienen lugar tanto el juego de las palabras,
como la aparición de neologismos y onomatopeyas; un humor basado en la parodia y
muchas veces en el absurdo; un trabajo de recuperación y reinterpretación de relatos
tradicionales; y el compromiso con situaciones de desigualdad e injusticia que viven
algunos de sus personajes. Como analizaremos a continuación, en la mayoría de los
casos, sus cuentos y poemas combinan una o varias de estas características.
En cuanto a la primera, quizás sea trasversal a toda la obra. Como hemos visto, en los
libros anteriores a este período, tanto La torre de cubos como Monigote en la arena, se
encuentran en esta clave. Si bien, ambos guardan algunas diferencias en cuanto a su
temática, la fantasía está presente en los dos. Este mismo rasgo está en Picaflores de
cola roja del año 1980. La producción de este nuevo período, sigue esta línea con el
tándem “Un cuento puajjj” y “Medias de monigote” (publicados en 1984). “Un cuento
puajjj” es una excelente muestra de un hecho cotidiano atravesado por la imaginación,
el juego y el humor. Una mañana, Tía Sidonia, se despierta, se acerca al espejo y al
verse dice “puajjj”. A partir de ese momento, luego de cada acción que realice (lavarse
los dientes o tomar mates) solo puede emitir ese sonido. Esta situación de estar
“espuajada” resulta contagiosa en el resto de animales que viven con ella (una gallina,
un perro y hasta una vaca) quienes van a confundir sus propios sonidos generando una
situación sumamente hilarante. En el mismo libro se incluye “Medias de monigote”, el
cual tiene un tinte más social. En esta historia, Laura está preocupada porque su papá
dice que para la próxima Navidad, solo los chicos recibirán regalos. Entonces acude a
su pueblo dibujado, y los monigotes que en él habitan le enseñan de qué manera
generar obsequios a partir de las medias. Si bien ambos apuntan a generar distintas
emociones, uno la risa y el otro la empatía, ambos hacen pie en la fantasía.
Este rasgo, también va a estar presente en El ratón que quería comerse la luna (1985).
En el cuento que le da título al volumen, se narra la historia de un roedor quien al ver el
reflejo de la luna en el campo cree que esta está hecha de queso, y hará hasta lo
imposible por llegar a ella y probar su sabor. En este libro, ilustrado por Juan Manuel
Lima y publicado por El Ateneo, también hay otras dos historias cortas: “El hombrecito
verde” y “Esas cosas contagiosas”. Esta última presenta una aventura que sucede en el
año 2000 y pico, en un “futuro” sobrecargado de computadoras que cacarean como
gallinas ordenándoles a los chicos a realizar acciones automáticas. A pesar de ello, los
niños logran redescubrir la alegría de remontar barriletes.
En cuanto al relato “El hombrecito verde”, es un pequeño texto que narra una situación
divertida y estrambótica. En una casita verde, con ventanas verdes y verde chimenea,
un hombrecito verde estaba leyendo su libro verde cuando escucha tres golpes verdes
en la puerta verde. Al abrir se encuentra con un hombrecito rojo y mantiene un brevísimo
y singular intercambio de palabras. Este divertido episodio inspiró el cuento El
latinoamericanos de tradición oral); y verde (textos enviados por niños: colmos, adivinanzas,
etcétera).

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hombrecito verde y su pájaro, editado dos años después por Colihue con ilustraciones
de Myriam Holgado. En esta nueva aparición, el hombrecito verde tiene un pájaro verde
de verde vuelo. Su vida transcurre “verdemente” normal, hasta que un día su pájaro:
En medio de un verde vuelo, vio unos racimos que le hicieron esponjar las verdes
plumas. El pájaro picoteó verdemente los racimos y sintió una gran alegría color naranja.
Y voló, y su vuelo fue de otro color. Y cantó, y su canto fue de otro color. (1987: p. 8)

A partir de este hecho comienzan las dudas del hombrecito, que le traerán nuevas
aventuras y colores a su verde vida. Un relato fantástico, con mucho de humor y un
magistral manejo del lenguaje poético.
Otro libro en el que la apuesta imaginativa está presente es Una caja llena de (1984).
Entre los relatos que lo conforman se encuentran “Cuento de la polla”, “Cola de flor”, “La
esquina del año nuevo”, y “Cuento con pan”.
Esta imaginación que lo atraviesa todo, por lo general constela con los juegos del
lenguaje y la construcción de neologismos. Justamente, Una caja llena de está en esa
línea. Este rasgo puede apreciarse, no solo sus cuentos, sino también en los poemas
que forman la segunda parte del volumen. Entre ellos resalta: “Tam, tam, tam” y “Sana
sana”, versos donde la sonoridad y la cadencia de las palabras marcan el ritmo de una
lectura lúdica y divertida.
Las onomatopeyas y los neologismos están presentes en toda su obra. Sonidos y
expresiones como: “tuit tuit” “grupi grupi” y “tururú” de los mencionados relatos “Cuento
de la polla”, “Cola de flor”, se suman a los ya conocidos “glubi glubi”, “cla cla cla” y “cruqui
cruqui” de “Monigote en la arena”; y el romántico latido “tipi tepe” de “Historia de ratita”.
Algunos de estos, incluso, aparecen en distintos textos, como la construcción “un grano
muy pupipu”, que además de estar en “Cuento de la polla”, está en “Un cuento puajjj”, y
cuya aparición primera se remonta a “Cuento que cuento”, perteneciente a Monigote en
la arena; o la ambivalente “fluflú”, (que bien puede ser un color o un sonido) también
presente en “Cuento de la polla”, originalmente aparecido en “Historia de ratita”. Esta
continuidad de onomatopeyas y neologismos, brinda una riqueza sonora particular al
universo literario de la autora.
El humor, como dijimos, es otro de los factores que atraviesa, de diferentes maneras, la
obra de Devetach. Una de ellas es la situación desopilante que plantea la propia historia.
Esta puede ser meramente fantasiosa, como vimos en “Un cuento puajjj” y “El
hombrecito verde” o tomada de un caso real, transformado en relato, como sucede en
“Se está incendiando la Casa Rosada”, relato incluido en Cuentos que no son cuento
(1986). Editado por Libros del Quirquincho, las historias que este volumen incluye, tal
como la autora explica en el prólogo: “Las encontré en los diarios o en la vida diaria. Y
las robé sin más, escribiéndolas en forma de cuentos, porque son cosas lindas,
emocionantes o graciosas y tienen mucho que ver con nuestro país”, (1986: p. 7).
Puntualmente, el relato referido está inspirado en un hecho sucedido el 28 de diciembre
de 1929, cuando el periódico Última hora, publicó la noticia de que se estaba
incendiando la Casa Rosada. En dicha oportunidad, muchos se acercaron a la Plaza de
Mayo a ver qué pasaba, pero se terminaron llevando el chasco de se trataba de una
broma pesada del diario por el Día de los Inocentes.
Cuentos con situaciones cómicas también forman parte del libro de lectura para segundo
grado Cuentos y cantos. Publicado por el sello Aique en su colección “Los libros del
Churrinche”, este (como su nombre lo indica) incluye cuentos, cantos (poemas y formas
poéticas) e incluso una obra teatral para títeres llamada: “¡Hay que cazar al teruteru!”.
Entre los cuentos destacan “Así, así, asá”, un episodio protagonizado por Tía Sidonia,
un día en que estrena unas sandalias y comienza a caminar de una forma muy particular,

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hecho que produce un gran contagio en su pueblo; y la jocosa “Historia de distraídos”,
extenso enredo de malos entendidos entre las familias de don Mazamorra y don
Chinchulín, dos compadres un tanto sordos y bastante distraídos.
El humor también va a estar presente como juego en la colección “Papelitos del Pajarito
remendado”, conocida como “la serie verde”. Este juego va a ser con los múltiples
significados y sonoridades de la palabra, pero también como lugar de encuentro en el
que están invitados a intervenir los lectores. Esta serie realizada junto a María Inés
Bolgomony tuvo siete títulos. Los cinco publicados en el período analizado son: El que
silba sin boca (1984), Muchas patas (1984), ¡Viva yo! (1984), Cura mufas (1986) y
Burbujas (1989)49. Los libros, según la editorial, están realizados con “la participación
de los chicos de todo el país con adivinanzas, colmos y mil formas del “folclore dicho”50.
Cada uno de ellos recopila, según una temática propuesta, una gran variedad de
pequeños textos donde se prioriza la rima, la sonoridad, el gesto pícaro y divertido del
doble sentido de una palabra.
A su vez, el humor se va a vincular con otro de los ejes de la producción de Devetach,
que es la recuperación de los relatos del acervo popular. Este trabajo, iniciado en los
setentas con la reversión de Historia de ratita (1975) tomada del Panchatantra, y, El
abuelo del tatú (1978), basado en la recreación libre de una tradición oral guaraní; va a
tener su continuidad en la nueva década. Bajo el título ¿Quién se sentó sobre mi dedo?,
se publicó en 1984, en la serie naranja de la colección Cuentos del Pajarito Remendado,
la versión libre de los cuentos populares: “¿Quién se sentó sobre mi dedo?” y “Las tres
muertes del conejo”. Ambos narran las picardías de un animal que, para la tradición
latinoamericana, es sinónimo de astucia y humor: el conejo. En el primero de ellos,
mediante argucias logra engañar a un puma para poder dormir su siesta, y en el
segundo, fingiendo su muerte, consigue comer la miel que un granjero transporta en su
carro.
En cuanto a la combinación de relatos orales y humor, el libro más representativo del
período sin dudas es Cuentos de Paí Luchí, el mentiroso. Publicado en 1986 por la
Secretaría de Cultura de la Nación, en el Centro Editor de América Latina, el volumen
incluye una serie de relatos protagonizados por Paí Luchí, un simpático personaje que
hace de la mentira, la exageración y el “macanazo” todo un arte. Según informa la propia
Devetach:
Paí Luchí es mentiroso pero respetado, y hasta muy respetado, por eso se lo llama “Paí”,
que es el modo en que en el litoral se nombra a las personas que merecen autoridad y
respeto. Y se lo respeta porque es un gran, un auténtico “cuentacuentos”, alguien capaz
de tener en vilo a la audiencia, de emocionarla y de hacerla reír. (1986: p. 57)

Estos cuentos de la tradición oral, populares en la provincia de Corrientes, aunque
también conocidos en Catamarca y La Rioja, son recogidos y versionados en este libro
que no solo transmite las historias sino, (según se desprende por lo expresado por la
autora) resignifica y valoriza el trabajo de los “cuentacuentos”, actividad que tanto ella,
como otros de su generación venían haciendo a partir del Plan Nacional de Lectura.
Otros cuentos que recogen relatos de la tradición, aunque no vinculados tan
estrechamente al humor son La gran pelea (1989), y “¿Por qué el hornero es amigo del

49

Posteriormente se lanzaron Casas y cosas (1990), y Muchobicho (1996).
Material de difusión de Cuentos del Pajarito Remendado, año 2001, publicado en Alonso
Castro, Leticia María (2022). Infancias y sujetos lectores en democracia: el caso del Pajarito
Remendado. Buenos Aires: UNSAM, p. 125.
50

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hombre?”, relato con forma de leyenda incluido en el mencionado libro de lectura
Cuentos y cantos.
Por último, un eje que también atraviesa toda la obra de Laura Devetach es el
compromiso con las situaciones de desigualdad e injusticia. Esta empatía hacia los
seres que, de una manera u otra, están desprotegidos está presente desde sus primeros
textos: “La torre de cubos”, con su mirada aguda hacia la discriminación racial y las
diferencias de género intrafamiliar, “Guy” y el miedo que plantea generar algún
movimiento que lo pueda hacer “desaparecer” (con las múltiples interpretaciones
políticas que puede tener esta metáfora), y “La planta de Bartolo”, con su apuesta al
trabajo solidario y colaborativo de parte de los más débiles (niños y animales) contra la
opresión de los más fuertes (el empresario encarnado en el Vendedor de Cuadernos y
la policía).
En la siguiente década también serán frecuentes este tipo de narraciones. Como vimos,
ya en 1984 aparecía “Medias de monigote”, acompañando la edición “Un cuento puajjj”,
con el planteo de la protagonista preocupada por la falta de regalos de Navidad para el
resto de integrantes de la familia, y la solución brindada por sus monigotes amigos, para
que todos (chicos y grandes) pudieran recibir un obsequio. Una situación similar se
plantea en “La esquina de Año Nuevo”, publicado en Una caja llena de. La historia se
presenta en un momento con una situación económica bastante particular:
Las cosas no andaban muy bien por aquellos tiempos. El dinero valía tan pero tan poco
que, si se caía una moneda, la gente que tenía trabajo ni se agachaba a levantarla. Sí,
la gente que tenía trabajo. Porque muchísima gente no tenía dónde trabajar. La Navidad
había venido bastante arrugada y tristona, con poco para festejar. (2005: p. 32)

En esta Navidad, por lo apremiante de la situación, ni siquiera los chicos habían recibido
regalos. Por eso, para Año Nuevo, deciden planear una sorpresa que tendría como gran
protagonista a un juguete muy especial para ellos: la olla de la abuela. Luego de
averiguar qué alimentos había en cada casa, se llevan a hurtadillas los fideos, cebollas,
repollos y demás comestibles. Al enterarse de los faltantes en las alacenas, los adultos
se ponen furiosos y se dirigen al almacén a pedir fiado. En medio del alboroto, una
imponente humareda llama su atención, y salen corriendo. Allí se llevan una gran
sorpresa:
En la semioscuridad de la última noche del año, una fogata bailaba loca. Y sobre la
fogata, como una joya muy rara, la olla de la abuela chispeando y cantando con la panza
llena de cositas cortadas que despedían muy buen olor. Todo se doraba alegremente en
el chasquido del aceite, y los chicos, tiznados, color manzana, color nervioso, revolvían,
cortaban, repartían, resoplaban, en una extraña danza del fuego. (2005: p. 36)

Frente a la miseria de la época, los niños y las niñas, guiados por su imaginación y
picardía, consiguen resolver el problema de la falta de obsequios, regalándole al pueblo
no solamente una rica comida, sino también la esperanza de un futuro mejor. Un futuro
que estaba empezando esa misma noche. Autogestión y solidaridad, nuevamente como
posibilidad de cambio.
En esta misma clave, el libro Cuentos que no son cuento trae dos relatos que valen la
pena mencionar. “Historia con leche” y “Un hielo muy especial”. El primero de ellos,
según señala el epígrafe, está basado en una historia ambientada en Florencio Varela,
provincia de Buenos Aires. Allí, don Ramón, un humilde trabajador padre de tres hijos,
una mañana encuentra una ternerita cuya madre había muerto atropellada por el tren y
se la lleva a su casa. El animal no tarda en acostumbrarse a la familia y se hace querida
del barrio quienes la dejan pastar en diferentes lugares. En varias oportunidades la vaca,
a quien bautizan cariñosamente Pepa, se escapa hasta que un buen día aparece

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preñada. Al poco tiempo tiene un ternero y empieza a dar leche. Como era mucha la
que producía, a don Ramón se le ocurre ordeñarla y venderles la leche a los vecinos. Al
principio le compran, pero luego algunos, no pueden pagar:
Por una cosa, o por otra, Ramón fue entregando gratis el jarro de leche de Pepa a la
gente del barrio.
—Hay que ayudarse— decía encogiéndose de hombros.
La gente le daba pasto fresco, se la traía de vuelta cuando Pepa se pegaba sus
escapadas y la defendía del almacenero, que, cada dos por tres, hacía sus denuncias a
la Municipalidad por la vaca.
—Claro —decía la gente—, él pierde de vender pero la Pepa no molesta y es una gran
ayuda.
Seguro que en la historia de las vacas, nunca hubo una con tantos amigos. (1986: p.24)

Nuevamente, la solidaridad entre pares para poder enfrentar los momentos de crisis.
Una solidaridad no exenta de compañerismo y cariño, no solo entre personas, sino
también con animales.
La otra historia, “Un hielo muy especial”, está situada en Ecuador, en El Chimborazo,
volcán de 6310 metros de altura. En esta se narra los esfuerzos que realizan las familias
de pueblos originarios “diaquilemas” para extraer el hielo de las cumbres y luego
venderlos a los puestos de frutas que, a los pies del gigante, se pueblan de turistas. En
pocas líneas retrata las desigualdades existentes entre los indígenas y sus precarias
condiciones de vida y quienes disfrutan de su esfuerzo por pocas monedas.
La preocupación social y la denuncia de las pequeñas y grandes injusticias existentes,
es clave en la obra de Devetach. Junto a los otros rasgos enunciados anteriormente,
generan una narrativa de intensidad y variedad en la que por lo general varios de estos
puntos se cruzan. En este sentido, un cuento que reúne varias de estas características
a la vez es El paseo de los viejitos. En este la fantasía, el humor y la preocupación
social, se combinan en una poética rica en imágenes visuales y sonoras. El relato,
instalado en el pasado, cuenta la historia de una viejita y un viejito que vivían en una
pequeña casa debajo de un manzano. Como ya no trabajaban más, se reunían en un
club con otros abuelos para ver si conseguían que les aumentaran su jubilación. Eran
tan pobres que “el dinero no les alcanzaba para comprar ni bifes ni queso y menos para
salir de paseo”, (1987: p.8). Por ese motivo, el hombre tallaba animales de madera y
ella tejía medias de colores para ganarse unos pesos. Su deseo más fuerte era salir de
paseo, pero no se lograban poner de acuerdo si ir al campo o a la ciudad. Entonces la
magia se adueña del cuento:
—¿Y si damos un paseo en sillón de hamaca? —dijo el viejito.

.

—¡Claro, un paseo en sillón de hamaca! —palmoteó la viejita.
Y los dos, din don, din don, subieron con sus sillones a la medialuna.
Cuando llegaron, la luna se hamacó también y los viejitos hicieron sube y
baja. Él con su sobrero verde y ella con su vestido de flores. (1987: pp. 2122)

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Publicado en 1987 por el sello El Quirquincho, El paseo de los viejitos, problematiza la
vejez y la falta de preocupación del Estado por ella, pero sin perder la fantasía ni el
humor, propios de una gran historia.

Más allá de los 80
El conjunto de relatos y poemas analizados en el apartado anterior nos muestran la
versatilidad de la autora. La fantasía, el humor, la preocupación social, el juego con el
lenguaje y la recuperación de las raíces folklóricas conviven en una producción rica en
temas y recursos a la hora de narrar. Estas temáticas y maneras de escribir se
proyectaron en la obra inmediatamente posterior y perviven al día de hoy.
La década del 90 irrumpió en el creciente panorama de la literatura infantil y provocó
severos cambios en su desarrollo. En principio, se cerró el Plan Nacional de Lectura, en
el que tanto Devetach como otras y otros autores supieron participar durante los años
anteriores. Este cierre vino de la mano de una política despreocupada por la promoción
del libro. No solo que no se abrió ningún otro plan de fomento, sino que la paridad
cambiaria del dólar respecto al peso argentino, propició el auge de editoriales
internacionales y de la importación, en detrimento de la producción nacional. Esta
ausencia de políticas públicas a favor del desarrollo del libro se complementó con una
profunda transformación en el sistema educativo a través del Pacto Federal Educativo
y la Ley Federal de Educación, pauperizando la experiencia de aprendizaje.
Esta merma en la producción de libros nacionales se vio reflejada en distintas
editoriales. En el caso de Colihue, donde la autora junto a Gustavo Roldán dirigía la
mencionada Cuentos del Pajarito Remendado, la diferencia de producción resultó
bastante notoria, pasando de publicarse cuarenta y ocho títulos (entre 1984-1989) a
treinta y cuatro (durante 1990-1998)51.
Sin embargo, más allá de esta baja económica, la autora siguió escribiendo y publicando
en diferentes sellos, tanto libros nuevos como reediciones de sus textos anteriores. Este
trabajo de escritura, estuvo acompañado de múltiples intervenciones públicas, y de
diversos reconocimientos que se le fueron otorgando a lo largo de los años, entre los
que se destacan el “Diploma al Mérito del Premio Konex en la categoría “Literatura
Infantil”, recibido en 2004; y el Doctorado Honoris Causa, que le entregó la Universidad
Nacional de Córdoba en 2008.
A lo largo de más de medio siglo, Laura Devetach, consolidó una obra capaz de
interpelar a distintas generaciones de lectores y que constela con la labor de otras
autoras del período.

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51

Alonso Castro, Leticia María, op. cit., p. 22.

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Notas políticas para la lectura del tiempo liminal
Ramiro Parodi
ESTUDIOS POLÍTICOS

Jake Sullivan o cómo se ve la crisis del neoliberalismo a sí misma
Hace algunos años se viene hablando en Estados Unidos de la necesidad de plantear
un “Nuevo consenso de Washington” para reestablecer el orden económico global. Es
evidente, si lo tomamos en sus propios términos, que está implícita la idea de una crisis
del sistema actual y, por lo tanto, la necesidad de una revisión del antiguo “Consenso
de Washington” acuñado en el espectral año 1989.
Sigamos el discurso pronunciado por Jake Sullivan, consejero de Seguridad Nacional
del gobierno de Joe Biden, para ver el modo en el que desde el centro del orden
capitalista se tramita el discurso público de la crisis que se vive en todo occidente.
Lo primero que quiero destacar es que el nuevo consenso es portador de una promesa.
Ante toda una serie de estudios que señalan la actual “crisis de los imaginarios de futuro”
(Catanzaro y Wegelin, 2024, 331), desde el gobierno de Estados Unidos aparece un
porvenir: “Esta estrategia construirá un orden económico mundial más justo y duradero,
en beneficio nuestro y de la gente de todo el mundo” (Sullivan, 2023, 1). Esta frase
podría haber sido sacada también de cualquier discurso a favor del Consenso de
Washington de principios de los años 90.
Dos ejes permiten observar desplazamientos entre ambos “Consensos” que
representan la imagen de un cambio de época: reindustrialización y guerra.
Principalmente estas son las novedades ya que muchos otros rasgos como el liderazgo
de Estados Unidos en este proceso, la inclusión de sus “aliados” o “amigos” y la creación
de trabajo productivo ya estaban incluidos en la versión del año de la caída del Muro de
Berlín.
Sullivan va a perseguir el problema de las “cadenas de suministro” a través de estos dos
ejes. Plantea un diagnóstico: “la base industrial de Estados Unidos se ha vaciado”,
porque “cadenas enteras de suministro de bienes estratégicos -junto con las industrias
y los empleos que los fabricaban- se trasladaron al extranjero” (2023, 2). Es así que el
primer Consenso de Washington fracasó porque “el postulado de que una profunda
liberalización del comercio ayudaría a Estados Unidos a exportar bienes, no puestos de
trabajo ni capacidad, fue una promesa hecha pero no cumplida” (Sullivan, 2023, 2).
En el mismo sentido, las cadenas de suministro se rompieron porque el viejo Consenso
supuso que “el tipo de crecimiento no importaba. Todo crecimiento era bueno. Así,
varias reformas se combinaron y se unieron para privilegiar algunos sectores de la
economía, como el financiero, mientras que otros sectores esenciales, como los
semiconductores y las infraestructuras, se atrofiaron. Nuestra capacidad industrial -que
es crucial para que un país pueda seguir innovando- sufrió un auténtico golpe” (Sullivan,
2023, 3). El nuevo consenso de Washington es un ajuste de cuentas con el de los años
90.
Algo falló del neoliberalismo utópico, que comienza con la derrota de un enemigo, el
socialismo, y finaliza con un colapso multidimensional, la crisis del 2008 lo cual permite
pensar si el nuevo Consenso de Washington no es un intento de “solución” del colapso
de las subprime. La crisis del 2008 mostró tres cuestiones:

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●

la ligazón intrínseca entre la transgresión del orden jurídico (“corrupción”) y los
productos bancarios con los escándalos que se reportaron por las coimas a las
evaluadoras de riesgo,

●

el verdadero funcionamiento de los préstamos inmobiliarios y la circulación de
paquetes de deuda entre los bancos,

●

la ilusión del consumo con dinero ficticio producido por el desinterés de los
bancos en evaluar a sus clientes.

Sullivan advierte que la centralidad de la “economía financiera” puede estar siendo un
problema. Recordemos junto a Joseph Vogl (2023) y David Harvey (2005) que el
corazón del proyecto neoliberal, más allá de las etapas de Davies, es la economía
financiera. Esto es visible en todas las regiones del capitalismo global, tanto en su centro
como en su periferia52.
La crisis del 2008 mostró su funcionamiento y, junto con la burbuja inmobiliaria, estalló
otra aún más grande: la ilusión en que el capital financiero puede producir una sociedad
más democrática. La promesa de la globalización (sombra del primer Consenso de
Washigton) que traía la necesidad de derribar fronteras nacionales que perjudicaran la
expansión del capital hoy es vista por EEUU como un paso en falso.
El error, para Sullivan, parece radicar en el momento en el que EEUU descuidó
industrias claves nacionales (como el acero, las energías limpias, las infraestructuras
digitales y las biotecnologías avanzadas) y China aprovechó para avanzar en ese
sentido desde subsidios estatales. Esto nos lleva al segundo eje: la guerra.
En este diagnóstico vemos otro movimiento de arrepentimiento. Si el “neoliberalismo
normativo” (Davies, 2016) prometía que el Estado podía ser traducido a una serie de
datos que unos cuantos expertos deberían leer correctamente para tomar las mejores
decisiones y modernizarlo, hoy vuelve a aparecer un discurso de revalorización
sustancial del Estado en las decisiones económicas.
Harvey (2007) hace muy bien en señalar la distancia entre la teoría y la práctica
neoliberal. La primera produce una imagen de un Estado “pequeño”, desburocratizado,
y eficaz. La segunda, nos muestra el rol clave que han tenido los Estados produciendo,
mediante leyes, las condiciones “óptimas” de inversión, reprimiendo sindicatos,
sosteniendo discursos en la esfera pública a favor de la modernización, estatizando
deuda privada.
“Por un lado, se espera que el Estado neoliberal ocupe el asiento trasero y simplemente
disponga el escenario para que el mercado funcione, pero, por otro, se asume que
adoptará una actitud activa para crear un clima óptimo para los negocios y que actuará
como una entidad competitiva en la política global” (Harvey, 2015, 88).
Sullivan estaría indicando que es el momento de un Estado nuevo. El modelo del
“estado/empresa” fracasó al producir un efecto inesperado, la emergencia de un nuevo
52

La Ley de Entidades Financieras en Argentina, que ningún gobierno desde el retorno de la
democracia ha querido tocar, es un reflejo de eso en nuestra nación. En 1977 se sanciona la ley
ideada por José Alfredo Martínez de Hoz que descentralizó los depósitos, liberó las tasas de
interés, creó una garantía estatal para los depósitos de los bancos privados (que luego sería
modificado en 1979 por la quiebra de 19 entidades financieras), atacó a las cooperativas
financieras a través de las cajas de crédito dejando un solo banco cooperativo de pie y
produciendo la concentración de este mercado.

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enemigo (o dos). Davies (2016) llama “neoliberalismo combativo” a su primera etapa
que termina, precisamente, con una victoria: caído el muro de Berlín, el mundo está listo
para avanzar prescindiendo de la Historia. El momento actual parecería recuperar
componentes de ese neoliberalismo: la presencia clara de un enemigo (o dos si
sumamos a Rusia) externo. Dice Sullivan: “Estas fuerzas han debilitado los cimientos
socioeconómicos sobre los que se asienta cualquier democracia fuerte y resistente”
(Sullivan , 2023, 3). Lo que está en riesgo, entonces, es la democracia.
La economía aparece como la guerra por otros medios, las armas son la
reindustrialización. Sullivan, asesor de seguridad, lo sabe y sostiene su discurso
reivindicando el rol que la nación estadounidense tiene en defensa de la democracia. La
economía es el tablero en el que se libra una guerra entre países democráticos y países
antidemocráticos. Es el Estado el que debe liderar esa misión y no las empresas
privadas que carecen de proyección a largo plazo:
“Una estrategia industrial estadounidense moderna identifica sectores específicos que
son fundamentales para el crecimiento económico, estratégicos desde el punto de vista
de la seguridad nacional y en los que la industria privada por sí sola no está preparada
para realizar las inversiones necesarias para garantizar nuestras ambiciones
nacionales” (Sullivan, 2023, 5).
China es una amenaza porque va ganando esa guerra económica: “esto crea un riesgo
económico crítico y una vulnerabilidad para la seguridad nacional” (Sullivan, 2023, 6).
No solo preocupa que lidera la carrera industrial sino que no está dispuesto a desarrollar
una transición a energías limpias y renovables como la actual catástrofe climática
requiere. Estados Unidos, el mismo país que en 2001, bajo la administración Bush, se
negó a firmar el Protocolo de Kioto que tenía como objetivo reducir las emisiones de
seis gases de efecto invernadero por “contrario” a la economía de su país, ahora trabaja
sobre la imagen catastrofista de la “crisis climática” que China se niega a abordar.
La guerra es económica, es por las cadenas de suministro. El reflejo más claro de esto
no ocurrió en EEUU sino en Europa que, con la guerra entre Rusia y Ucrania, se vio
obligado a reducir las importaciones de gas ruso. En 2021, el 34% del gas (gasoducto)
de la UE procedía de Rusia, hoy es el 8/%. Sin embargo, la UE nunca pudo cortar la
dependencia y es por ello que las importaciones de GNL (gas líquido) representaron en
2023 el 16% del suministro total de ese combustible a la UE. A raíz de esta situación el
precio del gas subió en toda Europa produciendo la tan temible inflación a la que sus
países se habían desacostumbrado.
Pero en esta guerra económica y ecológica por las cadenas de suministro hay lugar
para la periferia: “No es factible ni deseable construirlo todo internamente. Nuestro
objetivo no es la autarquía, sino la resistencia y la seguridad de nuestras cadenas de
suministro (…). Construir nuestra capacidad nacional es el punto de partida. Pero el
efecto trasciende nuestras fronteras. Y esto me lleva al segundo paso de nuestra
estrategia: trabajar con nuestros socios para asegurarnos de que ellos también
refuerzan su capacidad, su resistencia y su inclusión (…). Permítanme subrayar también
que nuestra cooperación con los socios no se limita a las democracias industriales
avanzadas” (Sullivan, 2023, 7).

Álvaro García Linera: teoría del tiempo liminal y de la democracia como agravio
Un análisis político es aquel que puede plantear tanto la pregunta por su objeto como la
crítica a la forma que ese objeto toma. El objeto de conocimiento de un análisis político

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debe poder mantener esa ambivalencia. El rodeo por el discurso de Sullivan fue para
presentar el modo en el que la crisis se presenta a sí misma. Tomemos ahora el
diagnóstico de Álvaro García Linera para pensar no solo en la imagen de la crisis sino
en el proceso político que la sostiene. De ese modo, nos acercaremos a un diagnóstico
más preciso para pensar estrategias de intervención más atinadas.
El modo en el que García Linera se acerca a esta crisis del neoliberalismo nos permite
abrir esta complejidad ya que explora las diferentes temporalidades de la propia crisis
señalando lo que el discurso de Sullivan, o la imagen que el neoliberalismo se da de su
propia crisis, no ve. Para García Linera el proteccionismo estatal “está de regreso”
(2024, 34). Lo que no implica necesariamente un momento vital y esperanzador de esta
racionalidad.
El neoliberalismo ya no puede ofrecer una imagen de futuro y solo puede leer su propio
pasado, prueba de ello son los spots que circulan tanto del candidato republicano como
de la demócrata los cuales apuntan a iniciar un proceso de “reindustrialización heroica”.
Por su parte, en la periferia se despliega “la crisis de imaginarios de futuro”, tal como lo
demuestra el trabajo de Catanzaro y Wegelin (2024). Es decir, cómo es tramitada
subjetivamente la falta de horizonte lo cual repercute en la exacerbación de ideologías
catastrofistas, presentistas y autoritarias.
Sin embargo, en ese desfasaje, entre un presente en crisis y unas medidas anacrónicas,
el capital logra reconvertirse y sobrevivir. El concepto de “tiempo histórico liminal” viene
a representar, a nombrar, ese interregno en el que nos encontramos: “momentos en que
las sociedades entran a un umbral histórico, a un pórtico que separa un tiempo histórico
cansado, meramente inercial, que deambula como un zombi, de un nuevo tiempo
histórico que aún no llega, que tampoco se anuncia, que no se sabe cómo será, pero
que todos esperan que algún rato llegue.” (García Linera, 2021, 8).
La tesis del interregno capitalista también es sostenida por Claudio Aguayo quien señala
que “en este peligroso interregno, las ideas de derecha ofrecen varias formas de
atavismo, nostalgias capitalistas, utopías rotas de un país empresarial y un reino de la
libertad”. El autor hace referencia a la especificidad con la que esta crisis se tramita en
Chile ubicando la circulación de un discurso psicologizante de las masas disconformes:
el resurgimiento de la teología política, una que enlaza al pueblo, otra que lo caracteriza
como envilecimiento satánico y lumpefascismo (Aguayo, 2024, 244).
La Pandemia parece haber sido una suerte de acelerador de esta crisis que se abrió en
el 2008. Dice García Linera que “todas las medidas asumidas por los Estados para hacer
frente a la expansión del virus COVID-19, si bien han logrado atenuar los contagios
mortales, han llevado paralelamente a una intensificación del desempleo, la pobreza, la
precariedad, la angustia y el sufrimiento de las clases trabajadoras, visibilizando un
hecho histórico que ya comenzó a presentarse desde hace una década: el declive de la
fase ascendente, o propiamente dicho, el inicio de la fase descendente de la ola
globalizadora iniciada en 1980” (2021, 5).
El comienzo del neoliberalismo aconteció, consensuado por muchos especialistas, en
Argentina y Chile a través de las dictaduras militares. El fin del neoliberalismo parecería
querer retornar a una etapa de enemigos externos, en el centro, y de enemigos internos
en la periferia. China es para EEUU y la UE (ver el discurso del ex presidente del
Consejo de Ministros de Italia, Mario Draghi) la principal amenaza a sus cadenas de
suministro. El ascenso de las nuevas derechas en la periferia capitalista parecería ser
un síntoma en ese sentido Brasil, El Salvador y Bolivia han roto formal y sustancialmente

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la democracia a través de golpes de estado, desconocimiento de elecciones y
violaciones a los derechos humanos.
García Linera (2023) señala una serie de características de estos movimientos políticos
con el tiempo actual: 1) La derecha extrema es autoritaria y no democrática, 2) crece en
tiempo de crisis económica y política, 3) son la contracara de las centroderechas, 4)
crecen como reacción material y moral a la igualdad, 5) crecen por las decepciones de
los progresismos.
La extrema derecha sintomatiza el tiempo histórico liminal y el último aliento del
neoliberalismo para conservarse a sí mismo ante una economía finaciarizada que ya no
solo ha abandonado el patrón oro, como a sus inicios, sino que directamente se
encuentra despegándose de la normativa jurídica.
“Ninguna de las denominaciones que buscan nombrar la singularidad de estos procesos
políticos—nuevas derechas, post-democracias, post-hegemonías, o simplemente
“dictaduras por otros medios”—parece bastarnos hoy por sí misma para describir
plenamente realidades que se obstinan en superponer temporalidades y estratos
ideológicos diversos, refractarios a los ordenamientos lineales y a las pedagogías
reduccionistas que suelen acompañarlos” (Catanzaro y Stegmayer, 2019, 159), señalan
las autoras en un trabajo que busca articular el discurso del empresario de sí con el
surgimiento de partidos abiertamente autoritarios. Hoy el primero de estos eslabones, el
sujeto empresario que puede bastarse a sí mismo pero que, a su vez, prometía una vida
plena parece haberse reconvertido en una estrategia de supervivencia presentista ante
un mercado laboral estabilizado en la precariedad.

Crisis: Literalidad, reenvío e indignación
Vivimos tiempos liminales que imponen imágenes extrañamente familiares a partir de
las cuales interpretamos el mundo que nos toca vivir. Palabras como “comunismo”,
“anarquismo” y “keynesianismo”, circulan a espaldas de la historia pero no por ello
carecen de eficacia a la hora de producir sentido. Comunidades se organizan en torno
a la lucha contra el “keynesianismo” del “marxismo cultural”.
Es preciso recordar, junto con Michel Pêcheux, que durante las revoluciones el discurso
y, por lo tanto, el sentido que se produce tiende a funcionar más despegado de su
significado inmediato. El filósofo francés denomina “espectro” al contacto entre lo visible
y lo invisible, lo existente y lo imposible, el presente y las diferentes modalidades de la
ausencia: “cada lengua está necesariamente relacionada con el "no lugar", el "más allá",
el "no aún" y el "nunca allí" de la percepción inmediata: en ella se inscribe así la eficacia
omnihistórica de la ideología como una ineludible tendencia a representar los orígenes
y los fines últimos, en otros lugares, el más allá y lo invisible.” (Pêcheux, p. 2, 1982).
Ciertamente no es este un tiempo revolucionario. Pero sí se parece bastante a lo que
René Zavaleta Mercado53 denominó como una crisis en la que una multiplicidad de
capas historias se muestran en simultáneo produciendo, de ese modo, una
“La crisis, por tanto, es el movimiento de estas sociedades y quizá [aventura muy
sugerentemente] de las sociedades en general. De aquí se derivan las cuestiones del momento
del conocimiento social, es decir de la súbita capacitación del sujeto, que es la clase, para
conocer lo que antes le estaba vedado, de la presentación ‘’llena’’ de la sociedad, que antes no
se presentaba sino en su parte legalmente aceptada, pero que sólo ahora se presenta como
todo su número y, por último, la crisis como escuela, porque sólo Ia clase que se ha preparado
puede en ese momento conocer lo que ocurre” (Zavaleta Mercado, 1988, 21).
53

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disponibilidad social de las masas a adoptar nuevas creencias. Al igual que Jake
Sullivan, Mario Draghi, en Europa, también señala la evidencia de un mundo nuevo
distinto al “«el mundo de antes» —antes del Covid-19, antes de Ucrania, antes de la
conflagración en Oriente Próximo, antes del retorno de la rivalidad entre grandes
potencias” (p. 8, 2024).
Crisis es entonces un momento en el que se resquebraja el orden simbólico. Los
“consensos democráticos” pueden ser pensados como el resquebrajamiento de ideas
comunes y su desplazamiento hacia literalidades fragmentadas. En nuestro territorio
nacional, la oposición política es un “virus kuka”, a la ciudad se la “limpia” de indigentes,
senadores dicen no conocer quién es Astís porque ellos nacieron después de la
dictadura, Milei es un “loco” que produce fascinación y sus militantes son “pobres
pendejos que no cogen”. Estos sentidos se “reenvían” bajo el indignante “¿vieron esto?”
al que solo un (cada vez menos frecuente) pedido de disculpas calma al restituir el orden
perdido. Literalidad también es, siguiendo a Martín Cortés (2024), un arma en la cabeza
de una vicepresidenta.
Ante la tesis de la degradación de la democracia a partir del desarrollo de la crisis
neoliberal, Cortés presenta la conjetura de “la falla en el origen” para el caso argentino.
Esta apunta a señalar que no se trata de un retroceso democrático sino de la emergencia
de los que llamaremos como síntomas reprimidos postdictatoriales. “Las reglas
constitutivas, para las derechas, reposaban en realidad en el brutal despliegue que el
neoliberalismo llevó adelante en la América latina de los ochenta y noventa. Así, la letra
chica del pacto democrático no era otra cosa que un estado de las relaciones de fuerza
que se pretendió cristalizar: un movimiento popular diezmado por el genocidio y una
geopolítica neoliberal en entusiasta expansión global” (Cortés, 2024, 218).

Literalidad, reenvío e indignación. Sentido, plataformas, afectos.
Que el sentido esté en crisis es distinto a lo que Pêcheux denominó como
“transfiguración” [travestissement]. No se trata ya de la mutación que abstracciones
como “pueblo”, “masas”, “proletariado” o “lucha de clases” atraviesen a lo largo del
tiempo sino a la falta de un anclaje común que produzca los “puntos de estabilización”
(Pecheux, 2015, 143) necesarios para producir a los sujetos
Proliferan buenas intenciones que buscan desmentir y chequear. Pero ese movimiento
de develamiento funciona siempre y cuando el sentido sea un común compartido. La
actual etapa del neoliberalismo que, tras la crisis del 2008, no ha podido ofrecer un
porvenir universal y la acelerada incorporación de las plataformas digitales hasta los
lugares más íntimos y cotidianos requieren repensar la imbricación entre sujeto y
sentido.
Una conjetura con la que me gustaría cerrar esta intervención es que si efectivamente
estamos en un tiempo liminal es la propia constitución subjetiva la que podría verse
alterada. Subsidiariamente, es posible pensar que la proliferación de discursos de odio
y la exacerbación de discursos banalizadores que van desde “presentar a Hitler como
un buen tipo” a hacer chistes con un falcón verde podrían ser síntomas de esa alteración.
¿Por qué Milei decide “abrir la economía” cuando las principales potencias del mundo
señalan a todas luces que hay que “cerrarla”? ¿Por qué Milei destruye la industria
cuando los países centrales están decidiendo reindustrializar sus economías? ¿Por qué
los libertarios combaten el “comunismo” cuando esas ideas hace rato no circulan por
nuestras calles? ¿O acaso alguien vio en alguna de las marchas de los últimos 15 años

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un cartel que diga “devuelvan los medios de producción a las clases trabajadoras”?
Concretamente, ¿es Milei el último aliento del neoliberalismo o el primer movimiento de
un nuevo capitalismo desligado de la democracia?
Recuperar la ambivalencia que, en el texto de Davies parece diluida, entre el modo en
el que se tramita la crisis en el centro y la periferia parece necesaria para evitar análisis
políticos que bajo la evidencia de los estados-nación pierdan de vista la dependencia
constitutiva del capitalismo. Pero, por otro lado, es preciso partir de un diagnóstico que
señale el interregno como un socavamiento de la constitución del sentido y del sujeto
para ubicar estrategias políticas en un tiempo liminal.
Por un lado (o “por arriba”), se trata de la sexta tesis de García Linera (2023) sobre las
extremas derechas: 6) Las derechas extremas serán derrotadas saliendo de la crisis
económica con mayor igualdad material, redistribución de la riqueza y bienestar popular.
Pero, por el otro (o “por abajo”) es preciso revestirnos simbólicamente de verdades
basadas en lo común, estrategias claras y las pasiones alegres para forjar la
imaginación porvenir que la crisis del capital actual demanda y así evitar que el Nuevo
Consenso del Washington acapare la utopía del siglo XXI. Simplemente para que la
historia no se repita dos veces, (primero como tragedia y después como farsa).
Bibliografía
Aguayo Bórquez, Claudio (2024). “Entre el defendismo neoliberal y la psicología de las masas.
Las hermenéuticas conservadoras frente a la insurrección chilena” en Tzeiman, Andrés y
Martuscelli, Danilo Enrico (comps.) La crisis de la democracia en América Latina (Buenos
Aires: CLACSO).
Catanzaro, Gisela y Stegmayer, María (2019). “El nuevo giro neoliberal en Argentina
Omnipotencia, mandato sacrificial y avidez de castigo”. Critical Times.
Catanzaro, Gisela y Wegelin, Lucía (2024). “Narrativas de un tiempo en crisis. Reconfiguraciones
de las representaciones del futuro en la Argentina contemporánea”. Sudamérica: Revista
de Ciencias Sociales. Mar del Plata Revista, Nº 20. Berkeley, N°2.
Cortés, Martín (2024). “Las fisuras del pacto democrático. Notas sobre política argentina” en
Tzeiman, Andrés y Martuscelli, Danilo Enrico (comps.) La crisis de la democracia en
América Latina (Buenos Aires: CLACSO).
Davies, William (2016). “El nuevo neoliberalismo”. New Left Review, Londres, N° 101.
García Linera, Álvaro (2021). Tiempo histórico liminal. Jacobin. Buenos Aires, N° 3.
García Linera, Álvaro (2023). “Seis hipótesis sobre el crecimiento de las derechas autoritarias”.
Jacobin. Buenos Aires, N° 5.
García Linera, Álvaro (2024). La democracia como agravio (Buenos Aires: CLACSO).
Harvey, David (2015). Breve historial del neoliberalismo (Madrid: Akal).
Pêcheux, Michel (1982). “Delimitaciones, inversiones y desplazamientos”. L´Homme et la
société. París, N°63-64.
Pêcheux, Michel (2015). Las verdades evidentes. Lingüística, semántica, filosofía (Buenos Aires:
Ediciones del Centro Cultural de la Cooperación).
Sullivan, Jake (2023). Remarks by National Security Advisor Jake Sullivan on Renewing
American Economic Leadership at the Brookings Institution.
Vogl, Joseph (2023). Capital y resentimiento. Una breve teoría del presente (Ciudad Autónoma
de Buenos Aires: Adriana Hidalgo)
Zavaleta Mercado, René (1988). “Clases sociales y conocimiento” en Obras completas, T. 2.
(Cochabamba: Editorial Los Amigos del Libro).

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El caso zapatista; el empoderamiento de bases
autónomas cooperativistas como motor de
fortalecimiento de un proyecto político de pretensión
nacional
Leandro Rubertone
DEPARTAMENTO DE COOPERATIVISMO

Introducción
El origen de esta presentación se remonta a un viaje personal hecho en 2006 a Chiapas,
donde visité el Caracol Roberto Barrios. El zapatismo estaba lanzando La Otra
Campaña. Mi estadía en el Caracol me permitió asomarme a comprender la vastedad
del movimiento, su heterogeneidad, y su territorialidad, aunque no su proyecto político.
En el transcurso del viaje, y mientras estaba en Ciudad de México se dio el
levantamiento de Oaxaca de finales de aquel año. Todo esto generó en mí la pregunta
respecto de cómo se constituye un movimiento social en estos escenarios, cómo se
sostiene, y cómo era que los zapatistas lo habían logrado. Lo cual potenció mi inquietud
respecto del plan político zapatista, que no entendía. Y sobre todo por la forma en la
que comprendían la violencia, no como algo ajeno y moralmente rechazable, sino como
parte de un proceso histórico, pero además, algo legítimo. Aunque rechazando
posicionamientos heroicos de escaladas violentas que, a la postre terminaran siendo
suicidas. Además me pregunté respecto de quién era la Comandancia General, y no
solamente en el plano militar, sino su relación con la construcción política. Estas
preguntas estuvieron años dando vueltas en mí hasta convertirse, primero en un
proyecto de tesis, y luego en una parte de mi trabajo en el Centro Cultural de la
Cooperación, a partir de la profundización de aspectos en los que inicialmente no había
reparado, como la organización cooperativa en las bases, la educación, etc. Aunque,
para ser honesto, creo que de alguna forma quizás instintiva, lo que primero me atrajo
fue ver la batalla zapatista contra las operatorias de los servicios de inteligencia, contra
las construcciones discursivas mediáticas y judiciales, contra el capital predador
internacional que opera desde las sombras, por miedos y razones mucho más locales,
posiblemente más relacionados con la huella que ha dejado la última dictadura en la
Argentina –y variadas otras experiencias- que con México. Así es que aquel trabajo se
transformó en el padre de este54, que es un análisis posterior y parcial, de lo investigado
a lo largo de varios años.
Este se centra en la observación de la relación entre la construcción política zapatista
de pretensión nacional, y la práctica de su base, que incluye instituciones de
cooperación autónoma a nivel económico, político y cultural. Se divide en tres partes.
54

Este trabajo fue desarrollado a partir de un abordaje de mayor alcance perteneciente al estudio
de tesis de maestría presentada en IDAES, perteneciente a la Universidad de San Martín y
pasada a defensa –a la espera de la fecha-: Zapatismo. Un análisis de los posibles usos de la
violencia para la construcción política de los movimientos sociales.

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En primera instancia realiza un repaso historiográfico, que se divide por etapas para
distinguir los actores componentes del movimiento, su forma de organización y la
mentada relación entre la dirección política y la base. Analiza el crecimiento de la
autonomía de base y de la dimensión del movimiento en el tiempo. En segunda instancia
problematiza el escenario territorial en Chiapas. Analiza la relación del movimiento con
el Estado, las corporaciones multinacionales y otras organizaciones ajenas al proyecto.
Por último, y en tercera instancia se lleva adelante un análisis del proyecto político
nacional zapatista desde un plano simbólico. Se apunta a validar la posibilidad de
traspolación de conclusiones a pesar de la especificidad del actor a estudiar, que es un
actor reivindicado como indígena, que está afincado en una selva, y está armado. Para
esto el estudio considera una numerosa estructuración de variables que el movimiento
zapatista enfrenta al igual que tantísimos otros actores sociales subalternos en
Latinoamérica. El método de estudio es cualitativo. Y agrega análisis politológicos,
sociológicos y filosófico políticos. Los insumos considerados tuvieron en cuenta una
bibliografía histórica del EZLN, y una correspondiente para el análisis sociopolítico y
filosófico político.

Primera parte. Breve Historización
1984-1994. El Comité Clandestino Revolucionario Indígena- Comandancia General del
Ejército Zapatista de Liberación Nacional (CCRI-CG-EZLN) es el actor central de la
formación del movimiento zapatista en Chiapas. Como actor político es hijo de los dos
grandes momentos de cambios estructurales que dieron paso al neoliberalismo a nivel
mundial, los últimos años de la década de 1960 y los inicios de la de 1970, y el final de
la década de 1980 y los inicios de la de 1990. Su composición es también hija de esos
procesos históricos; las derrotas de las guerrillas marxistas latinoamericanas a fines de
los sesentas, las luchas por las tierras de inicios de los setentas, y finalmente de los
levantamientos en contra de las reformas neoliberales de la década de 1990.
Marcos (Le Bot, 1997) señala que el origen del zapatismo es producto del encuentro
histórico de tres grupos; una organización política militar marxista leninista, con un
proyecto de construcción de guerrilla foquista revolucionaria tradicional, un grupo de
indígenas politizados con gran experiencia de lucha respecto de los poderes locales y
estatal; y el movimiento indígena de la Selva Lacandona, en Chiapas. De este grupo, el
actor principal parece ser el de los indígenas politizados, porque funcionó de nexo entre
la organización militar y política, y el movimiento indígena de la Selva Lacandona, que
a la postre pasaría a constituir la base. Este grupo de indígenas politizados fue el
traductor de las ideas de la organización a las bases, en el contexto de la reforma del
artículo 27 de la constitución, en 1992, a partir del cual se permitió la venta de tierras. A
este escenario debe sumársele el fraude político, las caídas de los precios del café, y
aumento de la presencia del Ejército Federal en la selva. Todo lo cual daría como
resultado los levantamientos de 1994.
Pérez Ruiz (2006) señala, respecto del origen del CCRI-CG, que eran ex -peones que
construyeron una identidad a través de la Iglesia y de las Fuerzas de Liberación
Nacional, con un lenguaje binario que dividía a oprimidos de explotadores y a indios de
no indios, de lo cual provendría la herencia comunitaria de peso indígena que se observa
en el EZLN. Remarca que la organización militar tenía un proyecto socialista que
generaba fuerte división interna en el movimiento, y originalmente su función estaba
planteada como de autodefensa respecto de Guardias Blancas y el Ejército Federal. La
declaración de guerra al Estado Federal de 1994 fue, según la autora, únicamente de
las bases zapatistas, ya que el resto de las comunidades indígenas de Chiapas se

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opuso. La cúpula de la comandancia es indígena –aun con sus especificidades
históricas– y siempre persiguió un proyecto nacional.
Señala Harvey que, entre 1930 y 1970, la Selva Lacandona fue lugar de migración para
quienes no poseían tierras o habían sufrido usurpación por parte de terratenientes,
debido a que en la zona la presencia institucional era menor. A partir de 1960 en este
escenario se desarrolló la presencia de la diócesis de San Cristóbal, liderada por Samuel
Ruiz, y la Teología de la Liberación. Para el autor, la migración de colonos a la Selva
Lacandona y su organización en cooperativas a nivel comunidad a través de la Iglesia
Católica se puede interpretar como la reconstitución de la comunidad y de la identidad
étnica. Se trascendieron diferencias lingüísticas y étnicas en pos de una militancia
organizada y compartida que, sin embargo, no logró evitar fragmentaciones ante el
Estado.
El zapatismo, según Jan de Vos (2002), tiene su antecedente en las Fuerzas de
Liberación Nacional (FLN), organización militar surgida en 1968, y conocida como
Ejército Insurgente Mexicano hasta 1974. Este grupo recibió entrenamiento de parte del
gobierno cubano, así como apoyo financiero y logístico para crear un foco guerrillero en
Chiapas. En 1969 establecieron un campamento en la zona de Agua Azul, lindera al río
Usmacinta y a Guatemala. En este período la vía armada fue utilizada por los colonos
ante la necesidad de autodefensa. La ruta usada por narcotraficantes, finqueros y
guerrilleros era a través de la ciudad de Mérida, cercana a Cuba, uniendo la capital
yucateca con Las Cañadas, en Chiapas. de Vos afirma que fue la utilizada por los
guerrilleros de las FLN, quienes luego de nuevos entrenamientos en Cuba en 1971 y
1972, y después de lograr establecer bases en Monterrey, Distrito Federal, y Chiapas,
cayeron en abril de 1974, donde sus líderes, Alfredo Zárate, alias Marcos, y César
Germán Yáñez, alias Pedro, fueron asesinados. Estos nombres, Germán, Marcos y
Pedro, reaparecieron como alias en el EZLN de 1994. En 1983 se restablecieron en
Chiapas, y a partir de allí, su trabajo de consistió en ganarse la confianza de los colonos
más politizados. Para el autor, la la idea de la lucha armada había subsistido en la
población como elemento de defensa desde la década anterior, y esa es una de las
razones que explican el éxito zapatista de los años siguientes. Para 1986 los jóvenes
indígenas entrenados militarmente, comenzaron a bajar a los poblados que habían
sostenido a la organización en la clandestinidad. Los dirigentes indígenas, quienes
lograron mantener la movilización social en secreto, luego se transformarían en el
Comité Clandestino Revolucionario Indígena, y heredarían el movimiento siendo su
comandancia civil, y poder máximo. Siguiendo a Harvey (1998), entre 1989 y 1992 el
EZLN duplicó su tamaño motorizado por la radicalización de jóvenes sin tierras, y
rodeado por un contexto de epidemia de cólera, aumento de la pobreza, y caída de las
condiciones de salubridad en la región. En 1991 el presidente Salinas propuso la
modificación del artículo 27 de la Constitución, entre otras reformas promulgadas en
1992. Se les permitió a los ejidatarios comprar y vender tierras, y se dio por terminado
el derecho al pedido de reparto de tierras. Se abrió la importación, y la gran mayoría de
las organizaciones campesinas quedaron en ruinas. Este nuevo escenario de
enfrentamiento entre terratenientes y uniones ejidales también explica por qué el
zapatismo incrementó su poder de reclutamiento.
Para 1992 el EZLN ya había alcanzado un gran dominio en grandes porciones del
Estado de Chiapas; la zona lindera a la Selva Lacandona y los Altos centrales,
municipios oficiales de Tuxla Gutiérrez, San Cristóbal de las Casas, Ocosingo,
Altamirano y Las Margaritas, distribuyendo tierras según el criterio previo a la reforma
de 1992. La dirigencia indígena demandaba ir a la guerra, y se realizó una consulta a
las comunidades al respecto. Según Jan de Vos (2002), en 1993 el EZLN se fracturó a
partir de la discusión relacionada con el tiempo necesario de preparación para el ataque.

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Gran parte del ala mestiza abandonó la organización, y el sector que no lo hizo se
sometió a Marcos, apoyado por las comunidades. Finalmente los comandantes
indígenas se quedaron con el mando supremo de la organización. En mayo de 1993 el
EZLN tuvo su primer enfrentamiento armado contra las fuerzas del Estado, y el primero
de enero de 1994 lograron tomar siete cabeceras: San Cristóbal, Oxchuc, Ocosingo,
Altamirano, Margaritas, Chanal y Huixtán, y fallaron en el intento de toma de un cuartel
militar. Resistieron militarmente por doce días hasta que el Estado pidió el cese del
fuego.
Cabe agregar algún comentario más relacionado al tema del uso de la violencia en el
movimiento. En primera medida, el EZLN nunca fue una guerrilla, sino un ejército. De
hecho, la primera característica militar del zapatismo es la masividad del levantamiento,
la irrupción de masas campesinas (Zibechi, 2018). La fuerza de combate siempre estuvo
asentada en las comunidades, descentralizada, sin cuarteles. Para Gilly (Zibechi, 2018),
la comunidad permeó políticamente al EZLN, y su táctica está impregnada de
costumbres campesinas. Según Zibechi, para entender al zapatismo es más lógico mirar
las luchas campesinas históricas antes que las guerrillas centroamericanas de las
décadas de 1960 y 1970. La estructura militar del EZLN está formada por dos tipos de
unidades, las regulares –insurgentes-, y las irregulares –milicianos-. A lo que se suman
comandos urbanos, un aparato logístico de propaganda, salud, educación, transmisión
e inteligencia. Por encima se encuentra la Comandancia General, de la que depende un
estado mayor. En suma, es una estructuración similar a fuerzas de tipo regular, no
guerrillero. La clave está en la fuerza militar descentralizada, y tan importante es la
dispersión que la fuerza militar zapatista tiene ejércitos regionales.
Se podría decir que existieron dos usos de la violencia en el zapatismo; el ofensivo de
1994, que permite el nacimiento del movimiento y su salida de la clandestinidad; y el
defensivo, a partir de esa fecha, donde el ejército se dispuso a proteger los territorios de
las comunidades y su organización institucional. Es relevante a nuestros objetivos
reparar en esto porque el proyecto político zapatista tiene mucho que ver con el grupo
que compone la Comandancia General, y su ubicación militar estratégica.
El zapatismo piensa a la violencia como algo procesual; es el producto del desarrollo
socio-histórico, no es un elemento abstracto que se comprenda de manera moral. No
existe un rechazo o una aceptación de la violencia en ese sentido, sino una comprensión
de su existencia por razones históricas. No se ven como víctimas, ni ven como víctimas
a las organizaciones armadas de las décadas de 1960 y 1970. No entregan las armas,
las consideran necesarias en el contexto territorial e histórico, pero no por esto el uso
de la violencia determina políticamente a la organización. Esta es la clave. Sostener las
armas no implica una escalada en pos de la toma del poder del Estado.
A este respecto, Marcos definía al EZLN como hijo de las organizaciones guerrilleras
latinoamericanas de la década de 1970, y remarcaba que la propia existencia zapatista
es la señal de triunfo histórico de aquellas:
La guerra sucia está perdida. De una u otra forma, nuestra presencia y la
persistencia de los procesos en América Latina quieren decir una cosa que nadie
se atreve a reconocer: la guerra sucia la perdieron los de arriba, los que la
hicieron, que finalmente no pudieron acabar con los movimientos armados,
porque siguen resurgiendo. (Enlace Zapatista, 2001).

Como se ve, el uso de las armas se entiende como algo legítimo. Sin embargo, a la hora
de diferenciarse, ubica al zapatismo como perteneciente a un grupo rebelde, no a uno
revolucionario. Así, se pueden leer dos elementos fundamentales; uno respecto de los
objetivos últimos, la postura de izquierda considerando a la política como una arena

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dentro de la cual la violencia es un elemento constitutivo y el EZLN es hijo de las
guerrillas de la década de 1970. Y otro respecto de la práctica, donde se reconoce una
crítica a la izquierda, corregida a partir de una organización donde la política es más
importante que el plano militar y se privilegia el peso de las bases.
Este punto ha habilitó lecturas que afirmaron que esta posición es hija de la necesidad
de supervivencia. Suponiendo que en realidad el zapatismo habría sido siempre una
organización revolucionaria marxista –en el sentido de las guerrillas de latinoamericanas
de las décadas de 1960 y 1970-, y en vistas a la correlación de fuerzas imperante el
movimiento habría modificado su discurso mientras espera que las condiciones
objetivas le sean favorables, sobre todo cuando el propio Marcos admitió el aprendizaje
histórico respecto de no generar una heroica y trágica escalada de violencia que
concluya con la propia organización. Marcos refería implícitamente a esta acusación,
que significaría la falsedad del discurso zapatista:
Los movimientos del mundo moderno tendieron al fundamentalismo, raza, etnia, lengua,
creencia religiosa, entonces existe un corpus que articula un movimiento armado que
empieza un proceso de selección, eliminación del otro. (…) El EZLN construye un
discurso incluyente, porque detrás de la hegemonía está la trampa, es decir, repetir la
historia. No es posible la homogeneidad (Enlace Zapatista, 2001).

La negación a la eliminación del otro se afirma como otra capitalización de ese
aprendizaje histórico, y termina siendo una característica política de la organización. No
es únicamente el intento de evitar una espiral de violencia lo que los hace rehusar el
intento de la toma del poder del Estado. Es, en todo caso, terminar con el proyecto
revolucionario que quiere imponer su revolución universalista:
Construimos política, las armas no nos definen. Pero no queremos diluirnos por ser un
grupo político. No creemos en la política parlamentaria. No podemos ser interlocutor sino
por las armas. A menos que la gente se levante y construyamos otra política (Ídem).

El uso de la violencia en el zapatismo no debe ser considerado únicamente en el plano
militar, porque como elemento estratégico es más importante en el aspecto político. Es
el elemento que los ha sostenido en la arena política como interlocutor válido sin ser
digeridos por el sistema formal.
1994.2003. Este periodo histórico no es central a nuestros objetivos, excepto porque es
un momento en el que el movimiento, luego de la salida de la clandestinidad, no
encuentra un claro rumbo político, y sus intentos fracasan. Resaltarlo es útil para
comprender la definición que se establece a partir de 2003 a nivel territorial y, luego
desde 2005 en sentido político nacional. Entre 1994 y 2002 el zapatismo intentó una
negociación con el Estado federal buscando una reforma a gran escala 55. Allí buscó
55

Entre finales de febrero y el 2 de marzo de 1994 se llevaron adelante los Diálogos de Paz en
la Catedral de San Cristóbal entre los dirigentes del Ejército Zapatista (el Subcomandante Marcos
y veinte comandantes y miembros del Comité Clandestino Revolucionario Indígena, CCRI), el
comisionado para la paz Manuel Camacho Solís y el mediador Samuel Ruiz, obispo de San
Cristóbal de las Casas. El 23 de marzo sería asesinado Luis Donaldo Colosio, candidato del PRI
a la presidencia de la República, en Tijuana, Baja California. El 12 de junio del mismo año,
después de un proceso de consulta entre sus bases, el EZLN rechazó las propuestas del
gobierno nacidas del diálogo de la Catedral de San Cristóbal. Manuel Camacho, negociador
representante del gobierno nacional, renunció a su cargo oficial. Entre el 6 y 9 de agosto, el EZLN
organizó la Convención Nacional Democrática en Guadalupe Tepeyac, en su cuartel general,
que apoyaría a Cárdenas, candidato del PRD, en las siguientes elecciones. Allí también se
gestarían los Diálogos de San Andrés. El 21 de agosto el PRI ganaría las elecciones

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lograr el reconocimiento constitucional de las autonomías pluriétnicas, y una reforma
electoral. Polanco (2007) explicita que las demandas zapatistas fueron bien claras;
buscó ser reconocido como fuerza beligerante, y demandó un pacto entre la federación,
el estado y los municipios para alcanzar una autonomía económica y cultural –nuevos
municipios, regiones pluriétnicas, reforma electoral, derecho a la tierra, anulación del
artículo 27 de 1992, y repartición de tierras--. Es decir, propiamente un replanteo de
relaciones políticas, económicas y socioculturales. Para Polanco, el EZLN fue flexible
en S. Andrés y aceptó cambios nuevamente en COCOPA56, pero cuando el gobierno
podó aquellos acuerdos, entonces se retiró. Para Montero, la historia de las
negociaciones con el PRI puede calificarse como el relato de un fracaso anunciado.
Jamás el gobierno federal respetó la voluntad de los alzados. E intentó lavar su imagen
represiva al mostrarse como un gobierno que apostaba al diálogo, mientras disponía
una constante y sanguinaria guerra de baja intensidad contra los focos de resistencia
del EZLN. Fuerzas paramilitares cumplieron a lo largo de todo el periodo, y en
connivencia con el ejército, un papel de hostigamiento con los campamentos zapatistas,
violando las normas de negociación, y en busca de la reanudación formal de las
hostilidades (Hugo Montero, 2005).
El zapatismo, que no consiguió ser reconocido como fuerza beligerante luego de los
levantamientos de 1994, sí fue reconocido como representante del indigenismo
mexicano ante el poder del Estado federal. De todas formas, no fue reconocido por todas
las organizaciones indígenas como su representante. El deslinde estuvo causado
porque ciertas organizaciones no apuntaban a la consecución del reconocimiento de
autonomías pluriétnicas, sino indígenas.
Asimismo, durante todo este periodo el zapatismo llevó adelante una profunda
búsqueda de movilizar a la sociedad civil, intentando capitalizar el descontento social
del contexto neoliberal mexicano. El movimiento entendió que la relación con la
sociedad civil era el paragolpes protector respecto del avance del Estado en su contra.
Y supuso que mientras la sociedad mostrara apoyo en la causa zapatista, el Estado
debería afrontar un costo político demasiado alto para suprimirlo, obligándolo a negociar
presidenciales, resultando electo Ernesto Zedillo Ponce de León. El 28 de septiembre fue
asesinado de José Francisco Ruiz Massieu, secretario general del PRI, en la Ciudad de México.
En diciembre del mismo año los zapatistas rompieron el cerco militar y establecieron posiciones
pacíficamente en muchas poblaciones de Chiapas situadas fuera de la zona original de conflicto.
El 9 de febrero de 1995 se desató una ofensiva por parte del Ejército Federal, que ocupó el
“territorio zapatista”. En abril de ese mismo año se reanudó el diálogo entre los zapatistas y la
delegación gubernamental. La negociación se prolongó durante meses, con múltiples
interrupciones, en un poblado de Los Altos de Chiapas, San Andrés Larráinzar, que los zapatistas
rebautizaron con el nombre de Sacamch'en de los Pobres. El 11 de marzo sectores variados de
la sociedad civil marcharon en Distrito Federal bajo la consigna “Todos somos Marcos”. Entre el
27 de agosto y el 3 de septiembre de 1995 el EZLN lanzó una consulta nacional e internacional
para definir el destino de su lucha (más de un millón de personas respondieron a las preguntas
de los zapatistas). El 1 de enero de 1996: El EZLN anunció la creación de un frente civil, el Frente
Zapatista de Liberación Nacional (FZLN). Al mismo tiempo se desarrolló el Foro sobre Derechos
y Cultura Indígena. En julio de 1996 los zapatistas llevarían adelante el Foro sobre la Reforma
del Estado. Y entre el 27 de julio y el 3 de agosto se da Encuentro Intercontinental por la
Humanidad y contra el Neoliberalismo, organizado por el EZLN en Chiapas, también conocido
como “Encuentro Intergaláctico”. Finalmente, en octubre de 1996 la comandante Ramona
participa en el Congreso Nacional Indígena realizado en la Ciudad de México (Le Bot, 1997: 11).
56
Comisión legislativa bicameral conformada desde marzo de 1995 por la Cámara de Diputados
y de Senadores de México de los diferentes partidos políticos en México y encargada de ayudar
en el proceso de diálogo en el contexto del levantamiento zapatista (COCOPA).

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(Miralles: 2004). Para esto también fundó una organización llamada Frente Zapatista de
Liberación Nacional (FZLN) donde tenían prohibido ingresar representantes de
organizaciones de la política formal. Esta organización no tendría demasiado éxito y
finalmente sería cerrada (Enlace zapatista, 2005). El zapatismo también estableció
alianzas con partidos políticos formales, como el PRD, buscando forzar la mencionada
reforma electoral, con nulos resultados. Diez (2009) señala un acercamiento, desde los
inicios de 1994, entre el partido político y el movimiento armado, apoyándose
mutuamente en busca de la democratización de México. Sin embargo, para el autor, a
medida que al PRD se le fueron abriendo chances de intervenir en la plana política
mexicana, se fue alejando del EZLN hasta romperse finalmente la relación en abril de
2001, con el apoyo del partido a la reforma constitucional de los derechos indígenas.
Este proceso de desencuentros, según el autor, comienza en 1995 cuando el PRD se
rehúsa a hacer un llamado a la resistencia civil como había sido acordado con el
zapatismo, luego del triunfo del PRI en Chiapas y a nivel nacional.
En 2002 el zapatismo entró en un periodo de latencia y silencio, alejándose de los
poderes formales de la política mexicana. Vale destacar que, a pesar de la incertidumbre
respecto del rumbo político del zapatismo en este momento, una variable se mantuvo
siempre inalterada, y fue el rechazo al ingreso del sistema político formal. Nunca el
movimiento, especialmente el CCRI-CG, mostró algún signo, a pesar de las numerosas
críticas recibidas –como las que prohibían el ingreso de partidos al FZLN o las causadas
por no intentar la formación de un frente electoral con otros partidos de izquierda en los
momentos de mayor exposición y aprobación social al zapatismo-, de querer ingresar al
sistema político mexicano formal.
Para Maya Pérez Ruiz (2006), el período de negociación y búsqueda de reforma del
Estado, así como las búsquedas de alianzas con organizaciones y partidos de la política
parlamentaria, fue un momento histórico excepcional tras el cual el zapatismo volvería
a su propuesta radical de cambio total del sistema. Propuesta que reconoce en el
zapatismo de 1994 y nuevamente a partir del 2005, y que tiene como objetivo tumbar al
gobierno nacional y llamar a un Congreso Constituyente. Para la autora, entre 1994 y
2001 el zapatismo vivió un período en el cual el objetivo político estaba marcado por la
búsqueda de reformar el Estado. El EZLN no estuvo dispuesto a renunciar a su proyecto
de cambio radical para ser un actor político más en el escenario nacional mexicano, y
así entonces se explica la ruptura de todas las alianzas.
2003-2005 significa un momento histórico bisagra para el zapatismo. Se presenta una
institucionalidad regional de magnitud en los territorios tomados por el zapatismo. Es
decir, pasa a hacerse visible la existencia concreta de un Estado rebelde en los
territorios de Chiapas, funcionando a pesar de las fuerzas e instituciones de los estados
locales y federales. Se repite un fenómeno a mayor escala; nuevamente una creación
institucional protagonizada por el CCRI-CG es apropiada por las comunidades. Es decir,
se observa un aumento de la organización autónoma del movimiento, ya que existían
municipios zapatistas autónomos desde 1994, aunque, a partir de 2003 pasaron a
conformar una organización regional abierta. Incluyendo un sistema judicial, un sistema
educativo, y un sistema de salud, propios.
Esto va a ser, a partir de 2005 el argumento material de la idea de la Otra Política
zapatista, a partir de la reubicación del EZLN. Es decir, el ejército zapatista se encapsula
y se ubica por fuera de las comunidades zapatistas. Baja los retenes. El movimiento se
abre a comunidades no zapatistas e invita al Estado a atacar a comunidades indefensas
y pagar el costo político. La fuerza militar zapatista queda por fuera y únicamente como
herramienta defensiva de la autonomía. Marcando así un cambio cualitativo en la táctica
militar del Ejército Zapatista, mostrando un retroceso de lo militar respecto de lo político
a favor de la autonomía de las comunidades.

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En detalle; a partir de 2003 el EZLN anunció que dejaba de intervenir en la designación
de autoridades y en su destitución (Enlace Zapatista 2003). Los mandos militares o
miembros civiles del CCRI quedaron inhabilitados para ocupar cargos de autoridad en
los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas (MAREZ). Los comandantes retiraron
todos los puestos de control, retenes, etc., para ser instalados nuevamente en caso de
alerta roja. Consejos Autónomos pasaron a hacerse cargo de la administración de
justicia autónoma del movimiento, así como de las fricciones con comunidades
indígenas no zapatistas, quienes también los usan. La fuerza militar del EZLN también
dejó de ser vocero de las comunidades, permitiendo ahora la referencia de cualquier
denuncia a través de esos consejos autónomos, terminando así con el doble poder de
representación de justicia de las comunidades.
Se reforzó la unión de diferentes etnias, con sus distintas lenguas y especificidades,
dentro de una misma estructura, bajo la cual no se impuso una forma de gobierno
determinada. El territorio zapatista autónomo quedó dividido en cinco partes, gobernado
cada una por una Junta de Buen Gobierno regional, como representante de los
gobiernos comunales que funcionaban por asamblea. El Ejército quedó por fuera de
ellos, como brazo armado de defensa.
Las Juntas fueron estructuras de poder regionales con cargos rotativos que surgían
desde los municipios de las comunidades, los cuales se organizaban en asambleas. Sin
embargo las unía la pertenencia política al colectivo. Polanco (2006) señala que los
MAREZ conservaron sus funciones a nivel municipal en materia de salud, educación,
vivienda, tierra, trabajo, alimentación, comercio, información, cultura y tránsito local. El
cambio estaba en la aparición de las competencias regionales, propias de las JBG,
diseñadas para contrarrestar desequilibrios en el desarrollo de los municipios, y para
mediar en conflictos entre municipios zapatistas y no zapatistas. Las JBG decidían sobre
las donaciones, realizaban un impuesto hermano del 10% –a todos los proyectos en los
MAREZ--, reconocían a personas, comunidades, cooperativas y sociedades de
producción como zapatistas, reasignaban excedentes o bonificaciones, formaban
fondos de redistribución de impuestos y excedente.
La organización política administrativa se dividía en tres niveles: comunidad, municipio
y zona, donde la asamblea era la base general del poder. Los municipios diferían entre
sí internamente. Aunque a la cabeza tenían, por lo general, al Consejo Autónomo,
compuesto de cuatro personas elegidas entre representantes de distintas comunidades.
(Fernández, 2010). Las elecciones eran abiertas y directas en las asambleas, los cargos
no se encontraban jerarquizados, y su duración dependía del desempeño de la
autoridad, lo que abría paso a la posibilidad de revocación. Los cargos siempre fueron
gratuitos
Baschet señalaba en 2014 que:
El territorio de influencia zapatista tiene una extensión equivalente a la de
Bélgica. Ahí, coexisten municipios constitucionales (oficiales) y municipios
autónomos que decidieron apartarse de las estructuras del Estado. Se puede
estimar que organizan la vida de miles, o quizás algunos cientos de miles de
indígenas mayas (tzeltales, tzotziles, choles, tojolabales, mames y zoques), así
como familias no indígenas que deciden reconocer su autoridad (Baschet, 2014:
51).

A su vez, en 2008, se podía estimar que, en las cinco zonas zapatistas, funcionaban
quinientas escuelas en las cuales mil trescientos promotores recibían alrededor de
dieciséis mil alumnos (Bruno Baronnet, citado en Baschet, lo).

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Estas reformas, señala Polanco, se realizaron en dirección opuesta a la legislación de
2001 –Congreso de la Unión--, que no permitían ningún ejercicio autonómico. La
ilegalidad de los pueblos está fundada y legitimada en la negación de derechos
fundamentales, remarca el autor. Y el gobierno nos las atacó abiertamente porque
nunca le fue redituable políticamente, lo que refuerza la idea de que existe una
legitimidad política zapatista en la zona, y una ilegitimidad de hecho del gobierno.
Cabe agregar una discusión más al caso, existe una polémica en derredor de la herencia
indígena del movimiento zapatista. Algunos autores, entre los que se encuentran
Paulina Fernández (2010), o Carlos Quintana Roldán (Fuentes Morúa, 1998); sostienen
que el movimiento zapatista se construye políticamente, en gran parte, a partir de la
herencia autonomista marcada por la historia de la lucha indígena mexicana proveniente
de siglos anteriores. Sin embargo, el propio Marcos (1997), y variados otros autores,
entre los que encontramos a –Pérez Ruiz (2006), Van der Haar (2005), Jan de Vos
(2002), Neil Harvey (1998) y Brancaleone (2015)–, sostienen que no eran los indígenas
más tradicionales y más aislados de México los que formaron el CCRI-CG, y que el
zapatismo es producto, en mayor medida, de su excepcional devenir como movimiento
–rompiendo con las tradiciones indígenas de la zona-, que de las herencias indígenas
históricas. Esto, si bien no niega la herencia histórica indígena en el zapatismo,
antepone la especificidad del actor que funda el movimiento, despegándolo así de los
planteos que lo buscan mostrar como la figura representativa del indigenismo mexicano.
Ahora bien, esto entonces nos marca que hay otro actor decisivo en el desarrollo del
movimiento zapatista, que no es la base, y que es el CCRI-CG del EZLN. Para
Brancaleone (2015) entonces, existen dos zapatismos, uno civil y otro militar. Por un
lado el EZLN determinado por la disciplina insurgente, con una organización política
militar, centralizada y jerárquica. Y por otro el zapatismo civil, definido por el conjunto de
instituciones creadas por la regulación y organización de la vida política civil en el ámbito
del autogobierno. A su vez, el CCRI-CG EZLN es divisible por funciones en dos: la parte
militar profesional, afincada en un territorio separado de las comunidades por decisión
estratégica, y la parte civil del CCRI-CG, votada por las comunidades, donde
encontramos a los representantes de las etnias que conforman al movimiento (Colectivo
Situaciones, 2005).
En nuestra investigación, tomamos testimonios del libro Gobierno Autónomo, la libertad
según lxs zapatistxs (2013) para escuchar a las bases zapatistas hablando de esta
relación. Allí, y considerando lo revisado, vemos que el CCRI-CG es percibido como un
solo actor político militar. Al mismo tiempo, los testimonios de quienes viven en las
comunidades zapatistas, remarcan dos fechas claves en la construcción del diseño
institucional de la estructura civil, 1994 y 2003. 1994 es la fecha de creación de los
treinta y ocho municipios autónomos, y en 2003 se crean las Juntas de Buen Gobierno.
En ambas instancias, según lo que se desprende de lo expuesto por los cargos políticos
de las comunidades, el alto mando del EZLN fue esencial. Por otra parte, a modo
general, se observa que la presencia y capacidad de determinación del EZLN no es
estable ni uniforme a lo largo del tiempo. Aunque se puede leer un corrimiento paulatino
del mando central respecto de la política de las Juntas de Buen Gobierno. Da, entonces,
la sensación de que en un inicio el EZLN fue determinante en el diseño institucional del
movimiento y que luego se fue corriendo para permitir un mayor desarrollo de la
experiencia autónoma, aunque no haya dejado de acompañar. Podríamos decir que
existe un liderazgo respecto de lo organizacional, una fuerza determinante en el impulso
inicial de las conformaciones institucionales, aunque no necesariamente constante en
su dominación. Además, el mando central incorpora a las bases a los procesos de
decisión política en lugar de reforzar el control sobre ellas. El fenómeno particular y más
relevante sería entonces que el CCRI-CG busca una organización del movimiento dando
autonomía política en lugar de quitarla. Queda por último una reflexión; dada la opacidad

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del actor en discusión sólo nos es posible inferir el sistema de toma de decisiones en
una organización tan compleja, que incluye hasta diferentes etnias con ejércitos propios.
No podemos saber realmente el nivel de representatividad del CCRI-CG respecto de las
bases, tampoco podemos descartar la existencia de conflictos que no sean públicos. Lo
que sí se transforma en algo más que probable, casi causal, es que existe una respuesta
de las bases al movimiento como totalidad, que da por tierra con cualquier teorización
que negara la existencia real de una autonomía política, o que quisiera describir al
movimiento como dirigido desde la Comandancia General. Solo la participación y el
apoyo de las bases al proyecto del que son parte, pueden explicar la permanencia y
crecimiento del mismo a lo largo del tiempo.
2005-2019. El reordenamiento territorial de 2003 es la piedra de toque de lo que, a partir
de 2006 se lanza como novedad, La Otra Campaña. La cual viene de la mano de la idea
de Otra Política, que nace de esa reubicación militar en el territorio. Hay que darle
sustento a esto, porque es lo que habilitará a hablar concretamente de autonomismo
hacia afuera. El 2003, el lanzamiento de las Juntas de Buen Gobierno, y la baja de los
retenes, son los padres del zapatismo nacional de 2006. Por esto, era imperioso
entender cómo el zapatismo va construyéndose en este territorio militarizado,
acomodándose, haciendo política, y leyendo a los adversarios.
Este periodo abre un punto clave para nuestro trabajo; la discusión respecto de la
relación entre la dirección política y la base. Lo que el zapatismo le va a decir a la política
formal es que la fortaleza de la organización proviene, no de la astucia política de la
dirección, sino de la autonomía de la base. La discusión es entonces hasta qué punto
la dirección tiene que determinar a la base. Y a propósito de este punto la enumeración
de la complejidad institucional que nació en 2003 tiene sentido, porque se puede
observar una autonomía política y económica. Una organización económica basada -en
gran parte- a partir de cooperativas de base, y una capacidad de autodeterminación
municipal y regional en lo político, que no le quita potencial al proyecto político, no lo
disuelve. Y aquí no se está diciendo que no existan conflictos. Sino que no se verifica
que la autonomía y el poder desde la base debiliten a la organización. Y, desde este
análisis no vale el argumento de que la base es completamente homogénea, justamente
por lo dicho antes; no representan a los indígenas de la zona, están enfrentados a
numerosas organizaciones políticas, indígenas, partidarias –en gran parte armadas-,
que intentan debilitarlo en el territorio y a nivel político –como se ve en la segunda parte
del trabajo-. El contexto le es adverso y ajeno, y a su interior es heterogéneo hasta
étnicamente. El punto de la coexistencia en la heterogeneidad es la capacidad de
autodeterminación política.
En junio de 2005 el zapatismo lanza La Sexta Declaración de la Selva Lacandona. En
este documento se propone un proyecto político nacional de gran escala. Se remarca la
necesidad de salir de Chiapas, juntarse con organizaciones de la sociedad civil, y se
reconoce el fracaso del llamado abierto a la movilización, analizado aquí a propósito del
periodo 1994-2002. El zapatismo se afirma anticapitalista y nacional. Plantea la
necesidad de otro ser nacional, haciendo una relectura crítica de la historia de México
desde las subalternidades, desde abajo. A partir de 2006 se lanzó La Otra Campaña,
que implicó el recorrido del vocero del EZLN por todo el país para reunirse con variadas
organizaciones de la sociedad civil. En 2014 Marcos dejó de ser el vocero del
movimiento. Anunció un relevo de cargos y una apropiación del movimiento por parte
de nuevas generaciones. Volveremos sobre los detalles de esto en el tercer apartado,
a partir de un análisis del discurso.
Los cambios más relevantes del periodo, en lo relativo al mundo exterior a Chiapas, se
dieron en los intentos de alianzas. Esta es una diferencia relevante en el discurso de
2006 respecto de la etapa previa a 2003, y tiene que ver con haber dejado de esperar

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la respuesta mayoritaria de la sociedad civil. Es decir, de este momento en adelante la
construcción política del movimiento va a estar marcada por una búsqueda selecta de
alianzas con organizaciones sociales ya movilizadas, dejando de lado a independientes
e inorgánicos. Se abandonó la búsqueda abierta, y la espera, de la movilización civil y
se la suplantó por una construcción con organizaciones sociales de base, con
experiencia en la militancia política de izquierda.
El posicionamiento mostró ser abiertamente anticapitalista. Y el proyecto político
nacional apuntó a una modificación de las estructuras del sistema político y social
mexicano. Marcos decía al respecto ese año:
La otra campaña está contra esas dos opciones: la destrucción total o la derrota
por fragmentación y dispersión. (…)
La izquierda política se tiene que definir frente al sistema y ser anticapitalista,
tiene que definirse básicamente en términos de responsabilizar a un sistema, no
a una administración. (Marcos, en Bellinghausen, 2006).

En 2013, a partir de la reaparición pública del zapatismo, Montero (2013) señala que el
desafío para el zapatismo continuaba siendo la superación del sectarismo y el
aislamiento de las luchas subalternas. En 2017 el EZLN apoyó a una candidata
independiente a la presidencia, representante indígena y proveniente del CNI (Congreso
Nacional Indígena)57, como una forma de denuncia a la política formal y una búsqueda
por darle llegada a la idea de auto organización indígena --mostrarle al México
subalterno la Otra Política-. López Bonifacio y Porras Rodríguez (2017) enmarcan la
propuesta de finales de 2016, en el V Congreso Nacional Indígena (CNI), cuando el
EZLN propuso la conformación de un Concejo Indígena de Gobierno (CIG) y a su vocera
como candidata a la presidencia en las elecciones de 2018 en México --propuesta
aceptada por el conjunto del CNI después de fuertes discusiones y una consulta de tres
meses--; con el objetivo de llamar a los pueblos originarios y las subalternidades a la
autoorganización, denunciando la descomposición del sistema político, económico y
social mexicano. Es decir, no implica un cambio de línea política, sino –posiblemente--,
un cambio de táctica, buscando darle una llegada a un mensaje desde otro lugar y con
otra imagen. Ansotegui (2018) concuerda en que el apoyo zapatista a la candidatura de
Marichuy fue una respuesta a la necesidad de concientizar a los subalternos de México.
Pero la autora da mayor relevancia a la lucha de género, siendo que para ella es el
emblema de todas las otras luchas indígenas. Para ella, la propuesta del CNI debe ser
pensada desde la necesidad de crear conciencia entre la población más desfavorecida
donde la política es la comunidad, pero excediendo la idea de razón occidental
meramente. Observa que hay un cambio en la imagen, que comenzó con el retiro de
Marcos como vocero, en 2014, y el pasaje de mando a Moisés, profundizándose con el
apoyo a la elección de una imagen de mujer indígena, donde el zapatismo se dirige en
dirección a desmantelar la base epistemología que sostiene el capitalismo, es decir, el
sistema patriarcal. Como vemos, y en línea con lo dicho, desde 2003 el camino del
zapatismo finalmente se afianza en una dirección anticapitalista, nacional –buscando
salir de Chiapas para construir con otras subalternidades-, e indígena, partiendo de la
legitimidad que le da la organización de base. Es decir, se asume como actor político,
como interlocutor válido para la sociedad a partir de ese capital que tiene para mostrar,
y desde el cual construye su crítica a la política formal. Al mismo tiempo, comienza a
intentar aumentar el volumen de las voces subalternas, de sus imágenes, en la apuesta
por disputar el ideal del ser nacional mexicano.

57

https://www.radioformula.com.mx/noticias/mexico/20170528/video-cni-y-ezln-eligen-a-mariade-jesus-patricio-como-candidata-presidencial-para-2018-formula-internet/

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2019-… Entre 2019 y 2023 el zapatismo lanzó una nueva institucionalidad dando cuenta
de un nuevo avance en su dimensión. Se observa un crecimiento territorial, plasmado
en una nueva estructuración de la autonomía.
En 2019 se presentaron nuevos Caracoles y más municipios autónomos rebeldes
zapatistas en nuevas zonas del sureste mexicano58. También la formación de Centros
de Resistencia Autónoma y Rebeldía Zapatista, los cuales eran sede de caracoles,
Juntas de Buen Gobierno y Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas (MAREZ). Los
5 caracoles originales se habían multiplicado hasta llegar a 12. En 2023 se anunció la
creación de nuevos Centros de Resistencia Autónoma y Rebeldía, y los gobiernos
regionales –caracoles- llegaron a 16. El Mando y Coordinación de la Autonomía fue
trasladado desde las JBG y MAREZ a los pueblos y comunidades, a los GAL (Gobiernos
Autónomos Locales), que es la base principal. Hay un GAL en cada comunidad donde
habitan bases de apoyo zapatistas, coordinadas por agentes y comisariados
autónomos, sujetos a la asamblea del pueblo. Cada GAL controla sus recursos
autónomos organizativos (como escuelas y clínicas) y la relación con pueblos nozapatistas vecinos. Los GAL, a su vez, se convocan y organizan en Colectivos de
Gobiernos Autónomos Zapatistas (CGAZ). Los Colectivos de Gobiernos Autónomos se
convocan en asambleas de autoridades de cada comunidad para discutir y aprobar los
planes y necesidades de Salud, Educación, Agroecología, Justicia, Comercio, etc. Los
coordinadores de cada área tienen como trabajo que se cumplan los requerimientos de
los GAL, como campañas de medicina preventiva y vacunación, campañas para
enfermedades endémicas, cursos y capacitación especializada (como técnicos en
laboratorio, rayos X, ultrasonido, mastografías y los que vayamos aprendiendo), de
alfabetización y niveles superiores, encuentros deportivos, culturales, festividades
tradicionales, etc. A su vez se anunció la reorganizaron de la estructura y disposición
del EZLN aumentando la defensa y seguridad de los poblados. 59 En suma, lo que
muestra el cierre de este breve apartado enfocado en la historización del movimiento,
es el continuo crecimiento de la dimensión territorial, política y autonómica del
zapatismo.

Segunda Parte. La Sociedad del Poder.
En esta segunda parte reponemos brevemente el accionar del Estado, sus estrategias
de control y disciplinamiento a nivel militar, político y social; y el uso de la violencia como
dispositivo para los distintos actores en la escena, discutiendo las categorías de Guerra
de Baja Intensidad, Guerra Difusa, o Estado de Excepción, para el escenario de
Chiapas. También buscamos plantear los distintos intereses implicados, considerando
los recursos existentes en la zona de influencia zapatista. En última instancia, nos
proponemos entender la estrategia a nivel político y militar del Ejército Zapatista de
Liberación Nacional dentro de ese escenario, como ejemplo de organización social en
resistencia.
Mondragón Ríos (2007), discute el uso de la violencia ligado al poder y a la legitimidad.
Originalmente existe la visión funcionalista, según la cual la violencia cumple funciones
sociales, por lo cual es necesaria; y por otro lado está la visión positivista biologicista,
según la cual la violencia debe ser considerada como algo patológico. Sin embargo, él

58

https://enlacezapatista.ezln.org.mx/2019/08/17/comunicado-del-ccri-cg-del-ezln-y-rompimosel-cerco-subcomandante-insurgente-moises/
59
https://enlacezapatista.ezln.org.mx/2023/11/12/novena-parte-la-nueva-estructura-de-laautonomia-zapatista/

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rescata un tercer análisis del tema, el de Benjamin, quien supone que la violencia debe
ser analizada en su carácter procesual.
Para Ríos, la violencia gubernamental es un factor preponderante de construcción de
los estados capitalistas, y se ve a lo largo de la historia de Chiapas, en las llamadas
políticas integradoras. Para el autor: “políticas integradoras es una forma suave de
nombrar lo que otras voces han llamado como políticas etnocidas” (Mondragón Ríos,
2007:146). La reforma agraria, a partir de la alianza entre finqueros y el poder político
garantizó la protección de los latifundios por parte de los gobiernos chiapanecos, y
generó mayores problemas que beneficios para los campesinos respecto de la
repartición de tierras.
El zapatismo es, desde 1994, el principal movimiento social en disputar el espacio
hegemónico en Chiapas, a través del uso de la violencia de forma defensiva para
proteger su organización política de base, al tiempo que rompió, por medio de la
comunicación, el límite territorial, transformándose así en un actor político nacional.
Para Pérez Ruiz (2006), el Estado mexicano se propuso cercar al zapatismo con el fin
de conducirlo o anularlo. En este sentido estableció un cerco militar para rodear su zona
de influencia; buscó minar las bases zapatistas a través de la distribución de apoyos
selectivos por medio de programas sociales; apoyó la formación de grupos paramilitares
en la zona de influencia así como la instauración de grupos políticos opuestos al EZLN
–como priistas, panistas y protestantes, con el objetivo de minar su influencia política-;
construyó carreteras alrededor y dentro de la zona zapatista; creó o apoyó
organizaciones indígenas para evitar el contagio de los zapatistas; y políticamente
intentó quitarle legitimidad mediante reformas que trataron de abrir espacios para la
participación social en la vía pública para encausar el descontento social por la vía legal.
Con el objetivo de comprender el escenario y profundizar la discusión tomamos la
entrevista desarrollada por el Colectivo Situaciones (2005) a Julio Espinosa, quien
contextualiza la militarización del sur de México. Por otro lado tomamos una entrevista
realizada por Contralínea (Radio Zapatista, 2014) a Víctor Hugo López, director del
Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas (Frayba). Espinosa –
representante del Centro de Análisis Político e Investigaciones Sociales y Económicas
(CAPISE)–, describe que el Estado mexicano viene desarrollando una estrategia en
contra del movimiento zapatista que consta de cuatro puntos fundamentales: la
estrategia militar; la estrategia discursiva del gobierno; el hostigamiento militar para
lograr la dispersión de las comunidades y la cooptación estatal de las que no lo son; y
el accionar de la policía estatal de vigilancia y control territorial. En lo militar, el ejército
se organiza como si estuviera en estado de guerra, a partir de una estrategia organizada
por la Secretaría de Defensa Nacional. Estructurando batallones de Infantería en tierra,
de la Armada en los ríos, y de la Fuerza Aérea patrullando la zona por aire. El Ejército
busca crear desplazamientos para que la población de las comunidades zapatistas
termine entrando en áreas forestales protegidas, y así legitimar una sanción militar. El
Ejército también ocupa zonas ejidales que pertenecen a comunidades, y años después
de estar allí, pide la expropiación en su favor como si México estuviera en estado de
guerra. A pesar de esto, el discurso del gobierno nacional afirma que en Chiapas reina
la paz. Este accionar se explica en la búsqueda de evitar pagar el costo político de
reconocer la verdadera estrategia que tiene el Estado. Para las comunidades, esto
significa vivir bajo una presión y hostigamiento constantes, y conlleva la incorporación –
traída por las propias fuerzas del Estado-, de la prostitución y el alcoholismo –prohibidos
dentro del movimiento zapatista–. Por otra parte, Víctor Hugo López (Radio Zapatista,
2014) afirma que “la estrategia antidrogas” tuvo graves repercusiones en Chiapas.
Señala que el blindaje de la frontera, el reforzamiento de la seguridad y el combate al
narcotráfico terminan siendo, antes que ninguna otra cosa, un discurso tras el cual se

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imprime un mayor control social y represión contra la población en su conjunto. Ahora
bien, la complejidad del entramado político económico en la zona nos lleva
necesariamente a tener que pensar en Estados Unidos (EE. UU.) como fuente de
emanación de poder, quizás el actor más grande y más opaco que allí opera. Según
Neil Harvey (1998), desde 1994 EE. UU. respaldó la estrategia del gobierno mexicano
de no aumentar la escala del conflicto, apuntando a contener la rebelión y llevándola
hacia la mencionada Guerra de Baja Intensidad para destruir las fuentes de apoyo del
EZLN en un desgaste en el largo plazo. EE. UU. administró ayuda militar y
entrenamiento a militares mexicanos y también es responsable de las violaciones a los
derechos humanos en la zona de influencia zapatista para el autor. Bellinghausen
(2013), por otra parte, expone archivos desclasificados en Washington que corroboran
lo denunciado por víctimas de los grupos paramilitares. Allí se destaca la alianza del
Ejército mexicano con los grupos paramilitares de Chiapas y se confirman los reportes
sobre el apoyo militar a los grupos indígenas armados que llevaron a cabo ataques
contra comunidades simpatizantes del EZLN.
Pineda (1996) aproximándose a explicar la –denominada por los propios EEUUestrategia de Guerra de Baja Intensidad, que los objetivos de la misma no son solo una
victoria militar, sino el aniquilamiento de la fuerza moral y política de la insurgencia. El
principal teatro de operaciones son los países en desarrollo, lo que implica la
intervención estadounidense en los asuntos internos de otros países. EE. UU., señala
el autor, ha planificado y reformado su ejército enfocándolo hacia la lucha en los países
en desarrollo luego de la derrota en Vietnam en 1975, donde el aspecto fundamental
pasa a ser el de servicio de inteligencia para operaciones especiales. Y donde se
destaca la importancia de la guerra psicológica, buscando convencer a la tropa rebelde
de que ha perdido y que es mejor rendirse que morir, así como convencer a la población
que está insegura. Esto incluye acciones de sabotaje, ataques contra hospitales,
escuelas, y golpear al adversario en su moral y asesinando a líderes políticos y militares
claves. A su vez, la estrategia implica la restricción del acceso a la información a los
medios de comunicación, para así unificar las versiones sobre los episodios a cubrir.
Lecturas que toman sentido al analizar la realidad zapatista, y entre otros casos
extremos, eventos como la masacre de Acteal del 22 de diciembre de 1997, donde
cuarenta y cinco personas, en su mayoría niños y mujeres pertenecientes al grupo civil
“Las Abejas”, refugiadas en Acteal, municipio de Chenalhó, fueron asesinados por parte
de paramilitares que pretendieron simular un enfrentamiento entre grupos indígenas,
buscando inculpar al zapatismo, con el objetivo de deslegitimarlo. Marcos denunció el
escenario plantado, en línea con lo que venimos mencionando (Enlace Zapatista, 01 de
febrero de 2003).60
Para Maya Pérez Ruiz (2006), como para Mondragón Ríos esta mecánica se
corresponde con lo que se conoce como Guerra de Baja Intensidad. Y lo describen como
un proceso de paramilitarización y administración gubernamental que no intenta la
resolución estructural de las problemáticas sociales, sino la represión violenta a los
movimientos organizados, la implementación de programas con el objetivo de agudizar
las desigualdades; y la descomposición social, buscando la propagación de la
prostitución, el alcoholismo, el narcotráfico, las enfermedades, y la muerte por pobreza
extrema. Vale agregar que M. Ríos (2007) distingue entre los diferentes actores
intervinientes en el panorama chiapaneco, y señala que la violencia no camina en una
sola dirección. No es únicamente propiedad de los grupos hegemónicos, aunque
quienes más la hayan sufrido sean los movimientos sociales. Bonvena (2006), desde
60

Este caso fue analizado de manera más completa en la publicación Geografía política de
Chiapas, el zapatismo mexicano y la Sociedad del Poder, que se centra específicamente en el
tema: https://e-revistas.uca.edu.ar/index.php/COLEC/article/view/3700

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otra posición en un sentido teórico, señala que las teorías clásicas de guerras entre
fuerzas regulares quedaron cuestionadas, y existe un vacío teórico que debe ser llenado
con una doctrina que incorpore las formas irregulares de combate. En este sentido, para
Nievas (2006) el concepto de Guerra de Baja Intensidad no es de gran utilidad, él lo
denomina como Guerra Difusa, remarcando la importancia del accionar de los servicios
de inteligencia.
Mariela Cuadro (2008), señala que a partir del 2001 existe una corriente
estadounidense que aconseja la despersonalización del enemigo, proponiendo el
terrorismo como concepto para construir legitimidad, moralizando la política y
despolitizando el conflicto social. Esto puede encontrarse aquí en el señalamiento de
Marcos respecto de Acteal, también en Tischler (Holloway, Matamoros, Tischler: 2008)
respecto de Ayotzinapa61; es el Estado terrorista acusando de terroristas a las víctimas.
El blanco es la población civil. Lo En la visión de Marín (2014) estos escenarios debe
directamente ser pensados bajo el concepto de Determinación Capitalista. Como señala
también Calveiro (2008), aquí lo concentracionario deviene en regla, y la guerra contra
el narcotráfico permite al poder global estatal corporativo intervenir en cualquier región
del mundo que no se acople a la reorganización hegemónica. Porque la acusación de
terrorista tiene como objetivo esa despolitización de la fuerza rebelde, que luego
habilitará su tratamiento por fuera del estado de derecho. Esto, aunque quien lo haga
sea –o sobre todo cuando el que lo haga sea- propiamente el poder judicial. Porque es
el poder judicial el que trata a ciertos grupos por fuera del estado de derecho, violando
las propias leyes, constituyendo un Estado de Excepción.
Dicho esto, no logramos encontrar una coordinación entre las corporaciones del capital,
el Estado, las fuerzas paramilitares –y la diversidad de otros actores- para la eliminación
de los rebeldes que se encuentran en la zona, aún si consideráramos que el interés
último –o uno de los más relevantes e influyentes- es la posterior distribución y
explotación de los recursos. Podría estar sucediendo que los distintos actores, y aquí
nos referimos a los que buscan la represión de las organizaciones de la sociedad civil,
no logran un accionar planificado y ordenado. Planteado de otra manera, la suspensión
del estado de derecho y la llamada Guerra Difusa, influenciadas por las determinaciones
del capital que operan a favor de intereses corporativos transnacionales buscando
explotar la tierra en tanto recurso natural, y sus habitantes en tanto fuerza de trabajo, no
alcanzan para explicar la complejidad del escenario planteado. Y no han podido reducir
el desarrollo de un proyecto como el zapatista, a pesar de que sí pueda pensarse –y
observarse- la existencia de una configuración de poder hegemónico que funciona en
una dirección. Es necesario valorar –en este caso– que la estrategia política y militar
zapatista le está dando resultados al movimiento, en contra de lo esperado por el poder
estatal, corporativo, y de las organizaciones sociales rivales. Pero mucho más que esto,
y en línea con lo trabajado en la primera parte del trabajo, hay que buscar la explicación
en la política territorial. Lo que aquella multiplicidad de actores estatales, corporativos,
61

La noche del 26 de septiembre y la madrugada del 27 de septiembre de 2014, en las cercanías
de Iguala de la Independencia, Guerrero, México; la policía municipal de Iguala, Huitzuco, Cocula
y Tepecoacuilco, la policía estatal de Guerrero y elementos del Ejército Mexicano adscritos al
27.º Batallón de Infantería de Iguala y elementos de la Marina Armada de México, con la vigilancia
activa del Ejército Mexicano, el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) —ahora
Centro Nacional de Inteligencia (CNI), y la Policía Federal (PF)— hoy integrada a la Guardia
Nacional, participaron en la vigilancia, espionaje, seguimiento, persecución y ataque a
estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, 257 kilómetros al sureste de Iguala, que
concluyó con la desaparición forzada de 43 estudiantes de la escuela normal rural, el asesinato
de al menos nueve personas y 27 heridos, entre ellos periodistas y pobladores de Iguala.
https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/2014/considera-onu-una-desaparicionforzada.html?from=old

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militares, y políticos no logra de ninguna manera, es destruir la influencia de la política
zapatista que viene desde las bases. Aquí entonces aparece una nueva y fuerte
concusión para el trabajo, y es que esta política vence al poder concentrado, pero no
por tener una dirección determinante respecto de las bases, sino por el contrario, porque
la dirección acumula fortaleza a partir de la participación territorial autónoma de base.
Es relevante entonces para el trabajo reparar en la estratégica construcción de
legitimidad zapatista que busca evitar cuidadosamente caer dentro de estas categorías,
que podrían acercarlo a ser signado como un grupo terrorista. El rechazo de la violencia
ofensiva inhabilita al Estado, y a las herramientas que le otorga el aparato judicial,
mediático, y luego militar, para perseguirlo y buscar su eliminación. La estrategia militar
defensiva zapatista es política, y abre paso al desarrollo autónomo del movimiento en la
práctica, que finalmente lo sostiene. Vale remarcar, para esto, el mencionado
apartamiento del ejército zapatista de las bases en el territorio, su estrategia de “no estar
ahí” (Colectivo Situaciones, 2005: 93) que señala Espinosa, que obligaría al ejército
federal a atacar a poblaciones desarmadas, teniendo que pagar el costo político por eso.
Como mencionamos, el retiro de los retenes y los puestos de control, así como de las
zonas donde viven las comunidades, implicó un proceso de cesión de facultades
políticas a los pueblos. En suma, la estrategia militar quedó supeditada a la política; es
el mando político quien manda al militar. Esto le permite mostrarse ante la opinión
pública como la fuerza defensiva del poder autónomo de las comunidades, y derribar la
imagen del poder piramidal por encima de sus bases.

Tercera parte. El discurso político con el Otro
En esta última parte del trabajo elegimos comentar brevemente las ideas principales
que implica el discurso zapatista. Especialmente en lo referido a la identidad, a su idea
de nosotros, y al lugar de enunciación de sus proyectos.
El zapatismo se representa indígena pero tiene un proyecto político nacional. No se
atribuye la representación de las organizaciones indígenas de México. Se reivindica
indígena por sus bases. Pero su proyecto es mestizo. Se reivindica como excepción de
la historia originaria de México, y no como producto ejemplar de ella. El Quién del
movimiento es múltiple, es la subalternidad que rechaza el individualismo. “Mandan los
pueblos”, dice Marcos, y afirma que no se pusieron por sobre las bases, y que pasaron
de ser “una organización militar de clase media, guerrillera, vanguardia revolucionaria,
a ser indígena, campesina, autónoma, y mujer”. (Enlace Zapatista, 25 de mayo de 2014).
En pocas palabras, existe una reivindicación identitaria indígena en el zapatismo que
proviene de su composición misma, las bases son tzotziles, tojolabales, tzeltales y
choles. Sin embargo, más allá de esto, no existe una representación política práctica
zapatista respecto del resto del indigenismo mexicano. De hecho, existen
enfrentamientos con grupos indígenas, e incluso existieron fracturas en la relación del
zapatismo con diversas organizaciones indígenas como el Concejo Estatal de
Organizaciones Indígenas y Campesinas (CEOIC) (Pérez Ruiz, 2006), o respecto de la
propia Asamblea Nacional Indígena Plural por la Autonomía (ANIPA) (Gloria Muñoz,
2004), desde que el movimiento sale de la clandestinidad en 1994. Es decir, el
zapatismo es un grupo con componentes indígenas en México, ni el que representa a
todos los demás, ni el más representativo. Y aquí es donde nuestro análisis busca hacer
foco con énfasis, el planteo zapatista en lo simbólico busca replantear la identidad

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mexicana, dándole al indio –pero no solamente- la legitimidad de ser parte del ser
nacional, desde su devenir concreto en la práctica.
En línea con lo planteado, Baschet (2018) señala que las mujeres zapatistas no
aprendieron a luchar a través del contacto con inspiraciones feministas, sino a partir de
su propio anhelo de escapar de su condición de opresión. Sus prácticas, y las del
zapatismo de base en general, son distintas de las múltiples corrientes ancladas en los
mundos urbanos y el pensamiento vinculado a la modernidad. No se basan únicamente
en los derechos del individuo como tal, sino que se articulan con la importancia de los
derechos colectivos asociados con la vida comunitaria. Las mujeres zapatistas han
llevado adelante la lucha política anticapitalista del movimiento al tiempo que la lucha
de género contra los malos usos y costumbres62. Es decir, no se trata de aceptar o
rechazar las bases de la vida comunitaria, sino de atravesar el curso de su
transformación profunda, y no necesariamente desde el pensamiento individualista
occidental universalista. Hay aquí entonces, y para profundizar, la búsqueda de la voz
de una Latinoamérica negada en la historia que, sin embargo se demuestra capaz de
desarrollar sus propias búsquedas y construcciones sin necesitar del discurso binario y
excluyente de la modernidad individualista que propone el capitalismo.
Baschet (2018) señala que el zapatismo es un levantamiento indígena por la dignidad y
la autonomía, una lucha por la liberación nacional por transformar a México y una
rebelión por la humanidad y contra el capitalismo. Y subraya que estas tres escalas –el
arraigo territorial, lo nacional y lo planetario- no pueden entenderse por fuera de las
otras. Así evita los peligros que cada una por sí sola podría acarrear. El autor lee que
en el planteo zapatista una crítica al universalismo de la modernidad europea que
construir su ideal, no hizo más que excluir a todos aquellos que no eran parte. Como
decíamos, hay en el zapatismo entonces, una reivindicación de la paradoja de ser igual
y diferente, que implica dejar de excluir lo universal respecto de lo particular, como
elementos no articulables. Baschet habla de un universalismo concreto que asume las
diferencias de la experiencia humana. En este sentido Ceceña (2008) aborda al
zapatismo planteando una contraposición entre Lenin y Gramsci, para pensar la relación
entre el poder y el sujeto zapatista. Recupera a Gramsci, para destacar la relevancia
para una sociedad del replanteo y la generación de nuevos sentidos, lo que le sirve para
pensar la propuesta zapatista de instalación de nuevos imaginarios. Ahí cobra sentido
la idea de un mundo donde quepan todos los mundos. Esto reúne en un punto crítico,
insubordinaciones de clase, de género, de raza, de cultura, de lengua, de entendimiento,
de cosmovisión, de relaciones comunitarias. La rebelión zapatista es contra la
dominación en todas sus formas. De ahí que recupera la historia, el territorio, la dignidad,
y lo cotidiano. Así, el sujeto revolucionario zapatista es completamente diferente a las
viejas concepciones del mundo y la revolución. No hay un ideal que al incluir excluya.
Por otro lado, debe destacarse una vez más en el análisis, la reivindicación de la
práctica. Es decir, la práctica es la bandera del movimiento. Y el mensaje es claro, el
subalterno no es incapaz, puede administrar la economía, puede entender de política,
puede gobernar. Esto lo corre de dos discusiones; la instrumentalista de esa mirada
blanca europea que se pregunta qué hacer con el otro cultural, y la pobreza. No se
plantea al subalterno como sujeto de la pobreza, sino como sujeto en sí (Gloria Muñoz,
2004). Hay aquí una crítica a un europeísmo racista que subsiste en gran parte de los
discursos de la actualidad. Es esa visión política occidental del indígena la que le impide
pensarlo y aliarse como con un igual –para Marcos, por ejemplo, esto ha ayudado a
dejar al zapatismo aislado (Enlace zapatista, 2014)-. El ideal nacional debe construirse
desde abajo hacia arriba y no desde una planificación estatal en línea con los intereses
62

Marzo de 2001. Discurso de la comandanta Esther ante la cámara de diputados.
https://www.youtube.com/watch?v=iOH5ZblfGuo

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de las elites dominantes en el Estado capitalista y su proyecto de poder. Se debe
construir un nuevo relato histórico nacional.
Y aquí vale un comentario respecto de la pregunta por el “quién” de la política
latinoamericana, porque el zapatismo busca replantear el lugar histórico de los sectores
subalternos, reubicarse en la historia, repensar lo americano en la Historia, en relación
a lo nacional, al Estado, a las propuestas que, para construir hegemonía, deben negar
grupos de las sociedades que habitan. Para nosotros, aquí se está poniendo como punto
de partida la sensibilidad, al sujeto de la enunciación, lo que implica recuperar lo político.
Es decir, esta discusión nos habilita a pensar lo planteado por Grosfoguel (2006); repolitizar prácticas aparentemente apolíticas que niegan tramas subalternas. La mirada
zapatista que busca evitar la exclusión, intenta salir de explicaciones basadas
meramente en opuestos, enmarcando los análisis en contextos históricos complejos.
Esto es el diálogo con el excluido, con esos conocimientos vistos como superficiales. La
pretensión de objetividad occidental en el discurso –especialmente científico pero no
exclusivamente- ha traído como consecuencia deslegitimar o silenciar al sujeto de la
enunciación, generando a su vez, la negación de las condiciones históricas de la
enunciación, que a la postre terminaron favoreciendo la negación de contextos políticos
de dominación. Esto ha sido largamente denunciado en la corriente marxista, y en
tiempos y territorios más cercanos, por los decoloniales (Grosfoguel, 2006), entre otros.
El punto clave es la negación de la sensibilidad, de la cual parte el constructo dominante
de ideales occidentales. Así es que lo sensible es descalificado o termina siendo visto
como algo anecdótico, y luego es borrado de la política, del poder.
Para cerrar, elegimos recuperar el planteo de Ceceña, de pensar el cómo, es decir, la
manera de llevar realmente adelante el discurso zapatista. La autora, siguiendo a
Gramsci se pregunta si se debe apuntar a que estos imaginarios construyan una
contrahegemonía, o si es posible que no exista hegemonía, disolverla. Su pregunta
queda flotando sin respuesta. Para nosotros, se puede contraponer con la lectura que a
este respecto hace Héctor Díaz Polanco (2006), aunque no nos queda claro que la
respuesta pueda provenir de otro lugar que no sea la experiencia misma. El autor pone
en duda el supuesto rechazo del zapatismo al ejercicio del poder. Para él, el zapatismo
está interesado en la construcción de un poder popular, y realiza sus esfuerzos en esa
dirección, lo que es visible en su construcción institucional territorial. Pero señala que la
autonomía zapatista no puede reducirse a Chiapas ni a lo indígena, sino que debe tejer
alianzas hacia afuera. La viabilidad del proyecto zapatista depende de que se convierta
en una meta nacional, remarca. Polanco nos saca del análisis de la propuesta ideológica
zapatista y toca una de las problemáticas más complejas de los planteos y necesidades
del movimiento –y de cualquier posición crítica en general en un sentido práctico-; la
necesidad de la unión de los subalternos para su supervivencia. Nos parece relevante
esta discusión porque en la práctica concreta la propuesta zapatista siempre está
llamando a otrxs subalternidades a confluir en la lucha. Pero el problema de que el sujeto
rebelde debe necesariamente complementarse y unirse con otrxs ha sido siempre más
fácil de demostrar en el discurso que en la práctica. Y en esto no le cabe la
responsabilidad solamente al movimiento armado chiapaneco.

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Más allá de las urnas:
el valor democrático de la universidad y la
contrademocracia estudiantil
Juana Stratta
DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS POLÍTICOS

La educación pública como pilar democrático argentino
Para Przeworski (2024), qué es democrático obedece a los valores que se le atribuyen
al concepto de democracia. ¿Podemos hablar de democracia únicamente cuando los
ciudadanos son libres de elegir y/o destituir a los gobiernos? Si adoptáramos una
concepción minimalista de democracia la respuesta sería afirmativa. Empero, es posible
señalar que, desde una concepción democrática maximalista, el grueso de la población
valora la democracia porque espera que la misma haga material los valores que
considera importantes. En esta clave, ¿cuáles son los valores que los argentinos le
atribuyen a la democracia? ¿la educación pública y, en particular, la universidad pública
puede entenderse como un valor democrático?
Desde la conformación del Estado Nacional argentino —para no irnos más allá en el
tiempo— la educación pública se consolidó como un pilar clave para la construcción de
la ciudadanía, el pueblo argentino y el desarrollo nacional. Ya Domingo Faustino
Sarmiento (1882), quien impulsó la idea de una educación universal y laica como base
para la modernización y el progreso de la sociedad, afirmaba: “todos los problemas son
problemas de educación” (p. 5). A su vez, durante el siglo XX y XXI, acontecieron hitos
emblemáticos: la Reforma de 1918 que promovió la autonomía universitaria, la libertad
de cátedras, y el cogobierno del conjunto de los claustros; la sanción de la gratuidad
universitaria en 1949, que democratizó el acceso a la universidad y favoreció la
movilidad social de sectores históricamente marginados; la Ley de Educación Nacional
N° 26.206 sancionada en 2006, que estableció la obligatoriedad de la educación
secundaria y subrayó el derecho a una educación inclusiva; y la creación de nuevas
Universidades Nacionales descentralizando la educación superior y consolidando aún
más el compromiso del Estado con la educación pública al brindar mayor acceso a la
población de todo el país. Hemos dejado por fuera miles de luchas —y en algunos casos
conquistas— que escuelas, facultades y universidades dieron en pos de la
democratización y la defensa de la educación pública. Ahora bien, ¿podemos pensar
que estos acontecimientos colocan a la educación en la ménsula de la democracia?
Tratando de aproximarnos a nuestros días e intentando reflexionar sobre el valor
democrático de la educación en la actualidad, durante el mes de septiembre de 2023,
el Laboratorio de Estudios de Democracia y Autoritarismos, realizó grupos focales y llevó
a cabo una encuesta nacional en torno a la universidad pública y la educación en
Argentina63. En su análisis señalaron que “en Argentina, la universidad pública es una
63

Se realizaron 10 grupos focales con participantes del Área Metropolitana de Buenos Aires
(AMBA). Las variables consideradas para la conformación de grupos fueron, por un lado, el perfil

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de las instituciones con mayor legitimidad” (LEDA, 2024, p.6). Los distintos enunciados
extraídos de los grupos focales, y los altos puntos porcentuales resultantes de la
encuesta, dan cuenta del valor que se le otorga a la universidad pública por tres
principales razones: en primer lugar, casi la totalidad sostuvo que es imprescindible para
el desarrollo del país; en segundo lugar, la mayoría afirmó que la educación superior
gratuita permite planificar un futuro mejor y que, por tanto, fomenta la movilidad social
ascendente; y, por último, la presencia de universidades a lo largo del territorio argentino
es apreciado como posibilidad de acceso e integración (LEDA, 2024). En esta clave,
nos permitimos prefigurar que, en nuestros días, hay un importante valor democrático
sobre la educación superior gratuita vinculado al desarrollo, la movilidad social y la
territorialidad.
En este marco, si bien la educación pública y, en particular, la universidad pública, han
sido tradicionalmente valoradas como pilares de la democracia en Argentina, el contexto
actual pone a prueba ese compromiso. El 2024 comenzó con una grave emergencia
presupuestaria en las Universidades Nacionales. Este recorte amenazó y amenaza la
capacidad de las universidades para seguir cumpliendo su rol en el desarrollo del país,
en la movilidad social y en la integración territorial. Hubo una decisión política de
prorrogar el presupuesto universitario 2023 en una situación altamente inflacionaria;
teniendo en cuenta sobre todo que más del 90% de lo que el Estado invierte en la
educación superior se destina al pago de salarios de quienes trabajan diariamente en
las universidades. En este contexto, para inicios de abril ya se había consumido el 40%
de la partida anual disponible para el pago de salarios. A su vez, los gastos de
funcionamiento se mantenían fijos a pesar del fuerte aumento en las tarifas de luz y gas
que en algunos casos superaron el 400% (CIN, 2024a).
Frente a esta alarmante situación, la comunidad educativa universitaria de todo el país
comenzó a reclamar por la actualización del presupuesto. Entre paros, clases públicas,
ruidazos, asambleas, banderazos, cortes de calle, etc., el 23 de abril el Frente Sindical
de Universidades Nacionales —integrado por las federaciones y gremios que nuclean a
docentes, no docentes y estudiantes universitarios de todo el país— convocó a una gran
marcha federal universitaria en defensa de la universidad y la educación pública.
“Convocamos a la sociedad argentina a defenderla” decía el Consejo Interuniversitario
Nacional (2024a). La movilización alcanzó más de un millón de personas a nivel
nacional. A la calle no salió sólo la comunidad universitaria, sino la sociedad en su
conjunto. Esto se manifestó en el apoyo y la adhesión de diversos sectores como la
CGT, las CTA, organismos de derechos humanos, organizaciones sociales, de la
economía popular, de la cultura, entre otros (Deledicque y Feliz, 2024).
Este escenario resuena con las ideas del filósofo francés Manin (1998) quien, con
mucha previsión a mediados de los años noventa, advirtió la metamorfosis de los
gobiernos representativos modernos hacia lo que él denominó una “democracia de
audiencias”. En la misma, el electorado toma la forma de audiencia: su rol es el de
observar y evaluar las decisiones y políticas de gobierno, muchas veces desde la
distancia, plasmándose en estudios o sondeos de opinión. Esta forma de democracia
se revela en las recientes encuestas que reflejan el valor que los argentinos atribuyen a
la educación y la universidad pública como bienes democráticos esenciales. Leer el
valor de la educación a través de los sondeos permite, por un lado, ver las tendencias
político que se determinó según el último voto a la elección presidencial; y, por otro, la edad, en
función de armar cortes de edad según el grupo de votantes. La encuesta a nivel nacional tuvo
como población objetivo las personas de 16 años o más. La muestra fue de tipo aleatoria
estratificada y la metodología de relevamiento fue una encuesta telefónica a partir de un
cuestionario estructurado de preguntas cerradas. El tamaño final de la cuesta fue de 2074 casos
(LEDA, 2024).

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de la opinión pública y, por otro, podemos pensar, el grado de participación crítica que
una democracia de audiencias realmente posee. Por ejemplo, según la Encuesta de
Satisfacción Política y Opinión Pública de la Universidad de San Andrés64 del mes de
marzo de 202465, el 60% de los encuestados estaba en desacuerdo con el
desfinanciamiento a las universidades públicas (Departamento de Ciencias Sociales,
2024a). Según los datos de la encuesta realizada por la consultora Zuban Cordoba
(2024a) y Asociados66 en su informe del mes de abril67, un 86% de los encuestados
sostuvo que la educación pública es un derecho de todos y que debe ser defendido.
En este marco de movilización y resistencia, la masiva marcha federal del 23 de abril
marcó un hito en la defensa de la educación pública. Tras meses de reclamos, esta
movilización logró que, a finales de mayo, el gobierno otorgara un aumento
presupuestario del 270% para los gastos de funcionamiento de las Universidades
Nacionales (Marín, 2024). Esto garantizó la apertura de los edificios universitarios para
el segundo cuatrimestre, pero dejó nuevamente abierto el reclamo por una
recomposición salarial digna de sus trabajadores.
No obstante, a mediados del mes de agosto, se impulsó desde la Cámara de Diputados
la “Ley de Financiamiento Universitario”, la cual consiguió media sanción (Infobae,
2024). El proyecto de ley promovía principalmente a que el Poder Ejecutivo aumentara
los salarios docentes/no docentes y los gastos de funcionamiento de acuerdo con la
inflación acumulada; a la vez, establecía la actualización de las partidas presupuestaria
hasta fin de año en forma bimestral, de acuerdo con la inflación del INDEC (Página 12,
2024). A comienzos del mes de septiembre68, la consultora Zuban Cordoba (2024b)
subrayaba que “las universidades públicas siguen siendo las mejor valoradas en el país
con un 70% de confianza” (p.5).
En la madrugada del 13 de septiembre de 2024, con más de los dos tercios de los votos,
la Ley logró también su aprobación en el Senado Nacional (Ybarra, 2024). Sólo unas
horas más tarde, el presidente de la Nación anunciaba por su cuenta de X que iba a
vetar la misma (Milei, 2024).
Ante un inminente veto, se convocó a una segunda marcha federal educativa el 2 de
octubre para exigir la promulgación de la ley. Nuevamente, se trató de una marcha
masiva que llevó a docentes y no docentes, estudiantes, jubilados, trabajadores, etc., a
las calles y plazas de todo el país. “La universidad pública, base de la democracia y el
desarrollo social, lucha por su supervivencia” (CIN, 2024b): así se tituló el documento
leído en el acto central de la marcha en la Plaza del Congreso. Sólo tres horas después
64

La población de la encuesta son los adultos de 18 años y más. Se trabaja con una muestra
estratificada por región con cuotas que tienen en cuenta la edad y el nivel socio económico. La
encuesta es online y se realiza en ocho regiones: NOA, NEA, Cuyo, Centro, Sur, y Buenos Aires
dividida a su vez en CABA, GBA e interior de la Provincia de Buenos Aires. A su vez, los datos
se ponderan de acuerdo con parámetros de voto en elección de octubre 2023 (Departamento de
Ciencias Sociales, 2024a; 2024b)
65
La encuesta fue realizada entre el 18 y el 22 de marzo de 2024 y la cantidad de casos alcanzó
un tamaño de 1045 (Departamento de Ciencias Sociales, 2024a).
66
La población de la encuesta son los adultos de 16 años y más de la República Argentina. Se
trabaja con un cuestionario estructurado mediante una encuesta online. A su vez, los datos se
ponderan de acuerdo con edad, género, zona y último voto a presidente (Zuban Córdoba,
2024a; 2024b; 2024c).
67
La encuesta fue realizada entre el 10 y el 11 de abril de 2024 y contó con un tamaño de 1500
casos (Zuban Córdoba, 2024a).
68
La encuesta fue realizada entre el 6 y el 9 de septiembre de 2024 y contó con un tamaño de
2300 casos (Zuban Córdoba, 2024b).

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de aquel acto, la Oficina del presidente (2024) oficializó el veto a ley bajo el
argumentando de que el mismo atenta contra el equilibrio fiscal (Boletín Oficial de la
República Argentina, 2024); aun cuando se trataba de una ley que implicaba únicamente
el 0,14% del PIB (CIN, 2024b).
Revertir el veto estaba en manos de la Cámara de Diputados. En una semana de
intensas negociaciones, el Ejecutivo logró reunir los apoyos necesarios para mantener
la medida: con 85 votos a favor, con “85 héroes”, el veto quedó firme (Cayón, 2024).
Ante este desenlace, cabe preguntarse: ¿en qué valores se basaron las decisiones de
los legisladores? ¿Escucharon la voz de miles de ciudadanos movilizados o primaron
intereses distintos a los de la educación pública, gratuita y de calidad?
El impacto social de esta decisión se reflejó en la encuesta de Zuban Cordoba (2024c)
realizada después de la segunda movilización federal universitaria y luego de que el
Congreso ratificara el veto a la Ley de Financiamiento Universitario 69. Según los
resultados, casi el 60% de los encuestados estaba en contra del veto presidencial, y un
91,3% rechazaba la idea de que las universidades públicas fueran un gasto innecesario.
Además, el 99% de los encuestados consideraba a la educación como una herramienta
esencial para el desarrollo del país, reflejando el alto valor social que se le atribuye. Un
86,4% declaró sentirse orgulloso de las universidades públicas, y el 80,7% coincidía en
que estas instituciones permiten la movilidad social ascendente. “La conclusión
inevitable (...) es que las universidades cuentan con una imagen sólida en la sociedad.”
(Zuban Cordoba, 2024c, pp.4 y 5).
Este consenso social sobre el valor de la educación puede entenderse mejor a la luz de
la teoría de la justicia distributiva de Walzer (2004), quien, en Las esferas de la justicia,
sostiene que todos los bienes son "bienes sociales" cuyo valor y significado son
definidos colectivamente. Así, cada sociedad establece qué bienes considera
fundamentales, y su significación depende del contexto cultural y social que los rodea.
En el caso de la educación en Argentina, la universidad pública no solo tiene un valor
simbólico para quienes trabajan o estudian en ella, sino que es vista colectivamente
como un bien social para toda la sociedad.
Este reconocimiento como bien social se evidencia en las palabras de figuras clave del
ámbito educativo. Larisa Kejval, docente e investigadora y actual directora de la Carrera
de Ciencias de la Comunicación de la UBA, enfatizó en relación con la manifestación
del 23 de abril que: “fue muy masiva y de alguna manera lo que se puso en evidencia
es que la universidad es un bien social, de todas y todos, no solo de quienes trabajamos
o estudiamos allí, sino del conjunto de la sociedad” (Vilas, 2024). Por su parte, Víctor
Moriñigo, presidente del Consejo Interuniversitario Nacional, señaló que
“constantemente se está ratificando este precepto de la Educación Superior como un
bien público, un bien social” (Jouli, 2024).
Desde esta perspectiva, podemos aplicar los postulados de Walzer (2004) sobre la
distribución de los bienes sociales. El autor sostiene que la distribución no se basa en
un criterio universal, sino que responde a una compleja interacción de principios y
valores que varían según la esfera social. En el caso de la educación y la universidad
pública argentina, podríamos identificar el principio de “necesidad” como un fundamento
central de su distribución: este principio busca garantizar el acceso universal a una
educación de calidad. En términos prácticos, este principio se materializa a través de

69

La encuesta fue realizada entre el 11 y el 13 de octubre de 2024 y contó con un tamaño de
1900 casos (Zuban Córdoba, 2024c).

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políticas de gratuidad y acceso abierto, que han sido y son esenciales para el carácter
inclusivo de la universidad pública en Argentina.
No obstante, siguiendo la lógica de Walzer (2004), podemos reconocer que ni la
educación ni la universidad pública argentina se rigen exclusivamente por el principio de
necesidad. También intervienen otros principios, como el de “merecimiento”, que puede
influir en el acceso a becas, investigación y oportunidades de desarrollo dentro del
sistema educativo académico; o el principio de la “libre distribución”, ya que las personas
pueden elegir invertir en su educación en instituciones privadas, lo que introduce un
elemento de libre mercado en la distribución. Esta combinación de principios y valores
refleja la manera en que la sociedad argentina otorga significado al bien social de la
universidad pública, entendida como un espacio clave de desarrollo y movilidad social.

El despertar del gigante dormido
A comienzos del año, Cristopher Loyola (2024), parte del Centro de Estudiantes de la
Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA) manifestaba la
necesidad de “despertar al gigante dormido para defender la Universidad”. En esa
misma línea, Sol Verónica Güi (2024), militante universitaria y estudiante de Sociología
de la UBA, insistía en que era momento de “revivir al gremio más grande del país”, un
llamado a la acción tras la primera gran marcha federal educativa.
Tras que el Congreso le diera la espalda a la sociedad y a la comunidad educativa
ratificando el veto presidencial a la Ley de Financiamiento Universitario, las
consecuencias no se hicieron esperar. Del suelo de las facultades, aún en universidades
sin tradición de lucha, emergieron asambleas multitudinarias para organizar el ¿qué
hacer? Las asambleas cocinaron a fuego lento la nueva resistencia. El movimiento
estudiantil, luego de años de letargo y una pandemia que hizo aún más latente la crisis,
experimentó un despertar marcado por la participación de nuevas generaciones.
Entre otras medidas de protestas, facultades y rectorados fueron tomados en todo el
país. Así, el crecimiento de las protestas del movimiento estudiantil federal universitario
alcanzó niveles sin precedentes en la historia reciente. Ocurrieron cosas pocas veces
vistas, como las tomas de las facultades de Medicina, Derecho e Ingeniería de la UBA;
o sucesos que ocurrieron por primera vez en la vida, como la toma de la Facultad de
Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). A lo largo y ancho de Argentina,
de Ushuaia a La Quiaca, más de 50 facultades realizaron tomas y vigilias en las 24
provincias (Tiempo Argentino, 2024). En algunos casos por sólo unos días, en otros
sostenidos por semanas, banderas de “facultad tomada” se desplegaban de los
edificios, las aulas se llenaron de bolsas de dormir y colchones, y las clases, en todos
los casos, salieron a las calles. Se convirtió a las universidades en centros de resistencia
activa.
Este fenómeno de protesta masiva puede entenderse a través de las tensiones que
Pierre Rosanvallon (2007) describe respecto a la democracia. Para el autor, la propuesta
de la democracia se ha quedado a medio camino donde se la haya erigido. La
democracia se ha manifestado como promesa, de un régimen que responde a las
necesidades de la sociedad fundado sobre el imperativo de igualdad y autonomía; y
como problema, de la realidad material que lejos está, en la mayoría de los casos, de
ese compromiso. Las movilizaciones estudiantiles en Argentina no sólo son una
reacción contra el veto a la ley, sino también un reflejo de este desencanto democrático,
en el que las instituciones representativas no cumplen con las expectativas de justicia y
equidad que la democracia decía prometer.

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A su vez, según Rosanvallon (2007), el otro problema de las democracias
contemporáneas es la disociación entre legitimidad y confianza, siendo la legitimidad
más bien electoral y la confianza un fenómeno mucho más complejo. Esta última amplía
la calidad de la legitimidad en una dimensión moral y sustancial, permite presuponer la
continuidad en el tiempo de esa legitimidad ampliada y, permite economizar un conjunto
de mecanismos de verificación y prueba de la legitimidad. En la actualidad, nos
enfrentamos a una erosión de la confianza democrática y al fenómeno de formación de
contrapoderes sociales, informales y/o institucionales, que compensan tal desgaste
mediante la organización de la desconfianza.
La desconfianza democrática busca que el poder democrático le sea fiel a sus
promesas. Esta desconfianza se expresa y se organiza en distintas modalidades de
contrapoderes que componen lo que Rosanvallon (2007) denomina “contrademocracia”:
una forma política de democracia que se contrapone a la otra, una democracia de los
poderes esparcidos por el cuerpo social, una democracia de la desconfianza
organizada, una democracia que es resistencia práctica y activa. En esta clave,
¿podemos pensar al movimiento estudiantil como una contrademocracia?
Una de las modalidades de contrapoder de la contrademocracia es el poder de sanción,
veto y obstrucción. En la calle, en protesta, asociaciones por la negativa se organizan
para, por ejemplo, denunciar una política o intentar que se retire un proyecto de ley. Es
la heterogeneidad de su configuración lo que para Rosanvallon (2007) explica su
conformación y sus altas posibilidades de éxito. Estas mayorías reactivas son más
fáciles de organizar que las verdaderas mayorías sociales de acción, ya que pueden
conformarse a pesar de sus contradicciones y sin necesidad de un consenso positivo y
deliberativo. Por lo que, consecuentemente, son más frágiles y volátiles. Aquí, la
soberanía popular se manifiesta como un poder de rechazo; se impone una soberanía
de un “pueblo-veto”. La temporalidad con la que actúa esta acción colectiva es la
inmediatez.
Las protestas estudiantiles en Argentina no solo emergen como una respuesta al
descontento generalizado, sino que son un fenómeno de contrademocracia, donde el
"gigante dormido" del movimiento estudiantil comienza a despertar. Este despertar no
es solo un acto de visibilización del malestar, sino también una acción directa en pos de
obstruir y vetar las decisiones políticas que amenazan la educación y universidad
pública. El poder de obstrucción, como lo describe Rosanvallon (2007), se ejerce en las
calles y en las asambleas, donde la soberanía popular no solo se expresa en las urnas,
sino también en la capacidad de organizarse colectivamente.
En este contexto, el descontento con la falta de respuesta del poder político impulsa a
los estudiantes a tomar los espacios universitarios, reviviendo así la fuerza histórica del
movimiento estudiantil. De este modo, el movimiento se transforma en una forma de
"desconfianza democrática", que organiza la resistencia y exige que el poder político
cumpla con sus promesas de acceso universal a una educación de calidad. El despertar
del gigante dormido se configura como una contrademocracia en acción, una resistencia
activa y una reafirmación de los valores democráticos en su forma más pura: la
exigencia de que las promesas de la democracia se traduzcan en la realidad material.

Consideraciones finales
Al comienzo de este trabajo nos interrogamos cuáles son los valores que los argentinos
le atribuyen a la democracia y si la educación pública, particularmente la universidad,
puede considerarse un valor democrático. A partir del análisis realizado, queda claro

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que la educación pública en Argentina es entendida hace años como un pilar
democrático esencial con un fuerte respaldo social. Y, a pesar de sus actuales ataques,
sigue teniendo un importante valor democrático, tal como evidencian las encuestas que
destacan la legitimidad y el orgullo por las universidades públicas. A su vez, logramos
exponer cómo la educación pública argentina es entendida como un "bien social". El
compromiso histórico con este bien social ha moldeado la identidad democrática
argentina, consolidando la educación como un derecho fundamental a defender.
No obstante, la falta de respuesta o más bien el intento de hacer oídos sordos por parte
del gobierno de Javier Milei frente al masivo reclamo por un presupuesto universitario
digno que cuenta con el apoyo de la sociedad argentina, nos plantea un interrogante
clave. Retomando los postulados de Manin (1998) sobre la democracia de audiencia,
observamos que, aunque la opinión pública ha ganado visibilidad a través de encuestas
y medios, esta visibilidad no se ha traducido en un poder de influencia decisiva. La
autonomía de los representantes, reforzada por la personalización de la política de las
democracias de audiencia, ha llevado al Ejecutivo a ignorar las demandas populares en
materia educativa, a pesar del evidente respaldo de la ciudadanía. Esto nos lleva a
reflexionar sobre el nivel de autonomía de los gobernantes y sus implicancias para la
democracia. ¿Hasta qué punto puede un gobierno mantenerse ajeno al clamor social
sin socavar los principios democráticos? La desconexión entre el poder gubernamental
y el apoyo a la educación pública expone tensiones entre la representatividad y la
soberanía popular. En esta clave, ¿no estaremos asistiendo a una nueva forma de
concreta representación democrática?
Por último, la capacidad de contrapoder, la capacidad de veto del movimiento estudiantil
merece un análisis crítico. Aunque las masivas movilizaciones y tomas universitarias
fueron un ejemplo de contrademocracia activa, no tuvo aún un contundente impacto en
las decisiones gubernamentales. Si en algún momento de todo este proceso, se
postulaba que el movimiento estudiantil era el actor más dinámico en la confrontación
política contra el Gobierno Nacional —en un país donde se impusieron severos ajustes
en distintos sectores como trabajadores y jubilados—, todavía no podemos afirmarlo. El
hecho de que las multitudinarias protestas no logren frenar los recortes presupuestarios,
¿sugiere una crisis del poder de veto? ¿Qué implica para la democracia, o mejor dicho,
para la contrademocracia que un movimiento tan dinámico no logre influir en las
decisiones del poder gubernamental? Son interrogantes que todavía no podemos
responder de manera definitiva y, al igual que el conflicto, permanecen abiertas.

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https://www.lanacion.com.ar/politica/golpe-al-gobierno-la-oposicion-sanciono-en-elsenado-la-ley-de-financiamiento-universitario-con-mas-nid13092024/
Zuban Córdoba (2024a). La tensa estabilidad de la argentina libertaria: Informe nacional abril
2024. Zuban Córdoba y Asociados. https://zubancordoba.com/portfolio/informe-nacionalabril-2024/
Zuban Córdoba (2024b). ¿Le cree o no le cree a Javier Milei?: Informe nacional septiembre 2024.
Zuban Córdoba y Asociados. https://zubancordoba.com/portfolio/informe-nacionalseptiembre-2024/
Zuban Córdoba (2024c). Universidad Pública orgullo nacional: Informe nacional octubre 2024.
Zuban Córdoba y Asociados. https://zubancordoba.com/portfolio/informe-nacionaloctubre-2024/

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Los espectros: derrota, teoría, política70
Celeste Viedma
PROGRAMA “JACQUES MARTIN” DE ESTUDIOS EN HISTORIA, IDEOLOGÍA Y DISCURSO
DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS POLÍTICOS

Naturalmente, llevo por el resto de mi vida la experiencia de Chile con
Allende y no hay noche que no reflexione sobre mis errores. Mis teorías
han surgido especialmente como una fuerte autocrítica.
Carlos Matus
He llegado al convencimiento que esa derrota es el nudo inconsciente de
toda mi visión de la política.
Tomás Moulian

El 11 de septiembre de 1973 caía no sólo un gobierno, sino el faro y esperanza de los
movimientos revolucionarios que por entonces agitaban todo el continente. Las citas
que elegimos para el epígrafe de este trabajo ilustran hasta qué punto aquella derrota
oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. La primera corresponde a lo dicho
por Carlos Matus en una entrevista (Zeran, 1998), la segunda a un libro de Tomás
Moulian (1998) publicado ese mismo año. Ambos fueron activos participantes del Chile
de la Unidad Popular: el primero como uno de sus altos funcionarios, el segundo como
militante. Sus palabras funcionan en este trabajo como pretexto o punto de partida para
aventurarnos hacia otras zonas que nos permitan tensionarlas.
La extensión de la tarea nos obliga a una introducción escueta. Dedicaremos un primer
apartado a describir en qué consiste ese punto de partida, o cuáles son las marcas en
él que levantan nuestra sospecha. A continuación, en lo que conformará la mayor parte
del trabajo, nos abocaremos a presentar una serie de textos otros, que permitan horadar
lo que en nuestro pretexto se nos presenta como dado. Trabajaremos con la bibliografía
del curso, pero también con otros materiales que fuimos encontrando. Desplegamos
esta búsqueda con cierta irreverencia ante lo que se nos exigiría desde perspectivas
más afines a la historia intelectual, tendientes a amarrar “texto”, “autor” y “contexto”,
acaso tomando por evidente su unidad homogénea (Grondona, 2019). Al contrario,
asumimos una disposición juguetona, un estilo constructivista (Glozman, 2020a), no tan
pretencioso de control sobre todo aquello que podría producir un error (Grüner, 2000).
Nos mueve un espíritu teórico y –aunque algunos verían ilógico el uso de este conector–
por lo tanto, político. Creemos que no sería equivocado decir que es ese mismo espíritu
lo que ha motivado la aparición del Programa de Estudios Críticos en nuestra Facultad.

70

Este artículo conforma el Trabajo Final Integrador presentado para el Programa de Estudios
Críticos “El marxismo y lo nacional-popular” de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad
de Buenos Aires. Una versión adaptada del mismo fue publicada recientemente en la revista
Perfiles Latinoamericanos (Viedma, 2025). La presente corresponde al original presentado al
Programa.

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Pretexto o punto de partida
Rest, rest, perturbèd spirit.
Hamlet, William Shakespeare
Adiós, Señor Presidente.
Carlos Matus

Al momento de iniciar mi participación en el Programa de Estudios Críticos, me
encontraba trabajando en la escritura de una tesis doctoral que tenía por figura principal
al mencionado Carlos Matus. A primera vista, nada tenía que ver Matus con un
Programa que llevaba por subtítulo “el marxismo y lo nacional-popular”: este autor no
se inscribe en el marxismo –al menos, no lo hace en la mayoría de sus trabajos, habrá
que volver sobre este punto–, ni tampoco toma por objeto la cuestión nacional-popular.
No obstante, la cursada del Programa me sorprendió con algunas regularidades, a las
que me voy a referir más adelante.
Economista de formación, Matus trabajó en la Comisión Económica para América Latina
(CEPAL) entre 1965 y 1970, posteriormente formó parte del equipo económico de la
Unidad Popular con altos cargos ejecutivos, lo que lo llevó a ser encarcelado en Dawson
y Ritoque durante la dictadura de Pinochet. Partió a Caracas en el año 1976, acogido
por el Centro de Estudios para el Desarrollo (CENDES), donde vivió hasta 1998. Este
autor es conocido por desarrollar los principios teórico-metodológicos de la planificación
estratégica situacional y bastante leído dentro del campo de estudios vinculado a la
planificación pública y el accionar estatal. Su distinción entre planificación normativa –
procedimiento tecnocrático que asimila el plan a una “norma”, despreocupándose de su
viabilidad y, en especial, de su viabilidad política– y planificación estratégica –que, como
se imaginará el lector, sí considera todo aquello que la anterior ignora– es una de las
que aparece con más recurrencia en la bibliografía. También encontramos el triángulo
de gobierno, que nos indica que para gobernar es preciso atender tanto al proyecto,
como a la gobernabilidad del sistema y a las capacidades de gobierno, siendo estas
últimas lo que crecientemente concentra la atención del autor.
Hecha esta escueta presentación, veamos cómo se vincula este personaje a lo que nos
interesa desarrollar aquí. En el año 1987, Matus publica la primera edición de Adiós,
Señor Presidente, libro que comienza con una carta dirigida a “Su Excelencia”, figura en
la que se supone (aunque el texto no lo nombra) a Salvador Allende 71. Proponemos la
lectura del siguiente recorte:
Usted, señor presidente, no pudo prepararse para gobernar como el Príncipe del
Renacimiento (...) Usted supo que gobernar es una tarea dura, mucho más compleja y
de naturaleza distinta a la de ganar elecciones. Usted constató que estábamos
impreparados para gobernar (...) [Hoy] vivimos entre dos grandes confusiones que
aisladas son costosas y juntas son nefastas. La primera apunta a la crisis de las
ideologías. La segunda a la pobreza de los métodos de gobierno (...) En esta obra, señor
presidente yo me preocupo de la segunda confusión, no porque sea más importante,
sino porque tuve miedo ante la complejidad de la primera. Estoy consciente de que he
dejado de lado lo sustantivo y concentré mi atención en lo adjetivo, pero puedo
argumentar que por fallar en lo adjetivo muchas buenas y malas intenciones se van al
infierno de la ineficacia y el caos (...) Un amigo común me dijo al leer este manuscrito:
ahora quizá sé cómo gobernar, pero estoy seguro de que no sé para dónde, para qué
gobernar. Yo le respondí: eso es un gran avance; antes estabas demasiado seguro de

71

Una versión ampliada del mismo libro será publicada en los años noventa, ocasión en la que
sucede la entrevista de donde extrajimos el epígrafe de este trabajo.

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tu ideología y de tu proyecto y demasiado ignorante de los métodos de gobierno (Matus,
2014: 11).

Se ve cuál es el tono, el ethos (Maingueneau, 2009) que impregna aquella carta, cuál
es la escena imaginaria a la que nos convoca. Vale decir que hemos quitado otros
fragmentos que referían al “heroísmo”, el “valor” y la “lealtad” de Allende, así como al
“afecto” que inspiraba y el “gran honor” que significaron “sus enseñanzas”. Ellos
contribuyen, pues, a un ethos de profunda admiración, de quien escribe con gran afecto
pero también, como creemos que puede leerse en el fragmento anterior, con cierta
melancolía (volveremos sobre esta palabrita). El autor de este texto se proyecta como
quien –humildemente– extrae aprendizajes de una –sin embargo muy vasta–
experiencia. Nos anuncia que se ocupará de los “métodos de gobierno”, pues quienes
condujeron la Unidad Popular estaban “impreparados” para gobernar. Ahora bien,
hemos señalado en itálicas algunas marcas de polifonía que introducen otras voces en
esta carta. Allí está el fragmento en que nos dice que dejará de lado lo “sustantivo” por
el “miedo” que le provoca su “complejidad”, seguido de un pero que lo posiciona del lado
contrario: el de quien conoce la importancia de no “fallar en lo adjetivo”. Aparece también
la voz de aquél “amigo común”, que le dice que su trabajo permite entender cómo pero
no para qué gobernar. Y la voz principal responde con dureza: el amigo es “demasiado
ignorante” de los métodos.
Creemos que este recorte es suficiente para mostrar el modo en que buscamos
interrogar aquella autocrítica de la que el mismo Matus nos hablaba en el epígrafe de
este trabajo. Aquí se elabora la derrota de la Unidad Popular concentrándose en los
errores propios que, fruto del desconocimiento del “buen gobierno” –de la falta de virtú,
diríamos en el lenguaje de Maquiavelo–, resultaron demasiado costosos. Sobre la base
de esta figura, la de la autocrítica, se ha construido una narrativa72 sobre la trayectoria
de Matus que suele repetirse en sus lectores contemporáneos bajo la forma de lo yasabido, de la evidencia. Se sostiene así que sus elaboraciones en materia de
planificación son un producto de la derrota, fruto del reconocimiento de que se
subestimó el accionar de otros actores sociales y políticos en la conducción del
gobierno. Como sospechará el lector, se forja aquí la evidencia de otra verdad, que
concierne a la derrota del gobierno popular chileno: el “error” fue la desconsideración
del adversario en la propia estrategia, o bien una mala apreciación de la correlación de
fuerzas, es decir, de la relación entre la fuerza propia y la del adversario. Veremos en
nuestro próximo apartado que hubo otras lecturas que difieren considerablemente de
esta que aquí se nos presenta como la única posible –“repitiendo lo que todo el mundo
sabe, hace posible callar lo que cada uno escucha sin confesarlo” (Pêcheux, 1986: 8).
Ahora bien, volviendo a la carta, notamos que suele descuidarse la presencia en ella de
las marcas de polifonía a las que ya nos referimos: aquella advertencia sobre una “crisis
de las ideologías” que resultaba, al menos en una de las voces, “sustantiva”. Bien
podríamos ubicar allí otros fragmentos que no incluimos en nuestra cita –ya bastante
extensa–, referidos al “dramático cambio que han sufrido el mundo y las ideologías”, a
la falta de “norte y conductores” para “el pueblo humilde”, puesto que “parece que las
ideologías están muertas”. Pero, como podrá imaginarse a esta altura, este cambio no
siempre tiene, en la misma carta, una valoración negativa: “quedaron atrás las religiones
políticas y el fanatismo de la Guerra Fría (...) la revolución democrática y pacífica que
necesitan nuestros países puede ahora ser valorada por sus propias razones,

72

Nos referimos a la captura selectiva de eventos en una temporalidad secuencial para la
construcción causal de una cierta trama, en el sentido propuesto por el llamado “giro narrativo”
en la historia intelectual. Desde esta perspectiva, se olvida que la narrativa resulta un producto
imaginario del texto mismo al que se supone que ella explica (Grondona, 2016).

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desmarcada de los signos polares del mundo dominante del pasado”. Otra vez, la voz
principal que vuelve como reprendiendo a aquella que se asoma con más dificultad.
¿Qué decir del vaivén en el sugerente título del libro: Adiós, Señor Presidente? Matus
convoca a Allende en un tiempo en que no pocos querrían olvidarlo, pero sin embargo...
¡le dice adiós! Esta despedida suena familiar: rest, rest, perturbèd spirit. Pedido de
Hamlet al espectro de su padre: descansa, descansa, espíritu perturbado. Eduardo
Rinesi (2019) se detiene en este pedido del príncipe y juega, también, con la familiaridad
entre rest y resto, entre el descanso (rest, en inglés) y los restos que son llamados a
descansar. Hay entonces una disposición en Matus a nombrar lo que, movedizo, se
resiste a restar. Pero, al mismo tiempo, ese Señor Presidente está precedido por un
“adiós” que parece querer que el espectro se retire –“¡Que se quede ahí y no se mueva
ya!” (Derrida, 1995: 23)–. Adiós, Señor Presidente, descanse. Comenzaremos ahora a
desarrollar los métodos de gobierno, ¡ojalá los hubiéramos tenido en el pasado! Ponerlo
así puede parecer impiadoso y, en cierto sentido, lo es. Pero no estamos tratando de
impartir juicios sino de mostrar con claridad una ambivalencia. El ex-ministro de la
Unidad Popular conjura a Allende, lo convoca a conversar. Y el Señor Presidente lo
asedia, lo perturba, marcando la polifonía que impregna aquella carta.
Lejos de concentrarnos únicamente en lo que la voz principal quiere decirnos, aquí nos
preguntamos por esas marcas textuales de polifonía. ¿No son ellas síntomas de que
hay algo más sucediendo en este texto, más allá de las intenciones manifiestas del
autor? Es preciso notar que es bajo esta misma forma polifónica que funciona el
mecanismo ideológico de renegación, bajo la lógica de “ya lo sé, pero aún así” (Grüner,
2021). Sé que estoy dejando de lado lo “sustantivo”, dice Matus, pero aún así...
Renegación de aquello que es capturado, arrojado a un costado, siempre fuera de la
voz principal, siempre antes del pero. Ya nos decía Michel Pêcheux que la eficacia de
la ideología tiene su base en las estructuras de la lengua. En este caso, es sobre el pero
que se monta el funcionamiento de la renegación. Sobre la base lingüística se erige el
proceso discursivo y, más precisamente, la forma metonímica de articulación discursiva
que Pêcheux (2017) denomina efecto de sostén, uno de los mecanismos por los cuales
opera el exterior constitutivo del discurso. Aquí encontramos una pista de algo que
podría interesarnos.
Como observa Octave Mannoni (1990: 12), es precisamente por el ya lo sé que luego
encontramos al pero aún así: “no hay fetiche, por ejemplo, sino porque el fetichista ya
sabe que las mujeres no tienen falo”. En esto, la Verleugnung (renegación) difiere de la
negación. El ya lo sé no está reprimido, no es el clásico “saber no sabido”, se trata de
otra cosa: de un repudio, de una desmentida. El fetichista borra el recuerdo de la
experiencia que le prueba que las mujeres no tienen falo, pero conserva el fetiche; por
lo tanto, esa experiencia no se borra en realidad sino que deja una marca indeleble.
Leída por Eduardo Grüner (2010), esta lógica fetichista es el mecanismo ideológico par
excellence: la sustitución del todo por la parte. Un discurso que se presenta como
totalidad completa, desconociendo su parte oscura, su parte renegada y, por tanto,
desconociendo el proceso de producción del cual él mismo resulta presentándose como
el todo. Siguiendo esta pista, podríamos pensar que lo que en Matus leemos antes del
pero, esa otra voz que advierte acerca de la “crisis de las ideologías”, que observa cierto
exceso en “lo adjetivo” en desmedro del sustantivo para qué gobernar, esa otra voz es
la que está siendo renegada, desmentida, repudiada.
Pero entonces, ¿ya podemos dar por encontrada esa parte oscura? Claro que no. Gran
favor le haríamos a este mecanismo si nos quedáramos con un texto, con un autor
(Aguilar et al., 2014). Al contrario, porque la parte es un exterior constitutivo que está al
mismo tiempo reconocido y desconocido, es preciso entonces ir a buscar por fuera de
la unidad del texto, si es que queremos encontrar algo que se precie. Resulta que –¡he

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aquí la sorpresa de la que hablábamos al comienzo!– ese exterior, como zona del
archivo en la que fuera posible encontrar rastros de la parte maldita, puede hilvanarse
con buena parte los textos ofrecidos por el Programa de Estudios Críticos.

Relumbres en un instante de peligro

¿Por qué, entonces, el golpe? Porque sólo él permitiría zanjar la crisis
del sistema de dominación en beneficio del gran capital nacional y
extranjero.
Ruy Mauro Marini

Estimo que [en] el exagerado “sentimiento de culpa” que muchos autores
chilenos de izquierda han mostrado al hacer una recolección de los
“errores” de la Unidad Popular, exageran la perspectiva de su incidencia
en el desenlace final.
Gonzalo Martner

En un texto escrito en diciembre de 1972, cuando los aires de primavera se retiraban y
el destino de la Unidad Popular comenzaba a oscurecerse, Norbert Lechner (2007: 196)
señalaba la ausencia de una teoría del Derecho y del Estado que permitiera arrojar luz
sobre el proceso chileno. Allí, el autor observaba que los éxitos económicos del
programa llevado adelante por Pedro Vuskovic no se habían traducido en éxito político,
lo que arrojaba dos tareas complementarias: la tarea teórica de repensar la relación
economía/política en los procesos de transición y la tarea política de construir una
potente movilización de masas. En esta difícil encrucijada, el proyecto estaba asediado
por dos peligros. Por un lado, el “oportunismo de la ultraizquierda”, que confundía
“interés de clase con política de partido” y planteaba “un antagonismo falso (porque no
mediado) entre las masas y el aparato estatal”. Por el otro, el tecnocratismo que,
relegando a un plano secundario la lucha de clases, se apoyaba sobre aparato jurídicoestatal, descuidando la organización popular. Esta perspectiva perdía de vista el
carácter necesariamente conflictivo del proceso de transición, homologando la “vía
legal” a una “vía pacífica”. Por el contrario, era necesario torcer esa legalidad y forjar
“una conciencia jurídica de clase que arrebate a los mandarines el monopolio ético de
‘lo justo’” (Lechner, 2007: 207). Para ello, el Estado y el Derecho no debían ser
entendidos como meros instrumentos que podrían ponerse al servicio de una u otra
clase a gusto e piacere, sino como mediaciones que debían ser transformadas para la
consolidación del proceso revolucionario. Lo que parecía estar sucediendo en Chile en
el momento en que Lechner escribe era lo contrario: “apoyándose en el aparato estatal
y el sistema jurídico vigentes, las organizaciones populares despolitizan la lucha de
masas y, a la inversa, la desmovilización de las masas refuerza la estructura jurídicoinstitucional existente” (Lechner, 2007: 206).
Una cuestión similar señalaría Ruy Mauro Marini pocos meses antes de producirse el
golpe militar: la legitimidad del gobierno no debía basarse en la legalidad burguesa, sino
en la organización masiva del pueblo. Aunque su concepción acerca del Estado tiende
más bien a homologarlo a un instrumento, a diferencia de la lectura más refinada de
Lechner (Tzeiman, 2021), Marini coincide en señalar que es en el terreno político donde

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juega la suerte de la Unidad Popular: “el parámetro para evaluar la acción del actual
gobierno no es la construcción del socialismo, sino más bien la conquista del poder
político” (Marini, 1973: 85). Contrario a ello, la conducción se orientaba hacia la
búsqueda de apoyos en las clases medias y en las Fuerzas Armadas desde el
compromiso con la institucionalidad vigente. Cabe destacar en este punto que Marini
sería especialmente crítico de la política económica aplicada por el mismo Carlos Matus,
que por recostarse en mecanismos de mercado expresaba, desde el punto de vista de
Marini, una “perspectiva tecnocrática” (Marini y Sepúlveda, 1973: 115). Un año más
tarde ya producido el golpe militar, reitera esta crítica a Matus (Marini, 1974a). Asimismo,
en este último artículo Marini presenta la tesis de la existencia de dos estrategias en el
proceso chileno, que no se relacionaban con la determinación del enemigo sino con la
del bloque revolucionario, sus alianzas y mecanismos de control de masas. El “problema
de fondo” era entonces “¿cómo se logra y cómo se mide una correlación favorable de
fuerzas?” (Marini, 1974a: 42). Su posición es clara: fue la victoria de una estrategia
proclive a las concesiones, más bien tendiente al reformismo 73, lo que debilitó al
gobierno. Así, en la puja por la conducción de la Unidad Popular fue la estrategia proclive
a la moderación la que resultó victoriosa. No obstante esta debilidad, en la visión de
Marini el golpe militar no se explica tanto por ello sino, como señala en la cita que
elegimos para el epígrafe de este apartado (Marini, 1974a: 38), por la acción decisiva
del gran capital nacional y extranjero para zanjar la crisis en su favor por medio de la
fuerza militar.
Mientras que para Marini el problema consistió en que el gobierno se recostó en el
Estado en vez de procurar su destrucción, Lechner plantea que esa destrucción no
podría realizarse sino por medio de una transformación. En un sentido similar, René
Zavaleta Mercado (1986) diría que la destrucción del Estado no implica la destrucción
del aparato, sino de “la ideología del Estado, o grado hegemónico”, es decir, “un
reemplazo ideológico”, cuestión que –observa– no ocurrió en Chile. En cualquier caso,
estos diagnósticos coinciden en señalar que el elemento decisivo estuvo en el nivel de
la batalla político-ideológica. A ellos podríamos sumar la lectura de Agustín Cueva
(1979a), quien indica que el aislamiento del enemigo en el plano económico era
insuficiente para consolidar la victoria y que se necesitaba avanzar en el plano político
sin recostarse en la institucionalidad vigente: “lo esencial del problema nunca se ubicó
a nivel de las reglas formales de juego, sino en la correlación de fuerzas (estructura de
poder) de la que el tejido institucional existente no era más que una expresión
superestructural” (Cueva, 1979a: 109). Puesto que las instituciones están atravesadas
por la lucha de clases, era preciso abandonar las “ilusiones legalistas” y comprender
cuál es el “problema fundamental: el del poder” (Cueva, 1979a: 117). En este sentido,
los errores de la conducción tenían que ver con una subestimación de la importancia de
la lucha ideológica, la organización y movilización de masas. A su vez, por izquierda
amenazaba el “ultraizquierdismo”, cuyo problema era haber sostenido una equivocada
caracterización del gobierno “cuando ya se necesitaba ser ciego para no ver (aunque
sólo fuese por las reacciones del enemigo) qué intereses de clase representaba el
gobierno de Allende” (Cueva, 1979a: 124). No había duda para Cueva de que el
gobierno avanzaba en dirección hacia la construcción del socialismo, cuestión advertida
por la propia burguesía y el imperialismo. El problema entonces era cómo torcer la
correlación de fuerzas en favor de las clases populares.
Por último, vale incorporar aquí la reflexión de otros altos funcionarios del gobierno,
compañeros de Matus desde los tiempos de CEPAL. Un año después del golpe militar,
el ex-ministro de economía Pedro Vuskovic advierte que el Programa económico de la
Unidad Popular “estaba llamado a desenvolverse en los marcos de una lucha política
73

Esta cuestión fue debatida por el autor en otro trabajo (Marini, 1974b).

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cada vez más aguda” y que su derrota “no puede interpretarse como prueba de que el
proyecto político y el programa de la Unidad Popular no fuesen viables” (Vuskovic, 1974:
153-154). Desde su punto de vista, al afectar poderosos intereses económicos era
necesario también doblegar el poder político de quienes sustentan dichos intereses. A
su vez, la agudización de la lucha de clases volvía difusos los límites entre política y
economía, o más bien, ponía la primera al frente de la segunda: “la economía se
constituye entonces, ante todo, en otro escenario de la lucha política” (Vuskovic y
Aceituno, 1982: 12). Así, la “transición al socialismo” se caracterizaba por un predominio
de las “motivaciones políticas” por sobre la “decisión económica”. Por un lado, porque
la burguesía tendía a unificarse en una contraofensiva que operaba a través del sabotaje
del mismo campo económico con fines a políticos74. Por otro lado, porque el apoyo
popular no se obtendría únicamente con “estímulos materiales” sino también con
“incentivos morales”. En otras palabras: no alcanzaba con favorecer el consumo sino
que este debía estar acompañado de una intensa lucha ideológica, participación y
política de masas. Por supuesto, esta necesidad no siempre era “compatible” en
contribuir a la “política de alianzas”. A su vez, se requería gran sensibilidad y decisión
política para entender hasta dónde y a qué velocidad podía avanzarse en el terreno
económico sin que peligre la consolidación de poder político. Esa relación no podía
tomarse en modo alguno como algo dado, sino que era un problema a descifrar:
En una apreciación superficial, pareciera obvia la vigencia de una relación lineal y directa:
mientras más débil la situación de poder político, más pausada y cautelosa la velocidad
que se imprima a las transformaciones, de modo que se gane el tiempo necesario para
“acumular fuerzas” antes de emprender nuevos avances. Pero hay que reconocer
también una lógica en la proposición contraria: la propia debilidad de la situación de
poder político obliga a un avance rápido y continuo, que ayude a mejorar la correlación
de fuerzas con ese doble efecto de ganar respaldo político y debilitar la sustentación
económica de las fuerzas adversas (Vuskovic y Aceituno, 1982: 25-26).

De alguna manera, quedan allí ilustradas las dos estrategias de las que nos hablaba
Marini, que podríamos sintetizar en dos consignas: frenar y consolidar o avanzar sin
tranzar. Enhebrado con ellas, el problema de la relación entre economía y política.
Vuskovic no parece tomar partido por una u otra, pero tiene la virtud de señalar que esa
elección nada tiene de evidente, sino que constituye una decisión política a evaluar en
cada coyuntura. Por su parte, el ex-ministro de planificación Gonzalo Martner, recoge
estas preocupaciones en un texto publicado promediando la década del ochenta.
Exiliado en Austria, compara lo sucedido en el gobierno de la Unidad Popular con el
caso del país que lo acogía:
El problema de la velocidad de la transición seguirá siendo debatido. Algunos han dicho
que el principal error de Allende fue “ir muy rápidamente”, es decir que su gobierno actuó
con gran velocidad e hirió intereses externos (empresas transnacionales) y también
internos (reforma agraria, estratificaciones, etcétera). Al escribir este artículo en Viena
he tenido la oportunidad de realizar comparaciones. El gobierno de Karl Renner y los
socialistas “no anduvieron rápidamente”; se demoraron muchos años introduciendo
reformas graduales; no pudieron ni aún así conquistar a las “clases medias” las cuales
se plegaron a la burguesía y el país enfrentó la guerra civil en 1934 y la incertidumbre
hasta 1938 (Martner, 1984: 798).

74

Este es un aspecto que también Agustín Cueva y Ruy Mauro Marini señalan como decisivo,
que arrastra además a las capas medias: “la lucha por la apropiación del producto se desplazó
así a las tiendas y mercados, enfrentando diariamente la pequeña burguesía a las masas del
pueblo, en la disputa del pan, el calzado o los cerillos” (Marini, 1974c: 288). Puede apreciarse
una clara ilustración del mismo asunto en el documental de Patricio Guzmán, La batalla de Chile.

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Así, el avance gradual que buscaba el austromarxismo no lo dejó a salvo de la derrota.
Por otra parte, aunque se posiciona a sí mismo en el “ala gradualista”, Martner coincide
con Marini en sus críticas a la política económica desplegada por Matus. Su artículo
incluye una anécdota en la que, durante una reunión con Allende, él y Matus discutieron
acerca de la política económica, de la cual tuvo que retirarse derrotado y “con sabor
amargo”. Curiosamente, Martner y Vuskovic suelen ser presentados como exponentes
de la vertiente más decidida a avanzar con las transformaciones en el terreno
económico. El esfuerzo del primero en este artículo es, contrario a ello, demostrar que
la estrategia había sido “gradualista” desde el comienzo. Su caracterización es, en este
punto, bien distinta a la de Marini. No obstante, Martner no vacila en señalar como
equivocada la posición que responsabiliza a la izquierda por el golpe o exagera el peso
de los errores en el desenlace final: “la derrota de la experiencia chilena fue
esencialmente provocada por sus enemigos de fuera y de dentro del país” (Martner,
1984: 802-803).
Las reflexiones que consideramos en esta sección abarcan un período que va desde
1972 con Marini hasta mediados de los años ochenta con Martner. Precisemos ahora
qué es lo que nos interesa rescatar de ellas. En primer lugar, resulta clara la referencia
en todos los textos a lo que en palabras de Marini se nombra como dos estrategias: una
más proclive a avances graduales, a realizar concesiones y recostarse en la
institucionalidad vigente; otra más decidida al enfrentamiento abierto y la transformación
del Estado a partir de la movilización de masas. Sea para lograr un acercamiento a los
sectores medios y la Democracia Cristiana, o bien una potente organización de masas
bajo la hegemonía proletaria, los diagnósticos coinciden en que la suerte del gobierno
se jugaba en el terreno político-ideológico. No obstante, en este cuerpo de materiales
es claro que los errores propios no se ponderan por sobre la acción decidida del enemigo
en la consecución de la derrota, como lo muestran los epígrafes que elegimos para esta
sección (Marini, 1974a: 38 y 42; Martner, 1984: 794). Al contrario, se enfatiza la
estrategia del gran capital de utilizar el sabotaje económico para arrastrar tras de sí a
las clases medias, estrategia que profundizan –vale agregar– a través de su expresión
política, con una serie de infructuosos intentos por voltear al gobierno utilizando la
institucionalidad vigente en lo que Cueva calificaría como una “grotesca comedia”
(Cueva, 1979a:137) dirigida directamente al poder militar. Por último, atravesando todas
estas consideraciones, encontramos un problema teórico: el de pensar las relaciones
entre política y economía en los procesos de transición al socialismo. A esto último nos
abocaremos en la próxima sección.

Restos de/en la derrota: un legado teórico renegado

Pensar a partir de la derrota implica no sólo revisar las interpretaciones
que nos hicimos de nuestras historias, sino también los conceptos con
los cuales imaginamos nuestros futuros.
Norbert Lechner

No hay otra revolución que no sea la transmisión de un resto.
Horacio González

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Pocos años después del golpe, Lechner avanzaría sobre un programa teórico que
permitiera entender la naturaleza del Estado en relación con el proceso capitalista de
producción75. Concibiendo al Estado como forma, abstracción general o mediación,
intenta despejar la noción que lo identifica a un garante principalmente coercitivo y lo
propone como instancia organizadora del sentido del orden:
El Estado burgués aparece como “lógicamente posterior” a las relaciones capitalistas de
producción, como un garante externo del modo de producción capitalista. Ello implica no
reconocer el proceso social como una totalidad. De ahí que se estudie el Estado como
un poder autónomo que “interviene” en la esfera económica y no como un momento coconstitutivo de las relaciones capitalistas de producción. Olvidando que las condiciones
materiales de producción son a la vez las condiciones sociales de vida, se restringe el
capitalismo (y el socialismo) a la estructura económica (Lechner, 2012: 360, énfasis
nuestro).

A continuación, retoma con otros nombres un problema que ya planteaba en el texto de
1972: la consecuencia política de concebir al Estado como exterior “se traduce en una
oscilación oportunista entre un realismo (economicista) aferrado a la ‘intervención
estatal’ y una utopía (voluntarista) de la extinción del Estado”. Así, un problema teórico
en la comprensión de la relación economía/política era el correlato de un problema
político, que a su vez alimentaba: la división especular en dos estrategias que privilegian
uno u otro polo de dicha unidad. En este punto, la mirada de Lechner resulta quizá la
más sagaz de las que venimos invocando, puesto que él, antes que ubicarse a uno u
otro lado de la división, procura pensar justo en el punto ciego que ella expresa, desde
el problema que plantea.
En la cita previa, destacamos en itálicas las metáforas con que el autor intenta pensar
la totalidad de modo tal que sus esferas no resultan exteriores/anteriores unas de otras.
Así, la política no puede ser subsumida bajo la economía sino que, por el contrario, las
esferas son co-constitutivas. Sus reflexiones se asemejan a las que pocos años antes
producía Louis Althusser (2015), señalando la necesidad de revisar la tópica materialista
de modo que la unidad resulte un problema a ser pensado76. Asimismo, encontramos
una resonancia entre este modo de pensar la totalidad y las reflexiones de René
Zavaleta Mercado:
...la falacia de suponer que la economía existe antes y la superestructura después o, al
menos, que una y otra existen por separado, aunque la una determinada por la otra (...)
Pero la simultaneidad de la base y la superestructura es el hecho central del
conocimiento social (porque en el capitalismo no existe una parte desintegrada de la otra,
así como los individuos no pueden existir para sí mismos), o sea que la sociedad existe
aquí como una totalidad orgánica (Zavaleta Mercado, 2009: 80, énfasis nuestro).
La aparición del Estado es con todo a lo Jano porque es el único que comparte la
internidad de la sociedad y es a la vez la externidad a ella (...) La manera abigarrada que
tienen las cosas al entrelazarse propone por sí misma el concepto de ecuación social o
sistema político, que es una de las acepciones que daba Gramsci al bloque histórico: el
grado en que la sociedad existe hacia el Estado y lo inverso, pero también las formas de
su separación o extrañamiento (Zavaleta Mercado, 2009: 84-86, énfasis nuestro).

75

Un análisis pormenorizado de esta reflexión, junto con otras que aquí apenas reseñamos,
puede encontrarse en los trabajos de Cortés (2012) y Tzeiman (2021).
76
Como ha señalado Natalia Romé (2015), no se trata de una pregunta tardía en Althusser, sino
que ella se encuentra también en sus trabajos clásicos, más precisamente, en los conceptos de
sobredeterminación y causalidad estructural.

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Internidad y externidad, modos abigarrados de entrelazarse, de entrecruzarse, intentos
por pensar la complejidad de una tópica que no responde a la espacialidad simple del
“círculo” dibujado en un papel77. Por último, observamos un planteo similar en otro texto
que no resulta tan sencillo constelar con los anteriores, dado que se sitúa en otra serie
de discusiones (que, por razones de espacio, no vamos a reponer). Aclarado este punto,
tomemos lo que nos dice a continuación Agustín Cueva:
Hay, pues, un problema en el tratamiento de la relación externo-interno que, a nuestro
juicio, no ha sido adecuadamente resuelto por la teoría de la dependencia. De hecho,
ésta parece oscilar entre una práctica en la que la determinación ocurre siempre en
sentido único (lo que sucede en el país dependiente es el resultado mecánico de lo que
ocurre en la metrópoli) y una “solución” teórica que es estrictamente sofística y no
dialéctica: no hay, se dice, diferencia alguna entre lo externo y lo interno, puesto que el
colonialismo y el imperialismo actúan dentro del país colonizado o dependiente. Esto
último es cierto ya que de otro modo se trataría de elementos no pertinentes, ajenos
simplemente al objeto de estudio; pero hay un sofisma en la medida en que de esa
premisa verdadera se derive una conclusión que ya no lo es: ese “estar adentro” no anula
la dimensión externa del colonialismo o el imperialismo, sino más bien la plantea en toda
su tirantez (Cueva, 1979b: 33, énfasis nuestro).

El problema que está intentando pensar Cueva en esta oportunidad no es el de la
relación base/superestructura (o sociedad/Estado, o economía/política, como quiera
nombrársela), sino la relación centro/periferia. Pero en cierto sentido se trata de un
mismo problema: pensar la totalidad en tanto unidad determinada y la relación entre sus
instancias, es decir, pensar la tópica alejándose de la determinación simple, del sentido
único o mecánico. En los trabajos de Pêcheux este problema remite a la reproduccióntransformación del modo de producción y se articula con el término décalage, también
presente en textos de Althusser y Balibar, que puede traducirse como ruptura, desajuste,
diferencia, distancia o desplazamiento. Como observa Mara Glozman (2020b), el mismo
puede referir tanto a la relación entre los distintos niveles estructurales de una formación
económico-social como a una relación entre dos discursos. En ambos casos, remite a
una brecha cualitativa y desigual entre elementos, a una jerarquía o dominancia. El
décalage funciona entonces como refiriendo a una dis-locación del espacio; podríamos
decir, como un intento por desimaginarizar la representación más bien intuitiva con que
tendemos a pensar las esferas y sus relaciones. En este sentido, los autores que
venimos conjurando están pensando un mismo y único problema, haciendo abstracción
de cuál sea específicamente la relación a propósito de la cual se piense dicho problema
(economía/política, centro/periferia, ciencia/ideología, etc.) Ahora bien, lo importante es
que ello sólo puede ser un problema si nos encontramos dentro de una problemática
con vocación de pensar la totalidad. Y de pensarla, además, en forma determinada,
jerarquizada.
Curiosamente, este asunto es abordado por Matus en Planificación de situaciones, libro
que comenzó con una serie de borradores escritos durante el confinamiento en isla
Dawson y Ritoque. Si al comienzo de nuestro trabajo decíamos que deberíamos volver
sobre aquella afirmación que alejaba a Matus del marxismo, se verá a la brevedad por
qué:

77

La referencia es de un trabajo clásico de Althusser (2011), en el que la dialéctica hegeliana es
presentada como “círculo de círculos”, respondiendo a una espacialidad de carácter simple. En
trabajos recientes (vgr. XIV Jornadas de Sociología UBA 2021), hemos abordado esta reflexión
de Althusser desde los intentos de Lacan por pensar la tópica del inconsciente valiéndose de la
topología matemática.

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La situación constituye una unidad o totalidad compleja y no un simple conjunto de
elementos, porque las determinaciones estructurales son desiguales, una es la
determinante y cohesionadora de las otras; a su vez, la genosituación es inconcebible
sin la fenosituación, es su modo de existir y sin él, la genosituación tampoco sería una
realidad (...) La eficacia de las estructuras está referida al acontecer fenosituacional y la
eficacia de la acción fenosituacional está referida a la cohesión de las estructuras.
Ninguna contradicción puede pasar de latente a activa (por fuertes que sean las
contradicciones) sin la acción fenosituacional, sin la lucha política. La contradicción no
puede trascender la fenosituación, o sea expresar su existencia en la intensidad y
carácter correspondientes, sin la lucha política (Matus, 1980; 132-34, énfasis original).

Traduciremos al lector lo que parece escrito en un lenguaje un tanto encriptado. Matus
denomina genosituación a la base económica y fenosituación a la superestructura
jurídico-política e ideológica. Ambas configuran la situación que, como la cita anterior
deja entrever, el autor intenta pensar a partir de las lecturas althusserianas de Mao y
Lenin, cita explícita en el trabajo. Así pues, lejos de ser un “puro fenómeno”, la
superestructura es el modo de existir de la base económica y refiere a su unidad. Por
último, para que la contradicción en la base pueda expresarse al nivel de la totalidad, es
imprescindible la lucha política.
Aunque nos gustaría extendernos en estos desarrollos de Matus, no es el propósito de
este trabajo. Los mencionamos para observar que en este librito escrito en prisión y
publicado en 1980 relumbran cuestiones que contradicen en gran medida la narrativa
construida en su nombre (y por él mismo). En Planificación de situaciones, los esfuerzos
se dirigen a conceptualizar la totalidad, precisando cuáles “zonas” serán las decisivas
en los períodos de transición, especialmente en el de transición al socialismo. De hecho,
el objetivo manifiesto del libro es elaborar “una teoría general de la acción política de
clases” (Matus, 1980: 19), cuestión que rara vez encontramos advertida en sus lecturas
contemporáneas. El Matus de Teoría del juego social, publicado póstumamente,
reemplaza aquél objetivo por la elaboración de una “teoría de la práctica social” o “de la
producción en el juego social” (Matus, 2007: 29 y 31). En este último, también nos habla
de genosituación y fenosituación, pero ahora la primera remite al conjunto de “normas
de constitución y convivencia social” (Matus, 2007: 250). En adelante, la situación será
conceptualizada como un espacio social plural en el que conviven conflictivamente una
multiplicidad de actores. Matiz...
En los inicios del Programa de Estudios Críticos, el profesor Martín Cortés nos propuso
la lectura de un intercambio ocurrido en 1983 entre Oscar Terán y José Sazbón en la
revista Punto de vista. Comenzaba con un artículo en el que Terán condenaba la
“inoperancia” del concepto marxista de “determinación en última instancia por la
economía” y celebraba “la apertura al pluralismo de las determinaciones múltiples”
(Terán, 1983: 46). En su título resuena otro, que en nuestro trabajo funciona como
pretexto o punto de partida: “¿Adiós a la última instancia?”. Así se articula en esta
oportunidad el adiós, el rest, rest, el llamado al descanso. En su réplica, Sazbón advierte
que el autor de la despedida pone a la “última instancia” en un “lugar común demodé y
contaminante” para anunciar su destierro. La fórmula de Engels, que marcaba una
dirección y al mismo tiempo designaba un problema, es reemplazada por el “espejismo
de las génesis dispersas” que, “al cerrar el paso a toda recomposición unitaria en el
plano de la teoría, impide iluminar también, en el campo político, la convergencia de las
iniciativas revolucionarias en el punto de mayor resistencia” (Sazbón, 1983: 37). Al
arrojarla al lugar de los desechos, junto con el marxismo in toto, Terán destierra tanto al
principio de inteligibilidad política que ella supone como a la búsqueda teórica por pensar
la totalidad y su reproducción-transformación.
En el fragmento que seleccionamos para el epígrafe de esta sección, Lechner nos
convoca a revisar el modo en que nos contamos el pasado y repensar los conceptos

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con los cuales imaginamos el futuro (Lechner, 1985: 303). Así pues, en los albores de
la derrota, no pocos intentaron pensar una vez más la relación entre política y economía,
siempre bajo la inscripción marxista o, en otros términos, siempre dentro de la línea de
demarcación que indicaba la fórmula de “la última instancia”. Pero estas valiosas
lecciones fueron devoradas, soterradas, renegadas, en pos de otros modos más
“plurales” de comprender la realidad, cuyo eclecticismo teórico y graves consecuencias
políticas Sazbón advertía agudamente. De este modo, la transmisión del resto de la
revolución, de sus hechos resonantes (González, 2006a: 123), del echarpe inconcluso
que necesitamos pasar de mano en mano (González, 2021: 338), queda trunca. Tales
son los alcances de la derrota: el abandono del cuerpo teórico marxista (incluida su
vertiente dependentista, Giller, 2020), pero también el abandono del socialismo como
horizonte político. Se impone entonces una única visión de la derrota, una sola forma de
leerla e interrogarla.

Adiós al futuro: autocrítica y temporalidad

La autocrítica es instrumental: se la hace para reubicarse en el mundo.
No necesita reconocer palabras: basta con declarar que ahora se piensa
otra cosa.
Héctor Schmucler

Obediente a las consecuencias de las acciones, la autocrítica puede
desmerecer su defendible e indispensable programa de ajustar las ideas
al mundo efectivo, en nombre de cierto ritualismo adaptacionista que la
acompaña.
Horacio González

Decíamos al comienzo que hacia los años ochenta se forja una lectura de la derrota que
se concentra en los errores cometidos. Más precisamente, que señala la
desconsideración de las capacidades del adversario y la sobrevaluación de la fuerza
propia. En el caso de Matus, esa mirada se deja leer en diferentes escritos y, muy
especialmente, en Adiós, Señor Presidente. Ahora bien, este modo de entender la
derrota arroja una pregunta acerca de “la viabilidad de la vía chilena”, según las palabras
de Moulian (1998: 74). En otros términos, el interrogante que organiza estas lecturas
puede plantearse así: ¿pudo haberse evitado este desenlace? Pregunta marcada por el
deseo imposible de volver el tiempo atrás, al momento anterior de lo que, una vez
acontecido, parece demasiado determinado, demasiado necesario como para poder ser
evitado. “No obstante, no lo era mientras no ocurría”, dice Horacio González (2012a: 67)
a propósito de otra tragedia78. En tal sentido se orientan las reflexiones bajo el signo de
la autocrítica. Ello conduce a una segunda pregunta, atada a la anterior: ¿era viable
nuestro proyecto? Así la expresa otro ex-ministro de la Unidad Popular:
78

En un texto bien coyuntural pero no falto de reflexiones más profundas, como casi todo lo
escrito por González, el ensayista reflexiona sobre el asesinato del joven militante Mariano
Ferreyra en el año 2010. El lenguaje de la tragedia, dice, es precisamente el de los puntos ciegos
que sólo después de acontecidos se tornan determinados.

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¿Era absolutamente necesario que las cosas ocurrieran como ocurrieron y que por lo
tanto, en todo caso se iba a producir un golpe militar victorioso? Si la respuesta fuera
afirmativa, ello significaría que el proyecto político de la Unidad Popular era
esencialmente inviable y que por lo tanto, cualquiera que hubiera sido la conducta del
gobierno, su destino y su derrota estaban ya sellados de antemano. Si la respuesta fuese
negativa (...) esa respuesta requiere decir que el proyecto político de la Unidad Popular
era en realidad viable (Almeyda, 1978: 288).

Elegimos la cita anterior porque ella nos permite ver la encerrona a la que conduce la
pregunta trágica, orientada al pasado: si no se podía evitar, entonces el proyecto era
inviable; si se podía evitar, entonces era posible lo que soñamos y sólo basta revisar los
errores. La viabilidad del proyecto queda supeditada a lo ya acontecido. Se trata de un
desplazamiento al menos curioso, puesto que pocos años antes el término viabilidad no
se dirigía al pasado sino al futuro: allí están los esfuerzos de Oscar Varsavsky (1971),
así como los plasmados en el Modelo Mundial Latinoamericano (Herrera et. al, 2004),
para probar la viabilidad de un “estilo de desarrollo” alternativo al impuesto por los países
centrales, en el que las necesidades físicas, sociales, culturales y espirituales estuvieran
resueltas. El mismo Matus (1972) participó en aquellos debates de los años sesenta y
setenta, interrogando especialmente el problema de la viabilidad política, es decir, el
asunto de lidiar con los apoyos y resistencias que todo proyecto encuentra en su
realización. Pero, en aquellos debates, la pregunta se dirigía al futuro y, por lo tanto, la
viabilidad era un asunto a construir. Después de la derrota, en cambio, ella se dirige al
pasado: ¿era viable la “vía chilena”? Para Clodomiro Almeyda, lo era: el desenlace pudo
haberse evitado si se hubiera librado una fuerte batalla ideológica al interior de las
Fuerzas Armadas. Tal es, desde su punto de vista, el error. Pero debemos señalar que
en su lectura la pregunta trágica se anuda a la posibilidad de retomar el camino de cara
al futuro, lo que la emparenta en cierta forma con aquellas de Lechner, Marini, Zavaleta
y Cueva que presentamos más arriba. Había en ellas un intento por reflexionar sobre
los errores, pero esa pregunta se orientaba también al futuro, al interrogante por cómo
retomar el camino. Esto es lo que ya no sucede en el concierto de autocríticas que
sonará después: allí, el adiós al pasado es también un adiós al futuro.
No se nos escapa que aquello que englobamos bajo el nombre de la autocrítica
reconoce una serie de problemas que también estaban en los restos cuya transmisión
nos ha sido negada. Así, por ejemplo, el texto de Moulian advierte la presencia de dos
estrategias opuestas al interior de la Unidad Popular: una más proclive a las
concesiones y otra más decidida a avanzar. Su tesis, contraria a la de Marini y cía., es
que la negativa del ala más radicalizada a negociar el proyecto condujo al gobierno a la
inmovilidad. Para vencer a la misma, la vertiente más proclive a la negociación tendría
que haber reprimido a sus propias fuerzas, tendría que haber sofocado al ala más dura.
Pero entonces el mismo proyecto se hubiera desvirtuado. Por eso, la experiencia de la
Unidad Popular es para Moulian una “tragedia” (Moulian, 1998: 105). Aun cuando este
autor advierte los peligros de ubicar la derrota en el lugar de una fatalidad necesaria, su
reflexión parece conducirnos en tal sentido. Es decir, él parte de aquél diagnóstico que
Marini nombraba como “dos estrategias”, pero sus conclusiones son por completo
diferentes. ¿Qué es lo que sucede?
Mientras que los trabajos que relumbran en los albores de los años ochenta se hicieron
desde una preocupación por el futuro de la revolución –es decir, sosteniendo a esta
última como futuro (Giller, 2020)–, la autocrítica se constituye plenamente en una
instancia para evaluar las razones del fracaso. De este modo, la pregunta trágica –
¿pudo haberse evitado?– tiende a ocupar el centro de la escena, desplazando toda
pregunta por el futuro. Si la ideología opera por medio de los mecanismos de

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condensación y desplazamiento, cabría observar entonces que la autocrítica reconoce
una parte del diagnóstico de los restos renegados, pero desplaza el problema al cual
ellos intentaban dar respuesta y, en su lugar, condensa todo el asunto del lado de la
virtú, de las capacidades de gobierno. De este modo, amputa a la política de su relación
con la economía, olvidando que el problema de la lucha política emergía en la
problemática marxista como instancia en la totalidad sobredeterminada. ¿Qué ganamos
con esta amputación? Teóricamente, poco y nada. ¿O alguien podría pensar que nada
tuvo que ver la determinación “en última instancia” con el Terror desplegado en toda
América Latina por oscuros poderes cívico-militares? ¿Que no hay relación entre
tamaño despliegue de fuerza y la necesidad de una nueva modalidad de acumulación
capitalista a escala internacional79? ¿Que nada tuvieron que ver la acción del
imperialismo norteamericano y el carácter dependiente de nuestras economías con todo
aquello? Nadie podría afirmar cosa semejante. ¿Por qué, entonces, renunciar a pensar
la derrota en relación con estos problemas? No estamos diciendo que sea posible
encontrar allí las respuestas a nuestras preguntas, ¡claro que no! Lo que sí sostenemos
es que es en estos restos renegados donde encontramos mejor marcada la cancha para
ensayar, a partir de ellos y no sin ellos, nuestras propias respuestas.
En una discusión a propósito de las estrategias políticas del presente, Horacio González
(2012b: 47) decía: “es un camino de cornisa, un aterrizaje de emergencia en el Río
Hudson. ¿Será posible, como decía el Eternauta”80. La tarea política: camino de cornisa.
Un paso en falso puede conducir a la caída, pero –agregamos– alejarse demasiado de
la cornisa por temor a caerse conduce a la parálisis. Tenemos entonces dos
interrogantes: ¿pudo haberse evitado?, pregunta trágica orientada a los errores del
pasado; ¿será posible?, pregunta política orientada a la construcción del futuro. El olvido
de esta última conduce a la negación de todo aquello que en política resulta imposible
de calcular. La política se obstina en no ser trágica, sostiene una causa perdida y en
esa insistencia se juega su sentido, porque la tragedia es una posibilidad siempre
latente: puede pensarse la mejor de las estrategias y, aún así, fracasar (Rinesi, 2011).
El problema de la autocrítica es que, a fin de cuentas, ella se monta sobre la confianza
en el sueño tecnocrático de que se podría haber evitado la derrota si se hubiera actuado
con una mayor virtú.
Pero entonces estamos ante una flagrante paradoja: junto a la negación tecnocrática de
lo que hay de trágico en la política, la derrota pasa a ser leída como irreversible.
Negación de lo que hay de trágico en la política, pero férrea creencia en la inevitabilidad
del destino trágico de la revolución. Esto no sucedía en los relumbres de Lechner,
Marini, Zavaleta y Cueva. Por eso, para poder levantar lo que sería edificado sobre la
derrota, encima de sus ruinas –narrativa de la autocrítica–, sería necesario silenciar todo
aquello que se produjo en y desde ella hacia fines de los años setenta y hasta los albores
de los ochenta –los restos renegados–. Cierto es que esta sepultura pudo haber sido
condición para pisar algún suelo firme en la asfixiante coyuntura que se abría de cara a
los años noventa. Esa es la otra cara del resto, la del desecho, es decir, lo que queda
del sujeto “después de que aceptó des-hacerse una parte de sí para poder seguir
tomando parte en el juego” (Rinesi, 2019: 65). Pero, desde el presente, no hay duda de
que es demasiado lo que hemos perdido con estos entierros. Se torna imprescindible,
entonces, intentar lo que Gisela Catanzaro (2021: 173) ha definido, siguiendo a Derrida,
como espectrología: un “pensamiento de la herencia mocha e imperfecta, del resto
79

Sobre este punto: Briones y Caputo (1978), Vuskovic (1974), Lechner (1982), Garretón (1986).
En esta oportunidad, la reflexión gonzaliana se refiere a la decisión de Néstor Kirchner de
recostar la construcción política en el Partido Justicialista a partir del año 2006. Mientras algunos
encontraron en ello el signo de que el kircherismo se volvería regresivo, González no deja de ver
allí una oportunidad, “un camino de cornisa”.
80

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insomne y del acuerdo secreto entre generaciones” 81. Volver a las ruinas, a los restos,
desoír el “poder exorcizante” (Schmucler, 2019: 92) de la autocrítica y escuchar lo que
los espectros tienen para decirnos82.

Pasado y presente: notas de hoy

Quien no puede imaginar el futuro tampoco puede, por lo general,
imaginar el pasado.
José Carlos Mariátegui
Oigan, está bien que hagamos una lectura crítica del pasado, pero las
derrotas siempre han formado parte de las luchas por el futuro.
Álvaro García Linera

En un ensayo reciente, Silvia Schwarzböck (2016: 23) advierte: “la postdictadura es lo
que queda de la dictadura, de 1984 hasta hoy, después de su victoria disfrazada de
derrota”. Es decir, la dictadura militar argentina parece vencida luego de la recuperación
de la democracia, pero sus efectos permanecen: la intención revolucionaria sigue
derrotada y el proyecto neoliberal sale victorioso, convirtiendo a la “vida de derecha” en
la única vida posible. Ese es el “pasado-presente” de la dictadura, todo aquello que
puede ser visto pero no pensado. Al igual que los espectros, la cuestión que plantean
los espantos es del orden de la (in)visibilidad83. La lucidez de la autora para captar
sensiblemente el color dominante de nuestra época es indiscutible, aunque nos
incomoda lo que intuimos como una especie de efecto-totalidad, de tendencia
homogeneizante en su trabajo. Marino Pacheco (2019: 71) se refiere a ello como el
“malestar” de ver reducida toda experiencia de resistencia a una caracterización epocal.
Compartimos. Quizás por eso preferimos llamar ideología dominante a lo que
Schwarzböck denomina “vidas de derecha”, apostando por hacer visible la contradicción
que asedia toda unidad de pensamiento y prácticas, por más compacta y dominante que
se muestre (Romé, 2021; Parodi y Terriles, 2021). La ideología no es un Zeitgeist o
“espíritu de los tiempos” capaz de imponerse en forma maciza a todo el cuerpo social
(Pêcheux, 2017). Nos preguntamos si una de las mayores dificultades para el
pensamiento crítico en la actualidad no es, precisamente, la de evitar este destino.
Incluso la profusa descripción de Enzo Traverso (2018), que capta la ruptura de la
dialéctica entre derrota y utopía luego de la caída del muro de Berlín, pareciera quedar
presa, por momentos, del mismo presentismo que agudamente critica. Tal vez la misma
forma de su trabajo, que apunta a recorrer una pluralidad muy diversa de materiales
81

Ello sin olvidar, claro, aún si no es el propósito de este trabajo, lo que la autora advierte:
necesitamos también un análisis espectral de las derechas, que nos permita vislumbran qué
espectros (o espantos) están conjurando ellas.
82
Años más tarde, también González (2006b: 15) calificaría la autocrítica de “recurso dúctil y a
la vez cómodo”, a propósito de la discusión sobre el “No matarás” y la carta de Oscar del Barco.
83
“El espectro, como su nombre lo indica, es la frecuencia de cierta visibilidad. Pero la visibilidad
de lo invisible. Y la visibilidad, por esencia, no se ve, por eso permanece epekeina tes ousias,
más allá del fenómeno o del ente. El espectro también es, entre otras cosas, aquello que uno
imagina, aquello que uno cree ver y que proyecta: en una pantalla imaginaria, allí donde no hay
nada que ver” (Derrida, 1995: 117).

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para ver en ellas un mismo sentimiento o estado de ánimo, la melancolía, sea lo que
contribuye a que aquél sentimiento termine operando –por momentos, insistimos– como
una suerte de causalidad expresiva84. Tomemos ahora otra lectura, más reciente y
popular. ¿No es el texto de Mark Fisher (2018) devorado, en cierta forma, por el mismo
realismo capitalista que intenta denunciar? “El capitalismo ocupa sin fisuras el horizonte
de lo pensable” (Fisher, 2018: 30), reza una de sus frases más contundentes. Quizás
es este diagnóstico lo que le infunde a su propuesta cierta pretensión creadora de
novedad: “una izquierda genuinamente novedosa”, “renovarnos sin volver a lo anterior”
(Fisher, 2018: 116 y 118). El legado en el que preferimos reconocernos desconfía de
tales celebraciones, es más bien propenso al hilvanado de las contribuciones
acumuladas, que sólo producen novedad fruto de un paciente trabajo de traducción
(Cortés, 2016). Pero volviendo al punto central: aún en los sofisticados esfuerzos de
Schwarzböck y Traverso encontramos cierta dificultad para dar cuenta del carácter
constitutivamente dividido de toda coyuntura. Se dirá que estas afirmaciones merecen
más cuidado, sabemos que así es. Arrojamos, no sin impaciencia, algo que nos inquieta.
Para pensar en qué medida esta cuestión alcanza a la discusión pública en nuestro país,
tomaremos como disparador una anécdota de actualidad. Sostenemos que en ella se
vislumbra un problema a la vez teórico y político, que excede con creces la cuestión –
también pertinente, por supuesto– de tal o cual táctica y estrategia. Veamos. Ante la
posibilidad de fractura del Frente que conduce el gobierno argentino desde 2019,
distintos referentes políticos y culturales protagonizan debates públicos en medios
gráficos y digitales. No ahondaremos en ellos, sino que tomaremos un breve diálogo
que nos parece un síntoma de la pesada carga que atraviesa la discusión. En una
entrevista radial a uno de los referentes proclive a sosegar las críticas al sector
gobernante en pos de mantener la unidad85, los periodistas interrogan:
—¿En qué momento de la historia argentina la moderación fue transformadora y la
radicalización impotente?
—En los setenta —responde el entrevistado—, la radicalización terminó en situaciones...
—se interrumpe.

¡Vaya tropiezo! En rigor, no se responde a la primera parte de la pregunta: a falta de un
ejemplo que permita elogiar la moderación, ¡se recurre a su contrario, aquél supuesto
caso en el que la radicalización condujo a la derrota! Tal es, aún hoy, la opresión de
nuestras cabezas por la narrativa de la autocrítica: esgrimiendo la derrota de los años
setenta, se sostiene la necesidad de moderación, de mesura, de prudencia en el
presente. Por todas partes se levanta la llamada “correlación de fuerzas” como límite a
la acción política, operando como algo dado, como un dato del que sólo cabe tomar nota
y resignarse a avanzar hasta donde ella lo permita86. Pero esa necesidad de prudencia
84

El autor aclara que no debe ser entendido así: la melancolía no es un atributo transhistórico,
sino un momento situado a partir de la derrota. La apuesta es a que ese mismo sentimiento logre
desplegar su sentido positivo y unir nuevamente lo que se ha cortado en la dialéctica temporal.
Pero hablamos aquí de cierto efecto de homogeneidad, no de intención, ni de sistema.
85
Al momento de escritura de este trabajo, la entrevista se encontraba disponible en Daniel
Tognetti y Adrián Murano, “Alejandro Grimson: ‘en ningún país donde hubo gobiernos populares
se triunfó sin una alianza’”, Siempre es Hoy (Buenos Aires: AM 530 - Somos Radio, el 14 de
marzo de 2022), https://ar.radiocut.fm/audiocut/alejandro-grimson-en-ningun-pais-donde-hubogobiernos-populares-se-triunfo-sin-una-alianza/
86
Se olvida así que, en Gramsci, el análisis de la relación de fuerzas no debe considerarse en y
por sí mismo, sino con referencia a una iniciativa de voluntad determinada. Por tanto, la tarea
política no es el mero cálculo de lo posible sino la formación, desarrollo y organización de la
propia fuerza: “El elemento decisivo de toda situación es la fuerza permanentemente organizada
y predispuesta desde hace mucho a la que se puede llevar adelante cuando se juzga que una

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no resulta tan evidente cuando recurrimos a los restos de aquella catastrófica derrota,
cuando nos dirigimos a sus escombros humeantes sin dejarnos obnubilar por ella,
parafraseando a Álvaro García Linera87. Así, vimos que, al menos en el caso de la
Unidad Popular, no pocos autores consideraron que fue precisamente la moderación
aquello que debilitó al gobierno y que, más allá de ello, el golpe militar no se explicó
tanto por los errores propios sino por la acción decidida de la derecha y el imperialismo.
Sin embargo, tras la renegación de este valioso legado, se forja la evidencia de que fue
el sector más radicalizado el que condujo al gobierno a la inmovilidad.
Después del derrotero (Rinesi, 2020) de los años setenta, la mirada dominante es
aquella que ve en la moderación la condición de concreción del proyecto. Tiene razón
Tomás Moulian al decir que en esa derrota radica el nudo inconsciente de toda su visión
de la política. Ella reviste el carácter del trauma, de repetición compulsiva de una escena
que no termina jamás de retirarse. Pero entonces debemos recordar que al círculo
melancólico del trauma se opone su elaboración como quehacer crítico articulatorio
(LaCapra, 2005). En este sentido, vale guiarnos por el recorrido del propio Freud (1992a;
1992b): la elucidación de los “hechos” que darían origen a la escena traumática no es
lo relevante, sino la fantasía que opera como escena originaria que se reitera una y otra
vez. Traducido a nuestros términos: debemos dirigir la crítica no a lo realmente
acontecido sino al imaginario que se ha forjado alrededor suyo. En este sentido, lo que
intentamos cuestionar no son las razones de la derrota en sí, sino el modo en que esas
razones se han articulado con una clave de lectura del presente de la que todavía resulta
demasiado trabajoso despegarnos. Concluimos la sección anterior enunciando la
paradoja por la cual se afirma la inevitabilidad del destino de los movimientos
revolucionarios, al tiempo que se sostiene una fe tecnocrática en las bondades de la
virtú para ordenar la acción política. Ella condensa, a nuestro entender, el dramatismo
del presente político. Se sostiene una lectura sobre la derrota de los años setenta
pretendidamente única, plena, autoevidente: la radicalización es impotente –el
adversario, prácticamente omnipotente–. Hay, entonces, una íntima solidaridad entre la
imposibilidad para imaginar el futuro, la dificultad para ver las contradicciones del
presente y el bloqueo para pensar otras formas de contarnos el pasado 88. El problema
teórico-político del presente es un problema de tiempo, de temporalidad. ¿No es éste el
problema que recorre, bajo diversas formas, la propuesta del Programa de Estudios
Críticos? Enhorabuena.

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formar, desarrollar y tornar cada vez más homogénea, compacta y consciente de sí misma a esta
fuerza” (Gramsci, 2008: 62).
87
“...vi los escombros aún humeantes de esas grandes batallas, sin quedar obnubilado por la
derrota” (García Linera en Parodi y Tzeiman, 2022: 36). De la misma página extrajimos el
epígrafe de esta sección, en el que Linera se dirige directamente a los obnubilados por las
derrotas del pasado.
88
De allí la otra frase que encabeza esta sección, tomada de José Carlos Mariátegui (2010: 161).

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                  <text>La colección Anuario de Investigaciones expresa la creatividad y rigurosidad intelectual de les artistas e investigadores de las ciencias del arte y las ciencias sociales que componen el Centro Cultural de la Cooperación "Floreal Gorini". Allí podrán encontrarse los principales resultados de la investigación de cada proyecto (individual o grupal), sus reformulaciones y las nuevas preguntas que a partir de ésta se abren. Se trata de abordajes de distinto corte teórico y metodológico, que toman múltiples tópicos y problemáticas tanto de carácter local como regional y global. Por encima de sus especificidades, los trabajos de esta colección comparten una profunda preocupación por comprender y transformar, en un sentido asociativo y de igualdad social, el mundo que los vio emerger. </text>
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                    <text>Anuario del Centro
Cultural de la
Cooperación
“Floreal Gorini”
2023
Secretaría de Investigaciones

Gabriela Nacht, Marcelo Barrera, Natacha Koss, Pamela
Brownell

�Autoridades del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini”
Director General: Juan Carlos Junio
Director Artístico: Juano Villafañe
Secretario de Formación e Investigaciones: Pablo Imen
Secretario de Comunicaciones: Luis Pablo Giniger
Secretaria de Planificación Institucional: Natalia Stoppani
Secretaria de Programación Artística: Antoaneta Madjarova

© Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini
Av. Corrientes 1543 (C1042AAB) - Ciudad de Buenos Aires - [011]-5077-8000 www.centrocultural.coop
© De los autores
Todos los derechos reservados.
ISSN: en trámite

Tabla de contenido
Tabla de contenido........................................................................................iv
Introducción....................................................................................................1
DEPARTAMENTOS Y ÁREAS DE ARTES.....................................................2
Teatralidad usada para quebrar la democracia versus teatralidad
usada para desenmascarar el acoso político...............................................................2
Cómo (de) construir un cuerpo del sur............................................................14
En busca de la identidad perdida. Apuntes para una dramaturgia de la
danza en La era del cuero de Pablo Rotemberg.......................................................20
Las/los espectadores, sujetos del teatro y la cultura....................................28
Reconfiguración del teatro independiente a través de los años.................34
Teatro liminal y autogestión: la dimensión laboral en prácticas
transformistas contemporáneas en Buenos Aires.....................................................42
Victoria Ocampo, espectadora de danza........................................................48
Tres obras para volver a pensar el terrorismo de estado y la
subversión armada.........................................................................................................55
DEPARTAMENTOS Y ÁREAS DE CIENCIAS SOCIALES..........................65

ii

�Militares y militarismo en Colombia. Estudios marxistas entre los años
70’s Y 80’s........................................................................................................................65
Los desastres en las relaciones entre Estados Unidos y Chile: la
Doctrina de Seguridad de las “Nuevas Amenazas” y el rol regional de Chile
en las Conferencias de Ministros de Defensa de las Américas (2010-2019).......76
Diez años de la operación Lava Jato: Lawfare como manufacturación
de consenso.....................................................................................................................91
Malvinas, democracia y geopolítica (1965-2015)........................................100
El compromiso en la investigación y en las experiencias de economía
social y economía popular...........................................................................................111
“Se toma el tiempo, se pone al lado tuyo y te dice qué no entendiste”.
Sentidos sobre la escuela secundaria y los vínculos pedagógicos en las
voces de jóvenes con trayectorias discontinuas......................................................118
El scholar y la otra escena: apuntes sobre la relación entre archivo y
concepto.........................................................................................................................135
“Acordes para una escritura”: una charla con la escritora y periodista
Mariana Enríquez..........................................................................................................143
En primera persona. Huellas de la última dictadura militar en la
literatura infantil argentina...........................................................................................149
Campo periodístico, subsistema de medios masivos de comunicación,
capitalismo y democracia en Argentina. Un balance de 40 años.........................155

iii

�Introducción
El Centro Cultural de la Cooperación "Floreal Gorini" tiene como propósito central
aportar a la construcción de una nueva cultura desde el pensamiento crítico, progresista, de
izquierda y anticapitalista, apoyado en los valores del cooperativismo y la solidaridad.
El CCC y su producción aspiran a constituirse como un espacio de formación
intelectual con capacidad de intervenir política e ideológicamente en la sociedad para su
transformación.
El CCC da una gran importancia a la publicación de los resultados de las
investigaciones que se realizan en sus áreas y departamentos, ya que este es un modo
fundamental de participar en la batalla cultural y es también una forma de ratificar el valor
del trabajo, esfuerzo y compromiso de lxs investigadorxs que las llevan adelante. Nuestro
anuario es una de las manerascon que contamos para socializar el trabajo realizado a lo
largo del años por las y los integrantes de las diferentes áreas y departamentos:
Espacio de Géneros: Gabriela Nacht (coord.)
Área de Estudios Nuestroamericanos: Luis Wainer (coord.)
Departamento de Derechos Humanos: Pablo Perel (coord.)
Departamento de Literatura y Sociedad: Susana Cella (coord.)
Departamento de Economía Social, Cooperativismo y Autogestión: Valeria Mutuberría
(coord.)
Departamento de Educación: Lucía Santiago (coord.)
Departamento de Estudios Sociológicos: Gabriel Fajn (coord.)
Departamento de Estudios Políticos: Martín Cortés (coord.)
Área de Epistemología e Historia Crítica de la Ciencia
Departamento de Comunicación: Ianina Lois (coord.)
Departamento de Historia: Juan Francisco Martínez Peria (coord.)
Departamento de Economía Política y Sistema Mundial: Martín Burgos (coord.)
Departamento de Salud: Brenda Maier (coord.)
Departamento Ciudad del Tango: Walter Alegre (coord.)
Departamento de Ideas Visuales: Juan Pablo Pérez (coord.)
Observatorio de Culturas Políticas y Políticas Culturales: Luis Sanjurjo (coord.)
Área de Investigación en Ciencias del Arte: Jorge Dubatti (coord.)
Área de Varieté: Christian Forteza y Lucía Salatino (coord.)

�Área de Música: Mariano Ugarte (coord.)
Área de Teatro: Manuel Santos (coord.)
Área de Títeres y Espectáculos para las Infancias: Antoaneta Madjarova (coord.)
Área de Artes Audiovisuales: Juan Pablo Russo (coord.)
Área de Danza: Mariela Ruggeri (coord.)
Espacio Juan L. Ortiz: Carlos Aldazábal (coord.)

2

�Anuario del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini”
Año 2023
ISSN: en trámite

DEPARTAMENTOS Y ÁREAS DE ARTES
Teatralidad usada para quebrar la democracia versus
teatralidad usada para desenmascarar el acoso político
Catalina Julia Artesi
DEPARTAMENTO DE ARTES

Palabras preliminares
Este año la Argentina celebra los cuarenta años de la restauración democrática. No
obstante ello “En los últimos quince años hemos sido testigos de procesos de persecución
política contra determinados sectores de la política, líderes y militantes, para lograr su
inhabilitación política y la pérdida de legitimidad “(Baltazar Garzón, Gisele Ricobom y Silvina
Romano,2023: 32), utilizan el aparato judicial y los medios de comunicación (lawfare) contra
figuras notables de la democracia.
En el lawfare, notamos la utilización de la teatralidad (Josette Féral, 2004) con el fin
de ocultar su ataque, utilizando diversas estrategias escénicas, perfomáticas, que ocultan
sus verdaderas intenciones, por ejemplo, durante la transmisión televisiva del alegado del
fiscal Diego Luciani se notaba la utilización de la teatralidad en el encuadre, en el discurso
verbal y no verbal, contra la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.
Diversos colectivos artivistas en diferentes países del continente despliegan
intervenciones callejeras utilizando la teatralidad para desenmascarar el acoso mediáticojudicial. Analizamos como ejemplo el grupo “Justicia o Poder Judicial”, que lleva adelante
sus prácticas en el espacio público, principalmente frente a los Tribunales en la Plaza
Lavalle de Buenos Aires. En sus poéticas escénicas, utiliza diversos lenguajes artísticos que
deconstruyen y desenmascaran estos acosamientos.

Introducción
Pilar Calvero, en un libro suyo reciente, habla de la “gubermentalidad neoliberal”,
considera que existe un cambio de época, desde fines de la década del 90 hasta la
actualidad, han surgido grandes transformaciones, la reorganización de la hegemonía en
todo del globo:
“[…] un proyecto supranacional del capitalismo tardío, fuertemente financiarizado, neoliberal
en sus prácticas y en sus valores (…) desarrollan prácticas políticas, sociales y culturales
peculiares, con las cuales pretenden modelar otras formas de sociedad. Este cambio, que
abarca todos los órdenes de la vida humana, (…) como una nueva forma de articulación de
diferentes actores —locales, nacionales y supranacionales— en torno a un modelo
económico, político, intelectual y de construcción de subjetividades —la globalización
neoliberal— capaz de imponerse y, simultáneamente, de encontrar y construir acuerdos.
Como toda hegemonía, implica la combinación de fuerza y consenso, de formas de
dominación y de la construcción de discursos e imaginarios que buscan y crean la adhesión
social a un determinado sistema de valores, a una concepción del mundo creíble, aceptable y
congruente con el proyecto” (Calveiro, 2021: 11).

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ISSN: en trámite

Sin embargo, en América Latina han surgido diversos gobiernos nacional-populares
a comienzos del siglo XXI, que en su conjunto se enfrentaron a las acciones de los Estados
Unidos, sintetizado en los documentos del Consenso de Washington y la imposición del
ALCA que el presidente George Bush (2001-2009) pretendió imponer. Seguimos el trabajo
“Instrumentalización del aparato judicial con fines políticos del lawfare a la Causa Vialidad”
donde los autores contextualizan cómo surgió el lawfare. Los desacuerdos y las injerencias
del gran país del Norte en nuestra región, en la última década del siglo XXI, han llevado a
que “En algunos de estos procesos adquirió visibilidad y protagonismo el lawfare, apuntando
a la desestabilización por la vía legal y/o judicial mediante el accionar de la máxima instancia
judicial” (Baltazar Garzón, Gisele Ricobom y Silvina Romano,2023: 33). Realizamos una
síntesis de las operaciones del lawfare que incluyen: actuaciones judiciales selectivas,
focalizadas, inexistencia de pruebas, obstrucción del derecho a la defensa, acoso judicial,
denuncias en medios de comunicación masiva, espectacularización de los casos, en los
medios y redes sociales, que manufacturan relatos en contra de algunos líderes sociales y
políticos.
Estos quehaceres exacerban rasgos que no son nuevos en la vida contemporánea,
pues nos hallamos en la “sociedad del espectáculo” (Guy Debord, 2008; Agambem,2001)
donde la representación es el lenguaje, el auditorio no puede lograr percibir toda la realidad
sino una imagen. Las imágenes compiten en espectacularidad, según el contexto, depende
del efecto buscado “la imagen es toda luz y brillantez” (Castillo, 2020:35).
Giorgio Agamben aborda el papel de los medios masivos que responden a intereses
económicos en la actualidad, asumen un rol político preponderante y toman la esfera gestual
absoluta de los seres humanos. El estudioso italiano se basa en el libro de Guy Debord.
Expresa que resulta muy difícil analizarla: “una crítica estratégica, lo esencial es ponerse en
el punto de vista de los actores” (Citado por Agamben, 2001:61), explicita su idea de
“situación construida” que es “Un momento de la vida concreta y deliberadamente construido
a través de la organización colectiva de un medio unitario y de un juego de acontecimientos”
(Agamben, 2001: 67).
En otra parte de su libro, desarrolla un aspecto que no sólo concierne a los artistas
del teatro sino al ser humano en general, pues todo ser vivo se manifiesta hacia afuera,
revela una imagen, una apariencia. Para ello utiliza el lenguaje y transforma su naturaleza,
con su rostro se expone hacia los demás, su propia comunidad, lo político. Sin embargo,
muchas veces el rostro no coincide con la cara, su expresión lo traiciona, resulta pura
apariencia, denomina a este fenómeno la “tragicomedia de la apariencia” (Agamben, 2001:
81) pues el rostro oculta parcialmente y muestra solo una parte, de modo que nunca
podríamos aprehender en su totalidad la verdad. Como vemos, este autor recurre muchas
veces a lo teatral para describir este fenómeno, cuando dice que el arte puede darle vida a
un objeto inanimado (Agamben, 2001:80).
Volviendo a nuestra realidad actual, el estudioso italiano retomando a Guy Debord,
expresa que “el espectáculo es el lenguaje, la comunicabilidad misma y el ser lingüístico del
hombre” (Agamben,2001:70). Nota que en la evolución del capitalismo- actualmente
plenamente neoliberal- no solo expropia la actividad productiva, sino que genera la
alienación del lenguaje “de la propia naturaleza lingüística del hombre, el logos” (Agamben,
2001:71), la inteligencia que dirige, lo Común según Heráclito. O sea que hoy tenemos una
expropiación extrema de ese Común en la “sociedad del espectáculo” que ejerce una gran
violencia, pues el lenguaje queda separado de la cosa revelada, se constituye en una esfera
autónoma “revela la nada de las cosas”. Considera que hoy nos hallamos ante un “régimen
democrático espectacular que constituye la consumación de la forma Estado” (Agamben,
2001:72), con gran predominio de lo tecnológico. La política actual despliega un experimento
de la lengua devastador en esta globalización, “desarticula y vacía tradiciones y creencias,

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ideologías y religiones, identidad y comunidad” (p.73), de modo que es promovido dicho
vaciamiento.
Observamos hace unos años, en diferentes países del subcontinente americano
(Ecuador, Brasil y Argentina) diferentes actores políticos del sistema judicial, unidos a
actores del ámbito privado, que accionan en el marco del lawfare contra líderes políticos
latinoamericanos, manipulando la información en los juicios, los medios de comunicación y
las redes sociales en acción conjunta que intentan dominar la mirada de la población. Por
ejemplo, en la Argentina, cuando en diciembre del año 2015 había asumido la presidencia
Mauricio Macri, en el mes de enero 2016 el gobernador de la Provincia de Jujuy encarceló
sin pruebas a la dirigente social Milagro Salas (desde entonces hasta el presente, en julio
del año 2023, hace siete años que sigue con prisión domiciliaria y continúa el acoso judicial),
hecho que constituyó en una prueba piloto en nuestro país pues posteriormente ocurrieron
hechos similares en otras regiones. Viendo dichos sucesos recientes, nos preguntamos, por
un lado, focalizando en los sectores del poder hegemónico: ¿Cómo utilizan la teatralidad y el
teatro en el orden social tratando de que no se note este control de la teatralidad humana en
su accionar político? ¿Qué estrategias discursivas emplean dichos grupos para lograr este
dominio? Por el otro lado, focalizando en las acciones de resistencia contrahegemónicas,
nos interrogamos: ¿Qué prácticas artísticas desarrollan grupos de artivistas-activistas en
nuestra sociedad frente a tal situación? ¿Cómo desenmascara y qué efectos logra en los
auditorios ocasionales la teatralidad artivista en sus intervenciones urbanas dentro del
espacio público?
Con el fin de responder a dichas cuestiones, previamente, analizamos lo ocurrido en
la Causa Vialidad, contra la expresidenta y actual vicepresidenta, Cristina Fernández de
Kirchner, donde observamos el uso de la teatralidad y lo teatral en el alegado del fiscal
Diego Luciani. Luego, confrontamos las acciones callejeras del grupo artivista porteño,
¿Justicia o poder Judicial? Finalmente, elaboramos nuestras reflexiones finales, intentando
responder a nuestros interrogantes.

Manipulación de la comunicación y dominio de la teatralidad humana
Hay diversos instrumentos no verbales, visuales y audiovisuales que se utilizan en la
comunicación y en otras situaciones parecidas donde manipulan los discursos con el fin de
incidir en el lector/espectador/televidente/oyente. A modo de ejemplo, mencionamos las
técnicas de publicidad comercial que encubren mensajes ideológicos, se insertan en el
“sentido común”, instalan la sensación de felicidad en el consumo. La teatralidad resulta
fundamental, pues -como lo señalamos en el inicio- la “sociedad del espectáculo” (Guy
Debord), requiere del uso de múltiples herramientas, muchas de ellas las hallamos en
nuestro entorno, como lo veremos a continuación. Una forma de manipular el lenguaje
verbal es la posverdad. En el diccionario en línea DRAE especifica que consiste en la
“Distorsión deliberada de una realidad que manipula creencias y emociones con el fin de
influir en la opinión pública y en actitudes sociales” (https://dle.rae.es/posverdad).
Jorge Dubatti (2018) denomina a este fenómeno como transteatralización:
“Llamamos así a la exacerbación y sofisticación del dominio de la teatralidad –fenómeno
extendido a todo el orden social– a través del control y empleo de estrategias teatrales,
pero, en la mayoría de los casos, para que no se perciban como tales” (Dubatti, 2018: 15).
Como lo señalamos previamente, dominan a los auditorios empleando estrategias
provenientes de la retórica clásica: “Organizar la mirada de vastas audiencias implica
construir opinión pública, ganar o perder elecciones” (p.16), pues organizan noticias falsas
(fake news), mostrando a la mentira como “verdad” informativa (posverdad). Dicho
investigador pone como ejemplo los programas evangélicos en la televisión argentina,
estudia sus estrategias y tácticas en la sociedad porteña actual, concluyendo: “En diciembre

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de 2018 el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires difundió en la cartelería urbana mensajes
evangélicos (Vallejos, 2018a y 2018b). ¿Los creyentes votarán a quien la iglesia les
indique? ¿Tendremos en el futuro en la Argentina un presidente de procedencia evangélica,
o impulsado por estas formaciones?” (p. 17). Finalmente, considera que: “En la
transteatralización las estrategias del teatro borran su carácter poiético metafórico” (p. 16).
Estima que la idea de “Sociedad del espectáculo” (Guy Debord), ha sido superada.
Consideramos que, en aquella situación, en el capitalismo inicial, aparecía una exacerbación
de lo teatral, mientras que ahora, en el neoliberalismo financiero internacional, se oculta lo
espectacular. Por tales motivos, Dubatti se pregunta si nos hallamos ante un nuevo
realismo, en tanto la transteatralización construye un efecto de real “ilusión de identificación
entre verosimilitud y verdad” (p.17). Por tales motivos, consideramos que la teatralidad que
desarrollan los grupos artivistas cumple un rol fundamental cuando intentan desenmascarar
este proceso, sus procedimientos y mostrar lo que se oculta.
Retomamos nuestro primer ejemplo, la implementación del lawfare en la Causa
Vialidad contra la actual vicepresidenta de la Argentina, Cristina Fernández de Kirchner expresidenta en dos períodos ( 10 de diciembre de 2007- 9 de diciembre de 2015) observamos el efecto de la transteatralización, cómo lo han utilizado los medios
hegemónicos y todas sus estrategias retóricas, con pruebas que el parlamentario andino
ecuatoriano, Virgilio Hernández Enríquez, analiza en su trabajo “Ocho tesis sobre el lawfare:
el absurdo de la Causa Vialidad” señala que sus argumentos:
“(…) califican de contundentes, irrefutables e indiscutibles, mientras se pasan por alto
violaciones claras al debido proceso, principalmente cuando los fiscales [Franco] Luciani y
[ Sergio]Mola presentaron su alegato el 1 de agosto de 2022, modificaron algunos términos
de la acusación en el juicio, sin embargo, cuando CFK solicitó ampliar su declaración
indagatoria para el 23 de agosto, este pedido fue negado por el Tribunal, sin que esto genere
ningún terremoto mediático”(Hernández Enríquez, 2023:10).

Este efecto de la transteatralización no solo se dio en las características e
irregularidades del proceso judicial, también lo notamos en las estrategias audiovisuales que
se utilizaron en su televisación. En su artículo “Vialidad: El &lt;machette&gt; de Diego Luciani en
su alegato” de Irina Hauser (publicado el 6 de junio de 2023 en el diario Página 12 de
Buenos Aires). Aclaramos el sentido del término “machette” (SIC) aparecido en el título y en
el cuerpo de la nota. Los diccionarios que consultamos en línea, el Diccionario etimológico
chileno
consultado
en
línea
(https:
//etimologías.dechile.net)
y
DRAE
(https://dle.rae.es/machete), refieren a sus diferentes acepciones en diversos países
latinoamericanos, su utilización en un sentido coloquial: en Buenos Aires es un papel que a
escondidas usan los estudiantes para ayudarse en las pruebas escritas.

Teatralidad para ocultar: imagen del fiscal Luciani

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Año 2023
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Fuente: Diario Página 12

La periodista, especialista en asuntos judiciales, estudia dicha presentación
realizada mediante una comunicación virtual, vía Zoom, que fue reproducida por los medios
masivos concentrados que forman parte del lawfare, también la transmitieron los canales
alternativos, constituyendo prácticamente una suerte de “cadena nacional”, prueba de ello
fue el alto rating televisivo que tuvo dicha televisación:
Un rasgo que llama la atención de la etapa del alegato de la fiscalía del juicio por la obra
pública en Santa Cruz, además del tono de show, es que por momentos parece que
estuvieran leyendo lo que dicen, como si tuvieran un teleprompter delante como ayuda. En la
audiencia de este martes hubo un instante, cerca de las 13, en que eso que tantos
suponían quedó en evidencia cuando al fiscal Diego Luciani se le escapó uno de sus
"machetes" que apareció en la pantalla y coincidía con lo que estaba
exponiendo. (Hauser,2023) [ el subrayado no es nuestro].

Como vemos, en el acoso mediático-judicial se utilizaron diversas herramientas que
ayudaron a la espectacularización de los discursos, aunque disfrazaban sus estrategias y
objetivos políticos. El epígrafe publicado en el paratexto visual del diario- con un primer
plano del fiscal (PP)- ya anticipa dicha estrategia: “En una pantalla de Zoom puede parecer
que los fiscales se explayan casi de memoria”, simulando una exposición oral
supuestamente espontánea, cuando en realidad no lo era, pues, haciéndonos eco de la
expresión de Irina Hauser se notaba el “tono de show” que el fiscal había usado. Incluso,
notamos el empleo de un encuadre de la cámara muy particular por el cual se mostraba la
cara del fiscal en PP, situación que le permitía al orador ocultar el manejo del aparato
electrónico que facilitaba la lectura del texto . Sin embargo, en un momento les falló y se
notó. En otro pasaje del artículo la periodista aclara que “(…) si las audiencias fueran
presenciales los fiscales no podrían tener semejante &lt;machette&gt;”.

Desenmascaramiento artivista del lawfare en el espacio público
La canadiense Josette Feral (2004) en su estudio sobre el acto teatral y su
especificidad, reconoce que la teatralidad aparece en espacios diferentes, por ejemplo, en
los happenings, las perfomances y otras formas donde utilizan las nuevas tecnologías.
Busca definir la teatralidad, y, a través de diversas situaciones de la vida cotidiana, halla que
también surgen procesos de teatralización donde la teatralidad se manifiesta fuera de la
escena. Uno de los ejemplos que cita, refiere a actores que en el subte simulan una pelea y
donde los pasajeros creen que es cierto y toman partido. La escena responde a lo que

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Augusto Boal denominaba Teatro Invisible, donde el performer tenía la intención de hacer
teatro.
En otro pasaje de su libro, la investigadora canadiense esboza una primera
conclusión: “Más que una propiedad (…) la teatralidad parece ser un &lt;proccessus&gt;, una
producción que primero se refiere a la mirada, mirada que postula y crea un &lt;espacio otro&gt;espacio virtual- y deja lugar a la alteridad de los sujetos y a la emergencia de la ficción”
(Feral, 2004:91). Este espacio resulta del acto consciente del performer o bien del
espectador “cuya mirada crea una división espacial, ahí donde puede emerger la ilusión”
(p.91). Finalmente expresa que “La teatralidad aparece en su punto de partida como una
operación cognitiva, incluso fantasmática. Es un acto perfomativo del que mira o del que
hace. Crea un espacio virtual” (p.92), que ha sido caracterizado por diferentes teóricos
como: transicional ([Donald], Winnicot), un umbral ([Bryan] Turner) o un encuadre ([Erving]
Goffman).
Respecto de la teatralidad teatral, ella centraliza en la teatralidad del actor “que
teatraliza aquello que lo rodea: el yo y lo real” (p.93), a través del juego escénico crea la
ficción, recurriendo a diversas estéticas y poéticas según las épocas. Esta teatralidad teatral
aparece de modo enfático en los grupos activistas/artivistas contemporáneos. Lola Proaño
Gómez considera al “[…] artivista involucrado muchas veces en el arte callejero o en el arte
urbano, manifestándose en contra de la publicidad y la sociedad de consumo” (Citado por
Proaño Gómez, 2017: s/d). Estudió un grupo que se llama Fuerza Artística de Choque
Comunicativo, analiza sus acciones, considera que están enraizadas en el territorio, las
realizan sin aviso previo “modifican por breves momentos la ciudad de Buenos Aires y la
convierten en el escenario de disputa ideológica que recuerda las consecuencias de las
políticas neoliberales” (Proaño, 2017:53). Se concreta la “invasión del espacio público”, que
“manifiesta una nueva comprensión del funcionamiento del espectáculo teatral y de su
vinculación con el espacio urbano” (Carreira; 2017, 92).
Lorena Verzero, en una clase que dictó, perteneciente a un ciclo de seminarios en
línea “Problema de clase” junto con la Revista La Hiedra de Santiago de Chile (2020), que
tituló “Activismo, arte y política”, hizo una revisión de algunos conceptos que actualmente se
hallan en discusión. Previamente, desarrolló una breve historización acerca del activismo
artístico desarrollado en nuestro subcontinente en las primeras décadas del siglo XXI.
Luego, se detuvo en las características de este activismo artístico en la Argentina. Introdujo
interrogantes referidos a: “¿Cómo se imaginaban los futuros los activismos artísticos antes
de la pandemia? “¿Cómo se congeló el impulso con estos cambios que ha producido el
distanciamiento?”. Frente al activismo artístico actual se pregunta: “¿Qué futuros nos
podemos imaginar?”, “¿Cómo historizar el presente?”, el valor de la historia en relación con
la memoria. Surgen elementos para la imaginación de un futuro. Lorena Verzero polemiza
sobre el término “artivismo”, pues muchas veces se lo utiliza para hacer turismo cultural,
principalmente en Europa. Algunos teóricos prefieren referirse al “activismo artístico”. Nos
propone repensar los modos de representación de la memoria dentro del campo artístico
local, en su territorialidad, su desarrollo. Ejemplifica que, durante la restauración neoliberal
producida en Latinoamérica en los 90 y a comienzos del siglo XXI, aparecieron nuevos
activismos. En la Argentina, durante las dos presidencias de Cristina Fernández de Kirchner,
cuyo modelo político llevó adelante medidas antineoliberales, aparecieron colectivos
artísticos militantes con nuevas estrategias de intervención. Posteriormente, durante la
presidencia de Mauricio Macri (10 de diciembre de 2015- 9 de diciembre de 2019) se generó
una nueva restauración de las políticas neoliberales, frente a las cuales intensificaron las
prácticas de resistencia los artivistas, con micropolíticas alternativas de intervención social.
Verzero considera que las prácticas surgidas en los 90, los movimientos
antiglobalización constituyeron la base para que estas nuevas experiencias recientes se
hayan dado en la historia latinoamericana. Se manifiestan colectivamente, combinan interés

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estético con intencionalidad micropolítica directa, articulan el arte, la política, la
comunicación y la perfomance. Lola Proaño Gómez y Lorena Verzero coinciden en los
rasgos de estos colectivos: emprenden nuevos lazos sociales, con operaciones estéticas
innovadoras. Desafían la autonomía de lógicas dominantes. Actúan en espacios diversos en
la presencialidad.
Seleccionamos a ¿Justicia o poder Judicial? Es un grupo activista/artivista- que
surgió en la postpandemia local en el año 2022. Se encuentra conformado por integrantes
de otros colectivos que activan en la urbe porteña: Arte en Lucha Teatro Popular, Merde,
Titiriteros que han trabajo con las Madres de Plaza de Mayo, aunque también hay artistas
sueltos con o sin experiencia en el activismo artístico, como el artista que representa a un
Gorila, o bien las mujeres que interpretan a los Cuervos.
Al principio, se presentaban dos veces por mes, en la Plaza Lavalle, ubicada frente al
Palacio de Tribunales de la Capital, pues en dicho edificio sesiona la Corte Suprema de
Justicia de la Nación Argentina. El colectivo ha realizado también intervenciones
acompañando al padre Francisco “Paco” Olveira del grupo de Curas en la Opción por los
Pobres que realizó una Huelga de hambre por dichos sectores vulnerables y contra la
corporación judicial en dicha plaza durante siete días (25 de marzo de 2023). Últimamente,
lo hacen en otros espacios urbanos con la finalidad de llegar a diversos habitantes de la
gran ciudad, tales las que realizaron en zonas muy concurridas: las terminales ferroviarias
de Plaza Constitución y en Plaza Once; el 25 de mayo de 2023 en Plaza de Mayo, ubicada
en frente de la Casa de Gobierno.
Sus presentaciones- en el comienzo- consistían en una ronda con carteles, pinturas
realizadas por algunas artistas plásticas del grupo, con alegorías donde se representaba la
imagen alegórica de la Justicia de diferentes modos. Después, agregaron una actuante
caracterizada como la Justicia, vestida de blanco, que era maltratada por un performer
caracterizado como un juez vestido con traje oscuro. Más adelante, una titiritera confeccionó
un muñeco grande que tenía cuatro cabezas, sintetizando a los cuatro integrantes de la
Corte. Finalmente, al conectarse el colectivo con el grupo de titiriteros cambió su poética,
pues realizaron cuatro títeres gigantes cada uno caracterizado como juez vestido de negro.
Esta incorporación les permitió enriquecer sus presentaciones, pues construyeron una
teatralización itinerante, donde se incorporó una serie de escenas que sintetizan- mediante
un relato escénico ante el público- la persecución de los cuatro jueces a la Justicia y sus
acciones injustas en el marco del lawfare.
Como en las farsas medievales callejeras, expresiones liminales que formaban parte
del Teatro Matriz (Dubatti, 2014), la base argumental que despliega el colectivo es sencilla
pues resulta necesario llegar a un auditorio heterogéneo, aquellos transeúntes que
atraviesan el espacio público. Se trata de una teatralización con tonalidad de farsa
tragicómica donde lo hiperbólico- el gran tamaño, los rasgos caricaturescos en los rostros
del bando negativo (Jueces- Cuervos-Gorila), con sus movimientos exagerados, atraen.

Los jueces, el bando negativo

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Fuente: ¿JoPJ?

Gracias a sus acciones farsescas, se produce el desenmascaramiento, resulta
notoria su hipocresía, la violencia, el acoso. Entonces el público puede asociar esta historia
con los acosadores del Partido Judicial. El efecto de transteatralización por parte del bando
negativo queda en evidencia, alude a sus argumentos falsos y cínicos en sus
presentaciones judiciales, cuando invade los otros poderes del Estado o bien persigue a
sectores del gobierno actual. El desenlace revela la instauración de una justicia poética
porque se recupera el valor de la verdadera justicia: La Justicia Justa, representada como
una mujer caracterizada de blanco (símbolo de pureza), con una venda en los ojos del
mismo color, vence al bando de los Jueces de la Falsa Justicia, con ayuda una Mujer del
Pueblo que interviene pues le entrega la Espada de la Verdadera Justicia.

La Justicia acosada

Fuente: ¿JoPJ?

Haremos un resumen de los objetos escénicos que aparecen en la teatralización
itinerante: uso de títeres gigantes, con togas negras, manipulados por artistas que se
encuentran en el interior de los muñecos; elementos visuales (carteles con discursos que

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expresan la protesta y el rechazo a los jueces); utilería (espada); vestuario propio del género
farsesco con vestuario, permite que el público reconozca el carácter antitético de los
personajes: vestido blanco y venda del mismo tono para la Justicia, los Jueces de negro con
sus rostros pálidos con expresión caricaturesca, llevan un cartel que dice “Juez”, el Pueblo
sin máscara, vestido con ropa oscura , portando los carteles que acompañan la protesta
con cánticos y discursos verbales alusivos. Elementos que complementan los rasgos de los
personajes alegóricos: media máscara negra para los Cuervos; el Gorila, llevando sobre los
hombros una capa larga, con máscara de goma de tono marrón, representa a la parcialidad
que actúa en contra de las clases populares. La máscara cumple una función dramática
importante pues caracteriza a las figuras negativas que ocultan su verdadera identidad,
como se daba con los Zannis (los criados) y los Señores de la Comedia del Arte. En el
bando opuesto, la Justicia no lleva máscara, pues como se daba con Los enamorados en
dicho arte popular del Renacimiento italiano, representa un personaje puro, auténtico. El
Pueblo también sin máscaras, acompaña a la Justicia. Estimamos que por razones prácticas
utilizan poca utilería, solo la espada que cobra un valor simbólico como ocurría en los relatos
míticos con los héroes y heroínas.

La Justicia liberada y con el pueblo

Fuente: C5N.transmision en vivo

Realizamos una síntesis de las escenas donde constantemente se mantiene la
interacción con el público. El Pueblo encabeza una especie de marcha y acompaña a la
Justicia. En un momento se detienen, al ver que los Cuatro Jueces desde atrás la persiguen,
la acosan, uno de los Cuervos la ataca, la toma de los pelos. En ese momento, una Mujer
del Pueblo le da La espada de la Justicia, un atributo fundamental, pues La Justicia se
empodera, vence a los Jueces (estos se arrodillan); inmediatamente, brinda una arenga al

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Pueblo, genera de esta manera un levantamiento popular. El público generalmente participa,
saca fotos o registra con videos, grita, canta y entona “Se va a acabar la dictadura judicial” y
otras consignas populares usuales durante la protesta social en las manifestaciones
callejeras.
Desfile en la Marcha del 25-5-23

Fuente: ¿JoPJ?

Esta teatralización itinerante la realizaron el 25 de Mayo de este año 2023, en la
Plaza de Mayo, momento en que se conmemoraba el nacimiento del gobierno patrio
acaecido en 1810. Esta perfomance la repitieron varias veces en diferentes sectores de este
espacio público, pues debían mostrarle a la multitud y a los medios televisivos presentes
esta denuncia artivista. De hecho, el Canal de noticias de esta ciudad, C5N, lo filmó y
transmitió en vivo. Posteriormente, se registraron videos y fotos de esta presentación en las
redes sociales del grupo.

Reflexiones Finales
En la introducción de este trabajo, realizamos una caracterización del contexto
social-político-económico que vive América Latina: el cambio de época que suscitó el
sistema neoliberal a partir de la década de los 90. También observamos que, en los
comienzos del siglo XXI, diferentes gobiernos suramericanos enfrentaron las acciones
políticas del gran país del norte y la injerencia del FMI en los asuntos internos de los países,
a través de políticas de ajuste, desigualdad y otras formas de dominación. Vimos que una de
sus estrategias, consiste en la instrumentalización del aparato judicial, apoyado por los
medios de comunicación masiva concentrados, con el objetivo de perseguir a determinados
sectores de la política, líderes y militantes, lograr así su inhabilitación política y la pérdida de
legitimada. Muchos juristas denominan a este proceso de persecución política lawfare
(guerra judicial).
Luego analizamos los antecedentes de esta situación, pues no resulta un fenómeno
nuevo en Occidente, en el sistema Capitalista, pues ya Guy Debord había caracterizado a la

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sociedad moderna como la “Sociedad del Espectáculo”, donde se exacerba la construcción
de una realidad paralela mediante la manipulación de los medios y del lenguaje. En la
evolución del capitalismo, en la actualidad plenamente neoliberal, se ejerce una gran
violencia, generalizada por la globalización, donde se desarticula y vacía de contenido las
creencias, tradiciones, las identidades comunitarias (Agamben,2001).
Hemos visto recientemente, en nuestro subcontinente, este ataque a líderes y
políticos que han resistido y aún lo continúan haciendo, especialmente en la Argentina.
Observamos que los grupos de poder utilizan la teatralidad y el teatro en el orden social con
el fin de manipular la información mediante noticias falsas, generar opinión y dominar a la
población, aunque simulan y ocultan sus maniobras. Frente al accionar de estos sectores
poderosos, diversos colectivos artísticos desarrollan acciones de resistencia
contrahegemónica. Grupos que buscan la manera de desenmascarar sus estrategias de
dominación mediante una teatralidad artivista, de modo tal que la población tome conciencia
de esta situación y resista.
Con el fin de responder a las preguntas que nos hicimos respecto del uso de la
teatralidad humana por parte de los grupos de poder, decidimos analizar una situación
ocurrida hace poco en un juicio oral, para luego confrontar a través de un grupo artivista
porteño que realiza expresiones callejeras que desenmascaran a dichos sectores.
En el Juicio por la Causa de Vialidad contra Cristina Fernández de Kichner, hemos
verificado que en la transmisión televisiva del juicio realizado virtualmente a través de un
zoom, el fiscal instrumentó el acoso judicial, lawfare, valiéndose de discursos verbales y no
verbales y otras irregularidades procesales , simulando una exposición oral supuestamente
espontánea, una puesta en escena y show televisivo donde se manipulaba la mirada de los
televidentes, una verdadera espectacularización de los discursos.
Confrontamos dos teatralidades: una que ha ocultado sus mecanismos teatrales, con
otra que los devela. Tal el accionar artivista del colectivo ¿Justicia o Poder Judicial?, que en
una perfomance callejera farsesca tragicómica, utilizaron de modo tal la teatralidad que
patentizaron ante el público el acoso judicial de los sectores hegemónicos. Recurrieron a la
ridiculización de los seres que representaban el poder concentrado, visibilizando su
falsedad, la manipulación de las miradas de los telespectadores. El grupo artivista construyó
una narrativa donde el desenlace positivo, que instauraba la justicia poética, lograba la
identificación y la participación de un público activo que también buscaba la verdad. De este
modo, gracias a la presencialidad de los cuerpos artivistas, se tornaba visible el efecto de la
transteatralización y la espectacularización mediático-judicial.

Bibliografía
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Carreira, André (2017). Teatro de invasión. La ciudad como dramaturgia/André Carreira: editado por
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Castillo, Alejandra (2020). Adicta imagen. Buenos Aires: La Cebra.
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Feral, Josette (2004). Teatro, Teoría y Práctica: más allá de las Fronteras. Buenos Aires: Galerna.
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Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=hJJ-eVeaPaA(Consultado,8/4/22)
Verzero, Lorena (2020). Activismo, arte y política. En el ciclo “Problema de clase 09” con Revista
Hiedra: https://revistahiedra.cl/hiedratv/09-problemadeclase-con-lorena-verzeroVerzero, Lorena, (2015), Prólogo: El teatro anarquista. una forma de activismo artístico que atravesó
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Ciudad Autónoma de Buenos Aires: INTeatro (Instituto Nacional de Teatro); pp.5-6. ISBN 978987-3811-12-8

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Cómo (de) construir un cuerpo del sur1
Dulcinea Segura
DEPARTAMENTO DE ARTES

Resumen
“La resistencia fue y es corporal” (Trosman, 2022)
Queremos desarrollar una serie de ideas acerca de la identidad, lo propio y la
deconstrucción desde el cuerpo, como una pregunta viva en el estado activo de su
interrogante.
Pensamos que la identidad es un hacer y buscar a lo largo de la vida y de las
experiencias que se atraviesan, es un reconocimiento que se hilvana con la historia y la
memoria. La identidad es un gerundio, algo que va siendo, que conjuga la ancestralidad
(aquello que está lejos en el tiempo), con el presente móvil y además con los futuros
posibles y deseados, porque el futuro es un anhelo activo en el presente. También podemos
pensar la identidad en relación a los términos del aforismo aymara Quipnayra uñtasis
sarnaqapxañani. La socióloga boliviana Rivera Cusicanqui (Barber, 2019) lo explica así:
Este aforismo de la cosmovisión aymara se puede traducir como “mirando atrás y adelante
podemos caminar en el presente futuro”. Quiere decir que el pasado está por delante de
nosotros. Esto es común a muchas lenguas indígenas. Hay varias lenguas indígenas que
conciben el pasado como algo que tú ves por delante; el futuro, sin embargo, no lo conoces y
por eso está atrás, en la espalda. Además es también una celebración de un gesto
anacrónico, de poner el pasado por delante, de que el pasado surge e irrumpe en el presente.

Sobre ese hilván de historia y memoria, en el que el pasado irrumpe con aquello que
los pueblos preservan como su acervo cultural, se construyen las ideas. De un contexto
histórico, social y político determinado, nacen determinados pensamientos, modos de ser,
gestualidades y cuerpos. El cuerpo, por tanto, es una construcción sociocultural y los
saberes que provienen del cuerpo van a mantener una relación dialéctica con el contexto al
que pertenecen y sus producciones de conocimiento.
El diccionario de la RAE dice que deconstruir es deshacer analíticamente algo para
darle una nueva estructura, es desarmar el andamiaje corporal y reorganizar desde el propio
reconocimiento.
Para poder deconstruir, entonces, hay que reconocer primero aquello construido, ese
armazón en el que se encuentran los pensamientos, las ideas, los conceptos; el locus de la
producción de conocimiento, en este caso: el cuerpo. Porque es en y desde el cuerpo que
nos proponemos reflexionar.
Las personas somos seres vinculares, nos constituimos en relación a otrxs. Nuestra
existencia es sostenida en vínculo a otros cuerpos así como al contexto que nos aloja, la
historia, la cultura, lo compartido y aprendido. Nuestras creencias y afirmaciones sobre la
vida se apoyan en aquello que constituye nuestro saber de acuerdo a los aprendizajes

1 Publicado el 2023 en Actas II Encuentro de Prácticas Somáticas Cuerpos del Sur.
(9 y 10 de noviembre 2022) ISBN/ISSN: 978-987-8927-66-4
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incorporados en los espacios en los que se genera el conocimiento, sean instituciones
formales como las universidades u otros espacios de formación, así como los textos
reconocidos que circulan, que son avalados por distintas estructuras de poder.
Como cuerpos del sur, estamos ubicados en un espacio geopolítico periférico que se
encuentra en disputa permanente por la distribución de la riqueza del planeta, sea ésta
territorial, monetaria o simbólica. En ese sentido, tenemos que reconocer primero que,
como latinoamericanos (siendo esta misma palabra una construcción eurocéntrica), somos
un pueblo colonizado.
La colonización implica una apropiación violenta del otro que queda sometido en una
relación desigual de dependencia. Y esto se traslada a todos los ámbitos del saber y del
conocimiento, por lo que podemos decir, por lo tanto, que también somos cuerpos
colonizados que están atravesados por la dominación del conocimiento del colonizador a
través de saberes que llegan en forma de técnicas y proposiciones sobre el cuerpo y la
materialidad sensible desde un centro que ellos mismos validan desde los circuitos de
formación reconocidos por el conocimiento eurocéntrico occidental.

Deconstrucción y decolonialismo
Como expresa Walter Mignolo (2009) “la geopolítica y la corpo-política del
conocimiento son fundamentales”, reconocer este hecho es dar un paso en una especie de
recorrido inverso para desandar lo aprendido, deconstruir lo construido, desarmar creencias
o al menos ponerlas en duda. El cuerpo es el eje de la política y cómo se ubique en el
territorio dará cuenta de su posicionamiento.
Nuestros aprendizajes desde la danza están atravesados en su mayoría por
formaciones foráneas que se han desarrollado en otros contextos cuya visión de mundo está
mediada por el lente del colonizador y cuyos cuerpos, podemos pensar, tienen otras
características psicofísicas, viven otras realidades sociales y gozan de otras posibilidades,
tanto alimentarias como educativas o sanitarias; es decir, tienen otra historia y otro contexto
que los forma.
Nuestros cuerpos están en su mayoría moldeados por técnicas desarrolladas desde
el pensamiento eurocéntrico, distante de nuestras realidades sudamericanas, donde
habitamos suelos en los que se extrae la riqueza para que el centro de occidente pueda
mantener su lugar de privilegio. Somos cuerpos de tierras históricamente violentadas.
Somos el afuera, el margen, la otredad de ese mundo privilegiado que se impone
con su “matriz colonial de poder'', como señala Mignolo. Este autor propone al pensamiento
decolonial como “una opción (decolonial) de coexistencia (ética, política, epistémica). No de
coexistencia pacífica sino de conflicto y de reclamo al derecho de re-existencia” (2009:259).
Un derecho de re-existencia que es espacio de re-sistencia donde el territorio del cuerpo se
rebela.
Como cuerpos del sur, necesitamos una mirada crítica para pensar cómo se
deconstruye un cuerpo, tenemos que tomar distancia para vernos, para percibirnos.
Debemos tomar conciencia de nuestra “corporalidad mestiza”, ya que no hay ánimo de
pureza, y “dejar en evidencia el carácter arbitrario de todas las certezas”, en palabras del
escritor Darío Sztajnszrajber (Pariente, 2020), quien afirma respecto a la deconstrucción que
“es una corriente que propone abrir y cuestionar toda premisa que se presenta como última
y absoluta”. El cuerpo incierto, inabarcable, y a la vez objeto de la sujeción y dominación,

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necesita sacudirse desde los propios cimientos, cuestionar las estructuras construidas,
deconstruirse.
El recorrido hacia el ejercicio deconstructivo nos pone frente a lo inestable y dudoso,
ya desde el propio término, proveniente de Derrida (2020) quien expresaba que la
deconstrucción, “es un pensamiento del origen y de los límites de la pregunta “¿qué es…?”,
por lo que, al igual que el pensamiento decolonial, que no pretende imponer una única
mirada respecto de la realidad ni la aplicación taxativa de ningún universal, nos lleva a
ejercer la reflexión crítica permanente, atendiendo a la base de que no somos externos a lo
que criticamos, y por eso no podemos deconstruirnos por completo (Pariente, 2020).
Los cuerpos del sur colonial somos bisnietos y tataranietos de los colonizadores.
Somos una mixtura en este presente en el que abrimos la pregunta sobre la identidad
corporal en la danza y las prácticas somáticas.
Tomamos del pensamiento decolonial su propuesta de lo diverso, porque es una
opción que no propone una teoría única con una visión de mundo que se quiera imponer. No
es un pensamiento que solamente cuestione la producción de conocimiento desde los
centros de poder y saber de Europa o EEUU, sino que plantea otra base epistemológica. La
opción decolonial es una opción de “coexistencia conflictiva”, es decir que asume las
múltiples perspectivas de mundo que coexisten sin querer unificarlas en un universo. Es una
opción que acepta la complejidad de lo abierto, borroso, esquivo, que habilita la convivencia
de todo lo que pueda generar tensión por sus diferencias, que acepta la heterogeneidad de
lo diverso.
Lo hace desde una postura crítica que reconoce que el pensamiento decolonial no
surge de un afuera sino de una exterioridad, de alguien que fue “clasificado/a afuera
(antrhopos, bárbaros, primitivos, inferiores, homosexuales, lesbianas) en el proceso
epistémico político de definir el adentro (humanidad, civilización, desarrollado, superior,
heterosexual, blanco o blanca.)” (Mignolo, 2009). Todas clasificaciones que anidan en el
cuerpo, sea en su color, su gestualidad, su manera de moverse, en sus elecciones
corporales o en la expresión de su deseo.

¿Cómo deconstuirnos corporalmente?
Nos preguntamos aquí si nuestros cuerpos de la danza, colonizados por saberes
formativos eurocéntricos se pueden deconstruir. Si es posible desarmar ese camino de
formación en técnicas somáticas importadas para conectar con la expresión de la propia
corporalidad. ¿Existe una identidad corporal en los cuerpos del sur que pueda despegarse
de la colonización de los cuerpos?
Necesitamos interrogarnos sobre cómo deconstruir lo aprendido desde la normativa
de las técnicas somáticas que se aprenden, para poder conectar con la propia percepción y
expresión. Pero ahí surge la duda respecto a qué es lo propio, sino será una utopía en los
cuerpos mestizos que somos. Entonces, ¿cómo podemos hacer cuerpo el pensamiento
decolonial?
Podemos pensar que “nuestro cuerpo no es sólo relación con el espacio circundante,
sino que únicamente podemos vivirlo en el cuerpo de los demás y por el cuerpo de los
demás” (Bernard, 1980:77). Eso que sabe el cuerpo, por su aprendizaje en el entorno, por la
transmisión de sus ancestros o por su memoria celular, atraviesa el cuerpo social, el cuerpo

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de las grupalidades y los cuerpos de las danzas. El camino es reconocer ese andamiaje
para poder desarmar lo construido.
Sabemos que la palabra “deconstrucción” fue apropiada para dar cuenta de la
necesidad de una ruptura con lo hegemónico en su origen en relación al género y las
identidades sexuales (Pariente, 2020). Es aquí donde la deconstrucción puede ser una
acción decolonial corporeizada.
Somos seres condicionados por el contexto en una relación cada vez más
globalizada, en un mundo que intenta homogeneizar las diferencias al ritmo del consumo, la
mayor productividad, las políticas extractivistas y la optimización del tiempo y el espacio.
Vivimos parceladxs y a una velocidad en la que es imposible detenerse a percibir y a crear o
probar modos de existencia alternos desde la materialidad sensible.
Propongo adentrarnos en el tiempo, en sus pausas, ahondar en la lentitud, observar
los ritmos de la tierra, que se mueve más despacio que la mente, veloz y aérea. Proyectar
una deconstrucción corporal temporal en la que habitar el tiempo signifique a su vez, ocupar
el espacio. Territorializar el propio cuerpo a través del cuerpo colectivo pensándonos como
la huella temporal de una existencia histórica situada. Habitarnos en red para generar el
sentimiento de una corporalidad comunitaria y diversa que nos sostenga desde una
pertenencia común, abierta e inclusiva. Que ahí radique nuestra identidad.
Nos sabemos cuerpos mestizos, mezcla de ancestros de distintos continentes,
sangre colonizadora y colonizada. Nos sabemos parte de aquello que criticamos, no
podemos negarnos, pero sí hacernos cargo de ese combate interno, tal como propone
Rivera Cusicanqui (2019) en relación al concepto de lo ch´ixi como una fuerza
descolonizadora del mestizaje: “Lejos de la fusión o de la hibridez, se trata de convivir y
habitar las contradicciones. No negar una parte ni la otra, ni buscar una síntesis, sino admitir
la permanente lucha en nuestra subjetividad entre lo indio y lo europeo”. Opción decolonial
que llevamos a los cuerpos, a su potencia sensible. A la idea de volver a conectar con la
percepción, el sentir, en una construcción corporal grupal que genere espacios de reunión
en el que la diferencia se comparta también desde la sensibilidad del contacto de las pieles,
sean marrones, amarillas, rosadas, negras, blancas, rugosas, lisas, ásperas o suaves; y la
posibilidad de que este contacto establezca relaciones de afecto.
Pero el cuerpo tiene otro tiempo, las ideas y las palabras viajan rápido, el cuerpo va
más lento. Por eso, necesitamos otra temporalidad que nos permita habitar los encuentros,
sentirnos, reflexionarnos, decolonializarnos, deconstruirnos. Porque queremos que nuestros
cuerpos sean “para entender, no para conquistar; para sentir, no para medicar; para
expresar, no para reprimir” (Trosman 2022).

Moverse al ritmo del cuerpo
Pertenecemos a una sociedad híper acelerada por un sistema de vida que persigue
la optimización del tiempo para la acumulación y el consumo. Frente al atropello del
consumismo y la velocidad, han surgido diversas propuestas que se oponen a todo lo que
implique rapidez para hacer las cosas. Algunas surgidas en los propios centros europeos de
poder, como el Slow food, que nació en 1986 en Italia en oposición a las cadenas de comida
rápida o el movimiento Slow, una corriente cultural que promueve calmar las actividades

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humanas y se inspira en libro Elogio de la lentitud2, del canadiense Carl Honoré (2006), en el
que el autor desarrolla la idea de vivir sin tantas ocupaciones en la agenda para poder
apreciar y disfrutar las pequeñas cosas de la vida.
Sabemos que en estas propuestas, que suenan muy burguesas, también hay cierta
mirada ecologista que propone un cuidado medioambiental anti consumo, una visión que
implica al medio ambiente, así como a los ciclos de la naturaleza de la que formamos parte.
Nosotros planteamos que se necesita una integración de la vida que contemple a
todos los seres que habitamos la tierra. Una convivencia planetaria que respete los ciclos
naturales, o que pueda acercarse lo más posible a esa conexión, que implique el cuidado de
los recursos que tenemos, que incluya la reparación, la reutilización, el reciclaje, el
intercambio, y piense en una economía solidaria, circular.
Es a partir de esa idea que queremos conectar la lentitud con el cuerpo. La pausa
como una manera de detener el fluir incesante de acontecimientos para entrar en el cuerpo,
percibir, sentir, empatizar y recuperar el ritmo de los ciclos vitales, que es lo que nos
recuerda que somos parte de ese medio ambiente natural en el que vivimos y al que
estamos enfermando.
Es fundamental un detenimiento para la escucha corporal sensible que recuerde al
ser humano el vínculo profundo con la naturaleza y los demás seres vivos. La memoria
corporal del sur nos habla de los pueblos originarios, de la propia ancestralidad y su relación
de armonía con la tierra.

Una reflexión final
Miramos la tierra, explotada, herida, sometida, y los pueblos del sur nos vemos
reflejados como parte de esa herida. Nuestros cuerpos también tienen la memoria de la
explotación, el sometimiento y la violencia de la colonización.
Planteamos una deconstrucción decolonial corporal. Deconstruir el cuerpo del
consumo y la temporalidad de la explotación capitalista, esa que actualmente se ha
convertido en una autoexplotación, acompañada del slogan sobre cómo alcanzar el éxito
dominando las emociones, para un mayor rendimiento personal, ahorrándole al sistema el
trabajo de dominación y sujeción. Pensamos que entrar en la corporalidad de los ciclos
naturales para escuchar la propia naturaleza y entonar con los demás seres vivos, así como
poder establecer un mayor contacto corporal, nos puede proporcionar otro sentir, otro saber,
otra escucha, que vaya de la mano de la tierra, de sus ciclos, y que fomente el cuidado de
nuestro hábitat junto a la reutilización y el reciclaje, que son expresiones de afecto hacia el
contexto en el que vivimos.

2 Como explica una noticia del equipamiento ambiental La fábrica del sol del
Ayuntamiento de Barcelona: “Carl Honoré no niega los beneficios de la velocidad, ni
de la tecnología, porque realmente son necesarias, pero se manifiesta contra la
tiranía de la rapidez, la satisfacción inmediata y efímera, y a menudo poco o nada
respetuosa con el medio ambiente. Movimientos como el Slow food, las Cittaslow, el
SlowShop, el ejercicio lento o el sexo lento, son algunos de los ejemplos de esta
voluntad de calmar el ritmo frenético que rodea el conjunto de la sociedad”.
https://ajuntament.barcelona.cat/lafabricadelsol/es/noticia/el-movimiento-lento-una-filosofiade-vida_992351
https://ajuntament.barcelona.cat/lafabricadelsol/es/noticia/el-movimientolento-una-filosofia-de-vida
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Rivera Cusicanqui (2019) propone descolonizar la conciencia propia y retomar el
paradigma epistemológico indígena que supone otra relación con el mundo de los sujetos no
humanos: “Hablo de la naturaleza, de las formas de sustentabilidad y del cuidado de la
tierra”, expresa con claridad. Allí es donde el cuerpo está implicado, porque el trabajo con la
tierra constituye una tarea manual, física. La socióloga boliviana conecta este trabajo
manual con el intelectual y en su espacio formativo reflexiona teóricamente mientras hace
huerta, lo que constituye una forma de micropolítica, tal como ella lo expresa:
la micropolítica está por debajo del radar de la política y trabaja sobre colectivos pequeños y
acciones corporales que permiten que florezcan espacios de libertad. Lo que buscamos es
repolitizar la cotidianidad, ya sea desde la cocina, el trabajo o la huerta. (…) Articular el
trabajo manual con el trabajo intelectual, producir pensamiento a partir de lo cotidiano (…)
Porque la academia no puede darte todo y te aleja del pulso colectivo, de lo que pasa en
realidad, de las cosas que hace la gente. La idea es practicar la descolonización a través del
cuerpo y eso no se dice, se hace.

A través de cuerpos sensibles, ubicados geopolíticamente en un territorio colonizado
cuyo pensamiento decolonial sacude los cimientos del conocimiento eurocéntrico,
pretendemos ese desenganche epistémico que propone Mignolo (2010) pero desde el
cuerpo. Potenciar los cuerpos perceptivos, que no rehúyan el contacto afectivo, cuerpos que
empaticen, cuerpos en red, empoderados y políticos, que portan un saber en permanente
movimiento. Un saber que no se pretende universal sino multidiverso y ecológico, en
consonancia con el saber de la tierra, materia sensible de la que formamos parte.

Bibliografía
Barber, Kattalin (2002) “Silvia Rivera Cusicanqui: ‘Tenemos que producir pensamiento a partir
de
lo
cotidiano‘".
El
Salto.
Feminismo
poscolonial
17
FEB
2019.
https://www.elsaltodiario.com/feminismo-poscolonial/silvia-rivera-cusicanqui-producir-pensamientocotidiano-pensamiento-indigena
Bernard, Michael. (1980) El cuerpo. Buenos Aires: Paidós.
Derrida, Jacques. (2020) "La deconstrucción no es una metodología". Bloghemia, 25 de julio
2020.
https://www.bloghemia.com/2020/07/que-es-la-deconstruccion-por-jacques.html?
m=1&amp;fbclid=IwAR2e1I5ALdF4fUgX5Qj8B-fua2oFLEWY3_Q92B68GZNb2AlgBz63ZfYJVVQ
Honoré, Carl. (2006) Elogio de la lentitud. Barcelona: RBA de bolsillo.
Mignolo, Walter. (2009) “La idea de América Latina (la derecha, la izquierda yla opción
decolonial) “. Crítica y Emancipación, año 1, núm. 2, primer semestre 2009, pp 251-276. Biblioteca
Clacso.
____________ (2010) “Desobediencia Epistémica (II), Pensamiento Independiente y Libertad
De-Colonial“. Otros Logos. Revista de Estudios Críticos, año 1, núm. 1, pp. 8-42. Neuquén:
Universidad Nacional del Comahue.
Pariente, Emiliana. (2020) “Deconstruir como una manera de conocer”. Revista La tercera.
(https://www.latercera.com/paula/deconstruir-como-una-manera-de-conocer/) 9/11/22
Trosman, Carlos. (2022) “Mujeres, maternajes y corporalidades“. Revista Kiné, Año 31 Nº155 –
Edición Digital https://www.revistakine.com.ar/mujeres-maternajes-y-corporalidad/

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En busca de la identidad perdida. Apuntes para una
dramaturgia de la danza en La era del cuero de Pablo
Rotemberg3
Dulcinea Segura
DEPARTAMENTO DE ARTES

Introducción
La dramaturgia de la danza como especificidad concreta es un campo aún poco
desarrollado como tal en las creaciones de danza que pueden verse en los escenarios de la
ciudad de Buenos Aires. No quiere decir que no exista la dramaturgia en las obras sino que
todavía no se ha profundizado lo suficiente como para tener una identidad propia en el
ámbito local.
Tomamos como ejemplo La edad del cuero4, obra de Pablo Rotemberg que explicita
la participación de una dramaturga de danza, para pensar acerca de este rol y analizar qué
elementos resultaron un aporte específico desde la mirada dramatúrgica para la reflexión
coreográfica sobre una identidad nacional.
Si, como afirma Levine, “los recuerdos forman los cimientos de nuestra identidad”
(2018: 33) podemos pensar la identidad ligada a la memoria y también en vínculo estrecho
con la historia, como un entramado dinámico que articula aquello que un grupo preserva de
los acontecimientos, que formará parte del relato de su historia y constituirá la identidad de
ese grupo.
En este análisis vamos a reflexionar acerca de la idea de identidad en la obra, en
tanto la temática plantea la reconstrucción de una posible identidad nacional. Como exhibe
Groppo (2002), para que puedan conservarse y transmitirse determinados acontecimientos
es necesario que existan huellas concretas, marcas materiales, registros. Es en este punto
donde nos preguntamos qué posibilidades tiene la danza de constituirse como memoria
respecto a una posible identidad y de qué manera una dramaturgia de la danza puede
colaborar con ese proceso.
El cuerpo en escena presenta y representa una memoria, identidad e historia que se
encuentran en permanente relación con su contexto. Cada cuerpo, más allá de lo que esté
representando en su interpretación, es una marca temporal de su época. Esto se observa en
el gesto, en la manera de pararse, vestir, peinar, andar, así como en los pensamientos,
conocimientos, saberes, que circulan y modelan los cuerpos. Las piezas de danza presentan
esos cuerpos al mismo tiempo que representan otros.

3 Presentado en el XI Congreso argentino e internacional de teatro comparado
ATEACOMP (20 al 23 de septiembre de 2023)
4 Ficha: Coreografía e interpretación: Alejandro “Baby Cata” Desanti, Maximiliano
Díaz, Carla Di Grazia, Nickytuns, Marcos Olivera, Ezequiel Posse, Facundo Posse y
Carla Rímola.- Música original y diseño sonoro Axel Krygier.- Temas musicales
Alberto Ginastera (entre otros).- Dramaturgista Eugenia Cadús.- Diseño y realización
de videoproyecciones Lucio Bazzalo.- Diseño de iluminación Fernando Berreta.Diseño de vestuario Endi Ruiz.- Diseño de escenografía Cecilia Zuvialde.Coreografía y dirección Pablo Rotemberg .21

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La dramaturgia de la danza
En su texto “‘No estamos listos para el dramaturgo’: Algunas notas sobre la
dramaturgia de la danza” (2010), el investigador André Lepecki, reflexiona acerca de la
pregunta sobre qué debe saber un dramaturgo en la danza. Una de las respuestas que
propone es que debe implicarse “a través de una metodología ‘inexacta pero rigurosa’ que
no se base en el conocimiento y el saber sino en el fallo, el error y el errar”. A partir de un
recorrido por su trayectoria profesional y apoyándose en un curso de “Dramaturgia
experimental” que ofreció en la Universidad de Nueva York en 2001, Lepecki relata la
experiencia que tuvo cuando encomendó a sus alumnos que formaran parte de algún
proyecto artístico concreto como dramaturgos y se encontraron con la respuesta de los
grupos artísticos de que no estaban listos para tener un dramaturgo en sus procesos de
creación.
A medida que desmenuza en el artículo su pregunta respecto a por qué no estarían
listos para la dramaturgia, explica a qué se refiere con dramaturgo, diferenciándolo de aquel
que escribe obras de teatro, como algo completamente distinto. “...hablo de un colaborador
que ayuda a que la obra vaya tomando forma a base de trabajar conjuntamente con el
director o coreógrafo en el ‘plano de consistencia’ de la obra, así como siguiendo el
desarrollo muy de cerca” (p.164).
Llegados a este punto, y tomando el primer señalamiento respecto a la dramaturgia
que propone Lepecki, veamos qué sucede en la obra a analizar respecto al abordaje de la
misma.
La era del cuero es una obra de danza dirigida por Pablo Rotemberg que se estrenó
en la Sala Casacuberta del Teatro General San Martín sobre el final del año 2022. El elenco
incluía, además del grupo de intérpretes y de la producción escenotécnica, una
dramaturgista, la investigadora Eugenia Cadús. Si bien toda puesta coreográfica tiene una
dramaturgia que puede estar más o menos pensada, ser evidente o poco clara, el lugar
diferenciado de esta tarea no se suele explicitar en los programas, por lo que es llamativa su
presencia.
En consonancia con la afirmación de Lepecki, y de acuerdo a su función particular en
esta propuesta, la investigadora expresa que el rol de dramaturgista es “colaborar con el
director de la obra en la búsqueda de los posibles sentidos de ésta, acompañando las
investigaciones y documentación para la misma, lo que incluye la redacción del escrito que
apoya a la pieza (programa de mano)” (Cadús, 2022). Según refiere, piensa en la
dramaturgia desde las artes contemporáneas como un acompañamiento del proceso
creativo en el que ampliar, apoyar o ayudar a conceptualizar la propuesta a partir de
preguntas. De acuerdo a la autora, en esa colaboración se acercan materiales que pueden
venir de referencias fílmicas, musicales, visuales, textuales, para apoyar la investigación que
sustente la obra durante el proceso.
Podemos pensar que en la misma dirección que apunta el investigador, Cadús
amplía el punto de vista de Lepecki, quien expresa que se identifica a la dramaturgia como
mediadora en la difícil relación entre escritura y acción física, pero que en la danza se trata
de una relación de tensión que no es entre escritura y acción sino que es “la tensión que se
establece entre múltiples procesos de pensamiento y múltiples procesos de actualización”
(p.167)
En su labor como dramaturga, Cadús colabora con el entrelazamiento de ideas para
encontrar el sentido o los posibles sentidos para que empiecen a afianzarse en la obra,
interrogándose sobre “cómo se hacen visibles [los sentidos] y cómo se mantienen o no”, y
refiriendo que pueden no ser literales ni narrativos, pero sí conceptuales. Su tarea tiene que

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ver en cómo eso se va articulando a lo largo del trabajo de un modo coherente, “y si es
incoherente, que sea a propósito” (2022).
En cuanto al rol de dramaturgista, la investigadora expresa que todavía se encuentra
en proceso de reflexión porque es una tarea que se va aprendiendo en la práctica misma.
En su caso particular, la intervención ocurre desde su lugar de investigadora de historia y
teoría de la danza, que además de charlar con los intérpretes y estar muy cerca de quien
dirige, puede colaborar en hilar la estructura, elaborar paratextos o acompañar en notas
periodísticas.

La obra
De acuerdo al programa, la sinopsis de La era del cuero plantea un “mundo post
apocalíptico” y la búsqueda por “rehacer algo que nunca estuvo ahí: una posible identidad,
una danza nacional, una comunidad”. La interpretación está a cargo de seis bailarines de
folklore y dos bailarinas de danza contemporánea que encarnan en sus cuerpos a esa
nación desmembrada a través de la imagen del cuero, “signo de la corporalidad”. Un cuero
que emula “aquello que queda después de partir, diseccionar, destripar y vaciar el cuerpo”,
tal como expresa el programa de mano, en el que se declara que se abre paso a “una
existencia tan liminal como nuestra identidad. Una herida abierta, un entre lo vivo y lo
muerto”.
La obra está articulada en distintos cuadros coreográficos que se completan con una
potente escenografía audiovisual cuya técnica de mapping, diseñada por el realizador de
video proyecciones Lucio Bazzalo, que ya trabajó con Rotemberg en otras propuestas, logra
un buen equilibrio en la puesta, cumpliendo ese rol escenográfico.
El inicio está marcado por un despliegue audiovisual que emula un mundo en ruinas,
con proyecciones en las que se ve humo en una tierra arrasada, como si se tratara del resto
de un combate con fuego en el desierto. A lo largo del desarrollo, la propuesta parece
realizar un sincretismo entre elementos que hacen referencia a la colonización hispánica y
aquellos referenciados con los pueblos originarios, representados en las vestimentas, las
alusiones verbales y al paisaje y los movimientos característicos del malambo.

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La era del cuero (PH Carlos Furman)

Todos estos elementos son combinados en algunas coreografías cuyos movimientos
aluden a una especie de hibridez zombi que se vincula con la imagen inicial de destrucción y
tierra arrasada, en la que colaboran las visuales como apoyo de ese imaginario ya
atravesado por gran filmografía alusiva a los zombis. Estas imágenes apelan a la evocación
de un desierto que hace referencia a la historia nacional, como algo aprendido en los
manuales escolares en los que la ‘conquista’ del desierto busca dar origen a una identidad
aspiracional porteña. El director Pablo Rotemberg opina que la historia nacional es un tema
recurrente en las obras de teatro y que la danza lleva ventaja en su abordaje. Su reflexión
sobre el origen de la nación está planteada a partir de diferentes alusiones que van desde el
nombrar a distintos personajes vinculados a la idea de patria como Sarmiento, Rosas,
Moreno o Facundo Quiroga, la inclusión de textos en inglés, el Martín Fierro o la voz de
‘ordene patrón’ que expresan los intérpretes en varias oportunidades.
Cadús, que participó casi desde el principio de los ensayos, relata que parte de su rol
fue sugerir referencias de imágenes o películas, en relación a la idea de patria, para luego
charlar respecto a la necesidad de reafirmar la propuesta. Algo que les preocupaba era el
uso que hacían del folclore, no querían que fuera tomado como apropiacionismo ni tampoco
como una burla del folclore o la tradición. Si bien las imágenes de la danza suelen tener una
carga simbólica que permite diversos sentidos, necesitaban afirmar bien el objetivo. En ese
punto Cadús interviene como dramaturga, en un lugar de indecibilidad que, como remarca
Lepecki al reformular su proposición inicial, es la tensión en el que la dramaturgia en la
danza opera, entre “la casi nada contenida en un deseo (llamémosle, del autor, por ahora) y
las realizaciones que están aún por venir (que podemos llamar la obra inminente)”. Y en
esa intervención, puede potenciar sentidos, amplificarlos, silenciarlos, pero siempre
actuando en un espacio de mediación, como “una interrogación que se resuelve
momentáneamente, en una composición efímera” (Sánchez, 2010).
Si continuamos con la obra, podemos observar que está estructurada en tres actos
que, si bien no avanzan en una narrativa tradicional de inicio, nudo, desenlace, llevan un
orden que podría pensarse progresivo tras ese apocalipsis, aunque no necesariamente
lineal, articulado, coherente, de acuerdo a la investigadora.

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Era importante que no tuviera una narrativa lineal, una cuestión representacional y tampoco
bajar línea, queríamos hacer hincapié en esta cuestión de una identidad nacional que siempre
está en movimiento, que tiene signos que son múltiples, que va cambiando de acuerdo a los
tiempos históricos, imaginar cómo sería si es que quisiéramos reconstruir algo así después
de una especie de apocalipsis (Cadús, 2022)

Con estas palabras explica Cadús el trabajo en detalle acerca de lo que se puede
expresar mediante los distintos signos en la escena. La investigadora y dramaturga añade
que la división en actos está para homenajear los sentidos del ballet y de la ópera
nacionalista reflexionando sobre qué pasaba con los Ballets Russes cuando vinieron a
Argentina e hicieron ballets como Estancia y otros.
Dedicaremos un breve comentario sobre Estancia. En 1941 el empresario
norteamericano Lincoln Kirstein le encarga al músico Ginastera la composición de un ballet
acerca de la vida en el campo argentino para que lo representara el American Ballet
Caravan. Inspirado en la vida del gaucho siguiendo el Martín Fierro, poema épico de José
Hernández, Ginastera compuso Estancia, pero recién en 1952 la pieza se estrena en el
Teatro Colón, con coreografía de Michel Borowski, convirtiéndose en un emblema del ballet
nacionalista argentino (Cadús, 2020). Como explica Cadús en su libro Danza y peronismo,
Estancia evoca un mundo pasado idílico en el que la gente del campo representa la bondad
y “las raíces del auténtico ser argentino”, y la pieza constituye

un ballet que estiliza las danzas populares argentinas, hecho por un reconocido artista antiperonista en base a un encargo del exterior, pero que persistió como el símbolo de la
tradición argentina y la nación, tanto para peronistas como para anti-peronistas, para los
representantes de la cultura de élite y los de las populares. (Cadús, 2020: 157)

Si bien el argumento de Estancia contrapone el ser del campo al hombre de ciudad,
ese “gaucho idealizado de la cultura criolla pampeana que emanaba el alma nacional”
(2020:161) es quien aparece solapado (y no tanto) en La era de cuero, en esa
reconstrucción fallida de una patria de identidad única. Justamente es Estancia un símbolo
de aquellos sentimientos contradictorios entre dos clases sociales en pugna.
El texto brindado por la dramaturga orienta la puesta coreográfica en una
determinada dirección en la que las dicotomías de la danza durante el primer gobierno de
Perón ya estarían dando cuenta de las tensiones de una identidad nacional.
Por otro lado, observamos que también se puede inferir su rol a partir de la
estructura de la pieza, en la que se aprecia cómo la mirada dramatúrgica orienta el sentido
en la construcción conceptual de la identidad, lo que puede verse en la intervención
respecto a la estructura narrativa en actos que homenajea al ballet nacionalista. De esta
manera, su trabajo es generar una espesura consistente, tal como apunta Lepecki
refiriéndose a la palabra dramaturgia, que se utiliza para “dar nombre a la consistencia,
solidez y coherencia estética general de la pieza” (p. 165)
Esa coherencia toma forma en la estructura de los actos que exponemos a
continuación para ver posteriormente cómo se enlaza la mirada dramatúrgica con las ideas
del director.
El comienzo de la obra plantea en su primer acto una “completa disgregación en la
que se producen intentos de volver a cierta cuestión comunal” (Cadús, 2022). En la escena
es quizás la desarticulación corporal de los intérpretes la que podría mostrar esa
disgregación. Cadús explica que por eso es el acto donde están más presentes los zombis,
que encarnan esa desarticulación que querían mostrar. Siguiendo a la dramaturga, el
segundo acto se caracteriza por una atmósfera más densa a través de expresiones de
violencia que tienen que ver con el descenso a los infiernos. En ese sentido, la dramaturga

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señala que la violencia puede ser simbólica a partir “de cualquier idea de construir una
nación, de cualquier idea de reconstruir una identidad única”, y remarca la idea del infierno
como la ira de los dioses y una cuestión más bíblica del apocalipsis.
En relación a su aporte agrega que tuvieron de referencia cuentos argentinos sobre
el apocalipsis (uno de Roberto Arlt y otro de Lugones), que fueron parte de la inspiración y
del proceso. En la escena se pueden percibir varios grados de violencia en los cuerpos que
se sacuden, en los zapateos de malambo, los gritos, alguna corrida, los golpes que se
propician entre los intérpretes, con los movimientos bien coreografiados. Esos cuerpos están
todo el tiempo bajo la lupa de la dramaturgia que se enfoca en la corporalidad señalando el
cuero de un cuerpo descarnado del que quedan las pieles. Cadús indica que pensar en el
carnear está vinculado con imágenes que tenían de relatos como Matadero.
Para el tercer acto refiere que desde lo corporal aparecen intentos de comunión, de
formar algo que finalmente fracasa, que está relacionado con el unísono grupal final de la
coreografía que realiza el elenco, que en la dramaturgia tiene que ver con pasar de lo
nacional a lo nacionalista, “a una cuestión fachistoide podríamos decir, que de todos modos
se termina disolviendo, vuelven a estar disgregados, vuelven a este no lugar donde están
esos seres habitando la escena”, según sus palabras.

Los aportes de la dramaturgia de la danza en la construcción de la identidad
Retomamos la pregunta respecto a la identidad de la patria, que se ve atravesada
por la imposibilidad de su realización y la sombra de su disolución. En función de lo
expresado, observamos que es en ese sentido que aparecen los zombis como una manera
de hablar del apocalipsis que tanto Cadús como Rotemberg relacionan con la dificultad de
constituirse como una nación con una identidad integrada y el director vincula con la
transformación de aquello que parece inmutable y que metaforiza coreográficamente a
través del malambo. Rotemberg (2022) señala esta danza como un símbolo inestable para
metaforizar el fin de la Argentina que, de acuerdo al coreógrafo, no va a terminar, se va a
transformar: “nuestro país se está disolviendo y por eso me gusta abordarlo desde el
malambo, que sigue siendo una expresión que parece que no tiene duda, eterna, como un
símbolo de la argentinidad, de la patria, de la nación, inmutable, que no se va a deformar
nunca”, puntualiza.
Aquí aparece el cruce con esa tradición de los zombis que viene de Haití, vinculada
al culto vudú y relacionada por varios investigadores del tema con la situación de esclavitud,
ya que se trata de un muerto que es resucitado para ser convertido en esclavo. De esta
tradición Rotemberg destaca el término undead, explicando que no es que vamos a
desaparecer como pueblo, nación o país, sino que se estaría en una especie de “estado
undead, que no está muerto ni vivo, está en estado de mutación”, como podría pensarse el
estado de esclavitud.
Es cierto, como señala el coreógrafo, que en la obra hay varias capas y texturas que
pueden despertar diferentes asociaciones libres. “una imagen vale más que mil palabras o
un movimiento vale más que mil palabras, lo que hacen en escena kinéticamente y
coreográficamente, también habla de nosotres”, remarca Rotemberg.
Para trabajar en la composición sobre Ginastera como sobre el cuadro final Estancia,
Cadús compartió su trabajo de investigación, mostró fotografías, y el elenco leyó el capítulo
de su tesis para contextualizar un poco cómo fue la historia, cómo se hizo Estancia, y
reflexionar respecto de la identidad nacional, las danzas nacionales, las danzas folclóricas.
Ahora, ¿cómo se expresa la dramaturgia coreográficamente? Una posibilidad es a
través de los zapateos que realizan los bailarines de malambo que pueden emular batallas,

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un tropel de caballos, o afirmaciones sobre la tierra robada. “Siempre me fascinó la kinesis
del malambo, me parece increíble” expresa Rotemberg (2022), quien pensó realizar la obra
sólo con malambistas y con música de Ginestera, haciendo un cruce entre cierta idea de lo
popular y de la música académica un tanto elitista, si bien luego incorpora la composición
musical de Axel Krygier, pensando que la textura de la música de Ginestera podría resultar
monótona para el espectador. Este cruce musical también lo hace en la danza al plantearse
trabajar con bailarines de folclore y bailarinas de contemporáneo, mezclando danzas del
pueblo con técnicas más estilizadas. Podemos pensar que es parte de una dramaturgia que
busca tensionar la alta cultura y la cultura popular en esa búsqueda por la construcción de
una identidad nacional.
Otra expresión de la dramaturgia que desarrolla la obra está en el vestuario. Allí se
ve, en la textura de algunos trajes el dibujo de la estructura ósea como si los cuerpos
estuvieran ‘descarnados’. También la paleta de colores que usan, cuyos tonos rondan el rojo
y el púrpura, lo que también puede traer la asociación de la divisa punzó que caracterizó a
los federales, parte de esas luchas por construir una determinada identidad nacional.
En la escena nada es inocente y los colores, la disposición de los objetos o las
sugerencias lumínicas aportan de la misma manera que la coreografía y el gesto de los
intérpretes, si bien, las expresiones más simbólicas se prestan a interpretaciones que
dependen del análisis del observador. Así, las cintas blancas similares a vendas que viste
una de las intérpretes junto a un artilugio en el cuello podría sugerir una mujer herida pero
con características cyborg, o una especie de encarnación futurista de la luz mala. Sin
embargo, esta figura que ejecuta un solo con movimientos de wushu, un arte marcial chino,
simboliza lo viene en el futuro porque para el director, después de la caída de Occidente,
llega China. Señalaremos que esa apreciación detallada quizás no está tan a la vista como
podrían resultar otras asociaciones, y esa es también una decisión de la dramaturgia tal
como se observa en la siguiente afirmación:
Para mí la danza en eso es como la música, no me estoy preguntando qué quiere decir con
esto o con lo otro, no la pienso conceptualmente, qué significa, la pienso como una cuestión
formal. Para mí es la gran virtud de la danza, que también hace que la dramaturgia pueda ser
confusa o más compleja. Por eso siempre trato de pensar, al igual que con la música, en un
nivel de abstracción que se puede interpretar lo que uno quiere (Rotemberg, 2022).

El tejido invisible de la dramaturgia en la danza entrelaza los hilos de la dirección y
del equipo para dar forma a esa tensión entre lo no hecho aún y las múltiples posibilidades
de ser.
En La Era del cuero, el malambo y la danza contemporánea, la música académica y
la popular, los colores del vestuario y las proyecciones, conforman una totalidad que se fuga
del sentido unívoco en su intento por reflexionar respecto de una identidad nacional desde la
danza.
Entre esos signos que dan cuenta del carácter de obra nacional (o sobre “los padres
de la patria”, en palabras de Rotemberg), y lo conflictiva que resulta la construcción de una
identidad nacional, se observan las imágenes fabriles militares de las proyecciones, con una
marcada estética soviética acentuada por el color rojo (símbolo de sangre, fuego y pasión),
así como las patas del teatro por donde salen y entran los intérpretes, que están cubiertas
con tiras de plástico tipo frigorífico en lo que podría constituir una posible alusión metafórica
de la nación como matadero, o como están presentes las sugerencias de combate mediante
proyecciones de humo y fuego.
En ese estado de tránsito en el que no se está ni muerto ni vivo, unos zombis
malambistas bailan un carnavalito, como parte de una patria que no termina de construirse.

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La dramaturgia organiza y orienta, haciendo sonar sus tonos en el conjunto para que llegue
al oído del público un sonido que amplificará sus sentidos en una dirección multiplicada.

Bibliografía
Cadús, Eugenia. (2020) Danza y peronismo. Disputas entre cultura de élite y culturas populares.
Buenos Aires: Biblos.
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Las/los espectadores, sujetos del teatro y la cultura
Jorge Dubatti
DEPARTAMENTO DE ARTES

¿Qué significa hoy el trabajo con las/los espectadores?
Estamos viviendo un movimiento cultural de reivindicación y auto-reivindicación de
las/los espectadores como sujetos de la cultura, sujetos complejos y agentes fundamentales
del campo teatral, ciudadanas y ciudadanos. Hay claras señales del empoderamiento del
espectador como sujeto. Hoy no hablamos de espectadores a secas, sino de espectadorcreador, espectador-crítico, espectador-gestor, espectador-multiplicador, espectadorfilósofo, espectador-investigador. Sin embargo, sabemos muy poco todavía de las/los
espectadores. Tenemos que trabajar en nuevas líneas para los Estudios de Expectación:
investigación participativa, auto-observación, filosofía de la praxis, razón de la praxis,
producción de conocimiento desde la propia experiencia y desde la experiencia con otros
espectadores. Tenemos que hacer Fenomenología de Espectadores. Desde hace años
venimos trabajando en la expectación como laboratorio de (auto) percepción del
acontecimiento teatral, como espectador-investigador, quien a partir de sus horas de
expectación, saberes de experiencia y saberes de tiempo, de su territorialidad, de su
frecuentación con otros espectadores, produce conocimiento desde la expectación. Hacia
una Filosofía de la Praxis del Espectador Teatral. La expectación también es praxis teatral,
es acción. Mucho más que recepción: hablamos de Teoría de la Expectación y no de la
recepción.

¿Hay entonces una reconsideración del espectador desde una razón de la praxis?
Sí, se trata de un giro epistemológico y práctico, impulsado por una filosofía de la
praxis con/desde/para/hacia las/los espectadores en el campo teatral. Por ejemplo, ese giro
práctico se observa en la actividad de las escuelas de espectadores. La primera, la Escuela
de Espectadores de Buenos Aires, nació en 2001 y lleva más de veinte años de trabajo. Se
han abierto 86 escuelas de espectadores en diversos países: México, Uruguay, Brasil, Perú,
Bolivia, Colombia, Costa Rica, Francia, Venezuela, España, Panamá, El Salvador, etc. En la
Argentina hay escuelas de espectadores en CABA, Mar del Plata, Córdoba, Santa Fe, Bahía
Blanca, entre otras. Integran la REDIEE (Red Internacional de Escuelas de Espectadores).
Cada escuela es territorial y diferente en su funcionamiento (convocatorias, estructura de
clase, ejercicios, etc.). Las hay de diversos tipos: para adultos que se inscriben
voluntariamente, con escuelas primarias y secundarias, para universitarios, en las cárceles
(Devoto y Ezeiza), especializadas en infancias o en danza, etc. Si en 2001 hablar de
Escuela de Espectadores era una rareza (que incluso recibía rotundos rechazos), hoy la
formación y estimulación de audiencias es atendida por organismos privados y públicos. Es
agenda institucional, fogoneada por subsidios y planes de estímulo.

¿Por qué tenemos que atender la acción de las/los espectadores?
Porque reconocemos que la expectación, según la Filosofía del Teatro, constituye
uno de los componentes sine qua non del acontecimiento teatral, del “teatrar”, tanto en su

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dimensión lógico-genética (convivio + poíesis corporal + expectación) como en la pragmática
(zona de experiencia y subjetivación que resulta de la multiplicación de convivio + poíesis
corporal + expectación). Sin espectador no hay acontecimiento teatral, de allí su relevancia.
También de la mano de la Filosofía del Teatro reconocemos que la expectación produce
poíesis: tanto poíesis específicamente expectatorial, como convivial. El espectador incide
poiéticamente en el acontecimiento, lo configura, lo modifica. Cambia el espectador, cambia
el acontecimiento poiético en la zona de experiencia.

La expectación es una acción omnipresente, circulante en el acontecimiento , ¿en qué
sentido?
La expectación no es privativa del espectador (es decir, de quien observa al otro
producir poíesis corporal), expectan todos los agentes del convivio teatral, incluidos los
actores y los técnicos. En realidad estamos redescubriendo que el espectador acciona
mucho más que lo que se cifra etimológicamente en su designación (de spectare,
exspectare, observar atentamente, a la espera, desde afuera de lo que observa / hacia
afuera de sí). La palabra “espectador” no nombra todo lo que hace un espectador. Es mucho
más que un receptor, y mucho más que espectador (en el sentido etimológico).

¿Por qué el espectador es un sujeto complejo?
Hablamos de un sujeto complejo, que construye un vínculo existencial con el teatro y
genera en su vida otros acontecimientos a partir de su relación con los espectáculos. Cada
espectador/a es diferente, resultado de infinitas variables: su historia, su deseo, su
profesión, su ideología, su subjetividad, sus traumas, sus gustos, sus situaciones… Esta
multiplicidad lo hace imprevisible. Pero además se trata de un espectador-creador (que
produce poíesis expectatorial y poíesis convivial en el acontecimiento), espectador-artista.
Por otro lado, produce discursos críticos y comunicación sobre el teatro (espectador-crítico,
que cumple las funciones transhistóricas de la crítica, espectador-multiplicador o
comunicador). Este empoderamiento del espectador significa una democratización en la
producción de dichos discursos, y la posibilidad de su colaboración como masa crítica (con
la que se puede contar no solo para expectar espectáculos). Por una encuesta de la Escuela
de Espectadores de Buenos Aires sabemos que cada espectador, al menos, multiplica en 10
a través de su “boca-en-boca”: los 400 alumnas/os, si les gusta el espectáculo, reproducen
el entusiasmo en 4.000. Y si a esos 4.000 les gusta el espectáculo, la recomendación es
imparable. Así tenemos en Buenos Aires espectáculos que están en cartel más de una
década. El espectador, además, con su celular, produce registros como fotógrafo y videasta,
o en la web escribe literaturas de espectador. Es un agente fundamental del dinamismo de
los campos teatrales. Un espectador-maestro, que forma a otros espectadores, por ejemplo,
iniciándolos en el teatro o llevándolos regularmente a ver espectáculos. Hoy somos
conscientes de la energía cultural y existencial del espectador, de su fuerza, de su poder.
Pero es importante señalar que, aunque haga todas estas cosas, no deja de ser espectador
(en el sentido etimológico), no deja de expectar (es decir, observar atentamente, a la espera,
etcétera.).

¿Qué saberes, qué capacidades pone en juego el espectador?
De acuerdo con la teatralidad en sentido antropológico, la expectación es un atributo
omnipresente en todas las actividades de la vida, no solo en las artísticas. Por eso hablamos

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de expectatorialidad, expectación y expectaciones, transexpectación. Así como el teatro no
inventó la teatralidad, que lo precede, podemos decir lo mismos de la expectación. No sólo
se trata de expectar el mundo, sino también de expectar que se es expectado, y de actuar
en consecuencia para esa expectación. Aprendemos a actuar expectando a otros. El actor
aprende a actuar viendo teatro, por eso es tan importante hacer escuelas de espectadores
en los cursos de teatro, como hace Jonathan Pizarro en Cuenca, Ecuador. Teatralidad,
actoralidad y expectatorialidad son una tríada inseparable, de la misma manera que
transteatralidad, transactoralidad y transexpectatorialidad. Un espectador teatral pone en
juego todos sus saberes en expectación, los artísticos (porque expecta cine, televisión,
radio, la web, etc., no solo teatro) y los sociales.

Un acontecimiento de pluralismo y confluencia de expectaciones.
Exacto, podemos hablar en la contemporaneidad de un espectador en la “sopa
cuántica” espectacular, frente a la destotalización de los campos teatrales, al canon de
multiplicidad por el que proliferan espectáculos y situaciones de expectación muy diversas.
En principio hoy somos espectadores de las artes conviviales, tecnoviviales y liminales. No
fue siempre igual en la historia, tenemos que estudiar las competencias de las/los
espectadores históricamente. Si bien hay constantes en la expectación en larga duración
histórica, también es cierto que según cada época la expectación es una palabra general
que debe ser desambiguada por la diversidad de expectaciones históricas y territoriales. La
desambiguamos colocando un sustantivo o adjetivo asociado: por ejemplo, en la Grecia
antigua el espectador de tragedias y comedias en las fiestas era un “espectador ritual”; el
espectador que encarna los valores modernos hacia el siglo XVIII es un “espectador crítico”
(que se vale del teatro como medio de cuestionamiento y superación crítica de su sociedad
hacia un futuro mejor), en cambio el espectador isabelino en Inglaterra o el Molière en
Francia en el siglo XVII era un “espectador conformista”, que asistía al teatro para ratificar
sus creencias pre-existentes y el statu quo de los respectivos regímenes monárquicos.
Pensemos, de la mano de Catherine Bouko, todo lo que significa hablar de “espectador
posdramático”.

La construcción de un vínculo existencial con el teatro desde la expectación
Especialmente a través de la frecuentación en el trato con las/los espectadores en
las Escuelas de Espectadores, hemos observado que hacen múltiples acciones con los
espectáculos en sus vidas. El teatro no se termina cuando salen de la sala. Así como
Pavlovsky me dijo: “Si no hago teatro me muero”, oigo en las Escuelas decir a las/los
espectadores: “Si no veo teatro me muero”. La expectación teatral es parte de la vida. Ser
espectadores nos llena de energía vital y nos cura. Así como la Modernidad intentó regular
al actor y al espectador, ahora en la Posmodernidad es el mercado el que intenta regularlo
como cliente, como algoritmo, como encuestado, como número de estadística. El
espectador amasa su existencia en la expectación, y la cuece en los fuegos de la infancia,
de la inefabilidad, de la despalabra. La expectación es experiencia que colma la existencia
de pasiones alegres. En las Escuelas de Espectadores trabajamos para propiciar ese
vínculo existencial con el teatro.
¿Qué son y para qué sirven las Escuelas de Espectadores?
Son espacios donde las/los espectadores se reúnen con un coordinador o
coordinadores para dialogar sobre los espectáculos que se han visto. Cada escuela es

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diferente pero todas cumplen algunas funciones recurrentes: armar agenda de espectáculos;
empoderar con herramientas analíticas, históricas, teóricas, técnicas, etc., para que cada
cual construya su propia relación creadora con los espectáculos; reunirse con los artistas a
través de una pedagogía del diálogo y la escucha mutua; ir construyendo una masa crítica
cultural integrada por personas con las que se puede contar para mucho más que ir a ver
obras de teatro. En las escuelas nadie le dice a nadie ni qué tiene que pensar ni qué tiene
que sentir. Se empodera al otro para que construya su propia creación. Las escuelas de
espectadores son laboratorios de observación y auto-observación de los sujetos
espectadores en esas demandas, comportamientos, actitudes, emprendimientos, etcétera,
que no podemos relevar con una o varias encuestas.
¿Hay éticas del espectador?
Hay una fuerza y un poder de los espectadores, y una creciente conciencia de los
espectadores respecto de los alcances de esa fuerza y ese poder, por lo tanto es necesario
discutir políticas y éticas del espectador, con sus modelos positivos y sus contra-modelos
negativos, según se ejerza y encauce esa fuerza y ese poder en forma positiva o negativa
en los campos teatrales. Hablar de expectación incluye discutir políticas y éticas. La
experiencia en el trabajo con espectadores nos ha permitido diseñar ciertos modelos y
contra-modelos de comportamientos. Pensamos que un espectador “ideal” practica la
disponibilidad hacia el otro, la amigabilidad, la hospitalidad, la apertura de criterios, el
dialogismo, una ética de la alteridad (Lévinas), se transforma en un espectador-compañero
(etimológicamente, del cum panis), “el que comparte el pan” con el otro. Pero también en
estos 23 años de trabajo con espectadores teatrales hemos elaborado, desde la
observación, al menos 45 contra-modelos de comportamiento, sea en relación a los
espectáculos, a los artistas, a los otros espectadores o a los coordinadores de escuelas: el
espectador metroteatral, el verdugo o golpeador, el asesor, el acreedor, el monologuista, el
saboteador, el negacionista, el cazador de autógrafos, el nostálgico, el solipsista, el amateur,
etc. Si el espectador es cada vez más consciente de sus comportamientos, podrá evitar
prácticas negativas para el campo teatral y favorecer otras positivas para el desarrollo y
crecimiento de los campos. Tenemos que construir nuevos pactos con los espectadores,
fundados en la conciencia de su poder y energía cultural.

Bibliografía básica
Dubatti, Jorge (2015). “L’École des Spectateurs de Buenos Aires (2001-2013). Un laboratoire
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Autónoma de Buenos Aires: Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de
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Letras, Instituto de Artes del Espectáculo “Dr. Raúl H. Castagnino”, pp. 1-7. Edición digital
disponible
en:
http://iae.institutos.filo.uba.ar/publicacion/actas-vii-jornadas-2023
y
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Nallim, G. C. Quispe, C. J. Dávila y V. R. A. Sebastián, San Salvador de Jujuy, Universidad
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Reconfiguración del teatro independiente a través de los
años5
María Fukelman
DEPARTAMENTO DE ARTES

Palabras introductorias
Se considera que el teatro independiente surgió en la ciudad de Buenos Aires en
1930, a partir de la fundación del Teatro del Pueblo6. A este concepto lo definí en mi tesis de
doctorado (2017, luego reelaborada en Fukelman, 2022), donde estudié su período inicial
(1930-1944), como una categoría política que dio cuenta de un modo de producir y de
concebir el teatro que pretendió renovar la escena nacional de tres maneras: se diferenció
del teatro que ponía los objetivos económicos por delante de los artísticos; se propuso
realizar un teatro de alta calidad estética; careció de fines lucrativos. En este sentido, se
constituyó como una práctica colectiva y contestataria —dado que se opuso al statu quo del
teatro de aquellos años e impulsó una organización anticapitalista—, pero también
heterogénea, ya que se mostró como un enraizado complejo y rico en su diversidad.
Son muchos los motivos por los que considero que el teatro independiente sigue vivo
en la actualidad, existe. Sin embargo, lo que representa ese sintagma ha ido mutando con
cada época. De acuerdo con esta premisa, la propuesta del presente trabajo será analizar
qué características se fueron transformando (y por qué) y cuáles permanecieron; es decir,
proponer un diálogo entre ambas épocas (que por supuesto es arbitrario y forma parte de un
trabajo inacabado y en proceso, en tanto que pasaron muchos años y muchos teatros
independientes), en el marco del Teatro Comparado.
Por un tema de tiempo y espacio me voy a abocar solo a una serie de problemas que
existieron en los primeros años de teatro independiente, a fin de compararlos con algunos
de los que observo en el presente: la relación con el Estado, la concepción de los hacedores
de teatro independiente como trabajadores y las posibles corrientes internas dentro del
teatro independiente. Trataré de brindar ejemplos de diversos teatros independientes
históricos, abonando con la práctica a la heterogeneidad que me interesa plantear desde la
teoría, ya que la historiografía tradicional tendió a ocuparse de un único teatro (el Teatro del
Pueblo) y a considerar al resto como epígonos suyos.

Teatro independiente, Estado, trabajo y grietas

5 Este trabajo fue presentado en el XI Congreso Argentino Internacional de Teatro
Comparado, organizado por ATEACOMP, y también será publicado en sus actas.
6 No obstante, la necesidad de renovar el teatro ya había sido manifestada por otras
figuras y grupos. Los primeros conjuntos que se conformaron (los antecedentes del
Teatro del Pueblo: Teatro Libre, 1927; TEA, Teatro Experimental de Arte, 1928; La
Mosca Blanca, 1929; y El Tábano, 1930; y anteriormente, las compañías
Renovación, La Plata, 1926; y Martín Pescador) pretendieron llevarla a la práctica
pero no tuvieron demasiado éxito. El Teatro del Pueblo fue el primero que alcanzó
continuidad en el tiempo y por eso la crítica especializada coincidió en considerarlo
como el primer teatro independiente de Buenos Aires.
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Tradicionalmente se ha dicho que el teatro independiente no tenía ningún vínculo
con el Estado. Esto se talló como una verdad en piedra, en especial por las declaraciones
de los protagonistas. Sin ir más lejos, el cuarto artículo de los estatutos del Teatro del
Pueblo manifestaba: “El Teatro del Pueblo es independiente y no podrá aceptar
subvenciones en dinero efectivo ni ninguna clase de vínculo o negocio con el Estado,
empresas comerciales o personas que traben su libre desarrollo o acción” (en Larra, 81). A
pesar de estas palabras, que representaron el alma máter del concepto de “teatro
independiente”, la afirmación no se llevó, tan estrictamente, de la teoría a la práctica.
Aunque trascendió, a través de los años, cierta imagen “pura” del Teatro del Pueblo como el
ejemplo de independencia dentro del movimiento de teatros independientes, este conjunto
pionero aceptó las cuatro salas que el Estado le cedió. La más importante fue la adoptada
en 1937, en el edificio de Av. Corrientes 1530, pero antes había obtenido tres más.
Tampoco fue el único. La Agrupación Artística Juan B. Justo usufructuó durante diez años la
sede que la Municipalidad le concedió; y La Máscara hizo lo propio por cuatro temporadas.
Si bien es cierto que, en 1943, los tres teatros fueron desalojados de maneras violentas —
principalmente, el Teatro del Pueblo—, el hecho de que alguna vez hubieran adquirido las
salas marca una relación y, al mismo tiempo, una diferencia respecto de otros grupos, como
el Teatro Popular José González Castillo, que intentó hacerse de una durante mucho
tiempo, sin ningún tipo de éxito.
A su vez, el movimiento de teatros independientes se organizó colectivamente con el
objetivo de pedirle cosas al Estado desde 19567 a partir del Memorial del Teatro
Independiente a las Autoridades Nacionales, redactado por la Comisión de Relaciones del
Teatro Independiente con el Estado (integrada por Pedro Asquini, Marcela Sola, Aurelio
Ferretti, Oscar Ferrigno y Onofre Lovero). Algunas de las medidas más importantes que se
solicitaron desde ese documento (y que se puede ver en Risetti, 322-337) fueron la
constitución de un fondo de crédito y fomento teatral independiente a modo de apoyo
financiero; la cesión de locales donde actuar y ensayar; la instalación, en forma permanente,
de anfiteatros en plazas y lugares públicos; la construcción de la Casa del Teatro
Independiente (para que allí funcionaran un taller-escuela para los teatros independientes y
la sede de la FATI); el emplazamiento de una Universidad Popular de Teatro (con el
correspondiente plan didáctico entregado para tal fin); y el apoyo a los teatros
independientes en los distintos puntos del país.
Más allá de los casi nulos resultados que pudieran tener estos pedidos, lo que me
interesa es que en ese entonces se puso sobre la mesa algo que en la actualidad se
considera casi una obviedad: que el teatro independiente necesita del Estado. Esto quedó
ratificado en la historia reciente a partir de la sanción de la Ley 24.800, de 1997, conocida
como la Ley Nacional del Teatro, que instauró que la actividad teatral, por su contribución al
afianzamiento de la cultura, iba a ser objeto de la promoción y el apoyo del Estado Nacional,
y que proclamó la creación del Instituto Nacional del Teatro como ente autárquico en
jurisdicción de la Secretaría de Cultura8 de la Presidencia de la Nación. En la ciudad de
Buenos Aires, se creó Proteatro en 1999, un programa que depende del Ministerio de

7 Los agrupamientos dentro del movimiento de teatros independientes habían
comenzado en 1938 con la Primera Exposición de Teatros Independientes, de la que
participaron el Teatro Juan B. Justo, el Teatro del Pueblo, el Teatro Íntimo de La
Peña y el Teatro Popular José González Castillo.
8 El 7 de mayo de 2014, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner creó el
Ministerio de Cultura de la Nación, organismo del que pasó a depender el INT. El 5
de septiembre de 2018, el presidente Mauricio Macri degradó el ministerio al rango
de secretaría dentro del Ministerio de Educación (renombrado Ministerio de
Educación, Cultura, y Ciencia y Tecnología). Al asumir el gobierno de Alberto
Fernández en diciembre de 2019, Cultura volvió a ser Ministerio.
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Cultura del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y que fomenta, propicia y
protege el desarrollo de la actividad teatral no oficial de Buenos Aires a través de distintas
líneas de subsidio. Estas novedades (entre otras, como la puesta en vigencia de la Ley
2.264, de Mecenazgo, para la ciudad de Buenos Aires, en 2006) contribuyeron a generar
mayores vínculos entre el Estado y los teatros independientes9. Otra cuestión que también,
indirectamente, fomentó una mayor demanda de subsidios fue la Tragedia de Cromañón,
ocurrida en diciembre de 2004 y que dejó un saldo de 194 muertos y de miles de heridos10. A
partir de ese suceso, el gobierno clausuró una gran cantidad de lugares que no cumplían —
al igual que Cromañón— con la reglamentación vigente y luego trabajó para endurecer las
leyes. Este hecho fue perjudicial para muchas pequeñas salas de teatro independiente, que
no podían cumplir con los nuevos requisitos de habilitación. De la lucha que emprendieron
los teatristas dueños de pequeñas salas independientes surgió, en 2010, ESCENA
(Espacios Escénicos Autónomos), una asociación civil sin fines de lucro cuyo objetivo inicial
fue dinamizar los procesos de gestión de espacios emergentes de las artes escénicas de la
ciudad de Buenos Aires que compartían una problemática similar, en relación con su
habilitación legal, para obtener el libre funcionamiento. En 2012, Rubén Sabadini, cuyo
teatro Vera Vera formaba parte del colectivo ESCENA, lo resumía así:
…soy ferviente creyente de que hay que tener relaciones con el Estado, puesto que el Estado
genera obligaciones onerosas sobre los espacios. (…) Hasta que no vinieron a obligarme, yo
mantenía el espacio 100% independiente, entonces, decidí autoconcederme el derecho a los
subsidios (en Soto: s/p).

Entonces, si bien hasta hace algunas décadas atrás la idea de necesitar al Estado
podía ser relativamente opcional (tal como postuló Sabadini), ahora ya no es así. Y
fundamentalmente la pandemia por el Covid 19 puso en evidencia la precariedad de las
condiciones laborales de los hacedores de teatro independiente y lo indispensable que fue el
Estado en una situación extraordinaria.
Hay numerosos trabajos de investigadores y periodistas que hicieron foco en lo
sucedido en el campo teatral durante la cuarentena que impedía el normal funcionamiento
del sector y en las ayudas que llegaron (o no llegaron) desde el Estado. Entre ellas, se
destaca principalmente la labor del Estado nacional, bajo la gestión del presidente Alberto
Fernández, que no solo congeló el precio y prorrogó por seis meses los contratos de
alquiler, impidió el corte de servicios por falta de pago, abrió una línea de créditos a micros,
pequeñas y medianas empresas, y brindó el IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) y el ATP
(Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción), en tanto medidas generales que no
necesariamente impactaron sobre los hacedores de teatro independiente, sino que,
especialmente para el sector cultural, habilitó el Fondo Desarrollar, dirigido a
establecimientos con una capacidad menor a 300 localidades, relanzó el programa Puntos
de Cultura, existente desde 2011, que se redireccionó hacia la adaptación de los espacios
culturales y comunitarios al uso de las tecnologías, y lanzó desde el INT el Plan Podestá (en
varias etapas). También salieron los programas Sostener Cultura I y II, Fortalecer y

9 Acá me gustaría aclarar la importancia de la territorialidad, es decir, yo hablo
desde y sobre la ciudad de Buenos Aires, es esperable que lo que digo no sea
representativo de lo que pasa en las otras provincias.
10 En la noche del 30 de diciembre de 2004, mientras transcurría un recital de la
banda de rock Callejeros en la discoteca República Cromañón, ubicada en el barrio
de Balvanera, se suscitó un incendio que provocó una de las mayores tragedias no
naturales de la Argentina. El incendio causó, además de las numerosas muertes y
heridas, importantes cambios políticos y culturales. Entre ellos, la Legislatura de la
Ciudad Autónoma de Buenos Aires destituyó, mediante un juicio político que culminó
el 7 de marzo de 2006, al entonces jefe de gobierno, Aníbal Ibarra, por considerarlo
responsable político de la tragedia.
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Reactivar. En lo que respecta al gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, solo
hubo un incremento en los montos de las líneas de subsidios ya existentes de Proteatro.
Como no voy a profundizar en la temática, me importa mencionar los artículos de Karina
Mauro, “Trabajo y Artes del Espectáculo en la Ciudad de Buenos Aires. Precariedades y
contradicciones que reveló la pandemia” (2022); María Daniela Yaccar, “Coronavirus: la
crisis del teatro independiente” (2020) y “El nuevo panorama teatral en la pandemia” (2021);
Daniel Gaguine, “El teatro independiente no tiene nada que festejar en su día” (2020); Diego
Viquez y Ezequiel Perteagudo, “Políticas públicas que promueven la recuperación del teatro
independiente” (2023); Pablo Salas Tonello, “Futuro imperfecto. Crisis, desafíos y
oportunidades del teatro de Tucumán frente a la pandemia del Covid-19” (2022);
Maximiliano de la Puente, “Trabajo en pandemia: Teatro independiente y COVID” (2020); y
Mariana del Mármol y Juliana Díaz, “Precariedad, crisis y nuevas miradas sobre el Estado
Condiciones de trabajo en el ámbito teatral platense antes y durante la pandemia” (2020). A
ellos remito para un análisis más pormenorizado de lo sucedido en el período 2020-2021.
Es interesante pensar cómo aquellos elementos que representaban libertades para
los teatristas independientes terminaron convirtiéndose en opresores. Es decir, aunque se
ejerce mucha autonomía al resistirse a ser mercantilizado (es poderoso y liberador decir
“hago lo que quiero” / “no me importa la plata” / “disfruto de mi tarea”), el teatrista sufre una
gran flexibilidad laboral que se pone en evidencia mucho más en situaciones como esta,
donde queda desprotegido y sin poder reclamar. El artista se ha convertido en el prototipo
del trabajador flexible y precario: no hay separación entre el tiempo de trabajo y el tiempo de
ocio, y se necesitan muchos trabajos para vivir (pluriempleo), por lo que, lejos de ganarle al
sistema, termina respondiendo a lo que el sistema capitalista neoliberal desea para sus
víctimas (cfr. Basanta y Del Mármol, 2017). En este sentido, si bien se crearon numerosos
colectivos (antes y después de la pandemia) para paliar la crisis en conjunto, todavía hay
varios desafíos por delante para mejorar las altas condiciones de informalidad que quedaron
a la vista en el sector11. Karina Mauro lo plantea así:
En definitiva, los esfuerzos, aún inarticulados, llevados adelante durante la pandemia, dejan
al descubierto que el trabajo artístico es un campo prolífico que necesita datos cuantitativos y
herramientas conceptuales que propicien un conocimiento cualitativo del fenómeno, con el fin
de poder operar sobre el mismo en situaciones de emergencia como la actual, pero también
en la normalidad. Si ya se posee una certeza indiscutida respecto de la existencia de una
economía alrededor del trabajo artístico autogestionado, queda por indagar cuáles son sus
leyes y cuáles sus condiciones de producción, cuál es la relación capital-trabajo y qué
agentes ocupan esos lugares, y cuáles son las obligaciones de los espacios, además de sus
derechos. Y aún más, ¿puede existir la industria del espectáculo sin artistas? ¿Qué sucedería
con el circuito alternativo si lxs artistas se negaran a trabajar de manera gratuita? ¿Por qué
no lo hacen? (s/p).

Del Mármol y Díaz también hacen sus aportes:
La crisis derivada de la pandemia ha impulsado a este colectivo a profundizar sus vías de
organización. (…) Estos procesos han permitido a los/as teatristas avanzar en ciertas estrategias de
articulación entre entidades del Estado y representantes de las organizaciones de artistas, tanto para
la distribución de recursos entre quienes se encuentran en situaciones más vulnerables como para el

11 Es importante señalar, sin embargo, que esta situación de informalidad compete
a buena parte de la sociedad actual, no solo a los artistas. Los trabajos en relación
de dependencia ya no son la mayoría, ahora prima la “autoexplotación
monotributista” (como la llamó el comediante Federico Simonetti en una entrevista
radial del 24/09/23), lo que desemboca en que gran parte de los argentinos y las
argentinas se encuentren “en situación de liberalismo” (también en términos de
Simonetti).
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diseño de proyectos que permitan regulaciones y políticas de mayor alcance para los/as distintos/as
integrantes del sector. Queda, sin embargo, mucho camino por recorrer. Tanto respecto de la
autopercepción de los/as teatristas como trabajadores/as y la consolidación de sus organizaciones
más allá de las urgencias como de la mirada que los organismos del Estado tienen respecto de la
producción artística autogestiva (26).

Porque, como sostiene De la Puente, se trata “quizás, aunque no solamente, de
evidenciar más claramente sus condiciones laborales y de producción, para que sea un
poco menos desigual e injusto de lo que es hoy” (s/p).
También hay que destacar que los debates acerca de si los integrantes del teatro
independiente eran trabajadores o no lo eran no es un tema nuevo. La profesionalización del
campo implicó muchas rupturas y diferentes formas de transitar las tensiones. Durante los
primeros años, el hecho de que los hacedores de teatro independiente no pudieran vivir de
su trabajo no se tomaba como una cuestión a resolver, sino que se veía como algo dado,
como una característica propia de la práctica. Por ejemplo, cuando el teatro Espondeo, en
1941, lanzó una convocatoria en el diario para invitar a gente que quisiera actuar, lo hizo
avisando que el trabajo no iba a ser remunerado. Pero ya a fines de 1942 un grupo de
veintidós integrantes abandonó el Teatro del Pueblo por no poder acceder a la
profesionalización (entre otros motivos). Estaban en desacuerdo con la medida que impedía
fijar un sueldo para el personal. Sobre esto:
Don Leónidas señalaba que tomar una medida en este sentido, equivalía a un proceso de
comercialización del teatro, que involucraría una pérdida de identidad y una asimilación al
resto de las expresiones dramáticas que pululaban por Buenos Aires, y contra las que el
Teatro del Pueblo alzó su voz (Fos: 313).

Y esta problemática se fue intensificando con los años: en el teatro IFT comenzaron
los reclamos en 1949 pero no fue hasta 1957 que una porción grande del conjunto desertó
por esta razón.
Algo similar sucedió con la rotación de los teatristas por los distintos circuitos
artísticos. Mientras existieron integrantes de grupos que actuaban simultáneamente en el
teatro profesional y el teatro independiente, como Milagros de la Vega y Carlos Perelli,
fundadores, en 1935, del Teatro Íntimo de La Peña (y además se propusieron tender
puentes entre ambos, ya sea llevando a Roberto Arlt al teatro profesional o invitando a
reconocidas compañías a presentarse en su teatro independiente), hubo otros, como el
Teatro del Pueblo que rechazaron al teatro profesional desde sus estatutos fundacionales.
Su artículo quinto decía:
Considerando que el teatro comercial y negándose a la representación de las obras de
aquellos envileciendo en la mayoría de los casos, la mentalidad y el sentimiento del pueblo, al
margen de todo ideal, el Teatro del Pueblo reducirá a lo estrictamente indispensable sus
relaciones con las organizaciones teatrales, comerciales y gremiales, prohibiéndose el
ingreso de los actores y auxiliares del teatro comercial y negándose la representación de las
obras de aquellos autores que solo vieron en el teatro una provechosa industria (en Larra,
81).

Leónidas Barletta continuó firme en sus ideas hasta casi el final de sus días. Incluso
cuando se sumaron la televisión y, con ella, las publicidades como nuevas posibilidades de
trabajo, se volvió a oponer a que actores del teatro independiente participaran de estos
nuevos esquemas:
Después vinieron los otros teatros independientes. Teatros independientes que querían
profesionalizarse. Yo les dije lo que hablábamos al principio; les dije: Nosotros no podemos
hacer esto porque en este ambiente es complicidad, no es de ninguna manera una
independencia; de manera que Uds. después van a tener que ir a pasar avisos de hojitas
Gillette o van a tener que ir a hacer de modelo para tal o cual jabón o de cualquier cosa (en
Raviolo, 17).

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En esta cita, uno de sus destinatarios ocultos era Carlos Gorostiza, quien se ganaba
la vida haciendo publicidades. Para algunos investigadores, el inicio de la televisión (en
1951) le quitó público al teatro independiente y lo desplazó. Lo mismo manifestó Víctor Kon,
integrante de la comisión directiva del teatro IFT y secretario de la FATI (Federación
Argentina de Teatros Independientes):
…ya desde la segunda mitad de la década del 50, empezó a jugar la presencia de la
televisión, y eso influyó muchísimo. Hay que tomar en cuenta que el teatro independiente
generó, no solamente instituciones, sino también artistas de valía. Muchos de esos artistas de
valía quisieron pasar a la tele y eso provocó muchos conflictos dentro de las instituciones. En
cierto modo, yo creo que era una lucha equivocada, pero el tema era no dar el brazo a torcer
al teatro y a la televisión “profesional”. Profesional era una mala palabra. No era profesional
aquel que se dedicaba de lleno a la profesión, sino que significaba “mal teatro”, y en cierto
modo una traición a los principios del teatro independiente (en Fukelman, 2014: s/p).

En la actualidad, con la intensificación del “teatro comercial de arte” (donde los
productores no solo tienen la finalidad de ganar dinero, sino que también apuestan grandes
inversiones a textos de alta calidad, generalmente extranjeros, y a elencos de excelencia)
que se produjo en Buenos Aires, cada vez son más frecuentes los casos de artistas del
teatro independiente que son llamados a dirigir al teatro profesional. Según Jorge Dubatti:
“Esto habla de cambios estéticos e ideológicos en el teatro argentino, propiciados por el
crecimiento de la escena comercial porteña en los últimos siete años, cada vez más
estrechamente ligada a las redes de globalización, los mercados internacionales y la
formación de un público transnacional” (58). También sucede que obras ya probadas en el
circuito teatral independiente son convocadas a completar sus temporadas en el teatro
empresarial, como sucedió recientemente con El brote, de Emiliano Dionisi, y su paso del
emblema Teatro del Pueblo12 al Maipo. A la televisión, por su parte, fueron convocados en
las últimas décadas grandes actores y actrices que se iniciaron en el teatro independiente,
como Alberto Ajaka y Pilar Gamboa. Allí desarrollaron fructíferas carreras. Pero desde hace
algunos años, la magia de las ficciones en la televisión de aire se fue apagando: mientras en
2013 se emitieron 34 tiras, en 2020 se produjo solo una, que fue levantada a los 36
episodios.
Sin embargo, la grieta interna dentro del teatro independiente por las diversas formas
de asumir el trabajo, aunque con menos ruido que antaño, continúa vigente. Algunos
teatristas se apuntan dentro del teatro independiente porque lo consideran una elección, un
fin en sí mismo; otros lo toman como un paso intermedio para pasar a otro circuito o
entienden que están en ese campo porque no tienen otras opciones. Nayla Pose, directora
de El Brío, advierte, en una entrevista personal que le realicé el 20/09/23, que hay nuevas
generaciones de teatristas que se inician en el teatro independiente pero que, al querer
profesionalizarse, se manejan con leyes más vinculadas a la mercantilización, al marketing,
sosteniendo la forma pero generando un vaciamiento de contenido, algo típico de los
movimientos de derecha que avanzan cada vez más en nuestro país fruto de la situación
económica crítica. La malaria, entonces, hace que la necesidad de pertenecer, de ingresar a
determinado circuito, de ser conocido, se profundice. Las redes sociales13, vehículos para
difundir el trabajo, mostrarse, “venderse”, generan una hiperexposición que impacta en la
cultura independiente. Porque una cosa es comunicar un proyecto y otra cosa es trabajar el
marketing de un proyecto. Así, concluye Pose, ante el hambre, ante la necesidad de

12 Si bien tiene el mismo nombre y se inscribe dentro de la misma tradición, el
Teatro del Pueblo que existe hoy no es el mismo que dejó Leónidas Barletta.
13 Sobre las redes sociales, me pregunto (a partir de una hipótesis aún no
explorada) si se podría pensar que operan de una forma similar a como lo hacía la
televisión antes.
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profesionalizarse, mucha gente no investiga, no produce lenguaje, no crea, va a lo seguro
para que funcione: la mercantilización del arte produce una mercancía donde antes había un
alma, donde antes una creación genuina.
En relación al avance de las derechas que menciona la entrevistada, me resulta
fundamental contrastar el breve período de la actualidad del que dí cuenta en este trabajo:
mientras que en 2020 se pedía más Estado para atenuar los efectos de la pandemia, en el
corriente 2023, el candidato más votado en las elecciones PASO, luego revalidado para
competir en un balotaje al salir segundo en las recientes elecciones generales, anuncia que,
entre otras tantas medidas en contra del pueblo argentino, achicará el Estado a su mínima
expresión. Queda por delante la resolución del suceso y saber si, haciendo caso a la frase
de Osman Lins que citó la colega María Emilia Vico (Universidad Nacional del Rosario) en
su trabajo presentado inmediatamente anterior al mío durante la mesa que compartimos en
el XI Congreso Argentino Internacional de Teatro Comparado: “Uma formiga não come um
cão, mas seiscentas mil comem um leão”14.

Palabras finales
A lo largo de este trabajo realicé un recorrido de ida y vuelta entre ayer y hoy para
dar cuenta de distintos problemas del teatro independiente que tienen puntos en común a
pesar de los años. Específicamente, me centré en la relación con el Estado, la concepción
de los hacedores de teatro independiente como trabajadores y las posibles corrientes
internas dentro del teatro independiente.
La intención no fue decir que lo que antes era de una manera ahora es de otra,
neutralizando las particularidades de cada época. Al contrario: me interesó mostrar debates
con raíces comunes pero contextos diferentes con el propósito de problematizar tanto la
historia del teatro independiente como la actualidad, a fin de seguir pensando sobre una
forma de hacer y de pensar el teatro argentino que, con rupturas y continuidades, está más
vivo que nunca.

Bibliografía
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sobre el trabajo en el teatro independiente platense” en Paula Ansaldo, María Fukelman et al
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Del Mármol, Mariana y Díaz, Juliana (2020). “Precariedad, crisis y nuevas miradas sobre el Estado
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Revista Latino-Americana de Estudos em Cultura e Sociedade Vol. 6, nº 02, pp. 1-30.
Dubatti, Jorge (2012). Cien años de teatro argentino: del Centenario a nuestros días. Buenos Aires:
Biblos.
Entrevista a Federico Simonetti, ¿Cómo la ves? Radio Futurock, 24 de septiembre de 2023.

14 “Una hormiga no se come un perro, pero seiscientas mil se comen un león”
(traducción hecha por mí). La referencia se vuelve evidente para el público argentino
porque el candidato liberal de extrema derecha, Javier Milei, se hace llamar El León.
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Entrevista a Nayla Pose realizada por mí, 20 de septiembre de 2023.
Fos, Carlos (2009). “Leónidas Barletta: el actor en el mundo del Hombre de la Campana” en Jorge
Dubatti (coord.). Historia del actor II. Del ritual dionisíaco a Tadeusz Kantor. Buenos Aires:
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Fukelman, María (2022). Hacia una historia integral del teatro independiente en Buenos Aires (19301944). Los Ángeles: Ediciones Karpa.
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Gaguine, Daniel (2020). “El teatro independiente no tiene nada que festejar en su día”. El
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Larra, Raúl (1978). Leónidas Barletta. El hombre de la campana. Buenos Aires: Ediciones Conducta.
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Perteagudo, Ezequiel y Viquez, Diego (2023). “Políticas públicas que promueven la recuperación del
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en

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Teatro liminal y autogestión: la dimensión laboral en
prácticas transformistas contemporáneas en Buenos
Aires15
Agustina Trupia
DEPARTAMENTO DE ARTES

Introducción
El trabajo se enmarca dentro de mi investigación doctoral –la cual es realizada en la
Universidad de Buenos Aires con una beca doctoral de CONICET– en torno a las prácticas
transformistas realizadas en la ciudad de Buenos Aires entre 2016 y 2022. Uno de los nudos
problemáticos centrales en esta pesquisa es el carácter autogestivo de las prácticas
transformistas. En oportunidades anteriores, trabajé en torno a la expectación festiva que
involucran las manifestaciones; las particularidades ligadas al espacio y al tiempo en que
son realizadas; y las concepciones en torno a la caracterización como teatro liminal. Se
agregan a estos ejes de análisis la consideración de las prácticas en tanto cercanas a un
activismo de la disidencia sexo-género y las resonancias que ofrecen en tanto son prácticas
de subjetivación contemporáneas que tensionan las nociones de identidad.
En esta ponencia, abordaré los modos en los que se desarrollaron los espacios
festivos en los que tuvieron lugar las prácticas drag durante esos años. Para esto, describiré
el funcionamiento de los dos espacios centrales en cuanto al protagonismo que le otorgaron
a estas prácticas. Surgieron de la necesidad que tenían les artistas transformistas de habitar
espacios en los que se respetara su trabajo y se le diera un lugar central en la actividad
nocturna. A la vez, se buscaba generar espacios seguros en los que cada artista pudiera
llevar adelante su práctica. Los objetivos son pensar en qué medida pueden ser abordados
desde la noción de autogestión y estudiar la dimensión del trabajo que poseen estas
manifestaciones escénicas propias del teatro liminal. La metodología de trabajo para llevar
adelante este abordaje de la dimensión laboral de las prácticas transformistas porteñas es la
observación participante –en tanto parto de mi posicionamiento como investigadora que
participó de esas fiestas–, el acopio de fuentes secundarias –publicaciones en redes
sociales y folletería de los eventos– y la realización de entrevistas a artistas para escuchar
sus voces y sus experiencias en primera persona.
De trabajo y autogestión
Las prácticas transformistas estuvieron presentes en distintos espacios en la década
de 2010 e inicios de la siguiente. Se encontraron en centros culturales, fiestas nocturnas,
programas de televisión, museos, trabajos fotográficos, producciones audiovisuales,
competencias. Si pensamos en los espacios festivos nocturnos, los cuales están ligado a las
artes escénicas, destacan en particular dos espacios que fueron organizados por artistas
transformistas y que les dieron a sus prácticas un lugar central. El primero es Trabestia Drag

15 Este trabajo fue primero presentado, en una versión preliminar, como ponencia
en las VII Jornadas de Investigación del Instituto de Artes del Espectáculo de la
Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires en marzo de 2023.
Posteriormente, una versión muy similar a esta, fue publicada en las Actas de dichas
Jornadas como resultado del trabajo de compilación de Natacha Koss.
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Club, creado por Le Brujx y Santamaría –en colaboración con Facundo Suárez, productor
cultural– en 2016, que funcionó principalmente en Sitges y Beatflow, boliches ubicados
sobre Avenida Córdoba en el barrio de Palermo. Aunque este espacio siguió existiendo
luego del fallecimiento de Le Brujx el 3 de octubre de 2019, disminuyó su actividad durante
la interrupción que supuso la pandemia por covid-19. Si bien volvió luego a estar activo, la
última fiesta, hasta el momento, fue organizada en septiembre de 2022. El segundo espacio
es Carrera de Reyes, creado por Armando A. Bruno y Feli Quispe, y funcionó entre
noviembre de 2018 y mayo de 2022. Principalmente se organizó en el centro cultural Feliza
Arcoíris, también sobre la Avenida Córdoba en Recoleta, aunque se llevó a cabo en otros
lugares como el bar Tano Cabrón, ubicado en el barrio del Abasto, y el Centro Cultural
Kirchner en una oportunidad en marzo de 2020. Durante la pandemia, la actividad de
Carrera de Reyes fue significativa dado que llevó adelante, de manera virtual, doce
ediciones en 2020 y 2021. Tanto Trabestia Drag Club como Carrera de Reyes surgieron en
los años posteriores a un momento que Laura Milano describe como:
Un contexto socio-cultural particular de ampliación de derechos, visibilidad y políticas
inclusivas para la diversidad sexual […]. El clima de época también se tradujo en la oferta
cultural de las ciudades de Buenos Aires y La Plata, que fue ampliando el abanico de
actividades dedicadas a temática LGTBI durante esos años. (Milano, 2017, 489)

Además, estos espacios autogestivos pueden ser también pensados como parte de
los movimientos comunitarios que surgieron a partir de la crisis de 2001. En relación con
esto, Pablo Farneda plantea que, luego de dicha crisis, una parte importante de la población:
Encarnó la posibilidad de creación frente a tanta impotencia generada desde los centros del
poder económico y político: prácticas ex-céntricas de autogestión y producción que se
constituían no tanto “en oposición a” sino “por fuera de” las lógicas hegemónicas mercantiles,
partidarias, verticalistas, capitalísticas. (Farneda, 2014, 87)

En relación con esto, los dos espacios autogestionados surgieron durante el
gobierno de Mauricio Macri, más de quince años después de la crisis de 2001. De todas
formas, si bien el contexto era completamente diferente, persistió durante su gobierno una
fuerte reducción en las políticas culturales. En este sentido, Fidel Azarian dice que “las
estrategias del movimiento de la diversidad y de la disidencia sexual estuvieron marcadas
por las dificultades que aparecieron con la nueva hegemonía neoliberal” (2021, 166). Esto
hace al contexto adverso que en el cual se dio la creación de estos espacios.
Ambos espacios eran organizados por artistas drag. En el caso de Trabestia Drag
Club, eran fiestas nocturnas en las que tocaban diferentes DJ, se alentaba a que asistieran
montadas las personas –esto se hacía por medio de la promoción de ingresos gratuitos para
quien iba completamente montade–, y, por momentos, se suspendía la música y se veían
sobre el escenario del boliche las performances realizadas por les artistas. Por su parte,
Carrera de Reyes respondía a un formato de competencias y se centraba en las prácticas
drag king. Si bien se encontraban artistas que no se definían de esta manera, se trabajaba
principalmente en torno a las nociones de masculinidad. Les participantes competían según
distintas consignas que había a lo largo de la noche y un jurado evaluaba su desempeño y
elegía a les ganadores en cada categoría. Solía haber prácticas de fonomímica, baile y
caminatas de pasarela. En ambos espacios, los eventos eran conducidos por les artistas
que organizaban; comenzaban alrededor de la medianoche y se extendían durante la
madrugada. En los dos casos, se les cobraba una entrada a las personas que asisten. Estas
tenían un valor económico y se atendían las necesidades particulares de la comunidad
travesti-trans* y se contemplaban los casos de quienes no podían pagar estas entradas. Al
interior del boliche o del centro cultural, se podían comprar bebidas e incluso comida, en el
caso de Feliza. Los precios eran también económicos. Sobre todo, en Feliza, las barras eran
atendidas por personas que pertenecían a la comunidad sexo-género disidente y, en el caso
de Beatflow, el personal de seguridad dispuesto al ingreso de Trabestia Drag Club solía

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tener conductas amables hacia quienes asistíamos, lo cual no es habitual para el personal
de seguridad de los boliches.
Estos dos eventos mencionados surgieron de la necesidad de otorgarles a las
prácticas transformistas un lugar central que se corriera de las funciones complementarias o
incluso decorativas que se les dan en otros espacios. Es decir, frente a la habitual presencia
en fiestas propias de la disidencia sexo-género de artistas drag que bailan en alguna tarima
o se encuentran presente como un elemento más de la noche, estos dos espacios buscaron
que las prácticas transformistas fueran el principal atractivo y el motivo de encuentro. En
esos espacios, las prácticas eran admiradas, ponderadas y celebradas. En relación con
esto, junto con la licenciada Pilar Alfaro, quien también está estudiando estas prácticas en
su doctorado, organizamos una serie de conversatorios con artistas transformistas. En el
que organizamos de manera virtual desde el Instituto de Investigación y Experimentación en
Arte y Crítica de la UNA, y desde las Áreas de Artes Performáticas y de Teatro y Artes
Escénicas del Instituto de Artes del Espectáculo de la Facultad de Filosofía y Letras, UBA, el
4 de julio de 2022, une de les artistas, Ditto Banks, quien estuvo presente en Carrera de
Reyes, comentó que:
Es un sacrificio hoy en día pretender vivir del drag. Hay un montón de espacios que están
peleándola para que justamente no haya que sacrificar cosas, espacios obviamente
autogestivos creados por y para gente de la misma comunidad drag. Así apareció Carrera, un
espacio no tanto desde el lugar del sustento, aunque Armando [A. Bruno] y Feli [Quispe]
siempre plantearon la idea de trabajar juntes tratando de remunerarnos de alguna manera
teniendo en cuenta la cantidad de trabajo que implica que estemos ahí haciendo lo que
hacemos. Dejando en claro que, si bien es por amor al arte, no es solo por amor al arte. Y
hacen falta muchos más espacios autogestivos porque son este tipo de espacios los que nos
permiten hacer lo que hacemos con mayor libertad. (Instituto de Artes del Espectáculo UBA,
2022b)

En un sentido similar, en uno de los conversatorios presenciales que organizamos junto
con Pilar Alfaro en la Casa Nacional del Bicentenario el 19 de noviembre de 2022, La Kalo,
artista que fue parte de Trabestia Drag Club decía que:
Empezar a moverme en Trabestia para mí fue la libertad […]. Es una fiesta que amo. Y aparte
siento que es una celebración política estar ahí […]. Otra cosa que le pasa al mundo
heterosexual con nosotras: piensa que la fiesta es un simple hecho de ir a bailar y colocarse.
Y sí, pero hay muchas cosas también. Capaz esa persona que está ahí colocándose ese fin
de semana se prostituyó todos los días, capaz que está viviendo en la calle, capaz que la
echaron de su casa […]. Ese boliche, ese antro es el único lugar donde la van a celebrar, le
van a decir que es válida, o se va a sentir feliz o se va a olvidar un ratito de todo eso […]. Si
bien es una fiesta, es muy político porque es la demostración de que seguimos vivas y
estamos acá. (Instituto de Artes del Espectáculo UBA, 2022a)

En estos testimonios, se observa que les artistas han planteado la cuestión laboral
como una dimensión importante y que muchas veces es desatendida. Se debe tener
presente que estas prácticas pertenecen a tres dimensiones que complejizan su posibilidad
de desarrollo y reconocimiento desde los derechos laborales. En primer lugar, son prácticas
artísticas que no son del todo legitimadas y reconocidas en el campo artístico. Y, aún sin
fueran adecuadamente atendidas, el arte en general sufre de las carencias y el maltrato en
comparación con otros oficios y profesiones. En segundo lugar, son prácticas íntimamente
ligadas con la comunidad sexo-género disidente. Esto las posiciona en un lugar de particular
vulnerabilidad a raíz de la latente discriminación que hay hacia ese sector. Y, en tercer lugar,
están insertas en un sistema capitalista que propaga lógicas mercantilistas, extractivistas,
meritocráticas y exitistas que vulnera derechos y no asegura un acceso a un trabajo digno y
a una vida vivible. Malena Sofía Fallacara (2012) sostiene que experiencias como estas que
se plantean como contrahegemónicas están atravesadas por “las contradicciones propias
que impone el hecho de vivir dentro de un sistema capitalista de producción, con sus

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consecuentes lógicas de mercado que actualmente rigen en casi todas las esferas de la
vida” (párrafo 54). A su vez, en consonancia con los planteos de la autora, agrego que,
dentro de este marco condicionante, estas prácticas ofrecen otras lógicas a partir de la
creación de redes afectivas, la consolidación de un sentido de comunidad y espacios
laborales más horizontales, con las dificultades que esto conlleva y que veremos a
continuación.
Los dos espacios festivos antes mencionados tenían como característica en común
el hecho de ser autogestivos. Es decir, eran les artistas quienes en grupo crearon,
desarrollaron, llevaron adelante, condujeron y organizaron cada uno de estos eventos. En
palabras de Fallacara: “autogestión significa que los trabajadores colectivamente deciden,
definen y llevan a la práctica todo aquello que compete a su trabajo. En este sentido,
autogestión significa también una forma de organización económica donde no existen
relaciones entre empleadores y empleados” (2012, párrafo 8). Se suma a esto, el hecho de
que tanto en Trabestia Drag Club como en Carrera de Reyes el núcleo creador de los
eventos era una dupla creativa de trabajo y, a la vez, había también un vínculo de pareja.
Fueron artistas que estaban en pareja entre sí, junto con otres artistas transformistas,
quienes llevaron adelante la creación y posterior consolidación de cada uno de los espacios.
Trabestia Drag Club fue pensado como un club, como un espacio de socialización en el cual
las prácticas drag ocuparan el centro de la noche y donde se valorara el trabajo de les
artistas que solían ser invitades a otras fiestas pero su lugar era relegado y no era bien
renumerado. Carrera de Reyes tomó el modelo de las competencias propias de la cultura
del ballroom, parte fundamental de la comunidad sexo-género disidente desde mediados del
siglo XX, y ofreció un espacio en el que les artistas con prácticas drag king pudieran
mostrarse. En este caso, quienes participaban de las competencias no recibían una
remuneración, salvo por los premios que pudiera llevarse quien ganaba en cada categoría –
los cuales iban desde dinero en efectivo hasta órdenes de compra u objetos en
emprendimientos gestionados por miembros de la comunidad–. Si bien quienes organizaban
el evento ganaban algo de dinero, en su totalidad era pensado más bien como plataforma de
desarrollo cultural del arte drag.
Este modo de producción autogestivo ofrecía, por un lado, la posibilidad de que les
artistas pudieran generar sus propios espacios de creación artística y que delinearan el
ámbito en el cual deseaban mostrar su práctica. En cada uno de estos eventos, eran les
creadores quienes conducían y presentaban a les demás artistas. Como sostiene Camila
Mercado (2018, 191), “la autogestión como categoría utilizada en la práctica adquiere
diversas modalidades y está atravesada por diferentes sentidos, trayectorias y conflictos de
acuerdo al contexto en el que se la invoque”. El carácter autogestivo de los espacios acá
abordados se ofrecía como una manera de construir un modo alternativo dentro del campo
artístico dominante y, en particular, al interior de la noche porteña. Por otra parte,
atendiendo a las propuestas de otras autoras, la autogestión, si bien posee ciertas
cualidades que pueden parecer superadoras al momento de desarrollar la práctica artística,
produce una situación un tanto dilemática que puede no ser del todo óptima. En este
sentido, cuando Karina Mauro (2018) estudia las condiciones laborales en la escena teatral
de la ciudad de Buenos Aires, plantea que la autogestión “ha mostrado su inadecuación en
la defensa del derecho de los artistas o una especie de adecuación ficticia, como son las
sociedades accidentales de trabajo, que el imaginario del sector percibe como cooperativas,
basadas fundamentalmente en el trabajo gratuito” (141). Si bien Trabestia Drag Club o
Carrera de Reyes no eran cooperativas, se puede pensar de qué maneras el intento por
generar condiciones laborales y artísticas superadoras por medio de la autogestión podía
derivar en una situación que desampara, en ciertos modos, a les artistas.
En relación con esta cuestión es interesante retomar aquello que comentó Armando
A. Bruno sobre la edición final de Carrera de Reyes, que ocurrió el 22 de mayo de 2022 en
un bar con actividad cultural llamado Tano Cabrón, ubicado en la zona del Abasto, y que se

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realizó en la calle. Armando A. Bruno mencionó, en el conversatorio del 4 de julio de ese
año, que necesitaba parar con tantos años de sostener algo que es luchar contra la marea.
Y explicaba las complejidades que implica la práctica drag king que suele ser invisibilizada al
interior del mundo del arte e incluso al interior del conjunto de prácticas transformistas. Por
último, agregó:
Necesito seguir pensando cómo puedo sostener mi práctica drag, que es una práctica vital,
pero si la voy a ejercer bajo la profesión del entretenimiento, con quiénes y de qué manera,
en qué espacios puedo ejercerla de manera sustentable. Porque por lo menos, para mí,
Carrera se convirtió en un evento hermoso que dejó de ser sustentable económicamente y
para mi salud mental. (Instituto de Artes del Espectáculo UBA, 2022b)

Junto con esto, Mercado (2018) sugiere que “lo autogestivo –e independiente–
implica, asimismo, una politización que demande políticas públicas específicas para su
actividad” (194). Esto lo plantea en relación con la importancia que tiene que la autogestión
no produzca un corrimiento del Estado y que deje de ser un garante de derechos. De todas
maneras, habría que problematizar esta cuestión dado que, es justamente la carencia de
presencia estatal en la protección de las prácticas artísticas, sobre todo las vinculadas con lo
performativo, lo nocturno y la comunidad sexo-género disidente, lo que conduce a la
necesidad de creación de espacios propios. A su vez, no siempre es deseado que el Estado
sea quien ampare la actividad artística, en particular aquella que busca romper con las
categorías impuestas y producir desde lo subterráneo otras lógicas de vinculación entre
artistas y otras maneras de arte. En lo que hace a los derechos y protecciones del Estado, la
autora señala las “posibles formas de precarización laboral y artística que pueden devenir de
adoptar este postulado acríticamente reforzando ideas acerca de la dicotomía arte/trabajo”
(Mercado, 2018, 197).
Reflexiones finales
Al trabajar con el concepto de autogestión, resultó importante retomar las
investigaciones previas que alertaban sobre las implicancias que tiene este modo de trabajo.
De todas maneras, los planteos sobre que la autogestión deviene en una precarización
laboral no son trasladados de manera acrítica a las prácticas transformistas. En el caso de
estas prácticas, las cuales son vulneradas por pertenecer a la comunidad sexo-género
disidente, no sería acertado adjudicarles a les artistas la responsabilidad por la precarización
que sufren, dado que son elles quienes trabajan para habilitar espacios de desarrollo
artístico. Habría que pensar de qué maneras se pueden generar políticas públicas que
ofrezcan mejores condiciones de trabajo y vida para les artistas. Y de qué maneras es
posible que esto conviva en prácticas, como las transformistas, que discuten
constantemente las normas institucionalizadas en torno al arte y a los géneros.
Para finalizar, retomo lo que plantea Camila Mercado (2020) cuando define el teatro
comunitario como “un proyecto artístico-comunitario con fines de transformación social que
se propone como un espacio de participación social, creación de vínculos socio-afectivos y
exploración colectiva de la creatividad a través de la elaboración y presentación de
espectáculos artísticos” (63). Quedará para futuros trabajos abordar esto, pero me parece
interesante señalar que podrían pensarse las prácticas transformistas como cercanas a la
concepción de teatro comunitario. En particular, porque generan espacios de participación
festiva para la comunidad sexo-género disidente que conllevan a una transformación en la
experiencia vital de las personas que asisten, y se generan lazos afectivos y políticos más
duraderos tanto para les artistas como para les espectadores festives.

Bibliografía

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Victoria Ocampo, espectadora de danza
Ignacio González
DEPARTAMENTO DE ARTES

Victoria Ocampo fue un personaje sumamente importante en el campo intelectual del
siglo XX, no sólo de Argentina, sino también de América Latina. Como menciona Beatriz
Sarlo, la imagen de Victoria como intelectual y “capataza cultural rioplatense”, que hoy
aparece como terminada y vinculada a Sur (1931-1992) –una de las revistas culturales más
relevantes de la región, que fundó en 1931 y dirigió hasta su muerte– “necesitó casi treinta
años para construirse” (2020 [1988]: 105). El establecimiento de puentes que conectaran la
cultura de Argentina con la de Europa y los Estados Unidos, especialmente a partir de su
trabajo como directora de la revista, así también como de su profusa actividad como gestora
cultural, traductora y ensayista, quizás sea una de sus mayores contribuciones al campo
intelectual argentino. Entre las personas que frecuentó o contactó, se puede mencionar una
extensa lista en la que se encontraban: José Ortega y Gasset, Herman von Keyserling,
Rabindranath Tagore, Igor Stravinsky, Ernest Ansermet, Virginia Woolf, Jacques Lacan,
Waldo Frank, Le Corbusier, Coco Chanel, Jean Cocteau, el Príncipe de Gales, Gabriela
Mistral, Jorge Luis Borges, Ricardo Güiraldes, Alfredo González Garaño, Marcelo T. de
Alvear y Regina Pacini, María Rosa Oliver, Oliverio Girondo, Eduardo Mallea, Ezequiel
Martínez Estrada y un interminable etcétera. Sus Testimonios publicados en vida, su
póstuma Autobiografía como el mismo proyecto Sur dan cuenta de las conexiones que tejió,
las personalidades con las que se vinculó y la función que para ella debían cumplir las élites
intelectuales en el proyecto de formación y consolidación de una cultura argentina moderna.
Según María Teresa Gramuglio, Sur fue fiel a un “proyecto tácito” que podría expresarse del
siguiente modo:
no es posible construir nada verdaderamente nuevo en el encierro de una sola cultura y una
sola lengua; para encontrar la voz propia, es indispensable mantener una relación activa con
todo el ámbito americano y con Europa; la tarea de difundir lo mejor de la cultura moderna
está reservada a ciertos grupos especiales de personas. (Gramuglio, 2013: 219).

En este breve trabajo16 intentaré realizar una primera aproximación a su figura haciendo foco en una línea poco (o nada) explorada, es decir, como espectadora de danza.
Para llevar a cabo esta tarea he recopilado y seleccionado aquellas veces en la que Victoria
refiere o hace alusiones a la danza y/o a espectáculos de danza. Sin embargo, antes de comenzar, es preciso subrayar que este estudio se encuentra en un estado muy inicial. Por
esa razón –y espero que a los lectores esto no los exaspere– a lo largo del texto se citarán
bastantes fragmentos, fundamentalmente de la Autobiografía y los Testimonios, de Victoria
Ocampo.

Victoria Ocampo como espectadora

16 Una versión previa de este texto se presentó como ponencia el 13 de julio de
2023 en el marco de las V Jornadas Internacionales de Teoría, Historia y Gestión del
Espectador Teatral, organizadas por el Instituto de Artes del Espectáculo (IAE) de la
Facultad de Filosofía y Letras (UBA).
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Antes de proceder a mencionar aquellos momentos que he encontrado hasta ahora
en que Victoria refiere a la danza, me parece necesario mencionar previamente aquellas
alusiones que realiza en su Autobiografía, en sus Testimonios, y en algunas cartas, fundamentalmente, respecto de su particular mirada y forma de relatar lo que observaba. Porque
allí veremos cómo Victoria narraba sus experiencias (y se construía) como “espectadora
real”, concreta y particular (Dubatti, 2020), no sólo de espectáculos propiamente dichos, sino
de ciertos acontecimientos que leía como tales. Es decir, como espectadora de otras teatralidades.
En una carta a su hermana Angélica Ocampo desde París, fechada el 15 de febrero
de 1930, Victoria comentaba su presencia en el ensayo de La voix humaine, de Cocteau:
El ensayo de la pieza de Cocteau era hoy y el avión sale mañana. Resulta que no me gusta…
NADA… (la pieza). Consiste en un lever de rideau que dura 1 hora. Personajes: una mujer y un
teléfono. Decoración: una cama, una silla, una mesa y un pañuelo para sonarse las narices
en los momentos álgidos. (Ocampo, 1997: 27).

En otra carta a Angélica, fechada el 30 de mayo de 1930, Victoria mencionaba que el
día anterior, a las 20 horas, luego de haber viajado a Long Island junto con Waldo Frank,
Delia y Sergei Eisenstein (el famoso director de El acorazado Potemkin, 1925) para almorzar
en lo del millonario Otto Kahn, habían ido todos “con Taylor Gordon (el negro escritor y cantor de spirituals) a una iglesia de Harlem en donde predica[ba] un negro (¿evangelista?)”. Y
afirmaba: “En mi vida he asistido a un espectáculo semejante” (43). Luego Victoria pasaría a
relatar toda la experiencia, en francés. Así, la iglesia y la misa son leídas como un espectáculo teatral: la iglesia se llena, la música comienza, los pies marcan el compás sobre el suelo, un “negro” empieza a cantar una oración, los fieles/público agitan manos y aprueban lo
que se dice en alta voz, toda la iglesia canta… “[…] podría escribirles hasta mañana”, escribe Victoria, “sin darles una idea de lo que es este espectáculo” (49) [énfasis mío].
También se puede citar, entre muchas otras referencias, la constante presencia de
Victoria en los ensayos de la orquesta de la Asociación del Profesorado Orquestal (APO)
que dirigía Ernest Ansermet en Buenos Aires; o cuando escuchó cantar a Frank Sinatra en
el comedor de su Hotel en Nueva York. Un ejemplo interesante es aquel en el que describe
el recorrido que realizaba un avejentado Igor Stravinsky hasta la tarima del director de orquesta en un concierto de Las Noces en Nueva York, en 1959:
Lo que más me sorprendió (y me angustió) fue su manera de caminar. Arrastraba los pies
como si no pudiera despegarlos del suelo. Como tenía que pasar entre pianos y atriles, se
ponía de costado y hacía movimientos con los brazos; parecían movimientos de buzo o de
equilibrista que va a caerse. Así se arrastró (era más arrastrarse que caminar) hasta la
tarima. Entonces la sala entera se puso de pie y aplaudió estruendosamente, frenéticamente,
incansablemente. Enrique dice que vió personas que lloraban después de Noces. […] En 2
años y pico (enero 1957) se ha venido abajo. No es ya el Stravinsky que subía pegando un
saltito a la tarima del director” (1997: 111)

La atención en la forma de caminar de Stravinsky, la descripción de su desplazamiento, la calificación del deterioro físico utilizando el movimiento como parámetro de comparación entre el Stravinsky actual y el recuerdo de uno dos años más joven, así como su
testimonio sobre el comportamiento del público, resulta una imagen pertinente para pasar
ahora a focalizar en Victoria Ocampo como espectadora de danza.

Victoria Ocampo como espectadora de danza

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Pensar a Victoria Ocampo como espectadora de danza implica recorrer un camino
poco transitado. Es que, como todo el mundo sabe, si ubicamos a Victoria desde el lado de
la “recepción”, lo primero que salta a la vista es la Victoria Ocampo como lectora incansable,17 como espectadora de cine, o incluso como melómana. Su amistad con Ansermet y con
Stravinsky, “figura clave en el canon modernista de Victoria” (Corrado, 2007) es evidencia
palpable de esto.
Hay, podríamos decir, un gran vacío en lo que respecta a Victoria Ocampo como espectadora de danza. Posiblemente debido a que ella dejó muy pocas apreciaciones por escrito en comparación con la atención que le dio a otras disciplinas artísticas. Incluso en la revista Sur, que ella dirigía, los comentarios sobre espectáculos de danza en sus primeros
quince años son casi inexistentes. Según lo que pude relevar hasta el momento, en los primeros 130 números de Sur hay sólo tres comentarios de danza: uno sobre el Ballet Jooss,
firmado por Eduardo González Lanuza (mayo 1940, número 68), otro sobre la compañía de
los Ballets Rusos del Coronel W. de Basil, firmado por “J. L.” (enero 1944, número 111) y
otro sobre "El ballet en los Estados Unidos", firmado por Alberto E. Ginastera (mayo de
1945, número 127).
Quizás sea por su sensibilidad para escuchar música que –“de rebote”– haya sido
espectadora de danza. Porque es evidente que en muchas ocasiones el interés que ella manifestó por un ballet era más bien por su música que por su coreografía. Se podría decir que,
a pesar de que iba a ver ballet, en realidad iba a ver ballet para escuchar música.
El caso paradigmático es el estreno de Le Sacre du printemps (La consagración de
la primavera), ballet de Nijinsky con música de Stravinsky, estrenado en el 29 de mayo de
1913 en el Théâtre des Champs-Élysées de París, y que causó un escándalo de dimensiones míticas, transformándose en un hito de la historia del arte del siglo XX. El espectáculo
pasó del escenario a la platea, en una batalla campal entre los espectadores defensores y
detractores. Es que ya la misma obra había creado un ambiente de alta expectativa. Como
menciona Modris Eksteins (2014), durante las semanas previas al estreno habían circulado
muchos rumores de lo que la compañía rusa estaba preparando, y se esperaba que esta
obra de “verdadero arte” (como se mencionaba publicitariamente) compensaría la decepción
que habían causado los dos ballets previos coreografiados por Nijinsky (La siesta de un
fauno, de exactamente un año antes, y Jeux, estrenado dos semanas antes). Eksteins afirma que “un aire de anticipación, provocación y tensión rodeaban la creación del ballet. No
cabe ninguna duda de que algún tipo de scandale fue premeditado y esperado” (2014: 58).
Al conjunto de personalidades que relataron posteriormente el estreno-acontecimiento como, por ejemplo, Gabriel Astruc, Igor Stravinsky, Bronislava Nijinska, Romola Nijinsky,
Misia Sert, Marie Rambert, Valentine Gross, Jean Cocteau, etc. (2014: 26), habría que agregar el nombre de Victoria Ocampo.
En su Autobiografía (que comenzó a escribir en 1952), Victoria Ocampo mencionaba
el efecto que había causado en ella Le Sacre du printemps. Casada recientemente con Luis
“Mónaco” Estrada, viajó a París en 1913 con él y, paradójicamente, fue ese estado civil el
que le brindó mayor “libertad” (una libertad relativa, obviamente). Si hacía dos meses ciertos
espectáculos estaban prohibidos para ella, como los “ballets rusos”, ahora como mujer casada podía asistir libremente a ellos.18 Hacia el final de El imperio insular, Victoria realiza la pri-

17 La doble actividad de lectora y escritora, menciona Victoria Ocampo, “no ha
sufrido intermitencias” (1971: 15).
18 La expectación de la compañía rusa también estaba parcial y moralmente
censurada para María Rosa Oliver, que comenta lo siguiente: “Desde el palco de mi
abuelo [en el Teatro Colón], el segundo bajo, a la izquierda del escenario, asistí a la
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mera referencia –en su Autobiografía– a Les Ballets Russes. Esta inclusión retrospectiva
dice así:
Retornemos a la época en que […] yo estaba embobada con El pájaro de fuego, bailado por
Karsavina, Las danzas del príncipe Igor, El espectro de la rosa y Nijinsky en maillot rosa-rosa
saltando por un balcón a un récord de altura. (1982a: 180).

En el tomo siguiente (La rama de Salzburgo), que abre con su nueva vida
matrimonial en París, menciona sobre la compañía rusa:
Los ballets rusos me entusiasmaron. Acababa de descubrirlos (no me habían permitido verlos
de soltera). Allí iba todas las noches. Asistí, en primera fila de platea, al tumulto del Sacre du
Printemps. Al final de la cuarta representación, creo (fui a todas), vi a Strawinsky, pálido,
saludando a ese público que aplaudía L’oiseau du feu y silbaba despiadadamente el Sacre.
Compré la partitura del Sacre y alquilé un piano para tocarla en mi salita del Meurice. No
sabía bien qué me atraía tanto en ese galimatías de notas y en ese ritmo brutal de
cataclismo. (1982b: 21)

Como se puede observar, la referencia más que nada es a la música. De todos modos, en sus Testimonios (Primera serie) aparece una descripción más extensa de su experiencia como espectadora en el estreno de Sacre. Allí mencionaba que en aquel entonces
no frecuentaba a nadie del mundo intelectual o musical, que estaba mal informada “sobre lo
que era conveniente vituperar o alabar” ([1935]1981: 79), que sólo conocía de Stravinsky El
pájaro de fuego y que “era la época de su luna de miel con la música rusa, en la que había
entrado por la puerta de los ballets de Diaghilev” (78).
Confirmando lo que mencionaba Modris Eksteins, Victoria Ocampo también percibió
esa atmósfera de escándalo pre-anunciado:
Sentada en la primera fila de plateas, sentía instintivamente aquella noche, desde mi llegada,
que algo se cernía ya en la sala. Pocos minutos más tarde debía aprender hasta qué punto
un público parisién es capaz de armar escándalo. Después de los primeros compases del
Sacre, antes de levantarse el telón, surgieron de todas partes silbidos, alaridos frenéticos. Y
aquello duró hasta el fin del ballet, sin interrupción. Naturalmente, la música se oía mal. La
sala me hacía el efecto de un océano furioso, y yo me preguntaba si el Sacre iba a poder
atravesarlo. La Danse de l’Elue [Danza de la Elegida] fue saludada con tal redoble de chillidos
que para verla bien hubiera sido menester taparse las orejas; si no, el efecto cómico se
sobreponía, porque la bailarina tenía el aire de descaderarse de dolor ante los alaridos del
público. ([1935]1981: 79)

Carl Van Vechten, crítico de música y danza del New York Times, decía algo parecido:
Chillidos y siseos triunfaron sobre la música de los primeros compases […]. Las luces de la
sala se encendieron del todo pero el alboroto continuó y recuerdo a la señorita Pilz [la virgen
elegida] ejecutando su extraña danza de histeria religiosa sobre un escenario en la penumbra
de la luz ofuscante del patio de butacas, y parecía que su acompañamiento eran los sonidos
disconexos de una multitud de hombres y mujeres encolerizados. (Cit. en Eksteins, 2014: 29).

primera función vespertina del Ballet Russe de Diaghilev. Quedé deslumbrada y con
la expectativa gozosa de que vería todos. Nada haría que me perdiera uno de los
ballets, pero mamá, de acuerdo con mi padre, basándose en lo oído, nos prohibió
ver dos. Antes de que comenzara Sheherazada y La siesta de un fauno, como quien
ahuyenta pollos, nos hicieron salir del palco y escuchar desde el pasillo a RimskyKorsakov y a Debussy. Fue inútil mi alegato de que ya tenía quince años” (Oliver,
1969: 59).
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Según Victoria, ella salió aturdida del teatro, como si hubiese abandonado una trinchera:
Había yo escuchado muy mal el Sacre (¡quién pudo oírlo bien esa noche!), y me quedaban de
él: en la superficie, detalles que me parecían ridículos y cómicos (detalles coreográficos); en
el fondo, la impresión confusa de haber sido sacudida por algo misterioso y terriblemente
fuerte, que venía de ese bloque de música al cual no había podido arrancar ningún fragmento
y del que no alcanzaba mi memoria a ofrecerme ninguna de sus habituales transcripciones
fantasistas. ([1935]1981: 79-80)

Aquí puede observarse cómo el énfasis está puesto en escuchar (o la dificultad de
escuchar) la obra de Stravinsky: los detalles de la coreografía de Nijinsky sólo permanecen
aludidos en un nivel superficial. Luego de retornar a escuchar Sacre durante las siguientes
funciones, Victoria no menciona nada de la coreografía, sino simplemente que la música terminó por gustarle (81).
Sin embargo, creo que esta afirmación (que ella iba a ver danza para escuchar música) no sería del todo justa, al menos en esta instancia inicial de mi investigación para este
trabajo. Quizás el motivo de que no haya escrito mucho sobre danza es el mismo por el que
ella muchas veces decía que no hablaría de la música sino de los músicos: porque no era
especialista. Creo que se puede observar, en escasas y pequeñas referencias que realiza o
en determinadas alusiones, cierto vocabulario específico que permite ver su faceta de espectadora de danza. Por ejemplo, cuando recuerda su primera conversación en persona con
Ortega y Gasset, Victoria dice lo siguiente:
Me acuerdo de su manera de decir las cosas más que de las cosas que decía. Ortega
tomaba un tema y yo lo seguía como los reflectores siguen, en un ballet, los entrechats del
bailarín solista.19 Con esta diferencia: él era a la vez los reflectores y el bailarín. Yo
contemplaba el espectáculo y apreciaba su maestría. (Ocampo, 1982b: 109)

Pero también hay referencias concretas a otros ballets que vio. En una carta al conde Hermann Keyserling escrita en París y fechada el 3 de enero de 1929, Victoria comentaba:
Vuelvo de ver los ballets de Diaghilev. Me gustaban tanto en 1913. Me gustan más ahora.
Encuentro muy hermoso a Sergio Lifar: el más hermoso bailarín que haya visto jamás. Pero
ese espectáculo me aburre después de un cuarto de hora. Anoche, por ejemplo, me divertí
más. Estuve en el circo. Había un malabarista que me encantó. (1982c: 157)

En una carta a Angélica Ocampo, su hermana, el 20 de enero de 1930 mencionaba
que al día siguiente iría a ver “el nuevo ballet de [Francis] Poulenc” en el Théâtre des
Champs-Elysées, del que diría posteriormente que no le había resultado “gran cosa” (1997:
21). El ballet que Victoria mencionaba era Aubade, con coreografía de Balanchine, presentado por la compañía Nemchinova-Dolin.
Incluso en sus Testimonios, cuando relataba nuevamente el acontecimiento de la
iglesia y la misa gospel, incluía una referencia llamativa. Decía: “El Reverendo X se adelanta
hasta el centro del estrado, donde se encuentra el facistol que sostiene la Biblia, y se queda
un instante de perfil ante la concurrencia, en una postura digna de Nijinsky” ([1935]1981:
135). Creo que estas menciones, aunque sean marginales, permiten dar cuenta de Victoria
Ocampo como espectadora de danza. La pregnante imagen de Nijinsky, por ejemplo, se reitera en distintas ocasiones y en los más diversos contextos. Por ejemplo, en un escrito de
enero de 1941, en el que describía el Nahuel Huapi y el bosque de arrayanes, decía:

19 En el ballet, un entrechat (de intrecciare: trenzar) es un salto en que el bailarín,
con pies y rodillas estirados, cruza y descruza rápidamente las piernas en el aire.
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Todo el interior del bosque está bañado en una luz rosada y se diría que los troncos,
iluminados por dentro, la difunden. Esos troncos parecen a veces piernas y brazos con los
músculos en tensión, piernas y brazos de Nijinski cuando en el “Espectro de la rosa” surgía
como un árbol humano en movimiento, liberado al fin de sus raíces. (Ocampo, 1946: 206-207)

Para concluir, basta mencionar un texto que aparece en la octava serie de los Testimonios de Victoria, que está dedicado especialmente a Isadora Duncan y en el que, a través
de su experiencia como espectadora cinematográfica, da cuenta también de su experiencia
como espectadora de danza. Bajo el título “La intraducible Isadora (o el genio de las mujeres
de América)”, Victoria comentaba el film Isadora (1968) del director británico Karel Reisz dedicado a la bailarina estadounidense, con Vanessa Redgrave en el papel principal. Decía
entonces Victoria:
Quienes han visto a Isadora no pueden sino lamentar que se le pidiera a Vanessa Redgrave
(gran actriz para otros papeles) algo fuera de su cuerda y de su físico. Vanessa no es
bailarina. Isadora, sin duda alguna, fue un genio del baile. La belleza angulosa de la inglesa y
su evidente esfuerzo para meterse “dans la peau” [“en la piel”] de la americana, toda curvas,
de nada sirve. La gracia espontánea, avasalladora, la continua e involuntaria (en apariencia,
por lo menos) perfección de movimientos de la mujer que renovó, a comienzos del siglo XX,
la concepción de la danza, eran y son inimitables. Marcó el rumbo hasta para el insuperable
Diaghilev y Cía. (1971: 143)

Es que Victoria, de adolescente, había visto bailar a Isadora Duncan en París
(ca.1908). De esta forma la recordaba:
Ella [Isadora] estaba en el esplendor de su forma. La insólita belleza del espectáculo me dejó
transida de entusiasmo. Aquella inmensa cortina de terciopelo azul, su único decorado; la
túnica blanca y griega; los pies descalzos que pisaban, silenciosos, las tablas; la cara
iluminada por dentro, irradiando el placer de entrar en un mar invisible de deleite, un mar en
el cual nadaba divinamente ese cuerpo de nadadora nata del ritmo… todo lo tengo presente.
Y por tenerlo tan presente casi salí del cine para no ver el baile de Vanessa Redgrave […].
(1971: 143-144)

El texto finalizaba mencionando que “ver aparecer a Isadora de espaldas a su cortina
azul, en un teatro” era una impresión y experiencia que no se volvería a repetir. Y advertía:
aunque nacieran otras Isadoras, darían al mundo “su nueva versión de la eterna belleza.
Nunca más esta” (147).

Conclusiones inconclusas
En este texto se intentó compilar aquellos momentos en los que Victoria Ocampo
hizo referencia a la danza, especialmente en su Autobiografía y sus Testimonios. De todos
modos, falta aún continuar revisando más archivos. Si bien se pudo observar que, en realidad, estas referencias ocupan un lugar marginal, al menos si se las compara con las referencias a otras disciplinas artísticas o incluso discusiones teóricas y filosóficas que llaman su
atención, el hecho de rastrear y agrupar aquellas menciones dispersas a ballets, bailarines,
coreógrafos, y compositores ligados a importantes figuras de la danza del siglo XX, permiten
dar cuenta de ciertas imágenes recurrentes (como la de Nijinsky) que señalan el impacto
que causó en ella el bailarín, así como el recuerdo de Isadora Duncan. Así, su estatuto de
“espectadora real” de ciertos acontecimientos célebres en la historia de la danza, le brinda
un marco de referencias a la hora de realizar metáforas, juicios o comentarios en otras disciplinas. En ese sentido, puede resultar productivo continuar sopesando el rol que pudo o no
tener la danza escénica en el proyecto de formación de una cultura argentina moderna. Al
ser la historia de la danza un disciplina marginal en los estudios de las artes, ahondar en la

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relación específica que tuvieron (y mantuvieron) ciertos referentes de la élite intelectual argentina como Victoria Ocampo con los de la danza moderna y el ballet moderno –en particular aquellos/as vinculados/as a la compañía Les Ballets Russes–, quizás permita realizar
aportes a los estudios de danza en/desde América Latina y al de otras disciplinas, al incentivar nuevas búsquedas y abordajes de figuras claves del campo cultural de la Argentina del
siglo XX.

Bibliografía
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modernidad”. Revista Musical Chilena Vol. 61, Universidad de Chile: Departamento de Música,
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y Bracciale Escalada, M. (comps.) (2020). De bambalinas a proscenio: perspectivas de análisis
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Tres obras para volver a pensar el terrorismo de estado y
la subversión armada
María Natacha Koss
DEPARTAMENTO DE ARTES

Definir qué es el teatro político parece ser una tarea mucho más compleja de lo que
a primera vista parece. Todo teatro es político desde el momento en que es un
acontecimiento artístico de cuerpo presente, que organiza un marco de referencia hacia el
contexto inmediato. Por la misma definición de la categoría de acontecimiento que Deleuze
(1989) nos lega, es decir, como lugar en donde se deposita sentido, el teatro dialoga con su
historia y su territorio y, como tal, en términos culturales es inexorablemente político.
Pero cuando hablamos de teatro político no nos estamos refiriendo a todo el teatro
existente. Pensando en una hipótesis de caracterización, podríamos enunciar las siguientes
propuestas.
En la mirada más evidente, podemos pensar al teatro político como un tipo de teatro
útil, ancilar, que se pone al servicio de las ideas políticas de un partido, una agrupación, un
estado, un gobierno, etc. Un teatro que, a través de su campo semántico, reproduce
tautológicamente la mirada sobre el mundo de la ideología de la que es deudor. Este tipo de
manifestaciones artísticas suelen ser didácticamente sencillas y pedagógicamente
redundantes, sin menoscabar por ello (necesariamente) su jerarquía poética. Pensemos
sino en el teatro de Bertolt Brecht, Máximo Gorki, Jean Paul Sartre o cualquiera de los que
Pavis llama “teatro de tesis” (1990; 491 y ss.). Son teatros que adhieren a un programa
político que los excede y del que forman parte. La temática política se torna evidente por el
propio desarrollo de la historia y porque ella, de manera no problemática, se vincula con una
referencia externa claramente identificable.
Podemos considerar un segundo grupo en el que se piensa la política a través del
cuerpo. “Yo debería hablar de nuestras crisis sucesivas (decía Enrique Buenaventura), de
esas épocas en las cuales, ante la magnitud de la tarea que debíamos cumplir, nos
deteníamos para tomar aliento y para preguntarnos si estábamos en el buen camino, qué
debíamos hacer, cuál es la verdadera función del teatro en este país y en este mundo
latinoamericano, obligado a dar saltos terribles, un poco sobre el vacío, ya que hay que
hacerlo a partir de escasas y poco sólidas tradiciones. En este medio, es difícil forjar un
instrumento artístico, cuando más bien parece que la única obligación es empuñar un fusil”
(1969; 110). El ejercicio de la política se realiza, tal como el poeta colombiano reflexiona, a
través del cuerpo presente. No se trata ya tanto de ideas abstractas sino de un teatro
militante (Verzero, 2013), hermano del agitprop de principios de siglo XX, pero sin un vínculo
partidario explícito. Podemos pensar en este caso en las experiencias de colectivos como
Octubre (encabezado por Norman Briski), el Centro de Cultura Nacional José Podestá
(liderado por Juan Carlos Gené), Machete (coordinado por Augusto Boal), Cumpa (dirigido
por Mauricio Kartun) o Libre Teatro Libre (con María Escudero como referente). En este
sentido, consideramos que el artivismo contemporáneo bebe del manantial de esta
modalidad.
Una tercera forma de pensar al teatro político es aquella en la que, sin ponerse al
servicio de un partido/gobierno/estado específico, el acontecimiento teatral se manifiesta no
obstante explícitamente en términos críticos respecto del momento histórico que le toca vivir,

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o a su historia reciente. Georges Dupré (1969) habla del teatro como “toma de conciencia
colectiva”; se trata, en este caso, de un teatro de resistencia o de resiliencia. También puede
pensarse como un teatro memorialístico, de revisión histórica del pasado inmediato, o de un
teatro crítico (ya sea tanto en su versión revolucionaria como en la reformista). Si bien no
ostenta una filiación partidaria específica, esta modalidad ejerce la mirada política por su
reverberación en el orden de lo social. Ejemplo de esto podemos encontrarlo en el grupo
Catalinas Sur coordinado por Adhemar Bianchi y Ricardo Talento (y por extensión en todo el
teatro comunitario argentino), en el ciclo Teatro x la Identidad, en la obra de Arthur Miller o
en la de Tato Pavlovsky, etc.
Finalmente vale mencionar una cuarta modalidad del teatro político que, esta vez,
recae especialmente en las políticas culturales. Ya Francesc Massip (1992) ha observado
que, ante la efervescencia de pensamiento antiteatral en el mundo medieval, la manera más
eficiente de intento de aniquilación del teatro por parte del poder fue retirar el apoyo estatal.
Sin subsidios por primera vez en su historia, el teatro occidental se vio diezmado con mucha
eficacia en los primeros siglos del medioevo. Las políticas culturales siempre han sido
necesarias para el florecimiento y promoción de los campos teatrales, ya sea a partir de
apoyos económicos, exenciones impositivas, programación de festivales nacionales e
internacionales, vínculos con otras áreas como la educación o el desarrollo social, o la
creación de organismos de gobierno específicos. Podemos pensar así, que la política y el
teatro político están indisociablemente imbricados el uno con la otra.
Ya sea entonces un teatro al servicio de ideas políticas preexistentes, un teatro del
cuerpo militante, un teatro crítico y resiliente o un teatro político por las políticas culturales
estatales, lo cierto es que su vínculo con el presente de enunciación es directo, buscando
incidir sobre el campo micro y/o macro social bajo una mirada utópica.

De los ´70 hasta hoy
Susana Torres Molina se ha caracterizado, desde sus inicios como dramaturga, por
construir un teatro político en las cuatro categorías que enunciamos anteriormente. Desde
Extraño juguete (1977), pasando por las experiencias de Teatro Abierto, Teatro x la
Identidad, por su trabajo en la gestión cultural en la dirección de Proteatro, como miembro
del Consejo de Teatro en Argentores, hasta las obras que analizaremos en este trabajo. Esa
extraña forma de pasión, La Fundación y Un domingo en familia conforman, sin ser
estrictamente una trilogía, una mirada sobre la última dictadura cívico-militar que atravesó
nuestro país (1976-1983). Escritas todas en el siglo XXI y desarrolladas en un cronotopo
que oscila entre los últimos años de la década del `70 y los primeros de la década del `80,
las tres piezas traen al presente buena parte del origen de las heridas que aún estamos
sanando como sociedad. “Yo había participado en la comisión de lectura de Teatro x la
Identidad20 en su inicio -nos cuenta Torres Molina21- y en ese momento era notable cómo
todos aquellos textos que resultaban ser más ambiguos o incómodos, eran desechados (…)
porque en ese momento era importante y necesario que las propuestas escénicas fueran
muy claras, casi pedagógicas (…) y después empezaron a llegar los testimonios de
militantes o ex militantes que habían estado secuestrados, exiliados y que hasta ese
momento no se habían manifestado. Y eran, en su mayoría, testimonios personales con una
mirada crítica hacia la violencia desatada, hacia las organizaciones armadas y su
funcionamiento verticalista. Y estaban habilitados para hacerlo porque habían sido parte de

20 Recordemos que Teatro x la Identidad nace en el año 2000 con A propósito de la
duda, de Patricia Zangaro, con dirección de Daniel Fanego. Se puede conocer más
en su web oficial, https://teatroxlaidentidad.net/
21 Esta y todas las citas corresponden a una entrevista realizada por la autora en
Buenos Aires, julio 2021.
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esas organizaciones (…) Leyendo muchos textos de estos protagonistas de la historia
reciente, me interesé por conocer más profundamente sobre la lucha armada, la militancia,
las organizaciones como Montoneros; y al poner el foco ahí, empezaron a asomar
resonancias que ya estaban en algún lugar y que no las había considerado. Había amigos
que me decían: `Si sabías que yo estuve en Montoneros´. Sí, lo sabía, pero se ve que en
ese momento no necesitaba incorporar ni valorizar ese dato”.
Sobre este interés naciente con el nuevo siglo, se le superpusieron a Torres Molina
lecturas, charlas e investigación histórica, que se sumaban como un palimpsesto a su propio
exilio durante la dictadura. La gran originalidad de la temática de las obras que aquí
prologamos radica, entonces, en una mirada ya no sólo sobre los militares y su accionar,
sino también sobre los grupos de resistencia armada, sus formas de organización, sus
valores, sus integrantes y los dilemas que atravesaron. Asimismo, en el siglo XXI comienza
a complejizarse la mirada social sobre el período, al cuestionarse el rol de la Iglesia y su
fuerte posicionamiento en contra de una teología del tercer mundo. Fruto de ello es, entre
otras, la reciente publicación La verdad los hará libres (2023); se trata de una extensa
investigación sobre el rol de la Iglesia católica entre 1966 y 1983, a partir de los documentos
clasificados de la época. Más allá de sus conclusiones, lo que pone en evidencia es la
necesidad de investigar el accionar episcopal ante el terrorismo de estado, tomando como
caso emblemático el asesinato del padre Mugica. Y para abarcar plenamente la tesis de La
fundación no nos quedará más remedio, como veremos más adelante, que dialogar con
estas nuevas miradas de las relaciones Iglesia-Estado durante la dictadura.
Asimismo, el nuevo siglo trajo también el cuestionamiento sobre el rol fundamental
del empresariado argentino en el golpe militar a través del apoyo económico, del
disciplinamiento laboral o la promoción de operativos y asentamientos militares en las
fábricas. El interés del gobierno estatal por el problema de los derechos humanos en
Argentina produjo entonces esta triple focalización: sobre la Iglesia, sobre el empresariado y
sobre la militancia armada. Estos actores complejizaron enormemente la mirada histórica
respecto de la dictadura y, en consecuencia, a la cantera creativa que siempre nutre al
campo de las artes.
Fruto de este entramado social es Esa extraña forma de pasión, que se estrenó en el
Teatro El Camarín de las Musas el 30 de enero de 2010, bajo la dirección de la autora. El
primer disparador para la creación fue “una nota en un diario donde sobrevivientes de un
campo de exterminio en Bahía Blanca contaban cómo habían pasado una fiesta de fin de
año. Los militares habían traído a varias prisioneras a festejar con ellos en un gran festín
con champagne. Les habían dado ropa, maquillaje, había música y baile… en fin. A ellas las
sacaban a bailar y tenían que hacerlo con los grilletes puestos. Esa imagen fue tan fuerte,
tan contundente, que me arrastró a la escritura”. En esta anécdota reconocemos con mucha
claridad una de las líneas dramáticas de la obra.
La pieza está construida a partir de tres historias independientes o “situaciones”,
como la misma autora las nombra. En la primera -SITUACIÓN SUNSET- nos encontramos
en 1977 en un centro clandestino de detención. Carlos y Miguel son militares de carrera, y
están vestidos como para ir a una fiesta. Laura, una prisionera/secuestrada llega a la escena
vestida y maquillada elegantemente como para acompañarlos. En ella se percibe cautela y
tensión. Sutilmente trasluce la contradicción que la atraviesa: por un lado, el temor a sus
captores. Por el otro, la necesidad de agradar como una posibilidad de sobrevivir y de
proteger a su familia.
La segunda es la SITUACIÓN LOS TILOS. Aquí estamos en 1978 en un hotel
alojamiento de Buenos Aires, junto a dos jóvenes de veintipocos, militantes ambos que,
pese a lo que podemos suponer en una primera instancia, no son pareja. La historia nos
devela de a poco que apenas se conocen pero que, merced a decisiones de la conducción
organizativa, se encuentran ahora en la clandestinidad… y deben esconderse y esperar. En

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el tiempo que pasen juntos, la conversación derivará hacia la política; pero también hacia
sus vidas privadas y sus dudas y convicciones respecto a la lucha que están librando. Si en
SUNSET era evidente la crítica al terrorismo de estado, en LOS TILOS se pone en escena
una fuerte mirada cuestionadora hacia la cúpula de uno de los movimientos armados que
dejaron en la clandestinidad, desamparados, a toda su militancia, mientras ella se refugiaba
fuera del país.
Finalmente tenemos la SITUACIÓN LOYOLA, en un tiempo que sólo se especifica
como “época actual”, en donde un joven periodista le realiza una entrevista a una escritora a
causa de su más reciente publicación. No obstante, ese periodista tiene una agenda oculta
vinculada a la desaparición de su padre y supone que la escritora, quien es una
superviviente que estuvo en el mismo campo clandestino que él, puede aportarle datos que
le permitan reconstruir su historia. Ahí emerge la condena a los sobrevivientes como
sospechados de traición. ¿Por qué usted esta viva y él no? ¿Dígame, usted, colaboró?
La propuesta escénica asume que las tres tramas no se presenten sucesivamente
sino de manera simultánea, alternando escenas de las diferentes líneas dramáticas. En el
momento del estreno, el espacio escénico era uno solo y los tres espacios ficcionales
estaban delimitados por unos cuantos objetos. Por lo tanto, la estructura narrativa se
articulaba en una dinámica veloz, similar a la del teatro isabelino, en donde las tres
situaciones avanzaban sin interponerse la una a la otra.
Debido a lo delicado del tema, poco y nada trabajado en el teatro, Torres Molina le
presentó el texto a “personas conocidas que habían estado en la ESMA, a amigos que
habían militado. Y ellos dijeron que sí, que todo lo que se mostraba era cierto.” Pero
además nuestra autora se entromete en un problema sumamente incómodo de todo período
de terrorismo estatal: los supervivientes. En la tercera situación se trabaja sobre ese eje
que, hasta el día de la fecha, sigue siendo especialmente complejo.
El gran escritor que trabajó este tema en el Holocausto es, indudablemente Primo
Levi. Creemos que desde la escritura y el análisis intentó entender lo traumático del hecho,
pero la experiencia del horror pudo finalmente con él. Desde nuestro territorio y sus
especificidades, Ana Longoni vuelve a traer el tema en su libro Traiciones (2007) y ayuda a
pensar el problema desde el estigma de traición que pesa sobre los sobrevivientes-víctimas
de la represión, a partir de los vínculos entre el código ético que regía en las organizaciones
armadas de los años ’70 y la vigencia posterior para impugnar a los sobrevivientes.
Asimismo, analiza la manera en que ese imaginario se sostiene a través de la literatura, que
reproduce y expande dicha condena.
Las hipótesis que sostienen esta mirada crítica son variadas. Por una parte, se
encuentra la dificultad social e individual para aceptar la verdad que los sobrevivientes
enuncian: que la inmensa mayoría de los desaparecidos fue sistemáticamente asesinada.
En segundo lugar, aparece en términos sociales la construcción imaginaria de la figura del
desaparecido como víctima inocente y apolítica, primero, y como héroe mítico después. A
esto se suma la ausencia de un debate crítico profundo acerca de la experiencia política
setentista. Y, finalmente, la gran dificultad por parte de las dirigencias militantes de admitir y
explicar la derrota del proyecto revolucionario en términos políticos. Esto encuentra su
máxima expresión en la imagen de traición que recae sobre los sobrevivientes, lo que
explicaría la derrota como producto de la delación, debilidad y hasta “conversión” política.
Como si la culpa del superviviente no fuese bastante, la pregunta por el qué habrá hecho
para poder sobrevivir, tiñe de sospecha la mirada externa. “Si te agarraban, era por algo. Y
si sobrevivías, también era por algo”, reflexiona nuestra dramaturga.
Y como el teatro tiene su propia manera de construir conocimiento, poner en una
misma habitación a un hijo de desaparecido y a una superviviente le permitió a Torres
Molina abordar dramáticamente esta cuestión. Cómo circulan los afectos entre el periodista

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y la escritora. Qué esconden detrás de las palabras. Qué dicen sin decir. Qué escuchan y
qué eligen no escuchar. Ante el horror de la verdad histórica, el teatro sale a preguntar
respecto de todas esas experiencias incómodas con la potencia de la capacidad metafórica
del escenario.
Las tres historias que confluyen en Esa extraña forma de pasión se entrelazan sin
tocarse, pero influyendo la una sobre la otra. El compartir el mismo espacio escénico hace
que nunca se termine de desambiguar si los dos militantes de LOS TILOS están siendo
observados por los militares de SUNSET. Si Beatriz, la escritora de LOYOLA, y Laura, la
secuestrada, son la misma persona. Si Paco, el militante, es efectivamente el papá de
Manuel, el periodista. Asimismo, narran “desde adentro” las diversas consecuencias de la
dictadura, pero conformando espacios dilemáticos donde la polarización entre las categorías
del bien y del mal se opacan, entran en cuestión, inquietan. Aún en SUNSET, donde el
asunto está más condensado entre víctima y victimarios, los dos secuestradores son muy
distintos entre sí. Además, están construidos desde un imaginario que subvierte el sentido
común: son hombres bastante refinados a los que les gusta jugar al scrabble, leen a Borges,
tienen dudas existenciales. Miguel termina la obra leyendo un texto de Kafka de En la
colonia penitenciaria… y por si fuera poco, Carlos parece amar verdaderamente a Laura.
Pero vale aclarar que en todos los casos la ambigüedad se construye desde una
premisa clara: la represión fue ilegal y violenta, no fue una guerra en la que operaron
ejércitos equivalentes en armamento y organización, y el accionar de los militares fue
terrorismo de estado. No obstante, eso no convierte a la resistencia en un grupo de hombres
y mujeres impolutos, ni a la militancia armada en un modelo a seguir y sin nada que
cuestionar. La autora dice al respecto que su punto de partida al escribir fue explorar desde
la complejidad, ahondando en las contradicciones, en las zonas grises, para evitar caer en la
dicotomía de héroes o traidores.
La tensión entre polarización y ambigüedad se desarrolla de una manera similar en
términos semánticos en La fundación, pero desde una estructura sintáctica muy diferente.
La obra se estrenó en NÜN Teatro en abril del 2016, bajo la dirección de Héctor Levi-Daniel.
Y se re-estrenó al año siguiente en el mismo teatro, esta vez bajo dirección de la autora.
La génesis de esta pieza también tiene un origen periodístico: “Se trataba de un
movimiento familiar cristiano que distribuían los bebés de las mujeres secuestradas y
asesinadas a familias `leales´, o sea, a familias católicas, cercanas a los militares. Frente al
mandamiento cristiano `ama a tu prójimo como a ti mismo´ el desafío fue acoplarlo al
mandato de asesinato y secuestro de criaturas, y esa poderosa disyuntiva resultó muy
estimulante para la escritura, y para tratar de comprender algo del perverso mecanismo”,
dice la autora.
El resultado es La Fundación, pieza que nos sitúa nuevamente en la década del ´70
en donde una pareja joven, pero con problemas de concepción, quiere adoptar a una
criatura. El ambiente comienza a tensarse desde el inicio pues a Marta, la madre solicitante,
no le agrada la forma interrogante y examinadora que despliega Amalia, la entrevistadora.
Las preguntas se hacen a medias y las respuestas se dan solamente porque “están en
confianza”. A lo largo de la obra, Marta irá progresivamente cuestionando las circunstancias
de la adopción.
La pieza está trabajada desde una poética realista canónica, apelando a todos los
recursos clásicos del drama moderno. En términos narrativos esto se traduce en el uso de la
gradación de conflicto, la oposición de caracteres, la presentificación de los personajes, los
encuentros personales, etc. Dice la autora: “El tema era espinoso, secuestros de bebés y la
referencia dada de un espacio religioso donde se producía la entrega de las criaturas. Por
eso sentí necesario que el desarrollo de la trama fuera de a poco y que lo siniestro se
revelara gradualmente. Los quise ubicar en una clase alta; a la mujer encargada de las

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entrevistas me la imaginaba como una señora del Opus Dei que vive en San Isidro, lo
mismo que el abogado, de apellido Palacios Lynch”. Entre los personajes no hay ningún
conflicto ideológico; todos están de acuerdo en la necesidad de un proceso de
reorganización nacional22 y de pacificación social. Pedro viene recomendado por su tío
militar, quien le garantizó una adopción expeditiva. ¿Dónde aparece el conflicto entonces?
Torres Molina responde: “desde el afecto de ella (Marta) por una íntima amiga que estaba
embarazada y la detuvieron y Marta no entiende por qué, ya que sólo alfabetizaba en la
villa”. A medida que ella insiste en sus preguntas, el ambiente se va enrareciendo cada vez
más, hasta que la situación se vuelve insostenible. Y es el lenguaje religioso el que empieza
a dar voz de autoridad a los apropiadores.
Palacios Hubo que crear todo sobre la marcha. Y el objetivo inspirador es y será, cueste lo que
cueste, salvar a la familia cristiana.
Amalia

Y sus valores, claro.

Palacios (A PEDRO Y A MARTA) Si les digo que nos empujaron al precipicio.
Amalia

A una guerra justa, en los términos de Santo Tomás.

Palacios A una guerra defensiva.
¡Tuvimos que reaccionar con todo el peso de la ley!
Amalia

¡Y de la cruz!

Como vemos, el nivel lingüístico se ve teñido por el uso de los textos sagrados del
cristianismo. Recordemos que Umberto Eco (1992) distingue las nociones de uso y de
interpretación; un texto puede ser “interpretado”, lo que conlleva el deseo de determinar un
significado desde del texto mismo. Pero un texto también puede ser “usado”, es decir,
imponerle un sentido que no está previsto. Esto se vuelve a repetir en la argumentación de
Amalia y Palacios, muy especialmente cerca del final de la pieza, ante las dudas cada vez
más acuciantes de Marta.
Marta
(A PALACIOS) Me pregunto… cómo se puede ser fiel al mensaje del evangelio, si a
las personas se las convierte en cosas, y como cosas se las desecha.
Amalia ¿Acaso Jesús dudó cuando tuvo que arrojar del templo, a latigazos, a
los
mercaderes, a los impíos? Cada persona de bien sabe perfectamente a quién tiene que arrojar
del templo a latigazos.
Palacios No he venido a traer la paz, sino la espada. Son sus palabras. Cuando se está
convencido de la misión encomendada, se puede, le aseguro, señora, que se puede.

La opción de una poética realista se sostiene en la necesidad de delegar en la
argumentación el gran peso del conflicto. Si en el caso de Esa extraña… el aspecto
narrativo, especialmente el entrelazamiento de las historias, era el principio constructivo
sobre el que se sostenía la obra, en este caso el gran pilar está en el lenguaje. La retórica
se hace protagonista y somos testigos de un discurso que Marta no es capaz de contradecir
con palabras pero que, no obstante, sabe que es engañoso y dañino. “Eso es lo que me
interesaba –dice la autora-. Cómo estos personajes están convencidos de que están
haciendo una obra de bien. Porque una al escribir tiene que tratar de comprender las
afecciones de lo que detesta, de lo que le resulta intolerable. Todos tienen razones para
pensar como piensan. Y hay que poder escudriñar esos modos tan ajenos de pensar. Si no,
siempre vamos a proponer desde lo afín, desde lo adecuado. Pero ¿cómo deliberamos
desde la sombra? ¿cómo intentamos percibir lo que hacen estas personas para seguir
viviendo? ¿para sentir que están haciendo una obra meritoria cuando están apropiándose
de los hijos de mujeres que han sido torturadas y asesinadas? Con ese propósito me

22 Eufemismo utilizado por los y las golpistas para nombrar a la dictadura militar.
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sumergí en la argumentación de ellos. Porque estos seres existen, cometen actos terribles y
muchas veces no están arrepentidos, al contrario. (…) Para lograr el efecto que buscaba
este espectáculo tenía que ser muy realista, con una puesta, podríamos decir, tradicional”.
La rebelión de Marta no sucede por concientización política sino por el afecto. Por la
empatía con las madres secuestradas a través de su amiga Inés. Por la empatía con los
hijos apropiados a través de su construcción maternal.
Y esta estructura más tradicional vuelve a estallar en la tercera obra del presente
volumen, Un domingo en familia, estrenada en el Teatro Nacional Cervantes el 9 de mayo
de 2019 bajo la dirección de Juan Pablo Gómez. En este caso no se trata de líneas
narrativas independientes que coexisten, sino que más bien remite a una estructura
caleidoscópica.
Es una obra coral con gran cantidad de personajes, la mayoría sin nombre, pensada
para un elenco reducido según la indicación de la didascalia inicial. Hay personajes que
tienen una referencia histórica clara (Perón, Quieto, Firmenich) pero hay otros que son más
bien roles sociales, como el caso de los militantes. Nada garantiza que los militantes de la
escena 4 sean los mismos que los de la escena 9, pero nada tampoco lo niega… por lo que
esa multiplicidad caleidoscópica se amplía más aún.
La obra retoma la historia del secuestro y desaparición de Roberto Quieto, quien
fuera uno de los conductores de la organización Montoneros, el 28 de diciembre de 1975
(tres meses antes del golpe militar). Ese día Quieto había ido a la playa La Grande de
Martínez, típico recreo que bordea la costanera norte del Río de la Plata. Estaban con él
unos veinte familiares, entre ellos su esposa, su madre, sus hijos, hermanos y primos.
Cuando ya habían pasado las siete de la tarde y Quieto tenía en brazos a su sobrino Manuel
de un año, aparecieron alrededor de diez personas portando armas largas con las que
apuntaron al grupo y se dirigieron hacia él, al mismo tiempo que otras que, hasta el
momento, aparentaban ser paseantes.
Pero la pieza también hace hincapié en las circunstancias políticas e históricas que
hicieron posible que un hecho de semejante magnitud aconteciera. “En toda la investigación
sobre la década del ´70, los militantes, las organizaciones, Perón y demás, siempre aparecía
Roberto Quieto como una figura muy interesante, diferente. Y esa sensación se acrecentó
cuando leí Doble condena de Alejandra Vignollés (2012), quien investiga su vida desde los
inicios en la política y detalla como fue secuestrado por la triple A -posiblemente- y como
unos días más tarde es acusado de traidor por la conducción de Montoneros, en un juicio
ejemplar y condenado a ser ajusticiado”.
Quieto se manifiesta como una figura trágica contemporánea, en el sentido heroico
que trabaja Eric Bentley: “La dinámica de la acción trágica corresponde a nuestra
apremiante búsqueda de la inocencia. La pasión de la elocuencia trágica corresponde a
nuestra urgente demanda de un veredicto de Inocente. Pero esa búsqueda y esa demanda
son inútiles. Sólo podrían obtener éxito burlándose de la justicia. El héroe trágico es
culpable. La culpa es su raison d’être” (1992: 242). Héroe culpable, entonces, Quieto
encuentra en sí mismo y en sus propias acciones (y no sólo en situaciones externas) el
origen de su perdición.
La situación dilemática de Quieto como personaje puede sintetizarse en que “él
estaba ahí, en su rol de jefe, no creyendo en el triunfo militarista, en desacuerdo con la
clandestinidad y el enfrentamiento con Perón, y dándose cuenta claramente de que se
avecinaba una masacre. Pero sin poder irse porque era un líder comprometido con las
bases militantes y no las iba a abandonar”, afirma la dramaturga.

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Con toda esta información y becada por el Fondo Nacional de las Artes, Torres
Molina se lanza entonces a la escritura de su obra más crítica respecto al accionar de la
resistencia armada durante el período de la dictadura.
La contrafigura obligada como contrapeso a Quieto fue Mario Firmenich. Y mediando
entre ambos, Juan Domingo Perón. Sin embargo, a ninguna de estas personas se las
nombra explícitamente, aunque se dan suficiente cantidad de referencias como para que
sean claramente identificables. La puesta, por otra parte, eligió el uso de máscaras que
anulaban cualquier duda posible en el sistema de referencias. En esa instancia, Torres
Molina se vio confrontada con un dilema ético: “estaba un poco inquieta porque yo sabía que
la mujer y el hijo de Quieto viven acá… no la hija que vive en el extranjero. Y los textos de
Quieto me surgen en base a lo que leí, percibí e intuí del estado emocional que tenía él en
ese momento. Las voces de los militantes y del militar también son de mi autoría. No así las
de Perón y Firmenich, que son citas extraídas de sus discursos y proclamas, elegidos con la
intención de confrontar.” Por este motivo la obra no se promocionó como “la historia de
Roberto Quieto”, aunque fue un tema insoslayable en cualquier entrevista o nota que circuló
de la puesta al momento de su estreno.
Igualmente, la estructura de la pieza se aleja ampliamente del modelo de obra
biográfica, estableciéndose más bien como un diálogo lírico entre los personajes, o entre los
personajes y el coro de militantes, al estilo de la tragedia griega más arcaica.
-ÉL: Un tiempo después que murió el Viejo, la Triple A envió a los medios de prensa su primera
lista de condenados a muerte.
Ahí figuraba mi nombre, junto con los gremialistas, Agustín Tosco, Raimundo, Ongaro, el
Comandante del ERP, Mario Santucho, el ex-rector de la UBA, Rodolfo Puigross, el abogado,
Silvio Frondizi, el obispo de La Rioja, Luis Angelelli, entre otros. Eran 21 los nombres de esa
lista.

-HOMBRE 2: (PERÓN) Hay que educar a un pueblo que está mal encaminado y debemos
encaminar a una juventud que está, por lo menos, cuestionada gravemente.

-ÉL: Todos nos cuestionamos mutuamente.
Hay una gran desconfianza.
Junto con los discursos heroicos, las palmadas en la espalda y las amplias sonrisas.
Con las manos manchadas de sangre, todos sospechamos de todos.

-HOMBRE 2: (PERÓN) Que la juventud se haga cargo.
Es un mundo que cambia y los muchachos tienen razón.
Y si tienen razón hay que dársela, y hay que darles el gobierno.
Con los años, en el hombre hay algo que se marchita.
Y algo que se intimida.

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Y para gobernar se necesitan cerebros frescos y corazones tranquilos.

La resultante es que los textos “históricos” resultan extrañados al ser interpelados y
contrastados por otros personajes. Pero, además, esta estructura le otorga a la obra un
carácter musical muy particular. Las frases se transforman en leitmotivs que vuelven todo el
tiempo pero que generan diferentes respuestas. A ello contribuyen, indudablemente, los
militantes con sus cánticos y tambores.
Algunos de los cánticos son muy conocidos en el contexto de esa época
efervescente, y uno o dos también son fruto de la pluma de nuestra autora. “Este texto lo
escribí pensando en que lo iba a dirigir, pero la verdad es que estoy muy contenta, muy
satisfecha con la puesta y dirección de Juan Pablo Gómez, con la vitalidad y desmesura que
le imprimió, y con el despliegue poético muy adecuado para lo que yo había imaginado.
Mucho canto, bombo y entusiasmo, atravesado por la tragedia.”
Pese a la relevancia coral, la obra también entraña una dimensión rapsódica, con
personajes interpelando al público. Los espectadores están integrados muchas veces al
universo de la ficción, en una dialéctica liminal entre el adentro y el afuera. Los textos, por la
manera en que están armados, parecen ser a veces diálogos entre los personajes; pero la
mayoría del tiempo asistimos a fragmentos de un todo que nos es entregado para que lo
terminemos de armar en la platea. Somos espectadores pero somos, también, personajes
con los que la ficción dialoga.
Sin embargo, lo más relevante de la obra pasa por el tratamiento del tema central. Si
en Esa extraña… la voz de los militantes aparecía insinuada, en esta pieza esa voz se
transforma en un grito. Parte de ese grito se revela en la figura de Firmenich, que la obra
organiza como un personaje oscuro.
La recepción de la pieza fue muy buena, especialmente por gente cercana a los
acontecimientos narrados. “La vino a ver personas que estuvieron en la ESMA, como la
periodista Miriam Lewin, que me dijo que era un espectáculo que tenían que ver padres y
madres con sus hijos, porque era una clase de historia. Sus palabras me significaron mucho
porque ella fue militante montonera, estuvo secuestrada y conoció de primera mano todo
ese espanto. También vino Benjamín Ávila, el director de Infancia clandestina -película
donde cuenta el secuestro y desaparición de su madre- y saliendo del teatro, muy
conmovido me cuenta que mucho de lo escalofriante que se dice en escena, son temas de
conversación cuando se reúne con algunos compañeros de H.I.J.O.S. Y lo que más me
llenó el alma fue un mensaje que me envió Guido, el hijo de Roberto Quieto,
agradeciéndome por la obra. Que hubiera investigado sobre su padre, que reivindicara su
figura que había sido tan atacada. Y después vino a casa, charlamos, me contó muchas
cosas de su infancia. Él tenía 6 años cuando se lo llevaron. Entre otras, algo que yo sabía
muy bien, y es que Quieto era muy familiero. Por eso fue muy complejo para él que su mujer
no quisiera participar en la organización, porque eso significaba que iba a tener que ir solo a
la clandestinidad y no con su familia”.
En definitiva, si con Esa extraña… y La Fundación estábamos en territorio del drama
social, en el caso de Un domingo… nos zambullimos en la tragedia por el héroe que la
protagoniza (en el sentido de Bentley), por el dilema que atraviesa, por la estructura lírica y
por la gran relevancia en el orden cívico y político que la obra supone para nuestro presente.

Bibliografía
Bentley, Eric (1992) La vida del drama. México: Paidós.

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Buenaventura, Enrique (1969) “El arte no es un lujo” en Teatros y política. Buenos Aires: Ediciones de
la Flor.
Deleuze, Gilles (1989) Lógica del Sentido. Barcelona: Paidós.
Dupré, Georges (1969) “El teatro como toma de conciencia colectiva” en Teatros y política. Buenos
Aires: Ediciones de la Flor.
Eco, Umberto (1992) Los límites de la interpretación. Barcelona: Lumen.
Galli, Carlos; Durán, Juan; Liberti, Luis; Tavelli, Federico (2023) La verdad los hará libres. Buenos
Aires: Planeta.
Longoni, Ana (2007) Traiciones. La figura del traidor en los relatos acerca de los sobrevivientes de la
represión. Buenos Aires: Ed. Norma.
Massip, Francesc (1992) El teatro medieval. Barcelona: Montesinos.
Pavis, Patrice (1990) Diccionario de teatro. Dramaturgia, estética, semiología. Barcelona: Paidós.
Verzero, Lorena (2013) Teatro militante. Radicalización artística y política en los años 70. Buenos
Aires: Ed. Biblos.
Vignollés, Alejandra (2012) Doble condena: La verdadera historia de Roberto Quieto. Buenos Aires:
Penguin Random House.

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DEPARTAMENTOS Y ÁREAS DE CIENCIAS SOCIALES
Militares y militarismo en Colombia. Estudios marxistas
entre los años 70’s Y 80’s
Christian Arias Barona
ÁREA DE ESTUDIOS NUESTROAMERICANOS

Introducción
El estudio sobre los militares cuenta con una extensa trayectoria que incluye trabajos
que han pasado a ser referencia tanto en el mainstream como en las corrientes críticas,
donde predominan nombres como Samuel Huntington, Morris Janowitz o Alain Rouquié. Lo
que se busca rescatar en el presente documento es la mirada de quienes reflexionaron
acerca de los militares, su función social y su proyecto político en un período especial de la
historia de Colombia, donde la Teoría de la Seguridad Nacional y la insurgencia armada
cobraron predominancia, y especialmente desde la orilla del pensamiento crítico. Aunque las
referencias analizadas sean menos célebres, incluso en la teoría latinoamericana, sus
aportes al respecto marcaron los debates de una época.
Este artículo transcurre por las páginas de un conjunto de revistas culturales del
marxismo colombiano para poner en diálogo la perspectiva de algunos de sus autores
respecto al papel de los militares, su articulación con el proceso capitalista nacional y el
imperialismo. Aunque se aborda mediante un ejercicio de historia intelectual, se destaca la
recuperación de las producciones marxistas de variadas tendencias respecto a problemas
específicos de su tiempo histórico, cuya trascendencia se palpa en los días que corren.
Las revistas consultadas pertenecen al archivo de trabajo del Dr. Javier Calderón,
quien lo ha puesto a disposición del Grupo de Pensamiento Crítico Colombiano y con
quienes ha realizado una intensa revisión y clasificación, artículo por artículo. Valga
reconocer el incalculable aporte al pensamiento crítico y la investigación social que hace el
sociólogo colombiano a través de su proyecto de estudio sobre el marxismo en Colombia,
del que ya vio la luz un libro . Ha sido una empresa de años, el rastreo para recolectar libros,
revistas, folletos, referencias y un formidable cúmulo de historias que hilvanan el tejido
multicolor de una cultura política tan prolífica como el marxismo.
El sentido con que se hace referencia al pensador o pensadora marxista no es
exclusivo del ámbito intelectual académico, al contrario, se reivindica la praxis y la actividad
militante como formadora de la conciencia y los esfuerzos de reflexión que en ese
laboratorio se producen. Como ha señalado Calderón (2022), más que un diálogo teórico
entre grandes eruditos, la historia intelectual colombiana ha transcurrido en un “taller del
marxismo”, es decir, desde una praxis, un qué hacer que combina la teoría y la acción, a
menudo marginada de los espacios universitarios por la censura y el macartismo, pero que
emprendió numerosos proyectos por la revolución socialista . Su propuesta está
emparentada con la categoría de “marxismo creador” que empleó Charles Wright Mills en su
libro Los marxistas, precisamente para destacar una intelectualidad marxista capaz de tomar
de Marx una concepción del mundo en su tiempo histórico, y enfrentar las trivialidades
erráticas de su vulgarización.

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Este esfuerzo aún es necesario y el rastreo continúa con hallazgos diarios. No se
trata solo de una empresa arqueológica de coleccionistas que desfilan haciendo alarde de
atesorar piezas inhallables, sino de estudiar sobre esas reflexiones la historia y reelaborar
sus posibilidades de transformación. Es el marxismo un proyecto vital y por ende inconcluso,
llamado claro está, a construir una nueva hegemonía frente a quienes con la modernidad
han llegado a creer en la eternidad de las ideas y se reposan en finales retractados frente a
la crisis más catastrófica de la historia del capitalismo. El pensamiento marxista de
Nuestramérica tiene qué hacer todavía.

Cultura política e intelectualidad militante
Una pregunta fundamental para encarar la tarea es ¿hubo marxismo colombiano? La
primera afirmación que corresponde hacer para arribar a la respuesta, es decir que más que
una “recepción” de ideas socialistas hubo una apropiación (Kohan, 2000) . Esto supone una
síntesis creativa y no el trasplante mecánico de un sistema de conceptos (algo que también
ocurrió y se ha puesto en tensión, tanto en el plano teórico como en la acción política), y
corresponde a una elaboración de estudios que incluso contradicen las manifestaciones
históricas propias de la tradición crítica originada en Europa, pero que permiten dar cuenta
de un ejercicio de pensamiento crítico original nuestroamericano.
La circulación de las ideas se basó preferentemente en las revistas culturales, cuya
proliferación y duración mostró la consolidación de campos de disputa ideológica. Mientras
que la crítica tuvo como matriz la tradición del Partido Comunista Colombiano, la
intelectualidad burguesa diseminó sus reflexiones en múltiples experimentos. Estos últimos
contuvieron, no obstante, tendencias progresistas y hasta abrazaron ocasionalmente ideas
socialistas, pero mantuvieron encendida su fascinación por la cultura occidental europea en
desmedro de la radicalidad latinoamericana y caribeña. Algunos puntos de encuentro con la
tradición crítica fueron las revistas ECO y Mito, hacia las cuales las páginas de Documentos
Políticos y Estudios Marxistas dirigieron algunas de sus críticas. Por otra parte, las
preocupaciones de la élite intelectual dejaron vacante el problema de la transformación del
orden social, por ende, no hubo destacados estudios sobre el Estado, la intervención
extranjera y los militares; aunque sí se abordó el conflicto social desde la perspectiva de la
violencia .
Ese marxismo tuvo múltiples vías de expresión, más o menos abiertas según la
época y los espacios de circulación. Por ejemplo, las revistas fueron uno de los proyectos
político-culturales más significativos porque los enriqueció mayoritariamente una
intelectualidad militante cuyas reflexiones muchas veces no se procesaron en el seno de la
academia, no obstante, también ocurrió que algunas personalidades trascendieron en ese
ámbito y se mantuvieron al margen de una participación política orgánica. Recurrentemente,
la “independencia” partidaria fue un condicionante excluyente para las universidades; una
especie de cordón sanitario impuesto al campo intelectual como oposición al campo político.
De una forma u otra, los análisis marxistas ocuparon la escena para explicar los
acontecimientos históricos e intervenir para torcer su curso. Coincidimos en que la mejor
forma de ordenar las corrientes de la tradición crítica en Colombia es la propuesta por
Calderón e incluye cuatro grandes agrupamientos: 1. El PCC: la tensión entre los mandatos
del PCUS y el estudio de la realidad colombiana; 2. La nueva izquierda: maoísmo y la
diversidad marxista-leninista (ML); 3. El sector académico de la nueva izquierda; y 4.
teología de la liberación y nueva izquierda (Calderón, 2022: 259).
Los pensadores que hemos elegido destacar se inscriben dentro de estas cuatro
categorías. En primer lugar, Francisco Leal Buitrago, quizás el más heterodoxo, corresponde
a la primera generación de sociólogos de la Universidad Nacional de Colombia, disciplina
creada en 1959, lo que indudablemente influenció su marco conceptual nutrido por los

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relucientes debates del momento. Si bien sus estudios sobre el Estado lo condujeron a
definiciones conceptuales a partir del mismo Marx , su formación académica en Estados
Unidos le acercó quienes como Nicos Poulantzas trataron de contribuir a los debates
respecto a lo estatal. En particular, su preocupación por los asuntos militares estaba
atravesada por su formación escolar en una institución castrense. A pesar de que uno de
sus primeros trabajos fue publicado por una de las editoriales del Partido Comunista , afirmó
siempre ser independiente, por lo que a nuestro entender se ubica en el “sector académico
de la nueva izquierda” .
Continúa en un itinerario similar Gonzalo Sánchez Gómez, formado como abogado y
filosofo en la Universidad Nacional, viajó luego a Inglaterra y finalmente se doctoró en
sociología política en Francia. Aunque ha mantenido sus anclas en la academia, pasó por
una de las más importantes revistas de la nueva izquierda colombiana: Cuadernos
Colombianos . Su oscilación entre la intelectualidad militante y la academia lo ubican en el
campo de la “nueva izquierda y su diversidad”; sin embargo, a fines de la década 1980 pasó
a componer la legión de los “violentólogos”, un grupo de destacados investigadores sociales
dedicados al análisis del fenómeno de la violencia con énfasis en los impactos en la
sociedad, pero soslayando el conflicto de clases.
Tres figuras de la intelectualidad militante que aportaron a los temas militares fueron
Álvaro Echeverri, Fernando Calderón y Edgar Caicedo, adscritos a la corriente del Partido
Comunista Colombiano. Echeverri tuvo una constante participación en la revista
Documentos Políticos y ocasionalmente en Estudios Marxistas , donde expuso las raíces del
Decreto 1923 de 1978 conocido como “Estatuto de Seguridad”, forma que tomó la Doctrina
de la Seguridad Nacional en Colombia a través de un gobierno electo (Echeverri, 1979: 3035), además, realizó una de las investigaciones más documentadas para la época titulada El
poder y los militares. Un análisis de los ejércitos del continente y Colombia (1978). Calderón
por su parte se ocupó de diseccionar “la ideología militar en Colombia” (1979) en dos
artículos publicados sucesivamente en los números 137 y 138 de Documentos Políticos, los
cuales pasaron a formar parte de las referencias obligadas por su incisiva caracterización
periódica desde la participación del Batallón Colombia en la Guerra de Corea hasta la
promulgación del mencionado estatuto del gobierno de Julio César Turbay, y por presentar
un marco geopolítico de sustentación de los cambios en la estructura militar y su
concatenación con el desarrollo económico . Por último, Edgar Caicedo presentó una
síntesis que recupera el conjunto de estas reflexiones en un libro de 1989 titulado Militares y
militarismo. Un análisis histórico-político, donde además desarrolla la hipótesis de un
“militarismo dependiente” , es decir, que la intervención de los militares en la política y el
desarrollo económico está condicionada por su subordinación a la dinámica imperialista del
capitalismo (Caicedo, 1989: 80-99).
El más singular de los pensadores marxistas presentados es Jacobo Arenas ,
intelectual-dirigente de la Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército del
Pueblo (FARC-EP), quien, con el objetivo de elaborar un modo de operar de la guerrilla,
intercaló la reflexión sobre el pensamiento militar y sus modos de combate con el análisis de
la ideología imperante en la conducción castrense y su conducta respecto a las
negociaciones de paz. En 1985, luego de la firma del acuerdo de Cese al fuego, tregua y
paz con el gobierno de Belisario Betancur, Arenas publicó un libro de memorias y análisis
sobre las FARC-EP y las negociaciones bajo el título Cese el fuego. Una historia política de
las FARC, donde incluyó una visión refinada del rol de las Fuerzas Militares, y en particular
de la alta oficialidad. Aunque no ha sido un trabajo rescatado habitualmente en el sentido
con el que lo hacemos aquí, es valorado como un documento histórico. Consecuentemente
a la propuesta de un “taller” del marxismo, Arenas puede ubicarse como intelectual de la
tradición comunista y a la vez reconocer la capacidad de desplegar una praxis en tensión
con el PCUS .

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Sin lugar a dudas el contexto regional y nacional motivó este conjunto de
investigaciones para comprender la raíz del proyecto que articulaba a las dictaduras
militares. Los gobiernos militares en el Cono Sur, pero sobre todo la conducta en las
democracias procedimentales donde la política de seguridad irrumpió ferozmente, son eje
de las hipótesis que acompañaron los cambios en el proceso capitalista que cimentó el
neoliberalismo.

El imperialismo en los estudios militares
La lectura sobre el imperialismo que desarrollaron las y los marxistas colombianos,
ha identificado con atino las áreas a partir de las cuales se ha desarrollado la intervención
extranjera. La crítica temprana sobre la concentración de la propiedad agrícola, el desarrollo
del tabaco, el café y luego del petróleo, la incursión de las empresas multinacionales, el
endeudamiento externo y el impacto de la militarización orientada desde Estados Unidos
sobre cada uno de estos sectores, ha propiciado un volumen formidable de trabajos.
Algunos autores cuya lucidez ayudó a comprender el fenómeno en curso fueron Luis
Eduardo Nieto Arteta, Mario Arrubla, Carmenza Gallo, Amadeo Armendáriz y Teodosio
Varela (1977) , Julio Silva Colmenares (1977; 1983a; 1983b), Mario Jesús Antonio Bejarano
y Salomón Kalmanovitz, entre otros.
Para la década de 1970, el análisis del imperialismo había madurado prolongando la
lectura de Lenin respecto del capital financiero y las grandes empresas multinacionales. Los
estudios sobre el “capitalismo de Estado” y el fenómeno del “subdesarrollo” alcanzaron
notoriedad, aunque con interpretaciones disimiles entre las distintas tendencias. La
intelectualidad del Partido Comunista Colombiano desdeñó con insistencia los aportes de la
Monthly Review y buscó elaborar su propio marco de interpretación, aunque por momentos
muestra cierto sectarismo; desarrollaron una mirada matizada de la dependencia, sin
reconocer la lectura de otras corrientes latinoamericanas sobre el problema, y acogieron la
caracterización del neocolonialismo estadounidense .
Problemas como la integración regional y el libre comercio en el marco de la ALALC
(Asociación Latinoamericana de Libre Comercio), los intereses estadounidenses al respecto,
así como las tendencias del proceso de modernización de la época fueron tratados con
suma profundidad y lograron dar cuenta de los efectos perniciosos para la independencia
nacional y la prosperidad económica. De la mano de los cambios cualitativos del capitalismo
en la década de 1970, surgió la preocupación por la desregulación económica y el creciente
endeudamiento externo (Silva, 1983a).
Los estudios sobre el militarismo aparecen con mayor sistematicidad luego de
mediados de la década de 1970, perfilando un análisis más agudo de las relaciones de
poder, el Estado y la acumulación de capital. El primer elemento que motivó esas
preocupaciones es la emergencia de dictaduras en el Cono Sur, y segundo, la necesidad de
entender el origen de la formación que articuló los proyectos militaristas con la doctrina
contrainsurgente y la desregulación de las economías. Ya en 1963(a), Antonio Mendoza
había presentado como hipótesis del posible advenimiento de un golpe, la sistematización
de un plan de acción cívico-militar (Plan Lazo) por parte del Gral. Alberto Ruíz Novoa, quien
comandó el contingente colombiano enviado a la Guerra de Corea; en 1965, el mismo militar
publicó sus ideas en el libro El gran desafío, donde según Leal Buitrago desarrolla un
planteamiento “desarrollista” (1970: 62). Otro de los aspectos que señaló Mendoza en sus
artículos de Documentos Políticos , es que la actitud de la cúpula militar marcó el eje de
contradicción entre subordinación y autonomía militar por la promoción de ideas lo que
condujo a su retiro. Leal Buitrago describe otro singular antecedente en la noción de “guerra
vertical” del Gral. Álvaro Valencia Tovar, que consistía especialmente en “aplicar la fortaleza
del Estado ganando la mente del hombre”. El vigor que alcanzó la idea de desarrollar un

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trabajo psicosocial para construir una alianza “anti-subversiva” con el pueblo, se cristalizó en
programas de asistencia extranjera y penetración cultural como el “plan simpático” o el
escadaloso CAMELOT.
Uno de los aspectos más relevantes de la penetración imperialista en la región que
perdura hasta la actualidad, es el adiestramiento militar brindado por Estados Unidos en sus
escuelas y a través de misiones en la región. Fernando Calderón resaltó este aspecto como
un articulador de la ideología y el modo de operar de los militares durante la década de
1970; esta era una herramienta eficaz para sedimentar la Doctrina de la Seguridad Nacional
como parte de una política hemisférica de la potencia norteamericana (Calderón, 1979).

El poder y los militares
Reconociendo el carácter pionero de los trabajos de Fernando Calderón y Francisco
Leal Buitrago, se despliega una línea de análisis de tres pensadores marxistas cuyas
conclusiones impactaron entre fines de la década de 1970 y la de 1980. Ellos son Álvaro
Echeverri Uruburu (1978), Jacobo Arenas (1985) y Edgar Caicedo (1989). Con una forma
más adecuada a los criterios académicos, Echeverri y Caicedo establecen marcos teóricos y
antecedentes contemporáneos para analizar el problema de los militares y el poder,
enfrentando las visiones tradicionales y los preceptos liberales con una crítica dotada por
ejemplos históricos del proceso colombiano, así como de otros de América Latina. Jacobo
Arenas por su parte, sintetiza el problema desde una perspectiva singular: como negociador
de paz de la insurgencia armada con el gobierno. Esa posición le permite discernir sobre los
obstáculos para la realización de un cambio en dos vías, por una parte, la insurreccional que
implica la coordinación de una fuerza guerrillera con la organización social, y por otra, la
apertura democrática para impulsar reformas que abonen el terreno para futuros avances.
En cualquiera de las resultantes de esa disyuntiva, la concepción fascista de las Fuerzas
Militares colombianas socavaba el despliegue de la clase trabajadora mediante sus
organizaciones en las ciudades y el campo, cual celosa custodia de un modelo de
acumulación en transición.
En la matriz intelectual de estos pensadores marxistas estaba la caracterización de
Colombia como una sociedad subdesarrollada, regida “por el desarrollo de las fuerzas
productivas de los países centrales” (Leal Buitrago, 1970: 9), que configuraron el fenómeno
de dependencia . El imperialismo como contracara del subdesarrollo, tiñó el contexto social
con las multinacionales, el desplazamiento de los intentos desarrollistas y la aplicación del
neoliberalismo a través de la contrainsurgencia y una nueva práctica del militarismo, para
nada homogéneo en la región latinoamericana y caribeña.
Si bien la mayoría de los estudios respecto al militarismo abordaron problemas
nacionales a la manera de “estudio de caso”, se instaló una tendencia a generalizar lo que
acontecía en los procesos analizados hacia el continente, aplicando las mismas
conclusiones para los casos poco y nada trabajados como el colombiano. En este sentido,
es visible la influencia del intelectual argentino José Nun en los estudios sobre el poder y los
militares , aunque los trabajos emprendidos en Colombia lo tomaron como referencia para
sustentar argumentos críticos por cuanto sus hipótesis no se corroboraban.
Un factor común de las lecturas de los pensadores presentados en este artículo es
que los estudios sobre el fenómeno militar en América Latina, no atañe exclusivamente a los
golpes militares. La riqueza de su valoración del problema está en que consideran tanto A)
su interacción dentro de las clases dominantes, B) su papel de arbitraje con intereses
propios, así como C) su alineación a la proyección de poder estadounidense en el proceso
de acumulación de fase imperialista.

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La idea de un rol “arbitral” por parte de las Fuerzas Armadas está presente en varios
análisis, por ejemplo, Leal Buitrago afirma que entre la apuesta “desarrollista” de fines de la
década de 1960 y la integración interamericana conducida por Estados Unidos, se “ha
colocado a la institución militar como árbitro del Frente Nacional en el sentido de que si el
experimento del esquema tecnocrático desarrollista no produce los resultados previstos y se
aumentan los conflicto políticos y las tensiones sociales, el ejército podría llegar a intervenir
directamente en la política, como recurso de ‘salvación nacional’” (1970: 72-73). Una
hipótesis similar planteó Gonzalo Sánchez, con la salvedad que toma ese arbitraje militar
desde el período anterior al Frente Nacional, es decir, desde el golpe del Gral. Gustavo
Rojas Pinilla el 13 de junio de 1953. Según Sánchez:
El reconocimiento por los dos partidos tradicionales y las fuerzas sociales que los
soportan, de la imposibilidad de imponer su hegemonía sobre el respectivo enemigo a través
de una larga lucha que se revelaba destructora para ambos, y el gradual y amenazante
crecimiento a su sombra de una alternativa que ponía en peligro el tradicional sistema de
dominación en su conjunto, fueron los factores que, combinadamente, hicieron posible en
Colombia la más típica forma de Bonapartismo que haya conocido Latinoamérica: el
Gobierno del General Gustavo Rojas Pinilla (Sánchez, 1976: 22)
Las afirmaciones de Leal Buitrago y Sánchez coinciden a la vez con la lectura de
Echeverri, los tres amparados en la noción de “cesarismo” de Antonio Gramsci, según la
cual “el cesarismo, si bien expresa siempre la solución ‘arbitral’, confiada a una gran
personalidad, de una situación histórico-política caracterizada por un equilibrio de fuerzas de
perspectivas catastróficas, no siempre tiene el mismo significado histórico” (Gramsci [TOMO
V], 1975: 65). Tal significado es que se ha alterado entre el período 1953-1958 donde se
experimentó un gobierno militar, y el compromiso político de los partidos tradicionales a
través del Frente Nacional, es decir, el régimen político posterior a 1958 . En ésta última
etapa, el arbitraje operó no solo en alerta de las facciones “progresistas” de la clase
dominante, también frente al reagrupamiento de autodefensas campesinas con carácter
orgánicamente comunista.
El trabajo de Sánchez establece un vínculo entre las mutaciones en el campo y sus
organizaciones con la intervención de los militares del Ejército en las acciones del período
denominado como “La Violencia” (Sánchez, 1976: 22). Su análisis aporta una mirada sobre
La Violencia como período y como fenómeno, que se articula con el proceso capitalista
mismo y las transformaciones en las relaciones sociales del campo. Aunque su objetivo es
mostrar los efectos en el sistema político colombiano, para lo cual repasa acontecimientos
históricos que van desde el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, pasando por el golpe de
Estado del Gral. Gustavo Rojas Pinilla, hasta el Frente Nacional, su exposición incluye
argumentos que oponen el uso de la violencia sistemática al “atraso” económico , dado que
ésta favoreció el llamado proceso de modernización y mecanización de la agricultura y las
incipientes ramas industriales de las ciudades.
La configuración de las Fuerzas Militares como árbitro de la pugna bipartidista, es
una de las tesis más salientes de Sánchez. Según su mirada, el golpe de Estado producido
por el Gral. Gustavo Rojas Pinilla en 1953 supuso un equilibrio transitorio mediante la
preservación de las viejas estructuras conservadoras , que tan pronto entró en crisis en
1954, condujo a una “tercera fuerza” política liderada por los militares. En la búsqueda de su
autonomía, el Gral. Rojas y sus colaboradores aplicaron una política represiva y de censura
que el mismo Partido Conservador alimentó y posteriormente utilizó en su contra para
precipitar su salida del gobierno en 1957. No obstante, la violencia se ejerció, como afirma
Sánchez, “por el conjunto de las clases dominantes a través del ejército” (1976: 26), lo que
además hizo posible la unificación de las clases dominantes que pasaron de una guerra civil
en la década de 1940, a una coalición institucionalizada bajo la alternancia del gobierno
desde 1958 con el Frente Nacional. En este mismo sentido, Francisco Leal Buitrago (1989)

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coincide con las afirmaciones de Sánchez al estudiar el bipartidismo y la forma de Estado
que “La Violencia” fue consolidando hasta el régimen del Frente Nacional (Leal Buitrago,
1989: 155).

El fascismo en la élite militar
Como parte de un análisis del proceso de negociaciones que condujo al Acuerdo de
La Uribe en 1984 por parte del gobierno de Belisario Betancur y las FARC-EP, uno de sus
líderes, Jacobo Arenas, publicó un documento titulado: Cese el fuego. Una historia política
de las FARC (1985). Entre sus tesis, afirmaba que la ausencia de los militares en la
negociación impedía dar garantía de permanencia a los acuerdos, y que su reticencia
abierta a negociar mostraba 1) el grado de autonomía del poder militar respecto al
presidente y 2) su concepción fascista . Para Arenas, la ideología fascista no estaba solo en
las Fuerzas Armadas, sino que había impregnado el conjunto de la clase dominante que
apostaba por la configuración de un capitalismo monopólico en Colombia .
La visión que el jefe guerrillero imprime de modo simple entre sus anotaciones da
cuenta de los fundamentos teóricos de la cúpula militar colombiana. Entre las definiciones
más importantes incluye la sustitución de una filosofía por la geopolítica “como una
concepción totalizadora del hombre, de los pueblos y del mundo” (Arenas, 1985: 137), así
como la exaltación de la nación y el poder del Estado, siempre en competencia con sus
pares por su supervivencia y expansión . En correspondencia a esa visión geopolítica, se
empleaba una “estrategia total” basada en “tres principios fundamentales: a) Un Proyecto
Nacional, o los objetivos nacionales; b) La Seguridad Nacional que es la base de todo
proyecto nacional, es valor absoluto e incondicional, es norma ultima de todas las
actividades públicas y privadas; y c) El Poder Nacional en el cual se fundamentan la
posibilidad, la legitimidad y el valor de toda actividad.” (Arenas, 1985: 138).
El concepto vertido sobre el rol de los militares se basa en la experiencia y la
conducta de quienes asumiendo un papel de élites en la conducción estratégica del conflicto
interno, condicionan y obstruyen las decisiones del gobierno civil. Mientras que la mayoría
de los análisis perciben a las Fuerzas Armadas como un instrumento oligárquico, o como
una máquina de administrar violencia en función de los intereses de la clase dominante, las
conclusiones que muestra la lectura de Arenas ayudan a comprender una dimensión del
poder disonante con las teorías institucionalizadas. El hecho de que los militares impongan
condiciones o lleven a un presidente a suponerlas desbarata todo el edificio liberal,
corroborando la tesis de Wright Mills (1960) respecto a que las cúpulas militares son parte
de la élite del poder.
El siguiente fragmento de una carta enviada por los delegados del presidente
Belisario Betancur a la Comisión de Paz de las FARC-EP el 22 de junio de 1983, resulta
esclarecedora respecto a esta última afirmación:
Sería bueno no insistir en la participación de los militares en la negociación. Por el
contrario, hay que reafirmar que el Presidente de la Republica es el jefe de las FF.AA. y que
las decisiones sobre la paz sólo a él corresponden; los militares sólo tienen que obedecer.
La insistencia de los militares en las deliberaciones, puede conducir a la tesis de que sin
ellos, el poder civil no puede decidir en materia tan grave, y les daría la posibilidad de
manifestar, con más razón que en otras ocasiones, sus propias opiniones en la materia
(Arenas, 1985: 31)
En El poder y los militares, el militante comunista Álvaro Echeverri destaca citando a
Gramsci, que no es cierto que el ejército no participa en política, por el contrario, dice, “el

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ejército debe justamente defender la Constitución, esto es la forma legal del Estado, con sus
instituciones conexas. De allí que la llamada neutralidad significa solamente el apoyo a la
parte más reaccionaria” (Gramsci en Echeverri, 1978: 10). El empleo de este marco teórico
disruptivo le permitió adentrarse en el problema con herramientas suficientes para
cuestionar el supuesto “modelo de civilidad” del Ejército colombiano haciendo énfasis en
cinco características diferenciales de los militarismos más estudiados de la región: a)
excepcionalidad en el control directo del poder; b) abstención en procesos de cambio; c)
celo por la unidad interna; d) el papel en la “Guerra Fría” y su aplicación de la teoría de la
Seguridad Nacional; y e) la militarización de la sociedad. Tanto para Echeverri como para
Arenas, este último elemento operó como cohesionador y disciplinador toda vez que la
pertenencia a las Fuerzas Militares era vista como un mecanismo de ascenso social.

Una hipótesis sobre el fascismo en América Latina
La coincidencia en señalar ampliamente el fenómeno militarista latinoamericano
como un proceso fascista no tuvo una centralidad en los debates. Mientras Calderón,
Echeverri, Caicedo y Arenas lo afirmaban reiteradamente, Leal Buitrago era más cauteloso e
insistía en una ideología contrainsurgente y el intento de desarrollo de una autonomía
política de los militares. A pesar de estos matices, en un intento de definición más profunda,
Echeverri examinó los estudios que hasta entonces habían realizado Dos Santos y Marini al
respecto de Brasil y concluyó en una correspondencia entorno a un “fascismo dependiente”
(Echeverri, 1978: 73). La hipótesis de Echeverri transgredió los marcos interpretativos de su
cultura política, estructurados en torno a las definiciones de Dimitrov (aunque sin
rechazarlas), “contaminando” su concepción con dos de los más incisivos críticos de la
ortodoxia marxista.
Sin embargo, lo que no llegó a desarrollar Echeverri es lo respectivo a un debate
suscitado en el mismo año de publicación de su libro, entre Agustín Cueva, Theotonio Dos
Santos y Ruy Mauro Marini en su exilio mexicano. La conocida polémica apareció en el
número 18 de la revista Cuadernos Políticos, que transcribía las posiciones respecto a “Las
fuentes externas del fascismo” (1978), donde Marini agregó a la conceptualización de
fascismo dependiente defendida por Dos Santos, la noción de “Estado de
contrainsurgencia”, que se caracterizaba por la permanencia de la intervención militar en la
fase de institucionalización de una “democracia viable” pasada la fase de “aniquilación” de
las amenazas declaradas como enemigo (en el sentido schmittiano). La riqueza de este
debate para construir una categoría política precisa y actual está aún por desarrollarse .

Conclusiones
A pesar de los condicionantes de la academia para impedir la mentada invasión del
campo político en el campo intelectual, la reflexión crítica del problema sobre las Fuerzas
Armadas encontró un estrecho espacio, como lo atestiguan los trabajos de Francisco Leal y
Gonzalo Sánchez. Como se ha propuesto al retomar la noción de taller del marxismo
colombiano, se reconoce un ejercicio intelectual más allá de la academia, especialmente
inspirado en la acción política cuyo horizonte estratégico ha sido el socialismo.
Desde dichas posiciones, pensadores y pensadoras marxistas han analizado a las
Fuerzas Armadas en Colombia arribando a variadas conclusiones. Entre las que se han
podido reunir en el presente artículo se destacan dos campos: 1) la actuación de los
militares ha estado subordinada a las clases dominantes, o como también se les ha
nombrado, han sido “instrumento de la oligarquía”; y 2) las cúpulas militares han acumulado
un poder que les ha permitido actuar con autonomía del gobierno, ponderando los intereses
de las élites como propios. Si bien desde ambas concepciones se han dirigido críticas al

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liberalismo político, la segunda mirada manifiesta un punto de vista disruptivo con la
interpretación institucional; en este campo es donde se ubican los trabajos pioneros de
Fernando Calderón, Álvaro Echeverri y la reflexión de Jacobo Arenas a partir de las
negociaciones con el gobierno para alcanzar un acuerdo de paz en 1984.
A menudo los análisis respecto de las Fuerzas Militares y la violencia fallan en
señalar que su campo de intervención es en la “superestructura” y desdeñan su impacto en
la “base” o “estructura productiva” . Es decir ¿acaso no está en el qué hacer del militarismo
restaurar o reorganizar el proceso de producción y acumulación de capital? Como afirma
Sánchez en correspondencia con los demás autores presentados, la violencia ha tenido un
carácter de clase. No corresponde entonces remedar la factorización mecánica hecha
costumbre equivocadamente, entre otras razones, porque hablamos de una totalidad social,
no de compartimentos determinados unos por otros. Visto así, adquiere un sentido más
preciso el lugar que ocupan los militares como regentes de una forma de Estado o sus élites
como protagonistas de la toma de decisiones para darle forma. Una demostración más de
que, como decía Marx, la violencia es ella misma, una potencia económica (1975: 940).
El problema de la dependencia circulaba entre las preocupaciones y
caracterizaciones de la intelectualidad de la época, no obstante, su definición presentaba
diferencias profundas. Esto se reflejó en los esfuerzos del PCC por elaborar un marco
interpretativo propio, aunque justificado por el análisis que algunos soviéticos hicieron de
América Latina, y soslayando las corrientes de la nueva izquierda que ganaban influencia en
la década de 1970. Como una herejía, Echeverri se apoyó en esa última corriente para
explicar en función de qué proyecto económico intervenían los militares en la política del
continente, tomando la lectura temprana de Dos Santos y Marini de “fascismo dependiente”.
Sin explicitar su disenso, Caicedo empleó la formulación de “militarismo dependiente” y
aplicó un análisis menos emparentado con la reflexión original latinoamericana. Suspendido
el itinerario de estas reflexiones, Ruy Mauro Marini produjo una re-lectura que proponía la
categoría política de “Estado de contrainsurgencia”, donde la democracia procedimental
restituiría la legitimidad del orden social con la imperiosa tutela del poder militar y los
resortes institucionales de constreñimiento ideológico.
El fenómeno imperialista captó la atención a partir de una nueva fase de
acumulación traccionada por la intervención sistemática de las Fuerzas Militares. A
diferencia de las décadas posteriores a 1990, la intelectualidad marxista colombiana pudo
anticipar las pretensiones de la élite militar y sus ideas económicas en la década de 1960,
influenciadas por el desarrollismo, aunque prontamente acondicionadas al reacomodamiento
global entrada la de 1970. Algo notable, es que la formación teórica, el rol de Estados
Unidos en el adiestramiento militar y las formas de intervención psicosocial ocuparon un
espacio en los estudios marxistas que robustecieron la perspectiva del problema.
La densidad del análisis de Jacobo Arenas respecto a la tendencia del capitalismo
colombiano en correspondencia con el imperialismo y su articulación con la concepción
fascista de la élite del poder, y entre ella, a la cúpula de las Fuerzas Militares, revela una de
las apreciaciones más originales del “taller del marxismo colombiano”. Potenciada por su
papel de conductor político-militar de una fuerza rebelde y protagonista de los esfuerzos por
arribar a una solución política con los administradores del Estado colombiano, la mirada de
Arenas contribuye con originalidad a sintetizar los estudios precedentes dando lugar a
pensar el papel de los militares como sujetos del poder y no como instrumentos.
Finalmente, el contexto regional de las llamadas transiciones democráticas y la
posterior crisis que llevó a la disolución de la Unión Soviética, impactaron en las reflexiones
de la mayoría de los marxistas colombianos. El cisma internacional repercutió en un
abandono de los problemas sobre la transformación del Estado abriendo paso a los estudios
sobre los sistemas y regímenes políticos, con lo cual la preocupación que motivó las
indagaciones sobre la violencia y la lucha de clases pasó a tejerse en torno a la democracia.

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Vista ya como una anomalía, la violencia redundó en un objetivo exterior al Estado y se fijó
sobre “actores” de la sociedad, configurados en grupos rebeldes. A pesar de ello, no dejó ni
de haber lucha de clases y aunque se elaboró una nueva Constitución en 1991, la cual
subordinó explícitamente a las Fuerzas Armadas a la conducción civil, también se
mantuvieron prerrogativas que indican grados de autonomía del poder militar (como se
denomina en el campo de los estudios militares contemporáneos), o como afirmamos, una
capacidad de decisión como parte de la élite del poder. Esta conclusión es a la vez, una
hipótesis de trabajo que polemiza con las investigaciones actuales.
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Los desastres en las relaciones entre Estados Unidos y
Chile: la Doctrina de Seguridad de las “Nuevas Amenazas”
y el rol regional de Chile en las Conferencias de Ministros
de Defensa de las Américas (2010-2019)
Mariano Del Pópolo
ÁREA DE ESTUDIOS NUESTROAMERICANOS

Introducción
Recientemente, se han publicado artículos que abordan la militarización de la
Seguridad interior en Chile producto de un creciente involucramiento de las Fuerzas
Armadas. Esto es adjudicado fundamentalmente a diversas cuestiones: por un lado, la
conflictividad y la represión hacia el pueblo mapuche en la llamada macrozona sur, que se
encuentra militarizada desde el 12 de octubre de 2021; la militarización de la frontera norte
de Chile en febrero de 2023 por la llegada de grandes contingentes de migrantes; el
estallido social de octubre de 2019 llevó a que el gobierno de Piñera declarase el Estado de
Excepción en todo el país y se involucre a los militares en restaurar el orden público; y
finalmente se toma como antecedente la creciente participación de las Fuerzas Armadas de
Chile en programas de lucha contra el narcotráfico a partir del primer gobierno de Sebastián
Piñera (Abbot et al., 2023).
Sin embargo, los estudios publicados al respecto hasta ahora no han tenido dos
elementos explicativos sobre la militarización de la Seguridad en Chile, que se encuentran
vinculados entre sí y son anteriores a los ya mencionados. Por un lado, la bibliografía sobre
Defensa en Chile no ha tenido en cuenta la creciente militarización de la respuesta a
desastres en Chile, cuyo punto de inflexión se puede identificar en el 27 de febrero de 2010,
cuando ocurrió el segundo mayor terremoto de la historia de Chile 23. Como se verá a lo largo
del capítulo, el llamado 27F significó un punto de inflexión en varios sentidos. Uno de ellos, y
es el otro elemento que hasta el momento ha sido escasamente tenido en cuenta en el
proceso de militarización de la Seguridad en Chile, es la estrecha relación entre este
proceso con la política exterior chilena a partir de 2010. Específicamente, la política exterior
vinculada a la Defensa desplegada a nivel regional tuvo una estrecha articulación con
Estados Unidos y sus postulados en materia de Defensa y Seguridad regional.

Los desastres en la estrategia de Estados Unidos hacia América Latina: de la Doctrina
de Seguridad Nacional a la Doctrina de Seguridad de las “Nuevas Amenazas”
La disolución de la Unión Soviética y el fin de las experiencias socialistas en los
países de Europa del Este condujo a una reconfiguración general de las relaciones de
fuerza en el mundo y en América Latina. A nivel regional, hubo una redefinición de la
relación entre los países de América Latina y Estados Unidos, incluyendo en los ámbitos de
Defensa y Seguridad. Si durante la Guerra Fría la relación entre Estados Unidos y la región

23 El terremoto de Valdivia de 1960 es considerado el de mayor magnitud de la historia de Chile.
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estuvo marcada por el enfrentamiento estratégico entre los dos grandes proyectos
civilizatorios y particularmente por la “lucha contra el comunismo”, a partir de la década de
1990 emergieron nuevos prácticas y discursos en el ámbito de la Seguridad, alterando
también la mencionada relación. Las asimetrías de poder entre Estados Unidos y las
naciones latinoamericanas se profundizaron a partir de 1990 con la consolidación de
Estados Unidos como única superpotencia. En ese marco, comenzaron a emerger nuevos
debates sobre los asuntos de Seguridad, centrados en problemáticas como el narcotráfico,
el terrorismo, el crimen organizado y la delincuencia, pero también otros temas como las
migraciones, las epidemias, la pobreza o los desastres.
Este proceso influyó tanto en las relaciones entre Estados Unidos y América Latina
como en los debates latinoamericanos sobre los temas de Defensa y Seguridad, que a partir
de la década de 1990 ponen el foco en estos asuntos “no convencionales”, que pasaron a
llamarse nuevas amenazas a la Seguridad. Respecto a la relación con Estados Unidos,
asuntos como el terrorismo, el narcotráfico o el crimen organizado comenzaron a tener un
rol central en la agenda de la región tanto en el ámbito de las instituciones hemisféricas
vinculadas a la OEA como en la relación bilateral con la potencia.
Durante la Guerra Fría, el conjunto de ideas, relatos y prácticas sobre la Seguridad y
las amenazas que Estados Unidos construyó a partir de su enfrentamiento estratégico con la
Unión Soviética fueron socializadas hacia América Latina bajo la “Doctrina de Seguridad
Nacional” (DSN), que como señalan distintos autores (Buitrago, 2003; Besso Pianetto, 2006)
tuvo manifestaciones particulares en los distintos países, aunque conservando claros
elementos comunes.
Desde la perspectiva de Buitrago (2003) y Besso Pianetto (2006), el desarrollo de la
política exterior estadounidense en América Latina facilitó que se difundiera la concepción
norteamericana de Seguridad Nacional: las instituciones interamericanas como el Tratado
Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), la misma Organización de Estados
Americanos (OEA) o aquellas más específicas abocadas al ámbito de la Defensa o militar,
como la Junta Interamericana de Defensa o el Colegio Interamericano de Defensa facilitaron
la transmisión de las ideas y prácticas englobadas en la mencionada Doctrina. La DSN
implicaba una división internacional del trabajo formalizada en el TIAR, en la cual Estados
Unidos se encargaba mediante sus estrategias de contención y disuasión del enfrentamiento
estratégico con la Unión Soviética y de limitar su capacidad de intervenir o vincularse con
América Latina, mientras que los Estados latinoamericanos debían encargarse de lidiar con
la conflictividad interna, asociada a la “infiltración del comunismo” o la “subversión”.
En general, se afirma que algunas de estas nociones fueron perdiendo fuerza con el
fin de las dictaduras militares en América Latina durante la década de 1980 y mucho más
tras el fin de la Guerra Fría. Sin embargo, los cambios ocurridos en el mundo a partir de
estos sucesos y los nuevos lineamientos estratégicos planteados por Estados Unidos para
garantizar la reproducción del orden vigente y su posición hegemónica en el mundo tuvieron
un correlato en América Latina que no necesariamente se condice con una obsolescencia
total de las nociones propias de la Doctrina de Seguridad Nacional. Es decir, a pesar del fin
de la Guerra Fría y tras haber decretado el fin de la “amenaza comunista”, la presencia
militar estadounidense en América Latina -y el mundo- no cesó. A partir de la década de
1980 y con mucho más ímpetu luego de los hechos ocurridos el 11 de septiembre de 2001,
Estados Unidos comenzó a plantear nuevos postulados sobre la Seguridad y las amenazas
en América Latina, en los que se retomaba y reformulaba parte de lo sostenido por la DSN.

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Este proceso influyó tanto en las relaciones entre Estados Unidos y América Latina
como en los debates latinoamericanos sobre los temas de Defensa y Seguridad, que a partir
de la década de 1990 ponen el foco en estos asuntos “no convencionales”, que pasaron a
llamarse “nuevas amenazas a la Seguridad”, y que mucho más después del 2001,
comenzaron a marcar la relación entre América Latina y Estados Unidos en materia de
Seguridad.
Teniendo en cuenta lo señalado anteriormente es posible advertir que, tras el fin de
la Guerra Fría, Estados Unidos promovió una Doctrina de Seguridad de las “Nuevas
Amenazas” que se constituyó como hegemónica debido a las relaciones de fuerza
existentes a nivel internacional y regional, que consolidaban a este país como principal
potencia mundial y supuesto garante del orden y la Seguridad internacional, retomando y a
la vez reformulando los postulados de la DSN. Así, el terrorismo a nivel internacional, y el
narcotráfico, el crimen organizado pero también otros asuntos como los flujos migratorios,
las pandemias o los desastres, comenzaron a ser parte central de la agenda securitaria
promovida por Estados Unidos.
Sin embargo, la utilización de las Fuerzas Armadas en el combate al narcotráfico o al
terrorismo en América Latina ha generado posturas enfrentadas en el ámbito académico y
en el plano de la aplicación de políticas públicas; sin embargo, el debate sobre la utilización
de las mismas en el marco de la gestión de los desastres es un tema mucho menos
discutido y ha sido más aceptado en el ámbito de las políticas de Defensa.
Por su parte, así como durante la época en la que la Doctrina de Seguridad Nacional
estuvo vigente, las llamadas instituciones “hemisféricas” de Defensa como la Escuela de las
Américas, el TIAR, la Junta Interamericana de Defensa o el Colegio Interamericano de
Defensa tuvieron un rol fundamental en la promoción de esta doctrina por parte de Estados
Unidos, actualmente es posible observar cómo muchas de estas instituciones, pero también
algunas que surgieron durante la década de 1990 como la Comisión de Seguridad
Hemisférica de la OEA o las Conferencias de Ministros de Defensa de las Américas, tienen
un papel clave en la difusión de la agenda de las llamadas nuevas amenazas.
En este marco, la cuestión de los desastres comenzó a ser abordada como un asunto
de Seguridad, tal como lo evidencia la Declaración sobre Seguridad en las Américas de 2003
o la Declaración de San Salvador sobre Seguridad Ciudadana en las Américas de 2011. La
Declaración del año 2003 aprobada por la Organización de Estados Americanos destaca que
la Seguridad de los Estados del hemisferio se ve afectada tanto por amenazas tradicionales
como por nuevas amenazas, entre las que nombra al terrorismo, la delincuencia organizada
transnacional, el problema mundial de las drogas, la corrupción, el lavado de activos, el
tráfico de armas, la pobreza extrema, la exclusión social, los desastres naturales y de origen
humano, el VIH/SIDA y otras enfermedades, la trata de persona o el acceso ilegal a armas
de destrucción masiva. La Declaración sobre Seguridad Ciudadana, también aprobada por
los países que integran la Organización de Estados Americanos, señala la necesidad de
reforzar el abordaje de los desastres naturales y las pandemias a la vez que plantea la
importancia de avanzar en la cooperación en materia de ayuda humanitaria tras la
ocurrencia de estos desastres.
Las Conferencias de Ministros de Defensa de las Américas impulsadas por la
Organización de Estados Americanos desde 1995 en su primera reunión en Williamsburg
vienen abordando centralmente la cuestión de las llamadas nuevas amenazas. La primera
reunión fue auspiciada por el gobierno de Estados Unidos, particularmente por el entonces
Secretario de Defensa de ese país William J. Perry. Entre los temas abordados en esa

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reunión se destacan la cooperación en las operaciones de paz de las Naciones Unidas y la
cuestión de Haití, las experiencias de Colombia y El Salvador en el abordaje de nuevos
enfoques militares para el combate de amenazas como el narcotráfico, la insurgencia o el
crimen organizado. Esto, asimismo, volvió a expresarse en el documento final de la
Conferencia, que dio lugar a los llamados “Principios de Williamsburg”. Particularmente, la
cuestión de los desastres se hizo presente en los debates y en las declaraciones finales de
las Conferencias de Ministros de Defensa desde su tercera edición, desarrollada en
Cartagena de Indias en el año 1998. En la declaración final, los Estados del continente se
comprometieron a fortalecer las instituciones y mecanismos relacionados con la prevención
antes, durante y después de los desastres.
La cuestión se volvió a hacer presente en las siguientes Conferencias realizadas y en
sus declaraciones finales. En la VI Conferencia de 2004, particularmente, la cuestión de los
desastres se discutió en sintonía con la situación en Haití, planteando en la declaración final
que ambas cuestiones hacían a la paz y a la estabilidad del continente.
La militarización del abordaje de la cuestión fue avanzando y ganando consensos en
las distintas reuniones, en tanto en la VII Conferencia realizada en el año 2006 la declaración
final expresaba su apoyo a las misiones humanitarias que realizaban las Fuerzas Armadas
en situaciones de “desastres naturales”. Algo similar fue sostenido en la IX Conferencia de
2010, donde se destacó la contribución del sector Defensa y de las Fuerzas Armadas en el
apoyo a la respuesta en casos de desastres, tras ocurridos los terremotos de Chile y Haití
durante
ese
año.
La política exterior de Defensa de Chile tras el 27F
El 27 de febrero de 2010, en la zona centro de Chile, y con un epicentro a la altura
de Cobquecura en la región de Ñuble, ocurrió un terremoto de 8.8 grados en la escala de
Richter que es caracterizado como el segundo mayor terremoto en la historia del país, luego
del de Valdivia de 1960. Como consecuencia del terremoto y el posterior tsunami que éste
produjo, 521 personas murieron, 56 desaparecieron, y sólo en las zonas de Valparaíso y
Araucanía 370.000 viviendas fueron dañadas o destruidas. De acuerdo a la base de datos
internacional de desastres EM-DAT, el daño total calculado del terremoto y tsunami de 2010
fue de más de $40.000.000.000 de dólares24.
Treinta y seis horas después de ocurrido el terremoto, la presidenta Michelle
Bachelet declaró el Estado de Excepción Constitucional por Catástrofe para las regiones de
Biobío y el Maule y luego para la región del Libertador General Bernardo O’Higgins. Esa fue
la primera vez desde 1990 (cuando se dio por finalizada la dictadura de Augusto Pinochet)
que en Chile se declaró el Estado de Excepción. Mientras que entre 1990 y 2010 sólo se
declaró el Estado de Excepción tras el 27F, en el decenio siguiente (2010-2019, excluyendo
la pandemia por COVID-19), el Estado de Excepción por catástrofe fue declarado por el
gobierno en 12 oportunidades.
En particular, la declaración del Estado de Excepción al día siguiente del terremoto
del 27 de febrero, estuvo estrechamente vinculada a la dinámica política de Chile y al
cambio de gobierno que ocurriría en los días siguientes, en tanto Sebastián Piñera,
presidente electo por primera vez por una alianza de derecha desde 1990, había
manifestado públicamente la necesidad de decretar el Estado de Excepción. Como se
desarrolla a continuación, tras el terremoto del 27F tanto desde las autoridades

24 Recuperado del sitio web de EM-DAT el 15/8/2023: https://public.emdat.be/data
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gubernamentales como desde las Fuerzas Armadas se construyó un relato vinculado a una
mayor ocurrencia de desastres en el decenio siguiente al 2010: “Como nunca antes en
nuestra historia, en la década 2010 – 2020 nuestro país sufrió grandes catástrofes con
enormes pérdidas humanas y materiales” (Ejército de Chile, 2020a:19).
Sin embargo, el terremoto del 27F no sólo modificó la forma en la que el Estado
chileno comenzó a responder ante los desastres, otorgándole un rol cada vez más
preponderante a las Fuerzas Armadas, sino que también modificó la política exterior chilena
y particularmente las relaciones con Estados Unidos.
La relación con Estados Unidos fue una prioridad para los gobiernos chilenos de la
Concertación durante toda la década de 1990 y del 2000. La firma del Tratado de Libre
Comercio con Estados Unidos en 2004 representó un triunfo para la diplomacia chilena que
sellaba una alianza estratégica en el plano comercial con la principal potencia continental
(Fermandois, 2012). Sin embargo, en el ámbito de la Defensa, las relaciones entre ambos
países también fueron estrechas y se consolidaron en los veinte años que van desde 1990
hasta el 2010, con una agenda centrada fundamentalmente en las operaciones de paz de
las Naciones Unidas (Álvarez Fuentes, 2007).
Es posible afirmar que a lo largo de la década del 2000 se consolidó una relación en
materia de Defensa que se refleja en reuniones de periodicidad anual entre quien ocupaba
el cargo de Ministro de Defensa de Chile con el Secretario de Defensa de Estados Unidos.
Sin embargo, a partir del año 2010 y tras el terremoto del 27 de febrero en Chile, se dió una
importante profundización en las relaciones de Defensa. Mientras que hasta el año 2009, los
temas incluyeron cuestiones generales de la agenda estadounidense como el narcotráfico,
el terrorismo o las operaciones de paz, no había temáticas específicas vinculadas a Chile,
más allá de la participación en las misiones de paz de la ONU.
En este sentido, el terremoto de 2010 y la participación de los militares chilenos en la
respuesta ante desastres se convirtió en el eje central de la relación bilateral en el ámbito de
la Defensa y adquirió proyección regional. Esto se consolidó como un consenso bipartidario
en Chile, profundizándose esta agenda durante el gobierno de Sebastián Piñera (20102014) y el segundo gobierno de Bachelet (2014-2018). Es decir, la cuestión de los desastres
no sólo se convirtió en el elemento central de la agenda bilateral en materia de Defensa,
sino que lo fundamental del acuerdo entre ambas partes era, además, el rol que debía
ocupar Chile a nivel regional promoviendo los debates sobre la participación de las Fuerzas
Armadas en la respuesta a desastres.
A partir del terremoto de 2010, la cuestión de los desastres se incorporó como tema
de agenda de la política exterior chilena. Las reuniones realizadas entre las autoridades de
las carteras de Defensa de ambos países, asimismo, demostraron la importancia de las
Conferencias de Ministros de Defensa de las Américas, tanto para la relación bilateral, como
para la agenda de Estados Unidos hacia la región: previo al desarrollo de estas
conferencias, los Secretarios de Defensa de Estados Unidos realizaban visitas a los distintos
países de la región, particularmente a aquellos con los que se contaba con mayor afinidad
política. De esta manera, las reuniones se consolidaron como espacios de negociación y
acuerdo político entre ambos países, con una clara preponderancia de la cuestión de los
desastres.
El análisis de las de reuniones realizadas entre autoridades de Defensa y militares
de Chile y Estados Unidos a partir de 2010, pone de manifiesto que tras el terremoto del 27F
la cuestión de los desastres se convirtió en uno de los temas centrales de las relaciones

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entre Estados Unidos y Chile en el ámbito de la Defensa, con un abordaje específicamente
militar. Esto no fue cuestión de agenda sólamente en los primeros años tras ocurrido el
terremoto sino que se sostuvo durante todo el período, tanto durante las administraciones de
Piñera como de Bachelet. Así, la forma de abordar esta cuestión se trató de un consenso
bipartidario en la política chilena, vinculado tanto a la política exterior como a la política de
Defensa y la política militar como parte de esta última. La asunción de Bachelet en 2014
dejó en claro que la articulación con Estados Unidos en esta materia y, más aún, la
perspectiva compartida entre Chile y Estados Unidos respecto de abordar la cuestión
promoviendo la participación militar, no era un asunto propio de la derecha sino un consenso
de ambos sectores de la política chilena.
En particular, se evidenció que un eje clave de discusión y acuerdo en las reuniones
bilaterales sobre las Conferencias de Ministros de Defensa de las Américas fue la cuestión
de desarrollar un mecanismo de coordinación militar de carácter regional de respuesta a
desastres. En estas reuniones bilaterales empezó a delinearse un acuerdo entre ambos
países sobre el rol regional de liderazgo que Chile debía ocupar en materia de Seguridad
regional, específicamente en lo referido a la necesidad de promover y coordinar la
intervención de los militares en la ayuda y respuesta ante la ocurrencia de desastres.
Estados Unidos justificaba este liderazgo a partir de la experiencia chilena en la respuesta al
terremoto del 27F.
Por otra parte, las reuniones bilaterales entre autoridades de Defensa evidenciaron
una coincidencia en materia de perspectiva de Seguridad internacional y por lo tanto, de
agenda. Chile manifestó su adhesión a la perspectiva y agenda de seguridad regional
promovida por Estados Unidos, centrada en las llamadas nuevas amenazas: los acuerdos
manifestados en asuntos como la importancia del terrorismo, el narcotráfico, la misión de
paz en Haití, la cuestión de los desastres, lo exponían claramente.
Los terremotos de Chile y Haití coincidieron con la realización de la IX Conferencia
de Ministros de Defensa de las Américas en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, en 2010,
donde uno de los tres temas abordados fue el papel de la defensa frente a los “desastres
naturales”. Una de las conclusiones finales más relevantes y que sentaría el antecedente
para que el tema continuara discutiéndose en todas las Conferencias de Ministros de
Defensas de las Américas posteriores a la de 2010 fue la que señalaba “(...) la valiosa
contribución que el sector defensa y las fuerzas armadas pueden proporcionar como apoyo
específico en respuesta a casos de desastres naturales o antrópicos (...)” (CMDA, 2010: 11).
Asimismo, un grupo de países compuesto por Colombia, Chile, Estados Unidos, Perú y
República Dominicana manifestaron su intención de avanzar anticipadamente en la
implementación de la propuesta de coordinación militar ante desastres. Esto último debe
leerse considerando que la propuesta presentada por varios países, aunque comandada por
Estados Unidos no obtuvo el consenso necesario para ser aprobada, por lo que los países
sudamericanos que un año más tarde conformaron la Alianza del Pacífico junto con
República Dominicana y Estados Unidos decidieron avanzar, quedando en evidencia la
afinidad política y los alineamientos de quienes apoyaban la propuesta.
En el siguiente encuentro de Ministros de Defensa de las Américas, desarrollado en
octubre de 2012, la cuestión de los desastres se abordó en relación con la protección del
ambiente y la biodiversidad, siendo Chile el relator de esa comisión y presentando un
documento para el debate. La posición chilena respecto a avanzar en la coordinación militar
en respuesta a desastres no registró consenso y se presentaron dos propuestas, una de
ellas que planteaba la participación voluntaria de los países de acuerdo a su propio

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ordenamiento jurídico y otra que excluía esta frase (CMDA, 2012). Antigua y Barbuda,
Barbados, Belice, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Estados Unidos,
Guatemala, Honduras, Jamaica, México, Paraguay, Perú, República Dominicana, San
Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas y Trinidad y Tobago votaron a favor de
incluir la propuesta de Chile denominada “Mecanismo de Intercambio de Información sobre
Capacidades de Apoyo a Desastres Naturales”, mientras que Argentina, Bolivia, Brasil,
Ecuador, Nicaragua, Surinam y Venezuela votaron en contra. A su vez, Guyana y Uruguay
se abstuvieron. Nuevamente la votación evidenció los alineamientos y afinidades que se
construyeron en torno a la propuesta chilena o a su rechazo, en tanto ese proyecto implicaba
avanzar en una militarización de la cuestión de los desastres: mientras que la propuesta de
Chile fue apoyada por Estados Unidos, el bloque de países con gobiernos posneliberales
manifestó su oposición al considerar que el proyecto promovía una mayor militarización de
estos asuntos.
Al respecto, las declaraciones del Ministro de Defensa de Chile, Andés Allamand,
sobre la propuesta presentada por su país explicitaba su inspiración y alineamiento con lo
que denominamos como Doctrina de Seguridad de las “Nuevas Amenazas”:
Sin embargo, es también un hecho que a la par de tales beneficios algunos de los actuales
flagelos -el terrorismo, el narcotráfico, el crimen organizado o la presión sobre los recursos
naturales- adquieren cada día mayores condiciones de globalidad configurando una compleja
agenda de seguridad ampliada o multidimensional, que cada país aborda internamente
conforme a su institucionalidad (EMOL, 2012).

Mientras tanto, Estados Unidos apoyó fuertemente la propuesta chilena al considerar
que era una oportunidad única en tanto era la primera vez que la CMDA discutía una
propuesta tangible y concreta. Sin embargo, particularmente el Ministro de Defensa de Brasil
Celso Amorim manifestó su oposición a la creación de un sistema unificado de coordinación
militar de respuesta a desastres (Cibils, 2012).
A pesar de esto, Chile continuó insistiendo con su propuesta en las siguientes
conferencias, logrando que el tema de la coordinación militar fuera parte de la agenda de las
Conferencias de Ministros de Defensa de las Américas desde el 2010 hasta el 2020. Así, a
partir del año 2010, las Conferencias de Ministros de Defensa de las Américas se
convirtieron en un espacio de alianza y articulación entre Chile y Estados Unidos para
promover un abordaje militarizado de la cuestión de los desastres, consolidando y
legitimando las instituciones hemisféricas en un contexto de fuerte cuestionamiento a las
mismas por parte de países como Argentina, Venezuela y Brasil. A pesar de los esfuerzos
conjuntos de Chile y Estados Unidos, y aunque se logró instalar de forma definitiva en la
agenda de las Conferencias la cuestión de la participación militar en la respuesta a
desastres, no se llegó a un consenso que permitiera aprobar la propuesta chilena de un
sistema interamericano que unificara los mecanismos subregionales existentes sobre la
cuestión.

El “modelo chileno”: la participación de los militares en la respuesta al terremoto y
tsunami del 27F
La política exterior chilena de Defensa estuvo estrechamente vinculada a las
transformaciones desarrolladas al interior de Chile en la respuesta a desastres y al creciente
proceso de militarización de esta tras el terremoto del 27F.

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La militarización de la respuesta al 27F no sólo puede hallarse en el importante
despliegue militar realizado por las Fuerzas Armadas y en particular por el Ejército de Chile,
que pasadas las 72 horas el número de militares desplegados alcanzó los 14.000 con el fin
de garantizar “orden y seguridad, mediante patrullajes diurnos y nocturnos, escoltas de
convoy, búsqueda y rescate de personas, entrega de ayuda humanitaria y atención médica
en hospitales de campaña” (Ejército de Chile, 2020b: 17). Además, la declaración por
primera vez desde el retorno de la democracia del Estado de Excepción Constitucional
habilitó a los militares a misiones que hasta el momento no habían ocupado.
Por un lado, la declaración del Estado de Excepción, de acuerdo a la Constitución
vigente de 1980, implicaba el nombramiento por parte del Presidente de la Nación de un
Jefe de Defensa Nacional para la región afectada, puesto que debía ser ocupado por un
militar. Así, el nombramiento de un Jefe de Defensa Nacional para las regiones de Maule y
Biobío llevó a que autoridades militares asuman posiciones de poder por sobre las
autoridades democráticamente electas, como los alcaldes. Los militares nombrados como
Jefes de Defensa Nacional tenían bajo su cargo a las Fuerzas de Seguridad y Fuerzas
Armadas desplegadas en el marco del Estado de Excepción para garantizar o restaurar el
orden y la Seguridad pública. Además, en el caso del 27F, los Jefes de Defensa Nacional
fueron quienes decidieron los plazos y la continuidad del toque de queda que limitaba la
circulación de las personas en las regiones afectadas (La Tercera, 2010a).
Por otra parte, la respuesta al 27F estuvo atravesada por los discursos sobre el
supuesto caos y vandalismo, situaciones de saqueo y otros delitos que se cometieron tras
ocurrido el terremoto. Así, por ejemplo, el diario La Tercera titulaba en su editorial del día 2
de marzo: “El gobierno debe garantizar el orden público sin dilaciones”, afirmando que “Los
graves hechos de violencia, saqueos y pillajes ocurridos en las últimas horas en Concepción
y en Santiago han puesto de manifiesto una debilidad y tardanza incomprensibles en las
medidas adoptadas por el gobierno para garantizar el orden público” (La Tercera, 2010b: 3),
y tres páginas después el mismo diario titulaba que “El desborde del orden público agravaba
la pesadilla de las víctimas de la tragedia en Biobío” (La Tercera, 2010b: 6).
Frente a esto, la respuesta gubernamental fue la declaración del Estado de
Excepción y el despliegue de las Fuerzas Armadas como respuesta a las situaciones de
“caos” o “violencia”. Sin embargo, una de las críticas al gobierno de Bachelet fue la demora
en declarar el Estado de Excepción, decreto que se realizó 36 horas después del terremoto
y tras las presiones públicas del entonces presidente electo Sebastián Piñera. Sin embargo,
los militares comenzaron a realizar tareas de control del orden público y de Seguridad previo
a declararse el Estado de Excepción, a pesar de que esto no estaba permitido por la ley
orgánica constitucional de las Fuerzas Armadas de Chile n° 18.984. Uno de los militares que
participó del despliegue tras el terremoto en la ciudad de Concepción, el Mayor Paulo
Torres25, señaló que en su caso, en la tarde del 27 de Febrero se hizo presente en su unidad
y sus autoridades militares le ordenaron ir a equiparse para patrullar las calles y realizar
“reconocimientos”: “Ya bajo esa premisa se realizaron reconocimientos y para los
reconocimientos empezaron a salir oficiales y acompañados de suboficiales. Conscriptos no
llevábamos” (P. Torres, comunicación personal, 20 de noviembre de 2022: 10). En
particular, señala que los militares recibían la orden de sus superiores de hacerse presentes
en las zonas de los supermercados o donde llegaba información de saqueos:

25 El Mayor Paulo Torres actualmente es Comandante del Regimiento N° 6 de Chacabuco en la ciudad
de Concepción, Chile. En febrero de 2010 también cumplía servicios en el mismo regimiento.

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(...) me tocó reconocer el sector de Chiguayante, lo que era la Avenida Pedro de Valdivia, un
supermercado que estaba recién saqueado. Y claro, nosotros llegamos y éramos dos
suboficiales y un capitán, que era yo. La gente se dispersó de inmediato, arrancó lo que
estaban saqueando el supermercado. Nosotros en ese momento no teníamos ninguna
atribución, no había ninguna institucionalidad que nos respaldara como en Estado de
Excepción Constitucional declarado (P. Torres, comunicación personal, 20 de noviembre de
2022: 10).

Al consultarle qué implicaba realizar un “reconocimiento”, Torres respondió que
“Reconocimiento era ir a ver básicamente en que condiciones estaban los lugares que se
nos había informado rápidamente que estaban siendo saqueados” (P. Torres, comunicación
personal, 20 de noviembre de 2022: 10). Luego de realizar el reconocimiento y tras
dispersarse la gente, Torres señaló que se activó un puesto de comando en su regimiento,
para realizar tareas de inteligencia sobre cómo respondía la población civil, y en particular,
en situaciones de conflictividad: “(...) esa situación de inteligencia nos indicaba qué lugar
teníamos que ir a hacer los reconocimientos, los avistamientos de cómo estaba el panorama
social. Más que nada la respuesta social, de las personas ante el evento” (P. Torres,
comunicación personal, 20 de noviembre de 2022: 11). De esta forma, se reunía información
de eventos y de la población civil para llevar a cabo estos “reconocimientos”. Así, el
despliegue de los militares en el marco del Estado de excepción tuvo una clara centralidad
en lo que ellos denominan “garantizar el orden público” que implicaba evitar el delito contra
la propiedad.
Una de las cuestiones centrales que fue discutida tras el 27F, fueron las normas que
se impartieron a los militares para utilizar la fuerza letal, y particularmente su armamento. El
militar retirado Bernardo Castro señala que para el 27F no existían reglas del uso de la
fuerza específicas para el Estado de Excepción Constitucional, por lo cual los militares
fueron desplegados bajo las normas de uso de la fuerza convencional, es decir, las
aplicadas a las operaciones militares de guerra: “Para el 2010 no habían. Las elaboramos
después tomando como referencia las ROE, las Rules Of Engagement, que son las reglas
de enfrentamiento que se usan en operaciones de paz. De ahí se sacaron” (B. Castro,
comunicación personal, 22 de marzo de 2022: 34).
Si bien en términos generales las reglas del uso de la fuerza que se impartieron
fueron aquellas específicas para la guerra, estas fueron adaptadas para el contexto
específico posterior al desastre y tomando como principal situación de conflicto los saqueos.
Es decir, para responder ante una situación delictiva se adaptaron normativas propias para
la guerra:
Y mientras estábamos ahí nos llega el tema de la regla de enfrentamiento, de cómo enfrentar y
de cómo reaccionar ante cualquier evento, ante un saqueo, que son las primeras reglas de
enfrentamiento que nos llegan. Regularizan el comportamiento de las Fuerzas Armadas ante
un saqueo, ante estar con riesgo en la vida o la vida de la otra persona. Ahí, empiezan a
marcarnos el cómo reaccionar en caso del deber reaccionar como militares (P. Torres,
comunicación personal, 20 de noviembre de 2022: 12).

En conclusión, buena parte de la respuesta del Estado chileno al desastre se centró
en la militarización de la misma, enfocando buena parte de la respuesta en un abordaje que
otros autores han calificado como mucho más represivo que humanitario, tendiente a
proteger la propiedad privada antes que a garantizar servicios básicos.

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Sin embargo, tras el 27F, la militarización continuó incluso tras el fin del Estado de
Excepción, que duró treinta días. Durante la etapa de reconstrucción los militares tuvieron
una activa participación: “Luego vendría la reconstrucción. En esta tarea, más de 11 mil
efectivos militares conformaron la Fuerza de Apoyo Humanitario (FAH) (...) quienes
comenzaron sus labores el 1° de abril del 2010, desplegándose por seis meses en 117
comunas” (Ejército de Chile, 2020a: 5). Según afirmaba el Ejército, “(...) se levantaron
58.861 viviendas de emergencia, se removieron 411.966 m3 de escombros, se instalaron
12.741 kits de impermeabilización y se instalaron un Hospital Modular de Campaña (HMCE)
y cuatro Puestos de Atención Médica Especializada (PAME)” (Ejército de Chile, 2020a: 17).
Si bien durante la etapa de reconstrucción las tareas de los militares eran claras y
estaban específicamente dedicados a la reconstrucción de hogares e infraestructura
destruída por el terremoto, cabe preguntarse si en términos simbólicos la continuidad de la
presencia militar no implicaba también una dinámica de militarizar el orden público, la vida
cotidiana de las personas o específicamente la continuidad de un orden militarizado durante
la
etapa
de
reconstrucción.
En el marco del Estado de excepción, el rol de los militares se centró fundamentalmente en
una función de Seguridad, que se concibió como garantizar el orden público. Es decir, evitar
acciones consideradas como delitos que atenten contra los bienes y la propiedad,
fundamentalmente saqueos o robos. Después de haber cumplido durante 30 días tareas de
Seguridad y “manteniendo el orden público”, aunque no se encontraban con armas y
patrullando, la presencia militares podía tener un carácter performativo en garantizar un
orden o un disciplinamiento a través de su presencia en la etapa de reconstrucción. En un
sentido similar, el Mayor Paulo Torres señala: “Entonces agotamos todos los medios por
tratar de apoyar y dejar a la gente, darle una tranquilidad por último a tener un techo donde
poder dormir a la noche” (P. Torres, comunicación personal, 20 de noviembre de 2022: 20).
En este sentido, la reconstrucción de casas podría haberse garantizado a través de personal
con formación específica en esa tarea. Sin embargo, la presencia de los militares a la que
refiere Torres puede comprenderse en un doble sentido de la reconstrucción del hogar y de
garantizar “Seguridad” y disciplinamiento a través de su presencia.

La institucionalización del modelo chileno: militarización de la respuesta a desastres
y Estado de Excepción como regla
Michelle Bachelet asumió su segundo mandato como presidenta de la República de
Chile el 11 de marzo de 2014. Veinte días después, en la noche del 1° de abril de 2014, se
produjo un terremoto en la región norteña de Iquique, con epicentro en la ciudad de
Tarapacá, y pocas horas después del terremoto ocurrió un tsunami. Tras estos eventos, el 2
de abril, la Presidenta Bachelet declaró el Estado de Excepción Constitucional por catástrofe
para las regiones de Tarapacá y Arica y Parinacota a través de los decretos 909 y 910 de
2014. 10 días después, comenzaría un gran incendio en la zona de bosques de Valparaíso,
lo que llevaría a que se declare el Estado de Excepción en esa región, a través del Decreto
946 del año 2014.
Mientras que en 2010, el Estado de excepción se decretó 36 horas después del
desastre, llevando a que sectores políticos de la derecha, las Fuerzas Armadas y los medios
de comunicación cuestionen la decisión como tardía, en 2014 Bachelet decretó ambos
Estados de excepción en menos de 24 horas. En los decretos de Estado de Excepción de
Tarapacá y Arica y Parinacota, se hacía referencia a la necesidad de tomar medidas
extraordinarias para proteger a las personas y los bienes, sean públicos o privados. Por su

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parte, el Decreto 946 que declaraba el Estado de excepción en Valparaíso afirmaba que era
necesario “(...) atender la seguridad pública en las zonas afectadas, pues se ha dispuesto la
evacuación de numerosas viviendas que han quedado sin resguardo” (Decreto 946, 2014:
1).
Tras el terremoto y tsunami de Iquique, la división Doctrina del Ejército de Chile
elaboró un documento de lecciones aprendidas. El documento primeramente señala que a
dos horas de ocurrido el terremoto, el gobierno decretó el Estado de Excepción
Constitucional por calamidad pública:
Una vez firmado este decreto, las Fuerzas Armadas desplegaron numerosas patrullas de
seguridad y patrullaje por las principales calles de las ciudades afectadas con el objetivo de
restablecer el orden público y apoyar con los medios militares la acción del Gobierno (Ejército
de Chile, 2014a:. 5).
Respecto a las acciones implementadas por las Fuerzas Armadas, el documento destaca:
“vigilancia a supermercados y gasolineras, patrullajes preventivos, despeje de caminos y
canales de regadío, descarga y armado de casas de emergencia, junto con la entrega de ayuda
humanitaria” (Ejército de Chile, 2014a: 7).

Entre las lecciones aprendidas, el documento señala la incomodidad que generaba
en la población que los militares continúen patrullando las calles y apostados en distintos
lugares de las ciudades transcurridas varias semanas del terremoto y ya recuperada la
normalidad. Así, el documento expone las consecuencias negativas de la militarización de la
respuesta a desastres, particularmente cuando esta es sostenida en el tiempo y utilizando
medios que podrían considerarse excesivos, teniendo en cuenta que los Estados de
Excepción Constitucional tienen una duración de treinta días. Mientras que en el terremoto
del 27F de 2010 se destacaba la valoración positiva de la población a la labor de seguridad
de las Fuerzas Armadas, en el caso de Iquique eran los mismos militares quienes
reconocían los problemas que conlleva la militarización de los mismos.
En relación a las funciones y la participación de las autoridades civiles en el proceso
de toma de decisiones en el marco de la respuesta a un desastre, el documento evalúa
negativamente la participación de los mismos, calificándolo como “difícil de manejar” y
señalando que son las autoridades militares nombradas quienes deben orientar a las
autoridades civiles y políticas en el cumplimiento de la planificación de emergencia:
La intervención de autoridades políticas en el proceso de toma de decisiones resulta complejo
de manejar, debido a que todos los responsables de tomar decisiones desean ayudar actuando
rápidamente para aminorar el sufrimiento humano producido por la emergencia; sin embargo,
es recomendable que ante estas intervenciones, se informe a los escalones superiores de las
resoluciones adoptadas, indicando las tareas en ejecución y por realizar, solicitando las ayudas
correspondientes según lo acordado con el Gobierno central. En lo posible, se deberá orientar
a las autoridades políticas y civiles en el cumplimiento de la planificación de emergencia
existente por su importancia organizativa (Ejército de Chile, 2014a: 24).

De este modo, los militares se muestran renuentes a la articulación cívico-militar en
la toma de decisiones, buscando en lo posible establecer cadenas de mando en las cuales
los militares dirijan a las autoridades civiles y militares en el marco de la respuesta a
desastres.
Asimismo, en el documento del Ejército se valora negativamente la participación de
autoridades civiles en la entrega de ayuda humanitaria al considerar que esta tiene
consecuencias negativas en el orden y la Seguridad pública, en tanto sus intereses políticos,

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pueden comprometer los objetivos de estas operaciones:
Por otra parte, la entrega de ayuda humanitaria debe hacerse en forma equitativa, con mucho
orden, procedimientos y con registro. Al respecto, la autoridad militar debe plantear los efectos
negativos que tiene en el orden público y en la seguridad de la fuerza militar la entrega de
ayuda por personeros políticos o por autoridades que tienen intereses partidistas y que pueden
afectar y comprometer seriamente los objetivos de las operaciones de ayuda humanitaria
(Ejército de Chile, 2014a: 27).

El documento concibe desde el punto de vista de los militares un carácter particular,
partidario y poco eficaz en el accionar de las autoridades civiles y democráticas en el marco
de la respuesta a desastres, mientras que el accionar militar se plantea en favor de un
interés general, con una perspectiva objetiva y un accionar eficiente. Esta perspectiva
desconoce el hecho de que el mismo personal militar se ve afectado por el desastre, ya que
tanto los regimientos como las viviendas particulares se encuentran situados en territorios
que pueden verse afectados, tal como sucedió en el tsunami que afectó a la costa chilena
tras el terremoto de 2014, en el cual había militares que vivían en zonas costeras y debieron
evacuar sus viviendas, sus familias y sus objetos personales.
En un sentido similar, el documento reconoce que parte del personal militar obligado
a hacerse presente en el servicio se encontraba de licencia y optó por quedarse con sus
familias en lugar de concurrir a sus unidades, lo que deja en claro que el accionar militar no
está exento de intereses particulares y al igual que el resto de los ciudadanos puede actuar
de formas imprevistas en situaciones de emergencias.
Por otra parte, el documento también menciona los riesgos del accionar militar en
casos de evacuaciones con población particularmente vulnerable respecto a las
desigualdades que estructuran las sociedades, reconociendo los riesgos físicos existentes
para estos sujetos:
Personal militar asignado por planificación de emergencia evacuó a lugares de seguridad
previstos por la ONEMI a niños de jardines infantiles, ciudadanos de avanzada edad de
hogares de ancianos, enfermos de instalaciones hospitalarias y otros casos especiales. Lo
anterior con la premura evidente y en condiciones que no siempre fueron las mejores, lo que
constituyó un riesgo físico para los evacuados (Ejército de Chile, 2014a: 31).

Este riesgo se agrava en el marco de los Estados de excepción constitucional si los
propios militares desconocen las normativas respecto al uso de la fuerza y los límites que
estas establecen. En este sentido, el documento reconoce que las RUFs “(...) no se pudieron
operacionalizar desde un primer momento, ya que sólo se pudo disponer de las reglas en
detalle a partir del cuarto día después del primer terremoto”, frente a lo cual los militares
actuaron, al igual que en 2010, con “criterio propio” (Ejército de Chile, 2014a: 35).
Finalmente, el documento reconoce que los mismos militares asumieron que no tenían la
capacitación suficiente en materia de Seguridad pública en tanto son “(...) actividades que no
se encuentran previstas actualmente en los programas de instrucción anuales” (Ejército de
Chile, 2014a: 35).
Como se mencionó, en paralelo al terremoto de Iquique de 2014 se desarrollaron
grandes incendios en Valparaíso, que hasta el día de hoy son considerados como uno de los
mayores de la historia de esa región (Matus, 2014). Así, en su primer mes de gobierno,
Bachelet declaraba dos Estados de excepción constitucional, mostrando una imagen de
respuesta y reacción rápida ante el llamado a la utilización de las Fuerzas Armadas.
Además, como se hizo referencia anteriormente, en los decretos que instauraban ambos

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Estados de excepción se hacía referencia específica a la necesidad de garantizar el orden y
la Seguridad pública, convirtiéndose, por lo menos, en una de las tareas principales de las
Fuerzas Armadas en la respuesta a estos desastres.
Al año siguiente, el gobierno de Bachelet decretó 5 Estados de Excepción
Constitucional por catástrofe, En 2017, el Estado de Excepción fue declarado en dos
oportunidades producto de incendios en Valparaíso y de inundaciones en Aysén. El 11 de
marzo de 2018 culminaba el segundo gobierno de Michelle Bachelet y comenzaba el
segundo mandato de Sebastián Piñera como presidente de la República de Chile, quien a
un año de comenzar su gobierno declaró dos Estados de Excepción en febrero de 2019: uno
para las inundaciones que afectaron a Arica y Parinacota y Antofagasta y otro para los
incendios en las regiones de la Araucanía, Biobío y Los Ríos. De esta manera, entre 2014 y
2019 el Estado de Excepción fue declarado en más de doce oportunidades, pasando de
decretarse en situaciones como grandes terremotos (tal como el 27F de 2010 o el terremoto
y tsunami de Iquique de 2014) a situaciones cada vez más frecuentes como inundaciones e
incendios. Además, todos los decretos que instauraban los Estados de excepción eran
articulados de la misma manera y con las mismas consideraciones y atribuciones para las
Fuerzas Armadas, haciendo énfasis en el mantenimiento del orden y la Seguridad: se
planteaba la necesidad de atender la Seguridad pública en las zonas afectadas para evitar
situaciones de desorden o pánico, con lo que las Fuerzas Armadas debían asumir el mando
de la Seguridad -y de las Fuerzas de Seguridad como Carabineros, que se subordinaban al
Jefe de Defensa Nacional designado por el presidente- con el fin de velar por el orden
público y de reparar o prevenir el daño o peligro para la seguridad en la zona.
La declaración del Estado de Excepción Constitucional se constituyó como la forma
principal de abordaje y respuesta ante los desastres en Chile, implicando una creciente
participación de las Fuerzas Armadas en la respuesta a desastres con una perspectiva que
centralmente militarizaba la Seguridad y el “orden público”, aunque enfocado
fundamentalmente en la protección de bienes y de la propiedad pública y privada.
Como señalamos, en Chile la normalización de los Estados de excepción se vió
acompañada de un proceso de militarización de los desastres que llevó a una creciente
jerarquización de la cuestión dentro de las misiones de las Fuerzas Armadas y a un
creciente desarrollo doctrinario al respecto. Tomando como ejemplo las experiencias del
terremoto de 2010 y de 2014, el Ejército de Chile continuó elaborando sus documentos de
lecciones aprendidas a través de su División Doctrina, tanto para los incendios de 2014
(Ejército de Chile, 2014b) como en las inundaciones y aluviones que afectaron a Atacama
en 2015 (Ejército de Chile, 2015) y finalmente elaborando un documento específico sobre el
empleo de la fuerza terrestre en el combate de incendios forestales (Ejército de Chile,
2019a).
Por su parte, el Ministerio de Defensa Nacional de Chile acompañó este desarrollo
doctrinario y a la jerarquización de la participación en la respuesta a desastres de las
Fuerzas Armadas a través de su Libro de Defensa Nacional de Chile de 2017, que
establecía cinco áreas de misión para las Fuerzas Armadas chilenas, dentro de la que se
incluyó a la Emergencia y Protección Civil, entendida como las acciones realizadas en el
marco de catástrofes para minimizar o neutralizar sus efectos inmediatos (Ministerio de
Defensa Nacional, 2017).

Conclusiones

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La incorporación de la cuestión de los desastres dentro de las misiones principales
de las Fuerzas Armadas chilenas llevó a una mayor imbricación e involucramiento de las
mismas en asuntos de Seguridad interior, asumiendo cada vez más lo que anteriormente
denominamos como Doctrina de Seguridad de las “Nuevas Amenazas”, que se
institucionalizó en la doctrina de las Fuerzas Armadas como fuerzas polivalentes, concepto
instaurado por el Libro de la Defensa Nacional de Chile de 2017 y continuado durante la
segunda presidencia de Sebastián Piñera. La idea de Fuerzas Armadas polivalentes implica
que el empleo del instrumento militar prioriza tanto “(...) la ejecución de sus tareas
propiamente militares, como para el ejercicio de otros roles” (Ministerio de Defensa
Nacional, 2017: 14). En un mismo sentido, el Libro de la Defensa señala que “Aparte de sus
misiones características y primordiales, las instituciones militares de la Defensa Nacional
pueden cumplir tareas en otras Áreas de Misión, gracias a que disponen de capacidades
polivalentes” (Ministerio de Defensa Nacional, 2017, p. 297). Esta idea sería retomada por
las distintas fuerzas del instrumento militar chileno para referirse a su capacidad para actuar
ante escenarios militares distintos a la guerra, tales como la respuesta a desastres.
Además, la política adoptada por Chile de militarización de desastres tras el
terremoto y tsunami del 27F se replicó en su política exterior y en sus relaciones con
Estados Unidos. En definitiva, implicó una mayor adhesión a la Doctrina de Seguridad de las
“Nuevas Amenazas” y un rol preponderante en las discusiones regionales sobre
participación militar en desastres, especialmente en las llamadas instituciones hemisféricas
vinculadas a la OEA.

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Año 2023
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�Anuario del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini”
Año 2023
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Diez años de la operación Lava Jato: Lawfare como
manufacturación de consenso
Silvina Romano y Tamara Lajtman
ÁREA DE ESTUDIOS NUESTROAMERICANOS

El Lava Jato es una Mega Causa judicial que se extendió entre 2014 y 2021, basada
en una operación conjunta entre el Ministerio Público y la Policía Federal de Brasil, con sede
en la 13 Sala Federal de la Justicia Criminal de Curitiba (donde desempeñaba sus funciones
el Juez Sergio Moro). Se desencadenó a partir de investigaciones sobre un potencial
esquema de corrupción en Petrobras bajo la dirección de Paulo Roberto Costa. Se generó
un “efecto dominó”, donde buena parte de la clase política y de las empresas estatales fue
vinculada a una trama de corrupción también incluyó a la constructora Odebrecht. Sin
embargo, en los medios de comunicación, se otorgó especial atención a los líderes del
Partido de los Trabajadores (PT), que estaba en ese momento a cargo del Poder Ejecutivo,
bajo la presidencia de Dilma Rousseff (Damgaard, 2018).
El Lava Jato y en particular la persecución política por la vía judicial-mediática contra
Rousseff y Lula da Silva, constituyen procesos de lawfare, definido como una guerra política
por la vía judicial-mediática, con intereses económicos, políticos y geopolíticos. Incorpora
jueces, corporaciones de la comunicación, periodistas y líderes de opinión, policías,
embajadas y agentes de inteligencia (locales y extranjeros). Se caracteriza por el uso de la
ley como un arma: abuso de prisiones preventivas, delaciones premiadas y veredictos antes
del debido proceso judicial, mediante acoso y desmoralización a través de medios de
comunicación. Esta guerra opera por medio del encumbramiento del aparato judicial y la
selectividad en los casos judiciales, se articula con un rol protagónico de los medios de
comunicación, que operan para la pronta criminalización de sectores o líderes políticos, en
particular, aquellos que promueven la intervención del Estado en la economía (denominados
como progresistas, posneoliberales, populismos de izquierda, etc.). Como resultado, el
lawfare tiende a fortalecer las alternativas de “libre mercado”, la tecnificación de la política, la
despolitización del Estado y el reforzamiento de sus aparatos represivos (Observatorio
Lawfare, 2023).
En el siguiente texto argumentamos que este proceso de lawfare fue particularmente
exitoso en virtud del creciente consenso negativo logrado a nivel local, regional e
internacional en torno a las figuras de Dilma Rousseff y Lula da Silva, consenso
manufacturado (Herman, 2018; Chomsky y Herman, 2000) en virtud de supuestos actos de
corrupción cometidos por cada uno, actos nunca probados en el ámbito jurídico. Tanto
Rousseff como Lula da Silva, fueron recreados por este consenso, no solo como políticos
corruptos, sino como criminales culpables de la debacle de las instituciones democráticas
brasileñas, justificando su expulsión de la esfera política formal (impeachment contra Dilma
Rousseff y prisión para Lula da Silva), como una medida necesaria para “salvar” el Estado
de Derecho y la democracia.
Sostenemos entonces que el lawfare se organiza y reproduce gracias a una
manufacturación de consenso definida en torno a determinados relatos (tramas de sentido y

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de explicación del modo en que funcionan las cosas), como el de la corrupción, que opera
con particular eficiencia en escenarios de polarización y espectacularización de la política,
reorganizando el ámbito de la política formal en políticos y partidos políticos “corruptos”
(enemigos a derrotar) y el resto (que son paulatinamente quitados de la escena mediática).
El consenso en torno a este relato no empieza ni termina en la dinámica de los medios de
comunicación (Sierra Caballero, 2022). Es decir, no se reduce a la propaganda como la
relación entre medios de comunicación y su vínculo con el gobierno y el sector privado, sino
que es la bisagra que comunica y articula las diversas dimensiones implicadas en esta
guerra por la vía judicial mediática contra determinados sectores de la política.
Este mecanismo, oculto deliberadamente a la opinión pública, articula un poder
judicial que se eleva por encima de los demás poderes del Estado para decidir qué sectores/
líderes de la política pueden presentarse o no a elecciones, con medios de comunicación y
Redes Sociales que emiten un veredicto, una sentencia contra tal o cual político en proceso
judicial por corrupción, mucho antes de que se pronuncien los propios tribunales con
sentencia firme. Este consenso, adquiere fuerza de verdad, porque organismos
internacionales dedicados a “medir la corrupción”, o que se encargan de “promover la
democracia”, advierten que la corrupción es un mal endémico, que contamina a
determinados sectores de la política. Esas voces expertas se suman a análisis “objetivos” de
think tanks y periodistas de investigación de países centrales (que son percibidos como más
serios y desinteresados que los análisis realizados desde países periféricos), describiendo la
epidemia de la corrupción en países con “democracias e institucionalidad débiles”. Se
adhieren incluso organismos gubernamentales de países centrales, en particular de Estados
Unidos (EE.UU.), con una batería de regulaciones “anticorrupción”, que tiene la potestad de
ser extendida y aplicada en cualquier lugar del planeta (la Ley Anticorrupción de EE.UU.
(FCPA), es un ejemplo, Romano y Britto, 2022; Ramina, 2022).
A los fines de dar cuenta del modo en que operó la manufacturación de consenso
que trasciende el ámbito natural de la propaganda (Romano, 2018), articulando diversas
dimensiones e instituciones a nivel local e internacional, exponemos algunos de los actores
y dinámicas clave en este proceso: 1) los medios y las campañas mediáticas; 2) la
proyección internacional: voces expertas y organismos internacionales; Actores 3)
Movimientos “auto convocados” y “apolíticos”26.

Actores y dinámicas clave en la manufacturación de consenso contra Dilma Rousseff
y Lula da Silva en el contexto del Lava Jato
1)Los medios
La proyección internacional: voces expertas y organismos internacionales
Transparencia Internacional (TI) es uno de los organismos que sostiene que la
corrupción es uno de los principales problemas a combatir, en particular en países
periféricos. Años atrás, uno de sus directores afirmaba en una entrevista: “en muchos países

26 No nos detenemos en lo referido al Poder Judicial y las estrategias de
judicialización de la política, las herramientas utilizadas que vulneraron el debido
proceso, o la colusión con organismos de gobierno estadounidense vinculados a
tareas de inteligencia, porque entendemos que otros textos en este mismo libro lo
abordarán de manera más contundente, así como los antecedentes en (Proner, et.
al., 2018; Zanin Martins, Teixeira y Valim, 2018; Larissa, 2022a).
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la gente se va a dormir con hambre porque hay corrupción” (The Guardian, 25 enero 2017).
Este organismo participó activamente denunciando el Lava Jato en Brasil. Información
reciente, muestra que TI formó parte del operativo de instrumentalización del aparato judicial
con el objetivo de criminaliza al Partid de los Trabajadores, quitarle credibilidad y apoyo
popular. En febrero de 2024 el Supremo Tribunal Federal (STF) ordenó investigar a TI
debido a los vínculos de su director en Brasil, Bruno Brandao, con el el fiscal Deltan
Dallagnol (uno de los impulsores de la causa del Lava Jato), y la creación de una fundación
para gestionar recursos recuperados mediante acuerdos de indulgencia en el marco del
Lava Jato (STF, 2024).
Lo importante es que en pleno proceso judicial contra Lula da Silva, la postura de TI
tuvo impacto, pues se trata de un organismo con gran influencia en la agenda mediática y de
las voces expertas, o al revés: forma parte de un circuito o red institucional que tiene como
objetivo sostener el sistema neoliberal, justificar su conveniencia y necesidad. Así, ideas
como la anterior son reproducidas en organismos como el Fondo Monetario Internacional
(Lipton, Werner y Goncalvez, 2017), o por voces expertas en relaciones exteriores como la
revista Foreign Policy (Muggah y Winter, 2017), que agregan al mal de la corrupción en
general, la predisposición “particular” a la politización de la justicia en países periféricos y de
parte de gobiernos que se dicen de izquierda. La tesis, es que estos gobiernos, al otorgar
mayor protagonismo al Estado, en particular en la regulación de la economía, al repolitizar al
Estado y revalorar lo público, privilegiaron la utilización de influencias y fondos públicos para
beneficio personal y la utilización de los poderes del Estado para evitar la rendición de
cuentas. Esto se considera como la principal causa del aumento de la pobreza y el de
debilitamiento de la democracia a tal punto, que –según “expertos”– la gente estaría
dispuesta a apoyar incluso una dictadura militar con tal de acabar con el crimen y la
corrupción27.
El Inter American Dialogue28, realizó un seguimiento pormenorizado del Lava Jato,
con decenas de informes e investigaciones más amplias sobre corrupción en América
Latina.29 Una de las voces con más proyección fue la de Peter Hakim, miembro del Consejo
Asesor y presidente emérito de dicho organismo. En abril de 2016 manifestó que “el
impeachment de Dilma no es un golpe de Estado” y que “el juicio político no es sólo un
proceso judicial; También es una tarea política” (Latin America Advisor, 2016). En julio de

27 Un dato significativo es que Transparencia Internacional, es financiada, entre otros, por la Fundación de Bill
y Melinda Gates, una de las principales “donantes” en el mercado de la asistencia global, conocida por su poder
de lobby y sus estrechas relaciones con la élite global (Global Policy Forum, 2015). Los Gates son íntimos
amigos de la familia Clinton, que también tiene su fundación. Precisamente, Hillary Clinton es acusada de haber
utilizado su posición e influencia como Secretaria de Estado para lograr donaciones para su fundación, que luego
canalizó hacia fondos de campaña electoral. Había pruebas de esto ya en el 2015 (Koehler, 2015), antes de que
se publicaran los Wikileaks que desataron el escándalo en octubre de 2016, a un mes de las elecciones
presidenciales. A pesar de las amenazas, no hay juicio contra Hillary Clinton. El caso fue quitado de la agenda
mediática y el foco de la atención está en la injerencia rusa en las elecciones (desde el reporte Mueller en
adelante). El patrimonio de los Clinton no fue tocado.

28 Es uno de los Think Tanks con mayor influencia a nivel interamericano.
Compuesto por ex-funcionarios, empresarios/CEO, académicos e intelectuales
representantes de la derecha liberal y neoliberal, tiene importante presencia en la
prensa hegemónica y es una de las fuentes de opinión experta crítica respecto de
los gobiernos progresistas. Ver: https://www.thedialogue.org/about/
29 “Beyond the Scandals. The Changing Context of Corruption in Latin America”,
https://www.thedialogue.org/wp-content/uploads/2017/02/Corruption-in-LatinAmerica_ROL_Report_FINAL_web-PDF.pdf
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2017 manifestó que la condena del político más venerado de la historia de Brasil (Lula da
Silva) por cargos de corrupción, podría considerarse como una señal de que “Brasil tiene un
sistema judicial valiente y competente que está comprometido a derrotar la corrupción y
demostrar que nadie está por encima de la Ley”. Y advertía: “Si no se aplican
vigorosamente, la simpatía y el apoyo a Lula, que ahora lidera a todos los demás candidatos
potenciales de cara a las elecciones de 2018, podrían fortalecerse” (Latin America Advisor,
2017).
Además de elaborar informes y brindar declaraciones a medios de prensa, el
presidente de IAD, Michaell Shiftter participó en 2017 de conferencia en Perú sobre
“Estrategias de la Cooperación Jurídica Internacional frente al Crimen Organizado
Transnacional” con una exposición sobre “La política del Departamento de Estado y su
impacto en la región, a propósito del caso Lava Jato”.30 Investigadores del IAD presentaron
en 2019 los hallazgos de sus investigaciones sobre el Lava Jato frente al Congreso de
EEUU (IAD, 26 marzo 2019). En esta presentación propusieron una serie de
recomendaciones para el Congreso, donde puede percibirse que consideran como “natural”
la intervención de EE.UU. en asuntos internos de otros países, entre ellas:




Utilizar la Foreign Corruption Practices Act como herramienta de poder blando (la ley
mediante la que EE.UU. se arroga el liderazgo de la lucha contra la corrupción a
nivel internacional,);
Que los embajadores estadounidenses asistieran a los juicios clave realizados en
América Latina;
Continuar asistiendo (financiando) al periodismo de investigación y sociedad civil
(esto es complejo cuando se conoce la influencia de fundaciones y ONGs en la lucha
anti-corrupción asociadas a intereses del sector privado estadounidense, como la
Red Atlas).

Otra institución clave a favor de la destitución de Rousseff y de una “limpieza de la
política” brasileña es el Council of the Americas (COA), fundado por David Rockefeller y que
desde la década del ’60 aboga por la vía neoliberal. Su mesa directiva está compuesta por
CEOs de multinacionales de diversos rubros, incluidos medios de comunicación: José A
Bastos, de Merck Brazil; Mattos Filho, de VeigaFilho, Marrey Jr. E Quiroga Advogados, de
Brasil; Cesar Cernuda de Microsoft LatinAmerica; DonnaHrinak de Boeing; Brian Malnak de
Shell; Erik Oswald de ExxonMobil Exploration Company; ClayNeff de ChevronCorporation;
Agustin Mayer de Ferrere Abogados; John M. Moncure de Financial Times31. El COA activó
eventos y publicaciones a favor de la guerra contra la corrupción en Brasil, criminalizando a
los líderes del PT y potenciando personalidades como la de Sergio Moro, bautizado como
uno de los “Caza-Corrupción” (Corruption busters) de América Latina, en su revista
Americas Quarterly. La misma publicación, destacó reiteradamente la “acertada decisión” de
destituir a Rousseff (Spektor, 2016). Meses después del golpe advertía que: “no fue un
golpe”; “las instituciones democráticas están funcionando”; “el impeachment fue positivo
para Brasil” (Lajtman, Romano y García Fernández, 2018).
Otro think tank estadounidense con incidencia en la dimensión de manufacturación
de consenso propia del lawfare, fue el Center for Strategic and International Studies (CSIS),
que unos meses antes del derrocamiento de Rousseff, realizó un evento en el que los
expertos “predijeron” (o anunciaron) que Rousseff no llegaría a finalizar su mandato, debido

30
Ver
programa
de
la
conferencia
https://www.mpfn.gob.pe/escuela/contenido/actividades/docs/5252_programa_final.pdf
31 Ver: http://www.as-coa.org/about/about-ascoa

en:

95

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a la crisis económica y las investigaciones por corrupción que involucraban a Petrobras y al
PT. En el mismo encuentro, representantes de Medley Global Advisor (NY) exponían con
claridad que lo que “realmente se necesita tanto en Brasil como en Venezuela es la
estabilización política antes de una estabilización económica” (Snow, 2016). Pocos meses
después, en septiembre, publicó “Moving Forward: Brazil After Rousseff”, alegando que el
factor que definió el destino de Rousseff y los 13 años de liderazgo del PT fueron los cargos
formales por manipulación del presupuesto (Santana y Matera, 2016).
El Atlantic Council (brazo político de la OTAN) también jugó un papel clave,
impulsando y legitimando el Lava Jato, a través de figuras como el Procurador General de
Brasil, Rodrigo Janot, que participaba en eventos y reuniones con empresas y otros
gobiernos occidentales. En 2017, Janot declaraba en el AC: “La condena del ex presidente
brasileño Luiz Inácio Lula da Silva por cargos de corrupción no es una declaración política,
sino una aplicación de la ley que demuestra el compromiso de Brasil de combatir la
corrupción en los niveles más altos de la sociedad (…) no es una acción política, sino una
aplicación de la ley, hacer cumplir la ley” (New Atlaticist, 2017).
Es importante mencionar, que luego de la publicación de documentos filtrados,
publicados principalmente por The Intercept (Fishman; Viana y Salhe, 2020), se mostró
evidencia no solo la instrumentalización política del aparato judicial y las campañas
mediáticas para evitar que Lula da Silva llegara a la presidencia, sino la colusión con
organismos del gobierno y el sector privado estadounidense para lograr las metas del Lava
Jato (en buena medidas vinculadas a intereses económicos y geopolíticos del complejo
industrial militar de EE.UU.). Ningún think thank se retractó públicamente por haber
sentenciado como culpable a Lula da Silva y al PT como partido político plagado de
corruptos, etc. Tampoco ha habido sanciones de ningún tipo, desde ningún organismo
(regional o internacional) para poner en evidencia el impacto negativo que tuvo el accionar
de estas organizaciones para la política brasileñas y sus consecuencias en términos
económicos y sociales.

Movimientos “auto convocados” y “apolíticos”
Con respecto a los movimientos sociales y políticos en contra de la corrupción, que
influenciaron la opinión pública y llegaron a tener presencia en las calles, destaca la Red
Atlas, articulada con Students for Liberty, organismos muy activos en la oposición a
Rousseff y al gobierno del PT. La Red Atlas32 es un think tank estadounidense que se
vincula de modo directo al mundo de la política a través de organizaciones como el Instituto
Libertad o el Instituto de Estudios Empresariales asociado a la Red Liberal de América
Latina (RELIAL), que agrupa a partidos de derecha de la región y se ocupa de la formación
de jóvenes líderes (Brito, 2023,). Mantiene vínculos importantes con la National Endowment

32 Este think-tank con sede en Washington, opera desde 1981 para propagar el
neoliberalismo, se especializa en la formación de jóvenes líderes, particularmente en
América Latina y Europa del Este. Promueve la no intervención del Estado y la
clásica desregulación de la economía. Esta red trabaja con 79 organizaciones socias
en América Latina y el Caribe, destacándose su presencia en Argentina, Brasil y
Chile. En Brasil cuenta con 11 organismos socios, destacándose el Instituto
Milenium; el Instituto de Formação de Líderes São Paulo; Instituto Liberal de São
Paulo; Instituto Ludwig vom Mises Brasil; Estudiantes por la Libertad, etc.
(Pasqualotto, 2017)
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for Democracy (NED) y con la derecha internacional. Su Junta Honorífica está compuesta
por líderes de opinión como Vargas Llosa.33
Uno de los socios fundamentales de Atlas en Brasil es Estudiantes por la Libertad,
que a su vez es una “filial” de Students for Liberty de EE.UU. Esta fundación se
autodenomina como la mayor organización estudiantil “libertaria” del mundo. En Brasil,
Estudiantes por la Liberad fue clave en las manifestaciones de abril de 2014 contra el
gobierno de Rousseff, protagonizadas por jóvenes. Plantea como misión “empoderar a los
jóvenes estudiantes liberales” o a los “líderes estudiantiles libertarios”. Ha llevado a cabo
cientos de eventos en instituciones públicas y privadas; asesoró y formó a más de 300
jóvenes universitarios, formó más de 200 grupos de estudio, además del financiamiento de
proyectos específicos en universidades. Los Estudiantes por la Libertad, a su vez, están
vinculados al “Movimiento Brasil Libre (MBL)”, uno de los dirigentes es Kim Kataguiri, que
tuvo importante incidencia en medios y Redes Sociales antes del golpe (Brito, 2023). De tres
think tanks libertarios activos en la primera década del siglo XXI, se estima que en 2017 ya
había aproximadamente 30 institutos de este tipo en Brasil, con financiamiento de Atlas,
trabajando en colaboración con grupos como Estudiantes por la Libertad y MBL (Fang,
2017).

Conclusiones
El consenso negativo en torno a los líderes del PT a lo largo del Lava Jato,
trascendió el ámbito comunicacional y también el judicial: se organizó y reprodujo en torno a
una red de instituciones locales, regionales, transnacionales, vinculadas a trayectorias
personales, regulaciones y financiamiento, imponiendo no solo los temas, sino la postura
que la opinión pública debería adquirir. Pero su impacto no se redujo a lo que “opinaba la
gente” sobre determinado político o grupo político. Penetró en decisiones con alto impacto
en la política, la economía y la geopolítica a nivel institucional. Criminalizó a Dilma Rousseff,
y garantizó que Lula da Silva no pudiera presentarse como candidato a elecciones
presidenciales de 2018. La trama urdida en torno al relato de la corrupción como “esencial” a
los gobiernos del PT se tejió durante años, apoyada sobre la matriz de ocultamiento típica
de la reproducción ideológica: es mostrada al público como la opción más racional y
“evidente”. Esto preparó el terreno para la llegada al gobierno de la derecha conservadora
(el gobierno de Jair Bolsonaro 2019-2011), con un relato de limpieza de la corrupción por la
vía del achicamiento del Estado. El impacto económico y geopolítico para Brasil fue de
enormes proporciones. En la medida en que salieron a la luz las pruebas del modo en que
un sector de la política brasileña (y su red institucional local e internacional) utilizó el aparato
judicial con el objetivo político de expulsar al PT de la esfera política formal (Vaza Jato), la
manufacturación de consenso fue cobrando visibilidad, al menos para una parte de la
población. El triunfo de Lula da Silva en las elecciones presidenciales de 2022 se debe, en
parte, a esta visibilidad del “engaño organizado” en torno al Lava Jato. Este operativo, si
bien fue organizado e impulsado a combatir la corrupción (y seguramente realizó avances
en este sentido), fue deliberadamente utilizado para reorganizar la economía y la política de
Brasil en torno a los intereses de las elites y corporaciones que conciben que el Estado debe
someterse en su totalidad, a las reglas del mercado, pasando por alto no solo el debido
proceso judicial, sino los estándares básicos de la democracia liberal y el Estado de
Derecho.

33 Ver: http://relial.org/sitio/junta-honorifica
97

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Malvinas, democracia y geopolítica (1965-2015)
Luis Wainer*
ÁREA DE ESTUDIOS NUESTROAMERICANOS

Introducción
El 14 de diciembre de 1960, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la
Resolución 1514, que proclamó “la necesidad de poner fin rápida e incondicionalmente al
colonialismo en todas sus formas y manifestaciones” (ONU, 1960). Luego, la Resolución
2065 (XX) del año 1965, enmarcada en la 1514, tomó en cuenta la existencia de la disputa
entre Argentina y Gran Bretaña acerca de la soberanía sobre las Islas Malvinas e invitó a
“proseguir sin demoras las negociaciones a fin de encontrar una solución pacífica al
problema” (ONU, 1965).
Argentina lograba que Naciones Unidas considerara a Malvinas como “un caso
especial de colonialismo”, por lo que debía descartarse el principio de “libre determinación
de los pueblos” y aceptarse el criterio de respeto a la integridad territorial. Hasta acá los
antecedentes jurídicos a favor de la Argentina, en tiempos de un reordenamiento
internacional de posguerra que abrevó en un escenario de descolonización mundial. En
adelante puede observarse una de las formas en que normativa internacional y relaciones
de fuerza se conjugan.
Diez años después del inicio de las negociaciones, cuando estas entraron en un
virtual congelamiento unilateral, esa instancia supranacional llamó a las dos partes en la
disputa a no modificar unilateralmente la situación, mientras las islas estuvieran atravesando
el proceso recomendado en las resoluciones mencionadas; esto es, no innovar en materia
de exploración y explotación de recursos naturales (ONU, 1976). Este ello venía a
considerar una acumulación de protestas por parte de la Argentina, que podemos resumir en
dos cuestiones: primero la posición británica de dilatar y resguardar la soberanía y, segundo,
el avance por parte de la potencia colonial en materia de exploración del Atlántico Sur en
materia de proteínas, minerales e hidrocarburos (IRI-UNLP, 2010), expuesto en el Informe
Shackleton de 1976 (Greño Velasco, 1977).
Como consecuencia de la Resolución 2065 (XX), desde fines de la década del
sesenta se llevaron a cabo una serie de acuerdos “prácticos” –bajo la figura del “paraguas
de soberanía”–, que suponían acercamientos, pero que “congelaban” el reclamo concreto
por la soberanía sobre el territorio. El punto de mayor avance –y que al mismo tiempo ponía
en tensión a los mismos acuerdos– fue el tratado secreto de 1974, durante el gobierno de
Juan D. Perón, cuya pretensión sí radicaba en dirimir los términos en los cuales se discutiría
la soberanía. Sin embargo, el conocimiento de la existencia de recursos hidrocarburíferos
estratégicos en la zona cambiaría para siempre la óptica de la potencia colonial: desde
entonces esta esbozará con mayor fuerza –a contramano de todos los foros
internacionales– el principio de libre determinación y los “deseos” de los isleños.
La derrota en la Guerra de Malvinas en 1982 y la posterior entrega de soberanía
planteada en una serie de pactos realizados durante la primera mitad de la década del
noventa, conocidos como Acuerdos de Madrid, marcaron lo que se conoció como un tiempo
de “desmalvinización”. Esto se relacionó, por un lado, con la figura del “paraguas de
soberanía” que se renovó en ese momento y, por otro, con la entrega de soberanía integral
y las “relaciones carnales” con los países centrales, que fueron las políticas planteadas por
el ciclo neoliberal dominante en esos años.

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Desde 2003, con las presidencias de Néstor Kirchner (2003-2007) y de Cristina
Fernández (2007-2015), se dio vuelta la política de los años setenta y noventa: debía
ponerse por delante el reclamo de soberanía y no los acuerdos comerciales. De ese modo,
Malvinas entró en la órbita de una política exterior de “firmeza” bilateral (Erlich, 2015), y
buscó ampliar apoyos internacionales haciendo base en la nueva institucionalidad regionalcontinental: el Mercosur, la UNASUR, la CELAC. Esto colocó a la contienda como una
causa de carácter regional y no solo nacional, considerando que la posibilidad de recuperar
las islas solo dependía de tas perspectiva, sostenida en el tiempo.
Debemos ubicar a Malvinas en el centro geográfico de un océano Atlántico Sur rico
en bienes naturales, y como llave a su depredación constante y creciente militarización.
Luego de la guerra de 1982, hablar de Malvinas significa dar cuenta la disputa colonial
territorial más importante en extensión que tiene el mundo. En ese marco de conflicto
geopolítico, es que debe analizarse cualquier rasgo de militarización en el Atlántico Sur y en
las adyacencias de Malvinas, como sucede con frecuencia y como ocirriera, por ejemplo,
durante el 2020, cuando la presencia de un submarino norteamericano con capacidad
nuclear se encontró realizando ejercicios conjuntos con la aviación británica. Lejos de
considerar a estos como una “agresión diplomática”, creemos que debe priorizarse analizar
un escenario extendido de conflicto geopolítico que tiene en el centro de la escena a la
organización militar más poderosa del planeta (OTAN), que le concede a Gran Bretaña la
administración de la base militar mayormente dotada del Atlántico Sur, en territorio
argentino.

La cuestión de la soberanía
Como consecuencia de la Resolución 2065 (XX), desde fines de la década del
sesenta, la Argentina y Gran Bretaña llevaron a cabo una serie de acuerdos “prácticos” en
materia de comunicación, educación, servicios e infraestructura. El primero de ellos fue el
denominado Memorándum de Entendimiento, en 1968. Este puso el foco en reconocer la
soberanía argentina en el futuro, en una fecha que debía acordarse, pero que, sin embargo,
nunca se efectuó. En el texto reaparecía la cuestión de los “deseos” de los malvinenses,
con lo que quedó en claro que la estrategia consistía en dilatar la discusión sobre la
soberanía y colocar por delante la “autodeterminación” de los isleños como prioritaria. Entre
los años 1971 y 1972, se conocieron los Acuerdos de Comunicación o Acuerdos Prácticos;
en el contexto de una situación económica desfavorable en Gran Bretaña y, como
consecuencia, en las propias islas, por la caída del precio de la lana, la potencia colonial
interpretó como positivos los mismos. Estos tratados buscaron avanzar en materia de
servicios aéreos y marítimos, servicios postales, telegráficos y telefónicos; también en
salud, educación y agricultura. Al mismo tiempo, con el uso de la denominada “tarjeta
blanca” se permitió a argentinos e isleños moverse libremente entre las islas y el
continente, sin sellar el pasaporte (Erlich, 2015). Estos acuerdos se ampliaron en 1972,
cuando se concretó la construcción de un aeródromo (una pista de aterrizaje que hasta
entonces no existía en las islas), y empresas argentinas estatales, como Gas del Estado,
YPF y Líneas Aéreas del Estado, comenzaron a operar en Malvinas. También se otorgaron
becas a isleños para estudiar en el continente, ente otras medidas. Vale decir que mientras
el Estado argentino atendía “los intereses” de los isleños, tal como establecía Naciones
Unidas, Gran Bretaña se movía con gran cuidado para sostener la creencía que estaría
dispuesta –en un futuro- a negociar la soberanía: independienemente de matices al interior
de la política británica, Argentina debía creer que compartían ese interés (Ministerio de
Relaciones Exteriores y Culto, 1983).

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El punto de mayor avance en este período fue el acuerdo secreto de 1974, durante
el último gobierno de Juan Domingo Perón, que planteaba un “condominio” (soberanía
compartida) sostenido en el tiempo, situación que sí pretendía poner en discusión la
soberanía. Mientras tanto, se planteaba mantener dos idiomas oficiales, doble nacionalidad,
la alternancia de un gobernador argentino y otro británico, dos banderas, etc. Sin embargo,
entre 1975 y 1976 se conoció que existían recursos hidrocarburíferos estratégicos en la
zona a partir de una serie de misiones, entre ellas, la británica conocida como Misión
Shackleton; con lo que cambiaría para siempre la óptica de la potencia colonial. Desde
entonces, los británicos esbozarían con mayor fuerza el principio de libre determinación y
los “deseos” de los isleños, a contramano de las resoluciones de todos los foros
internacionales.
Es interesante lo planteado Álvarez Cardier (1982) en relación con la especulación
en cuanto a la existencia de petróleo en las islas. Según el autor, periódicos como The
Times o Financial Times coincidían en 1976 en que la Corona británica debía buscar
nuevas fórmulas para el desarrollo de las potencialidades mineras de las islas, al mismo
tiempo que hallar cooperación por parte de Argentina para evitar discutir el tema de la
soberanía. Indica además que un informe presentado por Estados Unidos durante la
segunda crisis petrolera, en 1980, planteaba que “la única región fuera de la OPEP y de los
países comunistas con un potencial petrolero significativo es la cuenca de las Malvinas,
entre Argentina y las islas Falkland” (Álvarez Cardier, 1982).
Un informe del “Comité de los Consejeros del Rey”, presentado al parlamento
británico, en 1983, da cuenta de este hecho:
Como resultado de la creciente preocupación acerca de la declinación de la economía de las
islas Falkland (Malvinas) y la disminución de población de las Islas, el gobierno encargó un
estudio económico integral a largo plazo bajo la dirección de Lord Shackleton sobre las
posibilidades para el desarrollo en las Islas Falkland (Malvinas) y sus Dependencias. Las
condiciones del estudio se determinaron en consulta con el Consejo Ejecutivo de las Islas
Falkland (Malvinas) y fueron anunciados en octubre de Í975. Esto provocó una reacción muy
hostil en la Argentina, El ministro de Relaciones Exteriores de Argentina emitió un comunicado
declarando que el plan era una iniciativa inoportuna con la cual la Argentina no estaba de
acuerdo. El estudio continuó y el informe Shackleton se publicó en mayo de I976. (Ministerio de
Relaciones Exteriores y Culto, 1983. Informe del Comité de los Consejeros del Rey.
Presentado al Parlamento por el Primer Ministro, por orden de su Majestad. Enero de 1983).

Lo que la misión mencionada, era la certeza transmitida por un conjunto de expertos
(en finanzas, industria lanera, hidrocarburos y pesca), que habían acompañado a lord
Edward Shackleton a principios de 1976, de que efectivamente en Malvinas existía un
enorme potencial en materia de recursos naturales. Así lo informó la diplomacia británica a
partir de un importante inventario sobre dichas riquezas, conocido como “Relevamiento
económico de las Islas Malvinas” (Biangardi Delgado, 2017).
La respuesta de la Cancillería argentina, por medio de un comunicado de prensa, no
se hizo esperar. Ante la ruptura unilateral de negociaciones por parte de Gran Bretaña objetivadas en la Misión Shacketon- se informó que:
El pueblo de la República deberá tener en cuenta que su Gobierno junto con las Fuerzas
Armadas y otros organismos institucionales que forman el Estado argentino, comparten
celosamente la defensa de la dignidad y los derechos de la nación, v actuaran sin precipitarse,
pero con toda la persistencia, la prudencia y le energía que sean necesarias, para lograr que se
haga justicia. (Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, 1983. Informe del Comité de los

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Consejeros del Rey. Presentado al Parlamento por el Primer Ministro, por orden de su
Majestad. Enero de 1983).

Malvinas y posguerra en clave geopolítica
Concluida la guerra de 1982, el gobierno de Gran Bretaña creó la Fortaleza
Malvinas (Falkland Fortress), cuya estructura está conformada por un sistema de bases
militares que incluye las Islas Georgias para afirmar la capacidad de proyección aérea en
toda la zona en disputa. Como consecuencia de la guerra, entre los años 1982 y 1985, se
construyeron las bases militares de Mount Pleasant, a 60 kilómetros de Puerto Argentino, y
de Mare Harbour, predominantemente naval con capacidad para albergar submarinos y
otros barcos. El entonces canciller argentino Dante Caputo (1986) señaló que estas bases
constituían un peligro para la paz regional en el conflicto Este-Oeste.
Durante el gobierno de Raúl Alfonsín (1983-1989), se intentó sin éxito volver a la
situación de los años 1964 y 1965, es decir, cuando Argentina había logrado el
reconocimiento internacional con la Resolución 2065 (XX) de Naciones Unidas, a posteriori
de una pormenorizada presentación de soberanía ante la ONU, en septiembre de 1964,
durante el gobierno de Illia.
Por entonces, la posición de la Cancillería argentina consistía en que los avances
“prácticos” de los años anteriores a la guerra no habían arrojado resultados positivos,
motivo por el cual, la discusión de la soberanía debía anteceder a cualquier acuerdo. Sin
embargo, durante el gobierno alfonsinista, Gran Bretaña amplió su ocupación en Malvinas
en la construcción de la base militar de Monte Agradable, a 55 kilómetros de Puerto
Argentino. Además, en 1986 trazó una zona de exclusión para la pesca y la exploración de
hidrocarburos, entre otras acciones que apuntaron a controlar la zona y la población. Uriel
Elrich (2015) destaca, entre otras cuestiones, la elaboración de una “Constitución” en 1985
que, por primera vez, reconocía derechos ciudadanos a los isleños. En esa misma
dirección, Pastorino, Álvarez y Rosa (2015) señalan que esa Constitución (reformada en
1997 y 2008) tuvo por objeto asegurar el control político, social y económico del Reino
Unido sobre el territorio usurpado con el único fin de mantener la ocupación del enclave
colonial.
Durante las presidencias de Carlos Menem (1989-1999), la política sobre Malvinas
retomó la figura del “paraguas de soberanía”. En el contexto político mundial de
globalización neoliberal, luego de la caída del bloque socialista, Argentina, y América Latina
en general, con la sola excepción de Cuba, se posicionaronar de forma subordinadamente
con los Estados Unidos, priorizando el consenso con los países centrales. En lo singular, el
reclamo por Malvinas quedaría asociado a una épica de grandes relatos “ideológicos” ahora
abandonados por las promesas del “fin de la historia” (Fukuyama, 1992). Incluso,
indirectamente, vinculado a una violencia política como exacerbación del conflicto,
abandonada a otros tiempos y otras narrativas; por lo que Malvinas se volvió a tallar desde
el punto de vista de los “acercamientos prácticos”, y se dejó nuevamente de lado la
discusión del tema de fondo: la soberanía sobre el territorio de las islas y el Atlántico Sur, el
avance de la militarización y la explotación de sus recursos.
En ese marco, en 1989 y 1990 se firmaron los “Acuerdos de Madrid”, que se
basaron en los objetivos de la denominada “política de seducción” por parte del gobierno de
Menem. La Cuestión Malvinas ya no se discutía entre Argentina y Gran Bretaña, como lo
reclama la Resolución 2065 (XX), sino que sumaba un nuevo actor, de interes fundamental

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del país ocupante: los isleños. Se saba así entidad a los históricos argumentos británicos,
es decir, al principio de libre determinación: actuar hipotéticamente según los deseos de los
isleños y dejar en segundo plano la integración territorial, que era el verdadero tema de
fondo: el territorio usurpado. A través de esta política se buscó la cercanía con los isleños,
con la consigna difusa de que una “cooperación” durante 50 años traería como
consecuencia la soberanía (Erlich, 2015). En lo práctico, se obtuvo el cese de las
hostilidades, la restauración de consulados y embajadas luego de la guerra y el
restablecimiento de comunicaciones aéreas y marítimas. También, la posibilidad de que los
familiares de los caídos en Malvinas pudieran visitar las islas, y una serie de acuerdos de
pesca e hidrocarburos que incluían la apertura de licitaciones para exploración de recursos.
Estos tratados no hicieron otra cosa que reconocer la arbitrariedad e ilegalidad
británica, en relación con lo que ya, de hecho, ocurría en cuanto a la explotación de los
recursos naturales, a contramano de los foros internacionales que prohibían estos actos
hasta tanto no se solucionara la controversia por la soberanía. Argentina convalidaba así la
posición británica, que desoía la propia Resolución 31/49 de Naciones Unidas en cuanto a
no innovar en materia de recursos naturales.

Malvinas y la idea de unidad latinoamericana
Iniciado el Siglo XXI, y en la medida en que buena parte de Nuestra América ensayó
distintos modos de salida del neoliberalismo, necesariamente lo que asomó fue la dimensión
histórica de las luchas políticas vinculadas a la emancipación del continente, elemento que
permitió otorgar integralidad a la historia; romper con su carácter fragmentario; articular
hechos políticos, matriz económica, actores relevantes; por ende, desarmar historias
disociadas para recuperar la capacidad crítica sobre un conjunto de hitos íntimamente
vinculados. Con ello distintos ensayos sobre integración latinoamericana que se acercaban
al otrora ideario de Unidad continental y/o regional. Durante las presidencias de Néstor
Kirchner (2003-2007) y de Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), se buscó dar vuelta
la política de los años setenta y noventa en cuanto al reclamo por Malvinas: debía ponerse
por delante el reclamo de soberanía y no los acuerdos políticos y económicos. De ese
modo, Malvinas entró en la órbita de una política exterior de “firmeza” bilateral (Erlich,
2015), que buscó ampliar apoyos internacionales, haciendo base en una nueva
institucionalidad continental. Esto instaló a la contienda como una causa de carácter
regional, considerando que la posibilidad de recuperar las islas dependería de profundizar
esta perspectiva y de sostenerla en el tiempo. En paralelo, resultaba indispensable
desarmar la política de “seducción” hacia los isleños planteada por el menemismo, que
quitaba del centro de la escena el carácter territorial de la disputa. Se debía volver a
colocar la misma exclusivamente entre los gobiernos de la Argentina y Gran Bretaña, tal
como lo planteaba Naciones Unidas.
En este período, se puso el centro en la persistencia de la denuncia sobre
depredación de recursos naturales y militarización del Atlántico Sur. Así se denunció que,
después de la guerra, Gran Bretaña había construido la mayor base militar de la OTAN en
el Atlántico Sur. Fue entonces que un conjunto de sanciones por parte de la Argentina –y
respaldadas por organismos como el Mercosur, la UNASUR o la CELAC– pusieron el foco
en limitar la explotación de los recursos naturales en la zona del conflicto por parte de la
potencia colonial y de otros países, e incluso de empresas multinacionales adjudicatarias
de licencias comerciales.
El surgimiento de organismos regionales y globales, como la UNASUR, la CELAC, el
ALBA y el G-77+China, buscó revitalizar espacios multilaterales caducos que habían sido
captados por las hegemonías de las potencias (Lewit, 2015). Se intentó entonces canalizar
salidas políticas y económicas soberanas para una región que buscaría su posicionamiento

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global, pero sin abandonar históricas instituciones multilaterales como Naciones Unidas o la
OEA. Para América Latina, nociones como las de “posneoliberalismo” (Wainer, 2015a) y
“remalvinización” presentan una fuerte asociación. En ambos términos aparece con fuerza la
dimensión de lo regional gravitando, en tanto caracterización de una época: la salida de las
crisis neoliberales en la región y el lugar que ocupó la causa Malvinas en Argentina en
tiempos de kirchnerismo (2003-2015) reclamaron necesariamente una nueva arquitectura
institucional latinoamericana (Wainer, 2020).
En lo que se conoció como el “ciclo progresista”, un conjunto de dirigentes políticos
conformó discursos y programas alternativos al neoliberalismo y ensayó un diagnóstico de
época con fuertes coincidencias en cuanto a la idea de unidad –regional– a la hora de
pensar políticas que pusieran en centro la cuestión de la soberanía (Klachko y Arkonada,
2016). Desde 2005, el “No al ALCA” (Karg y Lewit, 2015) se transformará –entre otras
cosas– en el hecho que posibilitaría finalmente la creación de la UNASUR y luego de la
CELAC. Estos constituyen ensayos que buscan romper con los tradicionales modos de
integración –fungidos a partir de la división internacional del trabajo y del lugar de nuestras
economías como proveedoras de productos de bajo valor agregado– y bajo la premisa de
reponer la discusión sobre el desarrollo34.
Es de destacar que en dicho ciclo, en relación con Malvinas, se han pronunciado,
aunque de distinto modo, Naciones Unidas, la OEA, el Mercosur, la UNASUR, la CELAC, las
distintas Cumbres Iberoamericanas, la OLADE, la Cumbre de América Latina y el Caribe de
Integración y Desarrollo, el Grupo de Río, la Reunión de Presidentes de América del Sur, el
G-77+China, la Cumbre América del Sur-Países Árabes, la Cumbre América del Sur-África,
la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur, el Movimiento de Países No Alineados, la
Comunidad del Caribe, el ALBA, el Sistema de la Integración Centroamericana y el
Parlacen.
La UNASUR y la CELAC impulsaron grandes debates sobre cuestiones sustanciales
como, por ejemplo, la defensa de las democracias, a sabiendas de su fragilidad en cuanto
estas afecten los intereses de las elites políticas y económicas -así aparece, inclusive, en la
“Declaración Especial sobre la Defensa de la Democracia y el Orden Constitucional”
(CELAC, 2011). Incluso sobre el rol que la región debía ocupar en un naciente mundo de
características multipolares y de múltiples esquemas de integración; junto al debate sobre
cómo se relacionaría la región con China en los próximos años en materia de infraestructura
y explotación de recursos naturales (Wainer, 2020). Otro de los puntos salientes consistió en
cómo crear una nueva arquitectura financiera, a los efectos de protegerse de los fondos
especulativos, así como ponerle un límite a la hegemonía del capital financiero, para abrir
paso a la inversión productiva (Landa, 2015); en consecuencia, el inicio de las dificultosas
negociaciones para la creación del Banco del Sur.
Importante fue el rol de la UNASUR en la búsqueda por convertir los recursos
naturales en el “eje central” a partir del cual pensar el esquema de integración, relacionado
con la necesidad de diagramar una política común de defensa, a través del Consejo de
Defensa de UNASUR (en tiempos de una denunciada injerencia de los Estados Unidos en
Bolivia) (Tellerías, 2023). También el de la CELAC, en cuanto a las críticas hacia los
mecanismos tradicionales de “integración”, como el TIAR o la OEA, en pos de buscar
desmilitarizar la región. En ese sentido, recordemos las más de ochenta bases militares con
las que cuenta el subcontinente y el conflicto que en estos organismos se suscitó, por
ejemplo, frente a la instalación de las siete bases militares norteamericanas en Colombia en

34 En el mismo año de creación de la CELAC, y como contrapeso a estos nuevos
modos de integración sin Estados Unidos, la potencia del norte promovió la Alianza
del Pacífico, en tanto modelo de lo que pretendía ser el ALCA, integrado por México,
Chile, Colombia y Perú, países con acuerdos de libre comercio con Estados Unidos.
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2009. Los otros temas salientes fueron la protección de los recursos naturales, a la vez que
consagrar a América Latina como zona de paz. Así fue la iniciativa de Rafael Correa en la
Cumbre de las Américas en Panamá (2015) con respecto a conformar el espacio CELACEstados Unidos para “reemplazar” a la OEA: la propuesta era, frente a Estados Unidos,
negociar en bloque.
Entre otros debates, un lugar central lo ocuparon también históricas causas
coloniales como la de Puerto Rico; la incesante condena al bloqueo a Cuba y el rechazo a la
injerencia en Venezuela. En ese contexto, la Cuestión Malvinas, por primera vez, se
convirtió en una causa regional y se puso el foco del conflicto en el saqueo de los recursos
naturales y la militarización del Atlántico Sur. Incluso, se denunció el colonialismo británico
asociado a los intereses norteamericanos en relación con la militarización del Atlántico Sur,
como llave para el ingreso al continente antártico.
El nacimiento de muchos de los organismos mencionados buscó una refundación de
otras instituciones prexistentes, las cuales desde sus bases se presentaban subordinadas a
la política exterior de los Estados Unidos. Así, la CELAC se creó el 23 de febrero de 2010
como una propuesta en medio de la Cumbre de la Unidad de América Latina que se llevó a
cabo en Playa del Carmen, México, y quedó formalmente constituida entre el 2 y 3 de
diciembre de 2011 en la Cumbre de Caracas, Venezuela. Se estableció como heredera del
Grupo de Río y adquirió un claro tinte antiimperialista, hecho que explica que Estados
Unidos y Canadá sean los dos únicos países del continente que no la conformaron. Al
mismo tiempo, la inclusión de Cuba –y la posterior presidencia del organismo en 2014- (que
allanara el camino para el posterior regreso de esta a la VII Cumbre de las Américas en
Panamá en 2015) hicieron de la creación de la CELAC un parteaguas en la historia
continental reciente. Recordemos de qué modo este hecho era resaltado por la prensa
europea:
América comenzó a construir ayer un viejo sueño sin la tutela de los países poderosos, Estados
Unidos y España. Rodeada de la sopa de letras que conforman las múltiples organizaciones
latinoamericanas. Pero con la intención unánime de convertir a la recién nacida CELAC en un
foro de 33 naciones para avanzar en la integración de los pueblos, resolver sus conflictos y
promover el desarrollo económico (Lozano, 2011, en Público, Madrid).

En su primera cumbre, la CELAC emitió un comunicado especial sobre las Islas
Malvinas, en el que se planteó:
Las Jefas y los Jefes de Estado y de Gobierno de América Latina y el Caribe (…) reiteran su
más firme respaldo a los legítimos derechos de la República Argentina en la disputa de
soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y los espacios
marítimos circundantes, y el permanente interés de los países de la región en que los
Gobiernos de la República Argentina y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte
reanuden las negociaciones a fin de encontrar, a la mayor brevedad posible, una solución
pacífica y definitiva a dicha disputa, de conformidad con los pronunciamientos pertinentes de la
Organización de las Naciones Unidas (ONU) y de la Organización de los Estados Americanos
(OEA), tal como lo han manifestado en las anteriores Declaraciones del Grupo Río y de la
Cumbre de América Latina y el Caribe (CALC), en particular la de la Cumbre de la Unidad,
celebrada en la Riviera Maya, México, el 23 de febrero de 2010, que integran el acervo
histórico de la CELAC (…) reiteran la importancia de observar lo dispuesto por la Resolución
31/49 de la Asamblea General de las Naciones Unidas que insta a las dos partes a que se
abstengan de adoptar decisiones que entrañen la introducción de modificaciones unilaterales
en la situación mientras las Islas estén atravesando por el proceso recomendado por la
Asamblea General (…) Destacan la permanente actitud constructiva y disposición del Gobierno
argentino para alcanzar, por la vía de las negociaciones, una solución pacífica y definitiva a

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esta anacrónica situación colonial en suelo americano.

El reclamo en torno a la Cuestión Malvinas fue mutando de causa nacional a causa
común latinoamericana y persistió en la II Cumbre que se llevó a cabo en La Habana, Cuba,
en la que se formuló una nueva declaración sobre las Islas Malvinas. En esta como en otras,
aparece con mucha precisión e insistencia la cuestión de la explotación ilegal de los
recursos naturales (R. 31/49), en tanto recursos a ser protegidos por las instituciones
latinoamericanas.
(…) reiteran la importancia de observar lo dispuesto por la Resolución 31/49 de la Asamblea
General de las Naciones Unidas, que insta a las dos partes a que se abstengan de adoptar
decisiones que entrañen la introducción de modificaciones unilaterales en la situación mientras
las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes
estén atravesando por el proceso recomendado por la Asamblea General (CELAC, 2014).

Se reiteran, en los distintos comunicados, dimensiones sobre las que estas
instancias regionales venían colocando el foco en términos generales: la protección de los
recursos naturales del subcontinente y la denuncia del avance de la militarización, dos
cuestiones clave a la hora de plantear el reclamo específico por Malvinas. En relación con
América del Sur, el anhelo más importante tuvo como objeto trazar los puentes para que las
estructuras institucionales de integración económica y políticas preexistentes –la
Comunidad Andina de Naciones y el Mercosur– encontraran nuevas formas de diálogo y
acercamiento para concretar la creación de un nuevo máximo organismo regional.
La UNASUR –desde su propuesta en la III Cumbre Sudamericana que se llevó a
cabo en Cusco, Perú, en 2004 hasta su constitución definitiva con la firma del Tratado
Constitutivo de 2008, firmado en Brasilia, Brasil, y que entró en plena vigencia a partir del
11 de marzo de 2011– intentó consolidarse como la máxima instancia regional, y luego de
obtener un lugar como observador permanente ante Naciones Unidas, también anheló
profundizar la postura común de los países en torno a la Cuestión Malvinas (Wainer, 2020).
En términos generales, el proceso de consolidación de UNASUR fue más complejo
y profundo que el de CELAC, pues más que un foro, el bloque se planteó el propósito de
una integración con fines no solo económicos y sociales, sino también geopolíticos. Ello se
torna visible al observar la consolidación de espacios de diálogo a escala ministerial dentro
del organismo, donde, por ejemplo, la Cuestión Malvinas se ha priorizado en la agenda de
la política exterior de los distintos países a través de constantes pronunciamientos. En la
declaración firmada en Lima, Perú, el bloque se pronunció no solo a favor de la necesidad
de un diálogo constructivo y urgente entre las dos partes, sino que también expresó,
unánimemente, su rechazo al llamado a referéndum por parte de las autoridades coloniales
de las islas para determinar su futuro:
Los Estados miembros de la UNASUR destacan que la Asamblea General de las Naciones
Unidas, en el año 1965, rechazó por amplia mayoría la incorporación del principio de libre
determinación a la resolución relativa a la Cuestión de las Islas Malvinas.
Los Estados miembros de la UNASUR reiteran su firme respaldo a los legítimos derechos de la
República Argentina en la disputa de Soberanía con el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda
del Norte sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios
marítimos circundantes y ratifican el permanente interés regional en que el Reino Unido se
avenga a reanudar las negociaciones con la República Argentina a fin de encontrar –a la mayor
brevedad posible– una solución pacífica y definitiva a esa disputa, de conformidad con los
lineamientos de la comunidad internacional y las resoluciones y declaraciones pertinentes de la

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Organización de las Naciones Unidas (ONU) y de la Organización de los Estados Americanos
(OEA) (UNASUR, 2012).

A estas declaraciones se sumaron aquellas realizadas durante las cumbres
ordinarias y extraordinarias que se desarrollaron en Los Cardales, Argentina (4 de mayo de
2010), Georgetown, Guyana (26 de noviembre de 2010), Bogotá, Colombia (11 de junio de
2012) y Asunción, Paraguay (17 de marzo de 2012). Debemos destacar el pronunciamiento
que se había dado en el marco de la III Cumbre de Jefes y Jefas de Estado llevada a cabo
en Quito, Ecuador (10 de agosto de 2009), sede permanente del máximo organismo. Allí, se
enfatizó –a tono con la otrora Resolución 3160 de 1973 (ONU, 1973)– la permanente actitud
constructiva y la disposición del gobierno argentino para alcanzar, por la vía de las
negociaciones, una solución definitiva a esta anacrónica situación colonial en suelo
americano.
Breves consideraciones finales
Si bien este trabajo analiza la relación entre Malvinas y democracia hasta el gobierno
argentino de Cristina Fernández de Kirchner, lo hacemos en una perspectiva de indagar
sobre la cuestión Malvinas tras el retorno de la democracia, con el trasfondo determinante
del período 1965-1983 y la expansión de la estrategia británica. Al momento han pasado 40
años del retorno de la democracia y 41 años de la guerra de Malvinas. Se han ensayado
varias formas de abordar –con distinto énfasis y moderado éxito- el conflicto de soberanía.
Los balances están a la vista en torno a la actuado y en relación a sus resultados. Por todo
ello resulta imprescindible considerar Malvinas a partir de tres premisas ordenadoras:
América Latina y Argentina no pueden pensar su desarrollo económico sin elaborar una
política de defensa integral de sus recursos marítimos; es necesario retomar una agenda
regional que logre ejercer presión sobre el Atlántico Sur, con Argentina, Brasil y los países
de África en el centro del debate. Y urge retomar, al mismo tiempo, una agenda de
investigación sobre nuestro océano, es decir, volver a invertir con decisión en nuestro
Océano Atlántico, tanto como impedir que nuestro país ofrezca información sensible sobre
su plataforma continental tanto como logística a la/s potencia/s agresora/s.

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El compromiso en la investigación y en las experiencias de
economía social y economía popular35
Malena Victoria Hopp
DEPARTAMENTO DE ECONOMÍA SOCIAL, COOPERATIVISMO Y AUTOGESTIÓN (DESCA)

Presentación
La experiencia compartida en el encuentro Investigar en común se desarrolló en el
marco del Departamento de Economía Social, Cooperativismo y Autogestión (DESCA) del
Centro Cultural de la Cooperación. Se trata de una línea de trabajo que se articula con mi
labor como investigadora del CONICET en el Instituto de Investigaciones Gino Germani, de
la Universidad de Buenos Aires.
El propósito de esta línea de trabajo es analizar los términos y principios a partir de
los cuales se define la disputa político-cultural por el sentido de la economía social y la
economía popular; y las formas de intervención que proponen las políticas que tienen como
objetivo promoverla en Argentina. A partir de ello, buscamos aportar a la producción de
conocimiento sobre el rol de la política pública en la construcción de estas economías y en
la sostenibilidad del trabajo asociativo, cooperativo y autogestionado, considerando las
posibilidades, tensiones y límites de las experiencias laborales promovidas.
En los sucesivos proyectos anuales en el marco del Centro Cultural de la
Cooperación conté con el apoyo y en muchas ocasiones trabajé junto con Valeria
Mutuberría Lazarini, coordinadora del DESCA, también con otras compañeras del área de
estudios sociológicos y del espacio de géneros, y con otres investigadores del campo de la
economía popular, social y solidaria. También me vinculé de distas formas y en diferentes
espacios con personas que participan del proceso de implementación de las políticas de
promoción de la economía social y la economía popular, especialmente del Ministerio de
Desarrollo Social de la Nación, de municipios del conurbano bonaerense y del Instituto
Nacional de Asociativismo y Economía Social /INAES): trabajadores/as de emprendimientos
asociativos, de cooperativas, de la economía popular, referentes/as e integrantes de
organizaciones de representación del sector, funcionaries, técnicos/as de distintos
programas y operadores/as territoriales.
En distintos proyectos realicé entrevistas, encuestas, observé el desarrollo cotidiano
del trabajo en estas organizaciones, acompañé y colaboré en la solicitud de recursos
provenientes de las políticas que son objeto de estudio de mis investigaciones, participé en
reuniones, tuve charlas informales y participé de múltiples actividades públicas académicas,
de capacitación y de extensión (congresos, encuentros, talleres, conversatorios,
presentaciones de libros, entre otras). A lo largo de estos años también fui entrevistada por
tesistas, investigadores e intercambié perspectivas sobre la promoción de estas economías
con personas ligadas a la gestión de políticas. Allí también, por qué no decirlo, hice
entrañables amistades y encontré enormes compañeres de lucha por la construcción de

35 Trabajo presentado en el encuentro Investigar en Común, 12 de abril de 2023,
Centro Cultural de la Cooperación.
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“otra economía”, de un trabajo cooperativo, autogestionado y sin explotación para una
sociedad más igualitaria, solidaria y justa.
En todos estos ámbitos -académicos, sociales, políticos, estatales y en las propias
experiencias de trabajo en la economía social y popular- que transité a lo largo de mis
investigaciones, el compromiso apareció como un elemento fundamental. En esta
presentación busco reflexionar sobre la noción de compromiso, sus sentidos y la centralidad
que tiene en la investigación y en las experiencias de economía social y de economía
popular. Lo hago a partir de la narración de algunas imágenes y sucesos que permiten dar
cuenta de cómo el compromiso atraviesa la experiencia de investigación. En sus múltiples
manifestaciones, éste emerge como un vector de construcción de lazos de reciprocidad,
portadores de un potencial de fortalecimiento del sector y, con ello, de la disputa por el
reconocimiento de sus especificidades, necesidades y demandas frente a la política pública.

I.
En mayo de 2022, en el marco de proyectos financiados por la Agencia Nacional de
Promoción Científica36, realizamos grupos focales con distintos grupos de trabajadores/as,
dos de ellos de la economía social y la economía popular. El primer desafío con el que nos
encontramos en el desarrollo de este trabajo de campo fue el reclutamiento de participantes,
es decir cómo lograr que personas asociadas a cooperativas u otras experiencias de trabajo
que podamos reconocer como parte de la economía social y de la economía popular, se
acercaran a nuestro lugar de trabajo, situado en una zona céntrica de la Ciudad de Buenos
Aires, y dispusieran de dos horas para conversar sobre sus preocupaciones como
habitantes de la Argentina, sobre el trabajo, el Estado y las políticas sociales.
Para ello, era necesario definir el perfil de las personas participantes, considerando
que la conformación del grupo fuera heterogénea en cuanto a edades, género, sector de
actividad y otras variables que nos parecían relevantes para nuestra investigación. Si bien
buscábamos esa diversidad de experiencias en la conformación del grupo de discusión, al
mismo tiempo, les participantes debían ser lo suficientemente próximos para poder dialogar
y discutir sobre los temas propuestos, cuidando de que ello no pueda suponer una situación
de lo que Bourdieu define como violencia simbólica.
Esto nos planteaba una primera cuestión metodológica a resolver antes de iniciar el
reclutamiento: definir si realizábamos un grupo conformado por una proporción igualitaria de
trabajadores/as identificados con las categorías de economía social y economía popular, a
fin de poder dar cuenta de la heterogeneidad de experiencias que conforman el sector y de
los debates dentro del campo, o si, dadas las diferencias de perspectivas, enfoques y tipo de
trabajos que reconocemos como parte de estas economías, sería más rico y pertinente
distinguir dos grupos, suponiendo así una mayor homogeneidad que favoreciera el
despliegue de las perspectivas y experiencias específicas, para luego, poder comparar las
discusiones que se dieran en cada grupo focal. Además, debíamos considerar la factibilidad
de la decisión metodológica que tomáramos.

36 PICT 2017-780 “Política Social y disputas político-culturales. Continuidades y
rupturas en los modos de problematización de las relaciones entre trabajo,
condiciones de vida y política social en Argentina (2015-2020)” y PICT 2019-00143
“Promoción y sentidos de la economía social y la economía popular. Rupturas y
continuidades en las políticas sociales en Argentina (2015-2020)”.
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Luego de consultar distintas voces de colegas especialistas del campo de la
economía social y popular y del campo de las políticas sociales, intentamos realizar un solo
grupo mixto. Pensábamos que de esa manera, no sólo se podría obtener un material
empírico rico para analizar nuestro problema de investigación y las controversias que se
desplegaran sino que sería una interesante vía para resaltar en el mismo proceso de
investigación, los aspectos en común de estas economías37 (que muchas veces se han
presentado como visiones contrapuestas o enfrentadas) y, a partir de ello, pensar la relación
del sector en su conjunto con la política social y el trabajo.
Esta opción por focalizarnos en la unidad del sector con la heterogeneidad que
caracteriza a estas economías también daba cuenta del propio posicionamiento dentro del
campo. No debemos olvidar que nosotres como investigadores, con nuestras voces
legitimadas por nuestra formación y expertise, también contribuimos a construir y
disputamos la visión legítima de nuestros objetos de estudio. En este caso de la economía
social, la economía popular y su reconocimiento, tanto como la construcción de las
problemáticas que atañen a este sector y las estrategias adecuadas para abordarlas.
Siguiendo a Bourdieu (2006) la objetivación participante implica, justamente, poder dar
cuenta del mundo social que hemos hecho y que hacen las ciencias sociales consciente o
inconscientemente, ese mundo y esa posición que comprometemos en nuestra práctica de
investigación, nuestra posición particular dentro del microcosmos de la investigación en
economía social y popular.
Bajo esta premisa le pedí a una compañera del Centro Cultural de la Cooperación
contactos de personas que pudieran estar interesadas en participar de un grupo focal. Me
sugirió y pasó los teléfonos de varias/os integrantes de cooperativas y empresas
recuperadas de los rubros gráfica, carpintería, software y textil. Paralelamente comencé a
llamar a otres colegas con quienes había compartido instancias de investigación, más
ligados a las organizaciones de economía popular. También contacté directamente a una
referenta de una organización de vendedores ambulantes con la que ya había trabajado
previamente y a una cooperativa de comercialización de la cual soy clienta.
La fecha estipulada para realizar el grupo de discusión, en mayo de 2022, se
acercaba y no lográbamos convocar a las personas necesarias. En realidad, teníamos la
cantidad suficiente, pero no la conformación esperada. Les trabajadores de la economía
social que contactamos nos habían confirmado la participación, pero no lográbamos
convocar a suficientes trabajadores/as de distintas ramas de actividad de la economía
popular. Teníamos confirmada una trabajadora de un comedor socio-comunitario, un
vendedor ambulante38 y varies cooperativistas, uno de ellos de una cooperativa de software.
Si bien podríamos haberlo realizado comenzamos a dudar acerca de cómo podría funcionar
la dinámica de discusión grupal con las distancias sociales y de experiencias de trabajo que

37 El libro editado por la Cooperativa Huavití (2022). Por un futuro en común.
Diálogos sobre economía cooperativa, popular, social y solidaria, es un antecedente
interesante en esta búsqueda de un horizonte común en términos sociales,
productivos, políticos y de demandas, también respecto de la co-construcción de
políticas públicas capaces de reconocer y fortalecer el sector en su conjunto. La
Jornada “Hacia lo común. Cruces entre la economía social y solidaria, y la economía
popular”, organizada por el INAES y el Instituto del Conurbano de la Universidad
Nacional de General Sarmiento (ICO-UNGS), en diciembre de 2022, fue una
actividad en la misma dirección.
38 Descartamos el contacto de otro vendedor ambulante senegalés debido a las
posibles dificultades del idioma y de la experiencia respecto de las políticas sociales
nacionales que pudieran obstaculizar la participación.
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veíamos entre les participantes, también nos preguntamos en qué medida la idea previa
sobre la importancia de “juntar” economía social y economía popular era factible en esta
práctica concreta de grupos de discusión. Además, les trabajadores de la economía popular,
con menores capitales, principalmente cultural y simbólico, serían una minoría dentro del
grupo. Temíamos que alguna de las voces y miradas sobre los temas que propondríamos no
pudieran expresarse plenamente. Esto nos llevó finalmente a optar por desdoblar los grupos
y seguir buscando trabajadores/as de la economía popular a través de otres compañeres
ligados a sus organizaciones que pudieran facilitarnos el acceso.
Las peripecias del reclutamiento y las decisiones metodológicas que fuimos tomando
entre nuestras concepciones teóricas y políticas, entre lo deseable y lo posible, dan cuenta
de algunas de las características del sector y también de debates implícitos dentro del
campo de la economía social y popular. También permiten reflexionar sobre cómo se puso
en juego el compromiso en distintas formas: en los contactos previos con les referentes que
habilitaron el acceso a las personas que formaron parte de los grupos focales hablan del
propio compromiso con los procesos que estudiamos y de los vínculos de confianza que se
fueron forjando en experiencias de investigación previas y espacios de trabajo, discusión e
intercambio compartidos. Muestran también los vínculos y el compromiso de las personas
que aceptaron la invitación con aquellas personas que nos habían puesto en contacto.
También deja entrever un acuerdo tácito de la relevancia y la necesidad de incluir las voces
de estos/as trabajadores/as, mostrar a través de ellas sus experiencias laborales y
organizativas y así darles visibilidad. En nuestro caso, también fue importante tomar en serio
la posibilidad de aprender de otres y considerar las implicancias de este proceso en los
textos que luego produciríamos39.
Siguiendo el itinerario de los compromisos que se pusieron en juego se puede
observar un modo de construcción de lazos de reciprocidad, portadores de un potencial de
fortalecimiento del sector a partir de la instancia de diálogo y encuentro que se daría en el
grupo de discusión, tanto como de la posterior producción y circulación del conocimiento
producido sobre estas experiencias.

II.
¿Cuáles fueron las motivaciones de las personas que se acercaron a conversar y ser
parte de nuestra investigación? ¿Qué “se llevaron” de la experiencia de participar en el
grupo de discusión?
Todes les trabajadores/as de nuestros grupos focales formaban parte de una
organización social o cooperativa. Elles debieron salir de sus rutinas laborales, viajar hasta
nuestro lugar de trabajo y dedicar su tiempo para conversar con nosotres. En varios casos la
situación económica de sus unidades productivas era compleja, les trabajadores de la
economía popular suelen vivir al día. Muches percibían el Programa Potenciar Trabajo como
complemento de sus ingresos. Podemos suponer, entonces, que no les resultaba sencillo
dejar el trabajo para hacer otra actividad.

39 Padawer (2022) propone una interesante reflexión sobre lo que implica aprender
de los otros para la antropología que más allá del trabajo etnográfico nos da pistas
para pensar estas cuestiones en el campo de estudios de la economía social y
popular y en mis propias investigaciones que han incluido la observación participante
y el compartir los quehaceres cotidianos de mis interlocutores como una vía para la
comprensión de cómo hacen las cosas y qué sentidos construyen en torno a sus
experiencias laborales y su relación con las políticas sociales.
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Si bien se preveía una compensación económica como forma de reconocimiento del
tiempo que se tomaron para compartir sus experiencias, que fue considerado un elemento
considerado importante por quienes participaron de los grupos de discusión (y una cuestión
que suele ser un tema tabú en las ciencias sociales), esto no parecía ser la única, ni siquiera
la principal razón, de su participación en nuestra investigación. Muchos de elles cuando les
invitamos explicitaron que hubieran participado igual de no existir tal compensación.
Al respecto, una de las participantes agradeció especialmente este apoyo económico
y planteó que a veces, desde la investigación, no se reconoce que esto es trabajo, que es
trabajo colectivo. Explicó los problemas económicos que estaban atravesando, situación que
llevó a compañeres a dejar la cooperativa. Pero no como otras veces que se habían ido
enojados por algún conflicto, sino por la sola imposibilidad de sostener y cubrir necesidades
con ese trabajo. Más allá de la importancia que le asignó a este apoyo económico, también
expresó que les interesaba mucho charlar de estos temas, que son muchos años del
proyecto cooperativo, de cambios, de mucho trabajo y que por eso creen que es importante
dar a conocer su experiencia. Aclara nuevamente que fue una decisión colectiva la de
participar, que les llevó un tiempo de discusión y organización interna antes de definirlo. Los
habíamos invitado a través de un mensaje al whatsapp de la cooperativa, que primero no
respondieron. Luego de más de una semana y al recibir su mail habitual con los recorridos y
días de entrega de productos y además contando varios cambios a partir de la búsqueda de
nuevos trabajadores/as que se sumaran al proyecto, volvimos a insistir a través del siguiente
mail, que respondieron positivamente:
El otro día les mandé un mensajito, no sé si lo vieron, quizás con estos cambios que nos
cuentan y la tarea de entrevistar a nuevos compas para la cooperativa se complicó. Les
escribo nuevamente a ver si pueden/quieren participar de una investigación que estamos
haciendo desde el Grupo de estudios sobre política social y condiciones de trabajo de la UBA.
Además, de clienta de la cooperativa, soy investigadora en temas de trabajo, economía social
y políticas sociales. En ese marco estamos organizando un grupo de discusión conformado
por trabajadores/as de la economía social y popular para conocer su mirada sobre temas de
actualidad, trabajo y políticas públicas. Quería invitar a algún compa de la cooperativa, ¡nos
interesa mucho su experiencia! Ojalá puedan participar.

Rosa40 que fue quien vino al grupo focal, se disculpó y justificó la demora en la
respuesta, diciéndo “Vos entendiste de manera amorosa la demora en responder. Nosotros
sabemos que está mal, que hay que decir quizás, lo estamos pensando, lo estamos viendo,
pero a veces no podemos. Gracias por esa comprensión”. Necesidades, deseos, tiempos,
esperas y posibilidades se pusieron en juego y permitieron finalmente el encuentro.
Muches de les participantes se sorprendieron cuando hablamos del reconocimiento
económico, no lo esperaban. Otro que integra una fábrica recuperada, destacó que para él
el trabajo en la cooperativa es un modo de vida que quiere trasmitir a los demás, a las
nuevas generaciones. En cuanto al reconocimiento económico, planteó que no sería para él,
que quería donarlo a la cooperativa o a otra institución que lo necesitara. En todos los casos
cuando les contactamos o durante el desarrollo del grupo focal, explicitaron que la decisión
de participar y la elección de quién iría al grupo, la habían tomado junto con sus
compañeres, poniendo de relieve esa dedicación, ese tiempo, como parte del proyecto
colectivo y también un modo de toma de decisiones frecuente en estas economías. Por
momentos, esta pertenencia también se ponía en juego explícitamente en sus
intervenciones, aclarando incluso cuando aludían a una visión personal y cuando hablaban
desde la perspectiva de la organización de la que formaban parte. Se puede observar cómo

40 El nombre es ficticio para resguardar la privacidad y el anonimato.
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la participación en el grupo de discusión aparece como parte del compromiso con la
organización de la que forman parte y que este compromiso con el proyecto colectivo,
también se vincula con el propio interés de mostrar, de dar a conocer sus experiencias,
muchas veces invisibilizadas y desvalorizadas.
El instrumento de investigación que elegimos les colocaba en la situación de dialogar
con otres sobre distintos temas, lo cual generó en los dos grupos un espacio de encuentro e
intercambio entre pares en el cual pudieron conocer y compartir experiencias y necesidades
específicas y comunes, aprender de otras experiencias que pudieron resolver dificultades
que elles estaban transitando en ese momento. También expresaron disidencias personales
y colectivas en tanto posicionamientos de las organizaciones de las que forman parte sobre
algunos temas de la coyuntura.
En el grupo de economía social, se dio un gran agradecimiento por la invitación, una
vez finalizado el grupo, querían seguir conversando de algunos de los temas propuestos (y
de otros que les interesaban más). Una de las participantes destacó la posibilidad de tener
este tipo de espacios para conversar e intercambiar, espacios que no forman parte de sus
rutinas cotidianas, que no se dan tan habitualmente, muchas veces, por la falta de tiempo y
por las urgencias del trabajo diario. También se intercambiaron contactos, algunes
“descubrieron” que sus cooperativas formaban parte de la misma federación o del mismo
barrio, aunque no se conocían, otres ya habían tenido vínculos entre las organizaciones
previamente. Algunes plantearon la posibilidad de establecer intercambios comerciales entre
sus cooperativas. En el grupo de economía popular, cuando terminamos, nos sacamos una
foto abrazades.
Si bien podemos considerar esta experiencia de investigación y concretamente al
grupo de discusión como un paréntesis en sus vidas cotidianas y en sus trabajos, se puede
ver como allí también se tejieron relaciones y se fortalecieron vínculos dentro del campo de
la economía social y popular, tanto entre les participantes, como con la universidad que les
convocaba y les escuchaba. Se pusieron en juego, nuevamente, compromisos con las
propias organizaciones y también con el campo académico, o al menos con un supuesto
grupo de investigadores/as e instituciones comprometidas con la construcción de otras
economías. En esos intercambios se construyeron identidades y se trazaron fronteras
simbólicas con otros grupos, se explicitaron coincidencias y diferencias en los proyectos
socioeconómicos y políticos en los que se inscriben sus trabajos.
En un sistema capitalista, donde todo parece encontrarse mercantilizado, haber
podido rastrear estas otras motivaciones, permite colocar en el centro dimensiones,
principios y valores de la vida social, de los vínculos y sociabilidades que resaltan la
especificidad y la potencialidad de estas economías cuya lógica no es la acumulación de
capital, ni su finalidad el lucro, sino la reproducción y la sostenibilidad de la vida.
¿Cuál es el sentido, entonces, de la investigación en economía social y popular?
¿Qué vínculos establecemos con las personas y grupos estudiadas? ¿Cuáles son las
reacciones y respuestas ante los textos que publicamos? Como señalan Rockwell (2009) y
otres autores, el enfoque que utilicemos para investigar nunca es neutral, por el contrario,
supone concepciones implícitas sobre la construcción de representaciones de la vida social
y las prácticas que conocemos a partir del diálogo y la relación con otres. La cercanía
sociopolítica con las personas y grupos con quienes investigamos nos obliga a atender
especialmente a la pregunta que nos plantearon en este encuentro ¿de qué modos lo
político atraviesa/constituye la experiencia de investigación? También a reflexionar sobre
para qué, cómo, para quién/es y con quiénes investigamos. Estas son preguntas centrales
que no deben dejar de plantearse porque se vinculan también con la posibilidad de avanzar
en el reconocimiento de la economía social y la economía popular. También de las formas

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alternativas de producción de conocimiento ligadas a este campo de investigación y de
acción que se alejan de los estándares de productividad dominantes en el campo científico,
y muchas veces, de las representaciones sobre la academia y los saberes expertos que
circulan en las organizaciones del sector.
A nosotres en tanto investigadores comprometides, nos desafía a encontrar las
mejores estrategias de investigación y de escritura que puedan subrayar el potencial de las
experiencias que investigamos y contribuir a visibilizarlas y tornarlas creíbles. Esto no
significa renunciar a analizarlas de forma rigurosa y crítica, por el contrario, tal mirada puede
aportar a fortalecer su desarrollo. ¿Qué es entonces el compromiso en la economía social y
popular? No se trata de una cuestión individual o de voluntarismo, sino de la posibilidad de
forjar un compromiso colectivo para la construcción de otras economías, fundado en el
fortalecimiento de lazos de reciprocidad entre agentes y grupos situados en distintos
espacios y apoyado en condiciones económicas y sociopolíticas que favorezcan su
consolidación.

Referencias bibliográficas
Barrientos, M.; Isaía, W.; Limas, M.; Uranga, W.; Aruguete, N. y Faedi, P. (entrevistadores) (2022).
Por un futuro en común. Diálogos sobre economía cooperativa, popular, social y solidaria,
Buenos Aires: Huvaití Ediciones.
Bourdieu, P. (2006). "La objetivación participante". Apuntes de investigación del CECYP, 10, pp. 87101.
Padawer, A. (2022). “Sobre lo que implica aprender de los otros para la antropología”.
Revista Colombiana de Antropología, vol. 58, pp. 197 – 199.
Rockwell, E. (2009). La experiencia etnográfica. Buenos Aires: Paidós.

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“Se toma el tiempo, se pone al lado tuyo y te dice qué no
entendiste”. Sentidos sobre la escuela secundaria y los
vínculos pedagógicos en las voces de jóvenes con
trayectorias discontinuas
Baichaman, Alan; Kasem, Héctor; Gallo, Maximiliano Héctor; Palazzo, Carola;
Santiago, Lucía y Stoppani, Natalia
DEPARTAMENTO DE EDUCACIÓN

Introducción
El presente trabajo se inscribe en una investigación en curso desarrollada por el
Observatorio de Políticas Educativas del Departamento de Educación del Centro Cultural de
la Cooperación Floreal Gorini. La misma centra su atención en las perspectivas y sentidos
que jóvenes con trayectorias discontinuas (Briscioli, 2017) le otorgan a la escuela
secundaria. Para ello, se han realizado siete entrevistas en profundidad, tomando como
unidad de análisis el trayecto escolar evocado por cada entrevistade, en tanto relato
biográfico de su recorrido por el nivel secundario. Esto implicó indagar sobre las
experiencias escolares, los cambios de institución, la relación con docentes y compañeres,
los vínculos con el/os saber/es, los motivos de las interrupciones, entre otras cuestiones. El
objetivo del texto es presentar algunos de los avances obtenidos a partir del trabajo con
estas entrevistas.
1.

La intención de desentrañar los sentidos y perspectivas que esta población otorga a
la escuela secundaria remite, por un lado, al debate sobre las (reformas a las) escuelas
secundarias, donde adquieren un lugar central los interrogantes vinculados a lo que ciertas
corrientes denominan “fracaso” y “abandono” escolar (Binstock &amp; Cerrutti, 2005), al
desgranamiento de la matrícula en años superiores y la problematización de las trayectorias
escolares y educativas (Briscioli, 2017; Terigi, 2009). Y por el otro, recupera la dirección que
ha tomado parte de las ciencias sociales, en torno a la problematización de los significantes
ligados al concepto de juventud, establecidos y reproducidos por la modernidad capitalista,
los que se han visto desafiados frente al rol protagónico que aquella comenzó a adquirir en
la esfera social y política a mediados del siglo pasado (Vommaro, 2015).
Para el análisis de las entrevistas se construyó una matriz de sistematización, en
función de categorías que abarcan, tanto el contexto de vida (lugar de residencia, familia,
situación laboral, tiempo libre) como la experiencia escolar del nivel inicial, primario y
secundario (recuerdos, cambios de escuela, dificultades presentadas, relación con docentes
y compañeres, autopercepción como estudiante y participación en el centro de estudiantes).
En función de focalizar en la discontinuidad de las trayectorias, se incluyeron los motivos
que explican la mencionada interrupción según la mirada de las personas entrevistadas
(descripción del proceso, posición de la escuela y las familias o personas cercanas, como
también la motivación para el retorno). Para finalizar, se consideró la percepción sobre la
escuela secundaria en términos generales (motivos de abandono de las poblaciones
jóvenes, posibles acciones desde las escuelas y opinión sobre la propia entidad
institucional).
Las entrevistas fueron realizadas a finales del año 2022 a una población
seleccionada en función de tres criterios. En primer lugar, que el tránsito por la escuela
secundaria hubiera transcurrido a posteriori de la sanción de la Ley de Educación Nacional

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N° 26.206, a partir de la cual se establece la obligatoriedad del nivel. En segundo lugar, que
le entrevistade hubiera tenido alguna discontinuidad en su trayectoria escolar y, por último,
que fueran residentes de la región del AMBA.
Del total, cuatro personas residían y cursaron sus estudios secundarios en CABA,
mientras que dos, los hicieron en el conurbano bonaerense. La restante, los hizo en ambas
localidades. La repitencia, resulta un rasgo presente en cinco de les siete entrevistades,
dado que tres la registran en el nivel primario, de les cuales, une también en el nivel
secundario. Les otres dos, también lo manifiestan en este nivel, en dos ocasiones cada une.
También es considerable la cantidad de cambios de escuela secundaria que se
mencionan. Tres del total, lo presentan en cuatro ocasiones y otres dos entrevistades en
tres oportunidades. Solamente une atravesó los tres niveles en una misma institución.
En el análisis aparece, además, la pandemia como una de las causas que contribuyó
a la interrupción del trayecto escolar. Esto se registró en tres del total: en dos emerge con
mayor fuerza, mientras que en el restante, aparece como un aspecto que complejizó aún
más la situación personal. Si bien resulta de interés, la presente investigación abarca
temporalmente un período mayor y, por ende, también a quienes han interrumpido sus
trayectos previo a la irrupción del COVID.
El análisis en esta primera fase de investigación se focaliza en el vínculo de les
estudiantes con el saber que es puesto a disposición por la escuela y en la relación con sus
docentes. Centrar la atención en ambas cuestiones, despliega una serie de aspectos que
ofrecen orientaciones en torno al sentido político de la escuela en general y, del nivel
secundario en particular. El enfoque que orienta el trabajo supone que el vínculo pedagógico
en la escuela no es entre dos. Por un lado, porque las situaciones educativas se dan en un
contexto áulico/institucional que implica necesariamente a otres. Por otro lado, ese vínculo
entre sujetos está mediado por un saber que se ofrece como objeto, justamente porque se
trata de sujetos que participan de un proceso de transmisión cultural. Se podría argumentar
que este saber, en cierto modo, otorga sentido y especificidad a ese vínculo, e inscribe a
eses sujetes en el orden de lo común.
En una época en la que prevalecen los debates sobre la escuela secundaria (por
necesarias transformaciones) y las "subjetividades juveniles", este artículo recupera y busca
poner en valor las voces de les protagonistas.

2. De saberes y aprendizajes

Un día nos encontraremos, en otro carnaval.
Tendremos suerte si aprendemos, que no hay ningún rincón,
que no hay ningún atracadero, que pueda disolver en su
escondite, lo que fuimos.
Fernando Cabrera, El tiempo está después

El presente apartado propone abordar el vínculo con los saberes desde la voz de les
jóvenes entrevistades. A continuación se presentan, por un lado, algunas aristas desde las
cuáles analizamos la cuestión de los aprendizajes y los saberes y, por el otro, tres sentidos
asociados al tema que hallamos en las entrevistas.

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En primer lugar, la noción de aprendizaje se fundamenta en una concepción de
escuela cuya función social se sostiene en la distribución de saberes construidos
socialmente. Al respecto Gabriela Diker (2012) afirma que:
La escuela selecciona y codifica un conjunto, en principio disperso, de conocimientos, saberes,
normas y valores que, organizados y dispuestos para cumplir con los requerimientos de la
enseñanza masiva, encuentran en la premisa «común para todos» su punto de articulación.
Dicho de otro modo, el recorte cultural que la escuela (común, básica, elemental) transmite es
significado como común y produce efectos sobre la construcción de una cultura común solo en
tanto y en cuanto se dirige a todos. (p. 148)

En segundo lugar, siguiendo a Graciela Frigerio (2020), entendemos que “educar es
volver disponible para los otros, lo que se sabe y lo que se ignora”, por ello, al referirse al
aprendizaje, este trabajo recupera una idea de transmisión que hace foco en la distribución
de las herencias y en la disputa por que la misma sea cada vez más justa.
En tercer lugar, sostiene la presente indagación, una pregunta por los efectos de lo
escolar41, en particular, aquellos que impactan sobre la población que queda por fuera de
ciertos parámetros, que es excluida de “a ratos”, como también, incluida parcialmente y que,
en algún momento, puede llegar a obtener el certificado de finalización. Vale mencionar que
esta lectura parte de la idea de que el proyecto de escolarización masiva, a la vez, deja por
fuera, en los márgenes y de diferente modo, a un conjunto de la población. Desde aquí, las
entrevistas buscan profundizar en esta población que es heterogénea. Al decir de Diker
(2012):
En todo caso, la identificación de individuos e incluso de sectores importantes de la población
que no asisten o no asistieron a la escuela solo refuerza uno de los principales efectos sociales
de la escuela: la producción de una población escolarizable, es decir, que tiene en común que
puede y debe ser convertida en población escolar.
Ahora bien, el énfasis en la cuestión de lo común no debe hacernos perder de vista que
también es función de la escuela diferenciar para una sociedad diferenciada, de modo que la
«población escolarizable» está lejos de constituir un conjunto homogéneo. La escolarización
misma introduce en ese universo líneas de diferenciación, de calificación y clasificación de los
sujetos, que se sobreimprimen a los efectos comunes que la escuela, sin dudas, también
produce. (p. 150)

En este marco, interesa particularmente la autopercepción como estudiantes que
tienen les entrevistades. Tal como recupera Baquero de Terigi (2013), “las representaciones
que poseen los alumnos sobre sí mismos, sobre su propia posibilidad de aprender, son una
condición sine qua non para producir aprendizajes” (p. 96). Es decir, no sólo se trata de
indagar sobre los efectos que el propio paso por la institución genera en términos de
población “escolarizable”, sino también en lo que cada quien (en virtud de, por ejemplo, la
influencia de estereotipos sobre las infancias, las juventudes y la escuela) supone sobre sus
capacidades o incompetencias para cumplimentar lo que, paradójicamente, es un derecho
sin condicionalidades. Al respecto, une entrevistade afirma:
Me costó bastante, sobre todo en secundaria. Me costaba engancharme con las materias. Por
un lado, en relación con las materias [...] me costaba bastante el vínculo con los temas
puntuales. [...] No iba muy bien, la verdad. El único año que me fue bien fue el primer año de la
secundaria que no me llevé materias, que tampoco me resultó súper fácil, pero no sé, creo que
todavía no estaba tan desorientada en la vida. Ya después, a partir de 2.° año, me empezó a
costar todo más. Eso, mi vínculo con las materias, fue encontrar el interés en la escuela. No sé,

41 Resulta imprescindible al referirnos a “efectos de lo escolar” sugerir la lectura del clásico texto de Baudelot,
C. y Leclercq, F. (2008) “Los efectos de la educación”.

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como que no tenía mucho interés en la escuela en ese momento. Lo pienso ahora y me
arrepiento bastante. Siento que desperdicié bastantes años de secundaria… (Entrevista F,
énfasis nuestro)

Resulta interesante cómo aparece aquí la noción de tiempo en función de cumplir
con la tarea, ya que, cuando no se aprovecha, parece generar culpa después. Un tiempo
que, a su vez, cambia y que puede percibirse como “productivo” si se cumple con aprobar
las materias en el plazo establecido. Desde allí, cabe el interrogante en torno al modo de
pensar este arrepentimiento, la sensación de desperdicio, como también el reconocer que
algo “costó bastante”, en el marco del goce de un derecho. Una alternativa, es pensarlo
como un asunto individual y de autorresponsabilización, en el marco de mandatos sociales
diversos sobre qué significa ser “buen estudiante”, preceptos meritocráticos e ideas del self
made man. Otra es, por el contrario, problematizarlo como algo que involucra
responsabilidades diversas (de le estudiante, de le docente, de la institución, de la familia),
concurrentes (no da lo mismo la ausencia de ciertos roles, que su presencia) y sobre todo,
condiciones en las que se ejerce el derecho.
En cuarto lugar, entendemos que la educación es un derecho humano, lo cual
implica la obligación del Estado de garantizar las condiciones para que ello sea posible y
una contraparte, les estudiantes. Entonces, este apartado busca analizar los recorridos
escolares de quienes siendo sujetos del derecho a la educación, han visto vulnerada la
efectiva garantía del mismo, impidiéndoseles cumplir con los tiempos previstos,
desarrollando trayectos que no se corresponden con los “teóricos” (Terigi, 2009).
En quinto lugar, optamos por entender la cuestión del aprendizaje como “una
relación con el saber”, es decir, no sólo como la transmisión de un saber sino como “el modo
en que un sujeto se posiciona frente al saber, a sus posibilidades de aprender y de hacer”
(Diker, 2013, p. 227). Este enfoque se preocupa por entender “bajo qué condiciones podría
favorecerse la construcción de nuevas formas con el saber”, a partir de asumir que la
posibilidad de modificar esa relación puede impactar “en la percepción de los chicos sobre sí
mismos, sobre sus historias y sobre sus posibilidades y perspectivas de futuro” (p. 227).
Esto implica, a su vez y retomando a Charlot (en Diker, 2013), un conjunto de relaciones que
un sujeto establece con un objeto, con un contenido de pensamiento, con el lenguaje y con
el tiempo. Les entrevistades evidencian algunas marcas de este modo particular de
vincularse con el saber, que articula la posibilidad de comprender un tema y las condiciones
de aprendizaje. En ambos casos, se trata de reflexiones que surgen de la comparación entre
lo vivenciado en bachilleratos populares, institución en la que retomaron sus estudios a
posteriori, y las experiencias previas en escuelas secundarias comunes.
Cuando recibí el diez en matemática…entendí que había podido llegar a entender el proceso
para llegar el resultado, no es que odiaba la materia, sino no entender eso... (Entrevista F,
énfasis nuestro)
Con matemática, que siempre me la llevaba, tuve una profe que me tuvo un nivel de paciencia
para explicarme cosa por cosa, y no era que no me gustaba la matemática, era que no la
entendía. Se ven cosas que no veía en la secu ni en la primaria, del tiempo y la dedicación para
cada estudiante. Si bien, obvio, es un re laburo el de docente, se puede actuar de otra manera.
(Entrevista E, énfasis nuestro)

En ambas entrevistas, además del entender como rasgo destacado del vínculo con
el saber, también se reconoce un vínculo entre el desagrado y el no dominio. En la
siguiente, se suma un rasgo interesante de esta relación: no se sabe cómo se “hace”, pero
simplemente gusta.
Aparte de sumar y restar y dividir y leer... No sé. Hay un…no sé cómo se llamaba que me
gustaba... Es lo que siempre me acuerdo, que es cuando tenés una oración y tenés que poner
núcleo, sujeto. [...] Eso me gustaba un montón. Es lo que yo me acuerdo. No sé cómo se hace
ahora, pero me gusta… (Entrevista B, énfasis nuestro)

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Es preciso tener en cuenta que las entrevistas realizadas indagan sobre los
aprendizajes construidos en el marco de experiencias educativas pasadas, es decir, apelan
a la memoria, a los recuerdos y los sentires que cada persona evocó al momento de
responder las preguntas. Esto no sólo aparece como una advertencia metodológica, sino
como una posición sobre el aprendizaje: “el pasado no está antes ni atrás, siempre es après
coup. El sentido de la experiencia escolar es siempre extraterritorial y extemporáneo”
(Frigerio, 2013, p. 329). Tal como Diker (2013) recupera: “no todo lo que se enseña se
aprende, porque se aprenden cosas que no se enseñan y también porque algunos
aprendizajes se registran [...] aprés coup, es decir, en diferido, en un tiempo distinto al
tiempo de la enseñanza” (p. 241). Por lo tanto, aquello expresado en las entrevistas está
mediado no sólo por el tiempo que pasó entre las trayectorias escolares y sus momentos de
discontinuidad, sino por un registro de lo aprendido, que conlleva su propia temporalidad.
Unos aprenden con menos tiempo, otros con más tiempo y por ahí lo que me faltó a mí era más
tiempo. No sé. Yo siento que con más tiempo de clase, por ahí voy a aprender más y con un
poquito más de atención hacia mí. Creo que cuando a uno de 1 a 1 le explican algo, lo entiende
bastante mejor que cuando te lo explican de 1 a 50 alumnos. (Entrevista C)
Sí, algo me debe haber quedado de todo y todos esos años. (Entrevista F).

Finalmente, surge del trabajo con las entrevistas la identificación de al menos tres
sentidos asociados a la relación con el saber: cuando se presenta como herramienta para el
mejor desarrollo de la vida por fuera de la escuela, cuando aparece articulado con la
socialización y la vinculación con otras personas, y como aquello que habilita a la
acreditación requerida para cumplimentar el año o nivel.
En el primer sentido, las referencias señalan la posibilidad de que ciertos
aprendizajes sean, de algún modo, fructíferos para la “vida” más allá de la escuela,
entendiendo por ello la adopción de habilidades y saberes para distintas actividades a
realizar en un futuro más o menos próximo. Aquí parece estar en juego, por un lado, cierta
necesidad de adquirir herramientas que no se tienen (y que la escuela puede proveer) para
una parte de la vida en la que, probablemente, se identifican como sujetos más autónomos
que en su presente. Emerge así tanto una relación con la institución escolar que, cuando se
termina, “te deja muy suelto en la vida” en relación a un saber-hacer práctico necesario,
como una idea de futuro que se puede empezar a pensar desde la escuela, sobre todo
cuando aparece el “proyecto de vida”. Al respecto:
O sea, sí aprendí un montón de cosas que tal vez las tomo como más generales, pero no
aprendí nada de cómo vivir. Yo me lancé a vivir solo y no supe cómo administrar el dinero, no
tuve quilombo, pero bueno, las cosas de tener dinero por primera vez y de la nada no saber
administrarlo, de poder comprarse todos los chocolates que uno quiere y no se puede. Pero
nada, te deja muy suelto en la vida. (Entrevista A, énfasis nuestro)
Veía que algunos tenían ya idea de qué hacer en su futuro y yo todavía no tenía nada en ese
momento, entonces decía “no, yo quiero tener o ponerme con el tema del automotor, yo quiero
tener mi taller mecánico”, me decían, y yo digo “pero tienen la misma edad que yo y ya piensan
en un taller mecánico y yo no sé que voy a comer mañana”. O sea, qué le voy a pedir a mi
mamá que cocine mañana y él ya tiene idea de arreglar autos o cosas así… O el otro que tenía
idea de estar en una empresa y trabajar en la computación o fabricar algo, no sé. Y yo no tenía
esas ideas y después dije “cómo puedo hacer yo para pensar mis ideas y tener mi plan de
vida…” Y entonces empecé a meterme en el tema de ver qué me gusta a mí principalmente y
aún no lo descubro, pero cuando lo descubra, lo haré. (Entrevista C, énfasis nuestro)

“¿Para qué me sirve esta materia?” es una pregunta que resuena en alumnes del
secundario. Desde el lugar de docentes, si eliminamos el “me”, es la misma que hacemos
cada vez que diseñamos el plan de la asignatura que tenemos a cargo. De alguna manera,

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en ambos casos hay una pregunta por el sentido de lo que se va a desarrollar: a veces bajo
cierta idea de utilidad “concreta” de los aprendizajes. En algunos casos aparece un sentido
asociado a aprender un saber más allá de si éste puede ser definido como “teórico” o
“práctico” y en otros, lo que orienta son los fines normativamente definidos del nivel escolar
y de la escuela. En estos últimos, que no excluyen otra cantidad posible de relaciones, la
escuela aparece como medio para adquirir herramientas, saberes, nociones, capacidades,
habilidades. Les entrevistades comparten lo siguiente:
Yo calculo que por ahí, o lo hacía porque lo tenía que hacer, pero las clases del colegio eran,
no aburridas, sino que innecesarias para mí, por ejemplo, historia. O sea, te dicen un montón
de cosas de años atrás, está bueno saberlo, obvio, pero tampoco es como que había algo que
te ayude en la vida cotidiana. Qué se yo, a pagar una cuota. Salís del colegio y no tenés idea
de cómo pagar las facturas de luz o cómo conseguir trabajo, cómo hacer un currículum, esas
cosas que son necesarias para la vida, no te lo enseñan ¿entendés?. Y quizás, si enseñan
esas cosas que te van a ayudar constantemente, podes salir del colegio, sea un poco más
informativo, algo que sabes que te va a ayudar y por eso le prestas atención. Qué se yo eso
que a mi me gustaba hacer en lengua y te están explicando eso y está bueno saberlo, obvio,
pero para qué me va a servir cuando salga del colegio. (Entrevista B, énfasis nuestro)
Todo lo que es mecánica y nada me llamaba la atención(...) Como que la mecánica para el día
de mañana te sirve, aunque no trabaje de eso porque no quería trabajar de eso. Pero con tu
auto tenés que más o menos tener un poquito de mano, por así decirlo. Te pasa algo simple,
hay que saber qué hacer, por lo menos. (Entrevista C, énfasis nuestro)

En ambos fragmentos, se observa, en primer lugar, la necesidad de que la escuela
enseñe “algo” que “ayude”, que “sirva” para “la vida cotidiana” o para “el día de mañana”.
Aprendizajes prácticos, útiles, con cierto rasgo administrativo, son señalados como no
ofrecidos por la escuela: pagar una factura, hacer un cv, manejar dinero. En segundo lugar,
se observa otra relación con el aprendizaje, también asociada al desarrollo “de la vida” luego
de la escuela pero en vínculo con el trabajo. En tercer lugar, aparecen referencias a
materias que llaman la atención o gustan, y especialmente en el segundo extracto, en
relación al trabajo. En cuarto lugar, en ambos fragmentos aparece cierta distancia entre
adentro y afuera. Un afuera que recibe personas que salen de una institución y demanda
elementos que el adentro no siempre otorga; y un adentro donde se enseñan cosas que no
siempre tienen relación con ese afuera, pero que entusiasman, interesan o llaman la
atención.
Finalmente, dichas manifestaciones valorativas abren sentidos acerca de la
diferenciación que establecen les estudiantes entre aquello que eligen y lo que no, lo que
descartarían, lo que preservan, lo que les parece más valioso para lo que imaginan vendrá
luego y lo que les parece menos importante, pero valioso bajo otros parámetros. Nos
preguntamos, incluso, si detrás de ese “tener saberes para la vida” no hay una “demanda de
certidumbre”, teniendo en cuenta lo acuciante de su época de estudiantes (“tienen la misma
edad que yo y ya piensan en un taller mecánico y yo no sé que voy a comer mañana”, citada
precedentemente) o la imposibilidad de satisfacer ciertas necesidades (como buscar un
trabajo) identificadas al momento de ser entrevistades.
Si se hilvanan estos últimos cuatro fragmentos de las entrevistas, podemos
identificar que algo propio “de la vida” los atraviesa, cuestión que se vuelve imperiosa
revisitar si asumimos que actualmente la crisis de la escuela aparece casi como un slogan.
Eso propio “de la vida” se observa por un lado, en la identificación de materias que gustan,
pero también en el señalamiento de aquellos temas que la escuela no aborda, y que se
consideran necesarios para trazar el plan de vida. Implican en suma, la posibilidad de
delinear o proyectar un futuro. Al respecto, Frigerio (2020), señala que esos otros y otras
que llegan al encuentro con quienes educan, “llegan con un mundo de historias previas y

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sobre todo con un deseo de otros mundos para historias del después”. Por ello, eso propio
“de la vida”, incluso a partir de la denuncia de su falta, nos permite pensar en la potencia
que aún resiste en la institución escolar.
El segundo sentido que emerge del análisis refiere a la acreditación. Aquí, la relación
con el saber surge ligada al “cumplir”, alrededor de la imagen fundacional de la escuela
moderna, como “máquina potente y eficaz, centro de irradiación de saberes, aparato
clasificador de poblaciones, dispositivo modernizador, edificio público privilegiado, símbolo
de estatalidad, enclave de la cultura letrada” (Pineau, 2013, p. 34). A la vez, esto implica une
estudiante que sabe que debe aprobar en unos tiempos y unas formas preestablecidas: es
un sujeto que cursa, recibe el saber y demuestra lo adquirido en exámenes. La dinámica de
funcionamiento se conoce, así como los roles que cada parte debe cumplir: hay quienes
enseñan y quienes aprenden, se aprueba en el tiempo estipulado bajo cierto formato o se lo
hace luego, en otras condiciones.
Todas por igual me gustaban, por ahí una no me gustaba pero las hacía igual porque siempre
algo nuevo aprendo. Así que me gustaba aprender y aunque me costaba y me parecía re
complicado o no, lo leía igual y lo practicaba hasta que más o menos me salía y lo aprobaba.
(Entrevista C)
Vivía con muchos nervios la llegada del cierre de notas, porque sacaba las notas yo con la
calculadora más o menos como los profes calculaban la nota promedio, eran como cuatro
exámenes claves y tenías que hacer tus notas “siete más siete, dividirlo por tal, multiplicarlo”,
sacar la cuenta así, como te explicaban ellos. Porque explicaban cómo te iban a calificar,
sacaba las cuentas y decías “ay, pero no me cierra”. (Entrevista C)

Se observa en los fragmentos la renombrada referencia al “oficio del alumno” que
Philippe Perrenoud (2006) señala: “Ser alumno y trabajar por ello, es una de las
ocupaciones permanentes más universalmente reconocidas. ¿Hay oficio más reconocido
que aquel que se ejerce por obligación durante casi diez años en la vida?” (p. 10).
Y porque hoy en día sin el secundario es medio imposible todo. Bueno, eso como que fui
armándome de trabajos como por mi cuenta.
Son un montón de años, sí, por eso a veces sé que no tengo posibilidad de muchos otros
trabajos sin un secundario completo. O sea, hace muchos años, por ejemplo, que cuido nenes,
es algo que me gusta, pero a la vez es como, no sé si quiero toda la vida cuidar nenes. Y sé
que para la mayoría de los trabajos sin un título secundario ni te agarran. Y aparte porque me
siento bastante insatisfecha conmigo misma sin poder completar algo tan básico como eso. Es
una de las cosas básicas que uno tiene que terminar en la vida. (Entrevista F, énfasis nuestro)

En este fragmento, la finalidad que establece el proceso es, finalmente, la
certificación que indica que se aprendió y se concluyó. Y reaparece, ahora en vínculo con la
acreditación, la relación con el trabajo que se señaló anteriormente, así como algo del orden
del futuro y necesario para la vida.
Resulta interesante pensar que las entrevistas muestran, sin nombrarlo de este
modo, dos trabajos: el de aprender a ser estudiante y el que se podría obtener si se obtiene
la acreditación. Tal vez lo más potente de esta cuestión sea identificar que en ambos
trabajos se pone en juego un aspecto de la socialización. Como dice Perrenoud (2006),
“ejercer un oficio, tener un trabajo, es una manera de ser reconocido por la sociedad, una
manera de existir dentro de una organización” (p. 12).
El último sentido en torno al saber que se encuentra en las entrevistas es el de
aprender a relacionarse con otras personas y a poder expresarse. Se observan marcas que

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permiten reconocer saberes relativos a la subjetivación y socialización, es decir,
aprendizajes que apuntan a la construcción de sentidos de identidad, la convivencia, la
participación y los lazos que sostienen una vida con otros.
En cuanto a cómo soy yo, la personalidad, mis actitudes, a hablar, a relacionarme con los
demás. Antes era muy tímido y ahora no me callo nunca. (Entrevista C)
Pero la verdad es que no siento que a mí la secundaria me dejó como una gran enseñanza a
nivel académico, no. Como por ahí sí otras cosas, vínculos, afectos. Pero igual sé que yo… en
mi adolescencia tuve como una etapa complicada en mi vida. No es que todo es por culpa de
que las materias son aburridas… Igual creo que hay mucho de eso. Pero yo tenía en ese
momento una relación rara con todo mi contexto, con todo, bastante como desinteresada,
medio del todo. Bueno, me llamaban mucho la atención en la escuela secundaria, donde
estaba como muy rebelde. (Entrevista F, énfasis nuestro)

De la segunda referencia, interesa destacar la disociación que se menciona entre
“nivel académico” y “otras cosas”, de algún modo articulando la enseñanza escolar con “lo
académico” y los vínculos y afectos con algo que no forma parte de esa categoría. Resuena,
por un lado, una expectativa importante: que la escuela enseñe . Pero, por otro lado, la
diferencia establecida lleva a caracterizar lo escolar, como puramente académico o
curricular. Aparece así des-afectado, lo escolar estaría desprovisto de la posibilidad de
provocar conmoción, como si no fuera en sí mismo una relación que conlleva efectos.
Volvemos así a la definición de Diker sobre la relación con el saber, para comprenderlo
como un asunto que no existe sin la interacción entre los sujetos y los objetos.

3. Sobre el vínculo pedagógico

Un amigo me asegura que me aguarda una sorpresa en el
restaurante al que me invita. Voy. La sorpresa es grande. Se trata de Rémi,
el jefe de cocina del lugar. [...] Impresionante con su metro ochenta y su gorro
blanco de chef. Al principio no le reconocía, pero me refrescó la memoria
poniendo ante mis ojos una redacción escrita por él mismo y que yo corregí
veinticinco años antes. 13/20. Tema: «Haced vuestro retrato a los cuarenta
años». Pues bien, el hombre de cuarenta años que está ante mí, sonriente y
vagamente intimidado por la aparición de su viejo profesor, es con toda
exactitud el que el muchacho describía en su redacción: el chef de un
restaurante [...] cuyas cocinas comparaba con la sala de máquinas de un
paquebote en alta mar. El profesor había escrito en rojo que le gustaría
sentarse algún día a la mesa de aquel restaurante...
Daniel Pennac. Mal de escuela
Este apartado se propone indagar en las representaciones que les estudiantes tienen

de sus docentes y cómo recuerdan tales vínculos durante sus tránsitos por el nivel
secundario. En el marco de las entrevistas realizadas, se recuperan y analizan las
respuestas a las preguntas que buscaban profundizar en las características de la
experiencia en la escuela secundaria, en cómo era el vínculo con les profesores u otras
figuras adultas, y en la apelación a recuerdos acerca de algune docente que resultara
significativo.
Al pensar en lo educativo, suelen aparecer imágenes estereotipadas de la relación
entre docentes y estudiantes. Puede emerger una representación autoritaria, en la que une
docente establece activamente las condiciones de aprendizaje de une estudiante que

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pasivamente responde, padece y (con suerte) pergeña. Puede también surgir una imagen
en la que las particularidades de les estudiantes son respetadas (incluso enaltecidas),
promoviendo una acción docente que construye su propuesta a partir de aquéllas. Ambas
imágenes parecieran responder a tradiciones pedagógicas intensamente idealizadas. La
primera se apoya en la potencia de una cultura escolar moderna, disciplinaria y fundacional,
que aún hoy muestra su vigencia simbólica. Y la segunda recupera la respuesta que la
escuela dio a su propio impulso fundacional en el intento por construir una sociedad más
justa. Si bien no podemos desestimar la importancia de los tipos ideales para apuntalar la
imaginación, es importante destacar que estas figuras, en tanto se tratan de
representaciones, son sesgadas y constituyen un recorte de algo que no se deja asir con
tanta facilidad.
Cuando pensamos lo educativo desde la cuestión vincular, se despliegan una serie
de dimensiones que colaboran en caracterizar el sentido político de la escuela en general y
de la educación secundaria en particular. Por tanto, en este apartado nos inclinamos a
reconstruir algunas características de la relación entre estudiantes y docentes en la escuela
secundaria, reconociendo que se trata de rasgos que, al surgir de relatos sobre experiencias
particulares, no pueden aspirar a convertirse en generalizaciones y que, sin embargo, sí
permiten representar una serie de dimensiones en las que vale detenerse (instituciones,
problemáticas, relaciones). Así, por ejemplo, la respuesta de cada estudiante a qué significa
ser un buen docente, no se apoya sólo en la experiencia escolar individual (actual o
pasada). Por el contrario, dicho relato, en tanto repone algo de su posicionamiento, recupera
una larga cadena de representaciones construidas a lo largo de la vida del sujeto en la que
ejercen influencias variadas les adultes, las ideas sobre el futuro, el cine, las amistades, el
club, los sueños, los miedos, el amor, por nombrar solo algunos. Cuestiones que se
inscriben además en la historia particular de la escuela y sus mitos de origen y aparecen,
por ende, formando parte de discursos sociales que circulan en una época determinada.
En este marco, consideramos que el vínculo pedagógico no se da entre individuos,
sino que en tanto sujetos, se encuentran implicades en una trama institucional que es
colectiva y social. En ella se construyen y sostienen una serie de sentidos en torno a la
transmisión, al derecho, a la legitimidad, entre otras cuestiones, que caracterizan en forma
singular la experiencia de quienes habitan cada escuela como estudiantes y como docentes.
A su vez, los vínculos pedagógicos se ven afectados en cada época por los modos en que
se valora lo escolar, se comprende el rol docente y la autoridad adulta, se concibe la
condición juvenil/adolescente, se sostienen ciertas condiciones para el trabajo docente.
Así es que el vínculo entre les estudiantes y sus docentes se vuelve una dimensión
central a la hora de pensar la transmisión. Violeta Núñez (2005) lo entiende como “un
articulador de las generaciones; ya que teje finos hilos (anillos) de confianza, necesarios
entre éstas” (p. 40). Esto recupera dos cuestiones fundamentales. Por un lado, repone el
sentido político de la tarea de enseñar. Y por el otro, en tanto el vínculo educativo no es algo
del orden de lo estable, reconoce lo fugaz como una condición. Se suma a esta
caracterización, la asimetría. Skliar (2017) recuerda la tradición de entender la formación y el
saber como posición de desigualdad (desigualdad de saberes, de edades, de experiencias,
de funciones) a la hora de pensar cómo se construye la mirada pedagógica. Allí vale
destacar que la asimetría, constitutiva del vínculo pedagógico, no remite “a una prerrogativa
infundada o a la imposición arbitraria por parte del adulto, sino a su responsabilidad
ineludible” (Kantor, 2008, p. 70).
En línea con estas concepciones, en el marco de las entrevistas, se apeló a que les
jóvenes identificaran un recuerdo que les permitiera caracterizar el vínculo que tenían con
sus profesores. Les entrevistades destacan positivamente aquellos casos en los que les
docentes ocupan un lugar adulto que no es indiferente. Se detienen especialmente en el

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hecho de que frente a situaciones que les lastiman, ciertes profesorxs no “miran a un
costado”.
Yo tuve quilombo con un compañero y los profesores desde el primer momento marcaron que
eso no estaba bien. Un compañero en el curso, [ya] no estaba con él, me había cambiado de
grupo a un grupo de chicas donde yo me sentía cómodo y cuando se enteró, se paró en el
medio del curso, me gritó "¡Puto!" y yo me puse re mal y ahí, los profesores contuvieron, vieron
la situación e hicieron algo, no es que miraron para un costado. Esto fue en primer año.
(Entrevista A)
Las clases de educación física, siempre me gustaban. Una vuelta que vino un practicante (...)
cuando jugamos a la pelota me agarra y me dice “bueno, ¿te gusta jugar a la pelota? ¿qué
tenes pensado?”. “Me gustaría jugar a la pelota –le digo– en el futuro, ser jugador profesional”.
Sacó un papel, y me dice “¿no me firmas?” Pero no tengo ni firma yo, le digo. “Y… por las
dudas, –me dice– en una de esas te haces famoso y yo digo que te tuve cuando era
practicante”. Y le tuve que firmar, con mi nombre simple. “Ahora –me dice– me lo guardo’ y se
lo guardó y yo no entendía nada. Era re chico… Y dije “Fa! Re copado el muchacho”, no me
acuerdo el nombre, me hizo sentir como si hubiera llegado, como si fuera a llegar a ser jugador,
me sentía en la nube porque decía “pará, no soy nada, pero me pidió un autógrafo sin
conocerme”. La primera vez que lo veo, me pidió un autógrafo. (Entrevista C)

Estes docentes intervienen y actúan, se alejan de catalogar ciertas cuestiones como
temas “no escolares” y, en definitiva, pareciera que ven al sujeto en su integralidad, quizás
distanciándose de concebirles como “cerebros que aprenden”. Se muestra aquí algo del
orden del reconocimiento en tanto les entrevistades destacan el hecho de ser valorades por
aquellos rasgos que exceden su rol meramente escolar. El deseo de reconocimiento reviste
cierta importancia en la constitución subjetiva, tal como distintas disciplinas lo han estudiado.
Por ello, el reconocimiento se vuelve acción, necesidad y condición de la existencia
específicamente humana. Asimismo, estos vínculos se sostienen en la confianza, que es
constitutiva de las relaciones pedagógicas (Cornú, 1999) y en la apuesta por el
reconocimiento mutuo, no unidireccional. En definitiva, es posible afirmar que a través de
estas prácticas les docentes reconocen en forma explícita a les herederes.
La idea de transmisión como pasaje entre generaciones, nos exime de considerar
estas alternativas como elecciones posibles en la tarea docente. Frigerio (2017) propone
pensar en los oficios del lazo, conjunto de oficios entre los que se encuentra el de
educadores, “como recepción e inscripción... el intento de perseverar en ofrecer a
‘herederos’ (legítimos y reconocidos) y a los des-heredados, a los que se le niega la filiación
en lo social: un reconocimiento” (p.79).
Para profundizar en la imagen invertida de este reconocimiento, nos detenemos en
Viralata, novela de Fabián Severo (2018), escrita en un español veteado de portugués, en
tanto sucede en las fronteras de Uruguay y Brasil. La misma narra la vida de un joven que
explora su identidad, la relación con su madre y su vida en un barrio pobre. La trama se
organiza alrededor de una consigna escolar: cada estudiante debe elaborar su árbol
genealógico, tomando como modelo el árbol de lxs reyes de España. Allí el protagonista
descubre e indaga acerca de lo “roto” de su árbol, sus faltantes, un padre que nunca
conoció. Esta novela se vuelve una herramienta valiosa para pensar, desde la ficción,
escenas educativas, consignas escolares y sus efectos en el reconocimiento de eses otres
cuando se les ubica en el lugar de des-heredades: el protagonista vive con angustia sus
vacíos respecto de la realeza (estatus hereditario, resaltamos) y se siente obligado a
“rellenarlos”, inventando.
Entonces, le docente puede intervenir reconociendo al otro (a ese otro demasiado
otro, según Antelo), tal como se observa en la entrevista referida, o desconociéndolo, como
en la novela mencionada. En esta línea, se muestran potentes los aportes de Débora Kantor

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(2008), quien señala que la intervención se vuelve constitutiva de la posición de les
educadores, y en especial, en el trabajo con adolescentes, ya que se trata de edades en las
que se conjugan especialmente procesos de compleja configuración de la propia identidad.
El trabajo educativo con adolescentes y jóvenes es incompatible con no intervenir. Podemos,
sin embargo, abstenernos de ciertas cosas y privilegiar otras. Abstenernos de la respuesta
moralizante o punitiva, por ejemplo, mientras sostenemos o reforzamos la oportunidad y la
oferta: actividades, responsabilidades, diálogo, reparo. La respuesta es la apuesta y la
propuesta. (p. 94)

El reconocimiento aparece como condición indispensable para que algo en torno al
conocimiento se produzca. El vínculo pedagógico está compuesto por sujetos que se
relacionan en forma triádica con ciertos objetos de conocimiento, al tiempo que se trata de
un vínculo que se inscribe en organizaciones singulares, las cuales asimismo se inscriben
en contextos socio históricos y epocales específicos. Así, según Núñez (2002), en los
procesos educativos se da un doble proceso de transmisión-adquisición. En la transmisión,
le docente busca conectar ese triángulo, construir ese lazo entre un aspecto de la cultura
(un “contenido curricular”) y ese estudiante, al tiempo que busca promover su interés. Sin
embargo, también se vuelve necesario aceptar que parte de ese triángulo no se cierra, sino
que se trata de un vínculo que admite el enigma que le sujeto constituye en tanto otre. A su
vez, ese movimiento de transmisión supone una invitación, propone una apropiación de
esos elementos de la cultura que buscan ser enseñados e identificar, como señala Rancière
(2017) (en referencia a la experiencia fundamental de Jacotot y sus estudiantes, con
quienes éste no compartía la lengua) la importancia de “establecer, entre ellos y él, el lazo
mínimo de una cosa común” (p. 16).
Según Frigerio, el verbo educar asociado al de transmitir, remite a la idea de
institución de la sociedad, “la noción concierne las relaciones, que se despliegan entre
generaciones, se expresan en instituciones y organizaciones; se condensan en oficios (del
lazo)” (2017, p. 97). En el marco de la transmisión intergeneracional que sucede en la
escuela, la puesta en acto del oficio de enseñar es lo que les entrevistades esperan, y es
aquello que efectivamente valoran cuando sucede, o reclaman cuando está ausente. Por
ejemplo, el explicar es algo les jóvenes destacan en la labor de sus docentes. Ello se
traduce en el desarrollo de acciones alrededor de la enseñanza que hagan entendibles los
temas, más allá de la dificultad que los mismos presenten, o en especial cuando la
presentan. Incluso, como se observa a continuación, esa explicación que ofrece le docente
se propone como causa del interés en le estudiante.
Tengo un recuerdo de mi profesora de Historia. [...] Los más copados eran los profesores de
Ética y Ciudadanía, o sobre todo la profesora de Historia. Fue muy importante. [...] Nunca una
materia me había interesado tanto como Historia porque me explicaba y conectaba todos los
puntos, entonces no dejaba como una duda al aire. Y te explicaba el por qué de esto, el por
qué de esto [...] El de Ética daba más que nada Filosofía. Algo que yo nunca había escuchado
[...] Era muy interesante cómo lo planteaba, desde un lado también muy entendible, lo bajaba
hacia nosotros. Porque leer un texto de Nietzsche no es lo más fácil del mundo y él lo bajaba a
que nosotros lo podamos entender. (Entrevista A, énfasis nuestro)

La idea de “bajar” se expresa en este relato como el hecho de hacer que un texto
complejo pueda ser comprendido por les estudiantes. La explicación como parte de la tarea
de enseñar, se traduce como un acto que busca acercar el objeto de conocimiento al
educando, volverlo asequible. En este sentido, les entrevistades valoran especialmente el
explicar “muy bien”, que les docentes sean comprensibles. Esto se complementa con otras
marcas textuales que remiten a los ritmos: le docente que explica bien es quien “se toma el
tiempo” de preguntar si hay dudas y volver a explicar, no apura a le estudiante, lo cual

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genera condiciones de comodidad para poder aprender. Las diversas cronologías de
aprendizaje tematizadas en investigaciones académicas (Terigi, 2010) son refrendadas en
estos relatos. Se valora así a aquelles docentes que comprenden las diversas necesidades
y alojan.
Había una de matemática… No me iba bien en el secundario, porque era compleja, era como
que una semana estabas viendo una cosa y la otra semana ya estabas viendo temas nuevos,
re complejos. Pero ¡cómo explicaba esa profesora de matemática! Siempre explicaba muy bien,
a mí no me iba bien, pero bueno, al menos teníamos relación buena. (Entrevista C)
Había una profesora de matemáticas creo que era ya en 4.º año. o 5.º, que era una genia.
Porque era súper comprensiva. Y ponele, qué sé yo, tenía algo que los otros profesores no
tenían. No sabías algo, en vez de explicártelo enfrente de todos, se tomaba el tiempo, se ponía
al lado tuyo y te decía qué no entendiste. Si tenía que empezar de cero tres veces, lo hacía
hasta que lo entendieras. Y no es que te estaba apurando, [...] sino que era súper comprensiva,
te hacía sentir re cómoda. (Entrevista B)

Al indagar acerca de si esta docente les respondía cuando preguntaban o si
registraba que no estaban entendiendo, le entrevistade continúa:
Era como que respondía cuando consultaban, pero también, qué se yo… estaban todos
callados, y si preguntaba nadie le contestaba. Pero siempre hay una cara en particular que te
das cuenta. Y ahí, cuando ya estaban todos haciendo la tarea, se acercaba y te ayudaba a
resolver, super comprensiva. (Entrevista B)

Hay en la mirada docente una potencia significativa: la profesora, al mirar,
comprende que algo no se entendió. Del otro lado, se identifica a una persona que no se
anima a tomar la palabra para señalar que no entiende, para decir lo que ignora, quizás en
virtud de huellas que se imprimieron a partir de situaciones similares donde le estudiante
afirmó no entender –como veremos luego–. Sandra Nicastro (2006) invita a pensar acerca
de cómo hacer el justo lugar a la mirada, y reconocer las que se apoyan en la imposibilidad
de traducción literal de aquello que se mira. Esa mirada docente se encuentra cargada de
potencia, lectura de gestos presentes que, sin sonidos, comunican.
Al respecto, esa mirada es una posición:
Si lo que hay ante una imagen es exposición, la mirada es claramente una posición, un punto
de partida, una dimensión inaugural, posee un valor de principio: revela la posición de quien
mira, desde donde mira, qué altura se atribuye al mirar, en qué lugar deja o ubica a quien es
mirado. [...] sabemos que en las instituciones educativas se toman decisiones a diario, como
producto de la naturalización de la mirada. [...] Miradas que tienen que ver con el poder, es
cierto, pero también con la posición desde la que parten, del lugar donde se forman y de los
sujetos a los que van destinadas. (Skliar, 2017, p. 38)

Como contrapartida, surgen aquellos casos en los que, pareciera, les docentes no
promueven que les estudiantes comprendan. Les jóvenes identifican en forma negativa
cierta resistencia a repetir o buscar otros modos de explicar, o incluso el dar un falso lugar a
la duda, ya que tras habilitar la pregunta, se la reprende inmediatamente cuando surge:
Pasaba a veces con algunos profes que eran de la vieja escuela y decían “lo voy a decir una
sola vez”. O a veces te decían “preguntame si tenés dudas” y vas y le preguntas y te dicen
“¿pero cómo puede ser? Yo lo vengo explicando como 40 veces”, entonces ya no sabés si
preguntar o no. (Entrevista C)

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Les jóvenes desaprueban el cambio en las reglas de juego, algo en el orden de una
apertura que es solo aparente, juegos de simulacros donde la consulta sobre si algo no se
comprende, no es sincera, sino un latiguillo que espera recibir silencio como respuesta. A
diferencia del relato previo, no aparece la mirada que busca leer gestos desde una posición
de acogida42, sino que se ofrece una mirada desaprensiva. En estas ocasiones se hace
evidente algo en torno a la expectativa respecto de esx adulte que se encuentra frente a les
estudiantes como docente. Pareciera volverse claro que les jóvenes no están dispuestos a
sostener el “como si” pedagógico. Rechazan algunos aspectos de ese vínculo en los que le
docente “no hace su parte”, que no muestra disposición o interés en enseñar.
Une joven relata, por caso, su reacción cuando la docente borra el pizarrón sin dar
tiempo para copiar o sin consultar al resto si han llegado a hacerlo. Hay una intención de
este joven por lograr lo que considera que se espera de une estudiante (responder a lo
consignado por el docente, copiar el pizarrón, tener ese insumo para estudiar para la
evaluación); sin embargo, la docente en esta situación no lo nota. Incluso, retomando la
cuestión de los ritmos, la (excesiva) velocidad de esa docente se encuentra desacompasada
del ritmo de le adolescente.
Y yo dije “no borres, la con..” y se me escapó la puteada y pensé que había escuchado y
cuando veo así, no me escuchó, entonces dije “ah, como zafé!” Yo decía “zafé” porque no me
escuchó, pero si me hubiese escuchado capaz me ponía una sanción por insultarla sin querer.
Entonces era medio injusto, porque no es que lo querés insultar, sino como que te saltó porque
estás copiando, copiando, copiando y de la nada te borran. Y no podés copiar, y después
querés repasar eso para la prueba y no podés. (Entrevista C)

Se intuye aquí que les estudiantes identifican una distancia entre el modo de poner a
disposición ciertos saberes y la real apuesta a que los aprendan, se apropien de ellos. Por
ejemplo, en referencia a una mala experiencia vivida con un docente, une entrevistade
relata:
este de Historia de 4.º que entraba y nos decía que éramos todos unos ignorantes. A mí me
daba bronca, porque yo había rendido el examen y escribí una banda porque la Historia me re
gustaba y el chabón no lo leía. Me ponía un ocho directamente: agarraba las hojas, las giraba.
A mí me chupa un huevo la nota, ¡pero yo quería que lo lea! Estoy escribiendo al pedo tanto y
no lo lees y me ponés directamente un ocho. (Entrevista A)

Emerge aquí un supuesto de claridad indiscutible: para cumplir sus roles, ambos
deben hacer ciertas cosas. En este caso, la demanda parece lógica: si le docente, para
evaluar y calificar un proceso educativo, solicita la elaboración de un texto, le estudiante
espera que lea (lo que él mismo solicitó) antes de calificarlo.
Por caso, cierto desapego por parte de les docentes respecto de la tarea de enseñar
es señalado como sensación de no dejar marca en les estudiantes. Respecto de algunes
docentes que no enseñan, que hacen otra cosa en ese tiempo, les jóvenes mencionan que
no tienen recuerdos sobre esos vínculos o ni siquiera recuerdan qué asignatura tenían a su
cargo, tal como se observa en los siguientes fragmentos:
Y después con respecto a los profes, no, no tengo recuerdo. Era muy “vengo a laburar”; “Me
voy”; “Vengo a dar clases”. (Entrevista E)
Hay una profe, pero no me acuerdo de qué materia es. No sé si es de Sociología o de
Psicología, pero era como que llegaban y decían “Hola chicos, ¿cómo están?”, se sentaban y
se ponían a hacer otra cosa. O sea, sí estaban trabajando, pero no para los alumnos… o sea,

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Según Antelo (2005a) la educación es el “conjunto de operaciones históricas tendientes a la acogida, cuidado y
formación”.

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dándoles algo. Qué sé yo, teníamos dos horas, la primera hora era como que nada, estaban
ahí haciendo alguna otra cosa y nosotros pelotudeando. Después, en el recreo, volvíamos y
recién ahí no es que nos explicaba algo, sino que nos daba tarea de algo que ella nos había
explicado anteriormente. Y así. (Entrevista B).

Frigerio (2019) reconoce en los oficios del lazo “el esfuerzo por no cristalizar(se), por
no momificar(se), por no burocratizar(se), por no acorazar(se), ni volver(se) indiferente a las
vidas (la propia vida y la de los otros, esos alter que la alteran y a quienes nuestras
presencias e intervenciones alteran)” (p. 73). Esa burocratización de la tarea docente es
señalada por le entrevistade como sinónimo de concebir a la docencia como mero “trabajo”
o “laburo”. Esto revela, por un lado, el supuesto de que el trabajo es algo inferior a otra cosa,
y por el otro, la percepción de que eses docentes no están involucrades con la tarea que
desempeñan. Vale indagar allí, si algo de los imaginarios alrededor de la vocación docente,
se encuentran sosteniendo estos supuestos.
En una misma línea, destacan positivamente que la relación con le docente se
extienda más allá del edificio escolar o del horario de clase: conversar en otros espacios o
tiempos es significado como gestos de amor, que refieren más a “la persona” y no sólo al
profesor.
Mi profesor de historia era un amor. O sea, además de que también me sacaba buenas notas
en su materia, era un amor, en el sentido de… como persona. ¿Viste que los profesores en la
calle no te saludan por ética?, por decirlo así... Porque, qué sé yo, quedaría mal. Pero él no, te
saludaba si te tenía que saludar, se ponía a hablar con vos y todo eso. Hasta en las horas de
recreo se ponía a hablar con vos en vez de descansar. (Entrevista D)

Continuando con la cuestión de las expectativas, consideran que la representación
de un buen estudiante según sus docentes no se relaciona con participar en clase o
estudiar, sino con su apego a las reglas disciplinarias, es decir que se espera que no
molesten en clase:
Yo por lo general era alguien muy callado en el aula, era como que no molestaba a nadie, pero
tampoco estudiaba mucho. A veces me costaba, pero por lo menos no molestaba a nadie y eso
me dejó como bien visto por los profesores, como que por ahí no estudiaba para la prueba y
me iba mal, pero tampoco era que los jetoneaba ni los insultaba ni nada. (Entrevista C)

Es decir que, según le estudiante, la expectativa docente no radica en promover y
convidar a eses jóvenes experiencias educativas, sino en que les mismes no estorben. En
ese sentido, según Beatriz Greco (MEN, 2021),
experiencia educativa es un concepto límite entre lo que está propuesto y sostenido
objetivamente en una institución mediante tiempos, espacios, tareas, etcétera, y lo que
efectivamente le acontece al sujeto en posición directiva, docente o estudiante. Lo que
atraviesa a cada individuo lo cambia y deja una huella que volverá a activarse en el futuro. Por
eso, la experiencia educativa se vincula con la autoridad pedagógica y con lo abierto que deja
la enseñanza, tanto para una misma o uno mismo como para la institución y para otras
personas que forman parte de ella. Esto genera una transformación subjetiva e institucional. (p.
64)

¿Es posible afirmar entonces que una autoridad que no propicia experiencias
educativas, renuncia a ser una autoridad pedagógica? Quizás la realidad le huye a tan
ambiciosas definiciones. Sin embargo, en la misma entrevista se valora que otra docente

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entienda los códigos de las y los adolescentes, pueda intervenir en y con ellos, sumándose
a su juego, pero sin dejar de poner un límite –“decir no”–, y sin exagerar la consecuencia del
mismo.
Una vuelta estábamos jugando con un amigo, que me tiraba un cigarro y hacía de mentira,
simulando, tipo mimo, y hace como que me lo revolea y cuando yo lo agarro hago así, la profe
nos ve, se para y hace como que lo agarra en el aire, como jugando con nosotros y lo tira al
piso, lo pisa, lo apaga, como si estuviera agarrando el cigarro. Se sumaba a los juegos, a los
chistes y después me decía con el dedo no.. y yo le decía “está bien profe, disculpe”. Pero
nada, nunca nos sancionó por esas cosas. (Entrevista C)

Recuperando a Kantor (2008), el trabajo educativo con adolescentes implica ocupar
un lugar de autoridad que merece ser repensado en los tiempos actuales, pero que implica a
la vez poner límites y transmitir, traduciéndose como un juego de posiciones que implican
cercanía y distancia a la vez:
porque no renunciamos a educar es que no renunciamos a la autoridad. Y, a la vez, sin
perjuicio de ello, parece imposible e incongruente [...] desestimar la necesidad de redefinirla por
completo, de reposicionarla e incluso de admitir que algo diferente de aquello que nombramos
autoridad deba ser instituido o esté en proceso de gestación.
En todo caso, es a partir de la responsabilidad (implicada en la autoridad) que podremos crear
nuevos marcos para pensar el vínculo con adolescentes y jóvenes. Porque necesitan adultos
que los contengan y los desafíen, que les amplíen el horizonte de lo posible y que establezcan
límites, que permitan y que prohíban, que sepan, a la vez, estar cerca y permitir nuevas
distancias, que confíen en ellos y que puedan discutirles, que transmitan cosas valiosas y que
estén dispuestos a someter a juicio (propio y ajeno) el valor de lo que transmiten. ( p. 70)

Los rasgos que les entrevistades identifican en sus docentes nos han permitido
esbozar una caracterización de los vínculos pedagógicos y advertir sus posibles efectos
sobre los procesos de transmisión e inscripción de las generaciones jóvenes en el ámbito de
lo común.

4. Conclusiones incipientes
En el presente trabajo hemos identificado rasgos que configuran la experiencia
escolar y consideramos ineludibles para abordar dos preguntas que (nos) preocupan: cómo
lograr que las trayectorias escolares sean valiosas para quienes las vivencian y cómo
cumplir con el derecho a la educación. Para ello, la indagación sobre los sentidos que le
asignan a tales experiencias es fundamental.
En relación con los saberes, se registra un tenaz sentido utilitario que, mayormente,
pareciera demandar que los mismos sirvan para la vida, representación que en general
alude a la adultez, en vínculo con el trabajo o la autonomía cotidiana. Aquí, porque
reivindicamos la transmisión cultural como parte central del proceso pedagógico, afirmamos
que educar es ofertar (un fondo cultural común de conocimientos) más allá de la demanda
(Antelo, 2005b). Si bien reconocemos las influencias de la época en la que se inscriben los
sujetos y sus discursos, y estamos convencides de que es posible mejorar la relevancia de
los contenidos escolares a partir de revisar su conexión con la contemporaneidad (Terigi,
2018), entendemos que relevancia no es sinónimo de utilidad directa o inmediata.
Sostenemos, de hecho, que los efectos de la experiencia escolar sobre les sujetes no son
(del todo) determinables.

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Sobre el vínculo de estes jóvenes con sus docentes, se destacan el lugar del
reconocimiento (de las particularidades y características subjetivas), el respeto y
acompañamiento a los diversos ritmos de aprendizaje. Les entrevistades demandan un rol
adulto que cuente con estas características ya que las mismas parecieran ser necesarias
para promover una relación enriquecedora con los saberes. Así, el reconocimiento y la
acogida parecieran emerger como condiciones para que algo en torno al conocimiento y al
aprendizaje se produzca.
En definitiva, para seguir abonando a los debates sobre la transformación de la
secundaria es crucial sumar las voces de les estudiantes, y en este caso, de quienes
tuvieron trayectorias discontinuas. No como discursos que contienen “la verdad”, sino como
aportes valiosos que, desde sus propias experiencias, contribuyan a repensar el lugar de la
escuela como institución educativa protagonista en la transmisión y distribución de la cultura.

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El scholar y la otra escena: apuntes sobre la relación entre
archivo y concepto43
Celeste Viedma
PROGRAMA “JACQUES MARTIN” DE ESTUDIOS SOBRE HISTORIA, IDEOLOGÍA Y DISCURSO

Preámbulo (sobran/faltan motivos)
El disparador de esta ponencia fue la observación de Jacques Derrida (1997) sobre
El Moisés de Freud, de Yosef Yerushalmi. Lo que cautiva al filósofo es el capítulo final del
libro, el “Monólogo con Freud”: escena teatral que, nos dice, ilumina retrospectivamente todo
el trabajo del historiador. Al momento de abordar su lectura, personalmente venía de
trabajar sobre otro scholar, quien dirige una carta al Señor Presidente chileno muerto en el
Palacio de La Moneda el 11 de septiembre de 1973. Aquella epístola abre la contribución
que Carlos Matus (2014) procura realizar al campo experto de la planificación. El libro cierra
con otra escena, igualmente ficcional a la primera, en la que una anciana y su nieta
presencian la caída de Salvador Allende por televisión. Recuerdo otro caso curioso: la
Conversación interrumpida con Allende de Tomás Moulián (1998). ¿Qué tienen en común
estos tres escritos? Una escena teatral, colocada aparte del cuerpo de un texto que se
asume experto. Claro, ni la carta del primero ni la conversación del segundo se nombran
como “monólogos”, pero lo son, pues su destinatario e interlocutor, como el Freud de
Yerushalmi, no puede responder... y sin embargo, ello habla.
Los motivos que me llevan a escribir el presente trabajo giran alrededor de aquellos
capítulos que, al parecer, “sobran” en libros escritos desde la scholarship y que, sin
embargo, no podrían no estar allí. Sobran y a la vez faltan. Inadvertidamente –sólo pude
percatarme de ello después de leer el Mal de archivo de Derrida– en la escritura de mi
propia tesis doctoral repetí el gesto. No tan dramáticamente como aquellos hombres, pero
escribí un capítulo “ad-hoc” en el que anuncié un cambio de registro de la escritura
académica formal hacia el ensayo, inspirada en Horacio González (2021b) y Eduardo
Grüner (2000), entre otros. Repetí, sin saberlo, el gesto de los autores leídos. Argumenté
que resultaba necesario, imperioso, poder escribir de otro modo para poder decir otras
cosas. “La otra escena” se me tornaba ineludible para poder decir algo que la voz scholar no
podía decir. Una vez que terminé aquél capítulo, comprendí que efectivamente la tesis no
tenía sentido sin él. Que en cierta forma ella podría resumirse en él. Pero, ¿hubiera podido
escribirlo sin el arduo trabajo previo que me exigía la scholarship? Se ve entonces que todo
este preámbulo fue para decir que sobran motivos para el presente escrito, pero al mismo
tiempo faltan, porque algo en esos motivos todavía no se comprende, todavía no se muestra
con claridad. La excusa para que ellos se hagan presentes es, pues, este ensayo.

43 El artículo que aquí se reproduce fue presentado originalmente en la Mesa 13
“Archivos en Ciencias Sociales: debates pendientes sobre su democratización” de
las XV Jornadas de la Carrera de Sociología de la Universidad de Buenos Aires
realizadas entre el 6 y el 10 de noviembre de 2023. La versión original se encuentra
disponible
online
en
el
sitio
web
de
las
Jornadas:
https://jornadasdesociologia.sociales.uba.ar/2023/05/12/mesa-13-archivos-en-cienciassociales-debates-pendientes-sobre-su-democratizacion/
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Thou art a scholar; speak to it, Horatio
En primer lugar: algo a propósito de la escena. ¿Teatral?, sí, pero antes escena
enunciativa, lo que nos remite al concepto de condiciones de enunciación del discurso
(Aguilar, Glozman, Grondona y Haidar, 2014), es decir, a la construcción discursiva de una
figura del “garante” de lo dicho. Resulta fundamental aquí la distinción, no siempre sencilla
para quienes nos formamos en sociología, entre el “ser empírico” o “actor” de carne y hueso,
y el “ser de discurso”, locutor al que remiten las marcas de la primera persona en un material
textual. Este último refiere a aquel que asume la responsabilidad del enunciado al tiempo
que organiza las múltiples voces que se expresan en la enunciación (Ducrot, 1986). De esta
manera, uno podría abordar las formas de proyección de una cierta imagen de sí, los
procesos a través de los cuales entre lo “dicho” en el enunciado y lo “mostrado” a través de
la enunciación se produce un ethos determinado (Amossy, 2018; Kerbrat-Orecchioni, 1981;
Maingueneau, 2002; Narvaja de Arnoux, 1987). Se configura así una escena, un juego de
espejos que responde a preguntas como “¿quién soy «yo» para hablar así de esto?, ¿quién
es «él» para que le hable así de esto?, ¿quién soy «yo» para «él», al que le hablo así de
esto?” (Pêcheux, 1978: 44). Viene a cuento de esta mesa decir que un archivo personal
puede ser leído como una multiplicidad de escenas enunciativas en las que ese “yo” (el
sujeto productor/a/e del acervo, en el lenguaje de la archivística) se proyecta, en la que
dispone imágenes de sí (Grondona, 2023).
Por supuesto, no es que no exista relación alguna entre la figura discursiva del
garante y el sujeto empírico “productor” de documentos. Este último, al ocupar un cierto
lugar en el espacio social, remite a su vez a las condiciones sociales e institucionales en las
que un ethos determinado puede constituirse y producir efectos. No obstante, aunque
ambas dimensiones se encuentran relacionadas, es preciso notar su irreductibilidad. Las
modalidades enunciativas también tienen sus reglas de formación y éstas no pueden
reducirse a una cierta subjetividad socio-psicológica (como tampoco a un sujeto
trascendental), sino que responden a la especificidad de la práctica discursiva (Foucault,
2008, pp. 69–75). La posición de sujeto que es posible ocupar en situaciones determinadas
en relación con ciertos objetos se inscribe así en un haz complejo de relaciones que
configura el sistema de formación de los enunciados44.
Ahora bien, en el caso del “Monólogo con Freud”, el carácter ficcional, imaginario del
ethos resulta evidente: se habla allí con un fantasma y, como todes sabemos, los fantasmas

44 Reseñamos aquí rápidamente una serie de cuestiones que ameritarían mayor
densidad teórica. Nos inspiramos, pues, en la desestabilización de unidades (autor,
libro, obra) propuesta en La arqueología del saber (Foucault, 2008) y en la
disposición que aquél libro inaugura para describir las condiciones de aparición de
ciertos enunciados (y no otros) en una coyuntura determinada. El concepto de
formación discursiva remite así a las condiciones de aparición, coexistencia,
conservación, modificación y desaparición de los objetos, de las modalidades
enunciativas, los conceptos y las estrategias. En el trabajo de Pêcheux (2017), la
imbricación compleja de las formaciones discursivas en formaciones ideológicas y el
concepto de interdiscurso permiten dar cuenta de las relaciones de contradiccióndesigualdad-subordinación entre formaciones discursivas. La distinción establecida
por Foucault entre la posición de sujeto como función “vacía” y el “autor” de una
formulación nos reenvía así –no sin tensiones– al desdoblamiento de la forma-sujeto
de Pêcheux, por la cual el enunciador de una formulación cualquiera reencuentra sin
saberlo al sujeto universal o “sujeto del saber” (Courtine, 1981).
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no existen. El locutor es aquí, evidentemente, un ventrílocuo. Entramos en su juego, pero
sabemos que el muñeco al que anima no podría hablar por sí solo. Creo haber leído esta
metáfora de la ventriloquía en algún lado, no recuerdo donde. Veamos a dónde nos lleva. El
Monólogo es una ficción de ruptura con el académico que escribió el resto del libro, es
heterogéneo con respecto a aquél pero al mismo tiempo lo determina retrospectivamente.
Digamos que, después de que el muñeco fuera visto desde afuera como un objeto
inanimado, objeto de la ciencia, Yerushalmi se saca entonces el traje de scholar y se pone a
hacerlo a hablar, a darle voz. Nos detendremos más adelante sobre las razones anunciadas
de aquella decisión.
Pero, ¿qué hay del scholar? ¿No sería él también un “garante” discursivamente
construido, un ethos pretendidamente neutral, académico, experto? El breve rodeo que
hicimos por el concepto de enunciación, tal y como es considerado por la escuela francesa
de análisis del discurso, nos conduce a responder sin ninguna duda afirmativamente. Claro,
se trata aquí de una escena en la que el “yo” borra las marcas de sí. No es ya evidente que
estamos frente a una escena. ¿Por qué, entonces, pasar a la “otra escena”? ¿Qué hace
necesario este movimiento? El problema es que el scholar no cree en los fantasmas. Pero
que los hay, los hay. En Hamlet, es el personaje de Marcelo el que implora: “eres un
scholar; háblale, Horacio”. Por eso Derrida dirá que el pobre Marcelo no podía comprender...
...que un scholar clásico no es capaz de hablar al fantasma. No sabía lo que es la singularidad
de una posición, no digamos ya de una posición de clase como se decía en otro tiempo, sino la
singularidad de un lugar de habla, de un lugar de experiencia y de un vínculo de filiación,
lugares y vínculos desde los cuales, y únicamente desde los cuales, puede uno dirigirse al
fantasma… (Derrida, 1995: 26).

El scholar, en posición de exterioridad frente al objeto, tiene la tarea de “observar y
dar testimonio, después, de aquello que observó” (Rinesi, 2011: 76, énfasis original). Sus
intentos de hacer hablar al fantasma fracasan, pero eso no le impide volver al final de la
pieza para sancionar su final. Por supuesto, esto afecta la relación del scholar con el
archivo. Para él, éste está “determinado como ya dado, en el pasado, o en todo caso
solamente incompleto, determinable y, por tanto, terminable en un porvenir...” (Derrida,
1997: 59, énfasis original). La incompletud de su archivo es relativa a una investigación por
hacer, implica la posibilidad de determinar un porvenir según el tiempo “normal” del
desarrollo científico. Pero al final del Monólogo se trata de otra cosa, de una suspensión en
el orden del saber. Aquí entran las razones del cambio de registro.
¿Por qué entonces el scholar Yerushalmi se convierte en un ventrílocuo? Para
preguntarle al fantasma de Freud si el psicoanálisis es una ciencia judía. Y dice a
continuación que eso se sabrá, suponiendo que sea objeto de saber, dependiendo de cómo
se definan los términos mismos de ciencia y de judío. ¡Pero el autor de todo lo anterior fingía
tener ya la respuesta a esas preguntas! ¿De qué otro modo podría haber escrito aquél
trabajo académico, trabajo de la scholarship, de la ciencia? Así pues, todo se pone entre
paréntesis en el Monólogo final. En palabras del filósofo, “se trata aquí nada menos que de
tomar en serio la cuestión de saber si una ciencia puede depender de algo como una
circuncisión” (Derrida, 1997: 53), esto es: de una inscripción, una marca. La judeidad: un
vínculo de filiación, un lugar de experiencia y de habla. Y entonces nos dice Derrida: cuando
una ciencia se vincule de tal modo a una filiación, esto transformará en forma radical su
relación con su archivo. Entonces, “el archivo pasa a ser un momento fundador de la ciencia
como tal” (idem), lo que dejará una sensación displacentera, inquietante, unheimlich. Que
una ciencia dependa de una circuncisión quiere decir, entonces, que ella pueda reconocerse
en un vínculo de filiación, es decir, que asuma su condición de parte. Que se reconozca
fundada en (im)puros fantasmas: en un archivo interminable.

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Espectros, concepto y verdad
El término unheimlich aparece en los textos de Freud cuando es posible localizar una
cierta indecibilidad: “eso que tan difícilmente viene al lenguaje, eso no parece no querer
decir nada, eso que desconcierta a nuestro querer decir (...) eso vuelve, eso retorna, eso
insiste” (Derrida, 1995: 192, énfasis original). Causado por el deseo de saber lo que no
puede saber, el scholar se encuentra entonces en un callejón sin salida. Ya no puede
avanzar sin traicionar su scholarship, sin convertirse en animador. Todo para descubrir,
pues, que aquello que lo causaba, que lo animaba en su búsqueda, era nada menos que el
espectro mismo al que quería silenciar. El fantasma ve sin ser visto, dicta las palabras a
quien se dirige a él, pues “el efecto visera desde el que heredamos la ley es eso: el
sentirnos vistos por una mirada con la que será siempre imposible cruzar la nuestra”
(Derrida, 1995: 21, énfasis original). Ello habla.
Para el scholar Yerushalmi, que pretende que puede hablar del psicoanálisis desde
un punto de vista a-psicoanalítico, esa presencia inquietante del espectro se deja ver en los
síntomas de su “obediencia retardada” a Freud a lo largo del libro. Bien vale recordar aquí
las palabras con que Grüner suele recordar a Oscar Masotta: antes que preguntarse si el
psicoanálisis es una ciencia, habrá que pensar qué es una ciencia después del
psicoanálisis. Muy bien, profundicemos un poco más en este asunto.
Jacques Lacan señala la existencia de una separación, un cortocircuito entre saber y
verdad, históricamente inaugurado por el cogito cartesiano: “la verdad aspira a lo real”
(Lacan, 1993: 83), mientras que “lo real no está en primer lugar para ser sabido” (ibid: 70).
Por eso puede decirse que el nacimiento del sujeto del inconsciente –en otros términos, el
descubrimiento de Freud– sólo pudo ocurrir como correlato del sujeto de la ciencia (Bonoris,
2019). En la propia fórmula de Descartes, hay un crucial reconocimiento: el “yo” que piensa
no es el mismo “yo” que es, o bien hay “algo” en ese “yo” que piensa que no es él: “¿qué
fundar sobre el je pense {yo pienso}, si sabemos, nosotros, los analistas, que ese en lo que
pienso que podemos captar remite a un de qué, de dónde, a partir de qué pienso que se
sustrae necesariamente?” (Lacan, 2008: 44, énfasis original). En el corazón de ese “sujeto
del conocimiento”, de la objetividad, del saber, que desconoce por completo al sujeto del
inconsciente, allí se encuentra el reconocimiento de una vacilación fundamental, sobre la
que Descartes postulará, finalmente a Dios como Garante. Por tanto, el Garante de la
Verdad se monta sobre la vacilación sintomática del “yo”. Louis Althusser avanza sobre esta
agudeza posibilitada por el psicoanálisis y se pregunta: ¿por qué Descartes busca fundar la
posibilidad de conocimiento en el sujeto? La respuesta: necesita fundar en alguna parte el
“reparto”, el “juicio” que zanja la frontera entre verdad y error, la posibilidad de “la
enunciación ‘A es A, no-A es no-A’, es decir, ‘la verdad es verdadera, el error es erróneo’“
(Althusser, 2014: 103). La ciencia que interesa fundar a Althusser, lo mismo que a Freud,
debe poder sostenerse en otra posibilidad. Una ciencia capaz de hablar con los espectros,
capaz de creer en lo que no está ni vivo ni muerto, ni A ni no-A.
Pero el modo de proceder de aquella ciencia que aspira a lo verdadero, no puede ser
entonces aquél fundado en un Garante. Ella trabaja produciendo “rupturas”, divisiones, en
un campo ideológico determinado: como vimos, el “descubrimiento” del inconsciente no se
entiende sino en quiebre con el cogito, es decir, con la evidencia ideológica de la categoría
moderna de sujeto. Se trata de una verdad que ocurre bajo la forma de un nuevo orden de
ausencias y presencias, en el mismo mundo en que existe el error y no como frontera con él
(Karczmarczyk, 2019). Resulta del trabajo con el error en tanto procede como lectura del
síntoma, lo que marca tanto la historicidad de sus descubrimientos como la imposibilidad de
consagrarlos como Verdad: “no existe ciencia ‘pura’ más que a condición de purificarla sin
descanso, ni ciencia libre dentro de la necesidad de su historia, más que a condición de
liberarla sin descanso de la ideología que la ocupa, la acosa o la acecha” (Althusser, 2011,

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pp. 139–140). Pero entonces, hablamos aquí de una ciencia que se asume parte, que
reclama una filiación, que se hace cargo de una herencia. Llegamos al punto en que
estamos en condiciones de formular la pregunta que nos inquieta –es spukt– desde el
comienzo: ¿cuál es la relación entre las dos escenas, entre el ethos del scholar y aquél del
ventrílocuo?
Hacia el final de Mal de archivo, Derrida se detiene en la lectura freudiana sobre La
Gradiva de Jensen. El padre del psicoanálisis, que no se acobarda ante la (re)aparición de
los espectros, da al fantasma valor de realidad. Reconoce, así, que “la verdad es espectral,
ésta es su parte de verdad irreductible a la explicación” (Derrida, 1997: 94). Y, más adelante:
“para descifrar el archivo de esta partición, para leer su verdad en pleno momento de esta
parte, se deberá tomar en cuenta una prótesis” (ibid: 95, énfasis original). Pero el mismo
Freud que hace posible pensar en una tópica del soporte para el archivo, también considera
la prótesis como accesoria. Intenta, como el personaje de Harold en La Gradiva, revivir el
momento en que la presión hace la huella, sueña con la unicidad de la impresora-imprenta.
El tema, dice Derrida, es que esa unicidad es “inencontrable”, no se la puede soñar más que
en la medida en que su divisibilidad inmanente la asedia desde el origen. Algo similar
observa Germán García (1974) al decir, por un lado, que ese trabajo de Freud intenta situar
al psicoanálisis en interlocución con la cultura toda y, al hacerlo, toma partido por la cultura.
Pero el trabajo termina con una frase que sugiere algo diferente: “quizás habría que ver (...)
al psicoanálisis como la pulsión de muerte del saber” (García, 1974: 41).
No en vano conviene recordar que, si el delirio del protagonista de la novela puede
leerse como un caso de fetichismo alrededor del objeto-pie, como lo sugieren García y el
propio Freud, vale recordar que la lógica fetichista es aquella de la renegación
(Verleugnung), que puede sintetizarse en la afirmación contradictoria “ya lo sé, pero aun
así...” (Mannoni, 1990). El fetichista borra el recuerdo de la experiencia que le prueba que
las mujeres no tienen falo, pero conserva el fetiche; por lo tanto, esa experiencia no se borra
en realidad sino que deja una marca indeleble. Leída por Eduardo Grüner (2021), la lógica
fetichista es el mecanismo ideológico por excelencia: un discurso que se presenta como
totalidad completa, desconociendo su parte oscura, su parte renegada y, por tanto,
desconociendo el proceso de producción del cual él mismo resulta presentándose como el
todo. Lógica que, es preciso notar, se monta sobre un elemento de la lengua, el “pero”, cuya
estructura resulta aquí base de la eficacia ideológica. Pero entonces la lectura, diríamos
althusserianamente, sintomal trabaja restituyendo la parte renegada, mostrando cuál es la
falta determinada que hace posible al todo. No en vano dice Freud que “el poeta no necesita
saber nada” acerca del análisis por él llevado adelante sobre la obra, puede incluso
rechazarlo, pero al mismo tiempo afirma: “no hemos hallado en su creación nada que no
estuviera contenido en ella” (Freud, 1992: 76). García recupera estas palabras y juega
(psicoanalíticamente) con la negación: “nada que en la misma exista” (1974: 24). Lectura de
la huella, de la marca. Lectura del archivo. Lectura que disloca al scholar y que, por tanto, no
es sin él. De allí que Derrida afirme que la contradicción que atraviesa todas las tesis
freudianas no es negativa, “escande y condiciona la formación misma del concepto de
archivo y del concepto en general” (1997: 97). El concepto, entonces, requiere de la división,
la contradicción. Y esto porque el concepto requiere del archivo y la estructura del archivo es
espectral. Por eso dice el filósofo que el mal de archivo es el deseo de archivo, repite
aquello mismo a lo que se resiste.
El scholar encuentra su límite y entonces conjura espectros, se convierte en un
ventrílocuo. Pero el arte de la ventriloquía, ¿podría acaso aparecer “de la nada”, sin el
trabajo incansable del scholar? ¿Podría ser otra cosa más que una operación de división, de
ruptura? A propósito de la genealogía archivera argentina, Horacio González decía que ella
“no es la fuerza del documentalismo enfrentada al ensayo caracterológico, sino que hay que
verla como su cuerda interna, su refutación nunca consumada y su contradictor necesario
como compañero ineluctable de travesía” (González, 2021a: 110). Y ello en parte porque el

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historiador puede someter el archivo a la imaginación del tiempo, pero debe respetar la
resistencia que le oponga su materialidad. La “resurrección dramática” que González admira
en el Rosas de José María Ramos Mejía, su método barroco que hace del historiador un
escenógrafo (o un ventrílocuo) no puede saltearse, pues, los límites que le imponga la
materialidad del archivo, aún cuando no deje de jugar con ellos e imaginar qué podría revivir
sobre la base de sus ausencias.

De soportes y materialidades: debates pendientes
Una ciencia dispuesta a hablar con los fantasmas no sería ya la scholarship, sino
aquella que, en ruptura con ésta, reconozca su condición de parte, su vínculo de filiación, su
renuncia a toda función de Garantía, su fundamento en un archivo. Su relación con el
archivo no será, pues, aquella del scholar que confía en poder completarlo, cerrarlo,
archivarlo, ofrecer la lectura definitiva. Que “no hay meta-archivo” (Derrida, 1997: 75) quiere
decir, pues, que no hay saber que pueda aspirar a una autoridad absoluta meta-textual. No
hay Garante. Y sin embargo, hay aspiración a alguna (no cualquier) verdad: “lo acontecido
en la historia tiene una dimensión visible, rememorable y efectiva. En esa rara ductilidad
objetiva (...) hay una facticidad primera que implica ese inicial escalón del hacer histórico”
(González, 2021a: 101). ¿De qué otro modo podría haber llanto por lo que pudo haberse
perdido fatalmente entre lo recuperado? Tiene que haber posibilidad de verdad para que
haya pérdida.
Desembocamos así en una cuestión que apenas hemos rozado: el asunto de la
prótesis, la marca, el soporte, la huella, el lugar de inscripción. Derrida enfatiza el carácter
hypomnémico del archivo, esto es, el de ser un representante de la memoria, un suplemento
que está en el lugar mismo en el que ella se pierde por estructura. Toda su reflexión a
propósito del “bloc mágico” con el que Freud compara al inconsciente versa alrededor de
este asunto: “no hay archivo sin un lugar de consignación, sin una técnica de repetición y sin
una cierta exterioridad. Ningún archivo sin afuera” (Derrida, 1997: 19, énfasis original). El
soporte externo se asemeja, pues, al yelmo en el que se materializa el espíritu del padre de
Hamlet. Los espectros, al igual que el archivo, precisan de una prótesis exterior sin la cual
carecen de toda presencia. Es más: ninguna presencia puede objetivarse más allá del
soporte. Sin embargo, ello habla. No el soporte, ello. Lo que llamamos “espíritu”, entonces,
no es en modo alguno “ideal” sino más bien un hiato, un pliegue estructural, abierto por la
propia materialidad del archivo. De manera similar, podemos notar que, para que haya
discurso, se precisa la materialidad de la lengua, a su vez inscrita también en algún soporte.
Ningún discurso sin archivo, diríamos. Pero ese exterior, que posibilita al archivo, amenaza
también con su destrucción. Por tanto, un cambio en esa materialidad del soporte, en las
técnicas de archivación, afecta al archivo mismo. Derrida advierte que la proliferación de
archivos digitales produce una transformación en el carácter del archivo. Vale recordar en
este punto que aquello que Marx concibió como fetichismo de la mercancía tenía su causa,
precisamente, en la separación inmanente a la mercancía entre valor y valor de uso. ¿Qué
es el mundo digital en el que vivimos sino una especie de redoble de aquél carácter
fetichista?
Hay la materialidad del hardware, esa que está asediada por la obsolescencia.
Pulsión anarchivolítica del presente neoliberal, podríamos decir. Nunca el archivo estuvo tan
cerca de su destrucción. Pero hay otra materialidad, que suele ser olvidada y es la del
código, que hace que apretando botones en el aparato-máquina nos sea revelada una
tercera y última materialidad: la reproducción del documento. ¿Es “menos” material esta
imagen? Claro, algunas propiedades del original están ya perdidas: su aroma, su textura. En
ese sentido, lo es. Pero ella está soportada en otras dos materialidades y no ya una.

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Justamente, lo que produce el daño físico sobre el hardware es que el código se torne
ilegible y, por tanto, nos hace imposible ordenar a la máquina que reproduzca.
Hay aquí una metamorfosis del soporte que torna a los archivos digitales más
frágiles en su condición de archivos, justamente, más similares a la memoria, dirá Derrida.
Resta interrogar entonces qué significa eso que, quienes valoramos la producción de
archivos y nos abocamos (como podemos) a ella, solemos defender, a saber: su
democratización. Porque si bien el mundo digital facilita el acceso a cualquier usuarie, no es
menos cierto que arriesga la conservación del archivo de cara al porvenir, a las
generaciones venideras. A su vez, la reproducción digital requiere de la mediación del
código, monopolizada por un saber experto que es ajeno no sólo a les usuaries sino también
a buena parte de les custodies. Si la imprenta era capaz de presentificar un texto sin
“grandes” mediaciones (por supuesto, siempre hay falla y allí están las borraduras, las
manchas de café que tornan ilegible tal o cual cosa), lo digital reproduce un contenido en
forma mediada. El código funciona a nuestras espaldas, con mecanismos que
desconocemos por completo. Hay al menos aquí un aspecto que es necesario problematizar
en relación con la cuestión de la democratización de los archivos, si es que no queremos
que sus efectos se nos escapen por completo.

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“Acordes para una escritura”: una charla con la escritora y
periodista Mariana Enríquez
Maricruz Gareca
DEPARTAMENTO DE LITERATURA Y SOCIEDAD

En el marco de un proyecto más amplio en torno a la literatura, la muerte y la
escritura, me interesa incluir la entrevista realizada a la escritora argentina contemporánea
Mariana Enriquez, que de estos temas sabe y mucho. A lo largo de su producción literaria,
que arranca con su primera novela Bajar es lo peor y se mantiene hasta su último libro de
cuentos, Un lugar soleado para gente sombría, la muerte acecha todo el tiempo, a todos los
personajes –reales o de ficción–, de distintas maneras. En el caso puntual de El otro lado,
una recopilación de su obra periodística, la muerte también está presente pero desde un
lugar más amable acaso, porque se trata de una suerte de homenaje a las y los artistas –del
cine, la literatura y, principalmente, de la música– que la marcaron, que dejaron una huella
en su vida y en su escritura. Pero no solo eso, porque Enriquez en este libro también habla
de muchas otras cosas: del oficio de la escritura, de la amistad, de las ciudades, de las
adicciones, de sus obsesiones, de la (no) maternidad, del miedo a la vejez, del fanatismo, de
la sexualidad, de sus influencias, del amor por la música y una larga lista más de etcéteras.
La charla con Mariana Enriquez en torno a su libro El otro lado –publicado en 2020
por la Universidad Diego Portales (Chile) y editado por la periodista Leila Guerriero– tuvo
lugar en junio de 2021, en plena cuarentena a causa del COVID-19, por lo que se realizó de
manera virtual, y se transmitió en vivo y en directo desde la plataforma Facebook, a través
de la cuenta del Departamento de Literatura del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal
Gorini”, en el marco del ciclo “Hablar de Literatura”. A los fines de una lectura más fluida
para lxs posiblxs lectorxs, solamente se incluirán los fragmentos que corresponden a las
respuestas brindadas por la entrevistada durante la charla, divididos por subtítulos acordes a
la temática desarrollada.45

De influencias y obsesiones
Me considero una persona que trabaja en la literatura pero tiene influencias
múltiples, en algunos casos más importantes incluso. Siempre fui una escritora que tuvo un
amplio marco de referencia y tiene que ver con lo que yo llamo “obsesiones”, que se fueron
acumulando; por suerte, porque eso me hace tener diferentes tonalidades en lo que hago,
dentro de un color que no diría que es exactamente uniforme porque, además, al moverme
bastante entre ficción, no ficción, crónica –te puedo hacer, por ejemplo, un perfil de Victoria
Ocampo– no es que sea extremadamente flexible, pero sí lo suficiente. Cuando era
adolescente, mis obsesiones muy claras eran, por un lado, cierta literatura gótica, de terror,
que siempre me gustó, en el sentido más amplio del abanico. Es decir, siempre leía cosas
buscando eso; a cualquier escritor que agarraba, lo leía buscando eso sin saber, durante

45 Para acceder a la entrevista completa, se puede ingresar en el siguiente enlace: acortar.link/7gDbLG

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muchísimos años, con lo que me iba a encontrar. Muchas veces, me sentía muy contrariada
porque no lo encontraba, porque no es tan fácil de encontrar, sobre todo en el campo (…) y
tampoco en traducción porque es un género bastante dejado de lado o extrañamente
popular; es como uno de esos libros que encontrás un año y después no lo volvés a
encontrar nunca más porque pasa a saldo.
Después, hay toda una literatura norteamericana, que es casi un poco
contemporánea a la mía, y que tiene que ver con escritores relacionados al arte, al sida y a
la ciudad, básicamente. Por ejemplo, Breston Ellis o Dennis Cooper, que además de ser
bastante extremos, son escritores que trabajan con el tema de la adicción, la enfermedad, la
noche, o sea, algo con lo que en ese momento, cuando yo empecé a leerlos, me sentía muy
identificada. O sea, yo estaba viviendo eso pero me costaba bastante encontrarlo en la
literatura local. Lo que quiero decir es que no es que tuviera un rechazo la literatura local,
sino que digo que no estaban escribiendo de eso en ese momento, o al menos yo no lo
encontraba porque era chica –tenía 16, 17 años– y, además, vivía en La Plata, que parece
cerca pero no es cerca, algo rarísimo. Y tampoco estudiaba Letras, entonces tenía como
una cosa un poco lejana; en realidad, donde yo más encontraba eso era en las entrevistas,
por ejemplo, en Cerdos y Peces o Caín.
Había un periodismo cruzado que, además, me orientaba literariamente, sobre todo
con cuestiones del malditismo, por ejemplo, Rimbaud o Baudelaire, de los que era muy
fanática; también estaban William Blake, los simbolistas franceses, los victorianos –pero los
victorianos más locos como Sheridan Le Fanu–, y otros escritores de fantasmas. Todo eso
confluye en la novela popular –Drácula es de esa época–, pero hay un montón de otras
influencias. Muchas mujeres, que es una cosa que descubrí relativamente temprano:
Elizabeth Gaskell, Mary Shelly, pero al ser un género menor, ellas tenían ese lugar, o sea,
de fantasmas podían hablar. Entonces, había como ciertas obsesiones: lo fantasmal, lo
fantasmal mezclado con lo político, una cosa que también fue una obsesión muy temprana.
Luego, con el tiempo se fueron sumando cosas: más intensamente la androginia, más
intensamente pensar el horror y la política, algo que creo que en ese momento no lo tenía
tan claro, pero ahora sí. Pensar también en escritores que están haciendo eso y que son
muchísimos, y que en este momento son muchos de mis contemporáneos latinoamericanos,
desde muchos lugares diferentes; quiero decir, que piensan lo político pero no solo como lo
político. Por ejemplo, María Fernanda Ampuero piensa lo político directamente desde el
género, ella básicamente tematiza la violencia machista en cuentos de terror casi
exclusivamente, de una manera obsesiva, en un proyecto que a mí, a veces, me parece
demasiado cruel, pero al mismo tiempo tan extremo que me resulta muy interesante.
Las influencias, entonces, se fueron ampliando como en círculos. Leo referencias a
Rimbaud a partir de Patti Smith y de David Wojnarowicz, que es un artista plástico y
fotógrafo que a mí me interesa mucho, y que hizo toda una serie. Él estaba muriéndose de
sida en Nueva York y sacaba fotos a sus amantes, muchas veces inyectándose con la cara
de Rimbaud; entonces, para mí Rimbaud se convierte en esa especie de ícono. Voy a leer,
no sé, la biografía de Enid Starkie sobre Rimbaud, que lee al autor desde la alquimia y
desde el escritor visionario. Entonces ahí me obsesiono con Blake y con John Dee y con el
ocultismo.
Yo soy una persona muy curiosa, entonces voy mezclando todo, como una gota que
se hace expansiva. Lo que ocurre es que no soy muy “sistematizada”, o sea, no es que
pienso en Rimbaud y pienso en los parnasianos, sino que pienso en Rimbaud y lo relaciono
con Wojnarowicz y Patti Smith. Es como si fuese un poco más descolocado, pero no creo

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que eso tenga que ver solamente con que yo no tengo una formación académica, que no la
tengo, sino que creo que tiene que ver con una cuestión un poco generacional, bastante
rockera; y, además, tiene que ver mucho también con las conexiones que haces desde el
periodismo. Yo estudié periodismo y aparte trabajo de periodista desde muy chica entonces
soy mucho más de ir tratando de contarle al lector una buena historia. Siento todo el tiempo
que lo que estoy haciendo es diciéndole al que está del otro lado: “Esto es súper
interesante, mira la conexión que tiene esto con esto; lo alucinante que es esta conexión”.

En el comienzo fue la música…
Todo el tiempo playlists, bandas de sonidos de los libros porque es como si el tono
de los libros está un poco dado por cierta música que estoy escuchando en un momento
determinado. La música para mí fue lo primero de todo; o sea, lo que quiero decir es que yo
la leía desde muy chica, mi casa era totalmente abierta en ese sentido. Mi mamá era una
persona muy particular, por ejemplo, si ella me veía con Hamlet a los 6 años, decía: “Bueno,
si no entiende, que no entienda”, por lo que no había ningún tipo de límite en ese sentido.
Por eso mismo también, justamente, yo recuerdo haber escuchado a Nick Cave por primera
vez a los 13 o 14 años; en ese momento, leí una nota, creo que de Alfredo Rosso, no
recuerdo si era en Rock and Pop –las revistas eran muy importantes para mí, por eso decidí
estudiar periodismo–. Para mí, las revistas eran esa mediación entre la literatura y la
música, algo que extraño un poco en el periodismo y en la producción; el periodismo para mí
ya no es tan estimulante en muchos sentidos, entre otras cosas porque soy grande y porque
lo hago hace mucho tiempo, pero en ese momento –estamos hablando de finales de los 80–
era súper estimulante. No había mucho, pero lo que pasaba con las revistas y los fanzines
era como una movida de escritura de fan. Y digo “de fan”. Para mí, el tema del fan –algo que
después tematicé mucho– es una cosa muy importante porque tiene mucho que ver con la
creatividad, con la creatividad literaria.
Recuerdo haber venido a Buenos Aires a comprarme un disco de Nick Cave sin
saber si me iba a gustar, pero estando totalmente segura que me iba a gustar porque ese
texto que había leído de Rosso era tan poderoso, ponía las palabras de tal manera que
parecía que me estaba diciendo: “Esto te va a gustar a vos“ y tenía razón. Igual, me esforcé
un poco aunque me gustara porque era chica y eso era una cosa súper ruidosa. Él, por
ejemplo, es un hombre australiano, del Cono Sur, pero otra historia, como nosotros, todo el
tiempo traduciendo toda una cultura que para él está más cerca, pero más o menos, sobre
todo en esa época. Era súper fan del gótico sureño, y recuerdo que leía en revistas que
Cave estaba en Berlín escribiendo una novela de gótico sueño porque era fanático de
Faulkner, entonces me compraba Faulkner. Entonces, la manera en la que llego a la
literatura tiene que ver muchísimo con estas dos mediaciones: las de los músicos y las que
me contaban ciertos periodistas sobre los músicos; es decir, no era un profesor ni un amigo
escritor. Era una especie de ente solitario, con todos amigos músicos, que íbamos a ver
música y con quienes buscábamos desesperadamente otras referencias que nos abrieran
otros mundos en la música. Eso no era exclusivamente algo de los músicos extranjeros,
porque también lo podían hacer Spinetta o Los Redondos. Había, entonces, un montón de
música que te abría a eso y después tenía que ver con tu sensibilidad, hacia dónde más o
menos se encaminaba; también estaba lo tribal, con lo que podías tener un poco más o
menos de onda o de identificación. Recuerdo que yo estaba fascinada con Led Zeppelin IV
porque el disco no tiene título y los cuatro son cuatro símbolos alquímicos, y yo en ese
momento estaba fascinada con Rimbaud, con la alquimia, con John Dee.

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Respecto a la cuestión del fan y el género, siempre me interesó el tema del rol de la
mujer en la literatura, en la música, en las artes, quizás no de una manera militante, pero sí
una manera de tener totalmente conciencia del lugar que tiene la mujer ahí y lo que se le
permite decir y el subregistro que hubo, etcétera. En el ámbito del rock, que era mi mundo
en ese momento, había algo que las mujeres estaban produciendo y que no se les
reconocía, que era la cuestión de ser fan, incluso desde otras mujeres. Hay una cosa
absolutamente machista que es pensar que lo que importa es la música, cuando lo que
ofrece todo el fenómeno del rock está lejos de la música. Es decir, cuando lo ves a Mick
Jagger, que es como un fauno, vos estás viendo música y estás loca porque, en realidad, lo
que hay ahí es un ser erótico pagano, y eso es lo que estás viendo; esa es la situación que
se está produciendo cuando ese señor se pone frente a una audiencia. La desexualización
tiene que ver con sacar a las mujeres de este fenómeno, pero históricamente, tenés a las
mujeres que seguían al dios Pan, todas enloquecidas, intoxicadas de placer y de sustancias,
o las mujeres que se desmayaban con Liszt, o las que se desmayaban con Elvis Presley;
todas esas mujeres fueron quienes crearon esa iconografía, no están afuera. Los Beatles no
existirían sin las chicas, que podrían haber gritado por The Kings; es mentira decir que por
eso eran mejores músicos, eso es totalmente subjetivo.
A esto yo lo tematicé en una novela corta que se llama Este es el mar, que es una
novela fantasy; elegí ese género porque es un género bastante despreciado. Estas
cuestiones medio menores son las que me interesa llevar a la literatura y poder pensar
desde otro lugar, en este caso desde la mitología y desde fenómenos que fueron
catalogados como histeria, pero que en realidad tienen que ver con una tradición que es
antigua y misteriosa. Cuento algo muy loco que me pasó en un recital de Backstreet Boys,
en la cancha de Boca. Es un horror todo: yo me estaba muriendo de frío, todo me pareció
horrible, ellos me parecían horribles, pero estaba trabajando. Lo que pasaba era que las
adolescentes gritaban todo el tiempo, de una manera tal que nunca se terminaba el grito, y
cuando yo me percaté de esto, de este unísono que era tan inquietante, me di cuenta de
que no estaban gritando por los pibes, o sea sí, están gritando por ellos técnicamente, pero
en realidad lo que estaba ocurriendo ahí era un rito de pasaje. Cuando me di cuenta de eso,
de que había era una especie de energía sexual totalmente indomable, de que estaban
proyectando esa energía hacia estos dioses huecos en algún sentido, ahí fue donde me
percaté del interés que sentía por esos fenómenos; y que esos fenómenos se
correlacionaban con mucha de la literatura fantástica que a mí me interesa, que tiene que
ver con ciertas cuestiones paganas, de ciertas religiosidades paganas y con como yo me
había conformado en mi cabeza una idea del rock como una suerte de religión pagana o de
mi religión pagana. De ahí a Este es el mar y A nuestra parte de noche no hay mucha
distancia, y lo que se le agrega ahí es Sobre héroes y tumbas, de Sábato, hablando de esas
múltiples referencias a las que me refería antes. También están Lovecraft, Stephen King, la
literatura de los años 80 en Estados Unidos, que era muy callejera.
En realidad, la música no es solamente la música para mí, sino que es todo ese
fenómeno que para mí constituye toda esa cosa catedralicia que me ayuda a habitar ese
lugar; esa música por la que me obsesiono tiene un montón de aristas que no tienen que ver
solamente con que me gusta, sino con qué significado, de dónde viene, dónde lo ubico. O
sea, qué tipo de qué tipo de energía extraña está funcionando acá, lo estoy diciendo no
desde el punto de vista de que lo crea místicamente, sino quizá del punto de vista narrativo
y literario. En otras palabras, qué historia está contando esta persona.

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La adolescencia como tema
Respecto a la adolescencia, algo que tematizo bastante en los cuentos –no tanto en
las novelas–, hay novelas que me impactaron mucho, como El juguete rabioso de Roberto
Arlt, Las aventuras de Tom Sawyer de Mark Twain o Jane Eyre, de Charlotte Brontë, porque
hay algo de esa edad y de las posibilidades de esa edad, de su sensación de inmortalidad,
que se vuelve a encadenar con todo el resto de mis obsesiones. También algo muy
fundamental de los adolescentes como personaje cuando es trasladado a la literatura que es
que está en la más absoluta vulnerabilidad en muchísimos sentidos, muy desamparado,
pero al mismo tiempo totalmente armado y arriesgado. Entonces, es muy lindo escribir sobre
adolescentes porque tenés un abanico de verosímil impresionante, es realmente de los
pocos personajes que lo podés hacer cualquier cosa y funciona; cuando yo tenía 15 años
era capaz de cualquier cosa y, además cambiaba de idea todo el tiempo, estaba esa falta de
convicciones.
Los adolescentes de mi generación, que son sobre los que trato de escribir, me
interesan porque fue una adolescencia muy desamparada; estamos hablando del fin de los
80 o principio de los 90 en Argentina, donde era –y sigue siendo– difícil vivir, pero esa
época, además, no tenía ningún tipo de épica, o sea, no teníamos ningún tipo de
convicciones, no teníamos nada. Es mentira que no había militancia y todo ese tipo de
cosas, por supuesto que eso existía, pero el punto era para qué. Además, había algo que
siempre sentí y es que los adultos de esa época –los que habían sido joven en los 60 y en
los 70– nos tenían, no digo desprecio porque nos tenían afecto, pero sí sentía que pensaban
que éramos los pobres chicos que nos habíamos perdido ese momento en el que las cosas
tenían sentido. Había, para mí, una sensación que era más profunda que la derrota; es
decir, la derrota es como un momento y uno se puede rearmar, pero acá había un sentir de
que no había absolutamente nada desde donde rearmarse, y eso tiene que ver también con
que la generación anterior había sido una generación asesinada en muchos casos, y no solo
asesinada de verdad, sino asesinada simbólicamente. Quizás vos tenías padres que no
habían sido asesinados durante los años 70, pero cuando cuando tenían que ser tus padres
en un sentido de referencia y contención, los tipos estaban en bolas, sin casa, tratando de
conseguir la plata del alquiler, sin trabajo, con cortes de luz. Era realmente como eso que
dice Alejandra Pizarnik respecto de la libertad total del hombre; la estoy citando mal pero era
eso, eran como totalmente silvestres y a mí esa condición asilvestrada de los jóvenes es
algo que me interesa.

En primera persona
Leila Guerriero, editora de El otro lado, quiso incluir en el libro los textos en primera
persona, los textos de autoficción. Dejamos algunos afuera porque realmente eran
demasiado personaje, pero los que están son los que yo te puedo decir que el 98%, más
allá de algunos ajustes que tienen que ver con la cuestión de cómo suena algo, de la
narrativa o de la orden de las cosas, todo es cierto, más allá del estado de ánimo que
después cambia. Lo que quiero decir es que los hechos son hechos que ocurrieron porque
la condición de Leila era que fuera un libro de periodismo, de no ficción, un libro donde yo
estuviera como al borde, jugando con eso. Quedaron afuera muchos textos que a mí me
gustaban un poco más porque la primera persona, la autorreferencialidad muy cruda, me
incomoda, por eso la mayoría son textos que tienen bastante humor porque el humor me
sirve muchísimo como una especie de máscara.

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El humor es un género que me interesa, y me interesa así, en breve, por cómo
funciona en breve; también me ayuda bastante a bajar el precio a ciertas cosas, poder ser
descarnada pero con esa máscara, porque lo descarnado por lo descarnado mismo no es
algo que a mí me interese particularmente.
Otra cosa que me parece interesante decir es que muchos de esos textos son textos
escritos por trabajo, a pedido; es decir, había un interés en ese tipo de voz, en ese tipo de
tono, en ese tipo de tratamiento de ciertos temas, específicamente temas de mujeres. Hay
cosas que me interesa decir en primera persona, en este tono; es un tono bastante
distanciado, con un efecto de crudeza pero que para mí, personalmente, está como bastante
distanciado por el humor; el humor puede ser muy crudo, no digo que no, pero a mí me
servía, sobre todo cuando lo estaba escribiendo, para bajarle el precio a ciertas cosas, y no
ponerme como en un centro narcisista, que no me gusta. Por supuesto, nadie está en contra
de una persona gramatical, yo no estoy en contra de la primera persona ni nada que se le
parezca, pero creo que se puede abusar muchísimo del hablar sobre uno mismo, entonces
yo traté de matizarlo mucho. O sea, sí era hablar de cosas que me pasaban a mí, pero que
también fuesen cosas con la que, de alguna manera, pudiera hablar a las mujeres; por
ejemplo: habla de las mujeres que no podían tener hijos, habla de las mujeres que estaban
atravesando situaciones ginecológicas, que es algo de lo que no se habla. También se habla
de la cuestión de los enamoramientos, de cuestiones como la relación con el cuerpo, el
peso, la comida, etcétera. Todo esto de una manera, si se quiere, protofeminista, proto en el
sentido brutal, con poca bajada de línea, más bien como una cosa muy vivencial.
Recuerdo que antes de todo esto tenía un fanzine y ahí tenía una sección que se
llamaba “Me siento gorda”. Y era exactamente eso porque yo jamás fui gorda, pero tenía
sobre la cabeza todo el mandato –como teníamos todas o muchas, sobre todo en mi
generación– de ser delgada. Entonces, me miraba al espejo y todo el tiempo me pasaba
eso: no me veía gorda, pero me sentía, y eso era súper perturbador porque, además, era
algo muy estigmatizante para las demás y para mí también. Ese tipo de cosas en las que
venía pensando todo el tiempo, sí las escribí periodísticamente y, después, cuando Leila me
dijo que le interesaba que estén, fue cuando se hizo el trabajo de separar la paja del trigo,
es decir: donde yo estaba claramente inventando situaciones y donde sí estaba hablando de
cosas que a mí me pasaban pero que, además, quería compartir con los demás por si a
alguien más le pasaba lo mismo. Me gustaba esa idea fanzinera de usar la experiencia
medio como de barricada, o sea, reírnos de esto pero decirlo bestialmente.
Me costó volver a leer estos textos, no los volví a leer con gusto, o sea, los leí
corrigiéndolos, apenas lo toqué: algunos errores o cosas como muy gruesas. En muchos
casos, incluso pensé: “pero porque estoy escribiendo esto” y en muchos casos la respuesta
fue que estoy escribiendo esto porque tengo que escribir una nota por semana, tengo que
trabajar. Me parece que estos textos también hablan de eso, de cómo la palabra te expone,
sobre todo cuando vivís de la palabra. En ese momento yo necesitaba escribir para para
tener un sueldo básicamente, uno no siempre uno escribe lo que lo que quiere –por ahí
hubiese escrito otras cosas–, pero me parece honesto que estén en el libro porque el
periodismo también es un trabajo. El periodismo, además, es un trabajo que se nutre de
todo tipo de textos, o de todos los tipos de textos de los que uno es capaz de ejecutar; por
eso, insisto, me parece honesto en este libro, que es una suerte de mi minitrayectoria –
porque son pocos años– incluir ese tipo de textos.

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En primera persona. Huellas de la última dictadura militar
en la literatura infantil argentina46
Sergio Ariel Minore
Departamento de Literatura y Sociedad

La madrugada del 24 de marzo de 1976, se produjo en Argentina el golpe de Estado
más sangriento que tenga memoria el país. La Junta Militar encabezada por el general Jorge
Rafael Videla, el almirante Emilio Eduardo Massera y el brigadier Orlando Ramón Agosti,
tomó el poder por la fuerza, derrocando el debilitado gobierno constitucional de la señora
María Estela Martínez de Perón. Se dio inicio así al autodenominado “Proceso de
Reorganización Nacional” que tuvo, entre otros objetivos, combatir y eliminar la subversión
marxista en el territorio nacional; preocupación y objetivo que también estuvieron presentes
en los planes de gobiernos que inspiraron otros golpes de Estado contemporáneos en la
región, y que con el tiempo se los conocería a todos como parte del “Plan Cóndor”.
Durante ese extenso período de más de siete años, signados por la violencia estatal,
todas las garantías constitucionales estuvieron suspendidas. Las fuerzas de seguridad
estatales, secuestraron, torturaron, despojaron de sus bienes, asesinaron y desaparecieron
a miles de personas, a la par que multiplicaron la deuda externa, destruyeron la industria
nacional y crearon uno de las índices de inflación más grandes de la historia nacional47.
Tras la derrota sufrida en la Guerra de Malvinas, se volvió a llamar a elecciones. De
este modo, el domingo 30 de octubre de 1983, la fórmula de la Unión Cívica Radical se
impuso con un 51.75 % de los votos frente a los candidatos justicialistas que apenas
lograron sacar el 40.16 %, y el 10 de diciembre asumió el poder en Argentina el doctor Raúl
Ricardo Alfonsín. Tan solo cinco días después de su asunción, el nuevo presidente creó la
CONADEP (Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas) con el fin de esclarecer los
hechos ocurridos durante la dictadura. Como resultado surgió el informe llamado Nunca
más, donde se logran registrar al menos 8961 desapariciones forzadas ejecutadas por parte
del Estado Nacional, cifra que con el correr de los años ascendería a 30.000.
Es notorio resaltar que dentro de ese escalofriante número, se encuentran una gran
cantidad de niños y niñas que, por distintas situaciones, padecieron al igual que sus padres
los horrores del autodenominado proceso: sea porque los secuestraron junto a alguno de
sus progenitores, o porque nacieron en alguno de los centros de detención clandestinos y
luego fueron apropiados por sus verdugos o dados en adopción a terceros. A estos tantos
niños, hay que sumarle aquellos y aquellas que, sin llegar a sufrir el secuestro, fueron
separados de sus padres y madres al momento de su desaparición, quedando al cuidado de
sus familiares, a la espera de volver a verlos.
Sin desmerecer lo sufrido por esa parte sustancial de mujeres y hombres
desaparecidos durante el período, el daño realizado a los niños y niñas resulta trasversal

46 Ponencia presentada en el V Coloquio de Literatura Infantil y Juvenil “La palabra
que nos acompaña, contada, leída y escrita”, el día miércoles 15 de noviembre de
2023, en el marco de la 19º Feria Internacional del Libro de Venezuela.
47 La inflación durante el período 1976-1983 se ubicó siempre por encima de los
tres dígitos. Los índices más pronunciados fueron en 1976 con una inflación de
444%, y en 1983 con un 343,8%.
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para entender el nivel de perversión con que operaban los captores, y por ende toda la
plana militar en el poder. Más allá de la cantidad de bebés y niños vejados y muertos dentro
del cautiverio, la suerte de quienes sobrevivieron es todo un capítulo drástico que aún se
proyecta en nuestro presente.
Al igual que otras disciplinas, la literatura infantil y juvenil de los años posteriores se
hizo eco de ese drama. Numerosos fueron los autores y, sobre todo, autoras que volcaron
en sus libros esta parte oscura de nuestra historia. Entre ellas, hay tres novelas que, por el
modo de estar narradas, convocan al presente análisis. Tres historias paralelas, vivenciadas
durante ese período terrible, en las que el punto de vista está centrado en la perspectiva de
la niña protagonista: El mar y la serpiente, de Paula Bombara; El año de la vaca, de Márgara
Avervach; y Manuela en el umbral de Mercedes Pérez Sabbi.

¿Te acordás de la serpiente?
Los momentos traumáticos vividos durante la primera infancia siempre dejan una huella
indeleble en la memoria de la persona que la padeció. Huella que muchas veces
aparece desdibujada, con algunos olvidos selectivos que el propio sujeto deja
ocultos.
El mar y la serpiente (2002) de Paula Bombara es una novela narrada en tres tiempos,
donde la voz de la protagonista, de forma fragmentaria, construye su historia de la
desaparición y muerte de su padre, en manos de la Triple A, apenas unos meses
antes del golpe de Estado.
En la primera parte, una niña (de quien no sabemos su nombre) comienza contando un día
común en su vida que se ve interrumpido por la abrupta falta de su papá. A la par
que su madre arma un escueto bolso que las acompañará en derrotero de mudanzas
a otras casas y ciudades, la niña se va llenando de preguntas que no hallan
respuestas:
Mamá se sienta en el sillón conmigo. La miro. Digo ¿y papá?
Me dice, no sé.
Papá se fue en bici.
Papá se perdió.
Digo, ¿papá se perdió?
Mamá me mira. No habla. Le cae mucha agua de los ojos.
Digo, no llores, mami. Digo, ya va a encontrarse.
Me duele la panza. Pero no lloro. (2002: p. 15)

Desde ese momento, ambas vivirán durante más de una año, una serie de
peripecias en la clandestinidad que incluirán la desaparición momentánea de la propia
madre, ahora sí por parte de los militares que habían tomado el poder, quien dejará a la
nena al cuidado de unos familiares. Ahí se hace un hiato.

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La segunda parte del libro retomará la historia ocho años después, ya con la
protagonista preadolescente, viviendo nuevamente con su madre, quien con el tiempo pudo
volver a formar una nueva familia con otro hombre y una nueva hija. Si la primera parte es
una voz interna de la niña, la segunda está construida a partir del diálogo, muchas veces en
tono de reproche, de esta chica con su madre. Juntas irán reconstruyendo esos olvidos y
tratando de curar esas partes dañadas de la memoria. La chica irá conociendo los motivos
por los que su padre murió y luego también su madre fue secuestrada. Causas ligadas al
compromiso con la vida y el futuro, que asumieron estos y otros tantos militantes de ese
entonces. Razones que, muchas veces con el tiempo, entraron en conflicto con los
sentimientos de esos hijos. Como lo trae al presente, uno de los momentos del texto, en que
ese reniego por los motivos y la posterior muerte del padre atraviesan el alma de la
protagonista:

—Hija.
—…
—Hija, ¿me escuchás? Despertate…
—Mmmhhh… ¿qué hora es?
—No importa. Tengo que decirte algo.
—Mmmhhh… ¿qué?
—Vos eras todo para nosotros. Tu padre pensaba que merecías
un mundo mejor. Por eso luchaba.
—…
—Era eso nada más… Seguí durmiendo (2002: p.63)

La tercera parte del texto encuentra ya a la niña iniciando el secundario y aceptando
su personalidad. A partir de la escritura de una redacción monográfica sobre “los
desaparecidos”, ella pondrá en palabras quién es y reparará, de alguna manera, aquellas
partes que el terror vivido y el consecuente olvido intentó borrar. Si bien no es un final feliz
(imposible serlo) sí es un final liberador.
En El mar y la serpiente, Paula Bombara aborda una historia dolorosa y común para
muchos niños y niñas de los 70. La desaparición de alguno de sus padres y la violencia
estatal conviviendo en el día a día de sus vidas. Más allá de lo preciso de la recreación
histórica y su narración, un gran acierto de este libro, es el vínculo afectivo presente a lo
largo de todo el texto. Tal como lo expresa uno de sus momentos más conmovedores:

—¿Y vos que hacías mientras estabas secuestrada?
—Pensaba en vos…
—…
—Trataba de no volverme loca…

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—¿Loca?
—Sí, loca. ¿Te acordás de la serpiente?
—¿La serpiente de trapo?
—Esa.
—Sí, me acuerdo.
—Bueno, la serpiente te la hice yo mientras estaba en el pozo
—¡¿…?! (2002: p. 79)

Una novela que, a pesar de la crudeza de su argumento, no pierde la delicadeza y
emoción necesaria para abordar su narración. Una historia encarnada en sujetos sensibles,
que vivieron y murieron, pero que nunca olvidaron el porqué de sus luchas.

Los poderes de la vaca
El año de la vaca (2003) de Márgara Avervach es un libro en el que varias historias
se cuentan a la vez, pero que entre todas construyen una más grande. Organizado en seis
capítulos y narrado justamente a partir de los puntos de vista de seis personajes, el texto se
centra en la llegada de una nueva alumna a un colegio, quien pronto, por algunas actitudes
y características propias de su físico es apodada maliciosamente “la Vaca”. Sin embargo,
esta chica llamada Juana, dueña de unos poderes misteriosos e inexplicables (controlar
pelotas en el aire, unir partes rotas de un papel con la mirada, borrar dibujos tan solo
pasando su mano por ellos) irá ganándose el respeto y cariño del grupo, y con sus atributos
ayudará a desentrañar un nudo que venía cerrándose sobre la garganta de una de las
protagonistas.
Esta angustia estará presente ya desde las primeras páginas, cuando Sebastián (un
muchachito un poco tímido y enamorado de una de esas chicas) con una mezcla de
sorpresa y admiración, enuncia el momento en que todo comenzó a cambiar en la vida de
ellos:

Fue así: la foto sale volando de la mano de Laura y flota por debajo del banco hacia adelante,
hacia la Vaca, que no se da vuelta para nada. La Vaca se agacha sin dejar de escribir en la
carpeta con la birome negra que usa siempre (jamás escribe con azul, no importa lo mucho que
la reten), toma la foto en el aire, y la mira. La mira un rato largo, no sé, como un minuto.
Después se da vuelta con esos movimientos tan… “despacio”, tan largos, hacia Nadia y dice en
voz baja:
—Se te cayó esto. (2003: p. 14)

A partir de esta suerte de “pase mágico”, Nadia, una chica que tenía una vida
bastante “normal” (dueña de una belleza hegemónica, con novio canchero y buena para los
deportes) comenzará a indagar sobre su propia identidad y descubrirá algo terrible de su
pasado, del que ya venía dudando, a partir de ciertas diferencias físicas con su madre. La
foto en cuestión será el puntapié para que ella comience a indagar y termine
reencontrándose con su abuela y su identidad borrada durante los años en que fue criada

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por un matrimonio de militares. De a poco, Nadia conocerá la verdad de sus padres y se
reencontrará con el resto de su familia, radicada en Salta, pero sobre todas las cosas,
recobrará su nombre: Celeste.
Todas estas transformaciones irán permeando en la vida del grupo quienes, al igual
que gran parte del resto de la sociedad argentina, no vieron con buenos ojos estas
novedades. En tal sentido, una escena crucial del relato es cuando Rafa, su exnovio, aún
enojado con todos estos cambios, pero con ganas de volver a estar con ella, intenta visitarla
en su antigua dirección. La respuesta recibida tras tocar la puerta no deja dudas:

Me atendió la de la piel linda, la rubia regordeta:
—No está —dijo—. No vive más acá.
Por supuesto. Yo ya lo sabía. La señora estaba furiosa, como si yo tuviera la culpa de lo que
pasó, yo, que no entiendo nada. Me cerró la puerta en la cara como si hubiera ido solamente
para joderla. Cuando se cerró la puerta, oí la voz del padre desde adentro, una voz dura,
seguro que a ese tipo nadie le dice que no:
—¡Te dije que no atendieras! (2003: pp. 43-44)

Enojo del matrimonio que tuvo que devolver la nena, que también encontró
acompañamiento civil, en forma de desconfianza por aquello que sucedió durante la década
anterior. En ese sentido, la opinión de Alejandra, una amiga de la protagonista, de la época
en que era “popular”, resume un poco el pensamiento muchos argentinos y argentinas:

Esa chica era feliz, mierda, tenía una familia bárbara, plata para hacer lo que se le cantara,
tiempo, chicos que le andaban detrás. Los padres, no digo que fueran millonarios ni nada, pero
ella tenía una ropa preciosa, se compraba todos los libros… y ellos la adoraban. ¿Y me dicen
que ahora está mejor? ¡Por favor!
Fueron y le metieron el cuento de los desaparecidos, del padre abogado, toda esa leyenda de
cómo se los llevaron a los tres en un Falcon verde, y ¿ella se lo tiene que creer y tirar todo por
la ventana y ponerse a revisar diarios viejos…? (2003: p. 84)

Más allá de las diversas opiniones, hay que estar en la piel de aquellos que vivieron
semejante tragedia para poder comprenderlo. Acorde a esto, la novela no vacila a la hora de
empatizar. Es justamente, la propia niña, ahora llamada Celeste quien reconoce: “Este año
fue como que me tropecé conmigo” (2003: p. 124). Y en ese tropezarse duda. Porque las
diferencias están a la vista. No solamente en la forma de vestir o en los lugares donde vivir,
sino también en la forma de relacionarse, en la manera en que habitamos nuestros
sentimientos. Por eso, frente a las caricias y el trato amoroso de su abuela, a quien cree
reconocer a pesar del paso del tiempo, opone un recuerdo de su infancia en la casa de sus
apropiadores:

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A mí todos me decían “adoptada”. Los tíos, los amigos de Elsa, los de Mariano. Era la broma
de la familia. Que yo era tan distinta que yo tenía que haber salido de un repollo colorado,
decía Eduardo, el primo de Morón, o “A quién corno se parece tu hija, Mariano?”, o “¿De dónde
sacó ese pelo?”, como preguntaba siempre Lucía, la amiga de Elsa. Y eso no era lo peor. Las
bromas eran fáciles: lo único que había que hacer era reírse y listo. Lo peor eran Elsa y
Mariano que siempre estaban encontrando parecidos. Que yo y la tatarabuela de él éramos
como dos gotas de agua. Que el tío Darío tenía la misma sonrisa que yo. Que mis manos eran
calcadas a las del primo segundo del abuelo de ella. (2003, p. 125)

Bromas, cargadas y comparaciones que, lejos de acercarla la fueron lastimando y
lograron que ella misma dudara de su identidad. Interrogante que, gracias a la intervención
de la Vaca, pudo encontrar un cauce. Tal vez, por eso, el balance que hace la protagonista
no sea tan negativo. Y si algo ha de resguardar de aquella época en que Celeste era Nadia
es haber encontrado un grupo de amigos maravillosos, con el que le están preparando una
sorpresa a Juana.
Con una prosa ágil y un ritmo que nunca se detiene, Márgara Avervach logra una
novela cautivante y mágica, cuyo contenido se adentra en lo que fue capítulo más siniestro
de la última dictadura militar: el robo y apropiación de bebés.

Cartas con aroma a chocolate
Otra novela que narra en primera persona el drama de la infancia en dictadura es
Manuela en el umbral de la autora Mercedes Pérez Sabbi. Ambientada en el año 1984,
Manuela es una niña que vive en un pueblo llamado Los Aromos junto a su tía y su prima. El
último recuerdo que tiene de sus padres es de cuando tenía cinco años, momento
atravezado por un “sueño negro”. Luego de esa situación traumática se mudó al pueblo y lo
poco que sabe es que su madre permanece en la Capital, recuperándose de una
enfermedad, y su padre vive en Chile. De ello se entera gracias a las cartas que
regularmente llegan a la casa y que lee junto a su prima. Así lo narra Manuela:
Julia siempre me ayudaba y eso que andaba tristona, no me acuerdo por qué. Ella me daba las
cartas que me mandaba mi mamá y me las leía. Eran pocas y las guardaba en la caja azul del
moño colorado, la de los bombones que el Oscar le había regalado a Julia para los veintitrés.
(2011: p.42-43)

Aferrada a la esperanza de volver reencontrarse con ellos, vive en el pueblo
rodeada del cariño de sus familiares y amigos, y canta en algunas fiestas con el apodo de
“Manuela Luna”. Hasta que un día un pequeño detalle le llama la atención: aparece una
carta donde dice “Te extraño, Lunita”. Esto le resulta extraño, ya que nunca le había contado
a su madre que en el lugar la llamaban así.
A partir de allí, sus dudas se multiplicarán y tratará de encontrar respuestas. Pero no
será ella sola quien necesite explicaciones, sino todo un país que a partir de ese entonces
comenzará a despertarse de la larga noche del proceso militar, situación de la que Los
Aromos no estaba exenta. De hecho, uno de esos días llega desde la Capital un equipo de
rodaje para filmar un documental sobre una de sus vecinas, la “Filu”, que había perdido el
habla a partir del secuestro de su hija embarazada. El día de la llegada de los técnicos y
artistas, la plaza del pueblo se colma de vecinos. Entre ellos está su maestra junto a una
mujer con quien mantendrá un pequeño diálogo que le resultará curioso y que anticipará de
alguna manera el desenlace. Al verla en la muchedumbre, junto a su amiga Ana, se acercan
a saludarla. Según el relato de la niña:

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La sorprendimos a Patricia por la espalda. Se le notó la sorpresa porque al vernos abrió tanto
los ojos que le quedaron fijos un rato, como si no supieran que hacer ni dónde mirar. Cuando
reaccionó, me presentó a la mujer del pañuelo blanco diciendo que yo era la hija de Patricia
Tenú y Manuel García. Eso dijo: “Ella es Manu…, Manuela, la hija de Patricia Tenú y Manuel
García”. Y la mujer me estudió la cara con sus ojos chiquitos y redondos como los del mirlo de
doña Asunción. Y cuando me abrazó, de tan fuerte que lo hizo me dolió. Y todo me pareció
raro. Y más raro me resultó porque Patricia le presentó a Ana diciendo: “Ella es Ana, una
alumna”, solamente. Y la mujer la saludó como a cualquiera, casi sin mirarla. (2011: pp. 1150151)

Manuela no tardará en enterarse de la verdad sobre su pasado, verdad conocida no
solo por su familia sino también por muchos de ese pueblo que podía empezar nuevamente
a ver las cosas sin velos. La aceptación de la realidad acerca de sus padres, tan
estrechamente vinculada a aquella pesadilla vivida a los cinco años, será el primer paso de
su crecimiento como persona.
Sin escatimar ni un poquito de la poesía y fantasía siempre presente en su obra, en
Manuela en el umbral, Mercedes Pérez Sabbi construye un relato conmovedor, basado en la
historia real, vivida por Anahí Pereira Giuggiolini, a quien le dedica esta novela, donde la
vida de la protagonista y la del país se dan la mano.

Nunca más
La última dictadura militar sucedida en Argentina durante los años comprendidos
entre 1976 y 1983, dejó secuelas de horror que aún perduran dentro de la sociedad.
Secuestros, desapariciones, torturas y robo de bebés ocupan el sitio más sórdido y violento
de ese capítulo nefasto de la historia nacional. Dimensionar el daño emocional y psíquico
que vivieron tantos niños y niñas apropiados, separados de sus padres y algunos incluso
secuestrados, es una tarea que implica una empatía que no toda la sociedad argentina
tiene. Las tres novelas brevemente reseñadas en este artículo ofrecen una mirada
comprometida con la infancia de esa época atroz, que muchos prefieren ocultar o minimizar.
Historias escritas con décadas de diferencia respecto de los hechos sucedidos, que tienden
un puente entre los nuevos lectores y quienes vivieron ese pasado. Tres libros que, sin ser
los únicos escritos al respecto ni tampoco agotar el tema, son una muestra significativa de lo
tanto que se ha dicho y lo que aún queda por decir, sobre el autodenominado “Proceso de
Reorganización Nacional” y la forma en que la niñez argentina la vivió, con la esperanza de
que aquello no suceda nunca más.

Bibliografía
Avervach, Márgara, (2003). El año de la vaca. Buenos Aires: Editorial Sudamericana.
Bombara, Paula, (2002). El mar y la serpiente. Buenos Aires: Editorial Norma.
Pérez Sabbi, Mercedes, (2011). Manuela en el umbral. Buenos Aires: Edelvives.

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Campo periodístico, subsistema de medios masivos de
comunicación, capitalismo y democracia en Argentina. Un
balance de 40 años
Rodolfo Gómez
DEPARTAMENTO DE SOCIOLOGÍA

Introducción
Intentaremos observar en este trabajo la evolución del campo periodístico argentino
en su vínculo con el subsistema de medios masivos de comunicación y en el marco de los
cambios sucedidos en la sociedad capitalista nacional a lo largo de los últimos cuarenta
años de vigencia del régimen político democrático en Argentina. Partimos para dicho análisis
de una función primordial que entendemos ha desempeñado históricamente el campo
periodístico en relación con el desarrollo de los medios masivos de comunicación en el país.
Esa función, que se fue constituyendo a medida que se consolidó el Estado nacional
argentino, con posterioridad a la imposición de un orden a través del uso de la violencia –la
llamada “campaña del desierto”- supuso la búsqueda por parte de las clases dominantes
nacionales de integrar por vías comunicacionales –léase hegemónicas- a las masas criollas
de trabajadoras/es e inmigrantes en esta “nueva” sociedad. Si en un primer momento este
intento de integración implicó la difusión de un discurso ideológico “de nación” republicano
(presente en medios como La Nación o La Prensa) que planteaba la unificación nacional, en
un segundo momento esta función integradora cobró la forma más moderna de un
periodismo “objetivo” de difusión de noticias48 que reforzaran las normas y valores vigentes;
aquello que los funcionalistas estadounidenses llamaron función de “compulsión de normas
sociales” o de “control social” (Lazarsfeld y Merton, 1986; Klapper, 1960). Función que se
fue ampliando a medida que se fueron constituyendo los diferentes públicos populares y
surgió la llamada prensa “amarilla” en Argentina, por ejemplo, con el diario Crítica en 1913.
Es, a nuestro entender, la vigencia de estas funciones integradoras “de las masas”
cumplidas por el campo periodístico, la que permite explicar la configuración de un
subsistema de medios masivos y de una industria cultural en el país en el marco del
desarrollo del capitalismo argentino. Lo que indica que, a nuestro entender, el subsistema de
medios masivos –en un sentido general- y la industria cultural cumplen desde sus inicios
funciones hegemónicas dominantes tendientes a promover el equilibro capitalista49,
buscando encauzar institucionalmente los conflictos50. En ese mismo sentido crítico (del

48 Julio Moyano (2015 y 2018) analizó la prensa gráfica de difusión de ideas entre la
Revolución de Mayo y fines del siglo XIX en Argentina, una etapa que Becerra (2010)
denominó de prensa “facciosa”. Aunque según este último autor, una vez constituido el
Estado nacional se abrió el camino a la aparición de un periodismo de difusión de noticias, de
carácter más “objetivo”, desde 1870. En cambio para Ulanovsky (1997), esta modificación
recién se concretará con la aparición de un periódico como La Razón en 1905.
49 Desde una óptica sistémica, que resulta aquí útil, aunque no la asumamos como
teoría general, Alsina (1989) explica el proceso de construcción noticioso a partir de
la articulación y búsqueda de equilibrio entre los subsistemas de medios masivos de
comunicación, el económico y el político.
50 En 1974, Heriberto Muraro analizó las funciones de integración social
desplegadas por los medios masivos de comunicación entre las décadas del
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funcionamiento del subsistema de medios masivos de comunicación y del capitalismo51),
intentaremos observar aquí cambios y continuidades que se fueron suscitando en las
funciones52 desplegadas por el campo periodístico, en vinculación con un subsistema de
medios masivos de comunicación enmarcado en la sociedad capitalista nacional; en un
período de tiempo que va desde la época de la última dictadura hasta la posdictadura,
pasando por hechos como la crisis de legitimidad política de diciembre de 2001 y el conflicto
con “el campo” de 2008, hasta la actualidad. La hipótesis con la que trabajaremos, es que
los cambios en el campo periodístico, no pueden entenderse por fuera del funcionamiento
del subsistema de medios masivos y de la transformación del capitalismo nacional.
Nos propusimos realizar un análisis histórico, pero considerando lo político,
económico, sociológico y discursivo; basado en una metodología cualitativa e interpretativa y
en el uso de fuentes secundarias.

Campo periodístico, subsistema de medios masivos de comunicación y capitalismo
durante la última dictadura militar argentina
La instalación entre 1976 y 1983 de una dictadura cívico militar en Argentina tuvo
mucho que ver con la necesidad de reproducción general de esa misma sociedad capitalista
nacional. La imposición de una férrea censura sobre los medios masivos de comunicación,
pero también el despliegue de toda una serie de políticas culturales hegemónicodominantes, implicó por parte de la última dictadura argentina el intento de clausura de la

cincuenta y setenta, en el marco de un capitalismo argentino de características
dependientes. Perspectiva crítica sobre los medios de comunicación y el capitalismo
que abandonó en textos posteriores. Aquí asumiremos de nuevo ese punto de vista
crítico, considerando ciertas interpretaciones sobre el funcionalismo que se
encuentran en Cambiasso y Grieco y Bavio (1999). Para otra mirada cuestionadora
de las perspectivas empiristas y funcionalistas empleadas en estudios de
comunicación de masas, ver Hall (1982).
51 Aquí asumimos que el capitalismo no es sólo una “esfera económica” sino una
“totalidad” (o “sistema”), producto de la expansión de la “forma mercancía” al
conjunto de las esferas de funcionamiento social. Expansión que es resistida por
diferentes grupos sociales –trabajadores, mujeres, pueblos originarios, etc.opuestos a que sus prácticas se transformen –y cosifiquen- a partir de esa
“abstracción real” (Sohn Rethel, 2017). Oposición, llamada “lucha de clases” por
Marx y Engels, presente en toda sociedad capitalista –como la argentina- y que da
lugar a variaciones en las “formas” del capitalismo –desde una “forma liberal” a una
“forma de bienestar”- y a cambios en sus “formas” políticas, culturales,
comunicacionales.
52 Extrapolando el proceso de El Capital de Marx a la producción discursiva de los
medios (particularmente la televisión), Hall (1980) vinculó “forma” y “función” de los
mensajes y analizó cómo esta relación produce hegemonía dominante e intentos de
resistirla. Previamente a ese texto de Hall, Baudrillard (2002) analizó las funciones y
las formas de los objetos en vinculación con su efecto ideológico. También
Poulantzas (2007) describió funciones –represivas e ideológicas- desplegadas por
los Estados capitalistas para reproducir el modo de producción en su conjunto, y
Altvater (2005), amplió ese número de funciones para definir al Estado como un
“capitalista colectivo ideal”. Para el caso argentino, Fair (2011) analizó las funciones
discursivas de “legitimación” del Plan de Convertibilidad por parte de los medios
masivos dominantes, durante los gobiernos menemistas.
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disidencia al interior del campo periodístico y del subsistema de medios masivos, para llevar
a cabo dicha reproducción. En lo referido a los contenidos, géneros y formatos, encontramos
durante ese último régimen de facto una línea de continuidad respecto de las funciones
mass-mediáticas presentes entre 1969 y 1976, que siguieron siendo las de integración y
control social, a las que se sumó la de entretenimiento; sobre todo en radio y televisión. Esta
continuidad no se observó en los medios gráficos y en las que llamamos esferas públicas
alternativas, donde hubo variaciones.53
Si consideramos la continuidad funcional presente en el subsistema mass-mediático,
y el fracaso para contener el conflicto social y recomponer la hegemonía dominante durante
los “primeros” setenta; podremos comprender por qué la última dictadura se propuso
modificar esas relaciones de fuerza previas y transformar la estructura de funcionamiento de
la sociedad capitalista argentina en su conjunto (Canelo, 2008). Cuestión que fue de la
mano de una situación internacional favorable a ello, ya que por ese entonces en los países
desarrollados se verificaba el proceso de crisis del Estado benefactor y se iniciaba la
transición a lo que sería la “forma” neoconservadora y neoliberal del capitalismo. Proceso
que intentó llevarse a cabo en el país a través de la represión ejercida por el régimen
dictatorial, pero también de un conjunto de políticas comunicacionales y culturales, que son
las que permiten que hoy hablemos de una dictadura cívico-militar, tal como describen –
entre otras y otros- Risler (2018), Schenquer (2022) y Margiolakis (2016).
Si en su crítica a las teorías reduccionistas de la manipulación, planteó Muraro
(1974) que la incidencia de los medios masivos de comunicación se daba sobre ciertos
sectores sociales “medios”, proclives al consumo de ese tipo de mensajes 54, y no sobre el
conjunto social, lo que le permitió explicar por qué triunfó Perón en las elecciones de 1973
con los medios masivos de comunicación en contra. Esto mismo fue lo que llevó a la
dictadura a promover un cambio, que posibilitara que los medios masivos de comunicación
pudieran tener cierta incidencia como mecanismos de “control” sobre sectores sociales medios- que ahora podrían tener mayor peso sobre el conjunto de la sociedad capitalista
emergente.
El trabajo llevado adelante por Piva (2020), que da cuenta de las transformaciones
de la estructura de clases y de la estratificación de la sociedad nacional entre 1947 y 2019, a
partir de la consideración y la articulación de datos provenientes de los censos nacionales,
los censos económicos y la evolución de la EPH, es ejemplificador del proyecto de
transformación “total” que llevó adelante la última dictadura cívico militar. Concluye allí que

53 Valiéndonos de textos como los de Ulanovksy (1997); Ulanovsky, Merkin, Panno
y Tijman (1995), Bosetti (1994), Getino (1995), Sirven (1998), Buero (1999), Grimson
y Varela (1999), Varela (2005), entre otros; relevamos, clasificamos y analizamos
diferentes tipos de periodismo gráfico y tipos de programas y géneros radiales y
televisivos, entre 1970 y 1990. Constatamos allí, en lo que a las funciones de los
medios refiere, diferencias en los medios gráficos, sobre todo entre los primeros
setenta, la dictadura y la posdictadura; mientras que, en radio y televisión, encontramos
continuidades (Gómez, 2023). Para lo que llamamos esferas públicas alternativas, nos
basamos en Keane (1993); quien distingue entre esos tipos de esferas de la constituida por los
medios masivos de comunicación. Estas esferas públicas alternativas, que se habían
desarrollado de modo notable entre las décadas del sesenta y setenta en Argentina, fueron
reprimidas durante la última dictadura, aunque algunas publicaciones circularon
subterráneamente durante la misma (Margiolakis, 2016).
54 También en Carassai (2013) pueden encontrarse ejemplos de medios gráficos y de
programas televisivos, donde se describe el vínculo entre la discursividad mediática “mid
cult” (MacDonald, 1969; Eco, 1997) y los sectores medios durante los años setenta previos a
la última dictadura.
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durante el último período de facto se produce una profunda transformación de la relación de
fuerzas, donde se observa una disminución de la clase obrera y una ruptura de su identidad
de clase, a partir del crecimiento del cuentapropismo y del impulso del sector servicios, una
concentración de las clases dominantes, un crecimiento de los sectores medios y de la
desocupación.55
Fueron estas transformaciones estructurales, que llevó adelante la última dictadura,
las que determinaron un cambio en las relaciones de fuerza económicas, sociales, políticas,
culturales y comunicacionales; con el fin –explicitado por el propio régimen- de terminar con
la Argentina populista y con cualquier posibilidad de cuestionamiento al capitalismo. La
reconversión capitalista llevada a cabo y una política represiva que tuvo como principal
blanco a las clases trabajadoras y populares, cumplió con ese objetivo explícito en el marco
del consenso represivo dictatorial contra los grupos políticos armados, lo que se plasmó en
la campaña publicitaria “Ganar la guerra”, desplegada desde los medios de comunicación
entre 1976 y 1977. Sin embargo, ese consenso fue resquebrajándose a medida que se
concretaba el triunfo de la “guerra” contra las organizaciones políticas armadas, y se iniciaba
una segunda fase comunicacional a partir del despliegue de la campaña “Ganar la paz”
entre 1978 y 1979 (Risler, 2018).
La pérdida de consenso de la última dictadura, tanto entre las clases dominante
como entre las clases populares, se expresó primero mediáticamente en lo económico, pero
luego también, como relata Marina Franco (2019) en su libro, en la disputa por los derechos
humanos, frente a lo que se entendían –por entonces- eran “excesos” represivos del
régimen. Esto marca, por un lado, los límites que desde el régimen buscaban imponerse
sobre el discurso de los medios masivos, (los “excesos”), pero también que los medios iban
a difundir aquellos discursos que se presentaban con fuerza en la sociedad.56

Campo periodístico, subsistema de medios masivos de comunicación y capitalismo
en la posdictadura
Como intentamos describir en el apartado anterior, además de sus características
represivas, la última dictadura buscó hacer emerger nuevas relaciones de fuerza
económicas, sociales, políticas, culturales y comunicacionales; que permitieran consolidar
un nuevo patrón de acumulación capitalista para reemplazar el anterior, de características
“populistas”, que había tenido vigencia hasta 1975. Estas nuevas relaciones de fuerza
implicaron la unificación de las clases dominantes, la disgregación de las clases
trabajadoras y populares, el crecimiento de los sectores medios, del cuentapropismo y de la
desocupación; lo que en términos ideológicos supone el quiebre de la identidad hasta
entonces consolidada del “trabajador peronista” (Pozzi y Schneider, 1995; Svampa, 2000).
Un punto de importancia, ya que, si seguimos el mencionado planteo de Muraro (1974)
sobre las funciones que cumplían los mensajes de los medios masivos sobre las clases
medias, y una vez transformada la estructura social, esto permitiría pensar ya no por qué
ganó Perón con todos los medios en contra sino por qué muchos trabajadores –incluso
peronistas- terminaron votando a Alfonsín, cuando su discurso representaba más al
“ciudadano” de clases medias que al “pueblo”.
Un texto de Sebreli (2003) nos permite complementar el argumento. A partir de la
asociación que realiza entre sectores medios y valores abstractos (como “la república” o “la

55 Ver también al respecto Dalle (2016).
56 En los “imaginarios” que releva en tres periódicos, a saber, La Prensa, Buenos
Aires Herald y El Día; Díaz (2016) describe una línea de continuidad discursiva –
promotora del orden- que se construye desde la última dictadura y que redunda en la
discursividad de esos mismos periódicos en la posdictadura.
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moral”), que se contraponen con los valores concretos –signados por el interés- que
encontramos en las clases dominantes y en las clases trabajadoras y populares. Y en un
sentido más político, otro de Ezequiel Adamovsky (2019) que analiza la configuración por
parte de las clases dominantes capitalistas de una “identidad de clase media” construida
para aproximar dicha identidad a los intereses capitalistas dominantes y distanciarla de los
intereses de las clases trabajadoras y populares.
Es esta “identidad de clase media”, que no es –como sostuvo el propio Raúl
Alfonsín57- ni de derecha ni de izquierda, la que emerge con fuerza en los años de la
posdictadura, producto de la transformación de las relaciones de fuerza y de la estructura de
clases promovida durante la última dictadura. Esto pudo verse no sólo en el triunfo del
radical Alfonsín como presidente de la nación sino además en la presencia de dos nuevos
tipos de electores –o ciudadanos- novedosos, los “indecisos” y los “independientes” (Bonnet,
2008). Ahora bien, en el caso de los medios masivos de comunicación esto se expresó en
un campo periodístico signado desde hacía ya bastante tiempo por un ideal de “objetividad”,
lo que llevó por otro lado a la incorporación del uso de encuestas de opinión pública,
caracterizadas por ese tipo de discurso como “objetivas” y “científicas” (Vommaro, 2008).
En lo referido al discurso de los derechos humanos, la discursividad de la
“objetividad” o del “equilibrio” (la “mid cult”, “identidad de clase media”), se expresó durante
el período alfonsinista en la difusión y abordaje por parte de los medios masivos de
comunicación de la llamada “teoría de los dos demonios”, salvo en unos pocos casos, donde
se defendió el terrorismo de Estado (en programas como Tiempo Nuevo) o donde se lo
condenó (en el matutino Página 12 o en Radio Belgrano). Esto quiere decir que el rol que
comenzarían a cumplir los medios masivos de comunicación, era el de la moderación,
propio de la discursividad “objetiva” de los sectores medios, que buscaba garantizar la
estabilidad de una democracia que no debería virar –como observaron en los medios
masivos de comunicación los sociólogos funcionalistas estadounidenses durante la década
del cincuenta en ese país- ni a la extrema derecha ni a la extrema izquierda (ver al respecto
Cambiasso y Grieco y Bavio, 1999, capítulos 6 y 7).
Las funciones de integración social, de entretenimiento, subsumidas en la función
general de “control social” (es decir, en las funciones de “compulsión de normas sociales” y
de “reforzamiento de las normas y valores vigentes”), desplegadas por los medios masivos,
se articularon para promover la “incorporación” y la búsqueda del “equilibrio” del régimen
político democrático y de la sociedad capitalista nacional. De modo que, si un discurso
social, político, económico, cultural, se desplazaba hacia las fronteras de lo que esta
discursividad “centrista” establecía, era desplazado (hacia la periferia del campo), por el tipo
de funcionamiento del subsistema de medios masivos de comunicación y por la industria
cultural.58

57 “Yo creo que…Los radicales no somos ni de izquierda ni de derecha, ni de centro
(como algunos creen porque defendemos los intereses de los sectores medios). Por
el contrario, nosotros defendemos intereses concretos una vez que caen en nuestro
prisma de observación ético. Somos una ética antes que una ideología”.
Afirmaciones de Raúl Alfonsín en una entrevista televisiva con el periodista Raúl
Urtizberea, reproducida en la revista Discusión, junio-julio de 1983, págs. 10 y 11 y
en el libro 1983. El año de la democracia de Germán Ferrari (2013), capítulo 1,
pág.13.
58 Esto se basaba en la contraposición construida por el discurso alfonsinista entre
“democracia”, donde se ubicaba la retórica del gobierno, y “dictadura” (ver Bonnet,
2008 y Basombrío, 2016), donde se ubica la retórica de tres corporaciones, la militar,
la empresarial y la sindical (lo que da cuenta del “mid cult” discursivo alfonsinista).
Los medios masivos asumieron en cambio una mirada de la democracia no sólo
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En términos puramente discursivos e ideológicos, porque hay otras razones –
políticas, económicas y sociales- que permiten dar cuenta de estos hechos, ello permite
explicar el porqué del escaso apoyo en los medios de comunicación –sobre todo de los
privados- a las políticas económicas tibiamente intervencionistas o heterodoxas que buscó
implementar el gobierno alfonsinista y lo mismo podría decirse respecto de los intentos por
cuestionar la “teoría de los dos demonios” en el ámbito de los derechos humanos.59
Ahora bien, de nuevo en términos ideológicos, esta discursividad de la “transición
democrática” presente en los medios, sustentada en la “objetividad”, la “moderación” y el
“equilibrio” (propio de una “identidad de clase media”), impuso por otro lado un punto de
vista donde se igualaba cualquier diferencia de clase a partir de la figura del “ciudadano”. Al
igualar discursivamente toda diferencia de clase, supuso que cualquier enfrentamiento se

ligada al gobierno y dejando afuera del otro polo (Basombrío, Op.Cit., 2016) sobre
todo al empresariado (no así al sindicalismo, como puede verse en Díaz, 2021). En
lo que refiere a la función de “incorporación” por parte de los medios masivos y de la
industria cultural en posdictadura nos basamos en el planteo de Hebdige (2004) para
el caso de las subculturas. El subsistema de medios masivos en democracia debía
incorporar aquellos discursos excluidos previamente por la dictadura, aunque
algunos de estos fueron relegados a espacios discursivos no centrales dentro del
campo (es el caso Página 12 o de La Prensa). Siguiendo este razonamiento,
encontramos en los principales medios masivos (Clarín, La Nación, por ejemplo),
cuestionamientos tanto a los alzamientos carapintadas como al asalto al cuartel de
La Tablada, por parte de militantes del Movimiento Todos por la Patria (MTP).
59 Las críticas hacia las políticas heterodoxas de Grinspun podían encontrarse en la
televisión, en un programa como Tiempo Nuevo, conducido por Neustadt y
Grondona, que buscó legitimar las privatizaciones de las empresas públicas, las
reformas pro-mercado y las políticas de ajuste. Sin embargo, también la prensa
gráfica fue crítica, como en El Cronista Comercial, Ámbito Financiero o La Nación
(estuvo matizada en Clarín). Para el caso de las políticas de derechos humanos, desde
Tiempo Nuevo se le dio espacio a la agrupación Famus (Familiares de Muertos por la
Subversión), ligada a familiares de militares muertos en enfrentamientos armados y a
represores de la última dictadura. Sin embargo, esto contrastaba con otros discursos presentes
en la mayoría de los medios masivos, muchos de estos en manos gubernamentales, donde se
difundía la condena de toda violencia, fuera ésta la llevada a cabo por los grupos políticos
armados o por las Fuerzas Armadas. Aunque en muchos casos el tema fue abordado como un
“show del horror” (Feld, 2000). Los tipos de discursos que sobre los “derechos humanos”
circularon durante el período alfonsinista en los medios masivos, pueden consultarse en
Gassmann (2009). Para ver los cuestionamientos de los medios del discurso –“izquierdista”alfonsinista sin que ello suponga oponerse a la formalidad democrática y a la libertad de
expresión, ver Basombrío (2016).
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daba –de manera abstracta- en igualdad de condiciones60; lo que favoreció el triunfo
posterior de las clases dominantes, que tuvo lugar con el menemismo.
A poco más de un año de asumido el gobierno justicialista de Carlos Menem se
implementó el Plan de Convertibilidad, que resultó la instauración, con una fuerte
hegemonía política, económica y cultural, de un modo de acumulación neoliberal en
Argentina, por primera vez luego de la dictadura. Pero incluso antes de la instauración de
ese nuevo modo de acumulación capitalista, el gobierno menemista había modificado un
artículo de la Ley de Radiodifusión de la última dictadura, que permitió la constitución de
grupos monopólicos multimedia en todo el país; lo que le valió el apoyo de estos medios –
con ciertas excepciones- durante su primer gobierno.
Ahora bien, esto comenzó a cambiar cuando los resultados económicos no
resultaron tan beneficiosos y comenzó a observarse cierta pérdida de consenso respecto del
gobierno y de la Convertibilidad, sobre todo luego de la crisis internacional del año ’98, hacia
el final del segundo mandato.61
En un trabajo anterior (Gómez, 2015) analizamos por qué el subsistema de medios
masivos y la industria cultural fue cambiando su posición frente al gobierno menemista y
terminó cuestionándolo de manera importante, más en sus aspectos políticos y sociales que
en su aspecto económico. A nuestro entender esto tuvo que ver con las disfunciones que,
en términos del crecimiento impresionante de la desocupación y subocupación pero también
en términos de un modo “populista” de hacer política, ya los mismos medios vislumbraban
como consecuencias no deseadas del menemismo. Lo que supuso por parte de los medios
una intervención crítica que buscara reequilibrar esas disfuncionalidades gestadas desde el
mismo gobierno.62
Como en el caso del gobierno menemista, también el gobierno posterior de la
Alianza, presidido por el radical Fernando de la Rúa, recibió en sus inicios un tratamiento
auspicioso del subsistema de medios masivos de comunicación. Sin embargo, a medida que

60 El mejor ejemplo del intento del discurso de la “transición” por igualar
“corporativamente” a las distintas organizaciones de clase (empresarias y sindicales), es el
que encontramos en Portantiero y Nun (1987). Para considerar el vínculo entre la
construcción de una “objetividad” mediática a través del uso “científico” de las encuestas de
opinión pública, y de figuras políticamente “neutrales” como las del ciudadano o del
“indeciso” o del “independiente”, ver Vommaro (2008). Para considerar las relaciones entre
estas últimas figuras y la creciente importancia política de los sectores medios –y de su
discursividad, de características “mid cult”- durante el gobierno de Alfonsín, ver Bonnet
(2008).
61 En un trabajo de investigación inédito, realizado dentro del Departamento de Ciencias
Sociales del Centro Cultural de la Cooperación en 2005, un equipo coordinado por
Evangelina Margiolakis (2005), relevó cómo fue caracterizado el Plan de Convertibilidad por
los diarios Clarín y La Nación. Encontró que fue hacia 1997 y 1998 cuando en esos medios se
publicaron las primeras críticas hacia el plan económico del ministro Cavallo. Pero más
interesante que ello fue la observación realizada de la disociación que se hacía en esos
periódicos entre lo económico (la política económica), que era defendido, y lo político, que
era caracterizado a partir del uso de términos como “irresponsabilidad” y “corrupción”.
Aunque las críticas a la “corrupción menemista” estuvieron presentes ya desde el primer
gobierno de Menem en Página 12, también se hicieron presentes, tal como revela el
mencionado trabajo, antes del 97, en Clarín y La Nación.
62 Hacíamos referencia en ese trabajo de 2015 a la diferencia en la cobertura mediática de la
Carpa Blanca docente de 1997, muy difundida en todo el subsistema, y hechos posteriores de
similar factura (concretados en los años 2000 o 2001) que no tuvieron cobertura.
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fue avanzando la gestión y el gobierno se manifestó errático en la modificación de la forma
neoliberal de acumulación (recordemos que el gobierno aliancista mantuvo la Convertibilidad
del gobierno previo), profundizando aún más el camino neoliberal que se había iniciado
(sanción de la Ley de Flexibilización laboral, aplicación de las recetas de austeridad y
disciplina fiscal del Fondo Monetario Internacional, promoción de recortes salariales a
jubilados y estatales, entre otros sectores, imposición del llamado “corralito” financiero); con
las consecuencias disfuncionales –para la gobernabilidad y la democracia, esto es, para el
subsistema político- que ya se habían hecho presentes durante el último gobierno
menemista; ese apoyo inicial del subsistema de medios masivos y del campo periodístico
fue virando hacia la crítica.63
Ahora bien, una vez producida la renuncia de Fernando de la Rúa, estallado la crisis
de legitimación y representación del subsistema político, pero también del funcionamiento
del subsistema económico, y habiéndose hecho presente un crecimiento notable de la
protesta social en todo el país; nuevamente el subsistema de medios masivos de
comunicación jugó un rol de equilibrador del subsistema político y también del subsistema
económico, caracterizando la protesta social -desatada en todo el país- como hecho
delictivo y desplegando las clásicas funciones de “compulsión de normas sociales” y de
“control social”, de modo de promover la resolución institucional (aunque esta resolución
tenga características represivas, como las tuvo) de los conflictos.64
La pervivencia de una función social re-equilibradora en los medios masivos fue
sumamente importante asumido el gobierno de Eduardo Duhalde, a quien se consideraba
prácticamente el único capaz de contener la protesta y encauzar, desde un gobierno de
coalición, la salida democrático institucional. Es también esa pervivencia la que permite
explicar el famoso titular del diario Clarín –replicado en prácticamente toda la programación
del multimedio- “La crisis se llevó dos nuevos muertos”, para dar cuenta de un hecho de
violencia institucional. La réplica a esa caracterización periodística elíptica y abstracta (“la
crisis”), encabezada al interior del campo periodístico por el matutino Página 12, mostraba
en cambio la responsabilidad del aparato represivo del Estado en esos asesinatos y también
los límites que, aún dentro del subsistema de medios masivos, presentaba el gobierno de
Duhalde para encargarse de la re-legitimación del subsistema político.
La resultante de los límites duhaldistas para recomponer el funcionamiento del
subsistema político fue el llamado a elecciones presidenciales de abril de 2003 donde –
finalmente- resultó triunfante Néstor Kirchner. Una vez asumido el nuevo gobierno se
observó una continuidad en la política económica respecto del gobierno de Duhalde, pero en
términos políticos se produjeron toda una serie de gestos que irían permitiendo la
incorporación al interior de ese deslegitimado subsistema político de todo un conjunto de

63 Cabe mencionarse el apoyo del multimedios Clarín y del diario La Nación al “blindaje”
financiero del FMI durante el gobierno de De la Rúa; pero también el cuestionamiento que
provino de diarios como Página 12 a hechos de corrupción como los que involucraron a la
entonces ministra Graciela Fernández Meijide o a la sanción de la reforma laboral (la “ley
Banelco”). Por otro lado, por brindar un ejemplo no periodístico, desde el propio gobierno se
hizo referencia al efecto negativo sobre la figura presidencial que tuvo la parodia “Gran
Cuñado”, emitida durante el programa de Marcelo Tinelli “Videomatch”.
64 En un trabajo anterior relevamos el rol desempeñado por algunos medios masivos de
comunicación frente a hechos de protesta social. Encontramos allí que los principales
periódicos en la Argentina (Clarín, La Nación, Crónica, Página 12, aunque en este caso con
una interpretación focalizada en los riesgos para la democracia); durante el período posterior
al 20 de diciembre de 2001 –nuestro relevamiento se extendió hasta febrero de 2002asociaban los hechos de protesta con hechos delictivos. Ver Allievi, Gambina, Gómez,
Pulleiro, Ronconi (2011) en Gambina, Rajland y Campione (Orgs.).
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actores que hasta ese momento se encontraban por fuera del subsistema (el caso del
movimiento de derechos humanos es el más claro, pero a este movimiento cabría agregarle
el de los piqueteros, el del sindicalismo de la CTA, entre otros).
Pero también en este caso, frente a un nuevo gobierno en búsqueda de ampliación
de consensos y cuando el subsistema político no estaba aún relegitimado, la función del
subsistema de medios masivos de comunicación fue la del equilibrio, apoyando los procesos
de reconstrucción de la matriz productiva y de generación de empleo y cuestionando cuando
los gestos kirchneristas de búsqueda de relegitimación del subsistema político –
parafraseando la célebre frase de Hilda “Chiche” Duhalde- se “pasaban de progresistas”.
Las funciones del subsistema de medios masivos, y del campo periodístico que
actuaba en su interior, observadas hasta ahora, se mantuvieron en simultáneo con la
relegitimación de un subsistema político, que iba de la mano de la recomposición del
subsistema económico65. Pero todo cambió con la elección de Cristina Fernández como
presidenta de la Nación, hecho que confirmaba la relegitimación del subsistema político, y
con la crisis económica del 2008, que junto con el intento de sanción de la resolución 125,
comenzaba a dar cuenta de tensiones a la hora de construir un modo de acumulación
diferente al neoliberal.

Campo periodístico, subsistema de medios masivos de comunicación y capitalismo
desde el conflicto con el campo a la actualidad. A modo de conclusión
La crisis capitalista del año 2008 tuvo consecuencias a nivel mundial. En los países
desarrollados marcó el inicio de la crisis de las políticas neoliberales de distinto cuño (sean
estas las tradicionales o las llamadas de “tercera vía”) y en los países latinoamericanos, el
impacto dio de lleno sobre los intentos de construcción de un modo “posneoliberal” de
acumulación, mostrando los límites de conciliar acumulación capitalista y cierta distribución
del ingreso.
Es en este marco, en el que la crisis neoliberal hace visible los límites que el mismo
neoliberalismo impone a cualquier intento de construcción de un modo de acumulación
posneoliberal; que nos encontramos con el conflicto de 2008 entre el gobierno kirchnerista y
“el campo”. Cuando se reconfiguran las funciones que hasta ese momento el subsistema de
medios masivos de comunicación y el campo periodístico habían venido desplegando al
interior del sistema social capitalista. Porque si desde el retorno del régimen político
democrático dicho subsistema mass-mediático había sabido desplegar sus funciones de
compulsión de normas sociales, de control social y de entretenimiento, en pos de garantizar

65 Entre la asunción de Kirchner a la jefatura de Estado en 2003 hasta 2006
aproximadamente, buena parte de los medios masivos difundieron noticias sobre el
crecimiento económico a “tasas chinas” (un promedio de 5% anual). Sin embargo, buena
parte de los medios masivos no apoyaron la política de derechos humanos del gobierno, ni la
de seguridad, siendo notable la cobertura mediática del asesinato de Axel Blumberg, noticia
que se asumió como una crítica al gobierno. En una investigación no publicada, un grupo
numeroso de investigadores del Centro Cultural de la Cooperación relevó, bajo mi dirección,
desde finales de 2006 hasta inicios de 2008 las noticias difundidas a través de la prensa
gráfica, radio y televisión; utilizando métodos de recolección de datos cuantitativos y
cualitativos. Se encontró allí un predominio de la función de entretenimiento sobre las
funciones de control social, aunque también, en el análisis cualitativo se observó cómo esa
función de entretenimiento asumía un carácter “despolitizador”, tendiente –a raíz del
desinterés político- a reforzar las “normas y valores sociales vigentes” (es decir, el statu s quo).
Ver Gómez (Coord.), 2008.

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el equilibrio del subsistema político, de su “centramiento”, en el marco de la hegemonía
económica del modo de acumulación neoliberal; y si dichas funciones se habían mantenido
aún a posteriori de la crisis de este modo de acumulación, esta vez en el marco de la crisis
de legitimación del subsistema político; en 2008, una vez recompuesta la legitimidad del
subsistema político, la crisis mundial neoliberal venía ahora a tensionar el intento de
configurar algún modo de acumulación diferente del neoliberal.
Mostramos anteriormente (Gómez, 2018) que esta nueva realidad del subsistema de
medios masivos y del campo periodístico, dio origen a nuevas funciones, que denominamos
“destituyentes”, y que significaron la promoción de límites a las funciones que pudiera
desempeñar el subsistema político, en el marco de la crisis global neoliberal que comenzó
en 2008. El contexto de crisis de hegemonía resultó determinante a nuestro entender para
explicar el alineamiento del subsistema de medios masivos de comunicación y del campo
periodístico con un subsistema económico determinado por un modo de acumulación de
capital –neoliberal- también en crisis. Es este alineamiento de estos dos subsistemas –
aunque enmarcados y determinados por el funcionamiento del “sistema” capitalista en su
totalidad- el que permite explicar en términos estructurales el porqué del apoyo general del
subsistema mass-mediático (sobre todo el comercial) y del sector dominante al interior del
campo periodístico a los grupos capitalistas nucleados en “el campo” en contra del gobierno
de Cristina Fernández (Cremonte, Vommaro, en Aronskind y Vommaro, 2010).
Sin embargo, aún en este contexto y en este alineamiento del subsistema, todavía
podía encontrarse al interior del campo periodístico y del subsistema de medios masivos
cierto intento de construcción noticiosa que buscaba basarse en la objetividad y se sostenía
en el uso de distintas fuentes. Pero esto va a ir cambiando dentro del campo periodístico y
del subsistema de medios masivos de comunicación en general, luego de la sanción de la
Ley de Comunicación Audiovisual de 2009, que intentaba establecer límites a la propiedad
de las empresas oligopólicas comunicacionales, en un momento donde esas empresas
iniciaban procesos de diversificación y buscaban volverse una potencia económica; más
luego del segundo triunfo electoral de Cristina Fernández en 2011.
A partir de aquí el campo periodístico dejará de lado toda pretensión de objetividad y
comenzará a realizar –según sus propias palabras- “periodismo de guerra”, determinado por
el funcionamiento general de un subsistema de medios masivos de comunicación que,
desde 2008, buscará -integrado al subsistema económico- traccionar al centro a un
subsistema político “demasiado” corrido hacia “la izquierda” y con pretensiones de
consolidar un modo de acumulación posneoliberal.
El triunfo del candidato derechista Macri a fines de 2015 mostró la fortaleza de este
alineamiento del subsistema de medios masivos de comunicación y del subsistema
económico frente al subsistema político, permitiendo también promover un corrimiento al
centro de este último subsistema. Sin embargo, el intento por parte del macrismo
gobernante, con el apoyo de casi el conjunto del subsistema de medios masivos de
comunicación (incluidos los llamados “nuevos medios”), de promover un retorno “gradual” a
un modo de acumulación lo más cercano posible al neoliberal (es decir, el aceptado por las
clases capitalistas dominantes), tropezó con fuertes resistencias, en primer lugar por parte
de las clases trabajadoras y populares que cada vez más eran empujadas hacia las
fronteras del subsistema político. Pero también por parte del mismo subsistema político que,
aunque derechizado por efecto del subsistema mass-mediático (articulado con sectores del
aparato represivo del Estado capitalista), mostró resistencias provenientes de su interior
como así de su exterior (aquel ejercitado por movimientos sociales y partidos de izquierda).
Estas resistencias fueron determinantes para el fracaso del experimento restaurador
del modo de acumulación neoliberal por parte de las clases capitalistas dominantes
representadas por el macrismo y apoyadas por el subsistema dominante de medios masivos
de comunicación. Aunque -esta vez- ese fracaso restaurador, en el contexto de un

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subsistema político ya no deslegitimado y de un subsistema de medios masivos integrado al
subsistema económico; dejaba –deuda externa contraída con el FMI mediante- una “pesada
herencia” que buscaba limitar de manera efectiva cualquier intento por promover un modo
de acumulación diferente al buscado por las clases dominantes.
Como si esto fuera poco, el gobierno posneoliberal de Alberto Fernández, que
sucedió al neoconservador de Macri, debió enfrentar una Pandemia cuya principal
consecuencia a nivel político –aislamiento obligatorio mediante- fue dejar todo el espacio
público político a manos de ese mismo subsistema de medios masivos integrado al
subsistema económico, lo que sin dudas favoreció la acción política derechista y la puesta
en jaque de cualquier intento progresista de cuestionarla. Sin embargo, al igual que lo
sucedido durante el gobierno neo-conservador macrista, como consecuencia de estas
condiciones políticas atravesadas tanto durante la Pandemia -pero que continuaron durante
la pos-Pandemia- y también como consecuencia de las limitaciones que se establecieron a
partir del endeudamiento externo con el FMI, tampoco el gobierno de Alberto Fernández
pudo lograr construir un nuevo modo de acumulación diferente al “neoliberal” promovido por
las clases capitalistas dominantes. Lo que quiere decir que nos encontramos entonces en un
momento donde, por un lado, las clases capitalistas dominantes intentan imponer –sin
consenso social suficiente- el retorno a un modo de acumulación neoliberal previo; y por el
otro, con el intento por parte de otros sectores capitalistas articulados con sectores
subalternos, que buscan –también sin el consenso suficiente- promover un patrón de
acumulación posneoliberal.
En el marco de esta suerte de nuevo “empate” momentáneo, se explica por qué el
subsistema de medios masivos y el sector dominante dentro del campo periodístico, como
partes del subsistema económico capitalista, promueven la presencia de figuras –
economistas en general, pero también locutores, presentadores massmediáticos, actores o
ex actores- cuyas opiniones se difunden a través del mismo subsistema y se ubican en un
registro conservador radicalizado, de estilo neofascista mid cult. Como intentamos mostrar a
lo largo de la exposición, se trata de la característica estructural que asume el subsistema
de medios masivos de comunicación -sobre todo broadcasting, pero cuyos determinantes se
extienden también a nuevos medios como las redes sociales (Hang, 2022)- ahora
transformado en una fuerza integrada dentro del subsistema económico; en el marco de la
crisis irresuelta del neoliberalismo a nivel global. Es la crisis de la “forma” neoliberal del
capitalismo la que abre el camino cultural, fomentado a través del subsistema massmediático capitalista dominante (cuyos mensajes van destinados sobre todo a las clases
medias y al lumpen, esto es a aquellos sectores fluctuantes ideológicamente), a estos
neofascismos mid cult que buscan traccionar a la cultura y a la política a la derecha. Porque
para el capitalismo, como debiera resultar obvio, no debería haber resolución de la crisis –de
“su” crisis- por izquierda.

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Artículos de la publicación anual en formato CD-ROM (ISSN 1853-8452)</text>
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                  <text>La colección Anuario de Investigaciones expresa la creatividad y rigurosidad intelectual de les artistas e investigadores de las ciencias del arte y las ciencias sociales que componen el Centro Cultural de la Cooperación "Floreal Gorini". Allí podrán encontrarse los principales resultados de la investigación de cada proyecto (individual o grupal), sus reformulaciones y las nuevas preguntas que a partir de ésta se abren. Se trata de abordajes de distinto corte teórico y metodológico, que toman múltiples tópicos y problemáticas tanto de carácter local como regional y global. Por encima de sus especificidades, los trabajos de esta colección comparten una profunda preocupación por comprender y transformar, en un sentido asociativo y de igualdad social, el mundo que los vio emerger. </text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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                <text>El CCC da una gran importancia a la publicación de los resultados de las investigaciones que se realizan en sus áreas y departamentos, ya que este es un modo fundamental de participar en la batalla cultural y es también una forma de ratificar el valor del trabajo, esfuerzo y compromiso de lxs investigadorxs que las llevan adelante. Nuestro anuario es una de las maneras con que contamos para socializar el trabajo realizado a lo largo de años por las y los integrantes de las diferentes áreas y departamentos</text>
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                  <text>La colección Anuario de Investigaciones expresa la creatividad y rigurosidad intelectual de les artistas e investigadores de las ciencias del arte y las ciencias sociales que componen el Centro Cultural de la Cooperación "Floreal Gorini". Allí podrán encontrarse los principales resultados de la investigación de cada proyecto (individual o grupal), sus reformulaciones y las nuevas preguntas que a partir de ésta se abren. Se trata de abordajes de distinto corte teórico y metodológico, que toman múltiples tópicos y problemáticas tanto de carácter local como regional y global. Por encima de sus especificidades, los trabajos de esta colección comparten una profunda preocupación por comprender y transformar, en un sentido asociativo y de igualdad social, el mundo que los vio emerger. </text>
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                  <text>La colección Anuario de Investigaciones expresa la creatividad y rigurosidad intelectual de les artistas e investigadores de las ciencias del arte y las ciencias sociales que componen el Centro Cultural de la Cooperación "Floreal Gorini". Allí podrán encontrarse los principales resultados de la investigación de cada proyecto (individual o grupal), sus reformulaciones y las nuevas preguntas que a partir de ésta se abren. Se trata de abordajes de distinto corte teórico y metodológico, que toman múltiples tópicos y problemáticas tanto de carácter local como regional y global. Por encima de sus especificidades, los trabajos de esta colección comparten una profunda preocupación por comprender y transformar, en un sentido asociativo y de igualdad social, el mundo que los vio emerger. </text>
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                  <text>La colección Anuario de Investigaciones expresa la creatividad y rigurosidad intelectual de les artistas e investigadores de las ciencias del arte y las ciencias sociales que componen el Centro Cultural de la Cooperación "Floreal Gorini". Allí podrán encontrarse los principales resultados de la investigación de cada proyecto (individual o grupal), sus reformulaciones y las nuevas preguntas que a partir de ésta se abren. Se trata de abordajes de distinto corte teórico y metodológico, que toman múltiples tópicos y problemáticas tanto de carácter local como regional y global. Por encima de sus especificidades, los trabajos de esta colección comparten una profunda preocupación por comprender y transformar, en un sentido asociativo y de igualdad social, el mundo que los vio emerger. </text>
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